¡Espectacular, maravilloso mundo del Arte!

The First Day, de Dorotea Von Totó y Tod Hunter
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: Jueves 14 de enero de 2016, a las 20.00h

¡Señoras y señores, críticos y críticas, artistos y artistas, comisarios y comisarias de todas las edades, pasen y vean! ¡Bienvenidos al más grande, peligroso, increíble, espectacular y maravilloso mundo del Arte!

Si tienen a bien asistir a la representación, podrán conocer el trabajo de dos artistas emergentes, dispares y opuestos en sus planteamientos conceptuales y formales, insolentes o ilusorios, con los pies en el fango, o aupados sobre nubes, en un juego de espejos de feria donde la verdad se presenta como ficción y viceversa. Una exposición para aquellos que quieran no sólo ver sino también mirar.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Pasen y vean, señoras y señores, la obra de Dorotea Von Totó, joven artista gallega de sangre islandesa, una meiga del flúor que transita por senderos de baldosas amarillas haciendo de la carencias (físicas y económicas, en su caso), virtud. Sus trabajos se articulan a través del lenguaje plástico del collage, realizados con materiales básicamente adquiridos en bazares chinos, en un juego ‘apropiacionista’ como base de su delirio imaginativo.

La inocencia y la puerilidad, falsamente representadas, son sus realidades, pobladas de seres inexistentes pero que en parte conservan sus raíces humanas. Es difícil despejar la incógnita de si son humanos mutados, cíborgs o sencillamente seres venidos de otros mundos: ¡su mundo! La figura humana femenina tiene una evidente presencia en la obra de DVT. Siempre representada con una sonrisa, (a veces amarga, y en ocasiones infantil y absurda), que contrasta con los miembros amputados y sustituidos por prótesis. Podría deducirse de esta fórmula que estos personajes femeninos reivindican una belleza diferente, una anatomía alejada de los cánones y una falta de pudor en mostrar el “horror” de forma casi obscena.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Y eso no es todo. ¡Pasen y vean! Podrán conocer al también emergente Tod Hunter, artista californiano (pero residente en España desde hace años) cuya obra, aunque sea difícil de clasificar y vaya a contracorriente de modas y teorías, no lo convierte en ‘brut’ ni en ‘primitivo’. Y el hecho de que su trabajo sea solitario y onanista no tienen por qué hacer de él un outsider.

Eso sí: arte destroyer, arte gestual, protesta naïf de mimbres furtivos, arte de grafiteros, arte de chaperos, arte visionario, taleguerismo, talento revelado o puro escapismo, y hasta pintura de puertas traseras de los servicios de grandes superficies. Todo ello, y a la vez nada de ello, es Tod Hunter, que hace de su vida una permanente performance para desmontar las evidentes formas de control de lo políticamente correcto, no eligiendo sutiles ironías, sino burdas expresiones pictóricas.

A Hunter le interesa mucho cómo la construcción del pensamiento se da (por lo general) a través delsexo. Observa el sexo a través del quehacer de la pintura y el dibujo, tomando estas acciones como procesos orgánicos e impredecibles para volver a capturar la armonía y mística que el acto sexual otorga a quien lo observa. Tod Hunter, y es evidente, asume su carácter mundano, sus temáticas más o menos banales.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Porque sabe que en todo momento transmite, a quienes contemplan sus dibujos, el goce de la visión, el placer de ver. Dibuja haciendo aparecer una imagen que no es la de la apariencia natural de las cosas, pero que tiene la fuerza de la realidad. Porque Tod Hunter sabe lo que es sentirse excluido, marginado. Y su cuerpo se transforma en campo de batalla. En sus dibujos se resaltaclaramente que lo personal es político, y es en el propio cuerpo donde se libran las batallas cotidianas.

¡Pasen y vean! Y todos ellos capitaneados por el abajo firmante, aprendiz de brujo, de furrier y de rapsoda, de este retablo de las maravillas en que a veces deviene el arte contemporáneo y toda su parafernalia, volcando todo mi coraje en descubrir artistas escondidos en los márgenes de las redes sociales que encuentran difícil llegar a los cauces tradicionalmente expositivos.

¡Pasen y vean, y tengan siempre presente que el Arte es un puñetero circo donde nada es verdad ni es mentira, sólo un hiperbólico trampantojo que nos deslumbra y fascina a partes iguales! ¡Es por ello por lo que aquí seguimos!

¡Pasen y vean!¡Este espectáculo artístico estará en su ciudad, en la Galería Mr Pink, a partir del jueves 14 de enero, y no se lo pueden perder!

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Piguy Hellman

 

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965’ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco