Nada de gluten y mucha música

Sweet Violas en la III edición Cultura Sin Gluten
Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Martes 21 de junio, 2016, a las 19.30h

En el marco de la III edición de Cultura Sin Gluten y coincidiendo con el Día Internacional de la Música, se celebra en el valenciano museo MuVIM un concierto innovador de la mano de Sweet Violas, grupo conformado por los y las violas de la Orquesta de Valencia.

Para todos es evidente que Bach, Mozart y Beethoven eran virtuosos del teclado, pero solo unos pocos saben que también fueron buenos violas. Desconocida e imprescindible, nacida en el XVI, la viola es el único instrumento de la familia de la cuerda que no cesa de evolucionar día tras día en forma, tamaño y sonido. Es por eso que, Sweet Violas, te propone un concierto para conocer mejor este instrumento. Interpretarán piezas de diferentes épocas y estilos con el objetivo de promocionar un tipo de música con la que no solemos toparnos. Una oportunidad única en Valencia que desde luego ningún melómano puede perderse.

El proyecto Cultura Sin Gluten, organizador principal del evento, es una asociación con un doble objetivo: por una parte, darle visibilidad a la enfermedad digestiva de la celiaquía que a más personas afecta en el territorio estatal; y por otra, acercar a un segmento de la población a la cultura y sus diferentes expresiones artísticas. La primera edición se tituló ‘La semana del celíaco’ se llevó a cabo en 2015, también el MuVIM y tuvieron lugar charlas, conferencias, talleres, visitas y, por supuesto, conciertos. La II edición tuvo lugar en Santiago de Compostela también con concierto y degustación de cervezas sin gluten. El concierto, con entrada gratuita, contará con el patrocinio de Apcel, y la colaboración de ACECOVA.

Según sus organizadores, “también queremos, junto con las asociaciones de celíacos del territorio español, realizar una llamada de atención a la clase política para que podamos contar con una ayuda a la hora de realizar la compra y la rebaja del 21% en el IVA (impuesto valor añadido) de los productos sin gluten. Una estadística del 2015 dice que únicamente en la lista de la compra, alguien que sufre la celiaquía en el estado español gasta 1.500€ más al año.”

Más información en: culturasingluten.com

Una mesa redonda celebrada en el marco de Cultura Sin Gluten. Imagen cortesía de la organización.

Una mesa redonda celebrada en el marco de Cultura Sin Gluten. Imagen cortesía de la organización.

Les Arts abre el año con Samson et Dalila

Samson et Dalila, de Saint-Saëns, por La Fura dels Baus
Palau de Les Arts
Avenida Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 12, 14, 20 y 23 de enero de 2016

La Fura dels Baus está inmersa en los ensayos de Samson et Dalila, de Saint-Saëns, la primera ópera que estrena el Palau de les Arts Reina Sofía en 2016. Carlus Padrissa y la compañía teatral catalana ultiman su reencuentro con el público de Valencia en la décima temporada del centro operístico.

En el foso, Roberto Abbado dirige su primera ópera como titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, formación con la que debutó la pasada temporada en un aplaudido Don Pasquale, de Donizetti, y con la que ofreció, en noviembre, un monográfico de Berlioz con las obras Sinfonía fantástica y Lélio.

El tenor Gregory Kunde, reciente ganador de su segundo Premio Teatro Campoamor al mejor intérprete de ópera, debuta en Valencia en el papel de Samson, uno de los roles más exigentes del repertorio. El artista estadounidense, protagonista de los más recientes éxitos de Les Arts, Otello y La forza del destino, intensifica su relación con el teatro de ópera de Valencia. Kunde, recientemente designado nuevo head coach del Centre Plácido Domingo, será la estrella de Idomeneo, de Mozart, en abril.

Varduhi Abrahamyan interpreta por primera vez en su carrera a Dalila. La mezzosoprano armenia es una de las voces revelación del panorama lírico, como demostró la pasada temporada en Les Arts, donde cantó Adalgisa en Norma, de Bellini; Fenena, en Nabucco, de Verdi, y el Stabat Mater rossiniano, junto al propio Kunde, en el Auditori.

Samson et Dalila, por La Fura dels Baus. Imagen cortesía de Palau de Les Arts.

Samson et Dalila, por La Fura dels Baus. Imagen cortesía de Palau de Les Arts.

El barítono André Heyboer encarna al sumo sacerdote. El cantante francés, al que ya dirigió Roberto Abbado en Lélio el pasado noviembre, desarrolla una emergente carrera en París, donde cultiva tanto el repertorio francés e italiano del xix como la ópera contemporánea.

Carlus Padrissa y La Fura dels Baus son los autores de la producción más premiada de la historia de Les Arts, El anillo del Nibelungo, de Richard Wagner, y que ha sido la tarjeta de presentación del teatro valenciano en el circuito internacional: la primera, y hasta la fecha, única Tetralogía wagneriana propia que se ha representado en un teatro español.

Coproducido con el Maggio Musicale Fiorentino, El anillo del Nibelungo valenciano ha recibido los más prestigiosos galardones en Europa, además de haber gozado de una amplia difusión a través de los principales canales culturales de televisión del viejo continente y de las salas de cine de América, Europa y Oceanía. Actualmente se representa en la Houston Grand Opera, uno de los teatros más vanguardistas de Estados Unidos.

La Fura es también la autora de otro montaje monumental de Les Arts, Les Troyens, de Berlioz, realizada en coproducción con el Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, y el Teatro Wielki, de Varsovia, que inauguró la temporada 2009-2010. Posteriormente, La Fura dels Baus ha regresado a Valencia para el concierto espectáculo Trilogía romana, que dirigió el francés Georges Prêtre en el Auditori en la cuarta edición del Festival del Mediterrani, en 2011.

Samson et Dalila, por La Fura dels Baus. Imagen cortesía del Palau de Les Arts.

Samson et Dalila, por La Fura dels Baus. Imagen cortesía del Palau de Les Arts.

Visitas guiadas a los ensayos de La Fura dels Baus el 5 y 7 de enero

Con motivo de las fiestas navideñas, Les Arts abre los ensayos de Samson et Dalila al público, dentro de una nueva modalidad de visita guiada que comenzó a funcionar a finales de la pasada temporada con la ópera Nabucco.

El formato permite al grupo, además de conocer las principales salas, acceder a zonas restringidas al público general, como los camerinos o las áreas de trabajo técnico y artístico ubicadas en las profundidades del teatro. El recorrido termina en el Palco de la Reina de la sala principal, para contemplar treinta minutos del ensayo con coro de la ópera Samson et Dalila, que se estrena el próximo 12 de enero.

El precio para esta actividad es de 15 euros por persona (12 euros para los abonados), con un máximo de 50 personas por cada turno de visita. La primera visita tendrá lugar el martes 5 de enero, a las 09.45 h, mientras que la segunda será el día 7 a las 17.45 h. La duración total de esta propuesta es de una hora. Las entradas se pueden adquirir en www.lesarts.com

Alessandro Brighetti: PENTOTHAL

Alessandro Brighetti: Pentothal
Kir Royal Gallery
C/ Reina Doña Germana, 24. Valencia.
Inauguración: 23 de abril a las 19 h.
Hasta el 10 de junio de 2014

¡Dónde está la justicia, Dios, si el don sacro, si el genio inmortal no se da como premio al sacrificio, al amor ardiente, a las plegarias, al celo diligente, al estudio, y ilumina a un loco, un vagabundo ocioso! …¡Oh Mozart, Mozart!
Alexander Puskin, Mozart y Salieri, 1830

Pentothal es la primera exposición en España del joven artista italiano Alessandro Brighetti. El título de la exposición hace referencia a un barbitúrico que en pequeñas dosis se utiliza como suero de la verdad, en grandes dosis como droga hipnótica o anestésica.

“La verdad” es un concepto muy importante en las obras de arte de Brighetti: el fluido que utiliza es siempre fiel a sus reacciones químicas/físicas y los mecanismos de las esculturas se revelan sin ocultar nada.

La muestra expositiva parece una orquestra donde todos los “instrumentos”, escondidos en las obras mismas y creados por el artista/director, hacen bailar rítmicamente las diferentes esculturas.

Alessandro Brighetti, "Lophophora" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería..

Alessandro Brighetti, «Lophophora» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Las obras de Brighetti se presentan como cuerpos fluidodinámicos de un mecanismo continuo que encrespa el material y transforma reiteradamente la forma. A la rigidez de la materia, el artista opone, de este modo, un material adaptable, elástico, flexible y moldeable: el ferrofluido. El fierrofluido – a través de las relaciones y reacciones internas, atracciones y repulsiones causadas por engranajes mecánicos y electrónicos – fluye continuamente y entre en movimiento para crear volúmenes suaves y angulares, cinéticos y pasajeros.

En sus últimos trabajos, el arte y la ciencia viven una fuere relación de coparticipación. Células y maquinaria industrial, microscópico y macroscópico, bidimensional y monumental son algunas de las constantes de su obra.

El artista se inspira en el movimiento del arte cinético de los años 60, y en particular, en Davide Boriari, uno de sus fundadores. El movimiento es necesario para el cuerpo de la obra para poner en escena la magia de la transformación. Rotaciones, pulsaciones y la recirculación son las dinámicas de esta primera fase. El paso siguiente será la interacción con la música.

Alessandro Brighetti, "Mozart e Salieri" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Alessandro Brighetti, «Mozart e Salieri» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Muchas de sus obras tienen nombre de psicofármacos, otros elementos que lo une a la medicina. Los títulos son una consecuencia imprescindible: antidepresivos para la primera circunstancia, ansiolíticos e hipnóticos para la segunda.

“Tener cuidado de estas obras significa poner en marcha cada vez su magia en primera persona y volver momentáneamente al niño curioso e estupefacto que juega al pequeño químico”.

Alessandro Brighetti, "Narciso" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Alessandro Brighetti, «Narciso» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Los ultracuerpos de Markus Lüpertz

Markus Lüpertz. 1963-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de mayo

Una obra de arte es como un iceberg, esconde mucho más que lo que muestra. Tan importantes son los temas que el artista escoge, como los que deshecha, tan elocuentes son los últimos como los primeros. El acto creativo desencadena sucesos, objetivos y subjetivos, que se escapan a la propia voluntad del artista, y llegan al espectador provocando sus propios interrogantes.

