Mandariinid: de héroes y tumbas

Mandariinid, de Zaza Urushadze
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Mandariinid (Mandarinas) es una película de Zaza Urushadze que habla de eso: de mandarinas. En un poblado en medio de las montañas caucásicas viven dos hombres sencillos, Ivo (Lembit Ulfsak) y Margus (Elmo Nüganen) que, en medio de la guerra entre estonios y georgianos, luchan por sacar adelante una cosecha de mandarinas. Lo hacen por sobrevivir pero, como subraya Margus, por que es una lástima que se pierda tan magnífica recolección. El dinero importa, pero menos.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Habla de mandarinas y del valor que hace falta tener para que dé sus frutos tan abnegada labor en medio de un clima de violencia. Cuando Ivo acoja en su casa a dos soldados heridos, el checheno Ahmed (Georgi Nakhashidze) y el georgiano Nika (Michael Meskhi), la violencia desatada entre ambos soldados enemigos, ahora bajo el mismo techo, se irá modulando gracias a la intermediación de los dos hombres sencillos, en mitad de un campo tan devastado por la guerra como floreciente de mandarinas.

Esa mezcla de violencia sin sentido, de enemistades patrias, y fructífera actitud de amor por la vida, por los frutos de la naturaleza que hay que preservar a toda costa, entre los que se encuentran la propia vida humana, sea del color que sea, y venga cargada de las sinrazones que sean, es lo que convierte Mandariinid en una notable película. Notable porque cuenta, sin caer en la tentación del mensaje fácil, lo complicado que resulta romper la coraza ideológica, cuando el odio al otro se vende como la única moneda de curso legal.

Lembit Ulfsak en un fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Lembit Ulfsak en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Ivo, que ya sabe lo que es perder un hijo en la guerra, mostrará su determinación a favor de la vida, teniéndose que enfrentar al odio mutuo de los soldados enemigos bajo el techo de su casa. Una casa que, a pesar de la violencia latente que la sacude, él se esfuerza por mantener a resguardo de tan destructiva ira bélica. Los soldados, ése es al pacto que llega, deberán recuperarse en el clima de paz que él les propone, dejando en suspenso el juramento de venganza lanzado por Ahmed contra Nika.

Mandariinid no debería verse como un simple alegato antibelicista, sino como una radiografía de la violencia, de lo real de la experiencia humana, allí donde ésta se descubre habitada por la sinrazón. Combatirla requiere la energía, que no la fuerza física, de Ivo, una persona mayor que, pese a la edad, conserva el vigor de quien funda su existencia en la transmisión simbólica de unos valores siempre amenazados, por la guerra, por las diferencias irreconciliables o, en suma, por el lado siniestro que nos habita.

Georgi Nakhashidze en un  fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Georgi Nakhashidze en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Y la madre tierra, de la cual procede el fruto de las mandarinas, emerge como protagonista de una película igualmente reveladora del poder destructivo que puede albergar a su vez la madre patria. De nuevo la floreciente productividad y la destructiva violencia por hacerse con el dominio de esa tierra, estrechando temibles lazos. Bastará decir, sin descifrar el final, que las propias tumbas abiertas por los muertos de uno y otro bando, se harán cargo de esa amalgama de sentimientos encontrados.

Zaza Urushadze narra con certero pulso las contradicciones de la llamada guerra de los cítricos, según recuerda Margus, entre estonios y georgianos hace ya más de 20 años. Si aceptamos, como se dice en un momento de la película, que el cine es una mentira, convendría decir que esa mentira transformada en relato resulta una vía privilegiada para llegar al corazón de cierta verdad en tiempos de abulia existencial.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

El inconformismo de Cinema Jove

Presentación de la programación de la Sección Oficial de Largometrajes y Cortometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio de 2014

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, andaba buscando un titular que ofrecer a la prensa, poco antes de la presentación en el Hotel Astoria de los diez largometrajes y 56 cortos que integrarán las secciones oficiales. No quería destacar ninguna película por encima de las demás, porque todas las seleccionadas poseen “un alto nivel”, dijo. Tampoco era digno de destacar que hubiera este año una película española a concurso (Ártico, de Gabriel Velázquez), porque tratándose de un festival internacional es lo de menos. Finalmente, casi sin querer, fue decantándose por la verdadera singularidad de Cinema Jove, singularidad que salta a la vista: su apuesta por el cine joven.

