El papel, auténtico protagonista

El arte del papel, exposición colectiva
Galería Rosalía Sender
C / Mar, 17. Valencia
Hasta el 14 de diciembre

El muestrario es imponente: Alfaro, Toledo, Molina Ciges, Vento, Maestre Yago, Pagola, Monjalés, Castellano. Y así hasta un total de 19 artistas cuya obra en solitario ya ha sido objeto de singulares exposiciones en la galería Rosalía Sender que ahora, a rebufo de la crisis, los reúne a todos en una brillante colectiva. Rosa Torres, Balanzà, Manchas, Brecht, Granell, Salvador Victoria, Lucebert. Artistas de renombre para una exposición en torno al papel, protagonista material de una muestra cuya selección aviva la mirada del espectador por la indudable calidad de los representados. Richard White, Inmaculada Martínez, Juan Vida, Pérez Bermúdez: 19 artistas hermanados alrededor de El arte del papel, que hasta el 14 de diciembre permanecerá en Rosalía Sender.

Obra de José Vento en 'El arte del papel'. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de José Vento en ‘El arte del papel’. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Con las navidades a la vuelta de la esquina, llevarse uno de esos papeles se antoja ocasión inmejorable de elevar el tono del consumo. Los hay de todos los estilos, desde la figuración más o menos velada, más o menos explícita e incluso grotesca, hasta la abstracción. Y los hay realizados con técnica mixta, a lápiz, a base de tinta china, acuarela, grafito o acrílico sobre cartulina, cartón y, principalmente, sobre el papel que da título a tamaña reunión de talentos.

Obra de Inmaculada Martínez en 'El arte del papel'. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en ‘El arte del papel’. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

“Ante todo sinceridad”, decía Andreu Alfaro refiriéndose a su obra. En Rosalía Sender, esa honestidad queda reflejada en el jazz de minimalistas trazos. Y sinceridad que se observa en el conjunto, ya sea el bodegón de Molina Ciges o la “pintura de playas y bañistas” de Inmaculada Martínez, en esta ocasión concentrada en un par de sencillas figuras. Javier Pagola, para quien lo atractivo del abstracto residía en la liberación del cuadro de contenido y de sentido, muestra esa liberación en un par de obras, siendo así el único de los artistas expuestos que cuenta con dos trabajos.

Brecht, que ya expuso en la galería sus “dibujos alarmantes”, insiste en esa exclamativa atracción por la vida excesiva. Excesos que pueden verse en otras de las obras exhibidas, ya sea por la cadencia del color que explotan Rosa Torres, Bermúdez o Molina Ciges, o el riguroso trabajo formal de Castellano, Vento o Monjalés. La inquietante figuración corre a cargo de Richard White, Balanzà o Toledo, mientras el collage de Maestre Yago nos descoloca frente al rostro de Hopper. Como lo hace Juan Vida en su brumosa Notre Dame.

Obra de Maestre Yago en 'El arte del papel'. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Maestre Yago en ‘El arte del papel’. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

La variedad continúa en el taller de Manchas, o en ese soldado que Eugenio Granell muestra como si fuera una reliquia universal de la frustración ante un mundo tenebroso que parece confluir en “La casa está oscura” de Brecht. Y así, entre oscuridad y luminosidad, siguiendo el movimiento pendular de la crisis, que sin duda arroja sombras producidas por tanta demolición, al tiempo que abre agujeros por donde se filtra cierta luz, avanza la exposición El arte del papel. Una muestra colectiva en tiempos de ajuste económico que, sin embargo, permite al espectador deleitarse con una brillante selección de artistas y trabajos. Una veintena de obras en papel que Rosalía Sender muestra como antídoto visual a la penosa crisis.

Broken sibling, de Richard White en 'El arte del papel'. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Broken sibling, de Richard White en ‘El arte del papel’. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Salva Torres

¡Fantástico! El arte se llena de agujeros

La imagen fantástica. Exposición colectiva
Centro del Carmen
C / Museo, 2
Hasta octubre

Resulta conmovedor el esfuerzo por definir lo fantástico en el arte. Carlos Arenas, comisario de la exposición La imagen fantástica, inicia así su aproximación al género: “Extraño, misterioso, grotesco, enigmático, fabuloso, monstruoso, onírico…Estos son algunos de los adjetivos que se nombran cuando hablamos de arte fantástico”. Para terminar reconociendo que definir ese arte “es una tarea compleja”. Y sin duda lo es, al menos para mentes tan razonables como las nuestras, las del ser contemporáneo magnetizado por el orden intrínseco del mundo que ha ido conformando la ciencia.

Entiéndase bien: no se trata de culpabilizar a la ciencia de nuestra incapacidad para abordar lo fantástico, sino de poner en su justo lugar a esa razón que nada sabe de lo inabarcable. He ahí el delirio de la razón: suponer que todo es entendible, abarcable, hecho a nuestra medida. Cumple su función, sin duda, la de hacernos la vida más cómoda y amable. Pero, a pesar de todo, lo incognoscible sigue ahí, siendo territorio de lo fantástico. Es más, nunca ha dejado de estar ahí, por mucho que nos hayamos vuelto extremadamente razonables.

El caballero y la muerte, Chema López. La imagen fantástica. Centro del Carmen

El caballero y la muerte, Chema López. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Y ahí sigue, golpeando nuestra conciencia, que se defiende para no querer saber nada de ello. Para aproximarnos a esos agujeros negros que son la marca de lo real, de lo fantástico, el Centro del Carmen ha montado una exposición con medio centenar de obras perteneciente a 26 artistas. Una magnífica manera de acercarnos  a La imagen fantástica, en tanto reflejo de esa energía ciega que tiende a la aniquilación. Energía que los artistas seleccionados no dudan en representar bajo formas diversas: calaveras de muerte, pasiones destructivas mediante aquelarres, guerras, cocaínas, saltos al vacío e incluso la propia irracionalidad.

El principio del placer que parece haberse instalado en nuestra sociedad contemporánea dificulta el acceso a lo fantástico. Lo vemos como algo destinado al propio consumo placentero de imágenes. Y, sin embargo, los artistas de La imagen fantástica no dejan de invitarnos a ir un poco más allá. Nos invitan a tomar conciencia de lo que acontece tras la malla protectora del lenguaje excesivamente codificado. De manera que, apelando a lo fantástico, nos descubren el universo caótico a partir del cual entramos en el mundo y al cual nos debemos enfrentar.

El irracional, Horacio Silva. La imagen fantástica. Centro del Carmen

El irracional, Horacio Silva. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Los hay, como Horacio Silva, que sitúan lo real en la propia irracionalidad, en forma de cabeza canina desdoblándose del rostro humano. Chema López también sitúa la animalidad como reverso del sujeto, confrontando el caballo y la esquelética muerte. A Monjalés, el dolor de lo real le viene de cierta negrura interior, social, que el artista ubica en torno a los hijos de España, criaturas sometidas al pico y la destrucción. Benlliure, Segrelles y Sabater toman a la mujer como figura de lo fantástico, encarnación de sueños y pesadillas producto de pecados más o menos capitales. Y así hasta ir dando entrada a la crispación provocada por la guerra (Josep Renau, Equipo Crónica, Joan Castejón), los demonios interiores (Manolo Gil) o la monstruosidad de cierta degeneración humana (José Jardiel, Rafa Calduch, Juana Francés, Pepe Azorin).

Esa irracionalidad, en tanto sinsentido aniquilador, es la que llena de agujeros negros la malla protectora de la razón. Los 26 artistas de La imagen fantástica se hacen cargo de esa energía destructora volcándola en su obra. Es la única forma que tenemos los humanos de acceder a lo incognoscible, sin quemarnos, sin abismarnos en el vacío que proyecta lo real. Para ello se hace imprescindible tomarnos el arte en serio, hurgar en sus entrañas, que son las nuestras, en lugar de pasearnos apaciblemente por delante de las obras. Si el artista corrió un riesgo al pintar, movilizado por la energía que golpeaba su enardecida conciencia, el espectador también debe sentir ese pálpito conmovedor. De lo contrario, nada fantástico sucederá.

La cocaína, Daniel Sabater. La imagen fantástica. Centro del Carmen

La cocaína, Daniel Sabater. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Salva Torres