Uno de estos interrogantes para el espectador, quizá el que más suele quemar, es el hecho de encontrarse con una obra que se resiste a ser vista desde la perspectiva habitual, que no le da referencias conocidas que le permitan identificarse con ella, reconocerse en ella. O lo que es igual, que no puede entender. Una obra en la que todos los puentes para abordarla desde lo conocido han sido quemados y destruidos. Esto es lo que ocurre con Markus Lüpertz (Liberec, Bohemia, República Checa, 1941). Una antológica de 91 obras se expone hasta el 19 de mayo en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, comprendiendo el vasto período que va desde 1963 hasta 2013.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Lo que generalmente se busca en una obra de arte, lo que se le suele pedir, es que nos facilite aquella porción de realidad con la que nos podamos identificar, o sea, que podamos reconocer y entender. Que nos permita quedarnos con la sensación narcisista, al final del encuentro con la obra, de estar por encima de ella. Lüpertz, sin embargo, no está interesado para nada en la realidad, sino en lo artístico en tanto artístico. No le interesa que haya que entender nada, ni que haya nada que reconocer, es decir, no busca presentarnos nada que ya sepamos, como él mismo reclama para sí: “yo no quiero pintar algo que ya me sé”. Y por esta razón, lo que nos muestra son precisamente objetos que apenas sabemos de ellos, o no sabemos en absoluto, objetos que gozan de autonomía propia.

Además, Lüpertz siente que el objeto solo es artístico, no sólo en la medida en que no es real, sino sobre todo mientras se cumpla un presente continuo de improvisación, el acto mismo de pintar. Cuando retrata a Circe o a Diana, no está interesado en su imagen de diosas, ni como representación, ni siquiera como alusión, sino en el puro acto de retratarlas, improvisadamente, o sea, sin premeditación, como él dice de nuevo: “El proceso creador no está planificado, es el acto”.

Para el artista alemán el objeto no es distinto de lo que representa, sencillamente porque no representa nada. Lo que hace es presentarlo como pura forma, con dibujo tosco, primitivo, con pinceladas gruesas y rápidas, improvisadas e inacabadas. Es evidente que el artista goza con el puro acto de pintar. Por eso no nos extraña cuando al hablar de lo que hace el artista, se limita a decir: “El pintor pinta”.

Y este acto es, digámoslo ya, destructivo. Lüpertz no va hacia la realidad, sino contra ella. No se acerca a lo humano (lo real, lo natural, la referencia conocida) si no es para despojarlo de todo lo que le hace humano (demasiado humano), agrediéndolo hasta deshacerlo. De esta forma cumple la exigencia del mito tal como él lo siente, ser otra cosa que individuo: “La antigüedad es un mundo que trasciende el individuo”.

Markus Lüpertz, entre algunas de sus obras. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Markus Lüpertz, entre algunas de sus obras. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Para él toda realidad que apunte a lo humano (y que por tanto le aleje del mito), tiene que ser por fuerza tabú. Y es por ello que lo suplanta en sus creaciones con la forma pura como elemento expresivo destacado, como antes que él hizo Picasso en muchas de sus producciones. La forma pura se convierte entonces, por influencia del tabú, en metáfora. Pero una metáfora que denigra y asesina la realidad que sustituye. Cuando modela, retuerce la materia y la amontona a golpes para luego despedazarla y mutilarla, hincharla y cortarla, es decir quitar rabiosamente de ella todo lo que de ella misma pueda quedar. Por eso el cuerpo que se presenta delante de nosotros parece el superviviente horriblemente deformado de un bombardeo.

Y es que salta a la vista la preferencia de este artista por el cuerpo deforme. Toma como principio el estado de conservación con que nos han llegado las estatuas clásicas, unas sin cabeza o sin pies, otras sin brazos, incompletas y heridas. Las hace cabezonas, tumefactas y lisiadas. El único parecido humano, el único rastro que nos deja es su virtualidad. Así, su Judith no tiene relación ninguna con la viuda hebrea o su Salieri tampoco ninguna con el músico que vivió a la sombra de Mozart, salvo por ser virtualmente Judith o Salieri.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Por si fuera poco, para remarcar aún más que el cuerpo que funde en bronce ha dejado de ser lo que apunta virtualmente, lo pinta con colores fuertes, lo empolva y lo maquilla exageradamente. Todo ello para remarcar la total independencia del objeto artístico por sí mismo hasta tal extremo que lo convierte en una cosa nueva, enteramente –exageradamente- artística. Una cosa nueva que se encuentra violentada y llevada al extremo, es decir, convertida en ultracuerpo. Así también sus troncos son ultratroncos, o sus velas ultravelas, un producto literalmente excesivo, o como él prefiere llamar, ditirámbico.

Ese arte exagerado del que hablamos, esa forma manifiestamente independiente que domina sus obras, es por otro lado, irónico. Lüpertz toma el arte por lo que es, una ficción. Nos invita a ver sus cuadros y bronces como una ficción y, como tal, como una broma, la burla de la propia farsa. Como cuando dice: “El negro no es un color. El blanco no es un color. Afirmación a menudo cuestionada, ¿es o no cierta? ¡Qué más da!”. La ironía queda anunciada así como código estético, como vemos claramente en sus autorretratos, o sus cuadros sobre Halloween y la navidad.

