Animales ‘en objetivo’

‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso
Oceánica Producciones, Pascale Prêcheur, 2020
Martes 7 de julio de 2020

El trato que damos los humanos a los animales es hoy objeto de intensas polémicas. Durante milenios el Homo sapiens hizo uso indiscriminado de los irracionales para su beneficio. Pero a finales del siglo XX afloró una nueva mirada, una nueva empatía hacia los seres con los que compartimos el planeta. El animalismo es una corriente caudalosa que empapa la sociedad y las redes. Pero, como en todos los movimientos que despuntan, es inevitable la existencia de cierto radicalismo. ¿Hay que dejar de comer carne? ¿Se debe prohibir la caza? ¿Sufren los animales en los zoológicos?

Reflejar la realidad de ciertos sectores relacionados con el mundo animal con la máxima objetividad posible fue el desafío que se plantearon el cineasta Manu Galipienso y su mujer Pascale Prêcheur, experta en conducta animal, al planificar el documental ‘Animales, por el camino de en medio’, producido por Oceánica y distribuido por Jaibo Films.

Durante un año y medio entrevistaron a más de una veintena de organismos públicos, empresas y profesionales, entre los más relevantes de toda España, para dar a conocer la labor que realizan a favor del bienestar de los animales. Su objetivo: ofrecer un relato imparcial sin caer en maniqueísmos. «No todos comparten los mismos ideales, lo que provoca confrontadas opiniones de toda índole que invitan al espectador a una intensa reflexión», dice Galipienso.

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

El documental, que cuenta con el apoyo del Institut Valencià de Cultura y un presupuesto de 53.000 euros, fue emitido por À Punt y se puede ver en su sección ‘A la carta’, en valenciano. Ha sido seleccionado por el Festival Internacional de Cine de Sax como película inaugural y se difundirá durante la semana del 24 al 31 de julio, de manera online, por la plataforma Festhometv. El Festival de Cine de Alicante también lo ha seleccionado como película invitada y se proyectará en cines entre el 17 y 24 de octubre.

Galipienso y Prêcheur trabajaron una temporada como entrenadores de delfines en Mundomar, en Benidorm. «Allí nos dimos cuenta del desconocimiento que existe respecto al bienestar animal», comenta Galipienso. «No solo de los animales en cautividad, sino también de los domésticos. Con el paso del tiempo y tras varias experiencias fuimos conociendo la problemática del tráfico ilegal de especies. De ahí que vimos la necesidad, y casi obligación, de sacar este proyecto adelante, prácticamente desde la nada».

Manuel Galipienso y Pascale Prêcheur. Imagen cortesía del autor.

A lo largo de 74 minutos en la versión corta –y 108 en la larga–, el filme recorre centros de rescate, asociaciones de protección animal, parques zoológicos, legislación, tráfico ilegal de especies, animales de asistencia… «Nos centramos en gremios donde la actitud del ser humano afecta de forma directa o indirecta a los animales. Por motivos de duración no pudimos seguir investigando e incluir en la película temas como la tauromaquia o la industria cárnica».

Al principio, fue relativamente fácil conseguir estos contactos por su trabajo con animales, pero luego se toparon con la reticencia de algunas de sus fuentes ante la idea de participar en la misma película donde aparecían otras personas con una percepción totalamente opuesta sobre el significado de bienestar animal. «Tras muchas y largas conversaciones, se percataron de nuestra imparcialidad, lo que les  animó finalmente a sumarse al proyecto. Nos comprometimos en ese sentido y nuestra idea, desde el principio, siempre fue evitar a toda costa la confrontación y unir a los distintos gremios».

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

En su largo periplo han vivido multitud de experiencias y sensaciones tanto positivas como negativas. «Lo peor fue ver magníficos ejemplares de primates, tigres, pumas, linces, caballos, incluso un león, encerrados en casas de campo en deplorables condiciones. Lamentable consecuencia de la casi inexistente coordinación entre organizaciones, profesionales, administraciones, etcétera».

En el balance positivo cuenta la percepción de «que en realidad, todos los que intervienen en el documental tienen mucho más en común de lo que parecía en un principio. Además, la reacción de los espectadores y participantes al ver la película es muy positiva», concluye Galipienso.

En 2010, Galipienso realizó su primer documental, ‘Descubriendo el surf, con Luis Callejo’ –intérprete nominado a los premios Goya como mejor actor protagonista en ‘Tarde para la ira’–, de Raúl Arévalo. Formado como técnico en realización audiovisual y con varios másteres en cinematografía, ha realizado varios cortometrajes protagonizados por actores reconocidos como Javier Gutiérrez. ‘Animales, por el camino de en medio’ es su primer largometraje. Un reto personal en el que ha ejercido de guionista, director y director de fotografía junto a su mujer Pascale Prêcheur, que le acompaña en todos sus proyectos como productora ejecutiva y, en este caso, también como presentadora.

Cartel del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso.

Bel Carrasco

Tuesday to Friday para la pintura de la era digital

‘System Failure’
Evgen Copi, Katelyn Ong, Marta Galindo, Max Rumbol, Nadia Fediv, Tarmac y Philip Gerald
Plastic Murs
Dénia 45, València
Hasta el 31 de julio
Lunes 6 de julio de 2020

“A mí siempre me ha gustado, sobre todo, la pintura y, en particular, la pintura contemporánea”, dice Vicente Torres, responsable de Plastic Murs, que, acicateado por ese deseo latente, ha decidido darle un giro a la galería. A partir de septiembre se llamará Tuesday to Friday, “porque abriré de martes a viernes”, con el fin de dar cabida a artistas muy jóvenes, tanto locales como nacionales e internacionales, que tienen entre ceja y ceja esa pintura en tiempos de digitalización masiva. “Después de cinco años dedicándome más a la ilustración, el grafiti o el posgrafiti, ahora me interesan estos artistas jóvenes que se dedican a pintar, pintar y pintar desde una óptica muy actual”, subraya Torres.

La colectiva con la que cierra la temporada ya es una buena muestra de lo que será Tuesday to Friday, dejando atrás Plastic Murs. “Es una cuestión de innovación. Como los artistas, también los que estamos al frente de las galerías necesitamos trasladar al espacio lo que venimos necesitando en cada momento”, explica. Y lo que ahora necesita Vicente Torres tiene que ver con esa necesidad de pintura aplicada a los tiempos de Internet o pos-Internet, ya que la aceleración que propicia el propio universo digital obliga a utilizar el ‘pos’ a casi todo.

Vista de la exposición ‘System Failure’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

“Veo que los artistas cuanto más jóvenes, más reflejan las vivencias del día a día en lo que pintan. Antes nos relacionábamos de otra manera con nuestro entorno, a través del cómic, de la cartelería, y ahora las relaciones se hacen a través de la pantalla”, señala el responsable de la todavía, por escaso tiempo, Plastic Murs. Durante este mes de julio, expondrá obras de Evgen Copi, Katelyn Ong, Marta Galindo, Max Rumbol, Nadia Fediv, Tarmac y Philip Gerald, a quien dedicará una individual para abrir la temporada en septiembre, ya con la nueva denominación de Tuesday to Friday.

“Philip Gerald trabaja con el programa Microsoft Paint y lo que pinta tiene, por tanto, una estética digital”, apunta Torres, ampliando en la nota de prensa las características pictóricas de este joven irlandés (Dublín, 1992): sus obras “comprenden una presentación temática provocativa con pintura ingenua en la que recoge obras históricas de arte con medios modernos”. El “humor” y la “ansiedad” forman parte de su manera de entender ese arte revisitado que Gerald aborda cuestionando temas, en su caso recurrentes, “como la sexualidad, la sociedad de consumo y la autoevaluación en la actualidad”. A Gerald le acompañará, en esa muestra inaugural de septiembre, el artista Álex Gambin, “con un proyecto de 49 dibujos de animación, basado en la película ‘La cinta blanca’ de Michael Haneke. Esto también me permite salir de lo que hago habitualmente”, resalta Torres.

Tres de las obras de la exposición ‘System Failure’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

‘System Failure’ es el título de la colectiva que permanecerá abierta hasta el 31 de julio. “El título es un guiño a Internet y como es la última exposición, con la que cierro una etapa y abro otra, pues alude a ese fallo de sistema y a la situación actual”. Fallo de sistema, en su caso provocado por la necesidad de dar protagonismo a esa pintura contemporánea, que puede hacerse extensible al propio fallo del sistema ocasionado por la repentina y brusca irrupción del coronavirus. La pandemia a que ha dado lugar tamaño imprevisto, será objeto de la preocupación presente y futura de los propios artistas.

“Los artistas con los que quiero trabajar son todos muy jóvenes, porque el mayor creo que tiene 28 años, de manera que los 90 y los 2000 son la referencia para ellos”. Referencia, de nuevo, casi diríamos eclipsada por esa aceleración de los acontecimientos que convierten en antiguo lo de ayer mismo. “Lo que prima en todos ellos es esa estética nuevo digital, posanalógica, que forma parte ahora mismo de una nueva corriente”. Y pone el ejemplo de Marta Galindo: “Todo su trabajo está relacionado con la cultura Internet, a través del meme y lo que se convierte en viral, también lo que tiene que ver con las noticias de la prensa digital, de nuevo trasladado a la pantalla”. “Investiga la sobresaturación de imágenes digitales y la estética trash cibernética” con “humor” e “ironía, como estrategia ante las problemáticas contemporáneas y la anárquica yuxtaposición de información del medio digital”, añade Torres en la nota de prensa.

Dos de las obras de la exposición ‘System Failure’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

“Max Rumbol también revisa lo tradicional de la pintura británica para trasladarla a una visión de hoy”, agrega. Los siete jóvenes artistas de ‘System Failure’ tienen en común esa visión de la pintura adaptada a los tiempos digitales, el humor con el que encaran su trabajo y las referencias “líquidas”, por utilizar el vocablo empleado por el sociólogo Zygmunt Bauman, que caracterizan nuestra era virtual. “Estos artistas retratan nuevas formas de expresión y maneras en las que la cultura popular, Internet y las relaciones sociales se representan no solo estéticamente, sino conceptualmente dentro del arte contemporáneo”, explica Vicente Torres.

Tuesday to Friday se convertirá, a partir de septiembre, en un espacio nuevo obligado por las circunstancias personales de su máximo responsable, que lo llevaba barruntando desde hace meses, al margen de la inoportuna pandemia. “El coronavirus no ha tenido nada que ver en el cambio, porque llevaba tiempo pensándolo”, dice. En cualquier caso, llega en un momento sin duda especial que a Vicente Torres le inquieta tanto como le estimula. A él, como dijera Tolstoi, más que cambiar el mundo, le interesa cambiarse a sí mismo, sin duda, tarea igual o más difícil que la otra, en la que ya está de camino con Tuesday to Friday.

Vicente Torres, junto al cartel de artistas de la exposición ‘System Failure’ en Plastic Murs. Foto: MAKMA

Salva Torres

“Tenemos que convivir con mayor incertidumbre”

Remando en el mismo barco (IX) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con los actores y directores Rebeca Valls y Nacho Diago (mago y productor)
Domingo 5 de julio de 2020

«No quiero realidad. Quiero magia». Esta frase que Tennesse Williams puso en boca de Blanche du Bois en ‘Un tranvía llamado deseo’ podía ser, también, el lema de Nacho Diago. Desde la tierna infancia creció fascinado por el ilusionismo y, a partir de los 15 años inició una carrera que de forma progresiva le llevó a la cumbre, en 2005, al ganar el primer premio en el XXVII Congreso Mágico Nacional, que lo acreditaba como el mejor mago de España.

Desde hace 11 años comparte su vida con Rebeca Valls, heredera de una estirpe de artistas. “Nos conocimos en un programa que presentaba para la anterior televisión autonómica valenciana, ‘L’Escenari’, que se grababa en el mítico café teatro de Alcoy”, cuenta Valls. “Nacho vino a actuar. Nos gustamos, nos llamamos un tiempo después y empezamos a salir. Diez años más tarde nació nuestra hija Alma. Ahora somos cuatro contando a nuestra perra ‘López’”. 

Nacho Diago y la perra López. Foto de Nani Gutiérrez.

Diago estudió las carreras de Ingeniería Agrónoma y Arte Dramático, pero sin abandonar nunca su formación autodidacta en el mundo de la magia. “Cuando empecé no existía Internet y había que buscarse la vida”, comenta. “La única manera de aprender técnicas era en los libros o con la ayuda de magos experimentados. En ese aspecto no hay problema porque formamos una hermandad unida por fuertes vínculos vocacionales, tal vez porque este es un oficio minoritario y peculiar”.

Valls y Diago son creadores natos. Ella es actriz y también directora de teatro y él mago, director, creador y productor de sus propios espectáculos.  “Al dedicarnos al mismo oficio, nos comprendemos y nos ayudamos el uno al otro”, dice Diago. “Rebeca participa de modo activo en mis espectáculos, tanto en el proceso de creación como de ayudante de dirección cuando necesito una visión externa”.

Rebeca Valls. Imagen cortesía del autor.

“Nacho no participa directamente en mis espectáculos, pero me ayuda hablarlos con él, compartir dudas, proceso, crisis que surjan, etcétera”, añade Valls. “O, simplemente, llevándolo a un ensayo para después compartir el resultado y aportar, también, una visión externa. Las sinergias que se producen entre nosotros son enriquecedoras tanto a nivel profesional como de pareja. ¡Vernos currar es excitante!”.

Diago pondera el excelente nivel de la magia en nuestro país, como demuetra que el actual campeón internacional sea español y de Castellón: Mago Yunque (Salvador Vicent). “Juan Tamariz ha sido un referente para todos los de mi generación, pero hoy existen magos escénicos fantásticos”, dice. “Al ser también actor, además de la técnica o la originalidad, cuido al máximo la dramaturgia de cada espectáculo”.

Lo que más les inquieta a esta pareja de artistas, a causa de la situación creada por la pandemia, es la incertidumbre. “Y la falta de apoyo y de confianza. En general es una época en la que creo que nos toca convivir con algo más de incertidumbre que de costumbre. Y no solo por el trabajo, también por la salud”. 

Nacho Diago durante una de sus actuaciones. Imagen cortesía del autor.

Les preocupa su sector, profesionales técnicos incluidos. “Nos preocupa que los espectadores tengan miedo y no vayan al teatro. Y que, en consecuencia, los programadores no confíen y caigan los bolos programados. También la subsistencia de las salas, de las compañías y de los correspondientes proyectos. Es un momento delicado para todos y tenemos que apoyarnos los unos a los otros. Creo que es el mensaje fundamental que hemos aprendido a raíz de esta crisis”. 

