Madrid noir circa José Luis Garci

‘El crack Cero’, de José Luis Garci
Nickel Odeon Dos, 2019

“El escritor realista habla de un mundo en el cual
los gánsters pueden gobernar las naciones y casi gobiernan las ciudades…
donde nadie puede parar en una calle sombría, porque la ley y el orden son temas de conversación, pero se evita cuidadosamente hacerlos respetar…
Es un mundo que no huele muy bien, pero es el mundo en que vivimos»
(Raymond Chandler, ‘El simple arte de matar‘)

Un hediondo sótano al que Chandler desciende con voluntad etopéyica para analizar el género y sus túrbidos aromas, porque deba ser la ciudad la que ofrece, ineludible, las pútridas bajantes hacia las alcantarillas del mundo. Un orbe lóbrego y negro, una metrópoli confusa y negra. Un mundo noir, una ciudad noir.

Alojadas en el acervo literario y fílmico, las calles/meandros del Pacífico esconden sucesos y miradas crepusculares sobre la bruma falconiforme y maltesa de San Francisco (Dashiell Hammet & John Huston) o la perdición (James M. Cain & Raymond Chandler & Billy Wilder), onírica y sempiterna (Raymond Chandler & Howard Hawks), del tórrido lupanar de Los Ángeles.

Germán Areta (Carlos Santos) y El Moro (Miguel Ángel Muñoz) durante un instante de ‘El crack Cero’, de José Luis Garci.

Un modo de aventurarse por la vesania citadina, melanítica y existencial, al uliginoso abrigo de tumorosas costuras, nihilistas y extrínsecas, con las que hidratar, por estos predios, la urbe de secano, árida, desventurada y castiza, de la capital, que huele a gambas a la gabardina y sabe a churros y chinchón. Un Madrí de ateneos y pulmonías, en el que los crímenes uniforman las casas de lenocinio, con su pasión cobriza de ceniceros, adulterio y baquelita. Madrid diurno y gélido; Madrid nocturno, febril e incandescente; Madrid noir.

Y uno rinde, así, tributo lírico (venial apropiación) a la pertinente y lúcida estampilla –’Madrid Noir’ con la que el escritor Javier Valenzuela hubo significado su más reciente novela, ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019), para recorrer, con voluptuosa fruición, los sumideros de nicotina, brandi y alcanfor que revelan, como una radiografía, la naturaleza, obscura y excelsa, que habita en el horizonte estético y matritense imaginado por José Luis Garci; un intermitente e imprescindible cineasta al que se la ha reproducido una virtuosa erupción de pesadumbre, luces de neón y escepticismo en forma de trilogía urbana, infausta y renegrida.

Porque palpita en la mirada de Areta (Landa/Santos, Santos/Landa) la aflicción de un tiempo agotado e irresoluto, desnortado por las cloacas de la certidumbre; esa que a los tipos con “cara de daguerrotipo” les hace arrastrar consigo un perfume de derrota que expurgar en los extintos cines de Gran Vía, frente a los cuadriláteros de Santa Eugenia o sobre el tapete de los billares de Vallecas, haciendo “la carrera del señorito” al mus junto esos camaradas que le auxilian a uno a desplumarse de tanto dinero sucio.

‘El Último Crack’, un homenaje de Javier Di Granti al Madrid retratado por José Luis Garci en ‘El crack’ y ‘El crack Dos’.

Y parece natural regresar, en blanco y negro, al interior de los galpones, archivos y bibliotecas, a los salones y güisqui de los barrios altos, a las cabinas de fichas y a los transistores –aquellos que destilan la prosodia en las ondas de José María García (quizás, siempre, tras un partido del Sporting) o la insigne defunción de Cerillita Bahamonde–, anunciando un tiempo nuevo sobre el doméstico camastro de las transiciones. Un blanco y negro sustentado emocionalmente por la partitura al piano y saxo, cálida, nostálgica, asfáltica y omnipresente, de Glück.

Porque palpita en la mirada de Garci la necesidad de guarecerse de la intempestiva primavera del siglo XXI, templado al calor de lámparas de mesa, de luces convalecientes, junto a las que exhalar de los alveolos el tabaco negro de las fatalidades o el rubio de las madrugadas insomnes.

Jose Ramón Alarcón

Ninette, fresca como una rosa a los 50

Ninette y un señor de Murcia, de Miguel Mihura, bajo la dirección de César Oliva
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 25 de octubre de 2015

A la encantadora francesita Ninette le sienta muy bien los años sin necesidad de liftings ni botox. El delicioso personaje creado por Mihura, uno de los cerebros de la mítica revista de humor La Codorniz, alcanza el medio siglo sin una arruga, en plena forma física y mental. Sedujo a Fernán Gómez que llevo la historia al cine, en 1965 con Rosanda Montero como Ninette, y también a José Luis Garci que la encarnó en una sexy Elsa Pataky en su película Ninette de 2005.

Ninette y un señor de Murcia estará en el teatro Talía hasta el 25 de octubre. En esta ocasión en la ingenua belleza de Natalia Sánchez muy bien arropada por actores de campanillas: Julieta Serrano, Miguel Rellán, Jorge Basanta y Javier Mora. Un reparto de lujo para contar una historia eterna, la relación entre el hombre maduro y la jovencita aparentemente inexperta, aunque no lo sea tanto.

Ninette y un señor de Murcia. Imagen cortesía de Teatro Talía.

Ninette y un señor de Murcia. Imagen cortesía de Teatro Talía.

En la pacata sociedad española de los sesenta en la que la sexualidad estaba completamente reprimida, Mihura tuvo la genial idea de imaginar las peripecias de un provinciano que cruza los Pirineos y viaja a la Ciudad del la Luz para echar una cana al aire.

“Esta pieza contiene una profunda raíz erótica que, medio siglo después de su estreno, se mantiene espléndida y sugestiva”, dice César Oliva, director del montaje, producido por la compañía murciana la Ruta del teatro y Teatro Circo de la misma ciudad.

Cartel de Ninette y un señor de Murcia. Imagen cortesía de Teatro Talía.

Cartel de Ninette y un señor de Murcia. Imagen cortesía de Teatro Talía.

Una cana al aire

El murciano es Andrés, un señor de Murcia que tras recibir una herencia viaja a París con el fin de vivir una aventura erótica. Es el prototipo de español reprimido y banal, que piensa que la libertad que no disfruta en su país está en Francia. Por mediación de un amigo, Armando, se instala en un piso de un barrio popular, propiedad de Pedro y Bernarda, exiliados desde la guerra civil, y padres de Ninette, una típica francesita, con la que Andrés vive una relación erótica en su primera noche.

A partir de allí se producen una serie de acontecimientos que imposibilitan que el señor de Murcia baje siquiera a la calle a ver su anhelado París. Culpa principal de tales dificultades la tiene los encantos de la joven y el ingenio que despliega para mantener a su lado a un español que se convierte en proyecto de matrimonio convencional. “Ninette es una niña caprichosa y consentida, pero muy española en el fondo”, comenta la actriz Natalia Sánchez. “Desde el momento que aparece el señor de Murcia sólo piensa en casarse y tener hijos y crear una familia”, añade la joven actriz.

Natalia Sánchez es Ninette. Teatro Talía.

Natalia Sánchez es Ninette. Teatro Talía.

Bel Carrasco