Pero hay que aclarar enseguida que esto no significa que Lüpertz no se tome en serio el arte. Al contrario, precisamente porque le interesa, porque sabe de su importancia, lo desnuda del corset en que durante décadas ha estado constreñido, el de tener que ser, como si fuera su amargo destino, grave, serio y profundo. Carga demasiado pesada para alguien que declara: “Soy artista, no pedagogo. No quiero salvar el mundo con el arte”.

Al contrario, su obra tiene la importancia de ver la ficción como pura ficción, el arte como arte, absoluto dueño de sí mismo. Sus cuadros, sus bronces, están ahí, en su ingenua desnudez, esperando que se vean simplemente tal como son. Como se ha dicho antes, no busca que el espectador goce de sí mismo reconociéndose en la obra que contempla, lo que simplemente espera es que goce del objeto artístico como tal, sin pretensiones de que sea otra cosa. Nada más, pero nada menos.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Markus Lüpertz. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Nacho Valle: «Que abran los ojos»

La galería Valle Ortí de Valencia cierra sus puertas tras casi cuarenta años. Nacho Valle ha estado al frente los últimos doce, cuando tomó el relevo a su padre, creando una apuesta con carácter propio que ha servido para proyectar a algunos de los nuevos valores artísticos de la órbita valenciana y abrir un camino de internacionalización en dos direcciones.

Conforme se ha ido deteriorando la política cultural en la Comunitat Valenciana, las galerías han mostrado una mayor voluntad de asumir en sus programaciones los riesgos y el apoyo a los creadores que las instituciones públicas han desatendido. Una situación que tiene su origen en decisiones políticas anteriores a la llegada de la crisis económica, pero que como cualquier veneno administrado progresivamente va mostrando sus efectos irreversibles. La sociedad globalizada y la deslocalización de las responsabilidades quieren mostrarnos que no hay un culpable determinable, aunque aquí conocemos sus nombres y apellidos.

Nacho Valle responde con franqueza a esta entrevista con un pie en Nueva York, donde ha asumido la dirección de la Y Gallery. No duda y apunta a los responsables de la situación de la cultura y el arte en Valencia. Las cosas no suceden sin más.
El silencio ya no es la opción.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

En tu experiencia personal y profesional al frente de Valle Ortí durante estos años, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor ha sido desarrollar un proyecto personal expositivo y poder contar con los artistas que me habían entusiasmado desde que empecé. Preparar las exposiciones, ir a los estudios, ver las obras que iban a la galería, recibir la visita del público en la sala, estar en las ferias, preparar los books y conocer a mucha gente dentro del mundo el arte.
Lo peor ha sido el desamparo que hemos tenido en la ciudad, darse cuenta que estamos completamente solos, que no les importamos, no tienen en cuenta el esfuerzo tan grande que estamos haciendo. Siempre quise hacer este proyecto aquí, en Valencia. Lo malo ha sido darme cuenta poco a poco de que no, que en Valencia no se puede hacer. Eso ha sido lo peor. Me he ido dando cuenta de las taras que tiene la ciudad, de los obstáculos que ha habido que ir salvando hasta que ha llegado uno que ha sido infranqueable.

 ¿Qué fue lo que te decidió para tomar el testigo de la galería? ¿Cuales fueron tus propósitos?

Siempre lo tuve bastante claro. La galería era algo que me encantaba, era un sitio mágico, hipnótico, también era un lugar con muchas cosas de mi padre. Mi padre era muy coleccionista –yo también lo soy- y en la galería había objetos, muñecos, esculturas, cuadros, había de todo, era un sitio al que me encantaba ir, además del contacto con las exposiciones y las inauguraciones. Cuando venían los artistas, que siempre eran muy amigos de mi padre, ver lo que hacían, cómo dibujaban, cómo escribían… me parecían una pasada. Cuando estaba estudiando me di cuenta de que quería empezar a ir de ayudante a la galería y poco a poco cuando volví de Londres tuve claro que quería llevarla en serio, pero la galería era de mi padre y por mucho que me decía “vas a llevarla tú”, pues en realidad no era así. Cuando ya tenía decidido que me iba a montar mi galería, qué tipo de artistas quería llevar y hasta tenía decidido donde la iba a poner –en el primer bajo donde Tomás March tuvo la galería Temple-, a mi padre le diagnosticaron cáncer y se paralizó todo. Hablé con mis hermanos y les propuse llevar yo la galería, ocupándome de la programación sin consultar con nadie. Me dijeron “sí” y con el tiempo les dije que la galería me gustaría quedármela yo y estuvieron de acuerdo. A mi padre le encantaba que yo estuviera involucrado con la galería, había mucha compenetración entre él y yo.

 ¿En qué medida crees que has influido mediante tu galería en el panorama artístico y cultural de Valencia? ¿Hasta dónde te habría gustado llegar?

No lo sé, me gustaría pensar que he influido, de hecho parte del bagaje anímico que me llevo es pensar que hemos hecho muy buenas exposiciones y que eso quedará en el recuerdo de la gente, de exposiciones que vio en la galería. Hay artistas que nos ha costado mucho traer, tanto a nivel personal de convencerlos, de involucrarlos en el proyecto, como a nivel económico de producción y de trabajo. Hay exposiciones que nos ha costado un gran trabajo montar. Recuerdo una que nos costó una semana y media trabajando día y noche haciendo turnos, uno llegaba y se iba otro, haciendo una instalación enorme, pidiendo colaboración a gente para tener suficientes proyectores, porque hemos hecho un trabajo de supervivencia, nosotros no podíamos permitirnos cuatro proyectores o unos focos de teatro… hemos colaborado mucho entre nosotros, entre algunas galerías. Pero se han hecho exposiciones que nos ha costado mucho hacer, me gustaría pensar que eso ha servido para que la ciudad pudiera disfrutar de una mejor calidad expositiva, con exposiciones que las instituciones no hacen. A nuestra galería siempre ha venido mucha gente, mucha gente joven, gente de la universidad y me gustaría pensar que hemos influido en ellos, en su creatividad, en su carrera, en sus iniciativas. Han sido diez años de exposiciones y yo siempre he intentado que tuvieran el máximo nivel.
Me habría gustado retirarme aquí. Siempre pensé que me jubilaría en la galería, en la calle Avellanas. Me hubiera gustado seguir incorporando artistas, seguir desarrollando el proyecto y hacer cada vez Valle Ortí más grande y más internacional, pero desde Valencia es muy difícil. Es complicado traerte a un artista que está exponiendo en Nueva York o en Londres a esta ciudad. Una ciudad que ya sabes que no va a tener ninguna influencia, que no va a vender nada, que no va a conseguir mucho… es muy difícil venderle que venga a Valencia, te va a decir: a Valencia, ¿a qué? Es duro, le tienes que decir que no va a vender, no le puedes engañar, en Valencia no hay coleccionistas y en la inauguración va a haber mucha gente joven pero no va a haber coleccionistas, porque en Valencia escasean. Y si los hay son tan especiales que prefieren irse a Madrid o Copenhague. Me he encontrado a coleccionistas de Valencia en inauguraciones en Bruselas, Copenhague… y gente que me decía que era un coleccionista valenciano, a pesar de que yo nunca lo había visto en la galería. Es frustrante. Llevo ocho años en ARCO, ¿cómo es que nunca ha pasado ese coleccionista por el stand? ¿Cómo nunca ha tenido la curiosidad o la inquietud de acercarse por mi galería? Eso es Valencia. Es duro. A mi personalmente me ha ido debilitando el ánimo, a pesar de que soy una persona con mucho ánimo, pero tiene un fin y llega un punto que entras en reserva. Me hubiera gustado llegar hasta el final, pero llega un momento que son demasiados obstáculos y no puedes seguir invirtiendo en una labor que no es la tuya por amor al arte y, o cambias, o vas a tener que empezar a bajar el nivel; para eso prefiero acabar. No voy a hacer exposiciones que no me gusten, ni más baratas porque el artista esté más cerca… no, no es mi objetivo ni el de la galería. Llegado ese momento decides.

¿Qué motivos han pesado más a la hora de optar por cerrar la galería?

Básicamente no se planteó un cierre como tal, era un cambio de localización, íbamos a cerrar el espacio de Valencia porque no tenía ningún sentido tener un espacio de 250 m. como el nuestro en el centro de Valencia haciendo exposiciones de artistas de Chicago –como el que tenemos ahora- con lo que ha costado el transporte de la obra y que viniera él… no tiene sentido. Yo no quería cerrar en Valencia, me unen muchos recuerdos a ese bajo y a ese nombre. Me ha costado mucho, me da mucha pena cerrar la galería de mi padre. Definitivamente nos hemos dado cuenta en el último año. La idea era que Valle Ortí siguiera on line hasta reinventarse de alguna forma. Ahora se va a reinventar en otro sitio, el proyecto sigue, pero la galería en Valencia cierra.
Me llevo a Nueva York el bagaje de Valle Ortí, con mis artistas, mis contactos y mis coleccionistas. Voy a hacer de los dos proyectos uno, voy a imprimirle el carácter de Valle Ortí. He encontrado este trabajo para dirigir la Y Gallery de Nueva York cuando en realidad no me ha dado tiempo ni a redactar mi currículum.
Si Valencia quiere un espacio tendrá que apoyarlo. Me voy porque no me han apoyado. Las subvenciones de 2010 a las galerías valencianas para ir a ferias las pagaron la semana pasada, más de mil cien días después. El IVEX todavía me debe dinero. Solo les preocupa hacerse la foto, se olvidan de que deben ayudar. En otras comunidades autónomas han recibido un apoyo que en la Comunitat Valenciana nunca hemos tenido. Las galerías que aguanten, que creo que van a ser dos, será con las ventas que realizan fuera en ferias. Por ejemplo, EspaiVisor podría estar en Berlín o en Motilla del Palancar, no le sirve de nada estar en Valencia, si está aquí es circunstancialmente. Eso es lo que le ha pasado a Valle Ortí, que nosotros estábamos haciendo un esfuerzo tanto físico como económico por tener un espacio aquí, pero hay cosas que ya no tienen sentido, ya no. Durante un tiempo sí lo tenía, pero cuando ya has cogido la velocidad de crucero que te permite estar donde tienes que estar no puedes ir hacia abajo, no puedes ir hacia atrás. En España una galería fuera de Madrid es difícil que pueda aguantar y yo a Madrid no me quiero ir. Como decía mi abuela, para hacerla “ben grossa”, si te vas vete.

¿Cuantas ventas has hecho a museos o colecciones dependientes de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia?

Una vez, una sola venta en doce años, hasta este año en ARCO que compraron a todas la galerías valencianas. Dos ventas en total a las instituciones públicas valencianas.
En una ocasión el IVAM compró toda una serie de la artista Cristina Lucas que yo había expuesto en la galería, pero la compra la hicieron a través de la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Cuando necesitaron la información de la obra de Cristina Lucas no se la pidieron a Juana de Aizpuru, me la pidieron a mí, que ya es para echarse a llorar. Esa compra habría supuesto mucho para Valle Ortí, por una parte como crédito de la galería frente a la artista, además de una inyección de dinero importante que te aseguro que Juana de Aizpuru no la necesita. Esa es la realidad de esta ciudad, es como vivir en una familia desestructurada en la que tu padre es alcohólico y tu madre es ludópata y ves que tu única opción es irte de casa. Esto es lo que sucede en Valencia. La gente que maneja esto están enfermos de ambición o no sé exactamente el mal que tienen, pero esto es un desgobierno. Es una tras otra y debilita, no ya como galerista sino como ciudadano. He tenido cuatro negocios en Valencia y no invierto ni un euro más, ni un minuto más.

¿Cuantas veces has recibido en tu galería la visita de directores de museos valencianos y de responsables políticos en materia de cultura?

Dos visitas en doce años, y porque había un evento organizado por todas las galerías y era casi ineludible hacerlo, la otra vez fue la noche que se inauguró la temporada el año pasado.

 ¿A que crees que se debe esa desatención?

A que les da completamente igual todo. No tienen respeto, no tienen educación, no tienen consideración ni interés. Esto es como un cortijo, “ella” (refiriéndose a la directora del IVAM) compra lo que le da la gana sin ningún tipo de asesoramiento, hace las exposiciones que quiere… no está cualificada para nada de esto. Les da completamente igual. Ni siquiera tienen el respeto de pasar por las galerías valencianas, es tan flagrante la poca consideración y lo poco que les importa esta ciudad y el mundo del arte que no cumplen ni el mínimo canon de visitas y cortesía. En el polo opuesto te encuentras museos como Artium, dirigido por Daniel Castillejo, que está al pie de la calle, que es capaz de venirse de Vitoria a Valencia para la inauguración de un artista que le interese, que conoce a todos tus artistas, que sabe cuales son sus proyectos, que pregunta para saber de aquellos a los que no conoce. Ese museo que tiene mucho menos presupuesto que el IVAM está compuesto por gente joven, gente inquieta, gestores con ganas, con inauguraciones que concitan a profesionales de toda España, comisarios, galeristas, críticos, artistas… Cuando comparas las exposiciones que hacen con las que hace el IVAM es terrible. No puede usar el museo como si fuera suyo, y ella lo hace. Yo no voy en contra de un partido, de un museo ni de una señora, estoy en contra de lo que pasa. La gente se tiene que dar cuenta de que esto es insostenible.

Se ha hablado mucho del progresivo desprestigio del IVAM en los últimos años, ¿qué opinión tienes?

El IVAM no puede estar más desprestigiado. Lo sabe todo el mundo en Valencia, en España y fuera de España. El IVAM es como un pollo sin cabeza. No te sabría citar una exposición del IVAM, la última que recuerdo es de James Turrell y fue hace ya unos años. No va nadie al museo, nadie te dice voy a ir el domingo al IVAM. Vas a ver más arte en el rastro que en el IVAM. El desprestigio es total. Da igual que haya dinero o que no haya dinero. Las cosas se pueden hacer bien o mal y ella ha decidido hacerlas mal. Cuando decides comprar de golpe artistas chinos de ese modo, cuando haces exposiciones en el museo a tu peluquero o a tu diseñador, cuando metes a tu hijo en bienales… Hacer las cosas de ese modo es como quien va al rastro y compra lotes de vinilos y por uno de Mozart te dan otro de Georgie Dann. Ella misma se ha puesto el adjetivo y es impresentable, es sangrante, es doloroso. A ella la acuso directamente de gran parte de lo que pasa. Ella podría haber hecho muchas cosas y no las ha hecho. Ahí estamos.

¿En que medida crees que afecta a las galerías de arte valencianas la devaluación del IVAM?

Directamente, porque tiene una implicación total. El IVAM era la imagen de la ciudad, era el buque insignia. Eso nos da y nos quita. Se supone que las galerías tendríamos que ir de la mano del IVAM y tendría que contar con nosotros. El IVAM tiene que tener un contacto con la ciudad, tiene que hacer un patriarcado con las galerías y mantener una relación tanto con artistas nacionales como con artistas internacionales. El IVAM tiene que dar oportunidades a los jóvenes artistas valencianos y ayudar a consagrar a los que ya tienen un trabajo. Un museo como el IVAM, que tiene en sus fondos obras de artistas que nadie sabe quienes son, es alucinante que no tenga obras de artistas valencianos como Xisco Mensua, Mira Bernabeu o Chema López. Es increíble, porque además los ha visto crecer. Se pueden realizar millones de actividades donde los artistas participen, el IVAM debería dirigir la política cultural. Con un IVAM completamente despótico y prepotente como el que tenemos todo eso se enturbia y no se consigue nada. No se puede meter la cabeza en el agua porque no se ve. Otra ciudad sería Valencia si el IVAM hubiera hecho en estos años todo lo que en realidad ha dejado de hacer.

 ¿Cómo ves la situación artística y cultural en Valencia?

Muy mal. Vamos a ver, la situación artística la veo bien en cuanto a que en Valencia hay un gran potencial a todos los niveles, hay una gente increíble. Pero ese potencial increíble no se ha podido desarrollar como en otros sitios. Veo grupos de artistas que representan al País Vasco, Madrid o Andalucía que lo han tenido más fácil que aquí. No hemos sabido encontrar el camino, aunque creo que hemos tenido más obstáculos que en el resto de España y no solo a nivel artístico, también a nivel musical, etc. A nivel intelectual alternativo le veo un gran potencial, dentro del zombieland en el que vivimos, dentro de esta plaza sitiada, de esta casa tomada, hay un 5% que resiste. Cada vez se van a ir más, yo cada diez días tengo una despedida de alguien que abandona Valencia. Se ha trabajado mucho para aguantar. A mi me ayudaron mucho Tomás March y Pep Benlloch, pero no se ha podido. Se ha intentado pasar el testigo pero llega un momento en el que deja de tener sentido. Mi proyecto aquí es inviable y más con el tiempo que viene. Hay gente como Álvaro de los Ángeles que después de tanto tiempo ha tenido que volver a trabajar en una galería, porque no era capaz de vivir como crítico, a pesar de ser un crítico extraordinario. ¿Quién escribe mayoritariamente en los catálogos de las instituciones públicas valencianas y a quien se encarga los comisariados? Habitualmente a momias totalmente alejadas de la realidad. Son todo continentes sin contenidos, catálogos que son carne de reciclaje, sin sentido. No se cuenta con la gente cualificada, muchos ya se han ido, pero aún quedan. Quedan artistas jóvenes que creo que son muy buenos, pero no se cuenta con ellos, como tampoco se cuenta con los jóvenes críticos y comisarios ni se ha contado con las galerías. No se cuenta con nadie y al final la gente tiene que hacer trabajos de guerrilla desde espacios non profit, con cero presupuesto, pidiendo los marcos a no se quién y haciéndolo todo por amor al arte. Pero por amor al arte uno se cansa, no puede ser así toda la vida. No puede haber artistas lavando platos, deberían tener menos obstáculos. La gente está preparada, pero no se cuenta con ella. La vida cultural la veo insuficiente. La gente con dinero no quiere apoyar la cultura, quiere coches, quiere eventos, pero no quiere eso y sin ese apoyo no se puede mantener el sistema del arte. La oferta cada vez será menor.

¿Alguna sugerencia a quienes tienen en sus manos la posibilidad de marcar una nueva hoja de ruta?

Sí, que sean más humildes, muchísimo más humildes. Que salgan a la calle y tengan contacto con la vida cultural valenciana. En cuanto hagan un pequeño esfuerzo van a recibir mucho más de lo que están dando. Que intenten colaborar con los artistas, que intenten hacer exposiciones que tengan sentido, que no quieran dirigirlo todo. Que vean los proyectos que hay, que consulten con otra gente, que sean menos caciques. Por ejemplo, que pregunten a Nuria Enguita, a José Luis Pérez Pont, a Álvaro de los Ángeles qué podría hacerse en el Centro del Carmen. Se podrían hacer cosas con sentido que implique a los profesionales y coleccionistas valencianos, en vez de traer colecciones de no sé donde que nadie se entera. Que vean la temperatura de la ciudad, que pidan consejo… pero es que no lo van a hacer. Que abran los ojos, porque los tienen cerrados. Pero no lo van a hacer. En Valencia la gente tiene que dar un paso al frente y decidir el tipo de ciudad que quiere, la ciudad tiene que despertar.

¿Qué retos te planteas para tu nueva etapa al frente de la Y Gallery en Nueva York?

Quiero imprimirle un poco del carácter de Valle Ortí. Esta galería que está ubicada en Nueva York y muy enfocada a Latinoamérica, quiero imprimirle un carácter más europeo a nivel artístico, de coleccionistas y de estilo. Nuestra galería siempre ha sido una galería que no ha sido como otras galerías españolas, hemos intentado incorporarle una estética de artistas nórdicos, nuestro proyecto ha sido un proyecto muy personal, creo que allí puede encajar muy bien. Mis objetivos son internacionalizarla un poco más. Básicamente trabajar, porque a mí este trabajo me encanta. A mí las semanas se me hacen cortas. Creo que va a ser más fácil y más difícil. Más fácil porque voy a tener una respuesta inmediata de la gente y más difícil porque voy a tener que trabajar muchísimo más. Mi objetivo es también intentar hacer ARCO, quisiera lanzar puentes entre los dos proyectos, linkearlo todo. Definirlo y seguir desarrollando el proyecto que aquí se había quedado finito. Tirar para delante y seguir lo que han sido estos últimos diez años de Valle Ortí. Hemos estado formándonos para lo que viene, para cada vez hacerlo mejor. Cada vez que volvía de la feria de Basel miraba y veía que la galería era mejor que el año anterior. Es seguir con esa inercia, pues aunque la galería ha ido evolucionando, en Valencia habíamos entrado en una inercia que no era agradable y me estaba desgastando mucho. Tengo 41 años y me quiero comer el mundo, lo necesito. Quiero acción.

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Juanli Carrión, extractos unidos

Opus 2012. Juanli Carrión
Galería Rosa Santos
C/ Bosseria, 21. Valencia
Hasta 18 de mayo

Nada más entrar en la galería Rosa Santos nos encontramos con el libro que sirve de singular partitura a Opus 2012, el montaje expositivo de Juanli Carrión (Yecla, 1982). La partitura es de la ópera Don Giovanni de Mozart, que el artista se encargó de traducir al italiano con textos procedentes de un discurso del presidente Obama, interpretados por cantantes profesionales en medio del desierto mexicano de Real Catorce en San Luis Potosí. Seis fotografías tomadas de los cantantes, en el mismo paisaje desértico y fronterizo con los Estados Unidos donde se grabó tan singular Don Giovanni, completan la muestra.

El video ópera que sin duda encabeza el proyecto de Carrión tiene dos dimensiones: una política y otra artística; una estática y otra en perpetuo movimiento. La imagen, siempre en plano fijo, tiene una parte superior con el cielo estrellado nocturno siempre cambiante, y una inferior donde vemos a los cuatro intérpretes, en actitud tan inmóvil como la tierra desértica donde se ubican, cantando ciertos pasajes del discurso de Obama. Pasajes que vienen a dar cuenta de las contradicciones que asolan nuestras democracias occidentales. De manera que la economía, con sus pobres y ricos a distancia cada vez más sideral; la inmigración, de primera y segunda; el petróleo, como fuente de poderosos intereses, y la democracia, como sistema debilitado en su esencia por un capitalismo feroz, conforman la letra de una partitura crítica con ese estado de cosas.

Opus 2012, Juanli Carrión. Imagen cortesía de galería Rosa Santos

Opus 2012, Juanli Carrión. Imagen cortesía de galería Rosa Santos

Carrión juega con lo estático inferior, inmóvil, desazonante del discurso político, en contrapunto con la cambiante parte superior de un cielo estrellado. Y a lo largo de los 30 minutos aproximados que dura el video, ese vaivén de movilidad y estatismo va dando pie a esperanzados fragmentos dentro del vaciado discurso, al mismo tiempo que el cielo destila una monotonía impropia de su movilidad. De manera que Opus 2012 termina siendo un canto desesperanzado, un grito irónico en mitad del desierto, del que va emanando un hilo de vida por entre las grietas de tan estática representación.

La denuncia implícita en el texto operístico, lanzada a los cuatro vientos por los hieráticos intérpretes del mordaz Don Giovanni, tiene su contrapunto en la bella alocución y puesta en escena del video. De manera que los extractos unidos tienen la aridez, sin duda reflejada en las fotografías contiguas, que anima el conjunto, y la cualidad estética que perturba la solidez de tan explícito mensaje crítico. La certeza ideológica y la interrogación subjetiva, librando un pulso en Opus 2012.

Salva Torres

 

La flauta mágica soplada a los niños

Escalante 

La flauta mágica

Valencia

26 de febrero y 3 de marzo

“La Flauta Mágica” es una obra universal pero, al tratarse de una ópera, se suelen tener prejuicios sobre la edad mínima para disfrutarla. Nada más lejos de la realidad: esta historia llena de simbolismo, luces y sombras cuenta con elementos muy atractivos para los niños. La compañía valenciana Teatre de La Caixeta la toma como base de su espectáculo La magia de la flauta mágica, que se lleva por primera vez a las tablas en Escalante con funciones abiertas al público familiar los domingos 24 de febrero y 3 de marzo. 

Esta nueva propuesta tiene como protagonistas a dos de los personajes más populares y queridos de esta ópera de Mozart, el pajarero Papageno y a su amada Papagena. Ambos recurrirán a los títeres, la música y el baile para introducir a los espectadores en la historia de La flauta mágica, presentándoles a los príncipes Tamino y Pamina, a Sarastro y, por descontado, a la famosa Reina de la Noche.

El montaje, escrito y dirigido por Vicent Vila, es fiel al libreto que Mozart encargó a Schikaneder y reproduce dos de las piezas musicales más famosas de la composición original. Sin embargo, adapta este valioso material a las necesidades, ritmo y destrezas como espectadores de los niños, aprovechando los elementos mágicos y la fantasía de esta historia para estimular su imaginación.

El estreno absoluto de La magia de la flauta mágica es una oportunidad única para acercar al público infantil a un género musical que no tiene edad ni fecha de caducidad. Una original, estimulante y divertida primera experiencia con la ópera de la que disfrutarán los más pequeños… y algún otro adulto porque nunca es demasiado tarde.