Los efectos sonoros de Mustang Art Gallery

Mustang Art Gallery
Efectos Sonoros
Nuria Fuster, Pablo Bellot y Rubén M. Riera
Hasta el 22 de Junio
Comisariado por Juan Fuster

When the world is your own echo chamber.

“Los objetos que rodean mi cuerpo reflejan la acción posible de mi cuerpo sobre ellos”. (Henri Bergson, Materia y memoria)

La posibilidad de un cuerpo se abre en la acción producida por este. Esta acción puede obrarse sobre el propio cuerpo que actúa, sobre los objetos que le rodean o sobre el propio espacio en el que se sitúa. Cuerpos y objetos parecen cobrar la forma de un reflejo, los unos responden en los otros, como un espejo o como un eco.

Efectos sonoros es un dispositivo expositivo experimental de parámetros abiertos. Entre lo sensible y lo inteligible, la acción humana y los procesos de producción de sonido, las frecuencias y las ondas, el silencio y la palabra todo cobra sentido en su trasmisión. En ocasiones la recepción acústica se confunde con la repetición de la acción, como un eco. A cada secuencia de acciones le siguen consecuencias más o menos predecibles o contingentes de un nuevo cuerpo sonoro. Cuando nos aproximamos al sonido desde Efectos sonoros lo hacemos poniendo nuestro cuerpo en el centro de acción. Los tres artistas elegidos para este proyecto, Nuria Fuster, Rubén M. Riera y Pablo Bellot parten de este cometido, la acción del cuerpo, como formulación de efectos sonoros en los que se incluyen el silencio, el ruido, el eco o la reverberación.

Sounding Stone, Nuria Fuster.

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Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen Roberto Ramos.

Una plataforma de hierro diseñada para que el cuerpo esté abocado a vivir una experiencia que transforme sus sensaciones. La estructura de metal rompe su horizontalidad en una elevación ligera pero precisa para su finalidad. La elevación y su tendencia produce cierta inestabilidad del paso, inclinando el cuerpo que camina sobre la superficie metálica que genera una sensación de vértigo. El vértigo aparece como una sensación de mareo, de movimiento exterior que puede conducir incluso a la caída por la pérdida del equilibrio. Sin embargo, el vértigo es la consecuencia de la descompensación del oído que produce un desequilibrio en la aprehensión del espacio circundante.

Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen cortesía de Mustang Art Gallery

Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen Miriam Asencio.

La inclinación de la plataforma representa la misma tendencia que produce el vértigo: un ligero o grave declive en nuestro contacto con la realidad. El vértigo produce una sensación de movimiento irreal, puesto que se trata de una sensación subjetiva de movimiento. El trastorno del desequilibrio constituye un cuestionamiento importante en cómo se reflejan los cuerpos en el espacio. Puesto que estos no son solo percibidos, sino apercibidos por sentidos como el oído que es capaz de recrear situaciones, espacios y cuerpos mediante las ondas que produce el movimiento de estos. Al igual que la experiencia de vértigo, Sounding Stone de Nuria Fuster reflexiona sobre las relaciones entre nuestra interioridad y exterioridad.

El silencio de un cuerpo, Rubén M. Riera.

Un vídeo multicanal fragmenta la imagen de un brazo que con la mano abierta y boca abajo se sitúa sobre un fondo negro. La imagen dividida en cuatro pantallas descompone en cierto modo la figuración real.  La mano permanece inmóvil hasta que la escala musical entra en escena: un “Do” se extiende a lo largo del plano y cuando cesa, la mano golpea el fondo negro. Repentinamente este aparece como un agua negra, algo imposible en su sustancia natural. Y entonces las ondas producidas por el choque de la mano en el agua provocan un titilante movimiento lumínico. La luz emana del agua en ondas cuando el sonido desaparece. Así la escena se convierte en una doble realidad. Como en el caso de la reverberación, un cuerpo de producción acústica pierde en la repetición su forma transformándose en otra figura.

El silencio de un cuerpo, de RubenM. Riera. Imagen cortesía Mustang Art Gallery

El silencio de un cuerpo, de Ruben M. Riera. Imagen Roberto Ramos.

Lapsus es el nombre del proyecto en el que Rubén M. Riera inserta El silencio de un cuerpo y como tal nos advierte de un tiempo entre dos límites. El lapso de tiempo anuncia ese transcurrir entre los límites del audiovisual. El sonido precede a la imagen que parpadea como un eco transfigurado. Al “Do” le sigue el resto de la escala en este inusual causa-efecto invertido. Este espacio de tiempo es capaz de construir una imagen audiovisual en virtud de una virtualidad del presente en el se entremezclan materialidad e inmaterial en un tiempo de dos.

El grito ­_ Acto de comunicación nº2, Pablo Bellot.

El cuerpo, de nuevo, se pone en el centro de la acción. Un puñetazo parece ser el acto que Pablo Bellot elige como evocación del primer ejercicio de comunicación. El grito ­_ Acto de comunicación nº2 toma como inspiración la cita de Paul Virilio: “El puñetazo es el principio de la comunicación: con el puñetazo se gana proximidad cuando ya no se tienen palabras”. Si la palabra parece el acto de comunicación más sofisticado del ser humano en el que sonido, idea y creación van de la mano brindándonos la posibilidad de encuentro, el grito -como un puñetazo- rompe con la reglas de la transmisión del mensaje. Un acto de fuerza que imprime la posibilidad de disenso. Sin embargo, este grito queda enmudecido.

El grito, acto de comunicación nº 2, de Pablo Bellot. Imagen cortesía de Mustang Art Gallery

El grito, acto de comunicación nº 2, de Pablo Bellot. Imagen Roberto Ramos.

En la instalación observamos como un círculo de veintiocho megáfonos rompen con todo mensaje probable. Si la finalidad del megáfono es ampliar el sonido, en este caso amplificaría el grito, este queda enmudecido por el ruido infinito. Un megáfono conduce el sonido a otro megáfono que a su vez reproduce el sonido en otro dentro de una cadena circular irrompible. Entonces el sonido ampliado permuta en ruido.

Los efectos sonoros implícitos en los tres casos nos hacen experimentar cómo el mundo deviene una caja de resonancia permanente.

Johanna Caplliure

Nuria Fuster: “Ante todo defiendo el misterio”

Entrevista realizada a Nuria Fuster en el contexto de “Cuando el fuego apaga el huracán”, su última exposición en la Galería Marta Cervera (Madrid).

En una lucha de catástrofes naturales entre el viento y el fuego, ¿habría la posibilidad de que alguno de ellos se alzara con la victoria? Cuando el fuego apaga el huracán, título de la última exposición de Nuria Fuster en la galería Marta Cervera (Madrid), responde con firmeza a la amenazante cuestión. Nuria Fuster (Alcoy, Alicante, 1978) conjura las fuerzas naturales en una proceso de inestabilidad de las formas. Estas pasan de sus estructuras físicas a las afectivas en un estudio sobre la psique humana.

Johanna Caplliure: Durante largo tiempo tu obra se ha definido de forma metafísica e incluso fenomenológica. Los procesos de transformación de los objetos, la experimentación de las potencialidades de los materiales, sin duda alguna evocarían esas definiciones. ¿Con qué procesos de transformación de los materiales has experimentado en Cuando el fuego apaga el huracán?
Nuria Fuster: Cuando el fuego apaga el huracán hace una analogía entre rituales casi alquímicos a través de la combustión de diferentes materiales/objetos, y el propio comportamiento humano: cómo nos construimos como individuos y cómo estos procesos rituales nos ayudan a sobrevivir. Establece una serie de paralelismos entre reacciones químico-físicas en cómo revierten y se convierten en afecciones y emociones que nos transforman profundamente.

JC: ¿Qué novedades podemos hallar en esta exposición en comparación con producciones anteriores?
NF: Por primera vez aparece lo emocional como un eslabón más en una concatenación de acciones-reacciones en procesos de transformación. Anteriormente mi trabajo se detenía en el propio objeto/material y ahora sigue avanzando hacia la vinculación que todos estos desarrollos tienen en nuestra psique.

JC: Frente a la definición metafísica de tu obra, yo me postularía por un acercamiento desde la OOO (Objet-OrientedOntology). Es decir, entendiendo el objeto, la cosa, como productora de realidad, analizando las transformaciones de su esencia y abriéndose a dimensiones afectivas, como indicabas anteriormente. ¿De qué manera haces físico lo psicológico?
NF: Es una relación circular constante entre qué somos y cómo interactúa cada elemento externo (físico) en nosotros. Ortega y Gasset en su libro Unas lecciones de metafísica dice “Cada cosa en mi vida es, pues, originariamente un sistema o ecuación de comodidades e incomodidades”.¿Será que la química y la reacción que sucede cuando, por ejemplo, quemamos algo también afecta a nuestra composición? ¿Es nuestro sistema afectivo también un proceso químico sensible y vulnerable a interferencias que provienen de una realidad primaria, originaria o radical?
El trauma queda, se solidifica como lo hace un casco quemado al convertirse en bronce. O, también, somos capaces de reinventarnos cuando quemamos prendas que nos constituyen y que construyen nuestra identidad. Morimos y renacemos a través de rituales físicos.
Por lo tanto, se trataría de una especie de proceso de decapado. Primero encontramos el objeto con todo un sistema de connotaciones, usos e interferencias simbólicas, si ahondamos una capa por debajo, tenemos el objeto-la cosa, como ente en crudo; son formas y materia sensible al mismo nivel que cualquier otro. Seguimos, más abajo la materia física pasa a ser materia sensible, afectiva.

JC: ¿Cómo se observan las relaciones entre la acción humana transformadora y la acción cambiante de la naturaleza?
NF: Diría que formamos parte de lo mismo. Nosotros también somos naturaleza latente, orgánica y viva en continuo proceso de transformación. David Medalla lo define muy bien en su libro Galaxias explosivas cuando habla del proceso como el estado más natural en el que todo se halla. Defiende el arte “cinético” no tal y como lo entendemos, sino como una forma de crear y comprender el arte absolutamente integrada en los procesos naturales: vida/muerte. Un arte que integra el accidente y el caos como parte de su comportamiento, adquiriendo cierta autonomía; respira.

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JC: ¿Por qué se alza victorioso el fuego?
NF: El título Cuando el fuego apaga el huracanes un juego de posibles e imposibles. El fuego nunca podría apagar nada y menos un huracán que no arde. Más bien el huracán avienta el fuego. Pero en un plano psicológico sí que sucede mediante procesos catárticos donde quemamos. Existen numerosas festividades a modo de catarsis como el Burningman en Estados Unidos, las Fallas, las hogueras de San Juan, etc, donde el fuego actúa como agente purificador, nos permite aventar y sofocar huracanes perturbadores que deben quedar atrás para poder continuar sobreviviendo el presente y pensando el futuro.

JC: Si te doy unos elementos, ¿podrías traducirlos en situación a Cuando el fuego apaga el huracán? Por ejemplo, ¿qué significan: chupa de piel, casco, manta, cadenas, móvil y madera quemada?
NF: Chupa de piel >>> Identidad / tribu / segunda piel
Casco >>> Protección / cabeza
Manta >>> Protección / calor / blando
Cadenas >>> sistemas de dependencias / sumisión / ataduras / subordinación
Móvil >>> equilibrio
Madera quemada >>> resto / memoria

JC: ¿Cómo funcionan las piezas en planchas de hierro que nombras como “Face”?
NF: Son rostros, retratos de estructuras psíquicas. Unidades fracturadas que ejemplifican de una forma gráfica la complejidad de la propia fragmentación del ser. Representan cómo estamos divididos en muchos y somos uno a la vez. Esa naturaleza poliédrica que genera múltiples identidades que a su vez se van transformando y acumulando.
Cada una de las obras que configuran esta serie se apoya aislada del suelo mediante algún elemento que yo llamo “caliente”. En este caso, una manta de transporte y un colchón hinchable; ambos son amortiguadores que frenan el golpe o contacto frente agentes externos y directamente la obra con el frío del suelo.

JC: En numerosas ocasiones has reconocido tu interés por la “filosofía del límite” de Eugenio Trías. Ese pensamiento en el umbral es también la lucha infructuosa de las estructuras dicotómicas, de las paradojas que hallamos cuando tratamos de definir una idea sensu stricto. Por eso, tu trabajo se condesa en una atmósfera de equilibrada tensión, de fuerza controlada. Bajo esta misma idea, me viene a la mente los primeros films de Michael Haneke, aquellos que pertenecen a la Trilogía de la glaciación emocional. La sensación de violencia contenida, sometimiento dócil, perturbación silenciosa o accidente programado son las incongruencias de enfrentarse a las pasiones. Sin embargo, en tu caso, el fuego que vence al huracán se origina de una pasión que deviene purificación.
NF: Parto de agentes activos como un hecho, un trauma, un dato que desencadena un caos a resolver. Es un sistema de equilibrios que se balancea entre el caos y el análisis razonado conduciéndonos hacia una supervivencia feliz.
Vemos en la televisión cómo se queman banderas, se queman contenedores, cómo acontecen catarsis necesarias en un contexto político-económico que no nos deja indiferentes, que más bien nos conduce a estados de ansiedad y agitación.
Yo lo visualizo en modo de círculos que repiten una y otra vez relaciones de causa-efecto. Es un movimiento infinito de eterno-retorno.

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JC: ¿Podrías detenerte en la chupa de cuero?
NF: Me interesa especialmente porque más que una prenda es un elemento icónico o parte de una identidad marcada. Es una segunda piel que nos viste tanto a nivel estético como identitario. Quemándola, quemamos parte de esa identidad construida, saltamos a otro lugar donde hay que volver a definir lo que somos. Me pregunto qué necesidad tenemos de identificarnos con otros, generar tribus y a su vez tener el poder de cambiar el símbolo y renacer de nuevo como otro.¿Tenemos nosotros el poder o lo tiene el objeto? ¿Qué valor le atribuimos al objeto que nos representa?
Desde un punto de vista estrictamente escultórico, una chaqueta de piel no inflama ante la acción del fuego, la piel se contrae generando una superficie barroca que me transporta, por ejemplo a Medardo Rosso.

JC: Existen otras fotografías en las que la combustión o el resto del objeto fundido adquiere una sensación de multiplicación del efecto deseado mediante el color.
NF: “Insolaciones” es una serie de fotografías de color rojo anaranjado donde se retratan objetos que han sido quemados. El color es el resultado de un proceso de insolación virtual a partir de extremar los valores de temperatura de color al máximo. El color se inflama y provoca una sensación de temperatura que sugestiona al espectador.

JC: En la exposición transitaríamos entre “reacciones pasionales“, pasando por “emociones catastróficas medidas”, hasta apearnos en una limpieza del estado afectivo. Considero importante cómo algunos artistas de clara raigambre postminismalista, entre los que te hallarías, están dirigiendo su producción hacia cuestiones de índole emocional, física y subjetiva sin hacer uso de lo corpóreo, lo llagado o lo explícito. ¿Cómo te sientes en ese lugar?
NF: Ante todo defiendo el misterio. Ese espacio, a modo de cámara de aire, que separa la verdadera intencionalidad de la obra del espectador. Por fino que sea este espacio es tremendamente fértil porque posibilita que se creen más y menos acertados acercamientos. Es un espacio creativo y dinámico.
Me interesa la parte fuerte de todo. Pero me gusta que mi trabajo equilibre ese dramatismo, caos(tánatos), con algo luminoso, orden(eros) buscando la misma elegancia con la que la naturaleza dibuja.

