El tiempo que hiere de Pilar Pequeño

Huellas, de Pilar Pequeño
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

Pilar Pequeño habla de “tiempos acumulados”. De las “huellas que va dejando el paso del tiempo”. También de “recuerdos y nostalgia” y de cómo la naturaleza se encarga de unir “diferentes instantes del pasado”. Lo dice con una voz mansa, serena, a veces abriendo mucho los ojos cuando una pregunta le llega con escasa nitidez. Los abre entonces como abre su objetivo para captar la luz igualmente escasa que, en muchas ocasiones, penetra débilmente los espacios abandonados que tanto le gustan. Espacios que Railowsky acoge en una exposición de elocuente y atinado título: ‘Huellas’.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

La que fuera hace cuatro años premiada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, manifiesta a través de 17 fotografías su concepción del tiempo, de la naturaleza, de la vida. Nada que ver con la sensación de eterna juventud que prima en la publicidad. Como tampoco tienen nada que ver sus imágenes con esa idea del mundo estable, seguro, razonable, que vive de espaldas a lo real de la corrupción que impone el paso del tiempo. “Intento que mis imágenes sean ambiguas”. Ambiguas, no por dejar de mostrar explícitamente esas huellas del implacable tiempo, sino porque “me gusta que el espectador las sienta a su manera”.

No es lo mismo la impresión que lógicamente le produce a Pilar Pequeño fotografiar el edificio abandonado que fuera colegio de su padre (de ahí “el recuerdo, la nostalgia”), que la que pueda tener el espectador ante un lugar que desconoce. Aún así, esa vegetación que invade las habitaciones, estancias y balcones del caserón de finales del siglo XIX en la que Pequeño deposita su mirada, con sus paredes desconchadas y sus frágiles suelos de madera, impacta por igual. “Es la ausencia y la presencia de la gente que ha pasado por allí lo que conmueve”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Pilar Pequeño tomó fotografías en blanco y negro de ese espacio en 2003 y lo volvió a visitar diez años después con su cámara digital y en color. “Aquí en Railowsky, por razones de espacio, he preferido reunir imágenes de un solo edificio, para no mezclar”. Imágenes que siempre realiza utilizando la luz natural. “No utilizo flash porque falsea la realidad”. Y la realidad que quiere captar Pequeño tiene que ver con esas naturalezas muertas del paisaje, las plantas o los bodegones, con los cuales disfruta disponiendo “la escena lumínica”, que va “tamizando con papeles y plásticos”.

Las ‘Huellas’ a las que se refiere la exposición son el depósito acumulado de ese tiempo fugitivo que la artista persigue como lo hacía Marcel Proust, mediante su célebre ‘En busca del tiempo perdido’, o Antonio López en ‘El sol del membrillo’, la película de Víctor Erice. Huellas de lo real del tiempo que va desgastando las cosas, de la vida que se marchita y, en consecuencia, de su carácter frágil y caduco. Los marcos de puertas y ventanas, por las que penetra esa vegetación y esa luz que Pilar Pequeño modula para evitar el letal reinado de las sombras, son “estructuras geométricas” características igualmente de su obra.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

“Yo he seguido siempre mi camino. He hecho lo que me ha gustado”. Y aunque venda lo justo, “no para hacer una vida maravillosa”, lo cierto es que sus fotografías atrapan esa verdad que escapa a los dictados del simple mercado. La verdad de las huellas que el tiempo deposita en esa vasta naturaleza, esas plantas o esos edificios abandonados. Porque el tiempo hiere, Pilar Pequeño lo que hace es contener su escozor mediante el tratamiento artístico de la luz a punto de ser devorada por las sombras. Como ha llegado a decir la propia artista: “En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, es un permanente mirar hacia dentro”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Pilar Pequeño deja sus Huellas en Railowsky

Huellas, de Pilar Pequeño
Fotolibrería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Inauguración: jueves 5 de febrero, a las 20.00h
Hasta el 5 de abril, 2015

‘Huellas’, a juicio de su autora, Pilar Pequeño, «es un trabajo sobre la acción del hombre en la naturaleza, el paso del tiempo, el abandono, la memoria y la recuperación por la propia naturaleza de los lugares que el hombre ha abandonado».

Y agrega: «A esta serie, que comienzo con fotografías en blanco y negro, incorporo en el año 2003 imágenes de un edificio construido en el siglo XIX a orillas del río Miño, muy cerca de su desembocadura, donde un jardín enmarañado en su abandono lo invade entrando por  los huecos de sus puertas y ventanas. Un lugar que para mí tiene el valor añadido de ser el colegio donde estudió mi padre en sus primeros años».

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Después de casi diez años, Pilar Pequeño ha querido volver para fotografiarlo otra vez, «ahora en color», subraya la artista, cuya obra presenta Railowsky hasta el 5 de abril.

Pilar Pequeño (Madrid, 1944) empezó a interesarse por la fotografía en 1980, tras algunos años en los que se dedicó al dibujo. Toda su obra está relacionada con la naturaleza, con series muy ligadas entre sí.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Siempre utilizó imágenes en blanco y negro hasta que en 2009 ha dado cabida al color en su obra, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas, son objeto ineludible de su objetivo, y con ellas, el agua, la luz, la vida, la muerte.

Su obra se expone en numerosas galerías y se encuentra en diversas colecciones públicas y privadas. Museo Reina Sofía, IVAM, Tenerife Espacio de las Artes, Comunidad de Madrid, Colección Cualladó o Colección EXIT. En abril de 2011 le fue otorgada la Medalla de Oro Al Mérito en las Bellas Artes.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Genovés, cuando cruje la marabunta

Crowds. Juan Genovés

Centro El Carmen

C / Museo, 2. Valencia

Hasta el 30 de junio

Vivimos tiempos convulsos. Aunque, ¿cuándo no? Quizás de ahí la imperiosa necesidad de dominar lo que tiende al descontrol. Y para eso, nada mejor que la ideología, sin duda fraguada como el cemento en torno a una ideas fijas, cuando no prefijadas. Tomemos la obra de Juan Genovés (Valencia, 1930). Plagada de seres diminutos que avanzan, retroceden, se agrupan y dispersan, aparentemente dóciles, manipulables, sometidos al dictado del orden, a los latidos del desorden, a la soledad conjunta, al alienante vaivén de las mareas telúricas. Plagada de todo ello, la obra de Genovés diríase que gira en torno al concepto de masa. El propio título de la retrospectiva que le dedica el Centro del Carmen de Valencia abunda en esa dirección: Crowds (Multitudes). 55 pinturas reveladoras del movimiento de masas que perfila el trabajo de Genovés. 

Una primera lectura, sin duda ideológica, gira en torno a esa masa de individuos víctimas de la opresión del poder. He ahí el Genovés crítico; el artista que toma el lienzo como octavilla, para deleite de rebeldes con causa palmaria. Nada que objetar a esa lectura, sin duda necesaria para poner en su lugar a cuantos abogaron por el estado de sitio. Mas, pasado el cólera ideológico, se hace necesario restituir al Genovés artista; al que se interroga por esa masa, esas multitudes, desde la prístina mirada del creador al que le superan las preguntas, después de haber encontrado insuficientes ciertas respuestas doctrinales. Una vez ahí, las masas de Genovés adquieren volúmenes insospechados y movimientos más propios de una partitura musical que de una marcha militar.

Los individuos que, como la marabunta, Genovés recoge en su obra avanzando o retrocediendo al unísono, en “fila truncada” (1969), abriendo “brecha” (2012), en “sintonía” (2010) o mediante puro “embrollo” (2012), siendo “la diana” (1969) del poder o “rebasando el límite” (1966), son individuos fácilmente identificados como víctimas o seres solitarios abandonados a su suerte. Esa marabunta que ruge silenciosa en los trabajos de Genovés, por obra y gracia del más traslúcido recurso ideológico, se torna crujido poético en cuanto dejamos el asidero de la masa y nos adentramos en su interrogación.

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

A Genovés, esas multitudes le llevan en volandas. Como empujado por ellas, arremolinado en el vértigo que producen sus idas y venidas, el artista va ideando la manera de afrontar el caos de tamaña turbulencia anónima, mediante variaciones plásticas de esa masa inerte. Sus cuadros, sin duda protagonizados por diminutos seres, a veces cariacontecidos por ser objetivo del poder, y otras simplemente encadenados a cierta alienación, adquieren de pronto una luminosidad empañada por tanta masa ideológica.

Y es entonces cuando empieza el verdadero combate: el del artista entregado a su pasión. Encadenado a esas multitudes que pinta, sintiéndose uno con ellas, Genovés se las va ingeniando para mostrar las mil y una formas que tiene la masa de ser otra cosa que masa. Que es tanto como decir: la manera que tiene el individuo, una vez entregado a su pasión artística, de comportarse como creador tras ímprobos esfuerzos con la materia. De alguna forma, las masas, crowds o multitudes, de Genovés dejan de comportarse como tales, una vez que el artista las libera de su prisión conceptual, crítica, ideológica, para manifestar su cualidad estética, plástica, subjetiva. Es, ahora sí, por obra y gracia del artista, como se produce la rebelión de esas masas, que precisamente Ortega inscribió en ciertos márgenes del lenguaje.

Espéculo, 2013, Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Espéculo, 2013, Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

El filósofo advirtió que cuando la conversación se ocupa de temas más importantes, que aquellos a los que asiste el lenguaje estrictamente comunicativo, entonces “va aumentando su imprecisión, su torpeza, y confusionismo”. Las multitudes de Genovés son esa imprecisión y torpeza del lenguaje. Las masas reclaman nuestra atención más allá de su banal comportamiento, de su cómoda adscripción crítica, para empezar a mostrar, a raíz de su torpeza, la interrogación que nos atraviesa: a las masas y a nosotros que formamos parte de ella. Genovés, en este sentido, ha hecho con su obra que esa marabunta de individuos deje de rugir ideológicamente, para que crujan sus sentimientos. He ahí la belleza plástica de esas multitudes que llenan hasta finales de junio la Sala Ferreres del Centro del Carmen.   

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Salva Torres