La vie en rose de José Plá

José Plá. Magenta, la vie en rose.
Galería Color Elefante
Calle Sevilla, 26. Valencia
Inauguración, 29 de enero, hasta el 26 de febrero.

A José Plá (Valencia, 1970) siempre le gustó el color magenta por la pureza que representa en todos los sentidos, comenta con humor,

“Es el color del chicle, en éste caso la tira de chicle que recorre toda la sala”

Esta “tira de color magenta” sirve para darle una vuelta de tuerca a un proceso de investigación que comenzó hace más de 15 años. Un proceso largo en cuyo recorrido la pintura es protagonista en su sentido más amplio, aunque también son patentes los guiños que el artista hace a la reproducción mecánica de la imagen.

José Plá en la galería durante el montaje de la exposición Magenta. Imagen cortesía de la galería.

José Plá ante algunas de las piezas de «Magenta». Imagen cortesía de la galería.

Puede que sea por capricho, incluso una necesidad por torcer la trayectoria, pero está claro que el magenta destila interpretaciones que se remontan a su más tierna infancia, a la pureza, la felicidad y la vie en rose que pudo representar el no ser del todo consciente de ésta selva humana que constituye la sociedad de consumo.

Una imagen de la exposición "Magenta". Imagen cortesía de la galería.

Una imagen de la exposición «Magenta». Imagen cortesía de la galería.

“El caso es que la exposición está planteada como un trabajo musical…unas variaciones cortas y contundentes (SUITE) sobre un mismo tema, trabajos cortos, e intensos sobre la misma temática”  -apunta Plá-.

Detalle de la exposición "Magenta" de José Plá. Imagen cortesía de la Galería.

Detalle de la exposición «Magenta» de José Plá. Imagen cortesía de la Galería.

En diferentes puntos de la muestra, la dulzura aparente y el brillo feliz contrastan con destacados elementos iconográficos del repertorio del artista más «magenta que nunca», como por ejemplo: la presencia de ojos y manos, o de ciertos personajes andando. A ello, es oportuno añadir y destacar la presencia de la imagen serigrafiada por el buen control que se percibe de ella, y por supuesto, el gesto y la mancha pictórica. En su conjunto, el recorrido por la exposición representa el despertar de sentimientos encontrados en los que se pueden hacer muy diversas interpretaciones. Con ésta, José Plá vuelve a exponer una nueva serie, -y ya serán cuatro en menos de año y medio- que van dando un sentido profundo a tres lustros de proceso de investigación.

 

Vicente Chambó

 

 

Edith Piaf, la vida en rosa sepia

‘Fotos Encontradas’, exposición de Edith Piaf
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 4. Valencia
Hasta el 31 de octubre

Edith Piaf murió a los 47 años, porque la vida, en el fondo, le fue extendiendo pagarés como amortización de la deuda contraída con ella. Nació a duras penas, en la calle, debajo de una farola del nº 72 de la calle Belleville en París. Creció a trancas y barrancas, primero en un prostíbulo de su abuela paterna y después en el circo ambulante de su padre. Y desarrolló su talentosa voz en medio de una sucesión de romances, accidentes y adicción a las drogas. Cuando un cáncer hepático se la llevó al otro mundo el 10 de octubre de 1963, Edith Piaf ya había extraído todo su jugo a La vie en rose, sin duda fucsia intenso ahora en rememorado sepia, que durante años cantó, padeció y gozó la Môme Piaf (la niña gorrión).

Imágenes y video de la exposición 'Fotos encontradas' dedicada a Edith Piah. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Imágenes y video de la exposición ‘Fotos encontradas’ dedicada a Edith Piah. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Cantar, decía, “es una forma de escapar; es otro mundo”. De manera que cantando Milord, Hymne à l’amour, Non, je ne regrette rien o su famosa La vie en rose, Edith Piaf lo que hacía era abandonar el desgraciado mundo para adentrarse en aquel otro más luminoso de la música. Lo hacía a través de una voz que, como señala Gérard Teulière, el nuevo director del Institut Français de Valencia, producía “un escalofrío de emoción”. Esa voz y esa vida en rosa fucsia vuelve ahora en sepia, 50 años después de su muerte, en la exposición que el instituto francés le dedica para conmemorar el medio siglo de su triste desaparición.

AMOR, LUCHA, MENTIRAS Y BOFETADAS

“No me molestaría en lo más mínimo volver a la Tierra después de mi muerte”. Y, como escuchando sus palabras, ahí están las 25 imágenes y el video con algunas de sus actuaciones, que la muestra acoge como resucitando su figura. Imágenes nunca antes mostradas al público. Imágenes de una caja de fotos encontrada en el archivo de la desaparecida agencia Mobba Press. Su calidad es lo de menos, aunque las haya sin duda estimables. Lo que cuenta es el testimonio documental de esas Fotos encontradas, según el título de la exposición, dando fe de su apasionada vida.

Imagen de algunas de las fotografías de la exposición dedicada a Edith Piaf en el instituto francés. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Imagen de algunas de las fotografías de la exposición dedicada a Edith Piaf en el instituto francés. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

“En lo que a mí respecta, el amor significa lucha, grandes mentiras, y un par de bofetadas en la cara”. Edith Piaf ya vino al mundo con ese sentimiento, como si fuera una imagen de marca. Nació luchando por salir del vientre de su madre, sola en esos momentos, abofeteada por la vida de unos padres inmaduros. Pero el gorrión, lleno el cuerpo de perdigones, no dejó nunca de volar alto. “Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa. Pasé hambre, frío, pero era libre, de no levantarme, de no acostarme, de emborracharme, de soñar”. Y así lo hizo toda su vida, que Gérard Teulière recuerda repleta de “decepciones, dolor y alegrías”: una vida “excepcional” jalonada de “muchas experiencias amorosas”.

AMANTES Y MORFINA

En las fotografías encontradas que aparecen expuestas en el Institut Français, se puede ver a Edith Piaf con algunos de sus numerosos amantes: Charles Aznavour, Georges Moustaki, Yves Montand, Eddie Constantine, su último compañero Théo Sarapo o su gran amor, el boxeador Marcel Cerdan, trágicamente fallecido en accidente de aviación cuando volaba para encontrarse con la cantante que se hallaba de gira en Nueva York. Cuando la vida le golpeaba las alas que batía alegre mientras cantaba, Edith Piaf recurría a la morfina que, poco a poco, la fue consumiendo por dentro.

Gérard Teulière destaca de Fotos encontradas la novedad de una serie de imágenes hasta la fecha inédita, así como el “interés artístico y social” que destilan esas 25 fotografías de pequeño formato, en tanto testimonian “la vida cultural artística del París de los años 40, 50 y 60”. En el video que acompaña la muestra, se puede ver a Edith Piaf cantando en el famoso Olympia, con su vestido negro, sus brazos agitándose como si fueran las alas del gorrión, y una voz que trina sin desmayo contra un cúmulo de adversidades. Jean Cocteau, al enterarse de su muerte, dijo: “Ella no entrega su alma, la regalaba; ella tiraba oro por las ventanas”.

Fotografía de Edith Piaf. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Fotografía de Edith Piaf. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Salva Torres