Johanna Caplliure

Déjà vu, imágenes que resuenan

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales
Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado
Universitat Politècnica de València UPV
Hasta el 15 de julio de 2014

Somos y no somos, decía Heráclito, para referirse al río en el que jamás entramos dos veces por igual. Esa misma extrañeza es la que nos provocan ciertas imágenes que juraríamos haber visto antes, sin saber dónde ni cómo ni por qué. Lo cierto es que algo resuena en nuestro interior, por evocación de alguna vivencia pasada en forma de imagen que retorna, y no terminamos de localizar la fuente exacta que nos suscita ese temblor presente. Desubicados, zarandeados por el déjà vu (lo ya visto) que genera esa impresión, dudamos siquiera por un instante del ser al que Hamlet interrogaba en su famoso monólogo.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales agrupa un buen puñado de imágenes con la sana intención de provocar en el espectador esa extraña sensación de lo ya visto y, sin embargo, misteriosamente percibido de nuevo. Ya sea el bravío mar de Alberto Adsuara, la reconocible Ophelia de Marta Blasco, los innumerables rostros femeninos de Javier Gayet, los ventiladores de Irene Pérez Hernández o las Naturalezas muertas de Vanessa Colareta. Todo se muestra idéntico a como lo reconocemos, en tanto elementos de cierta serie de imágenes, para reflejar enseguida esa otra cara extraña del mismo río en el que jamás nos bañamos dos veces.

Serie fotográfica de Javier Gayet en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Serie fotográfica de Javier Gayet en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Que las obras mostradas, todas ellas de reciente adquisición por el Fons d’Art i Patrimoni de la Universitat Politècnica de València (UPV), no se hallen ubicadas en ninguna de sus dependencias públicas y, por tanto, exhibidas por vez primera, le agrega extrañeza al déjà vu propuesto por el comisario David Pérez. Extrañeza que tiene que ver tanto con las imágenes que recuerdan otras imágenes similares, como con aquellas otras cuya puesta en escena ha sido pensada para provocar ese efecto de rara percepción. Tal es el caso de las fotografías de Greta Alfaro, cuya mesa repleta de cálidos alimentos contrasta con el nevado paisaje donde se inserta, para observar después otra (¿la misma?) mesa ya devastada en un paisaje agreste.

Obra de David Ferrando en la muestra 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Obra de David Ferrando en la muestra ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

En el fondo, valga la redundancia por aquello del fondo artístico del que proceden las imágenes, diríase que Déjà vu. Relecturas y discronías visuales alienta cierta desazón motivada por esa interrogación del ser desubicado. Cristina Middel lo acusa en sus fotografías con la representación de dos mujeres asustadas, quién sabe si temerosas de un pasado que amenaza con regresar violentamente o sintiendo miedo por un futuro que inquietantemente se abre. Como se abre el campo por culpa de un supuesto meteorito que David Ferrando muestra como metáfora del engaño. Si la naturaleza no miente, los hombres sí, parece decirnos el artista.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Álex Francés abre un agujero en esa misma naturaleza para mostrarnos en su interior el cuerpo desnudo de un hombre, éste sí extrañamente carnal, frente al ficticio meteorito de Ferrando. Francisco Sebastián cierra el círculo de esa naturaleza, en su mayoría protagonizada por la muerte, con su bosque gris. La relación de ciertos objetos en un hierático espacio interior, obra de Nuria Fuster, y la piel “extraída” de un solar del barrio del Cabanyal en Valencia y luego “estampada” a modo de pieza escultórica, de Patricia Gómez y María Jesús González, configuran dos muestras más de ese espíritu enigmático que provoca el retorno de algunas imágenes. La pieza sonora de Nacarid López, realizada a partir de la resonancia del entorno escultórico de la UPV, no hace más que agregar misterio al déjà vu propuesto.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición 'Déjà vu'. Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Salva Torres