‘La bestia humana’…que todos llevamos dentro

Básicos Filmoteca: El remake. Ecos y retornos
La bestia humana, de Jean Renoir
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 5 de marzo de 2020, a las 19.00h

‘El Remake. Ecos y Retornos’ es el título de la décima edición de ‘Básicos Filmoteca’ (Institut Valencià de Cultura) que se presentó en enero y se clausurará en junio. La edición de este año propone, a través de una veintena de significativos títulos de películas, “dar cuenta del fenómeno muy fecundo de intertextualidad presente a lo largo de la historia del cine”. Para ello, al igual que en anteriores ediciones, el ciclo establece un diálogo entre obras de diferentes autores, épocas y géneros, entre otras: ‘Primera Plana’, de Billy Wilder (‘The front page’, Estados Unidos, 1974) y ‘Luna Nueva’, de Howard Hawks (‘His girl friday, Estados Unidos, 1940); ‘Valor de Ley’, de los hermanos Coen (‘True Grit’, Estados Unidos, 2010) y ‘Valor de ley’, de Henry Hathaway (‘True Grit’, Estados Unidos, 1969), 

Este artículo va a reflexionar sobre dos películas de esta edición que se proyectan el jueves 5 y viernes 6 de marzo, respectivamente: ‘La bestia humana’, de Jean Renoir (‘La bète humaine’, Francia,1938) y ‘Deseos humanos’, de Fritz Lang ( ‘Human desire’, Estados Unidos, 1954).

Jean Gabin, como Jacques Lantier, en ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

Atávicas Pulsiones

“A ciertas horas sentía profundamente su tara hereditaria (…) Había en su ser repentinas pérdidas de equilibrio, como roturas; agujeros por los cuales el yo se escapaba en medio de una especie de humareda que deformaba todo. Entonces ya no se pertenecía, ya no obedecía más que a sus músculos, a la fiera enfurecida (…) Su cabeza estallaba bajo la tensión de una angustia que le llevaba a cometer actos donde su voluntad no tenía nada que ver y cuya causa en él había desaparecido”. (Emile Zola)

Esta descripción del personaje Jacques Lantier expresa el espíritu que atraviesa la novela de Emile Zola, ‘La bestia humana’, escrita en 1890. Pulsión, obviamente, arrebatadora, que cuando se desentumece deja aflorar la bestia salvaje que habita en todo ser humano sin control, sin límite. 

Y sobre esta magnífica novela naturalista se posó la mirada de dos grandes directores de la historia del cine: Jean Renoir y Fritz Lang. Ambos directores adaptaron la obra literaria: Renoir en 1938 con el título homónimo, ‘La bestia Humana’, y Lang en 1954 bajo el título ‘Deseos Humanos’. Dos directores que ya habían compartido, anteriormente, su interés por la novela de Georges de la Fouchardière ‘La Chienne’ (1929),  para recrear Renoir la historia de ‘La golfa’ (‘La Chienne’, 1931) y Lang, ‘Perversidad’ (Scarlet Street, 1945).

Fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

Bien pensado, como afirma el director François Truffaut en el prefacio del libro escrito por el propio director ‘Mi vida y mi cine. Jean Renoir’, estos dos directores “tienen en común el gusto por un mismo tema: marido viejo, mujer joven y amante”. Este triángulo amoroso, que se despliega en las novelas ‘La bestia humana’ y ‘La Chienne’, despierta la desconfianza, la rivalidad y la sospecha propias de los celos, encarnando historias descarnadas sobre el trágico instinto criminal que habita en el corazón humano. De ahí, probablemente, el interés de Jean Renoir y de Fritz Lang por la obra de estos escritores. Como afirma  Renoir, “Jacques Lantier [personaje de ‘La bestia humana’] me interesa tanto como Edipo Rey”. Una inclinación que les une, pero a la vez deja en evidencia sus diferencias a la hora de adaptar al cine estas novelas. 

Si nos centramos en la adaptación de ‘La bestia Humana’ de Zola, la película de Renoir es más fiel, no sólo a la esencia pulsional que caracteriza el dramático instinto criminal que domina al personaje masculino arrastrándole a su trágico destino, sino también al estilo naturalista del escritor que se refleja a través del fatalismo propio del realismo poético. En cambio, la adaptación de Fritz Lang es una interpretación libre de la obra de Zola. Por una parte, Lang disuelve el instinto criminal del protagonista, esencia de su drama, y, como consecuencia de esa disolución asesina, enfatiza los rasgos manipuladores y dominantes de la protagonista a modo de femme fatale; y, por otra, narra la historia siguiendo los postulados del cine negro tanto a nivel de trama, como estético. 

Fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

La máquina

En ‘Mi vida y mi cine’, Renoir declara que “‘La bestia humana’ no hizo sino afirmarme en mi deseo del realismo poético”. Una poesía inspirada en ese mundo ferroviario donde se localiza la historia: el ambiente de las locomotoras, de las vías muertas, de los escapes de vapor.

A través del realismo poético Renoir representa “la vida y el secreto de la vida, el hombre que parece que somos y el que somos realmente; penetrar en el corazón humano”. Y para poder desvelar la esencia humana, las obras de Renoir interpelan al juego teatral en cuya escenografía las máscaras cubren y descubren la naturaleza del ser humano. Destacar ‘La regla del juego’ (‘La règle du jeu’, 1939) y ‘La carroza de oro’ (‘La carrosse d’or’, 1952).

‘La bestia humana’ descubre el comportamiento atávico que dirige al asesinato, inevitablemente, al protagonista, el maquinista Jacques Lantier -interpretado por Jean Gabin-. Un atavismo que el protagonista intenta explicar a Flore -protagonizada por Blanchette Brunoy- tras intentar estrangularla: “No sé qué me pasaba. No lo comprendo. No me daba cuenta de lo que hacía. Es como si una nube espesa y caliente se me metiese en la cabeza y me torturase. Entonces soy como un perro rabioso. Sin embargo, yo no bebo ni una copita de anís; cuando bebo algo me vuelvo loco. Creo que estoy pagando la culpa de los otros, de los padres, de los abuelos que bebieron. Generaciones de borrachos que me han podrido la sangre. De ellos heredé este instinto salvaje. Pero te juro que te quiero. Te quiero tanto que sentía miedo de venir”.

El corazón atormentado de Lantier lucha inútilmente contra ese impulso asesino incontrolable que determina su vida. Arrebatado el personaje por esa pulsión criminal, todo su yo se agrieta, toda actitud racional se desmorona. 

Fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

Para este personaje, toda la furia animal se desata ante el cuerpo y el deseo de la mujer. De toda mujer, pero en concreto de la protagonista, Séverine -interpretada Simone Simon-. Lantier, literalmente, se desbarata ante la demanda de ese deseo femenino que no puede dirigir, ni manejar y que le arrastra al asesinato. Para protegerse de esa pulsión asesina, Lantier se entrega con una pasión desmesurada hacia su trabajo como maquinista. La fría y metálica locomotora que conduce como un atento amante -paradójicamente llamada con un emblemático nombre femenino, Lola-  encauza la pulsión destructiva y autodestructiva de este personaje masculino. 

“¿Por qué le has puesto ese nombre?”, pregunta Séverine. “Cuando se quiere a alguien no está bien llamarle por un número”, responde Lantier. Pero Jacques Lantier no sólo confiesa amar a su máquina, sino también declarar que está casado con ella. “¡Una locomotora. Ahora resulta que está casado con una locomotora”, exclama perplejo su compañero Pecqueux -interpretado por Julien Carrette-.

En la novela de Zola, será el personaje de Flore quien le interrogue sobre este amor hacia la máquina: “Ya me han contado que odias a las mujeres (…) ¿Es qué sólo quieres a tu máquina? Se hacen muchas bromas respecto a eso, ¿sabes? Dicen que siempre la estás frotando para que reluzca más, como si sólo tuvieses caricias para ella…”.

Fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

Lantier no sólo se entrega de manera compulsiva al cuidado de la máquina, Lola, sino también a su trabajo, con el fin de apaciguar a la bestia. “Todos sus jefes le presentaban como un maquinista excepcional, que no bebía ni se mezclaba en aventuras, y que solamente era objeto de zumbas por parte de sus compañeros por el exceso de su buena conducta, y que inquietaba silenciosamente a los demás cuando caía en su tristeza, mudo y lánguido y terrosa la faz”, describe el narrador de la novela de Zola. 

Una  entrega inútil. La máquina, esa locomotora que controla y mima con precisión hasta la patología, no puede sublimar sus apetitos asesinos. Esa locomotora llamada Lola no puede absorber la impotencia de Lantier para amar a las mujeres. 

Nada puede contener a la bestia salvaje que habita en el personaje cuando conoce a Séverine. “Pero las bestias salvajes siguen siendo bestias salvajes, y por más que se inventen máquinas mejores, siempre habrá, detrás de ellas, la bestia salvaje”, expresa con cierta resignación Lantier en la novela de Zola.

Fotograma de ‘Deseos humanos’, de Fritz Lang. Básicos Filmoteca.

‘La bestia humana’ de Zola y Renoir es una reflexión de la pulsión destructiva y autodestructiva que levita en el ser humano hasta la tragedia. Truffaut señala: “Tenemos una película-triángulo (‘La carroza de oro’) y una película-círculo (‘El río’). ‘La bestia humana’ es una película-línea recta, es decir, una tragedia”. 

En cambio, para Fritz Lang, en ‘Deseos Humanos’, la bestia que mora en el interior del personaje Jeff Warren (Glenn Ford) se puede domar si aflora  un amor sincero y virginal: el ofrecido por el inocente personaje de Kathleen Case (intepretado por actriz Elen Simmons).  

Jean Gabin y Simone Simon en un fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

Begoña Siles

El ‘remake’ protagoniza los Básicos de la Filmoteca

Básicos Filmoteca
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 20 de febrero al 19 de junio de 2020

La Filmoteca, junto a la revista ‘Caimán Cuadernos de Cine’, pone en pie, por décimo año consecutivo, una programación especial sobre la historia del cine con el título de ‘Básicos Filmoteca’. En esta edición, a través de una veintena de significativos títulos de distintas épocas, cinematografías y géneros, lo que se propone es dar cuenta de un fenómeno muy fecundo de intertextualidad presente a lo largo de la historia del cine, siempre atravesada por una continua reelaboración de los mismos temas e historias del ‘remake’. 

El concepto ‘remake’, término inglés específicamente cinematográfico, que significa ‘volver a hacer algo’, no es sino una nueva versión de un film previo con el que mantiene unas relaciones de identidad que pueden establecerse tanto a nivel argumental como en lo que concierne a las propias imágenes. 

Fotograma de ‘El hombre que sabía demasiado’, de Alfred Hitchcock. Básicos Filmoteca.

El ‘remake’ se ha producido en muchas ocasiones y las razones para ello son variadas: desde explotar el éxito comercial de un film, adaptándolo a las exigencias y gustos del momento, hasta realizar una nueva y actualizada lectura de una obra literaria o personaje, o trasladar la acción a otro país con su adaptación al entorno, pasando por el trasvase de géneros o la revisión que hace un director de su propia obra (desde un nuevo punto de vista o para incorporar aquello que no le fue permitido por la censura). Un ejemplo de esto último lo representa Hitchcock, de quien se incluyen en el ciclo sus dos versiones de ‘El hombre que sabía demasiado’, una perteneciente a su época inglesa y otra a la norteamericana. 

Jean Gabin, en ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

El ciclo incluye películas mudas, el ‘Nosferatu’ de Murnau y sonoras, clásicas y contemporáneas, filmes de Hollywood, europeos o japoneses, que a veces dialogan entre sí, en un proceso de mestizaje, como el caso de ‘Los siete samurais’ de Kurosawa y ‘Los siete magníficos’ de J. Sturges, o ‘La bestia humana’ de Renoir y ‘Deseos humanos’ de Fritz Lang. 

