¿Cómo se elige a una Fallera Mayor?

Entrevistamos a Elena Muñoz Carrascosa, integrante del Jurado de elección de la Corte de Honor de la Fallera Mayor Infantil de Valencia (FMIV) 2016.

Hace unos meses el presidente de Junta Central Fallera, Pere Fuset, anunciaba una nueva constitución del jurado encargado de escoger a la Corte de Honor 2016. La medida forma parte de una serie de novedades relacionadas con las fiestas josefinas y sus protagonistas, las Falleras Mayores de Valencia. Pero, ¿cómo se elige a una Fallera Mayor Infantil?

El jurado, compuesto por cinco personas relacionadas profesionalmente con el ámbito infantil, eligió a 13 candidatas de entre 72. Una vez seleccionadas, otro jurado distinto, electo en asamblea de presidentes, se encargó de nombrar a Sofía Soler Casas como Fallera Mayor Infantil de Valencia (FMIV). Pero, ¿cómo es realmente es proceso de selección de la FMIV?

Nadie mejor que una integrante del jurado para desvelarnos las curiosidades de este delicado procedimiento. Por ello, hemos entrevistado a Elena Muñoz Carrascosa, encargada junto a María Zamora, Carme Juan, Alba Cervera y Ximo Hernández de seleccionar a trece candidatas a FMIV. Así, nos descubre los motivos más humanos y el afecto con que ejercen una tarea con tanta responsabilidad.

MAKMA: Elena, ¿cuál fue tu reacción al conocer la noticia de que habían pensado en ti para formar parte de este Jurado?
Elena Muñoz: Siempre he sido muy crítica con este tema, al tratarse de niñas. En cuanto me llamaron les expliqué que a mi hija jamás la presentaría a una competición así, por lo que, quizás, no fuera yo la persona más idónea. La respuesta que me dieron es que, precisamente, les interesaba mi perfil por esto. Así que decidí vivirlo desde dentro, y no me arrepiento. Mi percepción ha cambiado bastante aunque, eso sí, continúo pensando que no presentaría a mi hija.

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M: Imagino que la tarea debe ser muy complicada e incluso emocionalmente difícil, pensando en las 59 niñas que se quedarán fuera. ¿Qué buscabais?
EM: Cuando fuimos citados, ninguno de los cinco conocía quiénes iban a ser sus compañeros y compañeras de Jurado. Además, en mi caso, no conocía a ninguno de los otros cuatro. Me pareció genial que todos, de alguna manera, estuviésemos relacionados con el mundo de los niños, e hicimos un buen equipo. Fue una suerte porque los cinco teníamos muy claro que queríamos un grupo de niñas compacto que funcionara como conjunto. ¡Piensa en todo el tiempo que van a convivir durante un año con una agenda brutal! Buscábamos niñas que se adaptaran a cualquier situación y que su resistencia al cansancio fuera muy alta. Durante los meses de febrero y marzo iban a faltar mucho al colegio, por lo que esto no podía suponer un problema para ellas. En ningún momento pasamos por alto que esto es un proceso de selección, y que es duro, así que queríamos que todas lo recordasen con mucho cariño.

M: Hay otras competiciones dónde las niñas y niños deben demostrar que saben cantar, dibujar, cocinar, resolver complicadas operaciones matemáticas, etc. ¿A qué pruebas se enfrentaron las candidatas a FMIV 2016?
EM: Las actividades fueron muy diversas: hemos ido a una granja escuela, hemos visitado el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, hemos hecho una excursión a la huerta de Valencia, hemos convivido con las familias y entrevistado a padres y madres, nos hemos lanzado por los toboganes del Gulliver… así durante dos semanas (del 9 al 26 de septiembre) muy intensas en las que, obviamente, cogimos mucho cariño a las niñas. Yo creo que hubiéramos podido confeccionar tres Cortes más. Fue algo emocionalmente difícil.

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M: Imagino que no estarían vestidas todo ese tiempo con el traje de fallera. ¿Qué anécdotas destacarías?
EM: No (se ríe), no siempre iban ataviadas con el traje de valenciana, aunque sí se vistieron en más de una ocasión. Recuerdo la visita al Ayuntamiento, donde conocieron el hemiciclo, el salón de cristal y, cómo no, salieron al balcón donde juntas entonaron al unísono “Senyor Pirotècnic pot començar la mascletà”. El día que visitamos al Gremio de Artistas Falleros estuvieron vestidas todo el día, desde las once de la mañana hasta las siete de la tarde. Ese día comimos juntos un menú de entrantes, paella y de postre: helado. Cuándo vimos el helado pensamos, ¡a ver…! Pero todo salió correctamente.

M: ¿Qué cosas cambiarías o mejorarías de este proceso?
EM: Cambiaría el modo de elección desde el principio, desde las preselecciones de julio. Al tratarse de niñas, se debería hacer de otra manera. Es mucha presión para ellas: la falla, la familia, ellas mismas… No sé como lo mejoraría, pero habría que estudiarlo en profundidad, ya que no debemos olvidar que, una vez elegidas, representan a Valencia. Me ha gustado que Sofía hablara en la Cridà. El sector infantil es el futuro de la fiesta, y hay que cuidarlo y mimarlo, al igual que la adolescencia también se debe cuidar mucho. Poco a poco hay que evolucionar.

M: Las Fallas parecen tomar un nuevo rumbo con el nuevo Gobierno, consciente del interés social, cultural y económico de la fiesta y su importancia para la ciudad. Uno de los gestos más visibles es la serie de carteles firmados por Ibán Ramón, vinculado también a la falla de la que formas parte, Mossen Sorell – Corona. ¿En qué momento y por qué la falla Corona comienza a plantar fallas experimentales? ¿Qué queréis transmitir o demostrar con esto?
EM: Falla Corona, comisión a la que pertenezco, lleva haciendo innovación desde hace veinte años. Queremos renovar sin abandonar los aspectos tradicionales de la fiesta. Nuestros proyectos determinan todas las actividades del ejercicio, pero por lo demás somos como una falla normal: salimos en la Ofrenda, hacemos pasacalles, y bailamos en las “verbenas modernas de Corona”. Pero también colaboramos con Intramurs, hemos presentado nuestro proyecto en galerías de arte contemporáneo, en la Valencia Disseny Week, en el IVAM, etc.
Corona ya no tiene que demostrar nada, por eso decidimos en 2015 dejar el concurso de fallas experimentales e innovadoras, porque ya es algo intrínseco a nosotros y lo debería ser para todas las fallas. Además tenemos la suerte de contar con Ibán Ramón, que diseña nuestros llibrets desde 2013, recientemente Premio de Oro ADCV con unos fanzines diseñados por él, con dibujo de Escif y texto de Mr. Perfumme. Todo un orgullo.

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Créditos de las imágenes: Cortesía de Elena Muñoz Carrascosa y demás miembros del Jurado.
De arriba a abajo, candidatas a FMIV 2016 en las escaleras del Ayuntamiento; «selfie» de algunas de las niñas con los cinco miembros del Jurado; y retrato de Elena Muñoz Carrascosa.

«Las oligarquías se diferencian en la forma»

El silencio del pantano, de Juanjo Braulio
Ediciones B

Una novela negra, sí, pero también mucho más. Al igual que hicieron otros autores desde Vázquez Montalbán a Rafael Chirbes, Juanjo Braulio en su brillante debut literario, El silencio del pantano (Ediciones B), utiliza el crimen y la corrupción como escalpelo para abrir en canal nuestra sociedad y exhibir sus impudicias y miserias, y lo hace con una solvencia asombrosa en una primera novela.

Su historia no es un relato lineal con su correspondiente dosis bien medida de intriga, suspense y violencia, que también. Además, construye un artefacto metaliterario con un doble nivel. La voz del narrador, un escritor de novela negra de cierto éxito que tiene una forma peculiar de documentarse, y las andanzas de sus personajes; David Grau, un picoleto gay licenciado en Historia del Arte, y su superior, Manceñido, de carácter bonachón y espontáneo.

A través de una red de narcotráfico y blanqueo de dinero que vincula las altas esferas y los bajos fondos, el escritor y sus personajes navegan por la marisma soterrada bajo montañas de ladrillos y hormigón. Un pantano en el que las cañas forman empalizadas indestructibles y las anguilas compiten por descollar, a sabiendas de que si sacan la cabeza del agua alguien se apresurará a decapitarlas.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Construida sobre los sólidos cimientos de una exhaustiva documentación, la novela recrea una Valencia imaginaria de la poscrisis en la que cualquier parecido con la realidad es deliberado. La histeria futbolera, los falsos ricos de la burbuja, la aniquilación universitaria de la huerta, los cuarentones obsesionados por el running y, sobre todo la casta. Los de Siempre. Esas cañas, algarrobos u olivos,  apropiada metáfora agrícola, que cortan el bacalao y que, gobierne quien gobierne, son los que realmente mandan.

Un retrato hecho desde el amor y el profundo conocimiento de lo nuestro, Semana Marinera del Cabanyal o mascletàs incluidas, que no excluye una crítica demoledora y argumentada. Algo que no abunda por estos pagos y que se  agradece por su efecto tonificante y terapéutico sobre una sociedad que en menos que canta un gallo pasa de la indignación furibunda a la apatía sin enterarse de cómo la manipulan los amos del corral.

La novela se presentó el jueves, 1 de octubre, en la librería Leo, con la presencia del autor, el periodista Ramón Palomar y el cantante de ‘Seguridad Social’ José Manuel Casañ.

Con sólo dos semanas en las librerías El silencio del pantano ha recibido el aplauso de la crítica y los derechos de la historia han sido vendidos para una posible película o serie de televisión. “La verdad es que no me puedo quejar en absoluto, al menos hasta ahora”, dice Braulio. “La acogida de la crítica en blogs y webs especializadas ha sido especialmente buena y cuando desde la editorial me dijeron que la productora de la película Anacleto, agente secreto, que se estrenó el pasado 4 de septiembre quería adquirir los derechos de mi novela para un proyecto audiovisual no me lo podía creer, literalmente. No obstante, ahora, con el libro en la calle, la novela ya no es mía sino de quien la lee, de quien le gusta o de quien le disgusta”.

Da la impresión al leer su novela que los protagonistas han vivido lo suyo. ¿Cuándo y cómo se forjaron y cobraron vida en su mente?

El proceso de creación de personajes, al menos en mi caso, no es ni lineal ni espontáneo. Grau nació de un conocido mío que pertenece a un determinado cuerpo de funcionarios del Estado donde la homosexualidad sigue siendo un tabú. No está prohibida, faltaría más, pero no es tan entendida como en otros sectores de la sociedad. En el caso de Manceñido, su gestación fue por oposición. El culto, sensible e inteligentísimo Grau necesitaba un contrapunto picante. Ese contraste tenía que venir de un personaje forjado en la calle, con los mimbres del hombre común y corriente –alejado de veleidades intelectuales– pero dotado de mucho sentido común y sensatez. Así como David Grau sí nació de una persona real, Manceñido es una criatura literaria al cien por cien, creado por oposición al otro.

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de intercalar sus aventuras con las de “Q”, ex periodista y escritor, en la original estructura de su relato?

Lo más difícil fue dar con el ritmo adecuado para las dos historias. El silencio del pantano se estructura en dos historias que se entrecruzan y se mezclan en dos planos de realidad. Tenía que conseguir que un plano y otro se distinguieran por sí mismo. De hecho, me propusieron usar tipografías diferentes para distinguir un plano del otro pero no quise porque las dos realidades tenían que tener la entidad suficiente por sí mismas como para no necesitar la maquetación para distinguirlas. No obstante, también necesitaba que una y otra caminaran juntas, cogidas de la mano, pero con su propia personalidad. Eso fue lo que más me costó de armonizar, sin duda.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

¿Cree que la casta valenciana tiene algún rasgo distintivo que la diferencia de otras?»

No lo creo. Las diferencias entre las oligarquías son más folclóricas o, si se quiere, de color y de forma, pero no de fondo. Al poder le gusta travestirse de sabor local para hacerse más soportable pero, en esencia, es siempre lo mismo. Con El silencio del pantano he escrito una novela sobre el poder que tiene Valencia como escenario pero que podría ocurrir en cualquier otra parte y con resultados parecidos. Que el teatro de operaciones esté en nuestra ciudad no significa que la historia que cuento sea local o incluso pueblerina sino que, precisamente por eso, es universal porque puede pasar en cualquier lugar del mundo y, si me apuras, en cualquier época.

Este año se han publicado muchas y muy buenas novelas negras escritas por valencianos. ¿Un fenómeno puntual que quedará en nada o un incipiente boom literario?

Quizá sí que estamos viviendo una cierta burbuja “negrocriminal” porque la industria editorial se ha dado cuenta, gracias a determinados éxitos, que ahora hay más público dispuesto a leer novela negra. Todavía quedan rescoldos del boom de la novela erótica que explotó hace un par de años y, sin embargo, el subgénero de novelas de vampiros ya ha desaparecido del todo. No obstante, es posible que ahora estemos viviendo un momento de subida de este tipo de literatura que nunca ha desaparecido. De hecho, El silencio del pantano se publica dentro de la colección La trama de Ediciones B que es la colección más antigua de género negro de la literatura en castellano.

¿La novela negra no enmascara a veces la novela social de toda la vida?

No la enmascara sino que es la novela social, al menos, desde los últimos cincuenta años. La novela social químicamente pura gozó de buena salud en toda Europa hasta la II Guerra Mundial, más o menos, y, a partir de ahí, los miedos y preocupaciones de las sociedades occidentales se plasmaron en el género negro entendido éste en un sentido amplio ya que, dentro de lo ‘negro’ ya caben muchas cosas: desde la novela detectivesca a la policial, pasando por el thriller, la intriga o incluso el terror urbano. Probablemente, los historiadores del futuro, además de los medios de comunicación, tendrán que leer novelas negras para entender mejor cómo era la época que estamos viviendo, aunque sea a través de fábulas.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Su libro destila mucha rabia y también grandes dosis de amor y odio por Valencia. ¿Tenemos los valencianos suficiente capacidad de autocrítica o pasamos de la indignación furibunda al pasotismo meninfot?

No creo en la autocrítica porque es una palabra tan manoseada que ha terminado por significar justo lo contrario. Si te fijas, casi nadie dice “debo hacer autocrítica” sino que es otro el que dice “debes hacer autocrítica”, o sea, que es una manera de despellejarte sin decírtelo. En todo caso, el meninfotisme es el pecado tradicional de los valencianos y el más común. Las indignaciones furibundas valencianas siempre han sido más tracas que cañonazos. Y así nos ha ido.

El propio narrador reconoce la exigencia de la literatura frente al periodismo. ¿Qué le resultó más difícil en este salto?

Se dice que el diablo vive en los pequeños detalles. El periodismo exige rigor y precisión pero, es evidente, que no necesita de la creación de todo un universo porque el universo donde actúa ya está creado. En la literatura, aunque los escenarios estén basados en la realidad, como es mi caso, es necesario crearlo todo y preverlo todo, aunque después no sea utilizado en la narración. Las buenas novelas son aquellas que, como las casas, tienen buenos cimientos, aunque no se vean desde fuera.

Se nota que ha trabajado mucho  la documentación previa, aunque ello no altere el ritmo de la acción. ¿Dónde ha tenido que hurgar más para dar verosimilitud a su historia?

En cuestiones de informática y redes sociales. Como cualquiera, soy usuario de tecnología y me doy cierta maña en las redes sociales pero, en determinado momento de la novela, fue necesario estudiar de verdad determinados procedimientos para garantizar la verosimilitud. Como es natural conté con la ayuda de expertos a los que agradezco de nuevo su colaboración. También hubo que mirar bien algunos procedimientos fiscales para que la red de blanqueo de dinero que imaginé fuera creíble y que nadie pudiera sacarme los colores.

Bel Carrasco

Llorenç Barber: «Somos lo que sonamos»

Batallar/Batallem. So-Crit-Tro
Llorenç Barber, Rafael Tormo i Cuenca y Orxata Sound System
Comisarios: Marc Delcan y Àngel Gallego
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

“Somos lo que sonamos”. Y lo que sonamos, para Llorenç Barber, está muy lejos de sonar como debiera en una tierra tan plagada de músicos como Valencia. “Siendo un país tan rico culturalmente, a los artistas nos tratan como residuos; se nos degrada”. En medio de un gran cono de madera invertido, en cuyo centro cuelga una de sus significativas campanas, Barber se hizo altisonante eco del proyecto que presentaba en La Gallera. El título ya es elocuente: Batallar / Batallem. So – Crit –Tro. Resitència i cultura comú. Y cual Quijote, el artista fue dando mandobles a diestro y siniestro, mientras explicaba su propuesta sonora.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

“La campana es la memoria de una comunidad”. Memoria que Barber pretende rescatar contra el viento y marea de la torpeza de los programadores culturales. “Valencia no puede ser tan dilapidadora de la creatividad”. Y puso el IVAM como ejemplo (“llevamos 20 años de retraso”), el Palau de la Música (“jamás han abierto sus puertas al arte sonoro”) o Les Arts. Instituciones públicas que a su juicio han vivido de espaldas a las prácticas artísticas novedosas. Por eso agradeció a Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, la oportunidad de programar en La Gallera, antiguo espacio de “encuentros, apuestas y peleas”, describió Garín.

De manera que en lugar tan emblemático, Barber propone otro tipo de batalla en pro de la recuperación de la música y las prácticas colaborativas. “El artista sonoro se pregunta por lo que escucha la humanidad”. Interrogación que él despliega en La Gallera junto a Rafael Tormo i Cuenca y el grupo Orxata Sound System, bajo el comisariado de Marc Delcan y Àngel Gallego.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Mezclando las intervenciones de cada cual, a partir de elementos tradicionales de la cultura valenciana, van articulando campanas, música hablada, orquestas sonando a su manera, videoclips, disparos de cohetes y retazos de movimientos sociales como Salvem Catarroja, el Cabanyal o el 15M, con sus secuelas en forma de mascletà inactiva, que 100 niños de un colegio valenciano representará el jueves 18 en La Gallera con botellas de plástico.

“Se trata de repensar el acto de la creación”, señaló Tormo i Cuenca. “Las formas que no se dejan apropiar”, explicó Delcan en relación con la cultura popular, toman de esta forma La Gallera, contrariando así el espíritu público de exclusión de este tipo de prácticas. Sonidos, gritos y truenos, tales son los ejes expositivos, clamando por esa recuperación de la memoria que Barber inscribe en el interior de las campanas. “Es un caudal a preservar y del que gozar”, para que Valencia salga del “embobamiento” en el que se encuentra.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

“Hemos perdido la batalla de la pedagogía”. Batalla que Llorenç Barber emprende mediante la “educación de puertas abiertas que durante tres meses” (los que dura la exposición) desea realizar al menos un día a la semana en La Gallera. “Ofrezco una universidad libre para explicar lo que los conservatorios no hacen”. El “silencio cultural en la escena valenciana” se transforma en ‘Batallar / Batallem’ en un conjunto de gestos rompedores. Gestos que amalgaman el silencio, la pausa, la sincronía y el ritmo, con la fiesta, el fuego, la implosión y el cuerpo, palabras igualmente utilizadas en el proyecto expositivo.

Por eso al final lo que cuenta es tener una “cabeza sinestésica”, tal y como se recoge en uno de los textos de la práctica colaborativa, que pueda dar cuenta de esa mezcla de sonidos y sensaciones que batallan entre sí en La Gallera. Sinestesia que vendría a desperezar a Valencia de tanta “banalidad artística”. Llorenç Barber lo hace a campanazo limpio, cuyos ecos se escucharán hasta el 27 de septiembre.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Salva Torres