Resaca negra: Vicente Marco

Entrevista con el escritor valenciano Vicente Marco, a propósito de la presentación de su novela ‘Ópera Magna’ (Editorial Almuzara), XXIX Premio Novela de Jaén, en la XXIX Semana Negra de Gijón

El escritor valenciano Vicente Marco, refrendado autor de novela, relato corto y teatro -atesora más de cuarenta premios literarios, entre ellos el galardón Valencia 2015, que concede la Institución Alfonso el Magnánimo, por su última novela ‘Mi otra madre’ (Editorial Lengua de Trapo)- ha paseado sobre la gravilla de los antiguos astilleros de la ciudad asturiana con ejemplares de una de sus últimas obras, ‘Ópera Magna’ (Editorial Almuzara), aupado por un oxigenado estilo y una convulsa acción merecedores del XXIX Premio Novela de Jaén, para completar su ciclo en el cronograma de actividades de la XXIX Semana Negra de Gijón.

Te encuentras por primera vez a orillas del Cantábrico, en pleno estío, participando en la Semana Negra de Gijón. ¿Qué te parece haber recibido la invitación del festival para una novela que, en principio, tú mismo no asociabas al género, pero que tus lectores sí han vinculado explícitamente con el noir?

Creo que mis novelas no son de ningún género en concreto, pero sí engloban a muchos de ellos. ‘Ópera Magna’ podría ser un thriller psicológico, una novela de género negro, de intriga. Sin duda, me encanta estar en Gijón hablando de ella.

Según describes cuando conversas acerca de esta novela, su argumento parte de una historia peculiarísima, de un apunte autobiográfico.

Efectivamente. Todo nace cuando voy a Segovia a recoger un premio literario. Resulta que el que ha obtenido el accésit no recibe ninguna atención, la prensa no le hace mucho caso y yo me acerco, descubriendo a una persona muy particular, tan singular que da origen a ‘Ópera Magna’. Ahí lo dejo.

El germen que da pie a la trama evoluciona en tu mente durante el camino de regreso a Valencia, tras la recogida del premio. ¿Advertías que esa historia atesoraba ya los mimbres suficientes para desarrollarla?

Sí, prácticamente ya se encontraba pergeñada durante mi regreso a Valencia desde Segovia. Ya la tenía toda en mi mente y lo que hice fue transcribirla.

El escritor Vicente Marco y el periodista José Antequera, de la revista GURB, en un instante de la presentación de 'Ópera Magna' en la carpa 'A quemarropa', durante la XXIX Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor Vicente Marco y el periodista José Antequera, de la revista GURB, en un instante de la presentación de ‘Ópera Magna’ en la carpa ‘A quemarropa’, durante la XXIX Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

En Semana Negra has comentado que Diego Leonarte -uno de los tres personajes protagonistas y trasunto primigenio de ese inquietante individuo- viene a ser, a la postre, un híbrido de múltiples perfiles que te has ido encontrando a lo largo de tu existencia y, probablemente, de la muchos de los lectores que se aproximen a la novela.

Sí, en efecto, como muchos personajes, para caracterizarlo me basé en las experiencias que he tenido con perfiles similares, de manera que construí a Leonarte como un Frankenstein.

Otro aspecto reseñado por estos lares se emparenta con la fluidez del estilo, que suele particularizar muchas de tus publicaciones, aunque, en este caso, de una modo más afianzado.

Aquí era más importante aún realzar esa manera mía de escribir, para dejar la trama sólo en lo fundamental, que era lo que a mí me interesaba que el lector captara, evitando todos los añadidos que podría haber alrededor, con lo cual las descripciones son muy escasas, tanto de personajes, que se caracterizan por las acciones que van realizando y por los diálogos, como en lo que respecta a las descripciones paisajísticas, por ejemplo. De este modo, la ceñí estrictamente a la trama.

¿Crees que tu estilo es reconocible desde un primer momento o, finalmente, advertido por el contenido de tus publicaciones?

Los lectores sí pueden reconocerme por la manera en que escribo, eso es evidente. Después los temas de parte de mi obra quizás sean más universales, como la preocupación acerca de qué narices hacemos aquí. No es un tema mío, sino de muchísimos escritores. No sólo el qué hacemos aquí, que es un poco más manido, sino el motivo por el que no lo sabemos. Una inquietud acerca de qué hay ahí que nos impide conocer la verdad de nuestra existencia, si es algo premeditado o una cuestión realmente fortuita, el motivo por el que nuestra mente es limitada a la hora de conocer y responder a las grandes preguntas del universo.

Sin duda, una cuestión que intensificas generosamente en publicaciones como ‘Los que llegan por la noche’ (Versos y Trazos Editorial), en la que se compendian diversos historias encapsuladas en esa línea.

Los cuentos de ‘Los que llegan por la noche’ los escribí hace tiempo. Después, Versos y Trazos los recopiló en un único volumen, muy bien editado. Son historias concretas, diferentes, donde lo fundamental es hablar de la importancia del azar en nuestras vidas, de la escasa importancia de nuestra decisiones. Nos creemos que somos importantes, que somos capaces de manejar nuestro destino, pero después los sucesos están ahí y la mayoría de veces es como si alguien nos estuviera guiando y nos pusiera en la mano varias alternativas para elegir. Se puede pensar que uno toma las decisiones, pero la gran pregunta no deja de ser quién o qué te ofrece estas alternativas.

¿Pueden considerarse como un florilegio de relatos emparentados con ciertos conceptos o territorios alumbrados por la Filosofía?

Sobre todo con la filosofía de la causalidad. Los hechos están concatenados, se van moviendo y desconoces a dónde vas a parar. Es la transcripción de un posicionamiento vital. Cuando escribo intento transmitir todo lo que me nace acerca de cuanto he pensado. Eso es lo importante.

En tanto que dramaturgo, amén de novelista, ¿has encontrado en la morfología del teatro un vehículo oportuno para proponer determinadas situaciones que a través de la narrativa más convencional no es posible?

El teatro me permite escribir un tipo de obra y contenidos que en novela son más difíciles de comercializar, especialmente el humor; el género teatral me ha servido para encauzarlo. Me gusta mucho reírme de todo y el humor es el arma más potente del ser humano, aunque ello no quiere decir que todas mis obras teatrales sean humorísticas. Las editoriales y concursos literarios apuestan muy poco por ello.

El escritor valenciano Vicente Marco, en un instante de la presentación de 'Ópera Magna' en la carpa 'A quemarropa', durante la XXIX Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor valenciano Vicente Marco, en un instante de la presentación de ‘Ópera Magna’ en la carpa ‘A quemarropa’, durante la XXIX Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

“Se aprende a escribir como a pintar”

Taller literario en Fontilles
Vicente Marco

Seis novelas, una recopilación de relatos premiados, un ensayo, dos obras teatrales y muchos libros de cuentos. Es el balance general de la variada y prolífica obra del valenciano Vicente Marco (1966), que además ha quedado finalista de una treintena de galardones literarios. El último, Premio Valencia de Narrativa, por su novela Mi otra madre publicada por Lengua de Trapo. Otra faceta de este autor versátil son los talleres de escritura que imparte en distintos ámbitos y sobre diversos temas, una treintena en total hasta la fecha.

Este verano dirige en Fontilles un taller de escritura creativa de cinco días en plena naturaleza con hospedaje y pensión completa incluidas. Será la semana del 27 al 31 de julio y del 24 al 29 de agosto. (Más  información en vacacionesconarte.com) A  partir de septiembre comienzan de nuevo los nuevos talleres en Bibliocafé de tres meses de duración, en los que se obsequia a los participantes con su ensayo Escritura creativa y premios literarios, y también habrá jornadas matutinas de sábado con temas específicos.

Portada de 'Mi otra madre', de Vicente Marco.

Portada de ‘Mi otra madre’, de Vicente Marco.

Mi otra madre es una novela de intriga que transcurre en un espacio único con muy pocos personajes. La voz narrativa es la de un muchacho de 13 años llamado Julián, alguien muy especial que el lector va descubriendo a lo largo de la obra. Mantiene una extraña relación con su madre, que se quiebra cuando entra en la casa un niño manco al que llama el Flaquito.  A partir de entonces Julián y el Flaquito entablan una amistad peculiar en las que ambos explorarán la vida de cada cual. “La escribí de un tirón, en apenas diez días. Y me introduje tanto en la piel de esos personajes en esa casa que, al final, acabé perdiendo el conocimiento”, comenta Marco con humor.

¿De todos los premios que ha recibido, cuál es el que más aprecia?

La verdad es que no me parece justo declinarme por uno en concreto. Todos me satisfacen. Y el que recuerdo con más nostalgia fue el primero. Por aquello de que fue el primero. Como el primer amor y eso.

¿Cómo nutre su imaginación para escribir tanto y tan variado?

Es muy difícil responder a esa pregunta. La imaginación siempre se nutre del mundo, eso es evidente,  pero existe algo introspectivo, que no sé de dónde viene. Está ahí. Y uno lo saca cuando escribe. En mi caso, la obra nace por impulso, casi como si fuera escritura automática, así voy creando las historias.

¿Qué disciplina de trabajo sigue?

Soy muy disciplinado. Me levanto por la mañana sobre las ocho y escribo hasta las tres o las cuatro. Cuando estoy en pleno proceso creativo (no de revisión) continúo por las tardes, por las noches, hasta cuando haga falta.

El escritor Vicente Marco. Cortesía del autor.

El escritor Vicente Marco. Cortesía del autor.

¿Con respecto a los talleres literarios, cree que ayudan realmente a convertirse en escritor? ¿Qué es lo principal que intenta transmitir a los alumnos?

Lo que intento transmitir es que existen una serie de técnicas de escritura creativa aptas para cualquier persona que tenga interés en crear. Del mismo modo que se aprende música o pintura, también se aprende a escribir. Sobre todo, hago hincapié en los errores más frecuentes de quienes empiezan y en cómo solucionarlos.

¿Qué es lo que más le sorprende de sus talleres? 

Me sorprende tanto el talento de muchos alumnos, su capacidad para recrear historias como la falta de revisión generalizada en todos ellos. Es una lástima que sus bocetos de relatos, novelas o piezas teatrales duerman escondidas en un cajón.

Parece que 2015 está dando una gran cosecha de escritores valencianos. ¿Qué opina al respecto?

La verdad es que en los últimos meses nuevos narradores valencianos o residentes en Valencia están cosechando triunfos tanto comercialmente como con premios importantes. Ahí está Jordi Llobregat con El Secreto de Versalio, Sebastián Roa, El ejército de Dios, Joaquín Camps con La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, Rosario Raro, Volver a Canfranc, Santiago Álvarez La ciudad de la Memoria, Antonio Penadés, Tras las huellas de Heródoto. Por no hablar de los veteranos con un sólida carrera: Alfons Cervera, Rafael Chirbes, Carmen Amoraga, Javier Sarti, Santiago Postiguillo, Juan Ramón Barat, Juan Miguel Aguilera, Marta Querol o Jordi Juan Martínez, que acaba de ganar el Premio Getafe de Novela Negra. Una buena cosecha de géneros para todos los gustos y paladares. Muchos, además, coincidíamos en Bibliocafé, aquella estupenda librería de Micer Mascó donde se organizaban teatros de lecturas, conciertos y un sinfín de actividades culturales. Por desgracia, como ha venido sucediendo en España en estos últimos tiempos, debió cerrar sus puertas para abrirlas de nuevo en un espacio mucho más modesto donde las reuniones devienen imposibles.

El escritor Vicente Marco. Cortesía del autor

El escritor Vicente Marco. Cortesía del autor

Bel Carrasco