Los títulos seleccionados son una prueba evidente de que la cuestión del ‘remake’ no se puede reducir a una comparación, muchas veces peyorativa, entre el original y su copia, y que su condición de tal no debe interferir en la valoración intrínseca de su calidad.

Fotograma de ‘El seductor’, de Don Siegel. Básicos Filmoteca.

El ciclo se inició el jueves 20 de febrero con la proyección de ‘El seductor’ de Don Siegel de 1971 y ‘La seducción’ de Sofía Coppola (2017). Dos adaptaciones de la novela de Thomas P. Cullinan ‘A painted Devil’, que narra una claustrofóbica historia de virilidad castrada y deseos reprimidos en una escuela femenina cuya paz se ve perturbada por la aparición de un soldado herido. La película de Sofía Coppola gana sutileza al suprimir algunos de los elementos: monólogos interiores, ‘flashbacks’, utilizados por Don Siegel en 1971 para ofrecer información sobre el pasado de los personajes. 

Jean Gabin y Simone Simon en un fotograma de ‘La bestia humana’, de Jean Renoir. Básicos Filmoteca.

La intimidad táctil de Pierre-Auguste Renoir

‘Renoir. Intimidad’, de Jean Renoir
Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado 8, Madrid
Del 18 de octubre al 22 de enero de 2017

El cineasta Jean Renoir escribió que su padre “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”. Frente a la concepción habitual que reduce el impresionismo a la “pura visualidad”, la exposición ‘Renoir. Intimidad’, la primera retrospectiva en España en torno a la figura del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), destacará el papel central que ocupan las sensaciones táctiles en sus lienzos, y que pueden percibirse en las distintas etapas de su trayectoria y en una amplia variedad de géneros, tanto en escenas de grupo, retratos y desnudos como en naturalezas muertas y paisajes.

Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, la exposición cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International (JTI) y presentará un recorrido por más de 75 obras del artista francés, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo como el Musée Marmottan Monet de París, el Art Institute de Chicago, el Museo Pushkin de Moscú, el J. Paul Getty de Los Ángeles, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nueva York. ‘Renoir. Intimidad’ permitirá descubrir cómo Renoir se servía de las sugerencias táctiles de volumen, materia o texturas como vehículo para plasmar la intimidad en sus diversas formas –amistosa, familiar o erótica–, y cómo ese imaginario vincula obra y espectador con la sensualidad de la pincelada y la superficie pictórica. La muestra se exhibirá posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo de 2017.

Imagen de la obra 'Después del almuerzo', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Imagen de la obra ‘Después del almuerzo’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Tacto e intimidad

Mientras en los retratos de grupo de Manet o Degas por ejemplo, los protagonistas mantienen la distancia entre ellos y con el espectador, Renoir dota a sus figuras de una cercanía tangible. En sus escenas con dos o más personajes, es habitual que estos participen en un juego de alternancia entre el contacto visual y el contacto físico, parejas de hermanos o de madres e hijos en las que uno de ellos mira al otro y este le corresponde tocándole con la mano.

En ocasiones, esos intercambios se establecen en torno a una actividad común, como la lectura de un libro. En el caso de los retratos individuales, Renoir aspira a ofrecer al espectador algo semejante al contacto físico aproximándose todo lo posible. Si Degas rodea a sus modelos de un decorado y unos atributos que hablan por ellos, Renoir tiende a ajustar el encuadre, suprimiendo el entorno para concentrar la mirada en el rostro.

Otros detalles en los cuadros de Renoir que aluden a sensaciones palpables son las cabelleras con las que juegan y se enredan las manos, los perros y gatos en brazos de figuras femeninas, los paños o toallas que cubren el pecho o envuelven los muslos, una labor de costura, unas madejas de lana o la espesura de un jardín.

‘Renoir. Intimidad’ está organizada siguiendo un recorrido temático, en torno a cinco apartados: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domesticas, y bañistas.

La etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa tres salas de la exposición y reúne algunos de los iconos de su carrera, como ‘Después del almuerzo’ (1879), un estudio del natural de ‘Le Moulin de la Galette’ (1875- 1876) o una de las obras que pinta en La Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París donde trabaja con Monet, ‘Baños en el Sena’ (La Grenouillère) (1869). Una selección de retratos femeninos al aire libre o en interiores –Retrato de la mujer de Monet (1872-1874)- y parejas –El paseo (1870)-, además de un paisaje impresionista, ‘Mujer con sombrilla en un jardín’ (1875), completan el capítulo.

Imagen de la obra 'Jean como cazador', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Imagen de la obra ‘Jean como cazador’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

A partir de 1881, la vía impresionista parece agotada y los miembros del grupo se distancian. Renoir vuelve la mirada a la tradición clásica, desde Rafael a Jean- Auguste Dominique Ingres. No abandona el lenguaje impresionista, pero añade a su pintura un énfasis mayor en el dibujo.

Desde finales de los años 1870 y a lo largo de toda la década siguiente, Renoir adquiere una creciente reputación como retratista y se convierte en uno de los pintores más solicitados por la sociedad parisiense. ‘La Srta. Charlotte Berthier’ (1883), el ‘Retrato de la poetisa Alice Vallières-Merzbach’ (1913) o el de su marchante ‘Paul Durand Ruel’ (1910) y sus hijos ‘Joseph Durand-Ruel’ (1882) y ‘Charles y Georges Durand-Ruel’ (1882), son ejemplos de esta faceta.

En la sala dedicada a los paisajes se incluyen sus vistas de la costa de Normandía y sus alrededores -‘Colinas alrededor de la bahía de Moulin Huet, Guernsey’ (1883)- y Provenza, donde comparte motivos pictóricos con su amigo Cézanne -‘La montaña de Sainte- Victoire’ (hacia 1888-1889)-, así como de distintas localizaciones del sur de Italia, ‘La bahía de Salerno (Paisaje del sur)’ (1881).

La exposición continúa con escenas familiares y domésticas protagonizadas por sus hijos –’Coco tomando su sopa’ (1905) o ‘Jean como cazador’ (1910)-, su mujer Aline que, con motivo del nacimiento de su primer hijo Pierre, posa en ‘Maternidad’ (1885) y ‘Aline amamantando a su hijo’ (1915) y otros miembros de su entorno más cercano como Gabrielle Renard, la niñera y pariente lejana de Aline, que se convierte en una de sus modelos predilectas -‘Niño con manzana o Gabrielle, Jean Renoir y una niña’ (hacia 1895- 1896)- y Andrée Heuschling –’El concierto’ (1918-1919)- quien se casará con su hijo Jean tras la muerte del pintor.

Uno de los motivos predilectos de Renoir son los desnudos. Un género que los impresionistas, a excepción de Degas, no trataron por considerarlo académico. Centrado en su propia elaboración estilística, el pintor llega a una de las cimas de su producción con las bañistas, una serie de desnudos al aire libre en los que el pintor celebra una naturaleza atemporal, que rechaza cualquier referencia al mundo contemporáneo. Una visión idílica marcada por la sensualidad de las modelos, la riqueza del colorido y la plenitud de las formas.

Detalle de la obra 'Baños en el Sena', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Detalle de la obra ‘Baños en el Sena’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

 

Gonzalo Suárez: «Soy adicto a las teleseries»

Gonzalo Suárez en los ‘Cuadernos de rodaje’ de Cinema Jove
Festival Internacional de Cine de Valencia
Del 20 al 27 de junio

Gonzalo Súarez asegura que “ya no existe el cine clásico, el de hoy en día no perdura”. Ésta es una de las afirmaciones que ha pronunciado en el encuentro con los medios que ha tenido lugar en el marco del 29 Festival Internacional de Cine de Valencia- Cinema Jove y en el que participa como director invitado en la sección Cuadernos de Rodaje. La selección de películas que han marcado su vida y su carrera se estanca en el año 1972, y es que para el escritor y cineasta el cine de ahora no permite que actores y filmes se asienten.

