Cuaderno de bitácora en Donostia Zinemaldia

64 Festival de Cine de San Sebastián – Donostia Zinemaldia 2016
Hasta el 24 de septiembre de 2016

El primer fin de semana del Festival de San Sebastián ha presentado su mejor elenco en esta 64 edición, con la calidad que merece un festival de categoría A como el de Cannes o Venecia. Por él han pasado las estrellas nacionales e internacionales más rutilantes, presentando sus películas para la nueva temporada.

En un ejercicio de agradecimiento infinito a la gente que dedica su vida a la cultura, os describiré a modo de diario las experiencias que se han vivido en este enclave, desde el punto de vista de una periodista entusiasta.

Viernes 16 de Septiembre

Empieza el día temprano: el vuelo sale a las 7.50h desde el Prat (Barcelona) con destino Fuenterrabia (Donostia). Hay que ducharse rápido, terminar la maleta, repasar que no se olvide el DNI y la tarjeta de embarque, y liarse la cámara al cuello para llegar una hora antes al aeropuerto.

Este es un día especial porque empieza el Festival de Cine de San Sebastián, donde veremos las películas que se estrenarán en los cines próximamente. Hay que prepararse para duras jornadas de visionados de películas, ruedas de prensa, redacciones, entrevistas, networking, prisas, y alguna que otra desorganización. Pero también es un día especial porque habrá luna llena con eclipse parcial -lo que puede significar algún estrés añadido involuntario (o no, ya se verá lo que destina el cosmos).

El vuelo llega puntual a destino, pero llueve. Y la previsión es que llueva aún más. Así que taxi hasta el hotel y bus directo al Kursaal (sede central del festival). Hay que llegar antes de las 10h a sacarse la acreditación porque a esa hora empieza la película inaugural, ‘La fille de Brest’. También hay que cerrar aún algunas entrevistas, no confirmadas aún, y pasarse por la sala de redacción a ver el tablón del día con los horarios de las proyecciones. En algún momento hay que hacer parada obligatoria para un café en el club de periodistas y desayunar un algo rápido para despejarse.

A las 13h empieza puntualmente ‘Orpheline’ (la huérfana), la película francesa de la que todo el mundo habla, en el cine Trueba 2. ¡Hay que correr con el paraguas, porque llueve a cántaros! Esperar, hacer cola, entrar agolpados, sentarse y concentrarse otra vez.

Instantes previos a una de las primeras proyecciones del Festival. Fotografía: Neus Flores.

Instantes previos a una de las primeras proyecciones del Festival. Fotografía: Neus Flores.

Esta peli es cruda, visceral, incluye un amplio muestrario de reality bites (cruda realidad) no apta para quienes desean ser padres/madres algún día, pero aconsejable, sin duda, para quienes nunca hayan pasado por una experiencia vital semejante.

La tarde se presenta diluviando. Hay que resetear la planificación, porque no se puede andar por las calles de Donostia sin empaparse… Así que hay que cobijarse, volver al Kursaal a reservar las entradas de las películas del sábado, comer unos pintxos con sidra en la calle mayor, y esperar a que empiece el visionado de ‘Neruda’, a las 22h en el Teatro Principal. Paciencia.

En menos de dos horas, la película sobre Neruda nos envuelve, nos atrapa en un mundo poético y a la vez mundano, con un desenlace paradójico y un sentimiento de ternura hacia el personaje que no desaparece incluso después de terminar la sesión.

Una vez en la calle ya no llueve, pero las nubes permanecen. La luna se esconde entre un algodón gris con aires timburtonianos. Está claro que ésta noche no se dejarán ver, ni ella, ni el eclipse.

Tras un día muy completo, hay que recogerse en la habitación, cargar el móvil, y descansar… o no, según lo que surja este viernes donostiarra. ¿Habrá suerte en la gala de inaugración?

Sábado 17 de Septiembre

Empieza otro día extenuante: el bus de prensa sale puntual a las 7.45h hacia el Kursaal porque se presenta ‘Los siete magníficos’ en la sala 1, y ¡está repleta hasta reventar!

Son dos horas de remake, con la clase indiscutible de Denzel Washington como protagonista y el saber hacer de Ethan Hawke (quien además será uno de los premios principales del Festival por su carrera profesional de más de 30 años (aunque él sólo tiene 46).

