“Planteo el eterno dilema entre justicia y venganza”

Sucios y malvados, de Juanjo Braulio
Ediciones B

La maldad y la depravación han existido en todo tiempo y lugar, pero la globalización y la red profunda generan unas sinergias antes inexistentes que potencian su acción. Geometrías fatídicas que conectan, por ejemplo, a las mafias del este y los proxenetas nigerianos, con un abogado corrupto y un notario pederasta de una ciudad mediterránea. De momento hablamos de ficción, porque esta siniestra alianza es parte de la trama que ha maquinado Juanjo Braulio en su última novela, ‘Sucios y malvados’ (Ediciones B) en la que, bajo la envoltura de un trepidante thriller, plantea un dilema ético: ¿Los fallos de la justicia legitiman la venganza cuando las víctimas sufren atrozmente?

El periodista y escritor recorre todos los niveles sociales registrando los fuertes contrastes y matices de la tóxica realidad que nos rodea. Desde las zonas más degradadas del Cabanyal a los despachos y salones burgueses. Prostitutas explotadas, policías, amas de casa, un psicópata genio de la informática, una jueza con doble vida…Una rica galería de personajes en los que domina el género femenino en torno a un genio de la música profundamente traumatizado.

Portada de 'Sucios y malvados'.

Portada de ‘Sucios y malvados’.

“El primero fue Dani, un músico de increíble talento pero con la mente completamente rota a causa de un trauma que padeció de niño”, dice Braulio. “Un ser extraordinario que percibe el mundo a través de tonalidades musicales, canciones y melodías. Dani me sirvió de motor narrativo para armar una novela que pretende hablar sobre la eterna pregunta de cuándo es justa la Justicia y cuándo la única compensación equitativa para quien ha sufrido un delito de especial gravedad es la primitiva, fría y cruel venganza”.

En torno a Dani se arma una conjura secreta que tiene que ver con la violencia machista y la prostitución, los ejes que encuadran la historia. “La violencia de género supone la principal causa de homicidios criminales en España como demuestra que, desde 1999 hasta 2014, fueron asesinadas 980 mujeres, más muertes que todas las que provocó ETA”,  señala Braulio. “Cada año se registran 140.000 denuncias y si a eso le sumamos los datos de la prostitución, el panorama es desolador. Las cifras de la prostitución también me causan una profunda impresión. Mueve 3.700 millones de euros al año, lo que supone el 0,35 por ciento del Producto Interior Bruto. Como los números grandes terminan por no significar nada, si esta cantidad se compara con la venta de entradas de cine, el asunto es todavía peor. Los españoles nos gastamos el año pasado 3.700 millones en ir de putas y 592 millones en ir al cine. Según un estudio de Médicos del Mundo, solo en Valencia y su área metropolitana 1.658 mujeres se prostituyen repartidas entre 62 clubes, 127 pisos y 9 casas de masajes”.

Juanjo Braulio. Imagen cortesía del autor.

Juanjo Braulio. Imagen cortesía del autor.

Braulio escribió esta novela en menos de un año pero esa rapidez, asociada a su pasado de periodista, no excluye la rigurosa documentación relacionada también con su anterior oficio. Desde la estiba portuaria a los métodos policiales y jurídicos o la brujería africana se ha empapado de todo lo que cuenta y describe. De todas estas facetas la que más le ha motivado es la música. “Era asombroso ver cómo tonalidades, canciones y piezas clásicas encajaban en determinados aspectos de la historia como si estuvieran esperándome. Aunque soy músico aficionado, no era capaz de extraer a una partitura todos los misterios que es capaz de encerrar un pentagrama. Por eso, necesité la ayuda de grandísimos músicos como el compositor Pedro J. Viso, los guitarristas Maelo da Costa y Josué Mora, y el líder de Seguridad Social, José Manuel Casañ, que me prestó, con la generosidad que le caracteriza, su versión de Acuarela de Toquinho sin saber lo que mi sanguinaria imaginación iba a hacer con ella”.

La anterior novela de Braulio, ‘El silencio del pantano’ se llevará próximamente a la gran pantalla. “Carlos de Pando está ultimando el guión y creo que va bastante adelantado”, comenta. “Será Marc Vigil, director de la serie El Ministerio del Tiempo, quien dirigirá la cinta y no puedo dejar de agradecer el impulso del productor, Francisco Ramos. Por lo que yo sé, la cosa va por muy buen camino”, concluye Braulio.

Juanjo Braulio.

Juanjo Braulio. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Las oligarquías se diferencian en la forma”

El silencio del pantano, de Juanjo Braulio
Ediciones B

Una novela negra, sí, pero también mucho más. Al igual que hicieron otros autores desde Vázquez Montalbán a Rafael Chirbes, Juanjo Braulio en su brillante debut literario, El silencio del pantano (Ediciones B), utiliza el crimen y la corrupción como escalpelo para abrir en canal nuestra sociedad y exhibir sus impudicias y miserias, y lo hace con una solvencia asombrosa en una primera novela.

Su historia no es un relato lineal con su correspondiente dosis bien medida de intriga, suspense y violencia, que también. Además, construye un artefacto metaliterario con un doble nivel. La voz del narrador, un escritor de novela negra de cierto éxito que tiene una forma peculiar de documentarse, y las andanzas de sus personajes; David Grau, un picoleto gay licenciado en Historia del Arte, y su superior, Manceñido, de carácter bonachón y espontáneo.

A través de una red de narcotráfico y blanqueo de dinero que vincula las altas esferas y los bajos fondos, el escritor y sus personajes navegan por la marisma soterrada bajo montañas de ladrillos y hormigón. Un pantano en el que las cañas forman empalizadas indestructibles y las anguilas compiten por descollar, a sabiendas de que si sacan la cabeza del agua alguien se apresurará a decapitarlas.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Construida sobre los sólidos cimientos de una exhaustiva documentación, la novela recrea una Valencia imaginaria de la poscrisis en la que cualquier parecido con la realidad es deliberado. La histeria futbolera, los falsos ricos de la burbuja, la aniquilación universitaria de la huerta, los cuarentones obsesionados por el running y, sobre todo la casta. Los de Siempre. Esas cañas, algarrobos u olivos,  apropiada metáfora agrícola, que cortan el bacalao y que, gobierne quien gobierne, son los que realmente mandan.

Un retrato hecho desde el amor y el profundo conocimiento de lo nuestro, Semana Marinera del Cabanyal o mascletàs incluidas, que no excluye una crítica demoledora y argumentada. Algo que no abunda por estos pagos y que se  agradece por su efecto tonificante y terapéutico sobre una sociedad que en menos que canta un gallo pasa de la indignación furibunda a la apatía sin enterarse de cómo la manipulan los amos del corral.

La novela se presentó el jueves, 1 de octubre, en la librería Leo, con la presencia del autor, el periodista Ramón Palomar y el cantante de ‘Seguridad Social’ José Manuel Casañ.

Con sólo dos semanas en las librerías El silencio del pantano ha recibido el aplauso de la crítica y los derechos de la historia han sido vendidos para una posible película o serie de televisión. “La verdad es que no me puedo quejar en absoluto, al menos hasta ahora”, dice Braulio. “La acogida de la crítica en blogs y webs especializadas ha sido especialmente buena y cuando desde la editorial me dijeron que la productora de la película Anacleto, agente secreto, que se estrenó el pasado 4 de septiembre quería adquirir los derechos de mi novela para un proyecto audiovisual no me lo podía creer, literalmente. No obstante, ahora, con el libro en la calle, la novela ya no es mía sino de quien la lee, de quien le gusta o de quien le disgusta”.

Da la impresión al leer su novela que los protagonistas han vivido lo suyo. ¿Cuándo y cómo se forjaron y cobraron vida en su mente?

El proceso de creación de personajes, al menos en mi caso, no es ni lineal ni espontáneo. Grau nació de un conocido mío que pertenece a un determinado cuerpo de funcionarios del Estado donde la homosexualidad sigue siendo un tabú. No está prohibida, faltaría más, pero no es tan entendida como en otros sectores de la sociedad. En el caso de Manceñido, su gestación fue por oposición. El culto, sensible e inteligentísimo Grau necesitaba un contrapunto picante. Ese contraste tenía que venir de un personaje forjado en la calle, con los mimbres del hombre común y corriente –alejado de veleidades intelectuales– pero dotado de mucho sentido común y sensatez. Así como David Grau sí nació de una persona real, Manceñido es una criatura literaria al cien por cien, creado por oposición al otro.

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de intercalar sus aventuras con las de “Q”, ex periodista y escritor, en la original estructura de su relato?

Lo más difícil fue dar con el ritmo adecuado para las dos historias. El silencio del pantano se estructura en dos historias que se entrecruzan y se mezclan en dos planos de realidad. Tenía que conseguir que un plano y otro se distinguieran por sí mismo. De hecho, me propusieron usar tipografías diferentes para distinguir un plano del otro pero no quise porque las dos realidades tenían que tener la entidad suficiente por sí mismas como para no necesitar la maquetación para distinguirlas. No obstante, también necesitaba que una y otra caminaran juntas, cogidas de la mano, pero con su propia personalidad. Eso fue lo que más me costó de armonizar, sin duda.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

¿Cree que la casta valenciana tiene algún rasgo distintivo que la diferencia de otras?”

No lo creo. Las diferencias entre las oligarquías son más folclóricas o, si se quiere, de color y de forma, pero no de fondo. Al poder le gusta travestirse de sabor local para hacerse más soportable pero, en esencia, es siempre lo mismo. Con El silencio del pantano he escrito una novela sobre el poder que tiene Valencia como escenario pero que podría ocurrir en cualquier otra parte y con resultados parecidos. Que el teatro de operaciones esté en nuestra ciudad no significa que la historia que cuento sea local o incluso pueblerina sino que, precisamente por eso, es universal porque puede pasar en cualquier lugar del mundo y, si me apuras, en cualquier época.

Este año se han publicado muchas y muy buenas novelas negras escritas por valencianos. ¿Un fenómeno puntual que quedará en nada o un incipiente boom literario?

Quizá sí que estamos viviendo una cierta burbuja “negrocriminal” porque la industria editorial se ha dado cuenta, gracias a determinados éxitos, que ahora hay más público dispuesto a leer novela negra. Todavía quedan rescoldos del boom de la novela erótica que explotó hace un par de años y, sin embargo, el subgénero de novelas de vampiros ya ha desaparecido del todo. No obstante, es posible que ahora estemos viviendo un momento de subida de este tipo de literatura que nunca ha desaparecido. De hecho, El silencio del pantano se publica dentro de la colección La trama de Ediciones B que es la colección más antigua de género negro de la literatura en castellano.

¿La novela negra no enmascara a veces la novela social de toda la vida?

No la enmascara sino que es la novela social, al menos, desde los últimos cincuenta años. La novela social químicamente pura gozó de buena salud en toda Europa hasta la II Guerra Mundial, más o menos, y, a partir de ahí, los miedos y preocupaciones de las sociedades occidentales se plasmaron en el género negro entendido éste en un sentido amplio ya que, dentro de lo ‘negro’ ya caben muchas cosas: desde la novela detectivesca a la policial, pasando por el thriller, la intriga o incluso el terror urbano. Probablemente, los historiadores del futuro, además de los medios de comunicación, tendrán que leer novelas negras para entender mejor cómo era la época que estamos viviendo, aunque sea a través de fábulas.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Su libro destila mucha rabia y también grandes dosis de amor y odio por Valencia. ¿Tenemos los valencianos suficiente capacidad de autocrítica o pasamos de la indignación furibunda al pasotismo meninfot?

No creo en la autocrítica porque es una palabra tan manoseada que ha terminado por significar justo lo contrario. Si te fijas, casi nadie dice “debo hacer autocrítica” sino que es otro el que dice “debes hacer autocrítica”, o sea, que es una manera de despellejarte sin decírtelo. En todo caso, el meninfotisme es el pecado tradicional de los valencianos y el más común. Las indignaciones furibundas valencianas siempre han sido más tracas que cañonazos. Y así nos ha ido.

El propio narrador reconoce la exigencia de la literatura frente al periodismo. ¿Qué le resultó más difícil en este salto?

Se dice que el diablo vive en los pequeños detalles. El periodismo exige rigor y precisión pero, es evidente, que no necesita de la creación de todo un universo porque el universo donde actúa ya está creado. En la literatura, aunque los escenarios estén basados en la realidad, como es mi caso, es necesario crearlo todo y preverlo todo, aunque después no sea utilizado en la narración. Las buenas novelas son aquellas que, como las casas, tienen buenos cimientos, aunque no se vean desde fuera.

Se nota que ha trabajado mucho  la documentación previa, aunque ello no altere el ritmo de la acción. ¿Dónde ha tenido que hurgar más para dar verosimilitud a su historia?

En cuestiones de informática y redes sociales. Como cualquiera, soy usuario de tecnología y me doy cierta maña en las redes sociales pero, en determinado momento de la novela, fue necesario estudiar de verdad determinados procedimientos para garantizar la verosimilitud. Como es natural conté con la ayuda de expertos a los que agradezco de nuevo su colaboración. También hubo que mirar bien algunos procedimientos fiscales para que la red de blanqueo de dinero que imaginé fuera creíble y que nadie pudiera sacarme los colores.

Bel Carrasco