Apelando al impulso y resistencia que les otorga su vocación, confían en salir del bache. “La gente que como nosotros se dedica a profesiones tan poco estables lo hace porque lo necesita. Es vital para nuestra felicidad y realización. Es nuestro modo de comunicarnos con el mundo y los demás, de contar algo en esta vida. A pesar de tantas trabas y dolores de cabeza, encontramos en ello una recompensa. Así que, sí, pensamos seguir en la lucha, adaptándonos a las necesidades de cada momento y con mucha ilusión y más esfuerzo, si cabe”.

En su opinión, el Gobierno y las instituciones autonómicas “deberían respetar y pagar los proyectos ya contratados, destinando el dinero que ya estaba concedido a ellos. Y ayudar, de algún modo, a las empresas privadas para que puedan salir de esta crisis. Es urgente que la cultura sea una prioridad, ponerla en el lugar que merece como ocurre en el resto de Europa”, concluyen Valls y Diago. 

Rebeca Valls y Nacho Diago. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Polirítmia se valencianiza

Festival Polirítmia
Teatre Principal
Barcas 2, València
Del 9 al 12 de julio
Sábado 4 de julio de 2020

El Institut Valencià de Cultura (IVC) ha presentado la nueva edición del festival Polirítmia que se celebrará en València del 9 al 12 de julio en el teatro Principal. Producido por el Institut Valencià de Cultura y el CEFIRE, con la colaboración de la Diputación, Polirítmia es un encuentro de músicas y danzas del Mediterráneo que surgió para recuperar un festival de referencia de nuestra tradición musical de la mano de la cooperación interinstitucional, la territorialización, la internalización y el acceso a la cultura. 

Además de una plataforma de exhibición, incluye un programa formativo de propuestas musicales y dancísticas de carácter tradicional mediterráneo, un encuentro profesional y formativo de artistas y docentes.

Representantes del Festival Polirítmia, durante la presentación del cartel. Imagen cortesía del IVC.

“Polirítmia es una muestra de lo que es posible hacer gracias a la colaboración interinstitucional», señaló Marga Landete, del Servicio de Cultura de la Diputación. «Es también un punto de encuentro de la música de raíz popular que propicia el intercambio y el conocimiento. A pesar de las circunstancias siempre hemos sabido que el festival se haría de una manera u otra, y ahora lo hacemos con todas las medidas de seguridad, con toma de temperatura de los asistentes, con un aforo reducido y vendiendo las entradas por grupos familiares. Sabemos que el público tiene ganas de volver a los espectáculos en vivo y los artistas a reencontrarse con el público”.

Por su parte Rafel Arnal, director artístico del festival, señaló que en la edición de 2020, «el festival se ha valencianizado por la imposibilidad de incluir artistas de otros países. Ofrece a escala musical una fusión perfecta entre la perspectiva local y la voluntad global de la transversalidad mediterránea”. Resaltó la presencia de Urbàlia Rurana, un grupo con más de treinta años de experiencia y del Premio Carles Santos, con la actuación de Spanish Brass & Carles Dénia y así como el concierto ‘Mira si hemos corrido tierras’.

En el Teatre Principal se ofrecerán tres actuaciones por día, una en la calle o la fachada del teatro y dos más en el escenario. Las actuaciones en el exterior empezarán a las 18.30 horas, a cargo de La Trocamba Matanusca los días 9 y 12 de julio, y de Bienparao los días 10 y 11 de julio. Los conciertos en el escenario del Principal tendrán dos horarios diferentes, a las 19.30 y a las 20.30 horas, y se podrá acceder con una única entrada con un precio de 5 euros. 

Urbàlia Rurana. Foto de Sergi García.

El día 9 a las 19.30 horas será el turno de Tarta Relena y a las 20.30 horas podremos ver a Spanish Brass & Carles Dénia con su espectáculo ‘Mira si hem corregut terres’, el día 10 de julio a las 19.30 se ofrecerá la actuación ‘Sarau mediterrani’ con el grupo Urbàlia Rurana, y a las 20.30 actuará Vanesa Muela en trío con su actuación ‘Zaraval’.

El día 11, Eixa presentará su primer disco, ‘Invisibles’, y cerrará el día a las 20.30 horas Matthieu Saglio Quartet con ‘El camino de los vientos’. El día siguiente el grupo Udiva presenta su primer disco, ‘Aigua’. Por último, cierra el festival la actuación de Christian Penalba, una voz joven de la música tradicional valenciana.

La edición de este año también incluye cuatro talleres formativos que se celebrarán entre finales de junio y finales de julio con los siguientes títulos: ‘Introducción al flamenco mediante la guitarra clásica’ impartido por Paco Costa, guitarrista flamenco y creador de la escuela en línea www.guitarraflamencaonline.es, ‘Herramientas para la composición en estilo tradicional en el aula’ a cargo de Isabel Latorre; otro taller será ‘Canto de uso, géneros de baile y ritmos ibéricos’, que tiene como ponente a Raquel Cruces, y el cuarto taller será ‘Las músicas de la tradición mediterránea y balcánica: adaptación curricular y práctica en el aula de ESO y Bachillerato’, impartido por Abel García.

Spanish Brass y Carles Dénia. Foto de Ángel Tejo.

“Las redes producen una polarización exagerada”

València Thinks Global. Imaginem el futur (25 de junio)
La Nau de la Universitat de València
Encuentro online con Daniel Innerarity y Margarita Soler
Moderador: Antonio Ariño
Viernes 3 de julio de 2020

“No me esperaba que fuera a ocurrir esto y con estas dimensiones”, empezó diciendo el filósofo Daniel Innerarity. “Esos primeros días de marzo yo creo que vivíamos más pendientes de la crisis catalana, de la conformación del nuevo gobierno en España, de la precampaña en algunas comunidades autónomas y, en el ámbito más local, de las Fallas y de la asistencia de muchos aficionados al Valencia al super partido que se celebraba en Milán también por esas fechas”, apuntó Margarita Soler, presidenta del Consell Jurídic Consultiu de la Comunitat Valenciana. Lo subrayaron a modo de preámbulo de lo que después fueron desgranando en torno a la pandemocracia y el coronavirus, tema que los reunió virtualmente en una nueva edición de ‘València Thinks Global. Imaginem el futur’, organizado por la Nau de la Universitat de València.

Como a Innerarity y a Soler, a muchos ciudadanos nos ha sucedido lo mismo: que entonces no adivinábamos lo que se nos venía encima y ahora, pasado un cierto tiempo, todavía buscamos explicaciones que nos ayuden a comprender tamaño confinamiento provocado por el coronavirus. Innerarity y Soler, moderados por Antonio Ariño, vicerrector de Cultura, una vez descrita esa primera fase de estupor, fueron avanzando algunas interpretaciones. “Cuando empieza la pandemia, algún amigo me mandó una foto con una página de mi último libro, donde por lo visto digo que hay que tener en cuenta las futuras pandemias o las crisis financieras, y alguien me decía, tú ya lo sabías, y evidentemente no”, zanjó el autor de ‘Pandemocracia: una filosofía de la crisis del coronavirus’ (Galaxia Gutenberg), libro en torno al cual se articuló el encuentro.

Daniel Innerarity en un momento de su intervención.

“Lo que podía saber”, continuó, “es que nuestros sistemas políticos estaban muy mal preparados para la gestión de las crisis, fueran las que fueran. Segundo, que aunque esa crisis fuera, en buena medida, muy conocida, el contexto en el que se produce, de gran interacción, es realmente nuevo. De manera que sabía que iba a ocurrir algo que era imposible de predecir, pero nada más”.

“El comienzo de la pandemia viene de una parte del mundo donde la información no circula y entonces, probablemente, eso hizo que no lo valoráramos. Y hay otro factor que contribuyó a esta desvaloración y es el hecho de que vivimos un momento de la historia de la humanidad en el que nos creíamos menos vulnerables que nunca”, terció Soler. Y añadió: “Creíamos que la ciencia lo tenía casi todo controlado, al igual que las enfermedades, junto a una longevidad inaudita para la historia de la humanidad, y nos preocupaban más problemas como los robots humanizados. Nadie podía pensar que ante este virus, que conlleva una enfermedad tan letal y tan grave, la única solución que nos iban a dar era ponernos un trapito en la cara, lavarnos las manos y poner distancia”.

Margarita Soler en un momento de su intervención.

Para Innerarity, “el populismo desprecia la ciencia y hay al menos una parte del populismo que es terraplanista, muy despectivo del saber experto y que desprecia mucho el conocimiento; un populismo muy cateto”. Y una de las primeras cosas que esta crisis ha puesto en valor, según el filósofo, “es la importancia de la investigación, de la ciencia, del saber experto, en la toma de decisiones y la gestión de la crisis”. “A veces a la ciencia le pedimos más de lo que puede dar, porque la ciencia no consigue siempre satisfacer las expectativas que tenemos, y deberíamos prevenirnos frente a una futura decepción, que no tiene que ver con que haya o no vacuna, como con que la ciencia no es una disciplina humana que permita resultados en cuanto los demandamos”, apostilló.

Soler, Ariño e Innerarity en un momento del encuentro online.

Uno de los aprendizajes de la pandemia, según Soler, “es el valor de lo público”, al que aludió poniéndolo en relación con la escuela, siguiendo la estela del propio Innerarity. “Dejar a los niños en casa es lo más desigual que existe, porque existen muchas clases de casas y de familias y, por tanto, la socialización que supone la escuela es importante como elemento igualador. El espacio público se ha contraído más que nunca a lo privado. Hemos tratado de reproducir la vida social en casa. Esa frontera entre el espacio público y el privado se diluye. Y es una complejidad de nuestra democracia, por utilizar un término tuyo, para la cual nuestros modelos de democracias liberales no estaban preparados”, destacó la presidenta del Consell Jurídic.

“Era relativamente previsible que un terremoto de las características que estamos padeciendo dejara visibles nuestras vergüenzas, nuestras incoherencias, nuestras desigualdades, también alguna fortaleza porque no partimos de cero. Pero es evidente que las desigualdades que había se acrecientan, la subordinación de la mujer aumenta, y todo eso se agudiza”, explicó el autor de ‘La política en tiempos de indignación’. “Hace poco alguien llamaba la atención sobre el hecho de que la contaminación es lo único que va bien, porque cada vez hay menos, pero, claro, la solución no es parar el mundo, que lo hemos detenido de una manera brutal. Hemos metido el freno de mano con el coche a toda velocidad y, lógicamente, estamos dando vueltas”, agregó.

Maniquíes sin rostro en la calle. Foto: Makma

Margarita Soler se refirió también a la idea de Europa, “que sigue siendo válida y, aunque a suene a tópico, probablemente más necesaria que nunca”. Para luego precisar: “También es cierto que la Unión Europea carece de mecanismos de gestión eficaces. Requiere una estructura más federal. Un eurodiputado, en uno de esos discursos durante la pandemia que circulan luego por las redes, dijo que lo que tarda China en construir un hospital, nosotros tardamos no en celebrar una reunión, sino en convocarla. Europa está más pensada para consensuar cosas, que para decidir”.

Innerarity dijo que él siempre había concebido Europa “como un experimento, un laboratorio, en el que intentar la coherencia de algo que es muy difícil que sea coherente”. En su opinión, veníamos de mundos estatalmente organizados “y eso salta por los aires, de manera que nos encontramos en un mundo de fragmentos, de dispersión, de mala regulación, de corrientes informativas que no respetan las fronteras, pandemias a las que les da igual el derecho constitucional, y ese es el mundo que tenemos”. Dicho lo cual, se aventuró  a ofrecer una imagen positiva de esa Europa objeto de controversia: “En ese mundo surge una pequeña isla, un experimento ingenuo, voluntarista, torpe, lento, con retrocesos, avances y mezquindades de todo tipo que es la Unión Europea. Y a mí es un espacio en el que me gustaría vivir, no solo como ciudadano, sino también como filósofo que reflexiona sobre esto. Europa es el único lugar donde hoy en día se puede proceder exitosamente a una reconciliación de lo político, lo económico y lo social”.

Dibujo de un rostro en la fachada de un edificio. Foto: Makma

“En este sentido, seguramente a Europa le siente bien la pandemia, porque el virus no entiende de fronteras y ha afectado a todos los países”, aseguró Soler. “En este país hay una memoria que funciona tácitamente, en virtud de la cual se piensa que los grandes cambios políticos se deben a catástrofes naturales, atentados terroristas o crisis económicas y, por tanto, esto podía suponer lo mismo. Y en un primer momento de la crisis los actores políticos han jugado a esto”, hecho éste que Innerarity vinculó con un segundo momento: “Tiene que ver con otro factor que es el de la aceleración de los tiempos políticos. Así como a Mariano Rajoy se le permitieron dos fracasos, por así decirlo, ahora pienso que la mayoría de los líderes políticos que hay no soportarían una segunda derrota y eso hace que ellos mismos se comporten con una gran ansiedad”.

Un gato asomado a la ventada de un edificio. Foto: Makma

Ansiedad ligada igualmente a Internet: “Las redes sociales producen una polarización muy exagerada y esto coincide con otra característica y es el elemento fuertemente competitivo de nuestras democracias, frente a la escasa atención que prestamos al elemento cooperativo. Estamos en campaña electoral permanente, que se caracteriza por un momento de máximo antagonismo. Esto funcionalmente es muy correcto, porque en ese momento se trata de destacar sobre el otro, pero si eso se extiende como una mancha, produce una disfuncionalidad enorme”, resaltó el filósofo.

¿Que cómo saldremos de esta crisis provocada por la pandemia? Innerarity, lejos de rehuir la respuesta, esbozó otro escenario próximo que pasa desapercibido. “De la crisis saldremos menos, porque algunos se van a quedar por el camino, y con más tópicos. El problema es que estamos prestando mucha atención a esta pandemia, porque es muy evidente y sus daños muy inmediatos, mientras que la crisis climática, que parece más alejada en el tiempo y en el espacio, y parece que no nos afecta, pues nos olvidamos de ella. Estamos muy atentos a aquello que es ruidoso, evidente, inmediato y llamativo, y no tenemos detectores para lo latente, silencioso y callado”. Y concluyó: “La gran renovación de la democracia es hacer que el futuro tenga mayor peso en el presente”.

Margarita Soler y Daniel Innerarity. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

A la conquista de Almagro

43 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro
Del 14 al 26 de julio
Viernes 3 de julio de 2020

Cerca de cumplir medio siglo, en su 43 edición el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que se celebra del 14 al 26 de julio, abre un nuevo ciclo con la finalidad de acoger propuestas escénicas de otros países y comunidades españolas. Uruguay y la Comunidad Valenciana estaban propuestos como los primeros invitados pero por motivos obvios, el COVID-19 los uruguayos no podrán participar. En lo que respecta a València, los miembros de las compañías elegidas se disponen a pasar el test para subir con total garantía al histórico escenario. El objetivo de la fundación que organiza el certamen es descentralizar y dar una imagen más atomizada y plural del Siglo de Oro en diferentes idiomas y acentos.

La propuesta valenciana incluye una selección de lo mejor del Siglo de Oro valenciano. Textos canónicos como ‘Tirant’, coproducción del IVC y la Compañía Nacional de Teatro Clásico junto a piezas difíciles de etiquetar como ‘Espill’ de Jaume Roig, anterior al Siglo de Oro, un texto emblemático de los orígenes de la literatura valenciana. También se representará un montaje contemporáneo para público familiar en torno a personajes claves de la época, ‘El increíble asesinato de Ausiàs March’. Dentro del Certamen Barroco Infantil Tramant Teatre presenta ‘Las cartas del Quijote’, que forma parte del nuevo formato de programación en línea que tendrá este año el festival.  A la faceta teatral se suma la parte musical a cargo de Carles Dénia, del Cor de la Generalitat y Harmonia del Parnàs.

‘Tirant’, de Eva Zapico.

Otra nota valenciana al festival la aporta el arte magistral de Joaquín Sorolla. Su retrato de la actriz María Guerrero, cedido por el Museo del Prado, es la imagen de esta edición, bajo el lema ‘De mil gustos de amor, el alma llena’, verso de María de Zayas.

“La esencia de la programación de este año se basa en la pluralidad, esa visión panorámica y ecléctica que ayude a sacar de la cabeza del espectador que el Siglo de Oro es una única realidad”, dice Ignacio García, director del festival. “Almagro será una vez más la reserva natural del Siglo de Oro, el lugar donde más y mejores espectáculos de nuestra etapa áurea podrán verse a nivel mundial”.

En un formato más reducido que en años anteriores, el Festival de Almagro contará esta edición con diez espacios, cuatro de ellos escénicos: el Corral de Comedias, el teatro Adolfo Marsillach, AUREA y palacio de los Oviedo también habrá actividad en el Museo Nacional del Teatro, Espacio de Arte Contemporáneo, plaza Mayor (paseo de la Fama), patio de Fúcares, el coche de ‘El teatro de sus mercedes’ y el palacio de Valdeparaíso.

‘El increíble asesinato de Ausiàs March’, de Daniel Tormo y Anna Marí.

El viernes 17 de julio, a las 20 horas, se inaugurará el ‘Año València’ con ‘Tirant’, de Joanot Martorell, adaptado por Paula Llorens bajo la dirección de Eva Zapico. El 19 de julio, a las 13 horas se podrá escuchar al Cor de la Generalitat Valenciana y Harmonia del Parnàs en ‘Quien amores tiene’, bajo la dirección de Marián Rosa Montagut. Ambos espectáculos se verán en AUREA. El resto del programa del ‘Año Valencia’ se desarrollará en el Palacio de los Oviedo. CRIT Companyia de Teatre ofrecerá dos montajes teatrales: el 21 de julio, a las 22.45 horas ‘Espill’, de Jaume Roig adaptado por Anna Marí bajo la dirección de Pep Sanchis. El 22 de julio, a las 22.45 horas, ‘El increíble asesinato de Ausiàs March’, de Daniel Tormo y Anna Marí, bajo la dirección de Marí. Por último, el 26 de julio a las 22.45 horas se podrá disfrutar del concierto ‘Cant espiritual’ de Carles Dénia.

“La obra ‘Espill’ es tremendamente misógina pero expresa muy bien el caracter valenciano”, dice Daniel Tormo. “Es un retrato satírico de la sociedad de la época en el que todos salen malparados. Es un texto brillante y colorista como una falla”, comenta uno de los tres miembros fundadores de CRIT que presentará este verano en Sagunt a Escena un versión teatral de ‘Entre visillos’ de Carmen Martín Gaite, con el título ‘La ciudad de escarcha’.

‘Tirant’, de Eva Zapico.

Bel Carrasco

El fantasma de Franco sigue relinchando

#MAKMAExposiciones | ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museo 2, València
Hasta el 31 de agosto
Jueves 2 de julio de 2020

Franco murió en la cama y no, como sucedió con otros dictadores, derrocado por la acción, más o menos revolucionaria, del pueblo acicateado por la oposición política. Se dice que ahí puede estar el malestar de tantos demócratas enojados con la pervivencia de su fantasma aún hoy en día. Hubo antifranquistas cuando el dictador vivía, pero no pudieron con él, de manera que luego se multiplicaron, una vez muerto, para salvaguardar la conciencia de todos los demócratas que lamentaron tan larga supervivencia rigiendo, durante 40 años, los destinos de España.

Obra de la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’. Foto de Manuel Molines por cortesía del Centre del Carme.

Es un hecho que duele. Como duele que la ley de Amnistía de 1977 se promulgara para extender ese griterío cómplice, en el que participaron no solo los partidos de derechas, sino los de izquierdas. “¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estando matando los unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?”, dijo Blas Camacho Zancada, del Grupo Parlamentario Comunista, en su intervención con motivo de dicha ley. “La amnistía liquida lo que ha sido considerado delito político por el anterior régimen. […] es el inicio de una nueva era de confianza”, aseguró Josep Maria Triginer Fernández, del Grupo Parlamentario Socialistes de Catalunya. Hasta Xavier Arzallus, como representante de la minorías catalana y vasca, aludió a ello: “Es simplemente un olvido, como decía el preámbulo de nuestra ley, una amnistía de todos para todos, un olvido de todos para todos”.

Obra de la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’. Foto de José Aleixandre por cortesía del Centre del Carme.

Con esos mimbres, es lógico que las imágenes ecuestres de Franco –de las que Jorge Luis Marzo, Matteo Guidi y Rebeca Mutell, del grupo de estudio GREDITS, se hacen cargo en la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’– sigan relinchando con fuerza, para escarnio de unos (los iconoclastas) y orgullo de otros (los iconódulos o veneradores de esas imágenes). Felipe González, presidente del Gobierno socialista, lo remató en 1985 con esta declaración contraria a la retirada de las efigies de Franco: “Hay gente que se ha propuesto intentar hacer desaparecer los rastros de 40 años de historia de dictadura: a mí eso me parece inútil y estúpido. Algunos han cometido el error de derribar una estatua de Franco; yo siempre he pensado que si alguien hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo tenía que haberlo hecho cuando estaba vivo”.

Todas estas declaraciones y muchas otras forman parte del libro que, a modo de catálogo, completa la exposición que el Centre del Carme acoge hasta el 30 de agosto. Una exposición en la que participan los fotógrafos José Aleixandre y Manuel Molines, aportando imágenes de esa iconoclastia vivida en València, la primera ciudad que retiró, en 1983, una de las nueve estatuas ecuestres de Franco repartidas por toda la geografía española. La de Barcelona, en 2016, fue la última, aunque todavía pervive la de Melilla.

Vista de la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“’Fantasma ’77′ explora la imagen monumental de Franco después de la muerte del modelo y la forma en que el Estado ha lidiado con ella. Si no podemos pedirle cuentas a Franco, ¿hay que pedírselas a sus imágenes?”, explicó Marzo, quien recordó una elocuente frase del director del Museu d’Història de Barcelona, Joan Roca: “No toquéis a Franco, porque tiene la facultad de despertar”. Quizás, como llevan apuntando algunos, porque en realidad murió plácidamente, sin que su muerte simbólica por efecto de la pugna política llegara a producirse nunca.

Los responsables de GREDITS (Grup de Recerca en Disseny i Transformació Social) apuntan, en uno de los textos del libro, que la iconoclastia y la iconodulia son las dos caras de una misma moneda. “Ambos fenómenos tiene que ver con la convicción de que la imagen ha asumido ciertas emociones procedentes, sobre todo, del modelo representado. Ese empoderamiento de la imagen puede considerarse intolerable, y por lo tanto se la ataca, o por el contrario, deseable”.

Vista de la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Y apuntan algo más que conviene tener muy en cuenta: “De cualquier modo, se nos presenta un problema de límites, de fronteras entre la realidad y la imagen, y de las funciones políticas de ambas en nuestra vida social. Pero existe una tercera vía donde las pasiones se relajan: el patrimonio”. “En nombre del patrimonio capamos el poder de las imágenes”, subrayó Marzo, advirtiendo del peligro que conlleva esa supuesta igualación de todas las imágenes, por cuanto se hace “desaparecer el horror en el océano del patrimonio”.

El interés de GREDITS por las políticas iconoclastas o iconófilas promovidas por la Administración tiene que ver a su vez con la “exploración del papel de las imágenes en la constitución de la memoria histórica y de su función política”, al tiempo que se preguntan: “¿Son las imágenes la memoria histórica? Y si es así, ¿qué implicaciones tienen? ¿Cómo la construyen?”. Y añaden, como no menos relevante, el hecho de que “esos fenómenos contribuyen a confirmar una suerte de patrón en la forma en que se gestionan: su fantasmización, la conversión de las imágenes supervivientes del franquismo en espectros hipócritas”.

La hipocresía aquí aludida es de nuevo, finalmente, referida por los responsables de ‘Fantasma ‘77’ cuando subrayan los poderes del modelo ecuestre mantenidos por la amnistía. “Toda política que esto instigue es una política hipócrita, que solo beneficia al modelo, al fantasma, que así puede pulular tranquilamente por el castillo sin temor a ser reconocido. Y un día, sin saber cómo, está comiendo con nosotros en la misma mesa”. Sin saber cómo o incluso sabiéndolo.

Obra de la exposición ‘Fantasma ’77. Iconoclastia española’. Foto de José Aleixandre por cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

“Los mitos son nuestro ADN literario“

#MAKMAEntrevistas | Javier Sierra
‘El mensaje de Pandora’
Planeta de Libros, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Apenas hace unos pocos meses que se declaró la pandemia y ya se han editado libros que analizan sus causas y consecuencias. Unos son ensayos y, otros, testimonios personales del confinamiento. ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra, elude las etiquetas. Fiel al enfoque del autor, se mueve entre la ciencia, la ficción y el género epistolar para enviar un peculiar mensaje de esperanza y curación. Al declararse el estado de alarma, Sierra aparcó dos proyectos para escribir en tiempo récord este mensaje, que enlaza el origen de los tiempos y la vida en la Tierra con el convulso presente. ”Ha sido el libro más fulgurante que he escrito en 25 años de carrera”, confiesa. “Como si su historia necesitara salir de mis manos y llegar al lector con premura”.

Arys, una joven cretense a punto de cumplir mayoría de edad, recibe una carta de su tía. Se la escribe en Atenas al final de la última pandemia vírica que sacude al mundo.  Sus páginas rememoran un viaje que ambas hicieron hace años, al sur de Europa. Francia, Gerona y las comarcas del Ampurdán fueron el escenario de una aventura cuyos recuerdos esconden claves que cobran sentido frente a la crisis sanitaria.

Portada de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

Da la impresión de que ha escrito este libro pensando en los jóvenes.

La protagonista del libro es una chica que acaba de cumplir 18 años, pero, en realidad, es una metáfora de lo que somos como sociedad. Una cultura que ha vivido una infancia prolongada creyendo que la muerte no era cosa suya y que, de repente, de forma global, ha sentido de cerca su amenaza. Es, por tanto, un relato dirigido a todo el mundo, pero poniendo énfasis en aquellos de nosotros que sabemos que todavía podemos hacer algo por este planeta tras la pandemia de la COVID-19.

¿Por qué, precisamente, el mito de Pandora?

Según los textos griegos clásicos, Pandora es la primera mujer. Zeus la envío a la Tierra con una caja que le prohibió abrir y que contenía todos los males. Ella la abrió y con ese acto terminó con la Edad de Oro de la humanidad. La historia de ese mito me recuerda una teoría científica propuesta por varios premios Nobel: que la vida y las enfermedades, dos caras de un mismo proceso, llegaron aquí en «cajas de piedra» que llamamos cometas, asteroides o meteoritos, y fecundaron al planeta como lo haría un espermatozoide con un óvulo 50.000 veces más grande que él. Y a partir de esa conexión, tuve un hilo narrativo maravilloso del que tirar.

Los mitos son «instrucciones en clave para garantizar la supervivencia de la especie». ¿No cree que el pensamiento racional y la tecnología los han borrado de la faz de la tierra?

La invención de la escritura hizo innecesario que nuestros antepasados recordaran de memoria grandes cantidades de versos y de historias. Los mitos se inventaron en esa época remota para encapsular informaciones importantes en ellos y que pudieran ser recordados con facilidad generación tras generación. Pero la llegada del alfabeto nos llevó a formulaciones cada vez más complejas, aunque también a olvidar muchos de esos «datos disfrazados» de los mitos. A mi me interesa mucho recuperarlos. Son nuestro ADN literario. Y eso no implica que la razón deba desdeñarlos; al contrario: debe estudiarlos con ahínco.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Que la vida haya brotado en nuestro planeta o proceda del espacio exterior, supone alguna diferencia?

Sí. Nos da una perspectiva mayor de lo que somos. O, mejor, de lo poco que somos en una galaxia que –acaba de calcularlo la Universidad de British Columbia— tiene seis mil millones de planetas tipo Tierra perfectamente capaces de albergar vida. Visto desde esa perspectiva, la vida es una especie de «infección cósmica». Y saberlo puede ayudarnos a determinar dónde aplicar vacunas que controlen a patógenos potencialmente agresivos.

El animal humano ha dominado a la fauna, sometiéndola a condiciones crueles para su provecho. ¿Se podrían interpretar las pandemias como una especie de venganza por estos excesos?

Existe un movimiento internacional llamado One Health que promueve una saneamiento de los mecanismos con los que tratamos a los animales. Su propósito no es solo mejorar sus condiciones de vida, sino salvarnos como especie. La COVID-19 es un virus zoonótico, que saltó de animales sacados de su hábitat natural y nos agredió. Es una lección que debemos aprender ya si no queremos enfrentarnos a ataques aún peores.

Apunta que anteriores pandemias afloraron aspectos positivos que hicieron progresar a la sociedad. ¿Cree que la COVID-19 va a traer, también, nuevos y mejores tiempos?

Traerá transformaciones que el tiempo dirá si son mejoras o no a nuestra forma de vida. Un ejemplo inmediato es el teletrabajo. Su implantación repercute directamente en la contaminación del transporte de las grandes ciudades y mejora el tiempo que compartimos con la familia. Pero su arraigo traerá más cambios, no todos necesariamente positivos. Habrá que esperar a verlo.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Qué dogmas vigentes hoy nos impiden avanzar en el conocimiento (y en el autoconocimiento)?

Sobre todo, uno muy arraigado: el convencimiento absoluto de que la naturaleza debe domesticarse y ponerse al servicio del ser humano. Lo hacemos sin pensar en ello, como si fuera un derecho. Y no lo es. No somos una criatura ajena a la naturaleza, ni tampoco superior a ella. Somos parte intrínseca suya. Si lo asumiéramos, la respetaríamos más y no la violentaríamos como acostumbramos.

‘La rebelión de los brujos’ es su libro fetiche. ¿Se considera heredero de Bergier y Pauwels?

Ellos son «hijos del 68». Mentes que propusieron un reordenamiento de la historia y una reevaluación de las competencias de la ciencia. Lo hicieron bien. Nos invitaron a pensar. Pero mi época es otra, y los desafíos de mi generación han variado. Ya no nos preocupa tanto lo que el hombre pueda destruir con el átomo, como lo que la naturaleza pueda hacer con nuestra civilización ante el cambio de ciclo que, intuimos, acaba de empezar.

Recuerda a su padre, cartero de oficio en Teruel. Los jóvenes ya no escriben cartas, sino mensajes mínimos. ¿Cree que eso, al igual que las nuevas tecnologías, afectará a sus procesos mentales?

Lo que expresamos es consecuencia de lo que pensamos. En eso no hay secretos ni dobles lecturas. Veo con preocupación esa banalización del lenguaje, porque está generando una pereza en el ejercicio de pensar. Y eso no es bueno para nuestra civilización. Por eso soy un ferviente defensor de las campañas de fomento a la lectura, de acercar a los jóvenes la cultura en todas sus expresiones, y de la exigencia educativa para formarlos en la lengua y su uso.

Javier Sierra. Foto: Asis G. Ayerbe.

Bel Carrasco

Nuria Rodríguez, tras los pasos de Humboldt

‘Sistema Humboldt. Pensar/Pintar’, de Nuria Rodríguez
Centre Cultural La Nau
Universitat, 2, València
Del 1 de julio al el 6 de septiembre
Martes 30 de junio de 2020

Nuria Rodríguez, artista y docente de la Universitat Politècnica de València, al igual que hace Andrea Wulf en su libro ‘La invención de la naturaleza’, le sigue los pasos al gran geógrafo alemán Alexander von Humboldt (1769-1859), para recrear en La Nau la emoción que suscita esa naturaleza indómita y, por ello, objeto de mediciones científicas incapaces de atrapar su misterio. Antonio Ariño, vicerrector de Cultura, fue quien comparó las pesquisas de Rodríguez con las de Wulf, sin duda apropiadas para reflejar el amor de ambas por el pensamiento y la vida de tan insigne botánico y cartógrafo.

«Era necesario medir y analizar la naturaleza, por supuesto, pero también pensaba que nuestra reacción ante el mundo tenía que depender en gran parte de las sensaciones y las emociones. Quería despertar el amor a la naturaleza», escribe Wulf en su libro sobre Humboldt. Amor a la naturaleza que destila igualmente Rodríguez en su exposición ‘Sistema Humboldt. Pensar/ Pintar’, que hasta el 6 de septiembre permanecerá en la Sala Acadèmia del centro cultural de la Universitat de València, una vez reanudada tras la pandemia que obligó a su cierre temporal. Un amor que sigue a rebufo el ideario del propio geógrafo alemán, cuando escribía que la naturaleza, según recoge Wulf, «había que experimentarla a través de los sentimientos».

Vista de la exposición ‘Sistema Humboldt’, de Nuria Rodríguez. Imagen cortesía de La Nau.

Esa mezcla de ciencia y arte, de diálogo entre obra pictórica y colecciones patrimoniales, de hondas reflexiones y no menos profundos deseos de ponerse en la piel de Humboldt, es lo que Nuria Rodríguez transmite en una muestra que reúne un centenar de piezas, entre pinturas, dibujos, videos, libros y diversos objetos. «He recorrido el litoral Mediterráneo con los ojos de Humboldt», dijo la artista. Y con esos ojos maravillados por el asombro del ilustre botánico, Rodríguez fue desgranando algunos de sus descubrimientos.

Por ejemplo: que el cartógrafo alemán visitó precisamente ese Mediterráneo del que dio buena cuenta y del que se nutre la propia artista para componer un «gabinetes de curiosidades del siglo XXI», estableciendo conexiones «entre lo analógico y lo digital», subrayando después algunos de los lugares concretos de su travesía. «Estuvo en Valencia del 5 al 8 de febrero de 1799, pasando la noche muy cerca de La Nau y anotando sus mediciones barométricas desde la Catedral de Valencia y el convento de Santa Clara», resaltó la artista, destacando que poca gente conocía este dato.

Vista de la exposición ‘Sistema Humboldt’, de Nuria Rodríguez. Foto: Irene Valdés.

También puso el énfasis en su paso por la venta de la Senieta en Cabanes (Castellón), espacio que, de ser visitado ahora por Humboldt, «se encontraría con Marina d’Or». «No tuvo que ver la explotación de la naturaleza», apostilló Ariño, dado que, según él, hablamos del «primer explorador que no es colonizador», por oposición al expedicionario capitán Robert Falcon Scott, «que sí lo es, puesto que va en misión comercial». «Humboldt inventó el concepto de naturaleza tal y como la conocemos hoy», agregó el vicerrector de Cultura.

Nuria Rodríguez dijo haber estado trabajando en este proyecto durante cuatro años, tiempo durante el cual adoptó el punto de vista del geógrafo, convirtiéndose en su alter ego. «Quise disfrazarme de historiadora de la ciencia y que el viaje acabara en pintura», que es su disciplina artística y mediante la cual explora esa naturaleza que le maravilla, siguiendo los pasos de alguien que sintió la «incertidumbre del mundo que estamos construyendo».

En este sentido, Rodríguez se refirió a «la figura del explorador que cualquiera puede ser», siempre y cuando abandonemos esa otra figura moderna del turista que, más que ver la naturaleza, la consume con las prisas que Humboldt no tuvo. El poeta Ralph Waldo Emerson dijo de él, según recoge Wulf, que sus ojos eran «telescopios y microscopios naturales» con los cuales memorizaba y cartografiaba cada fragmento de la naturaleza, para conectarla con el ancho mundo.

Algunos visitantes contemplando la exposición ‘Sistema Humbolt’, de Nuria Rodríguez, cuando fue inaugurada en marzo antes de la pandemia.

«La naturaleza [para el botánico alemán] era una estructura viva de relaciones», apuntó Ariño. Relaciones que Nuria Rodríguez establece entre el fondo patrimonial de la Universitat de València, del que ha seleccionado volúmenes y documentos de carácter científico, y sus propias pinturas de gran formato, síntesis poética del trayecto recorrido en la compañía imaginaria de Alexander von Humboldt. «Buceo en los fondos patrimoniales de la universidad para crear un relato», indicó la artista. Un relato asombroso en el que los cálculos y mediciones científicas están al servicio del carácter poético que atraviesa el conjunto expositivo.

«Humboldt fue el primer científico que habló del nocivo cambio climático provocado por el ser humano», señala Wulf en su libro. He ahí la actualidad de su figura. Nuria Rodríguez, al hilo de su catalogación obsesiva, se pregunta por qué coleccionar todas las montañas, todas las islas, todas las piedras, todas las plantas, todas las palabras, todas las cosas, una y otra vez. Y ella misma la responde ofreciendo la narración maravillada de su búsqueda.

Nuria Rodríguez y Antonio Ariño, junto a algunas de las obras de la exposición ‘Sistema Humboldt. Pensar/Pintar’, de Nuria Rodríguez. Imagen cortesía de La Nau.

Salva Torres

«La especie humana tiene una profunda tara»

‘Tóxikas’, de Pilar Pedraza
Cazador de Ratas Editorial, 2020
Domingo 28 de junio de 2020

Algo en apariencia tan inocente como ir a comprar comida puede convertirse en una experiencia terrorífica. Es lo que ocurre cuando te dejas guiar por una escritora adicta a lo dark, cliente asidua de un mercado con mucha molla: el Central de València. Pillemos, pues, el carro o la bolsa para emprender una expedición que nos pondrá los pelos como escarpias pero con un sonrisa en los labios. Hablamos de ‘Tóxikas’ (Cazador de Ratas Editorial), una colección de doce relatos de Pilar Pedraza con una portada de Mariana Palova no apta para veganos y prólogo de Luis Pérez Ochando. Bajo una capa de ligereza y humor con visos costumbristas Pedraza vuelve a maravillarnos con su peculiar visión de la realidad cotidiana, mientras pone el dedo en la llaga y hurga en la herida. Desfilan insectos comestibles, gallinejas, carne de potro, lironcillos y hasta un crucero con fiesta sorpresa. Pedraza combina su pasión por un barrio, el del Carmen, del que dice que sólo la sacarán «con los pies por delante», con recuerdos de su infancia, de sus viajes y pinceladas cultas, que para eso es una autora de culto. Una  delicatessen que estimula el apetito y te deja con ganas de más. 

Un viajero muy famoso cuyo nombre no recuerdo dijo que para conocer una ciudad hay que visitar sus mercados. ¿Qué visión ofrece para usted el Mercado Central?

El gran Mercado Central me ofrece, y yo la devuelvo ficcionalizada, una visión mística, nada que ver con ‘El vientre de Paris’, de Emilio Zola, al que admiro profundamente. Un mercado como el que usted menciona es para mí y para ‘Tóxikas’ una catedral profana y un museo mundial del bodegón. Me inspiro en el de Valencia, aunque no sea realmente ese en concreto el que describo, porque es uno de los más hermosos del mundo y también porque disfruto de él todos los días.

Portada de ‘Tóxikas’, de Pilar Pedraza.

Convierte un inocente ‘ir de compras’ en pretexto para denunciar los excesos del capitalismo y las represiones ocultas de nuestra sociedad. ¿Cómo fueron surgiendo estos relatos?

Lo que hay en ‘Tóxicas’ no es propiamente denuncia social, sino sarcasmo, a veces, y otras simplemente regodeo y humor negro; es decir, literatura fantástica. Los relatos fueron surgiendo desde hace un tiempo como pequeños textos en la revista La Charca Literaria, dirigida por Pere Montaner. Al final de la temporada, los recogí, los trabajé a fondo y los agrupé temáticamente con cierto orden: del nacimiento monstruoso a la muerte y sus vanas pompas fúnebres. Me ayudó en el intento mi amigo Luis Pérez Ochando, que es el autor del prólogo y a quien estoy muy agradecida por su apoyo.

Sobrepeso, obesidad, sedentarismo por una parte, y por otra anorexia y obsesión extrema por el culto al cuerpo. ¿Por qué lo alimenticio ha degenerado en enfermedad?

Yo creo que la especie humana en sus ramas hegemónicas blancas, y en su mal llamada sociedad del bienestar, tiene una profunda tara en la configuración del deseo. En otras palabras: no sabe lo que quiere y se deja llevar por el capitalismo, que es ciego e inhumano y adopta formas y modas monstruosos o ridículas. No toco ese tema en ‘Tóxikas’, que no es en absoluto un libro sobre la alimentación y sus aberraciones, sino un fantaseo sobre la visión de las cosas y de sí misma de la protagonista, que camina por el mundo con el inconsciente a flor de piel. Trabajo la mente y la memoria, no el cuerpo biológico. 

Menstruación, embarazo, lactancia, menopausia… Por motivos biológicos, la mujer está más familiarizada que el hombre con las miserias de nuestra propia carne. ¿Cómo cree que ha influido eso en la perpetuación de la sociedad patriarcal?

Compleja pregunta que responderé brevemente. Tengo una amiga de gran cultura y talento que, cuando entró en la menopausia, me confesó: “¡Ay, Pilar, por fin soy un hombre!”.

Para compensar los trabajos de la procreación parece que la naturaleza otorga al género femenino una ancianidad más apacible que al hombre. ¿La mujer, cuanto más vieja, más sabia y bruja?

Eso son tópicos, pero algo de realidad hay en ellos: la mujer es superior al hombre en muchos aspectos de la vida, especialmente en los referentes al cuerpo y a lo emocional, sin que ello quiera decir que yo sea sexista. Todo lo contrario: mi feminismo es igualitario y socialista. Por otra parte, hay viejas que ni sabias ni brujas, y viejos maravillosos. El problema es el supremacismo machista ahora llamado patriarcado. Una viuda mayor suele ser feliz, monta un club de lectura, hace yoga o se entretiene con sus nietos; un viudo, es un desastre, se encuentra perdido en la realidad de la vida porque no está entrenado para gestionarla. 

Pilar Pedraza, con mascarilla en estos tiempos de pandemia. Imagen cortesía de la autora.

El mundo, el demonio y la carne. Según la religión católica son los tres enemigos del alma pero la carne va en tercer lugar, así que tampoco es para tanto.

Tiene razón, pero con la misteriosa “carne”, la iglesia se refiere al sexo, que está muy sobrevalorado a causa de las obsesiones del catolicismo hipócrita y que, mayormente, lo practican los curas abusando de los chicos. Aunque esté la última en la tríada, válgame Dios la lata que ha dado la “carne” católica a hombres, mujeres y niños.  

Ahora que la Iglesia no nos tortura tanto con sermones y dogmas, tenemos que lidiar con fanáticos de todo tipo que nos dicen lo que tenemos que comer y pensar.

Yo paso de todo tipo de talibanes y talibanas religiosos o culturales. Soy hija de la Revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad (o sororidad). Pienso y escribo a mi aire; a mi edad no necesito el nihil obstat de nadie por mucho que ese alguien crea estar en posesión de la verdad. Yo ya tengo mi verdad y bien que me la he currado. La mía es feminista, igualitaria, socialdemócrata, pacifista y ecologista, y su única meta mi felicidad y la de quienes me rodean. Paso de dar doctrina y de recibirla.

¿Le gustaría reencarnarse?

¡Oh, sí! En guepardo de la sabana en Tanzania, corriendo tras las gacelas Thompson. Siempre que veo a un guepardo ponerse a 100 kilómetros por hora en segundos, me entra una envidia tremenda.

¿Se puede vivir sin teléfono móvil?

Se puede y, quizá, se debe, si prefieres la felicidad a la ansiedad. No conozco adminículo o utensilio más inútil y virulento. Hice mi tesis doctoral sin móviles, sin ordenadores y sin Internet. La fotocopiadora era nuestro único lujo y correr perseguidos por los “grises” nuestro deporte. Comprendo perfectamente que estamos inmersos en un cambio profundo y que yo pertenezco todavía a la contracultura, que era la cultura de verdad según nosotros mismos, y que ahora ya no la conoce ni quien la inventó. Pero con móvil o sin él, soy fan de Internet, Google es mejor que la Enciclopedia Espasa, y yo, por ahora, tan joven como el que más.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco