¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?

¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?
A propósito del film ‘En busca del Oscar’ (Octavio Guerra, 2108)

“Nunca leo los libros que debo criticar para no sufrir su influencia”, ese es el lema de Oscar Wilde que sirve como frontispicio al célebre ensayo del profesor de literatura y psicoanalista Pierre Bayard ‘Cómo hablar de los libros que no se han leído’. El trabajo de Bayard, brillante y alegre al mismo tiempo, es todo menos un conjunto de trucos o una selección de imposturas para darse aires haciéndose pasar uno por más leído de lo que se es. Lo que plantea ‘Cómo hablar de los libros que no se han leído’ es, por el contrario, una estimulante reflexión a propósito del significado de la lectura. Una exigente reflexión a partir de algunas formas de no-lectura (libros olvidados o que conocemos de oídas, libros que leímos a medias, libros hojeados o vagamente referidos) donde la cuestión principal es pensar mejor acerca de la dimensión creativa de la lectura.

De las posibilidades de esa dimensión creativa, y no sólo recreadora (o recreativa), dan cuenta insignes escritores que fueron a la vez finos lectores: Musil, Wilde, Valéry, Montaigne, Borges o Lodge. Entre las distintas formas y situaciones en las que acontece la posibilidad de hablar de los libros que no se han leído, la más hermosa es la de quien puede hablar de cualquier libro (lo haya leído o no) porque ha adquirido con la práctica una visión de conjunto, esto es, porque conoce a fondo, al modo del personaje de ‘El hombre sin atributos’, en medio de los problemas que entrelaza la cultura y el infinito, los secretos de la gran biblioteca.

Cartel de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra.

Cartel de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra.

Un postulado implícito en nuestra cultura consiste en considerar que es necesario haber leído (o visto) un libro (o una película) para hablar de él (o de ella) con algo de precisión, por eso el libro de Bayard fue el primero que nos vino a la cabeza cuando hace unos años el escritor y crítico cinematográfico Oscar Peyrou (Buenos Aires, 1945) comenzó a publicar ‘Déjà vu’ en la Revista de arte, literatura y filosofía (del colmillo) Canibaal, una sección de crítica cinematográfica en la que más que de un tipo de paramnesia del reconocimiento de experiencias que sentimos como si se hubieran vivido previamente, se hablaba alegremente de una película que (y eso se reconocía claramente) no se había visto. ¿Haría falta una suerte de cobertura teórica a la idea de Peyrou? ¿Llegará el día en que alguien se atreva a pedirnos cuentas?

La revista está a punto de desaparecer después de cinco años y diez números de andadura, tras haber desfilado por ella escritores y artistas de primera talla: de Raúl Zurita a Vila-Matas, de Isabel Muñoz a Carmen Calvo. Con ella también desaparece la sección ‘Deja vu’, aunque al menos quedará la falsa impresión de familiaridad con su recuerdo. Ha sido la sorprendente película de Octavio Guerra, que ahora se estrena en España (y participa en la sección Rellumes del 56 FICX), la que ha situado a Oscar Peyrou en el centro de la polémica, y por tanto de la actualidad.

‘En busca del Oscar’ es una mezcla de documental y ficción basada en la vida del escritor y crítico argentino Óscar Peyrou, presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y delegado de la Federation Internationale de la Presse Cinematographique (FIPRESCI) en Madrid. Durante el filme seguimos a Peyrou por algunos de los festivales de cine que visita como crítico o jurado. El film, rodado en Chicago, San Sebastián, Buenos Aires, República Dominicana, La Palma y Valladolid, es, según lo veo, una suerte de comedia dramática, por momentos muy sofisticada, cínica, más caustica que irónica, una película iconoclasta que a uno le recuerda enseguida al cine polaco de los años 60, al Monsieur Hulot de Tati, a la compañía teatral polaca Crickot, al cine y a la literatura de personas desubicadas, a los preludios mudos del slapstick de Buster Keaton.

En lo que más nos interesa aquí, la película de Guerra sobre Peyrou, siendo muchas cosas a la vez, es también, lo hemos adelantado ya, un film sobre la crítica y en el seno del amplísimo (al menos en teoría) campo de la crítica, un film a propósito de un crítico de cine del que apenas se apuntan, de forma intencionadamente vaga, problemas de visión, quizás una tragedia. Un individuo singular que reconoce abiertamente que no ve (o que apenas ve, porque no quiere) las películas que ha de criticar.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Reténganse ya dos aspectos de lo dicho anteriormente: uno, se trata de una película (de una ficción de aspecto documental); dos, se trata de una película que, entre otras cosas, aborda la cuestión de la crítica. Y ahí, planteamos de nuevo, mutatis mutandi, el interrogante inicial: ¿es posible hacer la crítica de las películas que se han dejado de ver? El interrogante no es, insistimos, el leitmotiv de la historia sobre Peyrou, lo cual dice mucho del talento del director de este largometraje. Y es que Octavio Guerra (Las Palmas 1976) ya fue nominado al Goya al mejor cortometraje de no ficción en 2015. Su documental ‘Agua Bendita’, también dirigida por el grancanario, estuvo presente en más de 50 festivales internacionales de 30 países, ganó cinco premios internacionales y fue seleccionada en festivales tan importantes como Chicago, La Habana o Toulouse.
Guerra abre con ‘En busca del Oscar’ el abanico de temas de una forma superficial (en un sentido no degradado del término), esto es, de una forma epidérmica, como intuyendo que de profundizar en cualquiera de los asuntos que Peyrou se trae consigo, ello significaría romper un raro encanto. El espectro de situaciones es suficientemente amplio y está sugerido más que apuntado. Entre ellas: ¿es posible hablar de películas que no se han visto?

Si contestamos desde la observación del mundo circundante, la respuesta es que es así como ya se habla de muchas películas, desde el texto que acompaña la promoción de su estreno, a la publicidad televisiva de las cadenas que han participado en su producción. El Hollywood clásico ofrece multitud de ejemplos de información proporcionada por los estudios, desde el frívolo anuncio de un affaire entre los protagonistas a los micro-textos de la cartelería publicitaria. El mismo Oscar Peyrou ya hablaba de hecho de las películas que no había visto, en la sección de la revista que mencionábamos atrás. El ámbito cinematográfico, por cierto, no sería el único lugar donde se hablase e incluso se hiciera crítica de un producto cultural sin haberlo visto o leído. En el seno de mi profesión más específica, mi labor como profesor e investigador en la universidad, es habitual que la crítica de un trabajo se haga a partir de elementos del paratexto (aquí, básicamente bibliografía y citas a pie de página).

Otra cuestión es: ¿resulta o puede resultar interesante hablar de películas que no se han visto a partir de intuiciones, elementos periféricos (cartelería, banda sonora, casting, título, etc.) y fondo de armario cinematográfico? La respuesta, según lo veo, es también afirmativa. Y trataré de poner algún ejemplo de las posibilidades de la aproximación superficial (o epidérmica). Ya hay toda una serie de disciplinas que han acabado por estudiar lo más profundo desde la superficie, en medicina el sudor tiene un enorme potencial para detectar de forma temprana y poco invasiva numerosas enfermedades de hígado; recientemente, científicos norteamericanos han descubierto en la saliva diversos tipos de ARN que funcionan como biomarcadores del cáncer y de la diabetes, entre otros trastornos. ¿Es posible hablar de una película desde fuera, como si se tratara de la membrana epitelial que recubre el cuerpo de un artefacto cultural?

En realidad, podemos formular mejor la pregunta: ¿cómo podemos hablar de las películas que no se han visto o se han visto superficialmente? Yo creo que en el ámbito específico en el que nos movemos, el de la crítica cultural, una buena respuesta sería: podemos hablar de las películas que no hemos visto siempre que lo que digamos de ellas sea interesante.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Desde la experiencia de Bayard, “resulta perfectamente posible mantener una conversación apasionante a propósito de un libro que no se ha leído, incluso, y quizás de manera especial, con alguien que tampoco lo ha leído […]. A veces, para hablar con rigor de un libro es deseable no haberlo leído del todo, e incluso no haberlo abierto nunca”. ¿Resultan extrapolables las consideraciones de Bayard al ámbito de la crítica, y, concretamente, al ámbito de la crítica cinematográfica?

La respuesta aquí es, una vez más, afirmativa, porque, tarde o temprano, la cuestión de adónde vamos a parar es: ¿qué es una crítica? (aquí, qué es una crítica de cine). Relacionado con esto, está lo que mi colega, el filósofo Daniel Innerarity, dice en su último libro a propósito de la crisis de las profesiones de mediación (el crítico es un intermediario entre la película y el espectador, de forma análoga a cómo media el médico entre el paciente y la enfermedad o el profesor entre el estudiante y el conocimiento). Mientras Proust ya defendía la separación entre la obra y el autor, (para comprender una obra no es interesante informarse acerca del autor), Valéry no se contentaba con eliminar al autor del horizonte de la crítica literaria y aprovechó para desembarazarse también del texto: “la práctica de la crítica sin autor ni texto no es absurda. Descansa, en el caso de Valéry, sobre una concepción argumentada de la literatura”, reconoce Bayard. Y añadimos nosotros, volviendo a la crisis de las profesiones de mediación, que la crítica actual no solo puede (o debe) desembarazarse del autor y de la historia, sino que le es lícito asumir que el texto crítico no puede descansar en la mera cronología de los hechos (algo que puede consultarse en Filmaffinity o Imdb), o en la nueva redacción de la ficha técnica, sino más bien en la habilidad de un autor para transmitir experiencias subjetivas (de vocación intersubjetiva), emociones particulares e impresiones singulares. Nótese que me gustaría hacer descansar en el término “singularidad” la posibilidad de decir algo sutil, interesante y distinto, y no algo cierto, científico y definitivo, y mucho menos una suerte de reproducción fidedigna de los valores de la obra de acuerdo con una intención análoga a la de Pierre Menard, el conocido personaje de una de las ‘Ficciones’ de Borges, cuya aspiración vital era reescribir ‘El Quijote’ exactamente tal como lo escribió Cervantes.

