Carlos Sebastiá, con mucho aprecio

Zài Huì. Carlos Sebastiá

Espacio 40

C / Puerto Rico, 40. Valencia

Hasta el 15 de junio

A Carlos Sebastiá le salen chispas de los ojos cada vez que pinta, y cada vez que te cuenta lo que pinta. Son chispas que vienen a iluminar el fondo sombrío del que mama su obra. Porque hay algo que atraviesa de cabo a rabo el conjunto de piezas que muestra en Espacio 40 bajo el título de Zài Huì, traducido como un hasta pronto, que luego explicaremos. Y lo que atraviesa ese conjunto es la tensión que se percibe entre la figura y el fondo, entre las chispas luminosas y el fuego del que proceden. En suma, Carlos Sebastiá busca el aprecio en su obra, partiendo de cierto desgarro existencial contra el que lucha con brío, impulsividad y mano agitada pero firme.

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Las figuras que pinta y dibuja Sebastiá son figuras como abandonadas a su triste suerte, lánguidas, cariacontecidas, con ese punto a lo Kerouac, de prosa espontánea. Y siendo esto así, o por ser esto así, hay como una reacción inmediata de querer contener ese dramatismo con enérgicos trazos y manchas de color que ansían el reposo, el contacto amable, el erotismo de la piel, el aprecio a borbotones. Es como si después de cierta tormenta interior buscara la calma. Porque habiendo desazón en su obra, o precisamente por haberla, hay al mismo tiempo una pasión por ceñir los miedos que a veces nos atenazan, bañando el cuadro de intempestivo color. Y es que, siguiendo esa instantaneidad del autor beat, también Sebastiá podría decir: “Sólo las personas amargas desprecian la vida”.

El propio Carlos Sebastiá lo cuenta: “Hablo del aprecio, del cariño”. Y salta a la vista. Para llegar a él, utiliza dos vías: la del “contacto” y la de la “comunicación”. O lo que viene a ser lo mismo: la de la memoria y lo cotidiano, y la más directamente erótica o sexual que venga a refrendar el conocimiento previamente adquirido. Por eso en su obra hay siempre figuras, más o menos veladas, “que me amarran”, y el color que tiende a superar los límites y contornos; a salirse en cierto modo de madre.

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

He ahí la importancia de las manchas, del color, que tan pronto manifiestan su carácter volcánico, incluso orgásmico, catártico para esas figuras, como velan su presencia para convertirse en amable cobijo. La desnudez corporal en la obra de Sebastiá conduce a ambos estadios: uno explosivo,  a base de un color desmedido, literalmente alucinante, y otro más sensual, erótico, tamizado por sábanas y otras veladuras. Por eso hay rostros y cuerpos que se ofrecen sin tapujos, queriendo darse a ver, para enseguida ocultarse bajo capas de pintura. Es la cadencia que va de la necesidad de aprecio, al miedo por la falta de correspondencia.

La pintura de Carlos Sebastiá revela ecos de nuestra condición actual: individuos con posibilidades comunicativas hasta hace bien poco inimaginables, que tienen serias dificultades para establecer lazos de mayor hondura afectiva. Individuos en red, finalmente enredados en la tela de araña de una comunicación cogida con hilos. La obra de Sebastiá hurga en esa incomunicación, en esas figuras abatidas, para dotarlas de un genio que el color imprime (“pinto de manera impulsiva”). De manera que “la desazón luego la arropo”, confiesa el autor. Y le interesa marcar esa transformación, ese proceso creativo, cuyo cocinado intenta que aflore en todo momento, “que se vea la frescura en los cuadros”. Que se vea el pulso entre la figura y el fondo.

Y si Zài Huì es un “hasta pronto” se debe al viaje que Carlos Sebastiá emprenderá en julio con destino a Pekín. En la capital china se pasará un año pintando, aprovechando una beca. Un viaje que también está presente en la obra de Sebastiá, por cuanto no deja de traslucir cierto trayecto: el que va de un hondo pesar a su vigorosa contención plástica, llena de color, manchas y aprecio, mucho aprecio por la vida.

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Salva Torres

Espacio 40: renovarse o morir

Espacio 40

Algunos de los grandes

Valencia

C / Puerto Rico, 40

Hasta principios de mayo

Por Salva Torres

Si el progreso, como decía Unamuno, consiste en renovarse, entonces Espacio 40 nace a lomos de esa consigna. Del sentimiento trágico de la vida, ensayo del ilustre filósofo bilbaíno, también podría estar en el germen del proyecto impulsado por Rosa Go, Chiruca Santiago y José Antonio Ruiz. Las dos primeras formaron parte de la ya extinta Nadir, de cuyas cenizas renace este “proyecto nuevo, multidisciplinar y con hambre de renovación”.

Nuevo, porque Rosa y Chiruca quieren dar carpetazo a su anterior etapa al frente de Nadir. Multidisciplinar, porque, entre otras cosas, contarán con parte del espacio dedicado a las catas y degustación de vinos, de lo que se encargará José Antonio Ruiz. Y con hambre de renovación, porque la “época y coyuntura” así lo exigen. Espacio 40 será todo eso y mucho más: un lugar donde se expondrá obra de  artistas consagrados y de nuevos valores emergentes; donde se harán intercambios y colaboraciones con entidades culturales de otras ciudades del mundo, y donde las iniciativas plásticas e intelectuales estarán a la orden del día.

Y, para empezar, nada mejor que hacerlo a hombros de gigantes. Algunos de los grandes es el título de la exposición con la que arrancan. Bastará citar sus nombres para entenderlo: Alexander Calder, Sonia Delauny, Man Ray (al que dedicarán una próxima individual), Antonio Saura, Antoni Tàpies, Luis Gordillo, Equipo Crónica, Josep Guinovart, Eduardo Arroyo, Carmen Calvo, Anzo, Soledad Sevilla, Manolo Valdés y Eduardo Chillida.

La obra de todos esos gigantes ocupará hasta principios de mayo gran parte del nuevo Espacio 40, ubicado en dicho número de la calle Puerto Rico en el barrio valenciano de Russafa. Rosa y Chiruca se han trasladado al Montmartre valenciano donde los artistas se arraciman, para sumar energías. A rebufo del halo que despiden algunos de esos grandes artistas inaugurales, y de los caldos chilenos de José Antonio Ruiz, Espacio 40 abre sus puertas de par en par contagiado por la consigna de Unamuno, que fraguó finalmente en el célebre “renovarse o morir”. Y muerta la galería Nadir, tocaba la renovación a la que aspira este nuevo Espacio 40.