20 catalanismos en el español actual

Que estos días hablamos de Cataluña a diario es bien sabido por todos; lo que quizá no todos sabíamos es que también hablamos un español cotidiano repleto de catalanismos. Como sucede con otras muchas lenguas, el catalán ha dejado una perceptible impronta en el léxico castellano. Se calcula que en torno a 350 de las 88.000 palabras que incluye el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en su vigésima tercera edición son préstamos de este idioma, y algunos los empleamos con cierta frecuencia. El número de hablantes es amplio, aunque discutido y hasta polémico. La Plataforma per la Llengua, una ONG que trabaja – según sus estatutos – para “promover la lengua catalana como herramienta de cohesión social” afirma que son más de 10 millones los catalanoparlantes en el mundo. Sin embargo, para evitar herir sensibilidades, se han incluido en esta lista sólo los casos en los que la RAE sostiene un origen catalán, o lo considera muy probable.

Estos son 20 de los préstamos del catalán que están de actualidad:

1 Si se habla tanto de Cataluña es porque sale a diario en la prensa, y qué curioso: prensa es un término de origen catalán (Del cat. premsa.), aunque se puede tener buena, o mala prensa.

2 De algún modo, la palabra papeleta también podría tener algo que ver con Cataluña, dado que papel es un vocablo que proviene del catalán paper, este del latín papȳrus ‘papiro’, y este del griego πάπυρος pápyros.

3 Una opción válida para participar en unas elecciones puede ser el voto por correo (Del catalán correu, y este del francés antiguo corlieu, de corir ‘correr’ y lieu ‘lugar’)

4 Amoldarse significa ajustarse a una pauta determinada, y deriva de molde (Del catalán antiguo motle)

5 ¿A quién no le gusta irse de viaje? (Del dialectal y catalán viatge.) Aunque cuidado, porque en Nicaragua la locución verbal “irse de viaje” es sinónimo de morir, llegar al término de la vida.
peatge
6 Añoranza (Del catalán enyorança.), que en gallego diríamos morriña, es la acción de añorar, recordar la pérdida o separación del algo o alguien muy querido.

7 Es común en los belenes catalanes la figura del caganer, aunque seguro que resulta más cómodo hacer de vientre en un retrete (Del occitano o catalán retret)

8 Un reloj (Del catalán antiguo relotge, este del latín horologĭum ‘reloj de arena’, ‘reloj de sol’, ‘clepsidra’, y este del griego ὡρολόγιον hōrológion) es un instrumento para medir el tiempo, pero cuando se dispone de poco hay que trabajar con mucha prisa o urgencia, es decir, a “contra reloj”.

9 Cuando se ocasiona un daño que impide el funcionamiento de un aparato, etc., decimos que se produce una avería (Quizá del catalán avaria, este del árabe ‘awāriyyah ‘mercaderías estropeadas’, y este del árabe clásico ‘awār ‘defecto, vicio’)

10 Y la calma llega cuando el viento se amaina (Del catalán amainar, y este del gótico *af-maginôn ‘perder fuerza’)

11 Riña o gresca son sinónimas, pero la segunda procede del catalán antiguo greesca.

12 Algo tan estratosférico como un cohete (Del catalán coet) – mejor dicho misil – también ha sido noticia estos días.

13 Quién hace algo adrede (Quizá del catalán adret, y este del latín ad directum), lo hace a propósito, de forma deliberada.

14 En Cataluña hay un número considerable de peajes, aunque no está claro si es esta una palabra procedente del francés, o del catalán (Del fr. péage o cat. peatge)

15 La procedencia de la palabra guante es aún más difusa (Quizá del catalán guant, y este del franco *want; cf. bajo aleman wante, neerlandés want.) pero hay muchas frases hechas con este término en español: hacer algo “con guante blanco” es hacerlo con diplomacia y buenas maneras; un ladrón “de guante blanco” es aquel que actúa de modo elegante y sin emplear la violencia; y quién “recoge el guante” está aceptando un desafío.

16 En realidad chuleta no proviene directamente del catalán, sino del valenciano, según el DRAE (Del valenciano xulleta, diminutivo del catatán xulla ‘costilla’)

17 La del móvil, la del ordenador, la de la televisión… ya no concebimos nuestra cotidianeidad sin pantallas. (Quizá del catalán pantalla, y este cruce de pàmpol ‘pantalla de lámpara’ y ventalla ‘pantalla de lámpara’)
quijote
18 El alioli es una deliciosa salsa hecha de ajos machacados y aceite (Del catalán allioli, vulgar alioli) Su elaboración no requiere demasiados ingredientes, al igual que el panoli (Del valenciano pa en oli ‘pan con aceite’, una especie de bollo), aunque en este caso, referido a una persona, no se trate precisamente de un piropo.

19 Aunque las corridas de toros están abolidas en Cataluña, sigue vigente el término faena, referido tanto a momentos de la lidia como al trabajo mental o corporal en general. Una faena también es una mala pasada (Del catalán antiguo faena, hoy feina ‘cosa que se ha de hacer’)

20 Y sí, incluso quijote referida a una parte del cuarto trasero de una caballería, es una palabra de origen catalán (Del cat. cuixot, y este derivado del latín coxa ‘cadera’)

Más palabras, en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

Cómo salirse del cuadro

‘Niños del Mundo’
Sala de la Junta Municipal
C / Micalet, 1. Valencia
Hasta el 23 de octubre de 2016

Del barro al bronce. De la madera al mármol. De la piedra al hierro. La materia inerte se ofrece voluntaria para adquirir categoría de obra de arte en la mano de los creadores. El material que cada uno elige para expresarse lo define, no sólo como artista, sino también como persona. Simboliza su talante y personalidad.

María Gómez ha escogido uno muy original, ligero y maleable, cartón piedra, un soporte vinculado a la tradición fallera que convierte en seña de modernidad y universalidad en sus últimas exposiciones, y que, como ella dice, le “permite salir del cuadro”. Bajo el título ‘Niños del Mundo’ sus obras más recientes pueden verse en la Sala de la Junta Municipal, en la calle Micalet, 1, hasta el día 23 de octubre.

Niños del Mundo, de María Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Niños del Mundo, de María Gómez. Imagen cortesía de la autora.

“El tema de esta exposición son los niños que padecen la tragedia de las guerras”, dice Gómez. “Llevo años trabajando el mundo interior del ser humano. Me interesa mucho la comunicación de la obra con el  observador. Pienso en el diálogo que establecen, porque cada espectador tiene sensaciones y percepciones distintas, según su personalidad. Lo importante es que nadie queda indiferente, de una manera u otra los conmueve. Me interesan los profundos silencios de los observadores durante largo tiempo al observarlas. ¿Qué piensan? Quizás asocien similitudes de estadios paralelos, pensamientos, o bien, reconocerán en ellas retazos de ellos mismos.  El expresionismo, tal y como lo trabajo, me permite deformar levemente lo que me interesa para evidenciar,  estimular o prescindir de elementos, según el objetivo de lo que quiero expresar”.

El ser humano está siempre presente en el trabajo de Gómez, “expresando lo intangible, por eso sus actitudes o gestos son estáticos, no hacen nada en concreto pero sus cuerpos tienen una presencia rotunda. Muestran algo que no podemos descifrar claramente pero que penetra de un modo inconsciente.  Me centro en las miradas que ni acusan ni demandan, sólo producen inquietud”.

María Gómez, en pleno proceso creativo. Imagen cortesía de la autora.

María Gómez, en pleno proceso creativo. Imagen cortesía de la autora.

Gómez utiliza la técnica de cartón piedra desde hace cinco años, un proceso muy antiguo utilizado tanto en escultura de gran nivel como en ornamentación que hoy día se identifica con la llamada escultura ligera. “Es la misma técnica que usaban antiguamente los artistas falleros”, explica. “Se trata de encolar entre sí pedazos de cartón en el interior de un molde, hasta que toma el grosor adecuado. Una vez seco queda una estructura escultórica bastante resistente, a la que se le puede añadir pigmentos en la superficie. Hay ejemplos de gran calidad en escultura religiosa antigua”.

Ella sólo utiliza papel y colas, “no hago ni modelo en barro, ni molde de yeso. Realizo la escultura directamente en el aire, es decir, sin molde. El proceso es complejo pero, a pesar de ello, es más libre en la gestualidad y evito los pasos anteriores del modelado en barro y la realización de los moldes de yeso. Así pues, comienzo el trabajo pegando el papel en un mástil de madera y poco a poco  aplico los papeles a medida que van secando y tomando cuerpo formando al mismo tiempo, la anatomía y los rasgos de la escultura. Las formas de los cortes, orientación y colocación del papel son los que marcan los volúmenes anatómicos de la escultura. A medida que va tomando forma, refuerzo el interior y exterior en pequeñas capas. Finalmente, en el interior adhiero telas para mayor consistencia y un varillaje o estructura interna en madera que arma la figura, quedando muy resistente a los golpes y al deterioro como cualquier otro material”.

María Gómez junto a su 'Niños del Mundo'. Imagen cortesía de la autora.

María Gómez junto a su ‘Niños del Mundo’. Imagen cortesía de la autora.

Las posibilidades expresivas de este material en su caso “son extraordinarias porque se adapta a mi modo de trabajar debido a que acorto parte del proceso  permitiéndome manejar a mi antojo la anatomía según me sugiere cada forma, cada músculo, cada gesto. Así, construyo poco a poco la figura visualizándola a medida que emerge a partir de un pequeño trozo de cartón. Por ello, cada escultura es un mundo de exploración, que en su comienzo, aunque la idea está en la mente, su proceso creativo puede llevarte por derroteros muy interesantes en cuanto a la expresión de los rostros y la gestualidad del cuerpo”.

Gómez combina su faceta creativa con la actividad docente como profesora en la Facultad de Historia del Arte y restauradora especializada en la recuperación de cuadros quemados. Realizó un extraordinario trabajo en el retablo de San Miguel del maestro Gabarda en la Catedral de Valencia.

Niños del Mundo, de María Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Niños del Mundo, de María Gómez. Imagen cortesía de la autora.

En la muestra se pueden ver también fotografías de Alfredo G.Carbonell y obra pictórica de Antonio Camaró.

Bel Carrasco

La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols