Ver visiones: la problemática ambiental

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Josep Ginestar (Galería Isabel Bilbao) / Damià Jordà (Galería Misterpink)
CIS: Los problemas medioambientales

Josep Ginestar. Refugi, 2006. Sarmientos, hilo de algodón blanco y luz negra en su interior. 200 x 140 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Josep Ginestar. Refugi, 2006. Sarmientos, hilo de algodón blanco y luz negra en su interior. 200 x 140 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Lamentarse por la degradación ambiental o por los desastres ecológicos ya no tiene sentido. El proceso de cambio sólo puede llegar desde la transformación radical de nuestras relaciones con el medio, asentadas en una conciencia antropológica y social. Porque el problema ecológico no sólo nos afecta en nuestras relaciones con la naturaleza, sino también en nuestra relación con nosotros mismos. En este sentido Edgar Morin afirma que “la reivindicación de la naturaleza es una de las reivindicaciones más personales y más profundas”. Va implícito en ello nuestro sentido de supervivencia primaria, pero también de identidad.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28». Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Las lecturas que recrean nuestro pasado cultural desde la perspectiva del entorno, incorporan la intimidad y la memoria como códigos para alcanzar, desde el espacio común y reconocible, aquello que por su cercanía puede conmover y, paradójicamente, convertirse en extraordinario. En este tipo de análisis, los trabajos artísticos de Josep Ginestar y Damià Jordà ahondan en los conceptos del ritual social, y nos revelan algunas imágenes del ayer remoto que fueron descar­tadas para reelaborar y sostener así los discursos actuales establecidos desde lo inmediato. El acercamiento al pasado implica la proximidad a la naturaleza, y de esta forma ambos autores, desde discursos y soportes plásticos diferentes, abren caminos que nacen y/o confluyen en ella. La mirada de Josep Ginestar desarrolla espacios de reflexión, elaborados con elementos de la naturaleza y vinculados a modelos ancestrales a partir de su experiencia interior. La investiga­ción de los materiales, formas y símbolos integran la presencia del ser humano en la vida de sus composiciones desde un plano espiritual, donde se evidencia la proximidad hacia la historia com­partida con nuestros antepasados. Y siguiendo con esta narrativa, será la obra “Refugi” (2006) la encargada de reunir algunas de estas ideas. Apoyándonos en el análisis de Gastón Bachelard, la pieza, como icono descriptivo de la casa, alcanza las virtudes originarias, “aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo innata, a la función primera de habitar”.1 El símbolo de la cabaña o la choza, elaborada con sarmientos y atada con hilo de cáñamo, representa por un lado el testimonio vivo de los primeros modos constructivos sobre la superficie de la tierra, y que los historiadores de arquitectura situarían en la tradición mediterránea. Pero Ginestar también su­braya el sentido de protección y aislamiento, cuando el espectador comprueba que ese refugio no tiene vanos. Este tipo de composiciones aparece también en otros trabajos del artista como “Natura Protegida” (2011), “Paisatge II” (2011) y “Tancat II” (2004), éstos últimos trenzados con alambre, como ecos de barreras defensivas. Sin embargo, con “Refugi” nos acerca al con­cepto de coraza, donde la naturaleza cubre al ser humano, formando un espacio de meditación expandido desde la luz tenue y el silencio.

Vista de sala con obra de Josep Ginestar en Ver visiones. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Vista de sala con obra de Josep Ginestar en Ver visiones. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28». Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Por su parte, los proyectos de Damià Jordà desarrollan investigaciones antropológicas que po­nen el acento en la construcción social, mediante imágenes que descubren los vínculos con nuestro entorno, la comunicación y los rituales contemporáneos. En ocasiones su cámara re­trata la cotidianeidad como un episodio inédito. Y, de manera próxima al discurso de Ginestar, el artista realiza una conquista de la intimidad que aspira a fundirse con lo colectivo. En su obra “Molinos de viento” (2012) Jordà retrata los paisajes de La Mancha desde una secuencia que transita con un recorrido veloz, cuya dinámica se interrumpe por las raíces del pasado: los pue­blos y aldeas, los habitantes que celebran la llegada del primer tren y los molinos. Imágenes de los años cincuenta o extraídas de archivos del NO-DO que dibujaron la ‘España profunda’. La composición se completa con la voz de Rafael Alberti que, recitando los versos de “Bodas de Sangre”, recuerda la aridez de los secanos y el vínculo de García Lorca con la tierra. El concepto del paisaje y su proceso de transformación convergen así en un retrato que describe la realidad ambiental junto a la historia de su proceso antrópico.2

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28». Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Las representaciones desarrolladas por ambos artistas trazan un potente simbolismo, dentro de un lenguaje universal. De esta forma, la significación territorial y el valor escenográfico que con­tienen las dos piezas, permite al observador identificarse con la sostenibilidad ambiental desde un concepto “respetuoso con el espacio e históricamente informado”. 3 Así, los discursos plásticos de “Refugi” y “Molinos de viento” (dos elementos originarios de la cultura mediterránea) integran narraciones que no detallan ni descifran el proceso de la composición, abordando un resultado que genera el propio espectador desde su experiencia y sus recuerdos. Los autores establecen una conciencia crítica que exhibe ante nuestros ojos lo que somos, a partir del profundo respeto de lo que fuimos. Como resultado, la poética de las obras reconcilia al ser humano con la naturaleza desde una perspectiva que también denuncia su degradación. Según las palabras del escritor Tahar Ben Jelloun, “El planeta se parece cada vez más a nuestra cara” por lo que, necesariamente, sólo nos queda la firme tarea de reconocernos.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28». Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Maite Ibáñez

1 BACHELARD, Gaston, La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2000, p. 34.
2 En la actualidad algunos colectivos están abordando un marco de protección jurídica sobre los paisajes existentes, así como la creación de un inventario de los paisajes culturales. E incluso, como caso único en Europa, el artículo 9 de la Constitución italiana establece que el paisaje es un derecho constitucional.
3 FOLCH, Ramón, “Territorio y paisaje en el ámbito del Mediterráneo”, ‘Ecología y cultura’, Quaderns de la Medi­terrània, n. 16, IEMed, Barcelona, 2011, p. 217.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28». Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

El ingenioso hidalgo Joan Verdú

Mini, midi, maxi. Joan Verdú

Galería Mr. Pink

Avda. Guillem de Castro, 110. Valencia

Hasta finales de mayo

Antes de nada conviene aclarar lo de hidalgo. Joan Verdú (Alzira, 1959), aunque pueda llegar a confundir en su obra gigantes con molinos de viento, lo cual no andaría descaminado con su modo de proceder, no tiene nada de Quijote, ni por aspecto, ni por deshacedor de entuertos. Pero sí tiene, sin duda, mucho del ingenio que se le atribuye al ilustre caballero manchego. Pero está esa otra acepción de hidalgo, que a Joan Verdú, ahora sí, le viene que ni pintado: aquella que habla del color entre castaño y caoba. Esa indefinición, que ni es una cosa ni la otra, o ambas a la vez, permite dibujar un perfil más exacto de este ingenioso hidalgo de la Ribera.

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Su ingenio, repleto de ironía, y esa manera que tiene de transitar entre dos mundos, para reunirlos en su trabajo mediante sucesivas transformaciones, es la marca estilística de Joan Verdú. No es de extrañar que entre sus proyectos de futuro se encuentre su particular visión de Las metamorfosis de Ovidio. Y es que la mitología, junto al arte y el erotismo, es una de sus constantes referencias. Como puede verse en la exposición Mini, midi, maxi que acoge estos días la galería Mr. Pink: un conjunto de 12 trípticos en los que Verdú establece una cadencia formal para sus juegos reunidos…

Joan Verdú toma una misma imagen para, descomponiéndola en tres tamaños distintos, trazar cierto recorrido narrativo. De hecho, en su origen la exposición iba a llevar por título Relatos cortos. Título que el propio Verdú explica: “Un amigo me dijo que muchas exposiciones son un conjunto de imágenes desplegadas como si fueran una novela, pero que en mi obra él veía una serie de relatos cortos”. Como la serie que desarrolla en la galería Mr. Pink, donde esos relatos giran en torno a la mitología (Leda y el cisne), el arte (Candy Warhol o Playbeuys) o de su carpeta de imágenes (Mano-cerebro).

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Los juegos de palabras y esa transformación de la imagen tomando ciertos referentes conocidos son la base de su creación. Por ejemplo, la palabra cisne. “En valenciano, cigne y signe se pronuncian igual, de manera que el cisne se convertía en un interrogante”. Cuestión que abarca el conjunto expositivo, donde los juegos de palabras son constantes, al igual que constantes son las alusiones irónicas. Esa manipulación de imágenes para lograr las metamorfosis que incitan a la interpretación de sueños freudiana, también está explícitamente enunciada en su obra. Hay piezas que aluden a la manipulación de cerebros, cuyo repertorio Mini, midi, maxi parece ciertamente orquestada.

Relatos, entonces, cortos. Relatos que transmiten una sensación nada kafkiana, por cuanto Verdú alude a Las metamorfosis de Ovidio en lugar de a La metamorfosis del escritor checo. Ningún trasunto metafísico atraviesa el conjunto expositivo y sí, en cambio, una alusión directa al juego, la ironía, la fiesta de imágenes y palabras que pueden remitir al sueño, pero nunca a la pesadilla. Ni siquiera cuando alude a esa manipulación cerebral, aparentemente dolorosa por la sensación de vacío y alienación a la que apunta, ni siquiera entonces la obra de Verdú adquiere tintes dramáticos, sino jocosos, surrealistas, festivos. Diríase que Joan Verdú, una vez lanzados sus tentáculos sobre el mundo exterior, haya preferido recogerlos en su trabajo amortiguando lo real de ese mundo mediante la ironía. Más que molinos de viento, lo que este ingenioso hidalgo de La Ribera busca son motivos para seguir riéndose de su propia sombra, ya sea ésta Mini, midi, maxi.

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

 Salva Torres