Tras la película y los aplausos entusiastas, Ethan Hawke hace una de las mejores ruedas de prensa a las que he asistido hasta la fecha. Se muestra agradecido, amable, simpático, guapo, elegante y muy inteligente en sus respuestas a los periodistas etéreos y a las periodistas diáfanas.

Destaca claramente su amor por el arte del cine, su enfoque de vida profesional, su interés por conocer otras culturas y su admiración por Denzel Washington (su compañero de reparto en esta película). Desea volver a Donostia habiendo dirigido una película propia y demostrando que su amor por este arte no tiene límites.

Si ya era una fan incondicional del actor desde que hiciera ‘El club de los poetas muertos’ en los 80′, ahora, además, le aprecio profundamente como persona. Es magnífico, sin duda.

El actor Eduard Fernández, protagonista de la cinta 'El hombre de las mil caras', durante su presencia en el Festival. Fotografía: (c) Fotos i Films.

El actor Eduard Fernández, protagonista de la cinta ‘El hombre de las mil caras’, durante su presencia en el Festival. Fotografía: (c) Fotos i Films.

Rápidamente, hay que volver a tomar café para seguir a las 12h en punto con ‘El hombre de las mil caras’. El cine nacional gana muchos enteros con este trabajo impecable de Alberto Rodríguez (director de ‘La isla mínima’), dirigiendo con maestría a Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura y Emilio Gutiérrez Caba.

A quien no le suenen los nombres de Francisco Paesa o Luís Roldán debe verla obligatoriamente. Y a quien le suenen, también. No hay excusa para lo contrario. Nuestra historia se repite una y mil veces y esta película da fe de ello.

En el Festival también hay tiempo para la buena comida y apetece una tortilla de patatas con ensalada de kumatos en el Reina María Cristina. Anónimamente, me apoltrono en la butaca y permito que me sirvan con distinción y glamour de estrella -como a Gina Lolobrigida en su momento-.

Por los salones principescos del María Cristina andan sueltos, como por arte de magia, actores, directores, productores, gente guapa y hordas de fans incondicionales capaces de esperar eternamente bajo la lluvia a sus ídolos de póster adolescente.

Son casi las 16h y en la sala 2 del Kursaal hay rueda de prensa de la película de ayer, que aún me da vueltas en la cabeza: ‘Neruda’. Por suerte, el tiempo nos da una tregua y ya no llueve (de momento). Boli de lujo en mano, me oxigeno para volver a tomar notas y desgranar fotogramas festivaleros.

Gael Garcia presenta ‘Neruda’ en la rueda de prensa, donde, además, se le pregunta sobre el Premio al Cine Latino que le concede el Festival. Humildemente, nos muestra su lado más mundano, más cercano y más personal de sí mismo.

Y con el sábado casi completado, no puedo perderme una visita a la playa de la Concha y al monte Higueldo al atardecer, ahora que ya no llueve. Subo por el teleférico y Donostia me regala una de las visiones más inolvidables y conmovedoras de todo el fin de semana. El cielo añil y la luna aún tímida tras las nubes me ponen la piel de gallina.

Vuelvo a la ciudad obligada por los horarios de los maquinistas, pero embelesada por los aires norteños del ocaso, a la víspera de un sábado noche que se presenta algo ambivalente (Guinness en mano) en la Taberna Picachilla, mientras suenan hits ochenteros desgastados.

Domingo 18 de Septiembre

Que el domingo es día de descanso es algo que no se estila en el Festival.

En el cine Príncipe se sigue la programación establecida y a mediodía se presentan en exclusiva para prensa los primeros diez minutos de ‘198. Los útlimos de Filipinas’, dirigida por Salvador Calvo, que deja impresionados a los asistentes en la sala. En un alarde de alta tecnología, la película nos muestra imágenes rodadas con drones y helicópteros de paisajes tropicales de las islas que, más allá de la trama del guión, son de un valor incalculable.

Entre el elenco se encuentran actores de la talla de Luis Tosar, Emilio Palacios, Álvaro Cervantes, Javier Gutiérrez, etc., y también Ricardo Gómez (el conocido Carlitos de la serie ‘Cuéntame’) y Miguel Herrán (premio Goya al mejor actor revelación por ‘A cambio de nada’), a los que tuve el placer de entrevistar personalmente.

El actor Sergi López, durante su paso por el Festival para presentar 'Orpheline'. Fotografía: (c) Fotos i Films.

El actor Sergi López, durante su paso por el Festival para presentar ‘Orpheline’. Fotografía: (c) Fotos i Films.

Después de un encuentro fugaz en el GU (el barco amarrado al final del Boulevard) con Sergi López, actor catalán a quien admiro desde hace tiempo y que aparece en la película ‘Orpheline’, (mencionada con anterioridad), hacía llegada finalmente al Festival el archiconocido actor inglés Hugh Grant, tras haber sufrido un retraso en su vuelo a Donostia. No sin evitar a los fans, ni a la subsiguiente rueda de prensa, ¡por supuesto!

Sin duda, una vertiente interesante reside en determinadas secciones, al margen de la oficial, donde se muestran películas de gastronomía, deporte, nuev@s director@s, perlas, etc. Un auténtico lujo. Igualmente, cabe destacar aquellas actividades desarrolladas en la ciudad, pararelas al Festival, como la exposición fotográfica de la visita de Hitchcock a Donosti en 1948, y la larga lista de personalidades y actores, actrices, directores que quedan aún por llegar a lo largo de la semana -como Sigourney Weaver, Richard Gere y Oliver Stone-.

Y tras todo lo que os he explicado ¿a qué esperáis para ir al Festival? Tenéis tiempo hasta el 24 de septiembre, cuando se hará la gala de clausura y la entrega de premios.

Agur eta eskerrik asko.

Panorámica del Kursaal, sede oficial del Festival de Cine de San Sebastián. Fotografía: Neus Flores.

Panorámica del Kursaal, sede oficial del Festival de Cine de San Sebastián. Fotografía: Neus Flores.

Neus Flores

«La crisis ha ajusticiado el materialismo»

Entrevista al poeta Juan Pablo Zapater por su libro La velocidad del sueño
Editorial Renacimiento
De venta en librerías

Salinas, Neruda, Hernández, Aleixandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez y Rabindranath Tagore. Fueron los primeros guías que iniciaron a Juan Pablo Zapater (Valencia, 1958) en la poesía cuando era un niño. Una colección de libros de estos autores, un tesoro que encontró en el cajón de la mesita de noche de su madre,  lo contaminó con el veneno de la poesía y desde entonces se consagró a ella, alternando periodos de voz y de silencio. Este otoño su voz se alza doblemente con la aparición de dos de sus poemarios separados por veintidós años: La velocidad del sueño (Renacimiento) Premio de la Crítica literaria Valenciana y una reedición de La coleccionista, Premio Fundación Loewe, 1989 realizada por Leteradura.

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

Juan Pablo Zapater. Foto: Salvador Álvaro Nebot

¿Cómo ha evolucionado el Zapater hombre y poeta entre estos dos libros?

Estoy plenamente convencido de que no se escribe igual a los veintitantos años que habiendo sobrepasado la frontera de los cincuenta. Tampoco se vive de la misma forma, ni corporal, ni espiritualmente. Porque si bien las cuestiones eternas que desvelan al ser humano en sus diferentes edades no varían en su esencia, sí que resultan distintos los puntos de vista desde los que se observan y se asimilan. En mi primer poemario, La coleccionista, o en este último recientemente publicado en Editorial Renacimiento, La velocidad del sueño, se tocan temas como el amor, la soledad, el placer, el desengaño o la muerte, pero la mirada del poeta ya no es la misma, como tampoco es idéntico el sentimiento que esa mirada le provoca. Quizás ahora exista menor ímpetu, menor vehemencia contenida en mis poemas, aunque han ganado absolutamente en cuanto a la profundidad, a la matización y a la autenticidad de lo expresado.

¿Qué impresión le causa verlos en sus manos?

Cuando tomo en mis manos los dos libros, el de mi juventud y el de mi madurez, llego a reconocerme en ambos, pero me identifico más con el último escrito, como es natural. Es lo mismo que repasar las fotografías de un viejo álbum y después contemplar tu imagen de hoy en el espejo. En todo caso, cada nuevo libro no deja de ser un puente entre el poeta que uno fue y el que será, con la continuidad y el alcance que la poesía y la propia vida le concedan.

¿Cuáles son los temas recurrentes en sus poemarios?