Y es que, si incidimos en la pregunta ¿qué es una crítica de cine?, y tratamos de responderla de una forma sincera y mínimamente realista, no podemos dejar de señalar el actual acrecentamiento de algunos problemas típicos de la crítica tradicional. El poeta Auden ya señalaba que es imposible hablar mal de un libro sin pavonearse. ¿Nos suena de algo esa actitud? Otro problema tradicional de la crítica apunta a un lastre aparejado a las relaciones entre críticos y autores, un entorno demasiado estrecho que conlleva todo un aparato de complicidades, guiños y códigos internos, todo un sistema coactivo de obligaciones y prohibiciones débiles que podría seguir teniendo como consecuencia suscitar una simulación generalizada sobre las películas, sobre los libros (aquí me refiero tanto a los libros o a las películas efectivamente leídos como a los vistos o leídos en condiciones de parcialidad). En el contexto de los especialistas, un tipo de simulacro es general y proporcional a la importancia que en dicho contexto ocupa el producto cultural.

Vendrían aquí también a colación argumentos muy diversos, por ejemplo, las conocidas tesis de Tom Wolfe –y su antecedente, Rodolfo Walsh– y el nuevo periodismo, esto es, la explosión de nuevas formas de narrativa periodística, la integración de fórmulas de la literatura de ficción a la crónica de los hechos, el cultivo de textos preciosistas en las descripciones, en nuevos géneros informativos donde el juego con el punto de vista es esencial. Lo realmente divertido de todo esto es que Peyrou no pretende, ni mucho menos, la inauguración de una nueva crítica cinematográfica de forma análoga a cómo Walsh, Gay Talese, Capote, Joan Didion o el mismo Wolfe, sentaron las bases del nuevo periodismo. Lo que tanto el filme de Octavio Guerra como la personalidad del propio Peyrou apuntan es que se trata de un juego cultural tan honesto como cargado de interés.

Al modo del bibliotecario de la inmensa novela de Musil, hay quien conoce no el contenido, sino la situación de un libro; en nuestro caso, el modo en que una película se dispone en relación con otras películas, o lugar que ocupa en la gran filmoteca colectiva. Probablemente, nosotros tampoco hablemos, cuando hablamos de cine, de una sola película, sino de toda una serie de películas a la vez, serie que interfiere en el discurso a través de tal título concreto, cada uno de los cuales remite al conjunto de una concepción de la cultura de la cual solo es símbolo temporal. Cargamos con una filmoteca interior llena de cintas reales e imaginarias que determinan la recepción de nuevas historias. Somos la totalidad de películas acumuladas tanto las vistas como las no vistas: un amontonamiento heteróclito de fragmentos de filmes. Por otro lado, Peyrou no dice (insistimos en ello) haber visto la película (tampoco asume no haberla visto), tampoco su crítica es caricaturesca, sino que a menudo se refiere al filme de forma vaga para colocarlo como objeto abierto de comentarios privilegiados que aportan una originalidad que, sin duda, no habría alcanzado de haber visionado el filme. Y si se nos vuelve a admitir la transposición, ¿no defendía el mismo Valéry que es suficiente haber hojeado un libro para consagrarle todo un artículo y que, incluso, sería inconveniente, para ciertos libros, proceder de modo distinto? “En última instancia, es cerrando los ojos ante ella y pensando lo que podría ser como el crítico tiene la ocasión de percibir lo que le interesa para precisamente superarlo: aquello que no es pero que comparte con otras”. La búsqueda de un singular punto de perspectiva implica procurar no perderse en tal o cual pasaje y, por tanto, mantener respecto al libro una distancia razonable, aunque sólo sea para permitir apreciar su significación verdadera.

Sugiero, pues, admitir que tanto la crítica literaria como la cinematográfica tiene (puede tener) un sentido, no solo explicativo o comprensivo, sino también lúdico y recreativo. Y que, asimismo, a través de estas dos últimas actividades se puede comprender mejor una obra. Apoyándose en Umberto Eco, razona Bayard que el libro aparece como un objeto aleatorio sobre el cual discurrimos de manera imprecisa; un objeto con el que interfieren permanentemente nuestras ilusiones y nuestros fantasmas. La lectura es una recreación. La película es también un objeto reconstruido. La reconstrucción es un juego abierto que trasciende la actualidad del film, un ensayo. Y fue, precisamente, Montaigne uno de los primeros en pensar sobre la relación entre la adquisición de cultura y la falta de memoria. Al hilo de una serie de reflexiones sobre los límites de nuestra naturaleza, quedaba claro al lector de los ‘Ensayos’ que no hay una diferencia tan grande entre lo que se ha visto o leído y lo meramente ojeado. Montaigne olvidaba los libros que había leído. Olvidaba incluso el motivo concreto por el que se había encaminado a la biblioteca. Con sus experiencias reiteradas de eclipse de sí mismo, escribe Bayard, da la sensación de eliminar todo límite entre lectura y no lectura. Para el filósofo francés, no conservamos en nuestra memoria libros homogéneos, sino, antes bien, fragmentos arrebatados a lecturas parciales, a menudo mezclados entre sí, y, por si fuera poco, remodelados por nuestros fantasmas personales: vestigios de libros falsificados, análogos a nuestros recuerdos-pantalla mencionados por Freud, que sobre todo desempeñan la función de disimular otros. Bien podría suceder que tanto los libros como las películas no fueran más que el soporte transitorio de una sabiduría impersonal. ¿No es así? Vale para el cine lo que sobre los libros estimaba Montaigne, que es propio de la lectura no producir más que un conocimiento frágil y temporal. ¿Vimos las películas que hemos olvidado por completo? Si nos damos cuenta, al fin y al cabo, pensar sobre estas cuestiones nos conduce irremediablemente a una posición desdoblada. ¿Y no es precisamente el desdoblamiento, el agente secreto que obtiene todo su poder de lo que oculta, uno de los temas más recurrentes en la literatura de Oscar Peyrou?

Portada de 'Al entrar en el río', de Oscar Peyrou (Canibaal, 2017).

Portada de ‘Al entrar en el río’, de Oscar Peyrou (Canibaal, 2017).

Hace un año pude, junto con Pablo Miravet y Ximo Rochera, editar con Canibaal el libro de Oscar Peyrou, ‘Al entrar en el río’. Se trataba de una estupenda antología de relatos que abarcaba casi 50 años de ejercicio de la ficción escrita. Por jugar con el título de este volumen, en él, lo recuerdo bien, se sucedían relatos y micro-relatos que recogían, en un nadar a contracorriente subiendo el cauce de un río de vida al modo del salmón, el extenso campo semántico, literal y metafórico de la muerte. La muerte es lo que vemos durante el día, dejó escrito Heráclito. Y un frío y turbador misterio que cubre los primeros planos de un cuadro, añadimos entonces nosotros, pensando en la pintura que sirvió de ilustración a la antología de Peyrou y luego (o a la vez) a ‘En busca del Oscar’, la película de Octavio Guerra sobre Peyrou. Muchos de los relatos de ‘Al entrar en el río’, como el tipo de crítica al que nos estamos refiriendo aquí, ocurren en el lapso de tiempo que media entre el amanecer y los crepúsculos: la noche, las ruinas, la palidez, el silencio, el gran pájaro negro, los ríos y los ruidos nocturnos, la atracción por el suicidio, la oscuridad, las sombras, la soledad y los suspiros; la desaparición callada de las puertas, las partidas, los lagos, la autopista, el olvido y la extrañeza, la rendición y los andenes, el cansancio, los resplandores funestos, la niebla gris y las luces cenitales. El lector encuentra en ‘Al entrar en el río’ luces de muchas clases, ciudades como mares, análisis de la cautela y el disimulo, micro-relatos inmensos en su exigente brevedad, cuadros donde se reflejan las miradas del espectador y la mirada misma de la noche, pinceladas sinestésicas sobre el color de la música, sobresaltos nocturnos, odiseas en el pasillo, críticas del fustigante crítico de la impostura y de la sonrisa de los idiotas; recreaciones: horas adversas en las que ese fingidor, probable autor de esos relatos, se queda solo y quieto, mirando la luz que oscurece todo.

Los que lo conocemos sabemos que Peyrou se parece a un agente secreto trufado de vida (y pantalla) interior y de vidas imaginarias a la manera de Marcel Schwob: el hombre poderoso –lo hemos dicho-  no es el que sabe, sino el que sabe y oculta lo que sabe. Con todo su misterio expresado en mil formas, el crítico cinematográfico es también un artista de la simulación cultural, un sofisticadísimo aparecido, un alma que ríe con Kipling y con Kafka, con Conrad y con Chesterton, con Borges y con Wallace Stevens.

