La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

Fracasadas, entre bambalinas y postizos

Fracasadas, de La Calva Producciones
Autor: Nacho de Diego
Dirección: Amparo Ferrer Báguena
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Del 27 de febrero al 1 de marzo, 2015

Sala Russafa estrena la versión renovada de ‘Fracasadas’, un espectáculo que participó en la última edición de Russafa Escénica con gran acogida del público. Del 27 de febrero al 1 de marzo regresa a la cartelera dentro del ciclo ‘Nueva Escena Valenciana’, extendido y adaptado para la representación en una sala, pasando de los treinta minutos que originalmente duraba la pieza a setenta.

Nuevas tramas y escenas completan esta primera propuesta de la compañía La Calva Producciones, una formación cuyos tres miembros fundadores suman una gran experiencia y más de 120 años en escena, demostrando que la inquietud no es patrimonio exclusivo de las nuevas generaciones.

Escena de 'Fracasadas', de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘Fracasadas’, de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sobre el escenario, el público descubrirá la historia de Paco y Mariló, dos actores de cabaret que, a pesar de disfrutar de la gloria de la fama, decidieron separarse a causa de un trágico suceso. Varios años después, se reencuentran en un camerino, preparándose para salir a escena y recaudar fondos para el entierro de ‘La Salfumán’. Entre kilos de maquillaje, boas de plumas, postizos y redecillas, saldrán a relucir los celos, envidias, cariños y secretos que se esconden en las bambalinas de cualquier historia.

Amparo Ferrer Báguena, inolvidable protagonista de ‘Hedda Gabbler’ (nominada como mejor actriz en los Premis de les Arts Escèniques de la Generalitat Valenciana y en los premios Teatro Rojas de la Ciudad de Toledo), dirige esta pieza humorística en la que los actores Manuel Puchades y Marina Vinyals muestran su gran capacidad interpretativa.

Ambos cuentan con una extensa carrera profesional. Puchades ha trabajado con directores como Dario Fo, Carles Alfaro o Antonio Tordera en el teatro y Álex de la Iglesia o Sáenz de Heredia en el cine, además de participar en series televisivas como Águila Roja, El secreto de Puente Viejo o La que se avecina. Y Vinyals ha formado parte del elenco de montajes dirigidos por Rafael Calatayud, Antonio Valero, José Sancho o Manuel Molins y se ha especializado en el doblaje cinematográfico,.

En esta  aventura se les ha unido el dramaturgo valenciano Nacho de Diego, autor de ‘Fracasadas’, una divertida y descarada propuesta, con un punto canalla, que alterna el brillo de los focos con la sórdida realidad para mostrar la vida de muchos (artistas o no) que, pese a no haber triunfado, se niegan a sentirse fracasados.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=njWIRofQqZA

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los ‘huesos’ del teatro…Escalante

30 anys de l’Escalante
MuVIM
C / Quevedo, 2. Valencia
Hasta marzo de 2015

Igual que el cuerpo humano, el hecho teatral se compone de carne y huesos. La carne es la interpretación de los actores que se renueva en cada función para hacer realidad los pensamientos y emociones creados por el dramaturgo. Los huesos son el armazón, el artefacto, el andamio y carpintería que soportan esa magia y la hace posible. Escenógrafos, diseñadores de vestuario, cartelistas, músicos, maquilladores y otros técnicos que arropan con su trabajo a los actores. Esa faceta, el teatro entre bambalinas y en versión infantil,  se muestra en la exposición ’30 anys de l’Escalante’, comisariada por Paula Salinas, que se puede visitar en el MuVIM hasta el mes de marzo. «El objetivo de la muestra es acercar el teatro al público desde otro punto de vista, dando a una visión más completa de la puesta en escena de un espectáculo teatral», dice  Vicent Vila,  director del teatro de la Diputación.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Teatro desde dentro

