Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

El caos ordenado de Lorenzo Belenguer

An Orderly Chaos, de Lorenzo Belenguer
Colectiva ‘We Could Not Agree’, comisariada por Geoff Leong
Semana de la Frieze Art Fair
Parking QPark
Cavendish Square. Londres

Con su instalación ‘An Orderly Chaos’ Lorenzo Belenguer ha participado en la exposición colectiva que reunió un gran número de artistas multidisciplinares en un céntrico parking de Londres. El tercer nivel del parking QPark, bajo el suelo de la concurrida plaza Cavendish Square, acogió durante seis días consecutivos del mes de octubre, la muestra colectiva organizada por Geoff Leong por segundo año consecutivo.

Más de 120 artistas seleccionados por 10 comisarios que son a su vez artistas, que conocen el escenario artístico de la ciudad en la que se mueven y forman parte activa del mismo, participaron en un evento que combina escultura, cine, fotografía, pintura e instalaciones, incluyendo charlas y presentaciones además de música en directo, con la idea deliberada de abogar por lo inesperado y fomentar la curiosidad.

An Orderly Chaos, pieza de Lorenzo Belenguer, en la colectiva 'We could not agree'. Imagen cortesía del artista.

An Orderly Chaos, pieza de Lorenzo Belenguer, en la colectiva ‘We could not agree’. Imagen cortesía del artista.

Aprovechando el impacto mediático y llegada de coleccionistas, dealers, comisarios y gente relevante en el mundo del arte a Frieze Art Fair, ‘We could not agree’ se presentó como una metáfora del arte alternativo o underground, no sólo en su mensaje directo y visceral sino incluso en su localización. A poca distancia de las carpas de Frieze Art Fair, se dispuso un improvisado espacio expositivo subterráneo de 20.000 metros cuadrados de recorrido circular, perfectamente delineado. Los coches y motos que ocupan las plazas delimitadas por rectángulos negros, han dejado su lugar durante unos días a vídeos, instalaciones, pinturas y fotografías. Esta división, como comentaba Lorenzo, hace más fácil la sección espacial y el encuadre expositivo de cada una de las obras a modo de escenario.

Situado en el pasillo central se encontró la escultura del artista valenciano Lorenzo Belenguer, ‘An Orderly Chaos’. Unas redes metálicas en esta ocasión son la base de su trabajo que, superpuestas en rectángulos imperfectos que se cortan entre sí, nos proponen un paso más en su investigación acerca de sus esculturas-pinturas. Para realizar esta instalación utilizó lo que se denomina objetos encontrados, elementos en un estado de desuso o descartados a los que invita a ser parte principal de su mensaje artístico. Es una reinterpretación, como indicó el propio artista, del movimiento italiano Arte Povera de finales de los 60 y principios de los 70 que le sirve  de inspiración y guía. El minimalismo es otro de sus faros, según aseguró el artista, con la utilización de las líneas y la geometría, junto a la reducción de elementos superfluos y la conceptualización básica de sus partes.

Su propuesta forma una estructura que se convierte en un entresijo geométrico que se encarama en forma de diferentes planos superpuestos, que dan profundidad y sentido pictórico a la obra. Su intención, según argumentó Lorenzo, es la de conseguir darle tridimensionalidad a la pintura. La realidad se convierte en su lienzo imaginario y unos toques minúsculos de colores primarios, son un contraste con el  óxido trabajado de los metales que utiliza. Londres ha sido una fuente de inspiración para este artista valenciano que llegó a la capital británica y decidió convertirse en artista. Los objetos encontrados que usa en sus series, se contraponen con sus dibujos donde la línea y la ausencia de relleno contrasta con la única cosa que, según comentó, es imposible de controlar: las manchas de colores primarios que usa y que se encuentran en cada una de sus obras.

Escultura de Lorenzo Belenguer. Imagen cortesía del autor.

‘An Orderly Chaos, escultura de Lorenzo Belenguer, en la colectiva ‘We Could Not Agree’ de Londres.  Imagen cortesía del autor.

Miguel Mallol

Fanny Galera. Épica de la ilusión

Fanny Galera. Ilusiones
Ademuz Espai d’Art
El Corte Inglés
Avda. Pío XII, 51. Valencia
Inauguración: 9 de abril, 19.30h.
Hasta el 17 de mayo de 2014

No obedeceré todavía, que con mis ojos veo que está muy lejana la tierra donde, según afirman, he de hallar refugio; antes procederé de esta suerte por ser, a mi juicio, lo mejor: mientras los maderos están sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.
Homero. Odisea. (Canto V).

Un fragmento de biografía… siempre fue. El propio pasado queda ubicado ahí, en la memoria, contenido en los tejidos de ideas que hacen aparecer, luego, un renovado sentido. Y ese es el presente del artista, es su realidad, pero no como una referencia contextual de carácter social, ni un encuentro cultural, ni tampoco una formalidad estética. Se trata de un presente autoconfigurador, equilibrante de estos aspectos sin renunciar a nada, esencialmente lanzado a la vivencia en todos y cada uno de sus límites, insatisfecho, esperanzado e hilvanado de oficio, éste último, además, tan soslayado de la intelligentsia creativa postmoderna. La propia construcción, que no refuta lo real, es un hacerse en consecutivas imágenes, criterios, objetos y recuerdos, degustando lo pertinente al tiempo que tiempla lo insustancial, porque nada es inalterable aún en prolongado deterioro. Es posible actuar con las luces tenues, tantear los desperfectos, no desballestar la nave de los argonautas. El timón de la ilusión orienta el viaje, desde la experiencia, de quien se sabe inclinado a palpitar, aún con cercas y vallados, sin descanso.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

El ejercicio ilusionante de Fanny Galera (Valencia, 1973) no es dogmático, por más que exista un sustrato deseante ligado a demostrar una verdad íntima. En modo alguno se contagia de aquella “idea delirante” freudiana, un apremio para destinos crueles detenidos en la historia. Es, su poética, una práctica artística que activa y es a la vez activadora de la persona en la conciencia del itinerario. Andan en la travesía sus escenografías para breves representaciones escultóricas, atemperados modos de hacer humanidades mínimas en tamaño, pero de grandes aspiraciones y anhelos que, paradójicamente o tal vez por ello, se han reunido en el lugar de la figura episódica. Así, los sucesos han permanecido como oportunidades, momentos, eventualidades y motivos de su hábitat personal.

Quizá lo perecedero se asienta en la contingencia del cobre filífero que circunda propósitos, intenciones y proyectos. Se diría que la expectativa está capturada dando elocuente cuerpo y forma a volúmenes pacientes que el cable se encarga de recorrer. Privándole al espacio de vacíos, sustrayéndoselos con las manos puestas en el papel o en el aire, el quehacer de la artista valenciana asimila a J. Plensa o gesticula en lo ínfimo con J. Muñoz, otras moldea una torsión entre la apariencia de lo inacabado de Rodin y la síntesis deslizada de Giacometti, referentes modernos para una mayor levedad tridimensional en la obra de Galera, naturalmente elaborada en proceso, casi suturada en un silencio interno, coleccionada, presentada fundida a la cera perdida, o suspendida en el éter como hipotética sustancia aristotélica. Estas nuevas tanagras contemporáneas, a sabiendas que el arte se basa en su voluntad de ilusión, se reúnen perpetuando la pequeña danza de la existencia, biológica, de esencialidad vital sobre la cual aproximarse y presenciar de cerca ideas y formas, sin excepción ni prioridades entre ambas, antes al contrario, más bien un punto de vista que se amplifica con la sensibilidad y la razón.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Nietzche indica que la perspectiva debería considerarse como la condición básica de toda la vida. A ello hay que apelar a través de la necesidad de las ilusiones, no como trompe-l’oeil pictórico, tampoco en función de un gozoso y crédulo sentirse “iluminado” en la imaginatio, sino jugando mediante la esperanzada tarea del arte y la vida, esa a la cual se refería el filósofo de Röcken. En cierto modo, una confianza in ludere. ¿Cómo sino podría alguien dejar un lastre pétreo de mil fragmentos y reconstruirse luego? ¿Cuándo sería oportuno emplazarse al dialogo con los demás? ¿Dónde buscar el fértil significado de las gemas? ¿Quién no ha completado alguna vez un arco iris entre la niebla de su propia visión?

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Cabe entonces inclinarse ante la ilusión vital de las apariencias, las del animal fantástico (CONILL, Jesús (1991). El enigma del animal fantástico. Madrid, Tecnos.) que somos, y digerirlas sin ingenuidad pero con sobria inocencia. En este sentido, el espectador se advertirá tal cual son los personajes sin caducidad, los que no fingen ser dúctiles, aquellos atravesados por una luz flexible que los hace cimbrear, vibrando en vertical o en nuestra segura, opaca, eventualidad personal. Seguramente estos argumentos, siendo ya de todos, sí condensan la idea de una ilusión con historia y, por tanto, con más de un sólo tiempo. Ilusiones intersubjetivas, sentidas y practicadas en un desarrollo sin simulacros o espejismos. No estamos pues ante el desvanecimiento (BAUDRILLARD, Jean (2006). El complot del arte: ilusión y desilusión estéticos. Madrid. Amorrortu.) de la ilusión estética de Baudrillard, sino en el ímpetu afinado de la creación. Nunca la filigrana se ha convertido en algo tan poco ornamental, ni en falseado prologo decorativo.

Se trata de un selecto encaje imperfecto. Esto lo sabemos. Pero igualmente y por ello, percibimos exquisitas narraciones secretas, invisibles, que acechan hasta la curiosidad del metal. Si intuimos los rostros, por diminutos que estos sean, estamos predestinados a multiplicar las ilusiones, siempre compartidas y nunca inéditas pues…siempre fueron.

Ricard Silvestre.
Institut de Creativitat i Innovacions Educatives. Universitat de València – Estudi General.

Fanny Galera, "Ilusiones". (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera, “Ilusiones”. (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.

Cuando la moda se viste de sobra

A real story. Nueva fotografía española de la moda
Comisarios: Daniel Borrás y Marta Moreira
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Hasta el 30 de marzo

Si moda, como alguien advirtió, es todo aquello que dentro de diez años causará risa, nada mejor que empezar a hacerlo ya mismo para cobrar ventaja. Es lo que piensan algunos de los jóvenes fotógrafos españoles que se dedican a crear imágenes para la industria de la moda. Cansados de repetir el patrón que tanto luce en las más conocidas revistas, han optado por nadar a contracorriente con el fin de pescar fotografías cuya frescura, desenfado e irreverencia se alejan del glamour estilístico. Daniel Borrás y Marta Moreira han realizado una cuidada selección de esos fotógrafos, para mostrar en Espai Rambleta esa otra cara de la moda.

Fotografía de Alberto Van Stokkum para 'A real story' en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira

Fotografía de Alberto Van Stokkum para ‘A real story’ en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira

El título de la exposición es toda una declaración de intenciones: A real story. Nueva fotografía española de moda. Una historia real consistente en reflejar modelos de consumo que escapen a la dócil etiqueta de la más pulcra belleza. Por eso Daniel Borrás subraya el carácter “poco convencional” de la muestra, debido a esas “corrientes distintas” por las que navegan los 21 fotógrafos seleccionados que, a su vez, representan lo nuevo que está sucediendo en nuestro país. Y lo nuevo tiene que ver con esa producción de imágenes repletas de ambigüedad, cierto feísmo, aparente descuido, y mucho humor, junto a un erotismo que nutre las pasiones de toda índole sexual.

RELEVO FORMAL

Si hace años, la arruga se vendió como algo bello, ahora lo bello tiene que ver con una puesta en escena que pretende paradójicamente huir de la belleza en su sentido convencional. Frente a revistas de tipo Vogue, Harper’s Bazaar, Elle o Telva, se impone un “relevo formal” que Daniel Borrás observa en “revistas nicho” de menor periodicidad, pero “muy cuidadas” y que han alcanzado ya reconocido prestigio. Por citar algunas: Fantastic Man, Vanidad Vice, Buffalo, Lula, Metal, Apartamento o Nylon. Los contenidos inéditos, ya sea la transexualidad o el mundo teen, y la especialización, de públicos o de temáticas como el nuevo erotismo, son algunas de las principales señas de identidad de esas revistas a contracorriente de la moda.

Fotografía de Daniel Riera para 'A real story' en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

Fotografía de Daniel Riera para ‘A real story’ en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

A Daniel Borrás le parece igualmente destacable el “híbrido de géneros” utilizado por los artistas: fotografía, ilustración, collage, audiovisual. De ahí que la exposición, además de las casi 60 piezas que la integran, se complete con dos videos realizados por Josep Alfaro y Gerard Estadella, y vitrinas con una serie de revistas donde aparece obra en su formato original. Algunos de los fotógrafos, como es el caso de Vicent Bosch, aportan imágenes expresamente producidas para la muestra, que permanecerá en Espai Rambleta hasta finales de marzo.

Fotografía de Coke Bartrina para 'A real story' en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira

Fotografía de Coke Bartrina para ‘A real story’ en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira

IMÁGENES INSTINTIVAS

A real story. Nueva fotografía española de moda es un acercamiento al controvertido reflejo de la apariencia humana, liberada del brillo y oropel a los que nos tienen acostumbrados las grandes revistas. En la exposición comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira, las imágenes de esos 21 artistas seleccionados dan buena cuenta de lo que alguien entendió que representaba la moda, en tanto lucha entre el instinto natural de vestirse y el instinto natural de desnudarse. Esa pugna, que el glamour de la moda tiende a ocultar por efecto de su pulcritud formal, se hace evidente en A real story, donde la pulsión, con todas sus asperezas y salidas de tono, remueve las tranquilas aguas de la imagen de moda.

Fotografía de Ernesto Artillo para 'A real story' en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

Fotografía de Ernesto Artillo para ‘A real story’ en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

Esta “manera frívola” de presentarnos las diferentes marcas se halla, no obstante, en justa correspondencia con el rigor y seriedad en la edición de las “revistas nicho” aludidas por Daniel Borrás. “No sólo venden productos, sino cierto contexto artístico”. De manera que la comercialidad y el arte de los Helmut Newton o Richard Avedon desemboca en las imágenes que, a contracorriente, vienen produciendo ahora Daniel Riera, Silvia Prada, Chus Antón, Rafa Gallar, Coco Capitán, Eskenazi Encursiva, Ramiro E, Coque Bartrina, David Gómez Maestre, Van Stokkum, Ernesto Artillo, Carlos Sáez, Mar Ordóñez, Miguel Figueroa, Alejandra Núñez y los ya mencionados Josep Alfaro, Gerard Estadella y Vicent Bosch. Una veintena de fotógrafos de moda, entendida a su manera.

Fotografía de Ramiro E. para 'A real story' en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

Fotografía de Ramiro E. para ‘A real story’ en La Rambleta. Imagen cortesía de los comisarios Daniel Borrás y Marta Moreira.

Salva Torres