Creo, en definitiva, que Peyrou juega un juego muy sutil y que su crítica creativa, hábil en el manejo de estilemas singulares capaces de escuchar las virtualidades de la obra, aprovecha el transcurrir de un río con meandros cuya forma de plantear la cultura desapareció de forma sigilosa. Las consideraciones de Peyrou –por muy alejadas que en apariencia puedan estar del desarrollo original de una película (pero ¿qué significa estrictamente estar cerca?) aportan al encuentro con ella una originalidad sugerente y abierta que, sin duda, no habría alcanzado si hubiera emprendido de forma ortodoxa su visionado. El estilo festivo (incidentalmente iconoclasta) de su crítica no sería posible, por ejemplo, sin los cambios de contextos de Duchamp, pero tampoco sin la jocosidad con la que asumimos, desde las últimas décadas del siglo XX, que habríamos de tratar con los tics más simples de la posmodernidad. El espectador de ‘En busca del Oscar’ como el lector de ‘Al entrar en el río’ percibirá las posibilidades imaginativas de la prolepsis o anticipación, figura en que se previenen las objeciones que pudieran hacerse dándoles una respuesta anticipada. El film de Guerra, al igual que el libro de Oscar Peyrou, no hacen explícito el discurso, pero tampoco caen en la sensiblería. Peyrou, maestro del understatement, como el buzo que deserta de una armada antigua, explora —sin darle apenas importancia– las profundidades de la muerte y de la vida con una sigilosa emoción intensa y sumergida.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Jesús García Cívico

Géneros de la técnica y el espanto en ‘Arquitectura y Terror’

‘Arquitectura y Terror’, nº8 de la revista Canibaal
Colegio Mayor Rector Peset
Horno de San Nicolás 4, Valencia
Viernes 26 de mayo de 2017 a las 19:30

La revista valenciana Canibaal (Revista de Arte, Literatura y Filosofía del colmillo) presenta el viernes día 26 de mayo su octavo número, dedicado en esta ocasión a una sugerente doble temática: ‘Arquitectura y Terror’. Como ya viene siendo habitual, la presentación tendrá lugar en el Colegio Mayor Rector Peset de Valencia (Plaza del Horno de San Nicolás, 4), situado en pleno dentro del barrio de El Carmen. El acto dará comienzo a las 19:30.

Canibaal. Makma

Inma Coll (imagen de cubierta), Jesús Palacios, José Luis Jover, Juan Francisco Ferré, Bárbara Traver, Susi Lizondo o Álvaro Colomer son solo algunos de los más de 50 colaboradores (artistas plásticos, fotógrafos, pensadores, poetas y escritores) que han participado en un número en papel de más de 150 páginas. Se ha reflexionado de forma interdisciplinar sobre vanguardia, crisis y actualidad de la arquitectura, literatura y arte que tienen al terror como principal motivo y, finalmente, sobre algunas de las inquietantes intersecciones clásicas entre ambos temas: la mansión gótica, la Torre de Babel, el monumentalismo, con especial atención a confluencias actuales no exentas de una mirada crítica en términos sociales, morales y estéticos: los nuevos «muros», los campos de refugiados, la pervivencia de construcciones vinculadas a los totalitarismos.

Encrucijadas y confluencias que abarcan un número imaginativo de episodios y referentes: del cine de Hitchcock a Birdie de la Compañía Señor Serrano, Guantánamo, la valla de Melilla, casas del bosque, albergues incendiados en el corazón de Europa, el hotel Overlook (El Resplandor), la casa de los Usher de Poe, el «no lugar» del antropólogo Marc Augé, las ruinas, King Kong en la cumbre del Empire State y muchos otros.

Imagen del ínclito Hotel Overlook, edificación protagónica de 'El Resplandor' (Stanley Kubrick, 1980).

Imagen del ínclito Hotel Overlook, edificación protagónica de ‘El Resplandor’ (Stanley Kubrick, 1980).

Se consagra la polémica sección de crítica del delegado en España de FIPRESCI, Oscar Peyrou, sobre películas que no ha visto, el ensayo, la poesía y los ecos que el doble leitmotiv del número suscita en los ámbitos artístico, literario, musical y cinematográfico, así como las nuevas secciones de pensamiento con reflexiones en clave feminista (la metáfora del «techo de cristal») y socioeconómica: suburbans, Lager, espacios de ocio de acuerdo con la crítica ya clásica de Marcuse, metáforas arquitectónicas y clases sociales (J. G. Ballard), los Centros de Internamiento de Extranjeros o las Torres Gemelas de Nueva York.

Fotograma de la película 'King Kong' (Cooper & Schoedsack, 1933), aupado sobre el Empire State Buiilding de Nueva York.

Fotograma de la película ‘King Kong’ (Cooper & Schoedsack, 1933), aupado sobre el Empire State Buiilding de Nueva York. 

Just in Heaven: Inma Coll en ‘La maleta de Victoria’

‘También los ángeles tienen alas’, de Inma Coll
La maleta de Victoria
Buenos Aires 5, Valencia
Hasta el 31 de marzo de 2017

“¡Quién, si yo gritase, me escucharía entre la jerarquía de los ángeles!”
‘Elegías de Duino’, Reiner María Rilke

‘También los ángeles tienen alas’ es el título de la exposición de la artista Inma Coll en el delicadísimo espacio del barrio de Ruzafa ‘La maleta de Victoria’: una veintena de obras de distintas técnicas y formatos de una estupenda pintora de larga trayectoria, con más de 56 exposiciones y ferias nacionales e internacionales, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Valencia (1980) y diplomada en Diseño por la Università Internazionale dell’Arte de Firenze (Italia) (1983), Inma Coll también cursó estudios de grabado calcográfico en el Instituto de Artes Gráficas de Santa Reparata (Florencia).

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

La presencia de los ángeles como tema del arte, especialmente de la pintura, ha permitido la creación de todo un imaginario de símbolos bajo la insoslayable mirada de aquel archiconocido detalle de la ‘Madonna Sixtina’, el cuadro que Rafael Sanzio pintó en el siglo XVI; un imaginario que tiene como hitos más hermosos, por citar sólo algunos gustos personales ubicados en El Prado, la ‘Santa Cecilia’ de Nicolas Pussin, el boceto sobre la felicidad eterna de José de Madrazo y Agudo o la multitud angélica concentrada bajo la ‘Inmaculada niña’ de Francisco de Zurbarán.

Sin embargo, una primera mirada a la obra tan clásica como brutal de Inma Coll emplaza de inmediato al visitante a la apertura de ese referente alado, que posiblemente desde la penúltima revolución científica no sea ya sino una expresión efímera del contradictorio estado del espíritu más humano y a cuya imposible disección le ha dedicado tantas páginas la angeología. Así, desde ‘Nacer de un ángel’, el collage de gran tamaño con el que se inicia el inquietante paseo por el cielo a través de las obras de Inma Coll, todo nuestro cuerpo y no sólo el tradicional destino de las emociones –el corazón y la cabeza– se tensa y pone en guardia.

Inma Coll. Makma

Ángeles, como la propia pintura de Coll, nada inocentes. Ángeles, como la propia pintura de Coll, poco convencionales. Ángeles impuros, ángeles de complejas revelaciones. Hay un ángel negro entre tela metálica y zinc que atestigua el cosido que remienda un corazón quizás también quebrado y el impulso de esta artista de largo y coherente recorrido por la fina línea que separa (o que une) el horror y la belleza, esto es, la determinación por aprehender sobre el papel, la tabla y el lienzo el impacto último de lo sublime.

Hay problemas ontológicos (‘El sexo de los ángeles’), primitivismo, cuerpos, provocación, símbolos, pintura despojada de cálculos, de toda jactancia, de toda petulancia; hay grabados de dos ángeles, ecos de sexo y ángeles caídos, trapecistas (ángeles metafóricos), ángeles ilustres (Ícaro) y hay bestiarios (‘Mujer sobre glifo’, ‘El ángel exterminador’), hay autobiografía y erotismo, animalidad y delicadeza y en todos esos casos, los ángeles de Coll tienen, sobre todo, algo urgente que decirnos.

Los ángeles que orbitan sobre su obra no son blancos ni puros, sino llenos de palabras y obsesiones; el ángel es también o, sobre todo (recordémoslo), un mensajero de alegrías o de cataclismos, de textos crípticos o de amor hacia los hombres como en el bello filme de Wim Wenders ‘El cielo sobre Berlín’. Poder de la palabra, incluso cuando ésta cae sobre una sima invisible de la comunicación y desaparece (‘Ha pasado un ángel’). Hay, de hecho, en aquel ángel negro una de las piezas centrales de esta hermosa exposición, ecos de las ‘Elegías de Dunio’, el poema removedor de tripas y conciencia, que debió movilizar en su momento el pincel clásico, primitivo, moderno y contemporáneo de Inma Coll: de nuevo la fuerza primordial de las palabras.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Efectivamente, nada en el repaso del currículo de los ángeles (desde el anuncio del embarazo más complejo de la historia a la eminente llegada del apocalipsis) permite confiarnos demasiado en su gracilidad, en sus alas o en su peso. Ligeros, pero nada predecibles, son los ángeles, por eso, y porque algo semejante a una celebración es lo que suele ocurrir en el particular espacio de Victoria (un espacio donde la artista y artesana colombiana despliega toda la magia de su personal escenografía), una última nota debe recogerse: Inma Coll, que ha expuesto en tantos lugares, ha acertado al integrar esta excelente muestra de su arte en un espacio personalísimo y angélico, con ecos de Venecia, Florencia y Estrasburgo, lleno de ángeles que se confunden con la propia obra de una pintora (volvemos a Inma Coll) cercana a los espíritus celestes, a los códices y al arte románico, pero también a Grosz, a Bacon y a sus demonios, a los sentimientos febriles como cuerpos deformados, al derroche del arte y la lujuria, a Rilke y a toda su poesía.

‘El cielo está vacío’ es el nombre de, en mi opinión, una de las obras más emocionantes de Inma Coll, sin embargo, como ocurre con los mejores artistas, Coll también se contradice: su cielo, alborotado de cuerpos, Eros, sueños y desvelo, figuras clásicas, terror, belleza y fantasía no está vacío sino repleto de ángeles… terribles.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Jesús García Cívico

 

Imágenes a 60 intensos segundos

‘60 segundos de luz’, de Fotolateras (Lola Barcia y Marinela Forcadell)
Ediciones Canibaal
La Llotja de Cànem (Castellón)
Miércoles 30 de noviembre
Fotolibrería Railowsky (Valencia)
Viernes 2 de diciembre de 2016

Una caja metálica con un agujerito por el que entra la luz y un trozo de papel fotográfico en su interior bastan para hacer fotografía. Las Fotolateras lo saben bien y han producido más de 4.000 imágenes con latas convertidas en cámaras estenopeicas, una de las técnicas más primitivas para hacer fotografía. Desde que “cocinaron” su primera fotolata en 2008, han perfeccionado la técnica y la han enseñado a más de 1.000 alumnos en lugares tan diversos como la Universitat de València, el Instituto Confucio o la London School of Economics. Tras ocho años viajando para ‘enlatar’ más de 50 ciudades de cuatro continentes, ahora editan su primer libro y cuentan toda su experiencia en ’60 segundos de luz’ publicado por la editorial Canibaal.

fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotógrafas itinerantes, viajeras incansables y apasionadas de la técnica estenopeica, Lola Barcia Albacar y Marinela Forcadell Breva viajan con sus “cámaras” (construidas a partir de latas) ‘enlatando’ el mundo. De una manera calmada y serena, retienen imágenes de ciudades bulliciosas y vivas transportando en sus maletas 45 latas y todo lo necesario para construir sus clásicos laboratorios ambulantes alrededor del mundo. El libro ’60 segundos de luz’ es en parte una guía de viaje.

El libro incluye decenas de obras, expuestas, entre otros, en el Museo Príncipe Felipe de Valencia, la galería Kowasa de Barcelona o la Atrium Gallery de Londres y muestra cómo su técnica les permite ver las ciudades desde una perspectiva más reflexionada: la del tiempo que tarda cada imagen en “cocinarse” dentro de las latas, 60 segundos.

Desde una perspectiva didáctica, generosa en detalles, las Fotolateras explican en el libro cómo construir tu propia fotolata, cómo realizar las fotografías y cómo revelarlas. Además, ’60 segundos de luz’ incluye pinceladas de historia de la fotografía y los consejos aprendidos en ocho años de trayectoria en la búsqueda por la perfección técnica. Una búsqueda que las ha llevado a dividir el trabajo y especializarse cada una en un aspecto de la captación de imágenes: Lola es experta en encuadrar y Marinela en controlar el tiempo de exposición.

Pekín, fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

Pekín, fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

Su voracidad cultural y su necesidad de nuevos retos las han llevado a organizar numerosos proyectos de intercambio artístico como Beerlowsky, cerveza etiquetada con imágenes de diversos artistas o Versus, el proyecto en el que retaron a duelos fotográficos a diversos creadores culturales, fotógrafos, escritores o periodistas.

Con prólogo del periodista y crítico musical, Rafa Cervera, ’60 segundos de luz’ es, además, el tercer título de Ediciones Canibaal. Canibaal no es sólo el rótulo de la revista semestral, impresa e independiente de arte, literatura y filosofía (del colmillo) que ha publicado a artistas y escritores como Raúl Zurita, Esther Ferrer, Isabel Muñoz, Concha Prada, Artur Heras o Enrique Vila-Matas y que cuenta entre su consejo asesor con nombres como los de Carmen Calvo, Antonio Beneyto, Ferrer Lerín o Javier de Lucas, sino que es también una editorial caracterizada por un fino equilibrio entre riesgo, innovación y calidad. Ximo Rochera (Castellón, 1968) y Jesús García Cívico (Valencia, 1969) están detrás de esta facción Canibaal dedicada a libros de ficción, poesía y ensayo, así como a títulos de géneros híbridos y modernos como el que tenemos aquí.

La presentación del libro tendrá lugar el miércoles 30 de noviembre en la Llotja de Cànem de Castellón y el 2 de diciembre en la librería Railowsky de Valencia.

Cuenca, fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

Cuenca, fotografía de Fotolateras. Imagen cortesía de Railowsky.

El aullido ubuesco de Aldo Alcota

Conversación con el artista y poeta chileno Aldo Alcota, con motivo de su reciente participación en Russafart 2016 y en la Revista de Arte y Literatura Canibaal

Merodear y reflexionar en torno de los turbios y densos cuerpos limítrofes que solidifican el encuentro entre obra -artística y literaria- y biografía exige aproximarse al inmediato devenir de individuos en sempiterno ejercicio atlético de su condición indisoluble, a perfiles sin descanso ni rutinas del ser, figuras volcanizantes que, aún dormitando, claman desde lo onírico una permanente vindicación de su fértil aullido.

Un complejo cómputo de estas contingencias existenciales cobran morfología natural en la figura de Aldo Alcota (Santiago de Chile, 1976), cuasi-inefable hombre de atributos ubuescos (un oremus por el disoluto patafísico Alfred Jarry) y radical cosmogonía de lo consuetudinario, cuya narración mítica palpita permanentemente en su conversación con la revista Makma.

Obra perteneciente a la serie 'Mundo Bruto' expuesta en IMT, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Obra perteneciente a la serie ‘Mundo Bruto’ expuesta en IMT, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

EL ALIMENTO/ LA OBRA

Los galpones comerciales de IMT (Literato Azorín, 35) y L’envers Du Decor (Cuba, 43) han sido refugio material de una selección de la obra reciente del chileno, consecuencia de su participación nominal en la quinta edición de Russafart, que ha permitido exhumar su intervención plástica en desechos rudimentarios, gabinetes de computadoras, papel pintado y objetos efímeros -”me gusta intervenir cosas en desuso, revivirlas, darles una nueva vida”, así como diversos dibujos sobre cartones encontrados que procuran componer un mapa comunicativo propio del movimiento ‘L=A=N=G=U=A=G=E poets’ norteamericano, con Charles Bernstein, Hanna Weiner o Clark Coolidge a la cabeza -”todos hablando a la vez, con diferentes tipos de energía”-.

Alcota manifiesta sumarísimamente el influjo dominante y explícito de la Patafísica, el Dadaísmo, y el Surrealismo, o la heteróclita humedad de lo sótanos de Pierre Molinier y el Marqués de Sade, la irreverencia de Eduardo Haro Ibars y el puerto erótico y delictivo de Jean Genet, si bien “algún crítico diría que lo mío es un arte ubuesco, de lo monstruoso, de la deformación de la corporalidad”. A propósito de alguno de sus trabajos asevera que “este es un tiempo de fragmentación. Por ello no son cuerpos en su totalidad, sino fragmentos (…) una especie de laboratorio del desmembramiento”

Sobre los anaqueles del IMT reposa su impía serie ‘Mundo Bruto’, una colección de collage sobre el frágil soporte de bandejas alimentarias de cartón -”comencé a emplearlas como recurso en 2007”, que se aproxima a personajes ínclitos, dementes, chamanes y magos, políticos y beodos “que viven un delirio surrealista”, como es el caso de la presente secuencia de ministros del Imperio británico extraídos de una enciclopedia sobre la época victoriana. “Trabajo sin boceto, soy primitivo, arrojo todo, papel, tinta y pintura (…) me seduce la precariedad del soporte mínimo, povera, de una bandeja para comer. Mi arte es alimenticio. Los ojos devoran la imagen”, es por ello que postula “que el ojo sea una mandíbula para comer imágenes”.

Detalle de varias piezas de Aldo Alcota expuestas en L’envers Du Decor, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Detalle de varias piezas de Aldo Alcota expuestas en L’envers Du Decor, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

SANTIGO DE CHILE/ DERRAME/ LA GÉNESIS

Reflexionar sobre el raquis teleológico de la obra de Alcota exige recurrir, de un modo ineludible, al denominado contexto de producción, acudir al origen del primer destello, que en el caso del autor capitalino -hijo de la dictadura, en tanto que nacido en pleno Régimen Militar, comandado por el general Augusto Pinochet- se remonta a una adolescencia perfilada por el influjo de uno de sus profesores de Liceo, Luis Reyes, quien le inoculó el ímpetu de salir de Chile y viajar al Viejo Continente -”había estado en Francia, en París, hablaba de arte en sus clases, de Salvador Dalí y de Miguel Ángel”-.

Con posterioridad, Aldo Alcota cursa estudios de periodismo en la Universidad Andrés Bello de Chile y se fraguan con ahínco sus inquietudes primigenias. Con los escritores y poetas Rodrigo Hernández, Rodrigo Verdugo y Roberto Yáñez Honecker -nieto del ínclito y denostado Jefe de Estado de la RDA-, entre otros, funda en 1999 la revista ‘Derrame’, que nomina al homónimo y ulterior grupo surrealista y cuyo título procede anecdóticamente “de haberse derramado una copa de vino sobre un libro de Vicente Huidobro”; sobre ella asevera que “algún día será leyenda”. ‘Derrame’ supervive durante ocho números, en los que se homenajea al surrealista portugués Cruzeiro Seixas y se dan cita nombres como Joan Brossa, Chema Madoz, Rosamel de Valle, el Grupo Mandrágora o Carlos de Rokha, con la pretensión, en muchos casos, de retomar la atención sobre figuras postergadas injustamente al olvido literario y artístico.

Paralelamente, irrumpe en la existencia de Alcota la agreste y nicotínica presencia de la poeta de la Generación del 50 chilena Stella Díaz Varín, popularmente conocida como La Colorina y determinante musa de Alejandro Jodorowsky; “la conocí en la Feria del Libro de Santiago de Chile. Yo había estado ese día con José Donoso (…) fue una de mis maestras. Se pintaba el pelo de color verde y llevaba un tatuaje de una calavera atravesada por un puñal (…) murió en 2006, tras diez años de amistad”. Acerca de Stella afirma que “era un vendaval, fuerte, capaz de golpear a un hombre. Allí golpeó a muchos escritores que la ninguneaban. En Chile se hablaba de esas anécdotas, que era buena para el boxeo (…) siempre he querido reivindicar su figura como poeta”.

De su etapa santiaguesa recuerda su primera exposición individual, en 2001, bajo el título ‘Jarry Monster’, en la que el escritor y crítico de arte italiano Enrico Baj le dedica unas palabras de ensalzamiento de su naturaleza ubuesca. Mención ineludible merece rememorar la censura de su obra en una exposición en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura, en 2004, según recoge el diario Tiempo Libre: “Tras detectar la presencia de minúsculos penes y senos en alguna de las composiciones del autor, el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura intentó excluir esas obras. Ante ello, el artista decidió abortar el montaje”.

Diversas imágenes del álbum personal de Aldo Alcota. De izquierda a derecha, con Anne Éthuin, Édouard Jaguer, Stella Díaz Varín, Carlos Sedille y Jean Benoît. Fotografías cortesía del artista.

Diversas imágenes del álbum personal de Aldo Alcota. De izquierda a derecha, con Anne Éthuin, Édouard Jaguer, Stella Díaz Varín, Carlos Sedille y Jean Benoît. Fotografías cortesía del artista.

PARÍS/ LA ARCADIA SURREALISTA

Portando su reciente licenciatura, se traslada por primera vez a Europa -”mis padres, quienes me han apoyado mucho y a quienes admiro, me regalan el viaje”- y recala en París durante cuatro meses con un visado de turista que no osa mancillar -”intenté quedarme pero no tuve la valentía de permanecer como ilegal (…) qué hubiera sido de mí si me hubiera quedado en París”-. Allí se hospeda en la casa de uno de los miembros del Grupo Surrealista Derrame, el franco-peruano Carlos Sedille, periplo sobre el recuerda que “fui a su casa en la afueras. Tuve una relación delirante con su padre, un veterano de la guerra de Argelia, lepeniano y obsesionado con Napoleón”.

En París contacta con el eximio escultor surrealista Jean Benoît, quien “fue uno de los grandes amigos de Jodorowsky”. Benoît es recordado, entre otras singularidades, por su confección de insólitos trajes, como el de su pieza ‘El testamento del Marqués de Sade’, en el marco de la Exposición Internacional de Surrealismo -“en el apartamento de Joyce Manosur hizo un ceremonial primitivo-surrealista y con un hierro candente se marcó en el pecho las iniciales de Sade, secundado por Matta (Roberto)”, ante la presencia de André Breton-. Sobre una de sus creaciones (‘El traje del necrófilo’), Alcota escribe para la revista satírica chilena The Clinic. Con Benoît comparte una experiencia con un apurado desenlace superviviente: “Acudíamos a una exposición de Roberto Matta, Jorge Camacho y Gerardo Chávez. Benoît me invita a beber cerveza en un bar, vamos borrachos por París y casi nos arroya un autobús. Fue una experiencia alucinante”.

Igualmente, mantiene relación con el poeta y crítico de arte parisino Édouard Jaguer, a quien “todos los martes lo veía. Cenaba una botella de vino con galletas” y entabla relación con el pintor surrealista cubano Jorge Camacho y su esposa Margarita -”sabía de él por referencias enciclopédicas (…) pensaba que algún día lo conocería”. En el transcurso de una exposición y ante un cuadro de André Michaux, conversan acerca de la propia obra de Alcota y Camacho le reporta una sugerencia determinante a partir de entonces: “tienes que deformar más (…) y empecé a deformar las figuras”.

Por mediación de los Camacho y el auxilio de “una joven húngara que trabajaba en una galería parisina” se aproxima a la obra del poeta cubano Reinaldo Arenas, erigido desde entonces en una referencia. “Margarita Camacho me regaló ‘Antes que anochezca”, la celebrada autobiografía del autor. “Hay una frase de Arenas que me ha impactado mucho: yo escribo por venganza”; esto supone la revelación de un escritor a la contra que “yo comparto” -”Camacho (Margarita) decía que era un genio”-. Años después, conoce en Valencia al escritor cubano Juan Abreu, amigo y figura decisiva de Reinaldo y compañero de la denominada Generación del Mariel, en referencia al Éxodo del Mariel, que supuso el exilio masivo de cubanos hacia el puerto de Miami, en 1980.

Imagen de varias publicaciones y referencias del archivo personal de Aldo Alcota. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de varias publicaciones y referencias del archivo personal de Aldo Alcota. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

EL MEDITERRÁNEO/ PENÚLTIMO PUERTO/ COLMILLO CANIBAAL

En 2007 arriba en Valencia -tras los fortuitos e inesperados pasos de su hermano Miguel Ángel, chef de referencia afincado en Londres, en la actualidad- matriculado como visitante en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos y posteriormente cursa un máster de gestión cultural. Acerca de esta experiencia Alcota manifiesta que “vine con otra concepción del arte. Había una práctica muy fanática por artistas como Antonio López, pero yo llegaba con otro discurso, influido por Roberto Matta, el arte primitivo o Basquiat”. De esta etapa recuerda las clases de Enrique Tormo, “de Arte Africano y Arte de Oceanía. También a Facundo Tomás, un hombre provocador, gran teórico del arte. Llevó una exposición sobre el Equipo Crónica a Chile y allí pude verla”, años atrás. Con ulterioridad, trabaja en el MUVIM en calidad de becario durante dos años y medio -”gané experiencia museística. Viví todo el conflicto con Román de la Calle”.

Tras este período “conocí a Ximo Rochera (director de la Revista de Arte y Literatura Canibaal) en el taller de literatura LAB, en la galería Imprevisual (dirigida por el cubano Arístides Rosell). Lo impartía Manuel Turégano (editor del sello Contrabando). Allí coincidí con Fran Amador Luna, Bárbara Blasco y Edu Reptil”, entre otros. Entablada la relación con Turégano, publica su primer poemario ‘Guayacan/ Virgen Bacon’ en Contrabando, tras haber formado parte de la antología ‘Por donde pasa la poesía’ (Baile del Sol Ediciones). Por su lar valenciano han transitado diversos poetas latinoamericanos, como Héctor Hernández Montecinos o Enrique Winter, amén de poetas visuales como el catalán JM Calleja, lo que le ha permitido “reconciliarme con la poesía. Puedo afirmar que en Valencia me he iniciado como tal”.

2013 supone la génesis de la revista Canibaal, comandada desde sus orígenes por Ximo Rochera y en la que Alcota ha sido director de arte y ahora colaborador y corrector, en compañía de Sergio Pinto Briones -”gran amigo, con quien he hecho diversas performance”. En la actualidad, forman parte del equipo directivo de Canibaal Jesús García Cívico y Pablo Miravet, “compañero de andanzas nocturnas, con quien realizo grandes homenajes a Lou Reed, Candy Darling (transexual amiga de Dalí y Capote, actriz en las películas de Andy Warhol) y Michi Panero.

Portada del número 6 de la Revista Canibaal, 'Carne y Metaliteratura'. Fotografía cortesía de la revista.

Portada del número 6 de la Revista Canibaal, ‘Carne y Metaliteratura’. Fotografía cortesía de la revista.

Fruto de la referencia al ciclo ‘Literatura y alcohol’, desarrollado por Canibaal, durante los meses precedentes, en la conspicua carnicería literaria Slaughterhouse, Alcota repasa su propio devenir etílico, determinante en su proceso de extraversión: “el alcohol es un excitante para poder hablar. Desde pequeño sufro de una pequeña tartamudez. Cuando bebo puedo leer ante el público, entro en un mundo de excitación y de delirio. Me siento como ‘El barco ebrio’ de Rimbaud, la alucinación de Bukowski. Con Stella (Días Varín) bebía mucho. Suponía olvidarse un poco de la crudeza del mundo, entrar en otra fase, de tranquilidad y de excitación a la vez, de catarsis (…) es como si estuviera aquí el dios Pan y todo empezara a enloquecer”.

Por Canibaal han transitado nombres decisivos como Nazario Luque Vera  -”conocer a Nazario ha sido uno de los momentos más grandes de mi vida. Caminar con él por barrio gótico barcelonés en compañía de Ximo Rochera (…) imaginar la Barcelona de Ocaña y Camilo…”-, Ana Curra o Enrique Vila-Matas, sobre el que recuerda que “pude conocerlo en la Feria del Libro de Santiago de Chile en 2002. Le regalé un cuaderno mío de poesía y dibujos (…) tiempo después me escribió un mail en el que me decía: he pensando en ti. Espero que te vaya bien”. Este encuentro pudo fructificar años más tarde, cuando Alcota le requiere para escribir en la revista -”desde entonces es un colaborador absoluto de Canibaal”.

A propósito del último número de la revista, ‘Carne y metaliteratura’, concluye que “el siglo XX, tan violento, ha supuesto una gran representación de la carne y la corpolaridad desgarrada, un colmillo canibal que devora a unos y a otros. La revista va acorde con los tiempos. Como afirma Woody Allen: el mundo es un gran restaurant”. En base a estos precedentes, Aldo Alcota no dubita en confesar que “el gran tema de hoy es el hambre, el físico y el espiritual”.

El artista y poeta Aldo Alcota, frente a una de sus obras expuesta en IMT, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El artista y poeta Aldo Alcota, frente a una de sus obras expuesta en IMT, para Russafart. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

La metacarne que viene: Canibaal 6

‘Carne y Metaliteratura’
Presentación del número 6 de la Revista Canibaal
Colegio Mayor Rector Peset
Sala de la Muralla
Plaza Horno de San Nicolás 4, Valencia
Jueves, 26 de mayo de 2016, a las 19:30

El jueves 26 de mayo de 2016 se presenta el número 6 de la revista de arte y literatura Canibaal, en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset, a las 19:30h.

El acto contará con la presentación a cargo de Ximo Rochera (director), Jesús García Cívico (jefe de redacción), Pablo Miravet Bergón (editor) y la actuación de diferentes colaboradores (Óscar Peyrou, Jose Ramón Alarcón, Graham Bell Tornado y alguna sorpresa cárnica y metaficcional).

Para este número contamos con los siguientes colaboradores: entrevista a Javier Gallego (Carne Cruda), a Esther Ferrer, al escultor sirio Assem Al Bacha y a La Pocha Nostra; relatos de Enrique Vila-Matas, Patricio Pron, Manuel Vilas, Jesús Zomeño, Belén Palos, Scott Duncan, Carmen Rosa, Edu Almiñana, Ximo Rochera, Cristina Morales, Pablo Rubio y Aitana Carrasco; ensayos de María Llopis, Ramón Pérez Parejo, J.S. de Montfort, Miguel Ángel Hernández, Cristina Gutiérrez Valencia y Rubén Barroso, poemas de Eva Vaz, Bárbara Butragueño, David Trashumante, Jose Ramón Alarcón, Berta García Faet, Javier Swift, Román PC, Gabriela Contreras y Luis Tamarit; fotografía de Concha Prada, Isabel Muñoz, Alberto Adsuara, Carles Gisbert, Paola Bragado, Sara Trujillo, Edmundo Saiz, José Manuel Madrona, Judith Vizcarra, Ainhoa García, Jean-Marc Lostetter, obra de Antonio Barroso, María Cañas, Walmor Corrêa, Julián Ortiz, Lidia Nuñez, Miguel Ángel Aranda, Marcos Kowalski, Fernando delhambre, Pedro Sánchez, Miracoloso, Marieta Campos, mariquita desdémona schneider y Senior i por brutal; incluimos la nueva sección de Óscar Peyrou y los Ecos de la caverna Canibaal, con crítica de Eva Peydró, Pedro Uris, Orlando Bosch, Dani Gascó, Rafa Cervera, Jorge Albi, Juan Vitoria y Eduardo Guillot, Aldo Alcota, Jesús García Cívico, Pablo Miravet Bergón y Elisabeth Falomir.

Carne y Metaliteratura. Makma

Canibaal aborda temáticas dobles. Hemos elegido para este número dos asuntos inicialmente divergentes: ‘Carne y metaliteratura’.

Metaliteratura: literatura sobre literatura. Don Quijote, Tristram Shandy, Joyce, Vila-Matas, Piglia, Borges, Perec. Más en general, podemos convenir en que la metaficción produce un distanciamiento del texto y un cuestionamiento de los elementos ficticios o reales que interactúan no solo en el proceso de escritura, sino también en la lectura. Hay metaficción en las novelas, en el teatro, en la pintura, en el cine, en el cómic, en la poesía, en la performance de Esther Ferrer, en la fotografía de Isabel Muñoz o Concha Prada. Nueva historias sobre las historias de Becket, Pynchon, Kundera, Nabokov… Encontramos metaficción en el cine: Ocho y medio de Fellini, La noche americana de Truffaut, Bienvenido Mr. Marshall de Berlanga; tropezamos con ella en Watchmen de Gibbons y Moore, en Maus de Art Spiegelman, en Las meninas de Velázquez.

Efectos mapplethorpianos en los filetes de este número. Sutileza de la imagen que evoca el desgarro de la carne. Podemos verlo en una mirada o detenernos a contemplarlo sobrecogidos junto a Dalton Trumbo: Johnny cogió su fusil. Sugiere materia o ausencia de esta –“¿qué médico ha sido capaz de reducir a un hombre a lo que soy ahora y dejarle seguir viviendo?”– solloza Joe entre páginas que son años. “La carne” frente a la convención social como en La escuela de la carne de Yukio Mishima o, en la obra de Michel Houllebecq; naturaleza cárnica del cuerpo: “La carne” del cubano Virgilio Piñeira. Hay carne en la oposición: carnal/ espiritual, esto es, en la vía del erotismo y todos sus afines; hay una línea de semejanzas con la fragilidad y, ligado a este punto, con la barbarie: matanzas, genocidios, dictaduras. Algunos artistas invitados la han explorado.

Imagen de la obra de Alberto Adsuara que forma parte de 'Carne y Metaliteratura'. Fotografía cortesía de Canibaal. (http://albertoadsuara.blogspot.com.es)

Imagen de la obra de Alberto Adsuara que forma parte de ‘Carne y Metaliteratura’. Fotografía cortesía de Canibaal. (http://albertoadsuara.blogspot.com.es)

‘Meat is murder’ cantaban The Smiths. Hay críticos que nos recuerdan el filete más famoso de The Beatles, el círculo cárnico de la rubia Debbie Harry desde «’n the Flesh»’ segundo single de Blondie, hasta el ‘Manifiesto de la Nueva Carne’ de Cronemberg: Videodrome. En este número de Canibaal hay nichos, hay sexo, hay surrealismo, hay una baronesa rusa encerrada en el Thyssen escribiendo sobre Munch, hay una nueva sección (Ecos de la caverna Canibaal), hay críticos que hablan de las películas que no ven, hay ‘Carne cruda’. La carne apunta al erotismo, a la fragilidad de los jóvenes conducidos a la carnicería pero también a la gula de vivir. Podemos darle un uso macabro como hace Dimitri Tsylakov “es la piel sosteniendo carne para disparar la piel”. Piel sobre piel, metapiel, podríamos decir.

La carne como entelequia, hipocondría dietética, fijación del penitente, origen de la decrepitud, ganas de vida, breve relato de un relato breve.

Fotograma del filme 'Porcile', de Pier Paolo Pasolini. Fotografía cortesía de Canibaal.

Fotograma del filme ‘Porcile’, de Pier Paolo Pasolini. Fotografía cortesía de Canibaal.

Ximo Rochera
Director de Ediciones Canibaal
www.canibaal.es

 

‘Impure’: pura Staiano

Entrevista de Jesús García Cívico a Anna María Staiano con motivo de su proyecto Impure

El pasado sábado 23 de abril se presentó en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Impure, la publicación de la artista, editora y diseñadora Anna Maria Staiano. Punto de arranque para generar una publicación que se presenta ya como un fascinante híbrido de disciplinas; se trata, en palabras de Ángela Molina -curator, especializada en new media art y encargada de la presentación-, “de una materialización de lo que representa la unión de diversas prácticas artísticas para generar un todo de orden superior, un documento de lo Impuro como concepto generador de creatividad y vida”.

Hibridez, creatividad, transgresión, elogio de la impureza. No es difícil coincidir con Molina en que Impure representa, antes que nada, la obra ilimitada pero también la vida desafiante (de las convenciones) y respetuosa (de las personas) de Anna Maria Staiano.

Un momento de la performance acontecida en IVAM. Fotografía: Toni Cordero.

Un momento de la performance acontecida en IVAM. Fotografía: Toni Cordero.

En el IVAM pudimos ver, entre brillo de alhajas y galas de talento, la performance basada en la foto-novela Transexpace – Galactic Revolt de Abel Báguena, Graham Bell Tornado, Carolina Boluda, Eva Pez, Jennifer Picken e Isaac Torres (narrador): ironía, lucidez, joyas como ropaje de sentimientos afines a esos estallidos lúdicos de dignidad con la que se derrumban por igual el despotismo del sexo dominante o los imperios.

Nos acercamos a Anna María para que nos respondiera, en sus propios términos y tipografía, qué es Impure.

Jesús García Cívico (JGC): He participado en tu proyecto con mucha ilusión, era fácil advertir en él mucha imaginación, una provocación llena de un humor inteligente y un regocijo escandaloso no exento de talento, pero uno de mis íntimos metafísicos es Epimeteo, aquel titán desgraciado que se daba siempre cuenta demasiado tarde de las cosas. No es descartable, pues, que me haya perdido algo o no me haya enterado del todo de qué va. Anna, ¿qué es Impure?

Anna Maria Staiano (AMS): Impure une un híbrido de disciplinas, una mezcla entre la joyería contemporánea que hago y el trabajo de lxs fotógrafxs, escritorxs, diseñadorxs, performers, modelos, curadorxs, investigadorxs, artistas y artivistas que han reaccionado y se han interrelacionado con mis piezas. Impure intenta realizar y expandir el potencial de la joyería contemporánea para generar nuevas formas y ampliar su campo de acción. Hemos tratado de experimentar con técnicas de publicación y formatos que mezclan  el arte con la joyería, la performance con la moda y la fotografía con la literatura, de tal manera que la publicación se convierte en la fusión de todas esas disciplinas. Su núcleo es mi colección CorpoREacción, piezas un/wearable creadas para personas que se atreven a ser diferentes, que entienden que las convenciones sociales son un juego y que podemos subvertir las normas o incluso inventar nuestras propias reglas. Lo más interesante para mí era experimentar con diferentes formatos. Ver la reacción de transferencia, la impresión que producía en otras personas que, como tú, aceptaron colaborar en el proyecto.

Una de las páginas interiores de 'Impure'. Fotografía cortesía de la artista.

Una de las páginas interiores de ‘Impure’. Fotografía cortesía de la artista.

J.G.C.: Para reivindicar la diversidad has elegido colaborar con personas que siempre has tratado de visibilizar

A.M.S.: Sí, bi/pansexuales, queers, agéneros, transgéneros y de género fluido que forman parte de mi red afectiva. He realizado muchas piezas pensando expresamente en la persona que iba a llevarlas. Como sabes, las fotografías incorporadas en la performance juegan con el género y cómo es tratado éste en el mundo de la moda, desafiando los roles y estereotipos sobre sexo/género y su representación. Las piezas y su mise-en-scène utilizan el kitsch y el camp (sistemas de valores relacionados con una sensibilidad queer) para subvertir los valores de la cultura comercial heteronormativa.

J.G.C.: Anna, ¿cómo será la publicación Impure y cómo la vais a sacar adelante?

A.M.S.: Vamos a publicarla en una edición bilingüe a todo color, y hemos pensado en hacer una  versión deluxe y otra estándar. Justo ahora estamos lanzando la campaña de micro-mecenazgo en Verkami, la información se podrá ver en mi web (clic aquí). En principio tendrá unas 160 paginas e incluye textos de En principio tendrá unas 160 paginas e incluye textos de Jose Ramón Alarcón, Aldo Alcota, Irene Ballester, Graham Bell, Johanna Caplliure, Jesús García Cívico, Kepa Karmona, Ángela Molina, Carmen Navarrete, Marisol Salanova, Rosa Sanchis, Paula Valero y fotografías de Asún Bonilla, Fabrizio Campisi, Toni Cordero, Fermín Jiménez Landa, David Macías Navarro, Alejandro Sanchéz, Carlos Valencia y Ana Wika y la colaboración de Judith Álvarez (encargada del diseño gráfico), Abel Baguena, Elena Battaglia Grunder, Ángela Bermúdez/La Diva, Maria Bala, Atthis Bond, Yui Black, Carolina Boluda, José Luis Giner Borrull, Isabel Caballeros, Liz Dust, Ana Donat, chris guarrillerx, Josey Heyes, Bea Higón, ideadestroyingmuros, William James, Rampova Kabaret, Joel Maldonado, Perla Tempesta, Eva Pez, Jennifer Picken, Ximo Rochera, Jacobo Julio Roger, Diana J. Torres, Isaac Torres, Liliì Tras Tras y Mad Vicious, además de otras personas que han colaborado en distintas fases del proyecto. Creo que no me he dejado a nadie.

Hasta aquí la entrevista. En Impure hay imagen, tesoros, seda, aforismos y microtextos de muchas naturalezas, risa, reivindicación y algo de poesía, pero yo creo que ese no dejarse fuera a nadie constituye la preocupación artística pero también personal, estética y a la vez vital del arte divertido y perspicaz, libre pero muy pensado de Anna Maria Staiano.

Jesús García Cívico

 

Begoña Zornoza, procesos de desmoronamiento

Begoña Zornoza, “Pedra i tisora”
Sala de exposiciones de la Societat Coral el Micalet
Guillem de Castro, 73. Valencia
Hasta el 9 de marzo de 2016

Que «la vida es un proceso de demolición» lo dejó escrito Scott Fitzgerald en ese relato de madurez cuyo título podría definir bien la propia tensión artística de Begoña Zornoza: «Crack-up». Una vajilla valiosa que cae, como una vida que se quiebra, pueden conservar intacta su apariencia pero quien se acerca a ellas o sencillamente quien sabe ver, advertirá por encima de la convención y de la liga, el hilo fino de la resquebrajadura. Figuras, seres, rotos y después pegados: crack-up.

Zornoza reacciona entre la diversión y la tragedia frente las tendencias invasivas de la experiencia visual contemporánea (la sobreabundancia de imágenes y representaciones). Protesta o se protege la pintora del propio exceso de la creación plástica. Esto es, justo al otro lado del linchamiento icónico, la artista rompe, agrede y desmiembra con una vocación aparentemente inversa a la del célebre doctor de Mary Wollstonecraft Shelley- la voluntad de permanencia de la imagen.

Imágenes, fragmentos como cortesías que el pasado tiene con la memoria, trozos de figuras, algunas de ellas inquietantemente parecidas a nosotros mismos. Juegos y juegos de manos, recuerdos, niñas, olvido del mundo. En efecto, caracteriza a esta artista sensible y lúcida, con influencias de Saura, Basquiat o Dubuffet la perpleja resistencia en la ruptura (desmoronamientos, llagas, desbarates), la inquietud creativa en el mismo proceso de demolición. Quien se acerque a su obra sin referentes ni juicios antes de hora sentirá es de prever que sea asíuna primitiva, lúdica, conexión con la expresividad del arte africano, con el quehacer recreativo de los niños.

Figuras, memoria, niñas, hombres, mujeres rotas, muchachas fragmentadas con la misma conciencia con la que se deleitan las olas allanando la zona edificada de alcázares y murallas en la orilla la playa. Sí, todos las figuras aparecerán a la luz el día, una vez ida la marea, recompuestas como personajes aplastados en la superficie de un papel blanco con una lesión consciente entre sus partes y una culpabilidad afín a la que se plantea la pleamar frente al castillo de arena.

Con esa intención sensible, lúdica y a la vez melancólica (muchas de sus figuras apabulladas parecen fijar sus ojos, rotos y luego aglutinados, en la neblina de la infancia), la pintora, ubicada en el barrio de Ruzafa, presenta en Pedra i tisora una serie de obras destinadas a remover, a echar luz también sobre los rincones de nuestro propio proceso de desmoronamiento y pegado.

No se deje engañar por el aparente vaciamiento de la imagen (no se fie de ella, pues se presenta, en todo caso, cargada de tensiones). No se queda tampoco en la desgarradura. Cioran, admiraba al Fitzgerald del «Crack-up» por su quehacer en el insomnio. Un insomnio que nosotros disfrutamos con el mismo deleite con el que celebramos cada noche de tormenta e inviernola urdimbre de Villa Diodati: el célebre encuentro de Byron con Mary; el de Shelley con Polidori, aquel verano sin sol en el que se concibieron todos los monstruos.

Zornoza la artistacomo la maquinadora Shelley, contiene un monstruo y también un Prometeo. Aunque a veces, para desconcierto y delectación no sepa el espectador dónde empieza uno y donde termina la otra.

J. G. Cívico 

Pedra i tisora de Begoña Zornoza, 2016. Cortesía del artista.

Pedra i tisora de Begoña Zornoza, 2016. Cortesía de la artista.

La Volière de Hélène Crécent

La Volière, de Hélène Cécent
Trentatres Gallery
C / Dénia, 62. Valencia
Inauguración: viernes 22 de mayo, a las 20.00h

La volière es el término que designa en francés esas enormes jaulas en las que los pájaros vuelan pero no escapan. Es también el nombre de la exposición en la Trentatres Gallery de la artista francesa Hélène Crécent (Pau,1966).
Fascinación por los pájaros, animal nada domesticable. Solo en el Museo del Prado, el biólogo Gómez Cano contabilizó en su día 729 pinturas con representaciones de aves de 36 especies: de la saga Brueghel al concierto de Jan Fyt.

Más allá de los muros académicos, en las cuevas de sueños olvidados donde nos introdujo el cineasta alemán Werner Herzog, nuestros antepasados ya consideraron importante detener la frágil estructura de las aves en la superficie con memoria de la roca.

La exposición en Trentatres, una de las galerías de arte de referencia más frescas de Valencia, está más cerca de la fascinación primigenia –entre el art brut (expresión acuñada por Dubuffet para referir el arte más allá de la puerta de salida del sistema: trazos de dementes, niños y reclusos) y el pigmento natural de la caverna– que de los híbridos de Max Ernst.

Mirada virginal o primigenia y, sin embargo, la obra de esta pintora, poeta y escultora con aspecto de bailarina de danza clásica está penetrada, versada, por decirlo quizás de forma políticamente correcta, de formación, desde la Ecole des Beaux Arts de Bordeaux a las influencias de la también francesa Annette Messager (Le repos de pensionnaires) o de los mejores representantes del grupo CoBrA (Karel Appel o Asger Jorn).

No hay en esta volière de pájaros arrebatados -como no había en la adaptación hitchcockniana de Daphne du Murier- interés por el último motivo ni voluntad de conocerlos bien a todos. Que lo haga el espectador. Una únicanota basta para caracterizar una de las exposiciones más interesantes de esta primavera: Crécent ha emprendido el regreso, un jalón, en la delirante tarea de deshacerse.

Despojada, con la técnica más rudimentaria, la mirada ahora interrogada, ahora decidida de las aves cuestiona la verja de hierro pero también de auto-concesiones de nuestra propia volière: la danzarina disposición de los pájaros dibuja también el bosquejo de un mapa de salida.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Jesús García Cívico*
*Por cortesía de TrentaTres Gallery

Café Malvarrosa: fin de ciclo

Café Malvarrosa (2010-2015)
C / Historiador Diago, 20. Valencia

Café Malvarrosa Espai Paral.lel ha sido un proyecto que, para su desarrollo, se adecuó como sede el local de la calle Historiador Diago, en Valencia, un espacio pensado para conciliar las letras con las artes y con la amistad, desde el que, en estos cinco años, hemos programado exposiciones, presentaciones de libros, lecturas de poesía y de relatos, y muchas otras actividades relacionadas con la cultura y con el ocio.

Tarjeta del Quinto Aniversario de Café Malvarrosa.

Tarjeta del Quinto Aniversario de Café Malvarrosa.

Desde mayo de 2010 se han realizado exposiciones individuales de G. Peyró Roggen, J. Giménez de Haro, Javier Chapa, Gabriel Alonso, Julio Bosque, Enric Alfons, Juan Cuéllar, Calo Carratalá, Mery Sales, Jordi Teixidor, Joël Mestre, Juanjo Tornero, Rosa Gimeno, Antoni Domènech, Fernando Cordón, Dis Berlin, Joan Verdú, Marta Marco Mallent, Toshiyuki Iwasaki, Enrique Carrazoni, Manolo Gil Labrandero, la exposición ‘Salva Álvaro & Ximo Amigó. Dos hombres y un destino’, y las colectivas “’Música de papel’, “Un poema un quadre’, “Fons d’Art (1/5))’, “25 Anys de la Fotogalería Railowsky. La Col.lecció’, “Salón de primavera (1) y (2): Lorena Beferull, Dadi Dreucol, Toni Signes / Victoria Iranzo, Chiara Sgaramella, y ‘Crimea (Cazadoras Asociados)’.

Han leído sus poemas José Luis Parra, Juan Pablo Zapater, Susana Benet, José Mas, Luis Colombini, Antonio Cabrera, José Luis Martínez, Blas Muñoz Pizarro, Vicente Gallego, Begonya Pozo, Vicent Berenguer, Juan José Romero Cortés, Raúl Alonso, Ana Noguera, Carlos Marzal, Xelo Candel, Ricardo Virtanen, Vicent Alonso, Rafael Correcher, Anastasia Kontratevidi, Marian Lledó, Marta R. Sobrecueva, Teresa Espasa, Rafael Soler, Lola Mascarell, José Saborit, Miguel Romaguera, Pilar Blanco, José Luis Falcó, Francisco Ferrer Lerín, Francisco Benedito, Vicente Picó Galache, Teresa Pascual, Arturo Tendero, Juan Ramón Barat, José Luis Morante, José Iniesta, Wences Ventura, Víktor Gómez, Juan Noyes Kuehn, Antonio Praena, Gregorio Muelas, José Antonio Olmedo, Rafael Coloma, Estel Julià, Juli Capilla, Pilar Verdú, María Barceló, Carlos Alcorta, Miguel Ángel Curiel y Alejandro Lorente.

Fachada del Café Malvarrosa, en Historiador Diago. Imagen del 'face' de Café Malvarrosa Espai Paral.lel.

Fachada del Café Malvarrosa, en Historiador Diago. Imagen del ‘face’ de Café Malvarrosa Espai Paral.lel.

Tan destacada programación de lecturas poéticas ha sido posible gracias, en los primeros tiempos de este proyecto, al querido amigo y admirado poeta José Luis Parra, y a la generosa complicidad de Juan Pablo Zapater, quien ha propuesto y presentado magistralmente la mayoría de estos actos.

Han leído sus relatos y presentado sus libros Abelardo Muñoz, Pepe Cervera, Vicente Marco, Miguel Sanfeliu, César Gavela, Miguel Mas, Jesús García Cívico, Ginés S. Cutillas, y en el Ciclo ‘En Clave Narrativa. Los relatos del Malva’, organizado por C.L.A.V.E. y Café Malvarrosa (con una excelente coordinación de Juan Luis Bedins, estimado colaborador en muchas de nuestras actividades) han participado Pepe Cervera, Miguel Sanfeliu, Amparo Andrés Machí, Raúl Borrás, César Gavela, Marian Torrejón, Luis Auñón Muelas, Manuel Giménez González, Rosario Raro, Miguel Torija, Irene Estrada, Luis Sánchez, Rafael Camarasa, Jesús Zomeño, Marta R. Sobrecueva y Rafael Soler.

Se han presentado libros de las editoriales Los Sentidos, Renacimiento, Tusquets, Menoscuarto, Calambur, Pre-Textos, Denes, Nau Llibres, La Mansarda, Contrabando, Opticks, etc., y la revista de poesía La Galla Ciencia.

Además de los citados anteriormente, han intervenido en los actos organizados otros escritores (Marc Granell, Fernando Delgado, Alfons Cervera), artistas (Yturralde, Pamen Pereira), galeristas (Rafael Ortíz, Tomás March), críticos y editores.

Una vida dibujando, de Juanjo Tornero.

Una vida dibujando, de Juanjo Tornero. Cortesía de Café Malvarrosa.

Otras actividades realizadas han sido la presentación de ‘ARTIFARITI ’10’ (Encuentros Internacionales de arte en territorios liberados del Sáhara Occidental), la mesa redonda ‘De Galerías’, las proyecciones del documental ‘Café Malvarrosa’ o del largometraje de animación ‘El viaje de Chihiro’ de Miyazaki (con motivo de la presentación de la Guía para ver y analizar El viaje de Chihiro, de Raúl Fortes), los homenajes ‘En recuerdo de Parra’, la presentación de los libros ‘Hasta más ver’, de José Luis Jover, ‘Entropía’, de José María Yturralde, ‘La moneda’, de Curro Canavese y ‘Una vida dibujando’, de Juanjo Tornero, del documental ‘Tan lejos de Dios’ y de las antologías de poesía mexicana de la frontera, de Uberto Stabile…las presentaciones del fanzine Arròs Negre, etc.

Nuestro local ha sido la sede del encuentro semanal de jugadores de Go (Club de Go Malvarrosa), por el que han pasado destacados jugadores de este milenario juego de estrategia de origen oriental. Hemos asistido a partidas entre campeones, lecciones magistrales, y sesiones más pedagógicas, abiertas a todos los interesados en el juego. Estos encuentros han sido el germen de la recientemente creada Asociación Valenciana de Go.

También la Asociación ‘La Vaca Multicolor’ organizó un ciclo de lecturas sobre diversos autores (Leopoldo Mª Panero, Charles Bukowski, Chuang-Tzu, Eduardo Galeano, Joan Margarit, Jorge Reichmann, Maram Al-Masri, Wislawa Szymborsca, etc.). Y otras asociaciones, de escritores, de artistas, de cinéfilos, han realizado reuniones y actividades en el Café Malvarrosa (C.L.A.V.E., Cazadoras Asociados, Afectados de Filmosis…).

En nuestras vitrinas hemos mantenido una importante selección de libros de las editoriales Pre-Textos, Renacimiento, Los Sentidos, Media Vaca, Campgràfic, etc.; y cómics y fanzines (en colaboración con Futurama).

Café Malvarrosa Espai Paral.lel ha editado dos entregas de la colección de poesía “Poema a poema’, la caja de grabados “Gravat a gravat’, la escultura-múltiple ‘En el aire’, de Julio Bosque, las cajas/catálogo ‘Retratos furtivos en el Malva’, de Gabriel Alonso, y ‘Dos hombres y un destino’, de Salva Álvaro y de Ximo Amigó, y dípticos, carteles, etc.

Desde Café Malvarrosa Espai Paral.lel, con el apoyo decidido de Carmen Monteagudo, José L. Falcó y Wences Ventura, se ha creado la editorial Leteradura (mayo 2013), que ha publicado los libros: ‘La Coleccionista’, de Juan Pablo Zapater, ‘Casa de los estudiantes de Asia’, de Wences Ventura, y ‘30 Niñas’, de Francisco Ferrer Lerín.

Ha llegado el momento, cinco años después, de dar por concluido este proyecto. Con la celebración de nuestro Quinto Aniversario, el 20 de mayo, finalizamos la programación de actividades en el local de Historiador Diago, y a finales de mes … bajaremos la persiana.

Muchas gracias a todos quienes habéis hecho posible que Café Malvarrosa Espai Paral.lel haya sido, durante estos años, un referente de la cultura y de la amistad.

Toni Moll (izquierda) y Víctor Segrelles, según Gabriel Alonso en su 'Relatos furtivos en el Malva'.

Toni Moll (izquierda) y Víctor Segrelles, según Gabriel Alonso en su ‘Relatos furtivos en el Malva’.

Toni Moll, Víctor Segrelles