La dificultad de ser uno mismo

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 26 de marzo de 2017

“Todo arte procede de terroríficos fracasos y terroríficas necesidades que tenemos. Trata de la dificultad de ser uno mismo”. Lo dice Louise Bourgeois en la antesala de la exposición ‘Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú’, que sin duda es aplicable al propio artista homenajeado por el IVAM. “Algunos creen que el arte es una forma de entender el mundo. En mi caso, siempre fue la manera de no entenderlo, de no oírlo”, comenta Espaliú en esa misma antesala. De manera que Espaliú persona y Espaliú artista se dan la mano en esa obcecación por hacerse un hueco en un sistema social “impuesto del que estamos excluidos [los homosexuales] con el que nada tenemos que ver”, apostilla.

Círculo íntimo. El Mundo de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

Círculo íntimo. El Mundo de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

José Miguel Cortés, director del IVAM, resumió el quehacer artístico de Espaliú, ligado a su intensa vivencia personal, como atravesado por “una profunda soledad”. Soledad que atraviesa las 75 obras expuestas en la Galería 1 a modo de círculo, que arranca con referencias a Bourgeois, Cristino de Vera, Robert Mapplethorpe, Marcel Mariën o Joan Brossa, y finaliza con las jaulas que evocan de nuevo a Bourgeois y sus celdas, sin caer en lo siniestro de la artista francesa. “No tiene una visión pesimista, sino que habla de la capacidad de liberación del ser humano”, explicó Cortés.

Fallecido prematuramente a causa del sida con tan sólo 38 años, Pepe Espaliú (1955-1993) hizo de la enfermedad no un estigma, sino un acicate para reivindicar mediante el arte (“mi gran coartada”) su “diferente forma de ser y de amar”, como señaló el propio artista. Diferencia de la que se empapó su corta pero intensa trayectoria, caracterizada por lo “poético y reivindicativo”, subrayó Cortés. Reivindicación más que política “micropolítica”, porque, según precisó el director del IVAM, Espaliú se centró en lo que afecta a nuestras vidas, “pero no de un modo panfletario”. “No grita, sino que lo dice todo con silencios y soledades”, agregó Cortés.

Rumi, de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

Rumi, de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

La celebración del Día Mundial del Sida (1 de diciembre) y la inauguración de la muestra de Pepe Espaliú no fue pura coincidencia, sino un acto premeditado de homenaje del IVAM a su figura. “Entendemos que su obra no está circunscrita al sida, sino que se refiere a cualquier enfermedad” y al dolor “ya sea físico o psicológico”. Por eso  hay muletas, que lejos de sostener el cuerpo malherido dificultan su andadura dada la pesadez de la pieza, máscaras y caparazones, a modo de refugio frente a esa sociedad “que no nos concierne”, escribe el artista, ni políticamente ni desde el modelo religioso reaccionario contra la homosexualidad.

“Extraña contradicción: dibujar ausencias, definiendo así la más entera presencia”, señala Espaliú poéticamente. Ese tenso diálogo entre lo ausente y lo presente atraviesa igualmente la exposición, dibujando ese círculo en el que parece atrapado el artista que se atrevió a revelar públicamente haber contraído el sida, en unos años en que la enfermedad era objeto de oprobio. “Su obra es un canto a la libertad”, sostuvo Cortés, quien explicó el sentido de las jaulas que cierran el recorrido expositivo como fruto de un encierro siempre abierto.

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú, en el IVAM.

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú, en el IVAM.

En el video ‘El nido’, Espaliú se va despojando de su ropa hasta quedarse desnudo para construir en lo alto de un árbol el nido al que alude el audiovisual. Un nido apegado a la naturaleza íntima y contradictoria de un artista que veía en la desnudez cierta verdad primigenia, de ahí su malestar en la cultura. Y en ‘Carrying’, el artista es transportado en brazos por diferentes parejas de personas, en una acción reivindicativa de denuncia contra quienes marginaban a los enfermos de sida. Al final del trayecto, realizado descalzo, toma tierra mostrando su fragilidad y su fuerza, ya que en la acción desarrollada en su día en Madrid terminó abriendo con sus pies desnudos las puertas del Museo Reina Sofía donde concluía el recorrido.

Toda la obra de Pepe Espaliú se halla movilizada por esa fragilidad del individuo inadaptado socialmente, que encuentra en el arte una forma de mostrar su extrañeza, la dificultad de la que habla Bourgeois de ser uno mismo. Dificultad que, en palabras del propio Espaliú, tenía mucho que ver con el límite existencial “que siempre rondé sin conocerlo del todo”.

Tres jaulas de Pepe Espaliu. Imagen cortesía del IVAM.

Sin título (Tres jaulas), de Pepe Espaliu. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Confesiones matrimoniales

Ciclo Cine y Mujer. Grandes Directoras del Cine Español
Organiza: Junta Municipal de Ruzafa.
Colabora: Imprevisual Gestión Cultural
Función de Noche, de Josefina Molina
Imprevisual Galería
C / Dr. Sumsi, 35. Valencia
Jueves 6 de octubre, 2016, a las 19.00h

“Esta tarde Juana me ha dejado en la puerta del teatro. Sin avisar, hoy miércoles 16 de septiembre, Daniel ha venido a verme. Hacía por lo menos un año que no nos veíamos. Pasó al camerino entre función y función. Y mientras yo cenaba, hemos hablado. Hemos hablado mucho. De repente, he sido capaz de decirle lo que tanto tiempo he tardado en confesarme a mí misma. Y me siento vacía”.

Con estas palabras de la actriz protagonista Lola Herrera se inicia Función de Noche, esta rara avis dentro de la cinematografía española dirigida por Josefina Molina en 1981.

Función de noche relata esa confesión. Confesión que Lola Herrera mantuvo en ese camerino del teatro con su ex marido el actor Daniel Dicenta. La cámara de Josefina Molina capta las desgarradoras palabras que Lola Herrera y Daniel Dicenta se confesaron sobre su vida, sus deseos, sus frustraciones y, sobre todo, sobre su fracaso matrimonial. Una confesión catártica, atravesada por palabras de dolor, de miedo, de angustia, de rabia, de impotencia. Sobre todo para esa mujer, Lola Herrera, que al igual que Daniel Dicenta, se interpretan a sí mismos.

Una confesión de una hora y media grabada en directo y sin cortes.  Confesión que en su tramo final Lola Herrera inicia atrapada en un llanto sufriente y termina con un tono de  serenidad y esperanza.

“Esperaba todo del matrimonio. Me sentí tan mal, porque pensaba que era una mierda. Tengo un complejo que me muero, no me acepto. Nos han estafado. Me he estafado. Tengo 46 años y ya no voy a descubrir el amor. (…) Yo quiero un futuro; sola. No creo en el hombre (…) Quiero tener paz. Mi vida ha sido una guerra. Me he comprado una casa en el campo. Quiero irme allí. Quiero tener paz”.

Lola Herrera en un fotograma de 'Función de noche', de Josefina Molina.

Lola Herrera en un fotograma de ‘Función de noche’, de Josefina Molina.

Mirada feminista

Una confesión que Josefina Molina narra desde el hacer cinematográfico del cinéma vérité. Un hacer cinematográfico documental que quiere atrapar con una espontaneidad expresiva y en tiempo real la verdad de la realidad. La directora, a través de la estética documental del cinéma vérité, mostró la verdad de una confesión matrimonial y dio voz, a través del personaje real de Lola Herrera, a una mujer a la que no habían escuchado, ni se había escuchado nunca.

Josefina Molina ha declarado en numerosas entrevistas que la película “sólo tenía una pretensión: hablar de una generación de mujeres. Con la utilidad que pudiese servir a esas mujeres para reflexionar, saber sobre su propia vida y ser testimonio de una época, de una forma de educar a las mujeres y de las vivencias, relaciones entre hombres y mujeres en aquella época de la dictadura”.

Una pretensión muy acorde con el planteamiento de las directoras feministas norteamericanas y alemanas de la década de los setenta. Unas directoras, avaladas por el movimiento feminista, que realizaron documentales de corte social o intimista donde las mujeres protagonistas contaban sus experiencias de la vida, del trabajo, de la política, de la sexualidad con  el intento de concienciar a la audiencia de la opresión y dirigirla hacia una acción política feminista. Función de Noche, el documental de Josefina Molina, transpira conciencia y mirada feminista.

Fotograma de Función de noche, de Josefina Molina.

Fotograma de Función de noche, de Josefina Molina.

Begoña Siles

The Ritual Box o esa oscura claridad

The Ritual Box
Sala de Exposiciones de Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Hasta el 16 de mayo

‘The Ritual Box’ reune en la Sala de Exposiciones de Espai Rambleta a diferentes y polifacéticas personalidades del mundo del arte como Nadine Byrne, Pil&Galia Kollectiv, Ben Russell y Javi Moreno. El proyecto, comisariado por Johanna Caplliure y José Luis Giner Borrull, incide en la determinación del centro cultural valenciano de ahondar en el arte contemporáneo y de vanguardia.

La intención de ‘The Ritual Box’ es caminar a través de una serie de artistas que basan sus obras en la creación de una poética de lo oculto. La “oscuridad” es utilizada para ofrecer un nuevo entendimiento sobre los acontecimientos o experiencias vividas en la sociedad actual.

Javi Moreno en un instante de su performance en 'The Ritual Box'. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Javi Moreno en un instante de su performance en ‘The Ritual Box’. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Se trata de prácticas con una gran expresividad y contundencia crítica, donde la acción a través de rituales corporales invitan a abandonar la realidad preestablecida y así liberarse de los prejuicios de la tradición imperante hacia una puesta del cuerpo como vía de autoconocimiento primero y lugar de agenciamiento después. Por lo tanto, la danza, la performance, la música y la palabra como parte del cuerpo se encuentran como los modos de proceder de los artistas en ‘The Ritual Box’.

La Sala de Exposiciones de Espai Rambleta se convierte en una caja en la que dar cabida, en este caso no a objetos, sino a un ritual experiencial a través de las actuaciones semanales  (1, 11, 18, 25 de abril y 16 de mayo) de estos cuatro artistas. ¿Te atreves a entrar en la caja?

Cartel anunciador de 'The Ritual Box'. Cortesía de Espai Rambleta.

Cartel anunciador de ‘The Ritual Box’. Cortesía de Espai Rambleta.

La performance inaugural, a cargo del artista Javi Moreno, tuvo lugar el miércoles 1 de abril. Javi Moreno (Alicante, 1982), artista representado por la Galería SET, retoma el papel del mago o la bruja, estigmatizados socialmente por su poder de invocación, para evidenciar la magia como herramienta libertaria y la brujería como política.

La programación completa de ‘The Ritual Box’ es la siguiente.

1 Abril: Inauguración. Presentación equipo de La Rambleta y de los comisarios: Johanna Caplliure y José Luis Giner Borrull. Performance: Javi Moreno
11 Abril: Conversación de los comisarios con Pil&Galia Kollectiv. Proyección: ‘The Future Trilogy’.

18 Abril: Performance de Pil&Galia Kollectiv con la participación de artistas locales.
25 Abril: Conversación con los comisarios sobre el trabajo de Nadine Byrne. Proyección: ‘Dream Family.
2 Mayo: Performance: Nadine Byrne.
9 Mayo: Conversación con los comisarios sobre el trabajo de Ben Russell. Proyección: ‘Black and White Tripps Number Three’.
16 Mayo: Performance: Ben Russell

Todas las actividades comienzan a las 20.30h en la Sala de exposiciones de La Rambleta.

Ben Russell. The Ritual Box. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Ben Russell. The Ritual Box. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965′ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco

Iñaki Torres, a tientas en Lotelito

‘Tanteando lo desconocido’, de Iñaki Torres
Lotelito
C / Las Barcas, 13. Valencia
Inauguración: miércoles 10 de septiembre, a las 19.00h
Hasta el 5 de octubre

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Se cuenta que Garbelli, un famoso boxeador, iba camino del cuadrilátero donde debía disputar un combate en Los Ángeles. De pronto, salió de entre la multitud un negro enorme, se abalanzó sobre él y apretándole entre sus brazos comenzó a besarle. Sin parar de sollozar, le dijo: “Soy tu adversario y te quiero”.

Hay artistas que se comportan igual ante una obra. Cogen la tela o el lienzo, lo miran, saben de la dificultad que supone liberar lo que lleva dentro y, aún así, aman esa adversidad porque, en el fondo, les sostiene en vida. Más que doblegar el arte a su voluntad creativa, simplemente se entregan al combate como si fuera su tabla de salvación. Y al igual que el púgil negro amaba a quien le vencía, el tipo de artista del que hablamos sostiene con su obra una idéntica pasión redentora.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres, parte de cuya obra se podrá contemplar en Lotelito a partir del miércoles 10 de septiembre, mantiene un mismo talante o espíritu creativo. Él mismo lo ha dicho en más de una ocasión: “Cuando yo pinto, no busco nada concreto”. Podría decirse de otra manera, sintetizando sus palabras: “Yo no pinto nada”. Entiéndase bien: pintar pinta y mucho, pero es su yo el que no pinta nada, el que debe retirarse para que exista la posibilidad de, sin buscar “nada concreto”, que “algo” pueda emerger desde el fondo de la tela.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Tarea sin duda prolija. Someterse a los dictados del lienzo requiere mucha paciencia y entrega, dos cosas que precisamente escasean en nuestra sociedad contemporánea. La paciencia, porque todo son prisas. Y la entrega, porque el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, que diría Freud, impide la escucha del otro, en este caso la obra, desprovisto de cuerdas y amarres.

Iñaki Torres lo hace. Algunas de las obras expuestas han sido realizadas en Almería, allí donde el silencio se oye. Otras, en su casa de Bilbao. Y siempre, siempre, buscando las condiciones para que ese yo, tan necesario en la vida cotidiana, deje en el terreno del arte de pintar “nada concreto” y se limite a dejarse guiar por los dictados de la tela. De nuevo, el propio artista: “No entiendo la pintura como una búsqueda”. Sometido el yo, resignado a la suerte que le deparan tanto la paciencia como la entrega, no cabe búsqueda alguna; tan sólo esperar acontecimientos.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Porque eso es lo que nos deparan las obras de Iñaki Torres: una especie de acontecimiento. Puede ser más o menos luminoso, más o menos logrado, pero acontecimiento al fin. Es decir, algo que acontece de forma imprevista. Para lograrlo, el artista se deja llevar, aventurándose por caminos adonde el yo no llega. Prueba diversas materias y colores, a tientas, creando un manto de niebla sobre el lienzo. Y a medida que avanza con los dedos y pinceles por esa bruma creativa, algo empieza a emerger y, antes de que llegue a ser nítido, se queda unos instantes en la superficie del cuadro para enseguida desaparecer. Esa extrañeza perdura en todas y cada una de sus obras.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres tantea la imagen explorando su misterioso vaivén. Él habla de difuminarla hasta que no queden de ella “más que unos pocos granos”, los suficientes para descubrir sus trazos, “la cosa que muestra y oculta al mismo tiempo”. Y es así, un tanto a la deriva, como el acontecimiento aflora en su obra. Aflora yendo de una orilla a otra, sin quedarse en ninguna, como temiendo ser atrapada la imagen por alguna conclusión apresurada. “Sin embargo, a veces se encuentra”, dice el artista.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

No esperen, en cualquier caso, encontrar algo definido, mucho menos definitivo. En la obra de Iñaki Torres todo acontece entre opuestos: colores brillantes y opacos; superficies en calma y agitadas; naturaleza exterior e interior, turbia y sosegada. Parafraseando a Machado, la obra de Iñaki Torres no existe de entrada, se va haciendo al caminar que, en su caso, es pintar. No hay un camino “concreto”, sino los muy borgianos senderos que se bifurcan. La obra expuesta en Lotelito son aproximaciones, pistas que él da para aventurarse en su pintura. Ya queda dicho: ninguna búsqueda de por medio. Abrazado al lienzo, Iñaki Torres explora aquello que más ama: la libertad de crear.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres