Sporting Club Russafa: Cinco visiones de la danza

Ciclo 5 Lados Danza
Sporting Club Russafa
Sevilla 5 bajo, Valéncia
Sábado 9 y domingo 10 de febrero de 2019, a las 20:30

5 Lados Danza ya va por su décima edición. Un ciclo de piezas breves de danza contemporánea en Sporting Club Russafa ‘Carlos Moreno Mínguez’, plataforma perfecta para que los artistas puedan jugar, probar ideas, propuestas, piezas nuevas, piezas en procesos de creación o piezas seleccionadas de un formato más largo, frente a un público que sale maravillado llevándose cinco formas y maneras diferentes de sentir la danza.

En esta ocasión, las piezas que integran el ciclo están protagonizadas por Cristina Gómez, de la compañía La casa amarilla, con ‘Me he quedado muda’; Nikita Anishchenko y Carmen Lozano, con ‘Sinokon’; Pau Esteve y Nerea Úbeda, de la compañía Intrat danza, con ‘¿Y si fuese septiembre y tuviésemos planes de futuro?’; Manel Ferrándiz, con la pieza ‘Soñar con nadar’, y Edward Quintana, Ana Manzanera y Jelson Serrano (Cía. Migro danza), con ‘Benvinguts i benvingudes’.

Cartel del ciclo 5 Lados Danza, por cortesía de Sporting Club Russafa.

Cartel del ciclo 5 Lados Danza, por cortesía de Sporting Club Russafa.

Louisa Holecz o la inevitabilidad de la muerte

‘Out of Body’, de Louisa Holecz
Galería Librería La Casa Amarilla
Paseo de Sagasta 72, local 3, Zaragoza
Del 17 de abril al 2 de junio de 2018
Inauguración: martes 17 de abril a las 20:00

La secuencia de pinturas y esculturas que Louisa Holecz (Londres, 1971. Reside en Zaragoza desde el año 2000) expone en La Casa Amarilla, con el título de ‘Out of Body’, evidencia, en su fidelidad a determinados temas, la que considera es una de las funciones del arte, sino la principal: hacernos conscientes de la inevitabilidad de la muerte.

Louisa Holecz pinta cuerpos que escapan, escenarios de tránsito e intermedios, intentando hacer visible lo que excede  toda visibilidad. Por eso sus imágenes son turbadoras e inquietantes. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado.

Imagen de la obra 'Interval –for Jacqueline du Pré–', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Interval –for Jacqueline du Pré–’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

“Una venda sobre los ojos, una venda muy ceñida, cosida sobre el ojo, cayendo inexorable como postigo de hierro desplomándose sobre ventana.
Pero es con su venda con lo que ve.
Es con todo su cosido con lo que descose, con lo que vuelve a coser, con su carencia con lo que posee, con lo que toma”.
(Henry Michaux, ‘La vida en pliegues’)

Cuando el compositor Edward Elgar salió de la anestesia tras ser operado en 1918, pidió lápiz y papel. Lo que escribió fue el primer tema del ‘Concierto para violonchelo en mi menor Op. 85′, que terminó durante el periodo de recuperación en Brinkwells, una casa apartada cerca de Fittleworth, en Sussex. El concierto inauguró la temporada 1919-1920 de la Orquesta Sinfónica de Londres, el 27 de octubre de 1919, sin éxito. Nadie comprendió el tono contemplativo y elegiaco de su nueva música. Hasta que la violonchelista Jacqueline du Pré la interpretó con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de John Barbirolli, en 1965.

Ahora, Louisa Holecz pinta el escenario vacío de la orquesta para Du Pré, arrancada de la música por la enfermedad que le fue diagnosticada en 1973, cuando tenía 28 años. ‘Interval’ titula Holecz su cuadro, en alusión al intermedio durante el que Du Pré hubo de reconstruirse. Una tarea complicada de explicar, según confesó al realizador Christopher Nupen, “porque después de haber estado tanto tiempo haciendo algo que me gustaba, es difícil reconstruir algo que me parezca que valga la pena. Así que ese ha sido mi trabajo; la reconstrucción”. Solo quedaba esperar la muerte, que llegó en 1987.

Lo que nos crea problemas no es la muerte, sino el saber de la muerte, afirmó Norbert Elias. Louisa Holecz la pinta. Pero, cómo pintar un cuerpo que escapa y que lo hace de tantas maneras, se preguntó Gilles Deleuze: mientras dormimos, durante el vómito y el grito; o tras una operación, de la que una persona sale como si hubiera tocado el límite de la vida. Un límite al que, quizás, Elgar quiso poner música; el mismo que Louisa Holecz aspira a pintar. Pero insistimos con Deleuze, cómo hacerlo, cómo hacer visible lo que excede toda visibilidad, que eso es el impulso, el esfuerzo a través del cual el cuerpo tiende a escaparse. Según la definición de Julia Kristeva, lo abyecto es expulsar, es aquello de lo que debo deshacerme a fin de ser un yo, y lo que ese yo primordial expulsa, considera Hal Foster, es una sustancia fantasmal tan extraordinariamente próxima al sujeto que motiva su pánico; no en vano el sujeto de abyección es el cadáver.

Imagen de la obra 'Torre clandestina', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Torre clandestina’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Entre las direcciones que ha tomado el arte de lo abyecto, Foster señala dos: la primera consiste en identificarse con lo abyecto, sondar la herida del trauma, tocar la obscena mirada-objeto de lo real; y la segunda, representar la condición de la abyección para aprehenderla en el acto. Louisa Holecz elige ambas direcciones. Con la pintura decide sondar la herida, mostrándola a la mirada de quienes se sitúan ante ella, y no duda en representar la acción misma de la abyección.

Louisa Holecz pinta imágenes que desfiguran la figuración, turbadoras e inquietantes; imágenes reales que lanza a la invención; imágenes que dialogan con la muerte; imágenes de pesadilla que ponen rostro al miedo, experimentándolo; imágenes, en definitiva, que siguen el consejo de Sacher- Masoch: “Hay que pasar de la figura viva al problema”. Sobra la narración, no hay narración en las imágenes pintadas de Louisa Holecz. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado, porque si algo hemos aprendido es que la función del arte no es la de distraernos del sufrimiento, aliviarnos y ofrecernos consuelo. Lo anunció Apollinaire en 1917, un año antes de que Elgar compusiera su nueva música elegiaca que Du Pré entendió como nadie podía hacerlo. Solo ella sería capaz.

‘Out of Body’ titula Louisa Holecz su exposición en La Casa Amarilla. La imagen pintada de su rostro con los ojos cubiertos como por un manto de nieve, que diría Kracauer, persevera en el aura de las primeras fotografías que desafían el tiempo en su propósito de perdurar, ajenas a la sentencia futura de Roland Barthes, para quien la fotografía es siempre una catástrofe. Salir de lo oscuro fue el deseo de los primeros fotógrafos y del eremita Filoteo el Sinaíta o Filoteo de Batos, que inventó, según cuenta Georges Didi-Huberman, el verbo “fotografiar” un mediodía, entre los siglos IX y XII, tras mirar el sol durante demasiado tiempo. Su obsesión era transformarse en una imagen. La experiencia así concebida, analiza Didi-Huberman, solo pretendía expulsar las imágenes, es decir, acceder por renunciación a la luz, sin forma ni figura, a la luz que nos ciega y ante la cual solemos velarnos la cara, una luz con la que ver equivaldría a no ver ya nada.

En el ensayo ‘La chambre claire’, escrito durante el duelo por la muerte de su madre, Barthes anota que la luz es una especie de cordón umbilical que une el cuerpo de la persona fotografiada con la mirada de quien la contempla. “Lanza tu cordón umbilical, para que pueda escalar de regreso”, escribió Kurt Cobain. Algo así pinta Louisa Holecz en ‘Still’, el cuadro que cierra la exposición. El del doble, principio biogenético que se corresponde con la reproducción, es uno de los mitos universales que nos invita a pensar con Edgar Morin que “el momento de la muerte es el de la duplicación imaginaria”. Al hombre que inventó el verbo “fotografiar”, dice Didi-Huberman, le hubiera gustado no cerrar nunca los ojos. Los cerró un instante, al nacer, y los mantendría bien abiertos ante el sol en su muerte. En el fondo, esperaba abandonar su cuerpo.

Imagen de la obra 'Máscara', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of Body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Máscara’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of Body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Chus Tudelilla

 

Bramant y Zanguango cautivan al público

Premios del Público Temporada 2015/16
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Domingo 5 de junio de 2016

Sala Russafa entrega sus Premios del Público, una iniciativa de la que celebra el quinto aniversario y que busca ofrecer un humilde reconocimiento a los profesionales de las artes escénicas. En estos galardones es el público quien decide, como su propio nombre indica. Durante toda la temporada, tras cada representación, los espectadores pueden cumplimentar una papeleta puntuando del 1 al 10 el espectáculo que acaban de ver. Quedan fuera de esta votación los producidos por Sala Russafa o por la compañía valenciana Arden, ligada a la dirección del centro cultural.

La más fuerte, de Bramant Teatre. Premio Urban al Mejor Espectáculo Valenciano de Teatro de Sala Russafa.

La más fuerte, de Bramant Teatre. Premio Urban-Levante EMV al Mejor Espectáculo Valenciano de Teatro de Sala Russafa.

Cuando se cierra la temporada regular, se hace el recuento de votos y de cada espectáculo se saca la nota media, de manera que no influya la cantidad de espectadores ni el número de funciones ofrecida para dar las mismas oportunidades a todas las propuestas que han pasado por el teatro.

Estos premios cuentan con la colaboración de varias entidades que se suman a esta iniciativa, apadrinando las diferentes categorías.  Este año, el Premio Urban-Levante EMV al Mejor Espectáculo Valenciano de Teatro ha sido para ‘La más fuerte’, la última propuesta de Bramant Teatre estrenada en la sala en el mes de abril. Una revisión del clásico de Strindberg que cierra la trilogía naturalista de la compañía.

Cualquiera que nos viera, de Zanguango Teatro. Premio del Público al Mejor Espectáculo Nacional de Sala Russafa.

Cualquiera que nos viera, de Zanguango Teatro. Premio MAKMA al Mejor Espectáculo Nacional de Teatro de Sala Russafa.

El Premio MAKMA al Mejor Espectáculo Nacional de Teatro ha sido para la compañía vasca Zanguango por su pieza ‘Cualquiera que nos viera’, una divertidísima comedia con toques de absurdo y crítica social.

‘Abrazar el abismo’, de la compañía valenciana La Casa Amarilla y con coreografía de Cristina Gómez,  ha obtenido el Premio Picadilly al Mejor Espectáculo de danza.

En cuanto al galardón al Espectáculo Revelación otorgado por Sala Russafa, ha recaído en ‘La noche justo antes de los bosques’, un montaje del texto de Bertrand Marie Koltés dirigido por César Barló para la compañía madrileña AlmaViva Teatro.

Panamá. Premio al Mejor Espectáculo de Títeres de Sala Russafa.

¡Qué bonito es Panamá!, de Títeres de Cuento. Premio C.C. Nuevo Centro al Mejor Espectáculo Teatral para Niños y Niñas de Sala Russafa.

El Premio C.C. Nuevo Centro al Mejor Espectáculo Teatral para Niños y Niñas ha recaído sobre ‘Qué bonito es Panamá!’, de la compañía valenciana Títeres de Cuento dirigida por la veterana Elisa Matallín.

Y en cuanto a la música, el Premio Mondo Sonoro al Mejor Directo ha recaído en una de las propuestas del ciclo de Cine Mudo Musicalizado. Se trata de la banda sonora creada en directo por la formación MKM+ Remi Carreres & Avelino Saavedra para la proyección de la película ‘Nosferatu’ el pasado mes de enero.

El público también recibe premios en Sala Russafa

Los Premios del Público de Sala Russafa también tienen algunas categorías donde los propios espectadores son los galardonados. Se trata del Premio Fundación Bromera al Mejor Trabajo Escolar, realizado por los alumnos que acuden a las funciones para niños que se incluyen en la campaña escolar. Este año se ha reconocido el trabajo de la alumna Minerva Muñoz Tomás, del Colegio San Luis Gonzaga.

Y el Premio Fundación Bromera al Mejor Colegio en Campaña Escolar por su especial respecto y aprovechamiento de la experiencia teatral en Sala Russafa ha sido para el C.E.I Bambi-Abade Valencia.

Por último, entre todas las papeletas de votación recogidas en las que se incluye el nombre y datos de contacto del votante, Sala Russafa escoge una al azar para otorgar el Premio al Espectador 2016, un galardón patrocinado por el teatro y el Restaurante Lamaldo que consiste en una invitación doble para la función que inaugurará la próxima temporada y una cena en el citado local para completar la velada. La afortunada ha sido Paz Jarque López.

Sala Russafa agradece a todas las personas que han querido participar en este pequeño homenaje a quienes se esfuerzan para mantener vivas las artes escénicas creando nuevas propuestas y luchando para llevarlas al público. A los colaboradores de esta iniciativa, que se suman al reconocimiento del público. Y, sobre todo, a los espectadores porque con su asistencia, su atención y su interés no sólo hacen posible la supervivencia de la cultura, sino que la dotan de sentido.

De izquierda a derecha, Pierre Louys Geldenhuys, autor del galardón, Salva Torres, director de Makma, y el representante de Zanguango Teatro, en el momento de entrega del Premio Makma al Mejor Espectáculo Nacional de Teatro en Sala Russafa.

De izquierda a derecha, Pierre Louys Geldenhuys, autor del galardón, Salva Torres, director de Makma, y el representante de Zanguango Teatro, en el momento de entrega del Premio Makma al Mejor Espectáculo Nacional de Teatro en Sala Russafa.

Todos los galardonados con los Premios del Público de Sala Russafa. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Todos los galardonados con los Premios del Público de Sala Russafa. Imagen cortesía de Sala Russafa.

 

Llenando el vacío con la danza

Gala organizada por Eva Bertomeu
Con motivo del Día Internacional de la Danza
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 30 de abril al 1 de mayo de 2016

El viernes 29 de abril es el Día Internacional de la Danza y Sala Russafa quiere celebrarlo programando durante todo el fin de semana una gala organizada por Eva Bertomeu para la que contará con varias compañías e intérpretes valencianos invitados. El objetivo es rendir homenaje a esta disciplina y reivindicarla como lenguaje artístico contemporáneo, versátil y completamente actual.

El vacío lleno, de Eva Bertomeu. Sala Russafa.

El vacío lleno, de Eva Bertomeu. Sala Russafa.

Bertomeu es uno de los nombres destacados de la danza valenciana. Ha presentado sus espectáculos de danza contemporánea en festivales y teatros de España, Francia, Bélgica, Italia, Inglaterra, Portugal, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Perú y Paraguay. Y ha recibido numerosos galardones entre los que destacan el Premio de la Generalitat Valenciana a la mejor bailarina 2007 y 2008, al mejor espectáculo de danza en 2008 y a la mejor dirección coreográfica en 2007. Además, la temporada pasada se hizo con el Premio del Público de Sala Russafa al Mejor Espectáculo de Danza por ‘Reflejos de luz en las grietas de un cristal roto’.

El próximo 30 de abril y 1 de mayo volverá al escenario del teatro de Ruzafa para presentar un adelanto del espectáculo que está preparando gracias a una residencia artística obtenida en el centro cultural Conde Duque de Madrid. En la gala podrán verse ‘El vacío lleno’.

Princesas o Comerse la vida, de María. Sala Russafa.

Princesas o Comerse la vida, de la compañía Extremus Danza. Sala Russafa.

La compañía Extremus Danza interpretará una coreografía de Eva Moreno, quien aporta a la danza contemporánea sus raíces de bailarina flamenca, con una década de experiencia en la compañía de Antonio Gades. Para esta celebración del Día Mundial de la Danza interpretarán un fragmento de ‘Princesas o Comerse la vida’, una pieza en la que se habla de los trastornos de alimentación.

Al igual que Bertomeu, Christine Cloux desarrolla un espíritu más purista que podrá verse en su interpretación del solo Índigo. Mientras que La Casa Amarilla, que aporta un sentido muy teatral a su concepto de danza, volverá a Sala Russafa para adelantar un extracto de su nueva creación ‘El vacío en la huella’.

María Martí y Víctor Fernández interpretarán la coreografía ‘Caso 03.08′, fruto de una residencia artística en el centro de Eva Bertomeu. Al igual que la compañía Analógicas, que también forman parte de su programa de jóvenes coreógrafos y que presentarán la pieza ‘Tu calle. Mi casa…’, incluida en la programación del reciente festival Distrito 008.

Durante el sábado y domingo, desde antes del comienzo de la gala, en el hall del teatro, a lo largo de la representación y hasta en el descanso, la danza inundará Sala Russafa con un programa que pretende dar cabida a distintos conceptos de esta disciplina de la mano de creadores consolidados y de nuevos talentos. Una mirada panorámica a la danza valenciana, que en los últimos premios MAX de Artes Escénicas ha sido profusamente reconocida pero que todavía ha de luchar para encontrar un hueco en la cartelera y en las políticas culturales.

El vacío lleno, de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El vacío lleno, de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

¿Se puede abrazar el abismo?

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 23 y domingo 24 de enero, 2016.

La danza vuelve al escenario de Sala Russafa con el estreno absoluto de la pieza Abrazar el abismo (23 y 24 enero), una propuesta marcadamente poética de la compañía valenciana La Casa Amarilla. Sobre el escenario, cuatro bailarinas recrean la dinámica entre el movimiento, la huella que deja y cómo ese espacio es reocupado por otra persona. Así, el abismo nunca es un vacío, sino todo lo contrario: un lugar en el que se almacenan vivencias, sentimientos y experiencias de los que ya pasaron por él.

Cartel del espectáculo 'Abrazar el abismo', de La Casa Amarilla. Sala Russafa.

Cartel del espectáculo ‘Abrazar el abismo’, de La Casa Amarilla. Sala Russafa.

Con dramaturgia del escritor y creador audiovisual Álvaro Moliner y música original de Edu Marín, Cristina Gómez dirige esta sensible pieza que interpreta junto a Ana Lola Cosín, Nuray Imankulieva y María Martí. A través de las coreografías, la ambientación sonora y una cuidada iluminación descubrimos cómo las historias no son más que una sucesión de huellas dejadas y retomadas por personajes que van llenando el vacío. La compañía valenciana, una de las más inquietas del panorama local, presenta un nuevo espectáculo manteniendo su línea de investigación en la que el cuerpo se convierte en una herramienta narrativa sin límites y cargada de emoción.

On, el funambulista. Imagen cortesía de Sala Russafa.

On, el funambulista. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Otra sensible propuesta llega de la mano de la compañía asturiana Luz, Micro y Punto, que estrena en Valencia On, el funambulista (única función el 24 de enero), un espectáculo que ha pasado por varias localidades de Asturias y Galicia, así como por Madrid, Cataluña y País Vasco, entre otros puntos de España. Una extensa gira que le ha llevado hasta Malta a esta joven formación, revelación en FETEN 2014, fundada por Patricia Toral y Chantal Franco. Se les une la compositora e intérprete Verónica R. Galán, autora de una banda sonora envolvente realizada con piano, acordeón y efectos sonoros conseguidos con un metalófono, cuyos pasajes musicales interpreta en directo.

Un retroproyector, imaginación, luz y sombra son las bases de un onírico espectáculo en el que el público se introduce en el interior de On, una marioneta funambulista, en busca constante de equilibrio. Una puesta en escena etérea, relajante, llena de color, fantasía y maestría que deja con la boca abierta a grandes y pequeños, permitiéndoles presenciar en directo cómo se montan cada una de las escenas que componen este viaje, con decorados hechos a mano a partir de materiales de un solo uso, para cada función. Una propuesta artesana para tocar, con los elementos más simples, lo más sencillamente humano.

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Abrazar el abismo, de La Casa Amarilla. Imagen cortesía de Sala Russafa.