Los haikús fotográficos de Masao Yamamoto

Small Things in Silence, de Masao Yamamoto
Espaciofoto
C / Viriato, 53. Madrid
Hasta el 6 de noviembre de 2016

Debido al éxito y tras haber recibido más de 2.500 visitas desde su inauguración el pasado 17 de septiembre, la galería Espaciofoto prorroga la exposición Small Things in Silence de Masao Yamamoto hasta el próximo 6 de noviembre, compuesta de 50 imágenes repartidas en tres series: ‘Box of Ku’, ‘Nakazora’ y ‘Kawa’. La sala madrileña celebra con esta muestra el quinto aniversario de su apertura.

Yamamoto es conocido en el mundo de la fotografía contemporánea por sus poéticas imágenes que imprime siempre en pequeño formato (a lo que alude el título de la exposición, “pequeñas cosas en silencio”) y que podrían equipararse a delicados haikús. Son imágenes que el artista busca individualizar para convertirlas en objetos únicos.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Yamamoto desdibuja el límite entre pintura y fotografía experimentando con las superficies impresas. Por ejemplo, tiñendo y virando (con té u otros líquidos), pintando o rasgando sus fotografías. Sus temas habituales suelen ser bodegones, desnudos o paisajes, pero su imaginación le lleva a experimentar también en este aspecto.

En los últimos tiempos intenta crear imágenes que puedan evocar recuerdos. En otras ocasiones con sus pequeñas fotografías construía instalaciones que mostraban cómo cada imagen forma parte de una realidad más amplia.

Nacido en 1957 en Gamagori City, en la prefectura de Aichi en Japón, estudió pintura antes de escoger la fotografía en gelatina de plata como su medio artístico. Comenzó exponiendo en muestras colectivas tanto en Japón como en Italia.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Su primera gran exposición individual, con la serie ‘A Box of Ku’, la realizó en la Shapiro Gallery de San Francisco, en 1994, aunque el espaldarazo internacional le llegó dos años más tarde con una muestra en la Yancey Richardson Gallery de Nueva York.

Desde ese momento su presencia es habitual en galerías y museos de Estados Unidos, Europa, Japón, Rusia y Brasil. Sus fotografías han aparecido en grandes medios internacionales, como el diario New York Times y las principales revistas de arte. Masao Yamamoto reside en Yatsugatake Nanroku, en la prefectura de Yamanashi, donde disfruta creando su trabajo rodeado de la naturaleza.

Fotografía de Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

‘Color Específico’: la interacción del azar

‘Color Específico’, de Laura Tenllado
Cosín Estudio
C / Denia, 3. Valencia
Hasta el 7 de julio

‘Color Específico’, que la artista valenciana Laura Tenllado exhibe en Cosín Estudio hasta el próximo martes, 7 de julio, supone un ejercico de luz, color, espacio, materia y realidad, un brote de frescura a borbotones exhaustivamente dispuesta y cuidadosamente dispersa a lo largo y ancho del marco arquitectónico de este estudio de diseño ubicado en Ruzafa.

Imagen de "Instalación I". Fotografía de Merche Medina.

Imagen de “Instalación I”. Fotografía de Merche Medina.

Tenllado, que se encuentra en pleno proceso de preparación de su TFG -ultimando su periplo académico en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos-, ha experimentado un proceso de metamorfosis plástica que le ha permitido superar unos inicios emparentados con la figuración para sumergirse de pleno a investigar y descubrir otras disciplinas, como la abstracción, género que le ha aportado un sentido técnico libérrimo, una herramienta perfecta para conjugar materiales, texturas, colores y volúmenes, reportando a la luz una acepción protagónica como denominador común en sus creaciones más recientes.

Imagen de "Box". Fotografía de Merche Medina.

Imagen de “Box”. Fotografía de Merche Medina.

En esta línea, la obra de Laura Tenllado, además de remitir ineludiblemente al norteamericano James Tarrell (erigido en uno de sus referentes) -popularmente conocido como el artista de la luz-, permite reflexionar en torno del minimalismo por su reducción a lo esencial; y lo esencial se presenta en la obra de esta joven artista como un complot perfectamente arbitrario de luz, materia, color y textura que interactúan y provocan un amplio abanico de interpretaciones visuales que nos animan a trascender los límites de la percepción cotidiana.

Imagen de "Naranja". Fotografía de Merche Medina.

Imagen de “Naranja”. Fotografía de Merche Medina.

Con cada una de las obras de la muestra, concebidas ad hoc para cada espacio, Laura Tenllado desarrolla un ejercicio de experimentación en el que el espectador cobra un papel decisivo, cuya presencia perfila definitivamente cada una de las composiciones, sustentadas por el color como punto de fuga. No obstante, Tenllado gusta de interactuar con el azar, permitiendo que el frío, el calor, el volumen y la textura puedan incidir y modificar sus creaciones, explorando el uso del espacio en el que se encuentran, a modo de homenaje a Donald Judd (otro de sus iconos explícitos).

Imagen de "Instalación II". Fotografía de Merche Medina.

Imagen de “Instalación II”. Fotografía de Merche Medina.

Igualmente, la artitsta utiliza el agua, la luz y las tonalidades del arcoíris  como materias pictóricas; el color negro como un punto de oxígeno visual; el fluorescente como transparencia de la opacidad. Sus materiales invitan al tacto de modo inmediato e, indirectamente, a otros sentidos. Saborea el error de una pieza y lo eleva al olimpo de lo bello.

Resinas acrílicas, placas petri, plástico, cristal, agua, pigmentos, colores primarios, transparencias, tubos, cables, otros materiales descontextualizados y luz, mucha luz natural, artificial, inducida y cuantas variantes puedan imaginarse, orquestan una muestra tridimensional en la retina del espectador, cuyo lenguaje intrínseco permite focalizar la atención sobre cuanto pasa desapercibido.

Merche Medina

 

Rosa Santos, entre el rombo y el hexágono

Del rombo al hexágono hay dos líneas
Xavier Arenós, Ana H. Del Amo, Andrea Canepa, Juan López, Carlos Maciá, Kiko Pérez,
Rodríguez-Méndez y Diego Santomé
Galería Rosa Santos
C / Bolsería, 21. Valencia
Hasta el 10 de junio, 2015

En ocasiones nos excedemos cuando nos encontramos en la tesitura de explicarnos, de armar un discurso sólido que justifique el resultado de lo que tenemos ante nuestros ojos. En ocasiones esa justificación es de lejos mucho más consistente que el fin en sí mismo; otras veces nos encontramos ante una conjunción perfecta entre lo uno y lo otro o ante un desglose que habría sido más acertado obviar. ¿Qué es lo que importa cuando el proceso no nos incumbe? ¿Es acaso el proceso la cura de todo mal o la justificación el modo de mejorar lo que no se sostiene?

Vista general de la exposición 'Del rombo al hexágono hay dos líneas'. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Vista general de la exposición ‘Del rombo al hexágono hay dos líneas’. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

‘Del rombo al hexágono hay dos líneas’ no es una exposición acerca de la experiencia, sino acerca del resultado. Reunimos una serie de trabajos cuya solución halla en lo geométrico su lugar, sin que el proceso transite por los mismos paisajes, y encontramos en lo geométrico un eterno retorno. Del mismo modo que se vuelve a la pintura se vuelve también a la geometría y más allá de una fidelidad incuestionable al medio, artistas como Rodríguez-Méndez o Carlos Maciá llegan a este punto de un modo no premeditado. El uno, como manera de materializar la palabra del poeta Helberto Helder; el otro, como medio para atajar un problema formal.

Exposición 'Del rombo al hexágono hay dos líneas'. Cortesía de Galería Rosa Santos.

Exposición ‘Del rombo al hexágono hay dos líneas’. Cortesía de Galería Rosa Santos.

Plasticidad y abstracción para redundar en la formalización como fin de un proceso. Ana H. del Amo parte de pequeños esquemas para investigar tentativas de formas y cromatismos, del mismo modo que Kiko Peréz redunda en las líneas rectas, verticales u horizontales, como también lo hace el dibujo de Andrea Canepa y las arquitecturas semi ocultas de Juan López.

Xavier Arenós mezcla narración y pura geometría como resultado formal de una consecuencia histórica. Resulta curioso cómo este trabajo, junto al de Diego Santomé, conforma una solución de trazos rectos y formas mínimas y austeras. Dibujos hechos con líneas, trazos de circunferencias, conos y hexágonos.

Exposición 'Del rombo al hexágono hay dos líneas'. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Exposición ‘Del rombo al hexágono hay dos líneas’. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Defendía Konstantinos Kavafis referido a Ítaca: llegar allí es tu destino y, frente a la posibilidad de hallar ese destino pobre, fijaba en la experiencia el destino en sí mismo. ¿Qué nos lleva a hacer camino si el fin no nos ofrece a priori la satisfacción?

¿Afrontamos acaso el viaje aun sabiendo que el desenlace no puede sino causarnos una profunda decepción? Es más fácil mantener la ilusión cuando el desenlace se presenta propicio. ¿Qué otra razón si no nos asomaría al abismo como lo hicieron los marinos a los que Ernest Shackleton reclutó? Se buscan hombres para viaje peligroso.

Sueldo bajo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito. ¿Hubiesen subido al barco sin esa última frase? ¿Podría esta exposición ser en realidad otra?

Obra de Xavier Arenós. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Obra de Xavier Arenós en la exposición ‘Del rombo al hexágono hay dos líneas’. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Ángel Calvo Ulloa & Tania Pardo

 

Tras los Goya: Magical Girl

Magical Girl. El sueño de la razón

Minimalista como un haiku o el  haiga que lo acompaña, así podría definirse la atmósfera de la última película de Carlos Vermut: sencilla, sobria y contundente. Exiliada la ampulosidad en decorados, vestuario y gestos, en Magical Girl priman las palabras y los actos: expresiones de los deseos, verdades y mentiras de sus protagonistas. Esta fábula contemporánea fundamentada en las invisibles y dramáticas relaciones de sus personajes –como ya hiciera el cineasta en Diamond Flash (2011), a cuyo estilo regresa− se erige en un thriller psicológico cuyo juego de espejos trasciende la pantalla. La situación económica actual −especialmente−, la lucha de clases y la búsqueda de la felicidad desencadenan una trama de la que emerge lo siniestro. La desesperación de un profesor de literatura en paro con una hija enferma y el miedo a la soledad de una manipuladora y caprichosa paciente psiquiátrica, se mezclan con el carácter bondadoso de un  jubilado profesor de matemáticas. La pugna entre el pasado que regresa y un futuro en calma, entre la razón y la sinrazón, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, o las letras y los números, conducen a una violencia anunciada semejante a la que Villaronga analiza en sus obras.

Existe un fuera de campo que jamás se muestra donde los personajes se definen y se completan, radicando en él ese sutil aire misterioso que los rodea y acerca, convirtiéndolos en caras de una misma moneda que se revela dependiendo del giro. Destaca un José Sacristán mudado en superhéroe de barrio y una Bárbara Lennie de extrema e íntima complejidad. Si los espacios que la rodean resultan vacíos, fríos y asépticos, no lo es menos su vestuario. Acostumbrados a que se premien los vestidos de época, terror o fantasía, hubiera resultado alentador galardonar el trabajo de Iratxe Sanz vistiendo al personaje de Bárbara. Sus ropas, planas, simples y elegantes, más allá del aderezo, funcionan como contraste entre la hipotética serenidad exterior y un interior tan tenso y enmarañado como el que Buñuel quiso para la Deneuve de Belle de Jour (1967) que vistiera Yves Saint Laurent.

La narración dividida en actos con sus apostillas, la mezcla de cultura japonesa y tradición española –aunque a algunos les chirríe, no existe arbitrio en la inclusión del tema La niña de fuego o la referencia a la tauromaquia− junto a ese nexo de unión que vincula a sus personajes convierten Magical Girl en una apuesta diferente y atractiva. Como si de un funambulista se tratase, Vermut arriesga en el alambre. No es fácil mantener a flote una película de constante balanceo, sin embargo, le resulta. Enhorabuena.

Tere Cabello

Ver visiones: la crisis de valores

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Equipo Realidad (Galería Punto) / Lukas Ulmi (Set Espai d’Art)
CIS: La Administración de Justicia / La crisis de valores

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Unos años iniciado el siglo XXI, el llamado de la era de la información, en el que las redes sociales transmiten a cada segundo el devenir de lo que está sucediendo en cualquier lugar del planeta, a una velocidad de vértigo, nos encontramos con unos datos que nos acercan a la realidad y nos revelan las verdaderas preocupaciones de la sociedad contemporánea. A través de los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- descubrimos que la principal dificultad actual es el desempleo. Una sociedad que no genera trabajo, no crece, se estanca… Los problemas económi­cos, los grandes casos de corrupción y fraude y el desencanto con nuestros políticos, nos llevan a desconfiar de los valores existentes en la sociedad actual. La sucesión de escándalos políticos, económicos y financieros con cifras escalofriantes hace que vayamos cayendo en el desánimo y la apatía. ¿Es este el mejor ambiente para cultivar los valores humanos? Se está perdiendo el respeto -tanto de los mayores a los jóvenes como de los jóvenes hacia los mayores- y los códigos de convivencia hacen aguas y en cambio, crece el odio, el egoísmo, la violencia, la indiferencia, el individualismo, en definitiva, conductas antisociales y deshumanizadas. ¿Contribuye a esta crisis de valores la televisión o las redes sociales? En el siglo XXI y valiéndonos precisamente de los mass media deberíamos fomentar la pluralidad -formada por un conjunto de singularidades, con unas características e identidades propias-, la tolerancia y el respeto hacia las ideas que no son las nuestras y desde las expresiones artísticas se puede contribuir a impulsar valores como la sensibi­lidad, la creatividad o las emociones.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Y llegados a este punto, ¿cómo puede colaborar la administración de Justicia en la recuperación de los valores? Precisamente, jueces y fiscales pueden y deben marcar límites a determinadas políticas antisociales y luchar con la ley en la mano contra la corrupción, la violencia de género, el racismo… acercándose a los problemas de la sociedad.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

En este momento de crisis, de valores y económica, y que tan profundamente afecta a la sociedad, que existan galerías de arte independientes, no sujetas al poder político y sus imposiciones, que apuesten por el arte contemporáneo y que, al mismo tiempo, se conviertan en puntos de encuen­tro culturales en sus ciudades, dando oportunidades a los artistas y contando con la colaboración de los críticos de arte, merecen, sin duda, el reconocimiento social.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Dentro del arte valenciano de la segunda mitad del siglo XX surge, en 1966, el Equipo Realidad formado por Jorge Ballester, recientemente fallecido, y Joan Cardells, dos artistas, hijos de artistas que, casualmente, se encuentran en clase en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y descubren todas las afinidades que les unen y que nacen de la conciencia cívica de cambio social, cultural y laboral que se fomenta desde los sectores intelectuales, universitarios y obreros en los últimos años del franquismo. El compromiso político y la crítica social junto con un rechazo del informalismo y su sustitución por un realismo trabajado desde la modernidad europea y americana pronto situarán al Equipo Realidad en la vanguardia creativa. De hecho, en su declaración de principios afirman: nosotros pensamos que la obra de arte debe estar comprometida con el sentido del progreso moral del hombre y ayudar al desarrollo del grupo social al cual ese hombre pertenece. Este grupo seguirá activo hasta 1976, ya iniciada la transición democrática.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Las obras que hoy se muestran, forman parte de la serie Hazañas bélicas o Cuadros de Historia, trabajada entre 1973 y 1975 y en la que reflexionan sobre la Guerra Civil. Está realizada a partir de unas pésimas fotografías en blanco y negro, -una fantasmagoría, decía Cardells- que publicaba una enciclopedia popular editada en fascículos y que, reproducidas en tonos grises, actúan sobre los rasgos identificadores tratando la imagen, alterándola, hasta conseguir desenfocarla contribu­yendo así a realzar la lectura irónica de las obras: Lo que nos interesa no es la realidad, sino su imagen.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

El escultor suizo afincado en Valencia Lukas Ulmi contribuye a esta exposición con la instalación Desafiando el espacio, realizada para este espacio en el que la contemplamos ahora. A través de la ligereza de los más de ocho metros de sus enormes construcciones geométricas que realiza con finas varillas de hierro, crea unos juegos espaciales minimalistas. Los volúmenes se mueven, se encuentran, tropiezan entre sí, traspasan los muros en un equilibrio inestable que contribuye a dar sensación de movimiento y nos llevan más allá de la creatividad artística, a traspasar fronteras, a plantearnos cuál es el límite.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Frente a los trabajos consolidados y reivindicativos de un momento político determinado, pero ya pasado, de Equipo Realidad, se encuentran los contenedores vacíos, silenciosos, fruto de esta sociedad en crisis de Lukas Ulmi pero que al mismo tiempo, esperan el camino hacia valores como solidaridad, confianza, colaboración, profesionalidad, compromiso, credibilidad o respeto. En defi­nitiva, a la espera de un mundo más justo.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Pilar Tébar

 

La obra interminable de Bingyi

En el interior del muro, de Bingyi
Galería Charpa
C / Tapinería,11. Valencia
Hasta finales de abril

“Trabaja en tamaños sin límite”. Y Charpa abre las puertas del almacén de su galería para que veamos los cerca de 30 rollos de papel que, desplegados, pueden acumular kilómetros de pintura. Es la manera que tiene de trabajar Bingyi, actualmente exponiendo parte de su interminable obra en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, junto a otros artistas chinos en la muestra Ink Art: Past as Present in Contemporary China. Pero a la galería Charpa de Valencia ha venido con piezas más pequeñas, sus 68 luminarias, lo que supone su primera incursión expositiva en una sala privada. Normalmente trabaja para grandes museos o edificios oficiales. Por eso Charpa muestra orgullosa la obra de gran sutileza pensada por Bingyi para su exclusiva en Valencia.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Charpa reabre así sus puertas, después del año sabático que le ha permitido conocer en su largo viaje por el extranjero a artistas como Bingyi. Lo hubiera hecho todavía más a lo grande, de no haberse topado con la santa madre iglesia que en Valencia son las Fallas. La artista china tenía el propósito de “tapiar” con su obra el edificio donde se afinca la galería Charpa. Y, después, tomar incluso la calle alfombrando el suelo con una de sus enorme piezas. Pero marzo es marzo y la calle   pertenece en exclusividad a los falleros. De manera que, como recuerda Charpa, hubo que suspender tamaña intervención plástica, para centrarse en la no menos sorprendente serie de 68 luminarias.

Y lo mismo que Bingyi suele trabajar al ritmo de la propia naturaleza, hasta el punto de pintar metros y kilómetros de papel expuesto a las inclemencias meteorológicas, también es capaz de reducir el ámbito de su actuación plástica a tamaños reducidos. “No tiene formatos de galería”, subraya Charpa. De ahí la importancia del trabajo que presenta en Valencia, porque no entendiendo así su obra, ha optado por unas piezas minimalistas fruto de una intensa labor poética. Ahí están, enfrentadas a otros seis grandes papeles, y en franca oposición a la mayor de todas que cae, como si fuera una cascada de pintura, de la pared al suelo en un espacio esquinado de la sala.

Algunas de las luminarias de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Algunas de las luminarias de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Sorprende que quien ha sido capaz de llenar ríos de tinta, amoldándose de forma casi literal al curso del río Qinhuai que bordea el templo de Confucio en las montañas de Beijing, sea igualmente capaz de someterse a los dictados de un simple trozo del espacio. Porque así pueden pensarse sus luminarias: minúsculas palpitaciones de la más grande naturaleza, que Bingyi se limita a escuchar con la misma pasión depositada en sus largos e inabarcables papeles. Utilizando pinceles con pelo de elefante, de marta, de alambres muy finos, Bingyi en el fondo transita por los espacios cortos guiada por una sutileza que no entiende de formatos grandes o pequeños, sino de sensaciones que requieren ser expresadas.

Una joven observa la obra de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una joven observa la obra de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Para los papeles interminables, se deja llevar por el azar de la naturaleza, dejando que la inclemente acción de la lluvia, del viento o del sol produzca misteriosas formas sobre la tinta depositada. En las luminarias, ese azar de la naturaleza exterior se vuelve hacia dentro de sí misma, dejando que sea la sangre que corre por sus venas o el aire que movilizan sus pulmones los que establezcan el camino a seguir. De esta forma, Bingyi neutraliza el tamaño del formato con el que trabaja, para que sea un mismo aliento poético el que dibuje la trayectoria inconsciente de su obra.

A Bingyi, las dimensiones del papel le resultan después de todo secundarias, porque a tenor de lo que quiere contar unas veces se meterá literalmente dentro de su propia obra, recorriéndola, pisándola, avanzando con ella, y en otras bastará con que el minúsculo papel le haga sentirse inmensa. Es ese pálpito, que nada sabe de limitaciones espaciales, el que Bingyi promueve con su inabarcable trabajo. Le hubiera gustado desplegar su obra en la fachada de la galería Charpa, sobre el suelo de la calle Tapinería, pero no pudo ser. A cambio, las 68 delicadas luminarias brillan con fuerza En el interior del muro que sirve de título a la primera exposición internacional de Bingyi en una sala privada.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Salva Torres

Myriam Jiménez: La cerámica como habitáculo

Myriam Jiménez. Espai vital
Ademús Espai d’Art (AEA)
El Corte Inglés (3ª planta)
Avda. Pío, XII, 51. Valencia
Hasta el 28 de febrero de 2014

La cerámica es un arte milenario que se encuentra en los ritos de magia del hombre prehistórico y en los objetos utilitarios de Egipto, Mesopotamia y Grecia. Más tarde las rutas de oriente traen a la Península Ibérica el arte de la cerámica y el al-Andalus da un gran impulso a esta técnica alquímica. Durante mucho tiempo la cerámica se ha mantenido como una artesanía inmersa en las llamadas artes aplicadas. En el siglo XIX el Arts & Crafts reivindica esta técnica como nueva forma de relación artista/obra y ya en el siglo XX la Bauhaus hace de ella una disciplina artística, necesaria para cualquiera que quisiera dedicarse a la práctica artística.

Durante los debates sobre la teorización y crítica del arte contemporáneo en la década de los 80, las llamadas artes aplicadas, quedaron fuera. Las potencialidades de la cerámica como medio permitió la ampliación del término a “cerámica artística” y los escritos de Robert Pincus Witten contribuyeron, sin duda, a consolidar ese medio desde el punto de vista práctico y conceptual. Los artistas que en la actualidad utilizan la cerámica como soporte de su actividad creativa, dominan la técnica, pero esto no supone limitaciones en su trabajo sino que lo refuerza. Sus obras, calificadas como Arte Contemporáneo y realizadas en un determinado material, ya no se valoran por sus cualidades matéricas, sino por su potencialidad visual y su relevancia conceptual.

Pero ¿cuál ha sido la relación conceptual y estilística de este soporte disciplinar con el arte de vanguardia? Artistas como Derain, Picasso, Tápies, Chillida o Anthony Caro, fusionaron en la cerámica, técnica y creatividad. Al mismo tiempo ceramistas como Arcadio Blasco, Enric Mestre, Garraza o Llorens Artigas han hecho posible la ruptura de barreras entre la creatividad artesanal y artística, a partir de una fructífera colaboración. En este contexto, la cerámica no solo se ha abierto paso sino que también se ha consolidado como un soporte creativo con identidad propia. Muestra de ello es la obra de Hans Coper, ejemplo de ceramista individual, de estudio y con una obra muy personal, que además de utilizar las técnicas tradicionales, enlaza su estética con las corrientes de vanguardia.

La cerámica contemporánea, despojada de ataduras socioculturales explora la creatividad personal del autor. Y es en este contexto disciplinar y creativo donde emerge el trabajo de Myriam Jiménez con sus piezas, minimalistas, geométricas y blancas, en las que hay unas interesantes interferencias entre la tridimensionalidad de la escultura y la habitabilidad de la arquitectura. Al igual que en el minimalismo, sus piezas adquieren sentido a partir de lo mínimo, simplificando los elementos utilizados, apelando a un lenguaje sencillo a partir del color blanco y de las líneas simples. Esta economía de medios, se concretiza en el uso de formas abstractas, partiendo de un purismo funcional y estructural, para concluir con la austeridad y la síntesis. Este es también un arte del silencio, ya que se aparta del mundo material y del “ruido” de formas y objetos de la sociedad de consumo.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (6,5 x 95 x 40 cm). Imagen cortesía de la artista.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (6,5 x 95 x 40 cm). Imagen cortesía de la artista.

El blanco identifica muy bien sus formas y acentúa los contornos al mismo tiempo que permite la inflexión de la luz y sus posibilidades proyectivas. Su trabajo se centra en la investigación de los espacios interiores, con claras referencias arquitectónicas, sin abandonar la tridimensionalidad más específica de la escultura. Esas recreaciones arquitectónicas tienen que ver con el concepto de casa/hogar, el lugar donde vivimos, pensamos, amamos, en suma,
el espacio más íntimo de nuestra existencia. Pero esos espacios semi-cerrados también son “lugares” contenedores del tiempo, de la memoria y de los recuerdos.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (6,5 x 56 x 48 cm). Imagen cortesía de la artista.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (6,5 x 56 x 48 cm). Imagen cortesía de la artista.

El carácter modular de la obra de Myriam Jiménez, sólo interrumpido por unas aberturas a modo de ventanas, nos lleva hasta la estética minimalista. Sin embargo, estos objetos aparentemente mínimos, se mueven entre la ambivalencia de la prístina elegancia y la calidez de un material tan cercano como es la cerámica. El control de este material en el proceso creativo es otra de las premisas que determina el trabajo de esta ceramista/escultora, en tanto que conoce y maneja a la perfección el proceso de transformación en el horno, dejando poco o ningún margen para lo inesperado. De esta forma, se puede concentrar en el desarrollo de sus ideas y trabajo de las formas, sin la inquietud de la supervivencia de las piezas en el horno.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (8 x 60 x 36 cm). Imagen cortesía de la artista.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (8 x 60 x 36 cm). Imagen cortesía de la artista.

Es la primera vez que cierra sus piezas, creando una estructura desde dentro a través de la geometría y estructurando el exterior de forma asimétrica, de tal forma que las piezas sugieren también un espacio como refugio o escondite. Este concepto de cerrado o encerrado, es en realidad, un acto de encerrarse y aislarse de la sociedad. Pero ese deseo de intimidad se quiebra cuando las ideas se convierten objetos, capaces de comunicar su propio lenguaje, una vez colocados en el espacio expositivo.

Xesqui Castañer

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (13 x 45 x 30 cm.) Imagen cortesía de la artista.

Myriam Jiménez, 2013. Gres y engobe de porcelana (13 x 45 x 30 cm.) Imagen cortesía de la artista.