De Russafart y otros festivales similares

(También podría haberse llamado Carta abierta a los galeristas)

A nadie le afectan ya sentencias que den por acaecida la muerte del arte. Es más: por aceptadas ya resultan hasta cansinas. Y cuando digo a nadie hago fundamentalmente referencia a esas personas que se dedican, aún y curiosamente, a generar productos en nombre del arte con unos u otros fines, siempre legítimos. O dicho de otra forma: los artistas no dejan de producir aún cuando puedan sospechar que, de alguna manera, el arte ya no es lo que era. Así, por fin, ¡porque que ya era hora!, los artistas del hoy son inevitablemente escépticos ante un mundo, el del arte, que aparenta ser (existir) sin poder hacerlo realmente dadas las condiciones que rigen las sociedades sociales actuales (Internet y RRSS). Lo he dicho en algún que otro artículo, alguno publicado en esta misma revista: 1. El último fin del Arte Moderno fue su democratización (‘Arte=Vida’ y ‘Todos somos artistas’ Beuys dixit), 2. La democratización del arte ha sido posible, de forma definitiva, gracias a las potencialidades tecnológicas.

¿Qué pueden hacer entonces ante estas circunstancias los aspirantes a artistas? Sólo tienen dos opciones, pero si eligen una deben renunciar a la otra. No son compatibles. El problema que sufren los aspirantes a artistas, que generalmente se pasan la vida quejándose de la falta de coleccionistas, de la falta de espacios dedicados al arte emergente (sic), de no tener acceso a ferias, del nimio caso que reciben de las pocas galerías que quedan en las calles, de la falta de cultura de los ricos que prefieren gastarse el dinero en yates, de los políticos que no los eligen para sus exposiciones sufragadas con dinero público… emerge, pues, ante el hecho de quererlo TODO. Abrazan eufóricos la democratización porque les permite estar en la calle (Vida), pero sin renunciar a lo que en el fondo más desean: tener un valor económico justo (sic) en el mercado. Un valor económico justo que les dignifique.

Pintada callejera en el barrio de Russafa en Valencia. Fotografía: Begoña Siles

Pintada callejera en el barrio de Russafa en Valencia. Fotografía: Begoña Siles

Pero TODO no puede ser, como bien deberían saber los adultos. O se acepta la (siempre deseada) democratización, y por tanto no cabe ya ninguna queja posible porque con ella se ha renunciado a todo lo que huela a elitismo cultural, o seguimos creyendo en el elitismo de la Alta Cultura y entonces debemos renunciar a todo acto popular y populista, no tanto porque queramos o no cuanto porque resulte incompatible. Así, a los aspirantes a artistas no les cabe más que elegir entre una de las dos opciones, o la de ser unos hippies de su mercancía (siendo +- pobres) o la de ser unos esclavos del mercado (siendo +- ricos). No hay otra. Otra cosa es que, después, pueda entrar en juego el factor suerte (tan capitalista él), y éste haga de un hippie una estrella de la creación. Lo que en el fondo TODOS desean.

Hagámonos dos preguntas e intentemos que sus respuestas clarifiquen este embrollo:

1. ¿Cuál ha sido y sigue siendo el mecanismo de legitimación de un artista real (artista real: el señalado por la Institución, que es el Mercado)? Respuesta: aquel que precisamente lo sitúa en un mercado y otorga un precio “indiscutible” al producto en ese mercado. ¿El mecanismo, entonces?: ser elegido por alguien con peso en el mercado del arte -todos desean ser elegidos- que te exima de ser un hippie, con lo que ello te obliga a aceptar: que tu valor en el mercado conlleva el reparto del beneficio con terceros, muchas veces a varios terceros y a veces mucho más elevados que los propios beneficios del artista.

2.¿Qué hemos entendido siempre por un ‘mercadillo hippie’? Respuesta: aquel lugar en el que el creador es el mismo vendedor de su producto. Cobra por su mercancía pero jamás por su faceta de vendedor (que es la faceta propia de un tercero).

Así pues, conclusión: está muy bien que los artistas sean hippies y está muy bien que se generen condiciones para que la (deseada) democratización vaya generando canales por los que los artistas lleguen al pueblo. Lo que no está tan claro es que los artistas quieran nadar y guardar la ropa simultáneamente. Si son hippies no podrán quejarse nunca más de ser unos incomprendidos. Nunca. Así, insisto, está muy bien que los artistas renuncien a los intermediarios y generen su particulares formas de venta directa, e incluso está muy bien que en su fuero interno deseen que algún intermediario importante se fije en ellos aún cuando ello suponga venderse al maldito mercado capitalista. Digo yo.

Mientras a los intermediarios profesionales (las galerías de arte) no les importe que sus artistas se comporten como hippies cuando les venga en gana rompiendo las reglas del juego (las que permiten a un artista tener un precio estable en el mercado), yo no soy quién para criticar nada a nadie. O sí, si lo que quisiera es exigir a alguien cierta coherencia. La verdad es que no me hacen demasiada gracia quienes reivindican el hippismo si lo que en su fuero interno desean es un chalet de lujo en una urbanización privilegiada. Porque suelen ser unos engreídos muy cansinos que se pasan media vida quejándose. Pobres galeristas, que son los únicos que parecen no haberse enterado de nada…

Imagen tomada en una fachada del barrio de Russafa en Valencia. Fotografía: Makma

Imagen tomada en una fachada del barrio de Russafa en Valencia. Fotografía: Makma

Alberto Adsuara

Doble excepción

Shape & Forms de 1010, CT, Nawer, Nelio y SatOne
Plastic Murs
C/ Dénia 45, Valencia.
Inauguración 16 diciembre a las 20.00h
Hasta el 21 de enero de 2017

Mucho ha evolucionado el fenómeno ochentero del grafitti de raíces Hip-Hop, al tiempo que ha ido adoptando nuevas denominaciones y naturalezas menos vandálicas y callejeras. Desde entonces, el mundo de las galerías no ha dejado de echar cables y tender puentes para tratar de integrar aspectos sin duda valiosos e interesantes. Sin embargo, no es sino hasta fechas recientes cuando estamos viendo superado el enorme recelo que los artistas urbanos han sentido hacia el mercado del del arte y acortando la distancia que han estado guardando. Afortunadamente, la convivencia está demostrando que las incompatibilidades no son ni mucho menos genéticas, sino más bien culturales.

La segunda excepción tiene que ver con la minoritaria presencia de la abstracción en el arte urbano. Sus orígenes derivados de la firma y el poder iconográfico de determinados tipos de imágenes, han dejado un papel muy secundario a las manifestaciones abstractas… pero también esto está cambiando a velocidad de vértigo.

Bajo el doble juego de Shapes & Forms, nos encontramos con obras de cinco artistas sobradamente conocidos en el panorama internacional. Todos han sabido compaginar diferentes facetas de su actividad artística con una naturalidad que sería inimaginable hace un par de décadas. Cuando menos evidentes son las referencias figurativas, más claras y profundas han de ser las motivaciones y las raíces que animan y vivifican sus respectivas poéticas.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Nawer construye unos espacios expansivos que como pequeñas galaxias parecen extenderse desde su centro hasta rebasar los márgenes perimetrales del soporte. Formas geométricas y líneas duras conviven con unos contrapuntos evanescentes y un tanto gestuales.

SatOne despliega una actividad que se podría calificar de barroca. Con una cuidada puesta en escena en la que domina una paleta limpia, de formas abigarradas que generan ritmos sinuosos y dinámicos cuya fuerza no puede encerrarse en los límites ortogonales de la obra.

Nelio realiza una propuesta que conjuga la acción inherente al proceso de pintar con una geometría sintética -a veces orgánica- que suele dialogar con el fondo, especialmente cuando el soporte es un muro abandonado, mientras que en sus pinturas tiende a una ordenación cuasi alfabética.

1010 juega a la repetición creciente o decreciente de una forma cerrada marcadamente lobular que somete a variaciones cromáticas que finalizan o empiezan en un negro absoluto que todo lo absorbe, que todo lo contiene y, por lo tanto, todo puede surgir de él.

Finalmente, CT, su trabajo, es a la vez el más estrictamente geométrico y el que entronca de modo más directo con la tradición del nombre. Aunque en su caso, fuerza el juego de variaciones y fragmentaciones de sus iniciales de referencia a extremos y resultados tan independientes como autónomos. Dos letras, dos tintas.

Como no hay dos sin tres, ¡una exposición de excepción!

Juan Bautista Peiró

Allan Poe se hizo verbo en Jack Mircala

Jack Mircala and The Art of Extraordinary Tales
Librería Estudio 64
C / Benicolet, 2. Valencia

El mundo es injusto. Eso es algo que todos conocemos, una frase manida sin demasiado sentido, pero que cuando la aplicas a tu día a día cobra un especial significado. El arte es injusto también. Triunfan, en el sentido más crematístico, los que mejor saben adaptarse a las demandas del mercado o los que generan ese mercado, tal vez inexistente antes. Crear algo de la nada es prácticamente imposible en nuestros días, donde parece que tras Warhol o Pixar poco se ha creado; pero no, a veces, aunque muy pocas, la campana de la creatividad aparece, y suena en algún lugar, en alguna cabecita.

El nicho creativo se descubre a sí mismo, y es uno quien lo explora, a veces con miedo, otras con pasión. ¿Dioramas realizados con cartulinas de colores, representando imágenes bucólicas de Poe?¿Quién habría pensando eso? Primero, ¿existía la técnica? Si no existía, había que crearla y rodearla de unos códigos estéticos, trazar una imaginería, en cierta parte adoptada de Tim Burton y en otra de cosecha propia. Inventar el lenguaje con el que transmitir, algo difícil cuando la obra es estática, pero a la vez se mueve entre las neuronas de forma abstracta e inquietante. Explicar la técnica, algo que parece caminar por el desierto en un país aborregado. ¿Es sólo cartulina y mis ojos hacen el resto?

Jack Mircala edifica un estilo, una técnica, la moldea a su gusto, creando un universo de lenguaje poético, con aire dramático y que supura la esencia de su creador hasta límites insospechados. Inventa un mundo vaporoso, iriscente, regado de iconografía funesta, pero mágica. La primera vez que mis pupilas enfocaban hacia su obra, algo palpitaba en mi interior, ¿estaría sintiendo lo mismo que aquel que vio por primera vez ‘El Grito’ de Edvard Munch, sin saber de qué iba eso del expresionismo?

Jack Mircala junto a dos jóvenes fans. Fotografía: Lorena Riestra.

Jack Mircala junto a dos jóvenes fans. Fotografía: Lorena Riestra.

Jack ha venido a Valencia, un acontecimiento para la ciudad, no viene un creador, viene el padre de la técnica. Su fundador y ejecutor. Su presencia se la debemos a dos fans, de esas que rebuscan en insólitas aventuras de recortables y pegamento, y descubren el tesoro de Mircala. Unas chicas que siguen a un autor casi de culto, no por su obra, que lo debería ser, sino por ser minoritario, una injusticia en toda regla. ¿Cómo puede ser minoritario un genio?

Jack Mircala es un genio. Un artista sin parangón, porque su obra es única y en cierta medida transgresora. Nos muestra su mundo interior sin miedo a escenificar sus referentes, como bien hacía Dalí con su admirado Velázquez. Un universo extraño para el común de los mortales, que no aprecian detalles que denotan su amor por el clasicismo en obras como ‘El nacimiento de Venus’ de Botticelli o  Peter Pan y sus humeantes tejados londinenses.

Necesitamos que llegue lejos, no por él, que sin duda, ya os lo digo yo, se lo merece, sino por la humanidad. Por esa humanidad que dejó de soñar con mundos fantasiosos y que se creyó aquello de que todo estaba inventado ya. Tiene que convertirse en un autor de referencia para que la gente aprecie y disfrute de su obra, para que el público conozca un artista diferente, arriesgado e inusitado. Ha de llegar más lejos, no por él, repito, sino por mucha gente que precisa en conocerlo, en disfrutarlo, en saber de su obra para admirarla.

Dejarse llevar por los sentimientos que evocan sus imágenes detenidas en el tiempo, de colores pastel y brillos subacuáticos. Los genios no deben estar ocultos, solo un esnob diría tamaña imbecilidad, no deben ser minoritarios, deben abarcar cuanta más gente mejor. Necesitamos arte, cultura y creatividad.

Jack Mircala junto a Javier Caro y Lorena Riestra.

Jack Mircala junto a Javier Caro y Lorena Riestra.

Jack presentaba su última obra ‘Jack Mircala and The Art of Extraordinary Tales’, un libro que resumía su trabajo para la película ‘Extraordinary Tales’ (2015) de Raúl García. El lugar elegido para dar a conocer los entresijos de tan admirable trabajo de animación fue la librería Estudio 64. La película está dividida en cinco segmentos o historias, cada una con una animación diferente (un trabajo muy arriesgado), a Jack le tocó vertebrar esas historias (‘La caída de la casa Usher’, ‘El corazón delator’, ‘La verdad sobre el caso del señor Valdemar’, ‘El pozo y el péndulo’ y ‘La máscara de la muerte roja’), que son de Allan Poe, a través de sus dioramas. Una película donde participó Christopher Lee, en el que fue su último trabajo, poniéndole la voz a la narración.

La casualidad hizo que Raúl conociera a Jack y que ambos pudieran llevar adelante este film, que todavía no ha encontrado distribución en España, aunque en otros países con un público más maduro en la animación sí. La librería estaba llena, algo que preocupaba mucho a Vanessa Vaquer y a Isabel Hernández (así, con apellidos, porque son gente importante); comprensible, siempre produce un poco de vértigo la insuficiencia de público a un evento donde has puesto todo tu cariño.

La presentación fue amena, Jack parecía el cuervo de Poe mientras hablaba, tranquilo, impávido, viendo el gentío, viendo las miradas curiosas por esas inquietantes figuras de cartulina y pegamento que parecen mirarte de forma inmutable. Fue un placer cómo Jack, con su habitual amabilidad y cercanía, departía con los asistentes, cómo las botellas de vino eran ingeridas entre risas y charlas, y cómo The Cure sonaba aderezando la tarde de un modo cuasi hipnótico. Tras la presentación, muy bien acompañada por Javier, uno de los dueños de la librería, la firma, y tras asegurarnos que en esa fabrica de ideas que tiene por cabeza, todavía hay sitio para más proyectos, nos marchamos a cenar con el autor y su grupo, muy agradable, de fans/amigas a un bar cercano.

La charla versó sobre su viaje a EEUU para presentar la película de la mano de Raúl, y sobre la exposición de los materiales artísticos desarrollados para el metraje en el Center Stage Gallery de Los Angeles. Descubrimos su pasión por la horchata, ¿qué tendrá ese brebaje que atrae tanto a los forasteros?, por Sisters of Mercy y por un buen chivito. Entre tanta conversación a uno le invade la rabia, una rabia porque es conocedor de lo que se está perdiendo el público, ese público al que a veces hay que darle las cosas a cucharadas y por televisión, pero que suele admirar la belleza cuando la tiene a pocos palmos de la cara.

Duele comprobar que no sabemos reconocer el arte y la creatividad cuando sale de nuestra cantera, cuando es parte del ADN de tu pueblo, lo buscamos fuera, apelamos a la grandiosidad de otras culturas, de otros artistas, de otros conceptos y nos olvidamos de lo que se cuece aquí. Viendo una obra tan interesante como la de Mircala uno se pregunta, ¿cómo es posible que alguien no entienda la fuga de cerebros y creatividad de España? Estamos matando al padre.

Jack Mircala junto a Vanessa Vaquer e Isabel Hernández.

Jack Mircala junto a Vanessa Vaquer e Isabel Hernández. Fotografía: Lorena Riestra.

Javier Caro

La belleza revulsiva de Liliana Maresca

Liliana Maresca
Galería Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Inauguración: viernes 29 de enero, a las 20.00h
Hasta el 15 de abril de 2016

La obra de Liliana Maresca, que incluye esculturas, objetos, instalaciones, dibujos, pinturas, montajes gráficos, y que se exhibe en la galería Espaivisor, se desarrolló y brilló principalmente durante buena parte del período de la postdictadura argentina, desde mediados de los años ochenta hasta la muerte de la artista, a fines de 1994, víctima del sida.

Su poética se alimentó y configuró a caballo de las décadas de los ochenta y de los noventa, entrelazándolas. Liliana también fue una influyente gestora de exposiciones que llevaron su sello personal, alrededor de las cuales supo articular a distintas generaciones de artistas, embarcados en estilos y tendencias que en aquellos años se veían como antitéticos y en tensión, pero que ella supo amalgamar. Y este poético encabalgamiento de tendencias y generaciones lo produjo tanto a partir de la mirada abierta de propia obra múltiple, como a través de su enorme capacidad organizadora. Las exposiciones temáticas grupales y colectivas que gestó hicieron historia.

Entre aquellas movidas puede citarse la muestra ‘Lavarte’ -en octubre de 1985- en una lavandería automática en pleno centro de Buenos Aires, por la que pasaban miles de personas al mes: allí la artista cruzó artes visuales, teatro y música.

Un año después organizó ‘La Kermesse’, una suerte de feria artístico circense, en el Centro Cultural Recoleta (entonces denominado Ciudad de Buenos Aires) en la que tomaron parte artistas plásticos, actores, músicos, vestuaristas, sonidistas, escenógrafos, directores, etc. Arte, juego y participación popular, al modo de las ferias barriales, que incluyó, por ejemplo, una rueda de la fortuna, un túnel del amor y un tren fantasma.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Desde 1989, junto a un grupo de artistas -y junto, también, con quien firma estas líneas-, Liliana organizó ‘La Conquista’, una gran exposición que fue montada y exhibida entre fines de 1991 y los primeros meses de 1992, para dar puntos de vista artísticos contra el proceso del “Descubrimiento” de América del cual se conmemoraban cinco siglos y que, por esos años, comenzaba a adquirir el nombre políticamente correcto de “Encuentro de culturas”. El subtítulo de aquella gran exposición que ocupó la totalidad del Centro Cultural Recoleta fue “500 años, 40 artistas”.

En ‘La Conquista’, Liliana presentó una gran instalación con la que evocaba duramente el nacimiento del mercado en América del Sur Latina, la época en que los conquistadores buscaban futuros destinos para ubicar sus productos y para extraer materias primas. Ella comparaba la sangre derramada mediante el exterminio de los aborígenes, con los lingotes de oro -los bienes obtenidos-. Una asociación plástica entre mercado, dinero y violencia.

Hacia fines de los ochenta su obra había comenzado a hacerse más política y a volverse anticipatoria respecto de ciertas consecuencias que se avecinaban, cuando la era menemista (por el gobierno del ex presidente Menem, que ocupó el cargo durante dos presidencias, entre 1989 y 1999) entregó el manejo del Estado al neoliberalismo, esto es: a los intereses privados, a la lógica bancaria, al capital concentrado, a las corporaciones y a las “leyes” del mercado.

En 1990 presentó una muestra crucial en el Centro Cultural Recoleta, en la que la artista exhibió un verdadero carro de cartonero lleno de deshechos, y tres réplicas, una en tamaño real, pintada de blanco; y dos en pequeña escala, objetos de bronce, uno plateado y otro dorado, como si fueran joyas.

Con aquella muestra la artista vislumbró antes que nadie uno de los oficios que mayor cantidad de personas excluidas reclutaría durante los años siguientes: el de los miles y miles de marginados del sistema, que poco a poco, por el efecto deletéreo de la economía menemista se fueron transformando en legión de familias cirujas (vagabundos), cartoneras y recicladoras de basura.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

La politización en la obra de Liliana también supuso al propio cuerpo, en una oscilación que iba del erotismo (sus desnudos fotográficos y sus piezas eróticas como los exhibidos en la presente exposición en Espaivisor dan cuenta de este aspecto), a la provocación ideológica, en obras conceptuales como aquella en la que la artista se ofreció al público “para todo destino”, relacionando cuerpo y mercado. Esto sucedió a fines de 1992, en la muestra que presentó en el Casal de Catalunya, ubicado en el porteño barrio de San Telmo.

En otro de los núcleos de la obra de Maresca se evoca la ide’a de juego, como sucede tanto en Patín, como en los múltiples ’No todo lo que brilla es oro’ y Caja chica’, que se exponen en la presente muestra valenciana. Los elementos, en estos dos últimos casos, parecen invitar al espectador a un juego de esos que orientan los destinos o deciden la suerte de los participantes, a través de las posibilidades combinatorias, metafóricas y simbólicas.

La última exposición que Liliana realizó en los instantes finales de su vida fue una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, en noviembre de 1994, a la que dedicó la energía que le quedaba. El título que eligió para la exposición resulta demostrativo de su actitud frente al arte y la vida: ‘Frenesí’. Fue emblemática una de las obras que la artista había hecho especialmente para la exposición y que daba nombre a la muestra. Se trataba de un objeto encontrado por la artista, en sus recurrentes búsquedas callejeras: una raíz que lucía como un cuerpo femenino retorcido y consumido, en relación de tensión, y también de amor, con los cánones de la belleza tradicional, como sucede, en cierto grado, con la pieza ’Cíclope’, de 1991, exhibida en Espaivisor.

Toda categorización del trabajo de Liliana es sólo aproximada porque su obra siempre se resistió al disciplinamiento y especialmente a ser clásica, porque lo clásico muchas veces gusta pero no incomoda el presente de quien observa, como le gustaba a la artista.

La primera incomodidad de su producción, en el sentido de interrogarse a sí misma y de cuestionar al espectador, viene de la propia construcción de cada obra. Su trabajo evidencia a una artista con talento para crear obras bellas, que al mismo tiempo se resistía a la belleza fácil, esa que deja al espectador en un lugar pasivo por su efecto tranquilizador. Maresca siempre buscaba otra belleza, extraña y reflexiva, muchas veces revulsiva.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Fabián Lebenglik

Editor de la sección de artes visuales del periódico Página/12 y director editorial de Adriana Hidalgo Editora

 

Harddiskmuseum, el museo de arte intangible

Harddiskmuseum, de Solimán López
Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT)

Los artistas visuales tienen un lugar destacado en esta sociedad, existen lugares y espacios donde pueden expresarse, decir lo que creen, lo que piensan: el mundo los mira, pero, ¿qué tipo de arte refleja nuestro tiempo?

Vivimos en una realidad en la que existe un sinfín tanto de intereses como de oportunidades; y para interactuar en ella utilizamos la creatividad como medio para resolver los problemas que se nos presentan. Como nos recuerda Nietzsche en su obra, necesitamos la estética para no sucumbir ante la realidad.

Los museos son una fuente inagotable de información donde podemos acceder a la contemplación y al disfrute de obras de arte únicas, genuinas, producto del pensamiento y la actividad de los artistas. En los espacios museísticos podemos contemplar el presente y el pasado de la historia humana a través del arte. Tenemos museos clasificados por temáticas, estilos, períodos de tiempo, etc.; de este modo podemos contemplar la línea de tiempo humana a través del arte.

Pero ¿dónde se expone el arte intangible? El Harddiskmuseum está especialmente creado para albergar obras de arte intangibles, un museo creado por un artista, donde el arte digital y lo efímero -efímero como puede serlo el concepto de un bit, que no tiene color, ni tamaño ni peso y puede desplazarse a la velocidad de la luz- se expresan en toda su amplitud. Obras creadas por medio de un código, de tipo binario, a base de ceros y unos, donde bits y pixeles se combinan para crear nuevos conceptos artísticos ampliando las fronteras del arte. Esto es lo que se respira, por ejemplo, en las obras de Solimán López, que no por proceder -entre otras cosas- de un lenguaje en código binario, sus obras tengan frialdad ni sentido de lo humano, todo lo contrario.

Código binario.

Cereos y unos son parte del código binario. Imagen capturada de Internet.

En palabras de Solimán López http://solimanlopez.com/ -artista y director de ESAT LAB- el laboratorio de la Escuela Superior de Arte y Tecnología www.esat.es: “El harddiskmuseum no divaga en un desierto de propuestas alternativas, sino que se suma al arte urbano, efímero, net-art y otros soportes para dialogar sobre este organigrama del arte y la sociedad. Abrir una línea confusa entre la figura del artista, la del museo, la de los presupuestos de cultura, la de la sociedad del conocimiento, la de la memoria, el starsystem del arte y, por qué  no, entretejer nuevos modelos expositivos, participativos, creativos y productores de ideas y reflexión”.

En el Harddiskmuseum (HDDM) nos encontramos con obras de arte digitales, recientes -si contamos el poco tiempo que los artistas disponen de esta tecnología, más asequible que en sus comienzos-, obras creadas por medio de computadoras. Sabemos cómo finalmente internet ha cambiado el funcionamiento del mundo, pero antes de ello las imágenes realizadas con ordenadores también han influido en el mundo, en este caso, en el mundo del arte.

Las posibilidades que nos presenta la tecnología informática son infinitas, hoy día crear por medio de la combinación de software y hardware nos permite desarrollar un nuevo lenguaje visual donde los artistas se expresan. Lo digital es el código de comunicación común a todas las personas, instituciones, gobiernos y empresas. En comparación con otros medios de expresión artística, el ordenador se ha convertido en un instrumento que ha transformado nuestra sociedad y cultura como no lo ha hecho ningún otro en las últimas décadas.

El Harddiskmuseum pretende además reflexionar al respecto de la idea de convertir un museo en sí mismo en obra de arte, en instalación interactiva y obra colectiva, donde cada individuo y actor del mencionado organigrama del arte, desarrolla su mismo trabajo en torno a una propuesta artística, porque el disco duro no entiende de contenidos, sólo abre su memoria para que sea impregnada de buenas o malas ideas. Según nos dice el creador del museo.

Harddiskmuseum.

Vista frontal del Harddiskmuseum.

La observación de las obras en el HDDM se realiza de forma presencial, física. Así como algunas obras de arte creadas por la humanidad viajan en satélites para exponer al universo la creatividad del ser humano, en el caso del museo de arte intangible, las obras se exponen en pantallas; el soporte natural de los artistas que crean por medio de ordenadores: los futuros Miró, Velázquez, Dalí o Goya.

Por medio de unas carpetas que el espectador deberá tocar se visualizará la obra; imagen que será proyectada en una pantalla, como si hubiera sido pintada en un lienzo. En este aspecto el museo es convencional: hay que ir hasta él para ver las obras que allí se alojen, pero la experiencia sensorial, la contemplación de la obra y la emoción que nos depare, será distinta, inédita, actual, moderna o futurista -moderna tanto como lo es la tecnología de que disponemos-. Aunque su contenido es digital, la estructura del museo -el disco duro- es analógica, está creado con átomos. Su arquitectura y sus partes están compuestas de acero, plástico, etc.

Según Gilles Lipovetsky, “en la era hipermoderna, ser artista no es sólo crear obras con la esperanza de que se reconozcan en el futuro, sino también comunicar una imagen, figurar en el “Kunst Kompass”, estar cada vez más presente y ser cada vez más hipervisible en el mercado mundial del arte”.

Manifiesto intangible.

Portada del Manifiesto Intangible de Solimán López.

Vivimos en un mundo globalizado, en pocos años hemos pasado de vivir únicamente en un mundo analógico, sólo compuesto de átomos, a vivir también (porque lo analógico no murió) en un mundo digital. Átomos y bits hoy día interactúan permanentemente diseñando el mundo actual donde vivimos. Lo digital ha convertido la imagen en un texto no convencional que, convertido en viral, se funde en el alma de lo global. Sepamos cómo movernos en este mundo en el que los bits son los protagonistas.

Según la web del HDDM http://harddiskmuseum.com/ el equipo del museo está formado por artistas, diseñadores, pedagogos, críticos, comisarios y profesionales del mundo del arte, la cultura y la educación que ponen a disposición del mundo una nueva herramienta de apoyo y difusión.

La repercusión que ha tenido en prensa escrita, redes sociales, revistas digitales y medios de comunicación ha sido muy completa y amplia; El Mundo, Europa Press, Makma, Revista Gràffica, Arteinformado, Informativos Telecinco, Madrid Press, Yahoo, Bonart, Radio Onda Cero, etc. han sido algunos de los medios -entre más de 30- que se han hecho eco de la noticia difundida a mediados del mes de junio por la Plataforma de Arte Contemporáneo (PAC) http://www.plataformadeartecontemporaneo.com

Muchas de las obras del HDDM nos invitarán a la reflexión y al pensamiento. El museo se presentó en sociedad en el mes de Septiembre del 2015 en la Galería Punto, Valencia. El nombre de la exposición sugiere la cualidad de su contenido: líquido.

Alejandro Macharowski

 

Estreno: ”El mercado es más libre que tú”

Dentro de la oferta de espectáculos que tendrán lugar esta semana en la ciudad de Valencia, destaca el estreno este jueves 3 de Diciembre a las 20:00h del cuarto montaje de la compañía ”A Tiro Hecho” con la obra: ”El mercado es más libre que tú” en el Espacio Inestable (Carrer d’Aparisi i Guijarro, 7).

La cual ha germinado en colaboración con diversos colectivos sociales, dando pie a la formulación de un alegato contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones). Abordado esta vez, a través del movimiento, con un planteamiento de danza-política, o danza-protesta y que podrá verse hasta el 13 de Diciembre a excepción de los días 7, 8 y 9.

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Así pues, con el lenguaje de la danza contemporánea es con el que se ha experimentado en una línea de acción política, integrando los lenguajes actuales de la escena aderezados en todo momento por la música en directo del músico interdisciplinar (Don Rogelio J.) que participa junto al resto de bailarinas (Paula Romero, Margarida Mateos, Carla Chillida) y la intérprete cubana (Yarima Osuna) en la puesta en escena de una disección meticulosa del capitalismo global (gracias a la ironía y el humor del autor de los textos: Miguel Brieva). La co-dirección del espectáculo, sobre todo en lo referente al movimiento, ha sido posible gracias a la colaboración de Maite Bacete.

El haber contado desde el principio con el apoyo de ATTAC, la Plataforma contra el TTIP de Valencia, ha permitido tomar esta situación como punto de partida para hablar de los mecanismos de poder económico que disciplinan nuestras sociedades occidentales. También en diálogo con la plataforma madrileña No somos delito, y otras entidades sindicales, políticas y sociales hemos armado la estructura del montaje.

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Don Rogelio J

El partir de un hecho tan concreto, global y complejo ha obligado a transitar por los lenguajes de la danza desde una vinculación del cuerpo con la multitud, con la sociedad como grupo heterogéneo de personas. A través de los roles sociales se plantean series de movimiento; y aparecen relaciones de poder, de lucha constante o de rechazo. La inclusión de audiovisuales (Elías Taño) y el marco teórico del profesor Xabier Arrizabalo (Universidad Complutense de Madrid) terminan de englobar las acciones físicas dentro del contexto narrativo que se busca.

Ha sido la búsqueda constante de esta integración entre danza contemporánea y teatro político la que mantiene vivo este montaje, sin olvidar por supuesto, el sentido del humor que lo impregna todo: desde el movimiento (otorgándole frescura), al texto, el audiovisual o la música.

Un recorrido por la realidad, por el mundo de la televisión y la desinformación, por los movimientos sociales norteamericanos, la música negra, la geopolítica y la estrategia del capital; por la poesía financiera y el dinero, y el santo santórum de nuestros días: la publicidad.

Un montaje lúdico, mordaz, inteligente, con un protagonismo central de la danza y con un lenguaje contemporáneo que conecta con la sociedad a través de un tema que no le es ajeno, y que plantea un diálogo entre la ciudadanía y el poder, y que, una vez más, sueña con la construcción de un mundo mejor.

SINOPSIS:
“Cuando, una vez más, alguien nos repita que «el mercado es la libertad» invitémosle a practicar un sencillo experimento mental, consistente en imaginar que entra en un mercado a comprar pero no lleva dinero: constatará en el acto que no podrá comprar nada, que sin dinero no hay allí libertad, que la libertad de elegir la da el dinero.” – JOSE LUIS SAMPEDRO

FICHA ARTÍSTICA:
Intérpretes: Yarima Osuna, Don Rogelio J., Paula Romero, Margarida Mateos Roig, Carla Chillida
Música en directo: Don Rogelio J.
Iluminación: Diego Sánchez
Escenografía: Los reyes del Mambo
Textos: Miguel Brieva, Eduardo Galeano, Xabier Arrizabalo
Dirección: Carla Chillida, Maite Bacete
Fotografía: Danislug Torrance
Vídeo: Nacho Carrascosa , Mámen Jiménez
Grafismo/
Ilustraciones: Elías Taño
Producción: A Tiro Hecho
Año de estreno: 2015
Duración: 75’
Idioma: Castellano

Más información:  atirohecho.wordpress.com/2015/11/19/estreno-el-mercado-es-mas-libre-que-tu/

 

“Valencia debe ser capital del mercado del mediometraje”

Entrevista a Carlos Madrid, director de La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 5 al 15 de noviembre de 2015

Lleva ocho años al frente del único festival de mediometrajes que hay en España y, por su carácter internacional, único en el mundo. Y durante todo este tiempo La Cabina no ha parado de crecer: en número de películas recibidas y seleccionadas para su sección oficial, en número de espectadores y hasta en presupuesto. A pesar de todo, Carlos Madrid, director del certamen, se muestra cauto porque en esto de la gestión cultural “nunca se sabe”. Pero sí, admite que las sensaciones de futuro “son buenas”. Tanto es así, que ya piensa en convertir a Valencia y La Cabina en “capital del mercado del mediometraje”.

“Queremos que vengan compradores y que La Cabina sea referente como mercado de cara a los canales de televisión”. Y para ello ya ha dado un primer paso trayendo este año a Hélène Vayssières, responsable de contenidos de Arte France. Considera injustificable que los canales españoles no hayan puesto todavía su mirada en el festival como fuente de contenidos para sus respectivas programaciones. “En Francia y Alemania sí hay canales de televisión que compran mediometrajes”. Sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un formato (películas de entre 30 y 60 minutos) “muy parecido al de las series de televisión que tanto éxito están alcanzando”.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid piensa, como proyecto a más largo plazo, que el mediometraje pueda entrar incluso a “formar parte de las salas comerciales”. Aunque eso sean palabras mayores. “Queremos que La Cabina sea un semillero no sólo de producción, sino de distribución, aunque todavía no lo sea”. “Es una carrera de fondo”, apostilla. Como lo es para cuantos han decidido apostar por un formato para cuya realización se necesita “un acto de valentía”.

Aún así, ahí están los directores, muchos de ellos famosos como Woody Allen, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Andrei Tarkovski o Jean Vigo, que han realizado en alguna ocasión mediometrajes. La Cabina Inèdits se hace cargo de ello, contando este año con películas de Federico Fellini, Claire Denis o la recientemente fallecida Chantal Akerman. “Fue una casualidad fatal que tuviéramos previsto programar una de sus películas y muriera justo unas horas antes. Sirva la proyección de homenaje, no sólo por ella, sino porque se dedicó al mediometraje”, subraya Madrid.

Novedad en la edición de este año, que se celebrará del 5 al 15 de noviembre, es la sección ‘A Mal Gam A’, tomando ese título de una película homónima de Iván Zulueta y que da idea del tipo de obras que se pretenden incluir: “Videoclips, rarezas, cine experimental, documentales pero no del tipo entrevista y voz en off”. Wikipedia se refiere a esos otros más convencionales que La Cabina en esa página por actualizar dice no incluir. “Recuérdame que la actualice porque es verdad que está desfasada”, se disculpa el director. Díptico Rock es otra de las novedades. “Arrancamos con Néstor Mir (La conquista del oeste) y el documental de Carlos Aimeur de seguimiento del grupo La Muñeca de Sal, que pondrá el colofón presentando oficialmente su disco”.

El crecimiento de La Cabina está, sin embargo, lejos de equiparar esfuerzo y presupuesto destinado a cubrir costes, aunque Carlos Madrid reconozca que esa diferencia se ha aminorado. “Este año tenemos 17.000€ gracias a la subida de CulturArts y de La Nau de la Universitat de València”, que siguen apostando por el festival. Nada que ver con la nula respuesta que en su momento obtuvieron por parte de la concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, y del secretario autonómico de Cultura, Rafael Ripoll. Del nuevo equipo de gobierno dice tener buenas sensaciones. “Hemos hablado con Carmen Amoraga [directora general de Cultura y Patrimonio] y con Glòria Tello [concejala de Cultura] y ambas han mostrado interés por La Cabina”. Un festival que en su octava edición contará, entre sus apuestas más destacadas, con la película de James Franco y Travis Mathews Interior. Leather Bar, de Mike Leigh Carrera de obstáculos y Kung Fury (David Sandberg), “un auténtico fenómeno viral”, resalta Madrid.

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Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres

La economía ilustrada de Omega TBS

Las páginas salmón, de Omega TBS
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: viernes 2 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 13 de noviembre de 2015

Kir Royal Gallery inaugura la personal del joven artista valenciano Omega TBS, presentando en exclusiva las 14 ilustraciones que forman la serie Las páginas salmón además de una intervención en la pared y algunas obras anteriores.

Las páginas salmón es una serie de ilustraciones realizadas con tinta negra sobre papel, todas ellas elaboradas sin ningún tipo de manipulación digital, totalmente a mano.

Lobby, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Lobby, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Compuesta por catorce obras originales, esta serie aborda la plasmación en imágenes de unos términos, hasta hace muy poco reservados para serias conversaciones y debates entre profesionales de la economía y los mercados, que han pasado a incorporarse, por pura necesidad, al diccionario básico de la sociedad y la ciudadanía.

Cada una de ellas es la escena congelada de una historia subyacente, un relato corto ilustrado, que enlaza a diferentes personajes  en torno a un término, una palabra o grupo sintáctico, convertido en lugar común de toda una esfera social que habla un idioma básico, quizá implícito, pero idioma al fin y al cabo.

Plusvalía, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Plusvalía, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Así, “oferta” o “demanda”, palabras de tan amplio significado que pueden resultar huecas si se toman en abstracto, se llenarán de sentido  cuando nos situemos en el lugar y situación elegidas para su contemplación. Su resonancia última dependerá del punto de vista metafórico donde cada uno se sitúe.

Humanos y animales comparten plano, conducta y vida, porque quieren subrayar que los límites de este idioma de supervivencia no se constriñen a países, culturas o rasgos genéticos, sino que, mas bien, son expresión del concepto propio de supervivencia como especie social.

Acreedores, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Acreedores, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Este conjunto de escenas es un safari a las profundidades de la sociedad, cualquier sociedad, como imágenes  de una expedición en la que el espectador podrá acercarse sin peligro y disfrutar de reales situaciones de la vida urbana actual.

Economía sumergida, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Economía sumergida, de la serie Las páginas salmón, de Omega TBS. Kir Royal Gallery.

Galería Muro, al rescate de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó
Galería Muro
C / Verónica, 5 – 2ª. Valencia
Hasta finales de octubre de 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español. ¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalo como un olvidado?. Porque desde mi punto de vista, uno de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es, a la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer.

La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar. Algunos por pereza como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó, pintaron hasta el último suspiro. Si traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos; primero porque él es a uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película de Basquiat (Jualian Schnabel, 1996), “para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo”. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes mas influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar en los libros. Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era mas conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de Paris, que por sus propios cuadros. Mas nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por como es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, seas estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

La mayoría de los críticos aciertan en coincidir que su obra mas lograda es, aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡que acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero como decía Balthus: “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilado cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y mas concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Pedro Paricio*

*Texto extraído del catálogo de la exposición del Instituto Cervantes de París

 

Ana Peters y sus estereotipos femeninos

Caso de estudio. Ana Peters: Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta
Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 22 de noviembre de 2015

¡Ah, la sociedad de consumo! He ahí uno de los latiguillos usados a troche y moche para denostar la manipulación que ejerce la publicidad en los medios de comunicación de masas de las sociedades desarrolladas. Baudrillard, Debord, Lipovetsky, Bauman, Ramonet o Verdú, por citar algunos autores, la han desmenuzado mostrando el poder alienante de esa sociedad de consumo que, al parecer, nos quiere a todos objetos en el marco de la enfervorizada dinámica mercantil. De forma que estaríamos en manos de ese poder narcótico inyectado a través de infinitos estímulos visuales.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Uno de esos estímulos visuales es la mujer como objeto que encandila nuestra mirada. El IVAM dedica su Caso de estudio a Ana Peters bajo el título de Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta, exposición presentada al mismo tiempo que la de Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976. Y lo hace para mostrar obras de su etapa inicial, precisamente focalizadas en esa crítica a la sociedad de consumo, en tanto potenciadora de ese carácter deseable y objetual de la mujer. El antifranquismo y cierto feminismo compartiendo, pues, parrilla expositiva en el IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

La treintena de trabajos que conforma la exposición de Ana Peters toma a la mujer como objeto deseable, para revelar lo que se esconde tras ese fondo hipnótico. Y lo que se esconde es un poder de seducción que conviene desactivar, como lo hace Peters, para que ese estereotipo femenino se resquebraje apareciendo el sujeto que la manipulación mediática diluye. De manera que junto a la mujer deseable, o en el contexto mismo de su deseabilidad, aparece la crítica como antídoto contra lo que, sin embargo, insiste en manifestar su poder: precisamente el carácter deseable de muchas de esas imágenes.

Fotograma de 'Margarita y el lobo', de Cecilia Bartolomé, en la exposición 'Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta' del IVAM.

Fotograma de ‘Margarita y el lobo’, de Cecilia Bartolomé, en la exposición ‘Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’ del IVAM.

Ana Peters pone en cuestión esa feminidad objetualizada, para que en otros casos emerja la denuncia social. Denuncia completada por alrededor de 40 documentos, entre publicaciones feministas de la época de los 60, revistas que acogen esas imágenes estereotipadas de la mujer o la película de Cecilia Bartolomé Margarita y el lobo (1969). La comisaria de la muestra María Jesús Folch realizó un recorrido por el conjunto expositivo destacando su relación con el grupo Estampa Popular, los inicios de su modernidad y la crítica realizada por Peters hacia esa “mujer homogénea” que presentaban las revistas de la época.

Obra de Ana Peters.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Sorprende la candidez de las imágenes de aquella mujer de los 60 tomada como referencia mediática. En todo caso, Ana Peters dejó pronto aquel periodo crítico de su obra para centrarse con posterioridad en una abstracción de pinturas monocromas. La mujer homogénea no iba con ella. Aquellos estereotipos femeninos en la sociedad de consumo cubrieron una etapa de su vida que ahora el IVAM rescata. Lo hace casi 50 años después de algunas de aquellas creaciones. Creaciones que, pasado el tiempo, incitan a pensar de nuevo acerca de la sociedad de consumo y sus discursos estereotipados.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Salva Torres