Cualquiera que lea La coleccionista se da cuenta al momento de que el amor pasión y el erotismo son los temas predominantes en el libro. Eso no quiere decir que no aparezcan en segundo plano otra serie de cuestiones que ya entonces formaban parte de mis preocupaciones vitales, como la soledad y el desengaño, por poner dos ejemplos. Lo que resulta evidente es que, sin dejar de lado lo anterior, en La velocidad del sueño se amplía mi universo poético y se abordan nuevos temas como el del menoscabo de la fe, la consagración de la amistad, el valor de la familia, la celeridad del paso de los años o la consideración de la vida como un hotel de paso.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

Portada de los libros de Juan Pablo Zapater, La velocidad del sueño y La coleccionista.

¿Hay vida más allá de la poesía de la experiencia?

La poesía es tan generosa que en su seno admite muy diversos credos. Lo que verdaderamente importa no es el tipo de poesía que se escriba o se lea, sino que se trate en todo caso de buena poesía. La literatura de calidad no sabe de tendencias, a veces surge como la flor silvestre y otras veces se cultiva como la flor de invernadero. Yo disfruto con toda clase de manifestación poética y no sólo con la que se basa en las palabras, también con la que se apoya en las imágenes o la música.

¿Cuál es la función de la poesía en estos tiempos tan malos para la lírica?

Yo no creo que los de hoy sean tan malos tiempos para la lírica. De hecho cada vez se programan más actos, se crean más asociaciones, se adivina un mayor interés de la gente por el fenómeno poético y se crean nuevas editoriales, como esta surgida del Café Malvarrosa de Valencia que ha reeditado mi primer libro, bajo el sello de Leteradura editores. Acabamos de dejar atrás un largo periodo de materialismo que la propia crisis económica se ha encargado de ajusticiar en la plaza pública. Tal vez a partir de ahora el ser humano se dé cuenta de que su bien más preciado reside en la espiritualidad, en la riqueza interior que es capaz de atesorar y compartir. La poesía es un buen camino para conocerse, para intentar salvarse del vacío existencial que todo hombre y mujer llega a sentir en tantas ocasiones a lo largo de su vida.

¿Le preocupa la creciente competencia de las redes sociales, blogs, microrrelatos y  otras propuestas que absorben el tiempo y el interés de los presuntos lectores?

¿Debería estar preocupado por eso? Creo que el poeta tiene que dedicarse fundamentalmente a observar, sentir y escribir, a pesar de que no pueda quedar aislado del inquieto y cambiante mundo que le rodea. Si en palabras de Eliot la “Poesía es la zona de intersección de lo intemporal con el tiempo”, será necesario que el poeta se adapte a ese tiempo que le ha tocado vivir, pero igualmente será preciso que contribuya a preservar lo que de mágica intemporalidad encierra el hecho poético. Luego vendrá a plantearse el posible interés de los lectores, que siempre los habrá, aunque ya se sabe que la poesía va para la “inmensa minoría” a la que dedicó su obra Juan Ramón Jiménez.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

¿Se interesa por la poesía que hacen hoy los jóvenes?

Claro que me intereso por lo que hoy escriben los jóvenes poetas. De lo contrario estaría perdido como un ciego sin lazarillo en mitad de una inmensa plaza desconocida. Y además, gozo leyendo a muchos de ellos. En nuestra Comunidad van apareciendo nombres, como los de Lola Mascarell, primera mujer que ha obtenido el prestigioso Premio Emilio Prados, Natxo Vidal, candidato al último Premio de la Crítica literaria valenciana, o Bibiana Collado Cabrera, reciente ganadora del Premio Arcipreste de Hita, por citar sólo algunos de los ejemplos que conozco y que ya están recibiendo un merecido reconocimiento.

¿Nunca sintió la tentación de pasarse a la prosa?

No, nunca he sentido ese impulso, ni como autor de novela, ni como creador de cuento, ni siquiera como escritor de prosa poética. Tal vez esto último lo haga algún día, pero siempre será buscando otros caminos para desplegar mi poesía, para experimentar con ella. Admiro a los narradores y disfruto enormemente leyendo sus obras, esos formidables entramados de palabras que transcurren como ríos caudalosos hacia su desembocadura, pero yo prefiero el rumor de ese arroyo cristalino o la densidad contenida de esa oscura ciénaga que, según los casos, se adivina en cada poema.

Juan Pablo Zapater. Foto: Carles Gisbert

Bel Carrasco