Vestuarios, escenografías, carteles originales, diseños de figurines, fotografías, etcétera. La exposición realiza un recorrido por las últimas décadas de la escena valenciana, mostrando el trabajo del teatro desde un punto de vista global. Se estructura en tres apartados: la producción y exhibición de espectáculos para niños, la formación de profesionales de las artes escénicas y la didáctica para acercar el teatro a los pequeños.    Entre más de un centenar de imágenes y objetos que componen la  exposición, se exhibe el traje que llevaba El Gran Kahan en Els viatjes de Marco Polo, la escenografía que ambientó Amada Candela o Pinotxo, marionetas que aparecieron en Tirant Lo Blanc, fotos de La Guerra dels Mons, o el cartel original de una pieza de la cultura valenciana El llibre de la selva del artista Sento.

Una sección de la muestra está dedicada al trabajo que desde hace 10 años realiza L’Espai d’Exposicions, dedicado a acercar las artes escénicas a los niños mediante talleres, actividades y exposiciones. Una de las piezas más destacadas es la de Miquel Calatayud que representa el Globe Theatre, donde Shakespeare representaba sus obras, o maquetas de escenografías creadas por artistas como Miró, Popova y Tatlin.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Producción y exhibición de espectáculos, formación para profesionales y didáctica para espectadores. La combinación de estas tres líneas de trabajo, así como su especialización en el público infantil, hacen del Escalante una experiencia única en el panorama nacional. «Cuando empezamos nadie había probado a poner en marcha un teatro público solo para niños», recuerda Vila. «Con el apoyo de la Diputación, tres décadas después seguimos siendo los únicos que trabajamos todas estas áreas, centrándonos siempre en el público infantil».

Además del reconocimiento de la crítica, una muestra del éxito del Escalante son los más de dos millones y medio de espectadores que han pasado por su patio de butacas,  una media del 90% de ocupación en todas sus funciones, convirtiéndose en uno de los excepcionales casos de teatro público rentable. Los fines de semana el 60% del público son mayores de 18 años.

La muestra del MuVIM, además de brindar homenaje a este proyecto teatral, ofrece la oportunidad de hacer un viaje en el tiempo a todos los que alguna vez, cuando eran niños, se dejaron atrapar por la magia del teatro en una de las butacas del Escalante.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Foto: Raquel Abulaila.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Foto: Raquel Abulaila.

Memoria de tres décadas

El balance de estas tres décadas en cifras habla por sí mismo: 41 espectáculos,  8.200 representaciones, 2.500.000 espectadores y  40 premios. Cifras orientadas a un solo un objetiv: potenciar el amor por el teatro y la opinión crítica entre los pequeños.

En 1985 nace un proyecto pionero en España, un centro teatral público dedicado exclusivamente a la producción y exhibición de teatro para niños en un emplazamiento también único. Un palacete tardo renacentista en pleno casco antiguo de Valencia. Con la llegada de Vicent Vila a la dirección, en 1989, el Escalante define su sello, con producciones de gran envergadura, que aportan una alta calidad artística y apuestan por los profesionales de la escena valenciana. Además, se abre la programación a compañías nacionales, internacionales, incluyendo  espectáculos de todo tipo de géneros dirigidos al público infantil. Para profundizar en la formación y completar el modelo de centro teatral, en 1995, se crea una escuela de teatro que trabaja cinco áreas: la profesional, las especializaciones, la Escoleta, el teatro para adultos y el Aula de Teatre. En 2005, nace L’Espai d’Exposicions, dedicado a la creación de actividades como visitas guiadas, talleres para niños y comisariado de exposiciones temporales, siempre relacionadas con las artes escénicas, que giran por España.

Otra área dentro del Escalante que funciona desde sus inicios es la de publicaciones. Con la colaboración de editoriales como Bromera, Universitat de Valencia o Kalandraka, se imprimen los textos teatrales y músicas creadas para sus espectáculos. Con un equipo de 18 profesionales, el Escalante es un modelo de teatro público sostenible: con un 90% de ocupación en sus representaciones. Una labor reconocida con la Medalla de Plata de las Bellas Artes concedida por el Ministerio y otros 39 galardones otorgados por las asociaciones de críticos y profesionales de las artes escénicas.

Exposición 30 anys a l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Exposición 30 anys a l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Bel Carrasco

Somshow: Querido Cabaret

Somshow, por 1920 Company
Con Carmen Cardo, Luis Llamas, Pascal Peris y Annie Tebar
Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Todos los sábados de noviembre, a las 23.00h

Medias de red, taconazos, corsés, boas de plumas, purpurina. Kilos de maquillaje y kilómetros de pestañas postizas. Desfachatez, provocación, ilusionismo, frivolidad, impostura. Mujeres voluptuosas que resultan ser hombres y viceversa. Canciones, contoneo de caderas y chistes subidos de tono. Erótica pícara y desenfadada. Humor de sal fina y gruesa. La realidad reflejada en espejos deformantes que la transforman y la hacen más brillante y atractiva.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

El viejo cabaret nunca muere y se mantiene en plena forma. Para demostrarlo ahí está ‘SomShow’, la apuesta de esta temporada dentro del  ciclo Las Golfas de Russafa, que se representa los sábados, a las 23 horas en la sala de este nombre.  Es el sonado regreso de la mítica 1920 Company, cuatro actores y amigos: Pascal Peris, Carmen Cardo, Luis Llamas y Annie Tebar.

Treinta años después de su iniciación en el género, vuelven para demostrar que el tiempo no ha hecho mella en ellos y, de paso, despertar la risa a un público con ganas de olvidar la eterna crisis y la oleada de corrupción que invade las noticias diarias. El éxito de las primeras funciones augura una prolongación de su número hasta diciembre.

“Decidimos volver a revivir el cabaret por la amistad que nos une y para hacernos un regalo a nosotros mismos”, dice Peris. “La sorpresa ha sido ver la gran aceptación por parte del público”.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

A lo largo de casi una hora ininterrumpida de marcha, ‘Somshow’ ofrece un recorrido por las distintas facetas del cabaret: revista vodeville, music hall, erotismo, transformismo, etcétera. “El espíritu del cabaret ofrece una visión lúdica de la vida”, afirma Peris. “Una visión sin complicaciones  con un punto de crítica pero sin mala leche ni ensañarse”.

Durante los años ochenta, década de transgresión y libertad, el cabaret vivió en Valencia una edad dorada con locales míticos como Belle Époque, La Bôheme, y figuras como Miguel Bras o Margot, cuyo nombre oficial es Antonio Campos, sobre quien Quique Belloch proyecta un audiovisual que  cuenta su vida y milagros.

“Nuestro montaje es un homenaje al cabaré valenciano de los ochenta pero actualizado, con la mirada de quien ha aprendido de la vida y se ríe con más ganas. La mirada de quien no se deja amargar por la experiencia, sino que encuentra en ella un gancho de complicidad con los espectadores”, dice Peris.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

La noche valenciana en los ochenta cobijaba una docena de salas en las que se ofrecían espectáculos de cabaret y afines. Una válvula de escape a las penalidades de la Transición. “Ahora la noche está muerta en ese sentido”, dice Peris. ”Tal vez a esa ausencia se debe en parte el éxito que ha cosechado nuestro espectáculo. Sobre todo entre gente de más de 40 años que añora el pasado y tiene ganas de reírse un rato y olvidar sus penas”, concluye Peris.

El espectáculo remite pues a un contexto similar al de los años de la Movida, cuando los shows de variedades y transformismo, que tenían como referencia el cabaret de los años veinte, triunfaban en España. ‘Somshow’ evoca esa época, desvelando lugares, anécdotas, personajes y estilos que marcaron una escena hoy prácticamente olvidada.

Los dramaturgos Jerónimo Cornelles, Chema Cardeña, Nacho de Diego y Eduard Costa han colaborado en el guión, aportando su particular versión de la actualidad. ‘SomShow’ reivindica y actualiza un estilo de enfrentarse a la realidad muy nuestro, plagado de sentido del humor e ironía, en un musical desenfadado y atípico.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

Bel Carrasco

Duato y Valdés en blanco y negro

Cartes de visite, de Andrea Santolaya
Palau de la Música de Valencia
Paseo Alameda, 30. Valencia
Hasta finales de noviembre

Blanco y negro. Nueva York y San Petersburgo. Sobre estas cuatro coordenadas la fotógrafa Andrea Santolaya ofrece un retrato insólito de dos grandes artistas valencianos: Nacho Duato y Manolo Valdés. Es ‘Cartes de visite’, una exposición que se acaba de inaugurar en el Palau de la Música. Distribuidas en dos espacios simétricos, 28 fotografías plasman la trastienda, el lado oculto de sendos creadores universales. El Ballet Mikhailovsky de San Petersburgo bajo el influjo innovador de Duato y el Jardín Botánico de Nueva York habitado por las esculturas de Valdés.

En las 16 imágenes dedicadas al ballet, Santolaya elude las actuaciones sobre el escenario para profundizar en la vida cotidiana de los bailarines. “Es de una búsqueda de las raíces del ballet desde un ángulo distinto. La parte humana de los bailarines; sus familiares, hijos, la preparación constante, los ensayos y momentos previos a la entrada en escena, así como el uso tradicional del maquillaje y estilismo”, dice.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

“He querido mostrar de manera clara lo que de otra manera sería un misterio brumoso. Nacho Duato me brindó la oportunidad única de adentrarme en el teatro y tuve acceso total a vestuarios, bailarines, camerinos, vestuario, montaje, desmontaje, proyectos, idea y maquetas”. Blanco y negro. Tarjeta de visita. Dos conceptos que remiten a la atemporalidad, a una época anterior también. Esa es la idea que subraya la exposición en la que las esculturas de Valdés son tratadas como un árbol más, incrustadas en el conjunto del jardín.

Artista cosmopolita

Nacida en Madrid, Santolaya es una artista cosmopolita que se mueve sin parar por el mundo. Ha vivido en cinco países y en los últimos  tres  años  ha viajado por Rusia, Venezuela, Estados Unidos y Francia. Nieta de Eugenia Niño, impulsora y directora de la Galería SEN durante 40 años, creció  en plena Movida, rodeada de  pintores, escritores, dibujantes. “A los  16 años mi padre me regaló una cámara de fotos cuando vivíamos en Londres, donde intentaba adaptarme al nuevo cambio y captar imágenes se convirtió en una locura que aún persiste”, recuerda.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música. Imagen cortesía de la autora.

“La fotografía me ayudó a adaptarme a una nueva ciudad, y esta capacidad de adaptación se ha convertido en el impulso para continuar con nuevos proyectos fotográficos. La fotografía me ofrece la oportunidad de adentrarme en mundos totalmente dispares, conocer a personas y lugares inalcanzables si no fuera a través del intercambio que quiero generar con la fotografía”.

Alberto García-Alix, Carlos García-Alix, Andrew Moore, Philip Perkis y Manolo Valdés son los artistas que más le han influido en su trayectoria, siempre fiel al blanco y negro.  “Se centra más en las ideas que en el sujeto y transmite una sensación de atemporalidad”, dice. “No desdeño las nuevas tecnologías, pero las combino con métodos artesanales”.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

El delta del río Amacuro, en Venezuela, o el  Gleason’s Gym, el gimnasio pugilístico más antiguo de Estados Unidos, son algunos lugares insólitos que la artista ha explorado en sus últimos trabajos. Mondo Galería de Madrid inaugura el próximo mes de noviembre, ‘Waniku’, donde retumba el agua, su trabajo sobre la etnia warao de Venezuela. Siguiendo las huellas de los antiguos misioneros y los exploradores del siglo pasado,  Santolaya explora el estrecho vínculo que une la misteriosa naturaleza del Delta con la figura de la mujer en la cultura warao. Un viaje a través del tiempo en busca del paraíso perdido.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite', del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’, del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco