Woody Allen, llueve sobre mojado en New York

A rainy day in New York
Dirección: Woody Allen
País: EE.UU.
Con Timothée Chalamet, Elle Fanning, Selena Gomez, Jude Law, Annaleigh Ashford, Rebecca Hall, Diego Luna, Liev Schreiber, Cherry Jones…

Escena de la película con el paraguas. Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Por fin llegó el cincuentavo largometraje del genio neoyorkino a la gran pantalla tras verse envuelto por una desmesurada polémica previa, con boicot americano incluido debido al último -mejor sería decir penúltimo- episodio familiar privado ajeno a su labor de director, como fueron las declaraciones de su hija adoptiva Dylan Farrow.

El retraso de «A rainy day in New York» impidió su habitual regularidad de película por año, apuntando incluso a convertirse en un film maldito. Finalmente ha podido ser distribuida, al menos en Europa.

Escena película con Ashleigh (Elle Fanning) y Ted Davidoff (Jude Law)

Antes de introducirme en algunas particularidades sobre su contenido decir que mi admiración por Woody Allen se mantiene intacta, no ha decrecido ni un milímetro por descréditos de influencias dispares y se trata de un atípico caso por el que no siento ningún deseo de tener objetividad. Eso sí, me resultan curiosas las diferencias entre la crítica especializada y las opiniones de amigos con probado criterio que han ido a verla, en líneas generales estas últimas mucho más positivas y más cercanas a la mía. 

Y es que la mayoría de las apreciaciones que he leído en los medios «oficialistas» han sido bastante negativas, que si hay gags repetitivos de su filmografía, que si el guión es justito, que si tal o tal es demasiado predecible, que si hay cansancio creativo… Incluso alguna me ha parecido que se ensañaba en exceso, predominando aversión por Allen y dando sensación de ir más allá de un riguroso análisis de cine.

Selena Gómez), Timothée Chalamet y Woody Allen en un momento del rodaje

Entrando de lleno en este lluvioso día neoyorquino podríamos decir que sabe a nostalgia, a día otoñal, adquiriendo esa precipitación atmosférica la condición de elemento fascinante. Entre los actores no queda más remedio que destacar a un joven talento como Timothee Chalamet. Este chaval ya me pareció admirable en la exquisita peli italiana “Call me by your name” de Luca Guadagnino y, ahora, ha conseguido asentarme esa opinión con el papel de pijo intelectual que rechaza buena parte de su opulencia material familiar, deambulando entre el pesimismo, el neurotismo, la tozudez, la ironía y un curioso enamoramiento de su chica Ashleigh (Ellen Fanning), quien peca de excesiva inocencia, todo lo contrario que Shannon (Selena Gómez) aunque ambas coincidan en sensibilidad y en admiración hacia el personaje principal de Gastby Welles.

Shannon (Selena Gómez) y Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Sí, está claro que es la comedia romántica típica de Allen repleta de desventuras, relaciones complejas, contradicciónes y equívocos, con los prodigiosos diálogos característicos y poniendo énfasis paralelamente en las miserias de exitosos hombres maduros y en una sorprendente charla final madre e hijo que resulta determinante en el desenlace.

Cartel español de «Dia de lluvia en Nueva York» de Woody Allen

Que sí, que sí, que llueve sobre mojado. ¿Pero y qué? Ahí está, imperturbable y demostrando una ficticia elegancia que entusiasma. Queda claro que no es su mejor película, que no es una obra maestra y que posiblemente acabe en la segunda división woodyalleniana. Pero también que probablemente será otra de tantas en su inmenso arsenal filmográfico que se reconozcan cuando no esté.

Personalmente durante los noventa y tantos minutos de duración me evadió de la vida cotidiana, me contagió la sonrisa y me emocionó en algunos instantes. Eso es mucho, suficiente, tanto como para exclamar una vez más: Larga vida al gran genio Woody Allen!!!

Juanjo Mestre

El gran hotel Budapest, entre dos Europas

El gran hotel Budapest, de Wes Anderson
Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2014

La película “El gran hotel Budapest”, además de la hermosa historia de amistad y amor que se narra, es un homenaje a un acto esencial y diferenciador de la especie humana: el hecho de contar y de escuchar historias como experiencia trascendental del ser humano. Esta es la esencia de la película de Anderson, basada en un cuento de Stefan Zweig, cuya obra de ficción o biográfica, de este autor, es ante todo una reflexión sobre la importancia de ese acto, de contar y de escuchar historias, como vehículo para comprender la esencia del sujeto.

La historia de ‘El gran hotel Budapest’, reciente Premio del Jurado en el Festival de Berlín, empieza como todas las historias: con una interrogación existencial provocada por cierta sorpresa que viene a quebrar el orden de la anodina realidad cotidiana. En la película de Anderson todo se inicia cuando un joven escritor, interpretado por Jude Law, huésped del decrépito Hotel Budapest, se queda fascinado por la presencia de otro huésped: ¿Quién es ese hombre mayor, de mirada melancólica, sentado en el hall?, pregunta al botones.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Ese hombre (Mr. Moustafa / Murray Abraham) es el actual dueño del hotel, cuya historia dará a conocer el pasado tanto del propio hotel como del singular director que lo precedió. Será la figura de éste, Gustave (Ralph Fiennes), el centro de una narración que desvelará cierto acto heroico fundador del relato moderno. Esto es, el relato de valores tales como la racionalidad y el impulso artístico, base de la civilización europea, que tendrá su correlato siniestro en forma de totalitarismo.

Gustave representa la figura del hombre que, en medio de la barbarie, logrará con sus actos preservar la vida del emigrante Moustafa, botones del hotel, posibilitando que éste continúe su digna labor al frente del Gran Hotel Budapest junto a su esposa Agatha (Saoirse Ronan). He ahí la importancia del relato, en tanto espacio de transmisión de experiencias que merecen la pena ser vividas.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Contada en tono de comedia esperpéntica, muy del gusto de Anderson, tal y como ya demostrara en ‘El viaje a Darjeeling’, ‘El gran hotel Budapest’ sigue las peripecias de Gustave y su botones Moustafa, en medio de la guerra europea, para reflejar lo que cuesta mantener la dignidad humana cuando se desata la pasión bélica. Gracias al coraje, tan ingenuo como genuino, de Gustave, el emigrante Moustafa logrará salvar la vida.

Y como corresponde a la cadena de tareas que envuelve al relato, Moustafa corresponderá a tamaña actitud heroica de su jefe, continuando su labor al frente del Hotel Budapest, por el que dará la fortuna heredada con el fin de mantener en pie un hotel amenazado por la voracidad destructora del comunismo radical. La amistad, una vez más, privilegiando el recuerdo del amigo muerto y de la mujer amada, por encima de consideraciones crematísticas hoy tan en boga. La Europa ilustrada, entonces, como ahora, amenazada por intereses espurios: del totalitarismo bélico al económico. Siempre nos quedarán los relatos como antídoto frente a la devastación.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Begoña Siles