Respecto a los actores, confiesa que le hubiese gustado trabajar con Montgomery Clift porque dirigía la secuencia con su mirada. “Ahora no da tiempo a mitificar y eso que los actores son mejores. Son una generación fuerte y potente como los atletas, más de verdad”. Sin embargo, si tuviera que elegir un papel que interpretar en su vida privada, no dudaría: “el de Cary Grant en ‘Con la muerte en los talones’ ya que es un personaje que huye continuamente, con una madre muy divertida y que viaja en tren-restaurante (con lo que me gusta comer)”.

Gonzalo Suárez (centro), junto a Rafael Maluenda y Ana Álvarez, en un momento del encuentro con el público en el Hotel Astoria de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Gonzalo Suárez (centro), junto a Rafael Maluenda y Ana Álvarez, en un momento del encuentro con el público en el Hotel Astoria de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El responsable de títulos como ‘Remando al viento’, ‘Don Juan de los infiernos’, ‘Mi nombre es sombra’, ‘Oviedo Express’ o ‘El detective y la muerte’ descubre que últimamente está “enganchado a las series como ‘Mad men’ o ‘Juego de Tronos’ y “en ellas se demuestra que el director es superfluo (ya que cambian constantemente) y el actor es el que lleva el peso”. Volviendo a sus “clásicos” explica que también le gustaría haber incluido ‘El hombre tranquilo’ de Ford y que ‘El Portero’ tiene trazos de este western. Un western que –a juicio de Suárez- hoy sería políticamente incorrecto por el machismo y la violencia que refleja. Respecto a la inspiración nacional: cualquier película de Berlanga, ‘El año de las luces’ de Trueba o ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ de Almodóvar o ‘Todo por la pasta’ de Urbizu –entre otras- tendrían cabida en su lista.

A pesar de beber en estas fuentes de inspiración, a Gonzalo Súarez le resulta difícil definir su estilo: “No sé si busco o huyo. Mi cine es una búsqueda que nunca alcanza el objeto. Sólo sé que me sigue gustando jugar, como en mi infancia”.

Luego tuvo lugar en el Ayre Hotel Astoria Palace un encuentro entre el cineasta y el público. Alrededor de la mesa se sentaba también la actriz y amiga del cineasta, Ana Álvarez, y el director de Cinema Jove, Rafael Maluenda. Enfrente de ellos una gran afluencia de público esperaba sencillamente escuchar hablar a Suárez. Ya desde el principio los halagos dirigidos hacia el veterano director por parte de sus contertulios fueron directos, “si en los comienzos de Gonzalo hubiera existido Cinema Jove, nos hubiera encantado traerle, ya que es un cineasta fresco y vanguardista desde sus orígenes”, comentaba Rafael Maluenda.

Gonzalo Suárez, chaqueta oscura, agotado tras una larga noche de ver sus 'clásicos' en Viveros, junto a Rafael Maluenda. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Gonzalo Suárez, chaqueta oscura, agotado tras una larga noche de ver sus ‘clásicos’ en Viveros, junto a Rafael Maluenda. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Gonzalo Suárez, reconocido escritor además de cineasta, compartió profundas reflexiones acerca de la diferencia entre estas dos disciplinas que tan bien conoce: “Lo que destacaría del cine frente a la literatura es que la imagen roba el alma, a pesar de que el alma sea algo tan dudoso que ni siquiera sepamos donde está”. También resaltaba que la escritura es un trabajo que uno desarrolla en soledad, y el cine es un trabajo compartido con mucha gente en todo momento.

Hablando de la selección de películas que ha hecho para la sección ‘Cuadernos de rodaje’, que se puede disfrutar todos los días en los Jardines de Viveros, Gonzalo culpaba de nuevo al azar, igual que hizo en la Gala de Inauguración del Festival: “Ni siquiera recuerdo con claridad el argumento de todas esas películas, pero lo bonito es que a pesar de ello sé que me encantan”.

En el coloquio el cineasta ha tenido tiempo de narrar multitud de anécdotas de sus rodajes, la estrecha relación que le unió a Ana Álvarez a raíz de ‘Don Juan en los Infiernos’, cómo comenzó el idilio amoroso entre Hugh Grant y Liz Hurley durante el rodaje de ‘Remando al viento’, y un largo etcétera propio de una persona que vive de contar historias. También hubo momento para el humor cuando Suárez, contestando a una pregunta del público, declaró que su salto de la literatura al cine fue “más que un salto, un tropiezo”.

Tuvo ocasión también de recordar lo difícil y costoso que era hacer cine cuando el material grabado tenía que pasar inevitablemente por un laboratorio, a diferencia de lo que ocurre ahora con los medios digitales”. Al final de la tertulia le preguntaron qué consejo le daría a alguien que empieza en el mundo del cine, Gonzalo ha manifestado la poca utilidad que le ve los consejos pero, tras unos segundos de reflexión, concluyó diciendo que “las ideas nunca son de uno mismo, lo único que uno posee es la actitud; hay que tener las puertas abiertas a los estímulos y la misión de un director siempre debe ser la de no estorbar ni interrumpir cuando algo sucede”.

El director de cine Gonzalo Suárez. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

El director de cine Gonzalo Suárez. Imagen cortesía del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

 

La Gran Guerra en Cinema Jove

Ciclo ‘Gran guerra, grandes miradas’
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

En el centenario de la I Guerra Mundial, el Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CulturArts, propone una selección de películas que recoge las diferentes perspectivas del conflicto por parte de algunos cineastas europeos imprescindibles. La selección, que presenta filmes de diversas nacionalidades, aporta el valor de la mirada con respecto a la Gran Guerra y, por extensión, hacia otros conflictos armados anteriores y posteriores con los que comparte patrones muy similares. Cualquiera de estas películas permite al espectador hacer abstracción.

Fotograma de 'Feliz Navidad', de Christian Carion. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Feliz Navidad’, de Christian Carion. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El ciclo ‘Gran guerra, grandes miradas’ incluye títulos indispensables de Renoir y Monicelli, por ejemplo, junto a otros de gran importancia pero de muy difícil acceso. Cinema Jove programa una retrospectiva sobre la I Guerra Mundial compuesta por siete largometrajes que van desde 1930 hasta 2005. Rafael Maluenda, director del Festival, reflexiona: “En un momento en que cobra relevancia el debate sobre la construcción europea, el Festival propone siete miradas sobre el acontecimiento que marca su origen a través de cineastas que contribuyen a conformar el imaginario colectivo europeo. En las películas seleccionadas predomina la preocupación humanista, clave para asentar los pilares de la Europa de hoy.”

La película alemana Westfront (Cuatro de Infantería), dirigida por Georg Wilhelm Pabst y basada en una novela de Hernst Johannsen, se rodaba apenas diez años después de que terminara la I Guerra Mundial y narra las diferentes maneras de experimentar los horrores del conflicto por parte de cuatro soldados alemanes durante sus últimos meses de contienda.

Fotograma de 'Westfront', de G.W. Pabst. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Westfront’, de G.W. Pabst. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La película más actual de las seleccionadas se estrenaba en 2005, casi 90 años después del final de la guerra: Joyeux Noël (Feliz Navidad). Basada en un hecho real y protagonizada por actores como Diane Kruger o Daniel Brühl, narra un acontecimiento que en la Nochebuena de 1914 cambiaría la vida de un pastor escocés, un lugarteniente francés, un tenor alemán y una soprano danesa. Esta última película es, además, una coproducción entre muchos países que participaron en la Gran Guerra.

Las películas que integran este ciclo conmemorativo son las siguientes: Cuatro de infantería (Alemania, 1930), de Georg Wilhelm Pabst; Suburbios (Rusia, 1933), de Boris Barnet; La gran ilusión (Francia, 1937), de Jean Renoir; Florian (Polonia, 1938), de Leonard Buczkowski; La gran guerra (Francia, Italia, 1959), de Mario Monicelli; Capitán Conan (Francia, 1996), de Bertrand Tavernier, y Feliz Navidad (Alemania, Bélgica, Francia, Noruega, Reino Unido, Rumanía, 2005), de Christian Carion.

Fotograma de 'La gran guerra', de Mario Monicelli. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘La gran guerra’, de Mario Monicelli. Imagen cortesía de Cinema Jove.