Fotograma de 'Ártico', de Gabriel Velázquez. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Ártico’, de Gabriel Velázquez. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

“Películas y cineastas a los que podemos atribuir las cualidades de la juventud: el inconformismo”, subrayó Maluenda. Inconformismo “no sólo temático, reflexivo, sino de carácter formal”, añadió. César Campoy, miembro de la comisión de selección, abunda en este sentido al destacar el cine “comprometido” de estos jóvenes directores, “testigos y altavoz de aquellos que nunca han tenido (ni tendrán) ni voz, ni voto”. De manera que los diez largometrajes a concurso poseen ese grado de inconformismo propio de la juventud, al que Campoy agrega otro carácter más: la “dignidad”.

Fotograma de 'Cumbres', de Gabriel Nuncio. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Cumbres’, de Gabriel Nuncio. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Esa dignidad inconformista, contestataria, atraviesa el conjunto de las películas seleccionadas, ninguna de las cuales repite país de procedencia. Habrá película española, la mencionada Ártico; Cherry Pie, del suizo Lorenz Merz; Violet, de Bas Devos (Bélgica, Holanda); Obietnica, de la polaca Anna Kazejak; Nagima, de Zhanna Issabayeva (Kazajstán); Cumbres, del mexicano Gabriel Nuncio; Silmäterrä, del finlandés Jan Forsström; la alemana Finsterworld, de Frauke Finsterwalder; Mandariinid, de Zaza Urushadze (Georgia, Estonia), y la rumana Roxanne, de Vali Hotea.

Fotograma de 'Roxanne', de Vali Hotea. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Roxanne’, de Vali Hotea. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Un listado de películas “exigente con el espectador”, según Campoy, que ofrece la posibilidad de viajar al encuentro de cineastas desconocidos, que merece generalmente la pena descubrir. Al encuentro de sus trabajos y de los conflictos, estos sí universales, que dibujan el perfil de nuestra condición humana. El jurado encargado de otorgar el Premio Luna de Valencia al mejor largometraje está compuesto por Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, de quien se proyectarán dos de sus trabajos, The Unmaking of y El infierno prometido, Christine Repond, cuyo primer largometraje, Silberwald, recibió una mención especial en el Cinema Jove de 2011, y Teona Mitevska, que inauguró hace dos años el festival con The woman who brushed off her tears, protagonizada por Victoria Abril.

La sección de cortometrajes está encabezada por 14 trabajos españoles, dos de ellos valencianos (Bikini, de Óscar Beràcer, y La ropavejera, de Ignacio Ruipérez). Álvaro Yebra, miembro de la comisión de selección de cortos, explica el por qué de tamaña representación: “España cuenta con una de las mejores cosechas de cortos de los últimos años”. Como precisó Maluenda, están ahí “no por chauvinismo, sino por su indudable calidad”. Máxime cuando este año la selección ha sido más exigente que nunca, al haberse duplicado la cantidad de cortos presentados: de los 700 del pasado año a los 1.400 de la presente edición. Ferenc Cakó, que recibirá el Premio Luna de Valencia Especial por su brillante contribución al cine de animación, la actriz Malena Alterio y la realizadora Claudia Pinto integran el jurado de la sección de cortometrajes. 56 obras de todos los estilos, temáticas y países, reflejo del inconformismo que ya es marca de Cinema Jove.

Fotograma de Obietnica, de Anna Kazejak. Película de la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Película de la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Salva Torres