La incierta identidad de Martín y Sicilia

Dime quién soy y te diré quién eres, de José Arturo Martin y Javier Sicilia
Galería Kir Royal
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: viernes 20 de noviembre, a las 20.00h

José Arturo Martin (Tenerife, 1976) y Javier Sicilia (Tenerife, 1971) son dos artistas que trabajan como equipo desde 1995 y que presentarán su última exposición titulada ‘Dime quién soy y te diré quién eres’, en la Galería Kir Royal en Valencia el próximo día 20 de noviembre.

Martin y Sicilia trabajan indistintamente en pintura, dibujo, fotografía o instalación. Su obra se caracteriza por desarrollar imágenes narrativas o escenográficas, protagonizadas por los propios artistas como actores-iconos, que se exponen en situaciones aparentemente cotidianas, pero cuya lectura en clave irónica pone en debate temas de índole política como la crisis del capitalismo, el postcolonialismo o el miedo como instrumento político; en relación con asuntos como la decadencia de la masculinidad o la crisis de la identidad.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Dime quien soy y te diré quien eres reúne una serie de obras que abordan el problema de la identidad en el contexto de la incertidumbre contemporánea, haciendo especial hincapié en la problemática, que les es tan cercana, de la construcción de un ‘Yo doble’.

La caída de Lehman Brothers en 2008, que inició la crisis económica, cogió a Martin y Sicilia retratándose como supervivientes de accidentes de tráfico o de ataques violentos o pequeñas catástrofes domésticas. Desde entonces, el desmantelamiento del estado del bienestar ha eliminado todas las certidumbres (trabajo fijo, una casa propia, un buen coche y una familia estable) que solían acompañar los proyectos de vida de los europeos, así que vivimos ahora un periodo de indeterminación en la que todos los modelos vitales deben volver a reinventarse. Los proyectos colectivos parecen una imposición en un mundo donde una sola persona difícilmente genera ya recursos suficientes para la autorrealización.  Martin y Sicilia reflexionan sobre este proceso dibujando su propio proceso de reinvención.

El desmonte del bienestar, la creciente banalización de los intereses vitales producto de la triunfante civilización del ocio, el descreimiento de las ideologías y de las utopías, son evidencias de un mundo en decadencia,  habitado por individuos desencantados en los que el consumir se convierte en un consumar su existencia.

El capitalismo cultural ofrece sistemáticamente la imagen de una sociedad brillante y atractiva, triunfante en su capacidad tecnológica y en sus alardes estéticos. Martín y Sicilia escenifican su reverso, el cementerio de automóviles como la imagen de la decadencia cuyos habitantes tratan de reinventarse como individuos, de rehacer su identidad mirándose en el espejo del otro, de buscar un camino después del accidente.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Ramiro Carrillo

ARCO y zombies

ARCO Madrid 2015
Del 25 de febrero al 1 de marzo de 2015

Hay quien cree que no ha pasado nada y por eso actúa como si nada hubiera pasado. Visitar ARCO hoy es una experiencia muy parecida a la que podía tenerse cuando se visitaba ARCO hace pongamos 25 años. Demasiado parecida. Es cierto que en su andadura la Feria ha pasado por momentos variopintos en cuanto a su oferta se refiere, pero en cualquier caso, y salvo alguna rara excepción, siempre ha predominado el aspecto comercial, que es por otra parte el que confiere sentido al evento.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Así pues, el ARCO de este año podría ser calificado de sobrio; sí, sobrio; hay quien diría elegante pero yo no llegaría a tanto. Y por sobrio entiendo una disposición de stands muy ordenada y racionalista y una selección de galerías cuya oferta podría calificarse de clásica; entendiendo por clásica esa producción que fundamentalmente se encuentra destinada a cubrir paredes y algún que otro hall exquisito.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad? Y es aquí donde no queda otro remedio que ponerse antipático.

ARCO siempre es el producto de su director y de su equipo. Y cada edición es el resultado de una decisión. Yo lo he visitado y conocido el mismo día de la inauguración, que como es sabido sólo se encuentra abierto a profesionales. Precisamente es en este punto donde se encuentra la clave de la tesis que quiero plantear, en eso que pueda colegirse del concepto «profesionales».

Para empezar yo diría que hay un sector muy amplio y con muchos intereses dentro del mundo del comercio del arte que sigue creyendo que el arte es lo mismo de hace 30 años. O dicho de otra manera, que sigue sin percatarse de los radicales cambios que se han producido en la sociedad civilizada desde que apareció la primera verdadera promoción de nativos digitales; que además coincide en fecha con la determinante caída de Lehman Brothers.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Para que la feria obtenga un aspecto u otro, lo primero que hace cualquier comité es determinar la interpretación que del concepto Arte hace dicho comité (de hecho las variables que durante su existencia nos ha proporcionado la Feria de Arte se han debido a la diferente forma de interpretar ese concepto; y para eso está el director y el comité de selección, siempre tan controvertido). Pero para que la feria obtenga su sentido la organización debe asumir, en primera instancia, que lo expuesto debe ser vendible. Y entender el arte como un producto elitista (en sus diversos grados, pero elitista), o sea, debe seguir creyendo en el carácter sagrado del producto expuesto que resulta desproporcionadamente caro en comparación a otros productos cuya función se encuentra más clarificada.

Y es aquí donde ARCO me parece una feria absolutamente desfasada. Pero no desfasada por su contenido sino desfasada por su propia existencia en la medida en que nada tiene ya que ver lo allí expuesto y ofrecido con lo que vive toda esa avalancha de nativos digitales que desde 2007 se nos ha venido encima.

Y es que ese carácter lineal que nos inculcó un entendimiento hegeliano de la Historia hacia el despliegue del Espíritu Absoluto ha tocado a su fin. Y muerto el perro se acabó la rabia. Sin Historia no hay posibilidad de Arte. Y por eso la inauguración de ARCO parecía un congreso de gerontología. ARCO ha decidido (o por mera supervivencia, o por puro convencimiento, lo cual sería mucho peor) que el público al que se dirige no puede ser otro que aquel al que su edad no le permite cambiar de hábitos. Es decir, la organización de ARCO ha decidido dirigirse a los que no les queda otro remedio en la vida que creer que no han hecho el primo durante toda su vida. Comprando a precios muy altos lo que muy poca gente estaría dispuesta a comprarle a ellos a precios muy bajos.

Ésta y no otra ha sido la elección de los organizadores: la de atraer a gente que está más cerca de la muerte que de su nacimiento. Así, una feria que exhibe un producto obsoleto (aunque más o menos interesante o decorativo) para gente que está medio muerta.

O por decirlo de otra manera: ARCO se dirige a quien no sólo tiene una casa… sino varias. Sin embargo los jóvenes de hoy ni la tienen ni la quieren, y en sus prioridades no se encuentra la de hipotecar su vida por una casa, sobre todo cuando no saben dónde les va a tocar vivir ni por cuánto tiempo. Su casa es inestable, por lo que sus paredes sólo pueden ser virtuales.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Alberto Adsuara

«La bajada del IVA afecta a unas élites»

La jungla de los listos, de Miguel Ángel Revilla
Editorial Espasa
De venta en librerías

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

Miguel Ángel Revilla, ex presidente de Cantabria y ahora escritor de relumbrón, acumula pelos en su todavía abundante cabellera y en su ya característico mostacho, pero carece de ellos en la lengua, que blande cual espada dispuesta a cortar cabezas, sobre todo las corruptas que dominan a su juicio el mundo. Se sienta tan campante y, en cuestión de minutos, disecciona la escandalosa realidad sin miedo a una posible réplica en forma de denuncia. “Nadie hasta ahora lo ha hecho, porque lo que digo es la pura verdad”.

Y lo que dice en las 237 páginas de La jungla de los listos es que el mundo se halla “en manos de empresarios corruptos”. Empresarios que han dejado de serlo, para convertirse en especuladores. Todo ello, claro está, gracias a la colaboración de una clase política entregada al poder que detenta esa oligarquía financiera. El Banco de Santander de Emilio Botín forma parte de ella, aunque Revilla, repartiendo mandobles, se explica.

“A BOTÍN HAY QUE HACERLE LA OLA”

“A Botín hay que hacerle la ola”, dice en respuesta a la obra que la Fundación Botín está realizando en la bahía de Santander, donde se construye el Centro de Arte como buque insignia de la proyección cultural de Cantabria. “Aquí no le juzgo como banquero, que es de la jungla de los listos, sino como alguien que deja un legado chollo para los cántabros”. Asumiendo que Botín “es un señor inmensamente rico” que, sin embargo, “mantiene su domicilio social en Santander, pagando lo que tiene que pagar”, Revilla sostiene que, “como casi todos los ricos al final de sus días, quiere dejar, en un alarde filantrópico, huella de su riqueza construyendo una magnífica obra con su dinero, y no con dinero del gobierno y de los contribuyentes. Ojalá tuviéramos 100 como él en Cantabria”.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo.

“ME VETARON EN CANAL 9”

De la Comunidad Valenciana, a la que vino a presentar su libro, dice que desde fuera se la ve como un lugar en el que “se han cometido excesos de nuevo rico”. Y cita los casos de la vela, de la Fórmula 1, del fútbol, de Calatrava. También de Canal 9. “El año pasado vine a presentar mi primer libro [Nadie es más que nadie] y me vinieron a buscar en taxi para una entrevista. Y resulta que cuando llegamos, alguien dio la contraorden de que no se me entrevistara, por lo que tuve que coger otro taxi que, eso sí, me pagaron, y volver al hotel”. “Creo que era una televisión muy manipulada”, agrega.

A pesar de manifestarse en contra de las televisiones autonómicas, por el coste que suponen, Revilla precisa que Valencia, “por su peculiaridad lingüística”, debería haberla mantenido. “Yo no la hubiera cerrado, pero, eso sí, dejándola en su justa dimensión, porque tenía una plantilla escandalosa”. Como le parece escandaloso que se baje el IVA del arte y no se haga lo mismo con el de los libros, el cine o el teatro. “La bajada del IVA demuestra que los que gobiernan lo hacen para determinadas élites. Porque, ¿cuántos compran cuadros, el uno por mil? Y, sin embargo, el 70% de la población consume libros, teatro y cine, y el IVA no se ha rebajado. Me parece escandaloso”.

“LA ÉLITE POLÍTICA ESTÁ AL SERVICIO DE LAS FINANZAS”

Como le parece escandaloso el “ejército perfectamente organizado” que ha propiciado la crisis y que, de seguir así, impedirá salir de ella. De ese ejército enumera sus cuatro patas: las agencias de noticias, que difunden “rumores interesados”, los medios de comunicación, que “los airean”, las agencias de rating (“unas caraduras”) y los bancos de negocio internacionales, como Goldman Sachs o Lehman Brothers, a quienes pertenecieron Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo, y Luis de Guindos, ministro de Economía, respectivamente.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

“EL 30% DEL DINERO MUNDIAL ESTÁ EN PARAÍSOS FISCALES”

“Una de las recientes ponencias en Davos dice claramente que las élites políticas del mundo están al servicio de las grandes finanzas”. Lo cual hace posible que “el 30% del dinero mundial esté en paraísos fiscales de 57 lugares”. Revilla asegura que todo eso se acabaría “en dos días”, si hubiera “políticos que no estuvieran a las órdenes de esos empresarios especuladores”. Y agrega: “Fíjate lo fácil que sería cargarse todos los paraísos fiscales en una reunión del G-20”. Pero como “todo esto es un tinglado”, el ex presidente de Cantabria se limita en La jungla de los listos a levantar acta del funcionamiento de tamaño chiringuito.

Y no hay nada que lo detenga. Echa mano de la idea de “puerta giratoria” para explicar el hecho de que presidentes del gobierno, ministros o presidentes autonómicos acaben su labor política para entrar en empresas públicas, semipúblicas o multinacionales. La lista es larga: José María Aznar en Endesa; Felipe González, en Gas Natural; Ángel Acebes, en Iberdrola, Elena Salgado, en Endesa; Rodrigo Rato, en Telefónica o Banco de Santander. “La puerta giratoria se detendría con una simple ley que impidiera a un ministro o presidente de gobierno trabajar en la empresa privada que haya tenido algún contrato con la administración”.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo

“AQUÍ VOTAMOS A GAVIOTAS, PUÑOS O ROSAS, PERO NO A PERSONAS”

Esa jungla descrita por Revilla en su libro es concebible por la “falta de educación” del pueblo español. “Aquí no se votan a personas, sino a gaviotas o a puños y rosas”. Del mismo modo que la gente es capaz de “asaltar el palco de un equipo de fútbol” y, sin embargo, “no hace nada cuando te quitan la sanidad pública”. Lo cual tiene su lógica, dado el asombro que suscita el que un país “con el 25% de la población en el umbral de la pobreza y seis millones de parados pague cien millones a un tío por dar patadas a un balón”.

Y una cosa curiosa más. “En los últimos veinte años, las rentas salariales han tributado un promedio de veinte mil euros al año, según las estadísticas. Las rentas empresariales declaradas alcanzan, de media, diez mil euros. ¿Alguien cree que los trabajadores ganan más que los empresarios?”. Tal respuesta, y su correspondiente incredulidad, forma parte inextricable de esa jungla de los listos por la que Miguel Ángel Revilla se mueve, abriéndose paso con el látigo de sus palabras. Sin pelos en la lengua.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Miguel Ángel Revilla. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Salva Torres