Sala Russafa se tiñe de negro

III Festival Valencia Negra
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Del 8 al 17 de mayo, 2015

Sala Russafa se tiñe de negro del 8 al 17 de mayo para acoger la III edición del festival Valencia Negra, una iniciativa que reivindica la literatura ‘noîr’ y que recoge otras manifestaciones artísticas como la música, el cine, el cómic o el teatro, seducidas por la estética, temática y ambiente de este género que explora la maldad en el ser humano.

La programación arranca el viernes 8 a las 18.30h con el encuentro entre los escritores peruanos Santiago Roncagliolo (Premio Alfaguara de Novela) y Jorge Eduardo Benavides. Desde su asentamiento en España, ambos reflejan en sus obras la realidad social de un Perú que, combinando corruptelas, enigmas y pasiones, golpea el corazón.

El escritor Andreu Martín, de la web rtve.es.

El escritor Andreu Martín, de la web rtve.es.

A las 19.30h será el turno de uno de los autores más prolíficos de la literatura negra española. El periodista y escritor Javier Cavanilles modera el encuentro con Andreu Martín,  autor de la serie juvenil Flannagan y de obras cumbre como  Prótesis, acreedor de innumerables premios como los del Círculo del Crimen (1980), el Deustche Krimi Preis International (1992), el Premio Nacional de Literatura Infantil o el Hammet, que le fue otorgado en tres ocasiones por la Asociación Internacional de Escritores Policíacos.

Tras el encuentro, a las 20.30h, Valencia Negra le hará entrega del Premio Francisco González Ledesma, cuyo nombre homenajea al escritor catalán recientemente fallecido y que nace para reconocer la carrera de los mejores autores del género a nivel nacional e internacional.

Detalle de la portada del libro 'El psicópata', de Vicente Garrido.

Detalle de la portada del libro ‘El psicópata’, de Vicente Garrido.

El sábado 9, la programación del festival en Sala Russafa continuará con una autoridad en el mundo de la criminología violenta: una mente lúcida, capaz de analizar y comprender a la mente oscura. A las 18.30h, el psicólogo y criminólogo valenciano Vicente Garrido, premio de la Sociedad de Investigación de Criminología, asesor de la Policía y Administración de Justicia, consultor de Naciones Unidas y coautor de novelas de género negro, analizará las fronteras entre mito y realidad en la psicología criminal.

Avanzada la tarde, a las 19.30h, y para ir abriendo apetito ante la cena, en el escenario de Sala Russafa encontramos al cocinero Xavier Gutiérrez y a los periodistas especializados Jesús Trelis y Paco Alonso ‘Cocinando asesinatos’, una conferencia en la que analizarán el reciente fenómeno de la Gastronomía Noîr.

La programación de esta semana de Valencia Negra en el centro cultural de Ruzafa se completa el domingo 10 (19.00h) con ‘Matar al rey’. El teatro recupera con una única función para este festival la pieza con la que inauguró la temporada, un thriller ambientado en la Castilla medieval, escrito y dirigido por Chema Cardeña,  que combina recreación histórica y ficción. La trama se sitúa en el siglo XV, época de luchas de poder entre las monarquías que reinan en la península. Sorpresivamente, Enrique IV aparece muerto, sin muestras de violencia, pero con demasiados deseando su desaparición.

Chema Cardeña, Rosa López, Juan Carlos Garés, Iria Márquez y Jaime Vicedo interpretan esta propuesta que, basándose en hechos reales y con la ayuda de saltos temporales, desarrolla una hábil trama, llena de misterio y ambiciones, retrato de lo vulnerable de la ética y de la instrumentalización de las personas a través de una interesante galería de personajes en la que se enmarca esta muerte… ¿o se trata de un crimen?

Escena de la obra 'Matar al rey', de Chema Cardeña, dentro del III Festival Valencia Negra. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de la obra ‘Matar al rey’, de Chema Cardeña, dentro del III Festival Valencia Negra. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Otelo en Sala Russafa

Ciclo Nueva Escena Valenciana
El moro de Venecia (Otelo), de Kalicnicta Teatre
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Viernes 27 y sábado 28 de marzo,  a las 20.30h, y domingo 29, a las 19.00h

El Ciclo de programación ‘Nueva Escena Valenciana», con el que Sala Russafa ha dado cabida desde el 30 de enero a propuestas de compañías autóctonas de reciente creación, se cierra con una pieza de Kalicnicta Teatre.

Este grupo, integrado por 11 jóvenes actores, se ha creado a raíz de uno de los talleres de interpretación de postgrado de Sala Russafa, destinado a profesionales de las artes escénicas e impartido por Chema Cardeña, director del área docente del Centro Cultural.

Una formación de siete meses en la que se tocaron diversas áreas y que tuvo como trabajo final  ‘El moro de Venecia (Otelo)’, montaje que formó parte del Festival de Talleres de Teatro Clásico de Sala Russafa la pasada temporada.

Gracias a la buena acogida del público, los estudiantes se decidieron a constituirse en compañía y a mover esta obra, que del 27 a 29 de marzo podrá verse de nuevo en el teatro de Ruzafa, antes de salir de gira a ciudades como Sagunto. Un reestreno que coincide con el Día Internacional del Teatro, que el centro cultural celebrará leyendo el manifiesto de 2015 por las Artes Escénicas, escrito por el director polaco Krzysztof Warlikowski.

Toni Lloréns, Jaime Vicedo, Eusebio Játiva,  Azucena Abril, Lucía Abellán, Mª José Crespo, María Part, Fran de la Torre, María Poquet, Patricia Pérez y Sandra Perelló son el elenco de este novedoso acercamiento al texto de Shakespeare, dirigido por Cardeña, en el que se da especial relevancia a la expresión corporal y la danza.

Fotograma del 'Otelo' de Orson Welles, que la Sala Russafa acoge en versión de Kalicnicta Teatre.

Fotograma del ‘Otelo’ de Orson Welles, que la Sala Russafa acoge en versión de Kalicnicta Teatre.

Numerosas versiones, tanto en las óperas de Verdi y Rossini, como en el cine, de la mano de directores como Orson Welles (1952), Oliver Parker (95) o Hammudi Al-Rahmoun en una película española de 2012, han popularizado esta tragedia shakesperiana. Sin embargo, Cardeña propone un montaje diferenciado, en el que, partiendo de la simbología animal, se recrea un mundo en el que dominan los instintos y emociones más primitivas.

Un oso, un caballo o una serpiente, por ejemplo, inspiran la creación de personajes y se reflejan en el modo en que los actores dan vida a Desdémona, Otelo y al resto de personajes que interfieren en esta historia pasional, llena de manipulación e intrigas. Una potente historia, marcada por los celos y la codicia, dos de los sentimientos más irracionales y poderosos, capaces de animalizar a cualquier individuo.

Escena de 'El moro de Venecia (Otelo), de Chema Cardeña, por Kalicnicta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘El moro de Venecia (Otelo), de Chema Cardeña, por Kalicnicta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado». Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia».

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio