Bajo el Mar Mediterráneo

‘Al borde del mundo’, de Federico Guzmán
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, Valencia
Haste el 20 de mayo de 2018

Federico Guzmán (Sevilla, 1964) artista y comisario del Instituto Valenciano de Arte Moderno, presenta su nueva exposición ‘Al borde del mundo’ en la galería 6 del IVAM, articulada en dos plantas separadas por una escalera. Y aunque únicamente puede ser entendida en su conjunto, cada una de estas dos salas adquiere un título distinto. La superior, ‘Posidonia oceánica’, compuesta por un mural de grandes dimensiones sobre lienzo que ocupa todo el conjunto de la sala. Comenzada en el taller de Guzmán y finalizada en el museo junto con la colaboración de estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, migrantes y amigos artistas en Sevilla. En cuanto a la sala inferior, es titulada ‘La vía del Ser’ o ‘El camino de la verdad’. Donde sobre un fondo tintado de negro destacan los lienzos con técnicas, colores, veladuras y contrastes gráficos diversos. Toda una unidad que analizándola separadamente no adquiere significado alguno.

Con esta exposición Federico busca dar un paso hacia delante en el ámbito transcultural con ayuda del arte. Abordando temas muy actuales como el naufragio de migrantes, el engaño –sobre el concepto de aquello que consideramos como real-, y reflexiones filosóficas sobre el término sabiduría perenne, desarrollado por la filósofa Mónica Cavallé, que insiste en la importancia del diálogo con el pensamiento de culturas orientales. Cuestiones evidentes que pasan o interesa que pasen desapercibidas. Unas realidades que determinan el comportamiento de una cultura occidental pasiva frente a tales acontecimientos. Como dijo el mismo Federico Guzmán: “Somos expresión del bello silencio que hay detrás de todo”.

En este sentido, el gran mural que rellena todas las paredes de la sala superior evidencia esto, un fondo marino repleto de vegetación, cadáveres, fauna e incluso seres –a día de hoy- en peligro de extinción. Convirtiendo un pasado impredecible en una realidad inmutable, donde es palpable el desequilibrio ecológico y la extinción de especies a manos de Occidente, equiparándolo a nuestra realidad socio-cultural.

Posidonia oceánica. Técnica mixta sobre lienzo 2017-2018. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Posidonia oceánica. Técnica mixta sobre lienzo 2017-2018. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

‘Camino a la verdad’ indaga en cuestiones mítico-filosóficas acerca del poema ‘Sobre la Naturaleza’, de Parménides de Elea. Equiparando el mundo metafórico de la caverna influenciado por Platón. Caverna que se situaría como símil del mundo sensible, aquel en el que habita la sociedad y el cual, según Parménides, no es verdadero, sino un engaño. La verdad en sí misma se encuentra en una instancia superior en la que el mundo sensible no influencia en absoluto. Aquí solo es posible acceder mediante el aprendizaje y el conocimiento, dejando de lado todos los miedos. De esta manera, la superposición de los diversos lienzos realizados a través de diferentes técnicas, con colores vivos y personificaciones sobre fondo negro, simulan a la perfección el poema de Elea. ¿Qué es ignorancia y qué sabiduría?, ¿Todo aquello en lo que creemos, es falso? Cuestiones que tienen su respuesta en el epicentro de las espirales representadas en las obras de Guzmán. Dibujos en los que mirar dentro y encontrarte unido el principio con el final. Y es que en realidad:

“La vida es una espiral que continuamente se expande y que te lleva de pronto al mismo lugar del que partiste y al que indefiniblemente vuelves, para contemplarlo con una mirada enteramente nueva, desde un fundamento que no es otro que el Todo y la Nada”.

(Federico Guzmán)

Ser = Espacio x Acción, 2017. Acrílico sobre lienzo, 252 x 215 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Ser = Espacio x Acción, 2017. Acrílico sobre lienzo, 252 x 215 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Imagen de portada: Aletheia (la verdad), 2017. Acrílico sobre papel, 200 x 300 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

¿Mira de nuevo Valencia al Mediterráneo?

En los últimos meses han coincidido en Valencia diferentes propuestas culturales que tienen al Mediterráneo como inspiración. ¿Quiere decir esto que despierta el interés de los valencianos por lo que sucede en torno a nuestro mar?

El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) inauguró en febrero la exposición ‘Del mito al espanto’ dedicada al análisis de la realidad socio-cultural del Mediterráneo en dos etapas: la imagen idílica que construyeron de él los intelectuales del norte de Europa y la convulsa realidad actual. En marzo, el centro cultural la Beneficencia abrió las puertas de ‘Fronteres d’Europa’, una propuesta expositiva que recorre, de la mano de cinco fotógrafos y cinco periodistas, las fronteras blindadas de la Europa mediterránea que cierran el paso a los miles de refugiados huidos de la guerra o el hambre. Simultáneamente el centro cultural la Nau de la Universitat de València muestra ‘Ramon Llull i l’encontre entre tres cultures’, que toma el 700 aniversario de la muerte del pensador mallorquín como excusa para reflexionar sobre el contexto del Mediterráneo medieval poniendo especial atención en el diálogo entre religiones.

Fotografía de Xavier Mollà en la exposición 'Correspondencia amb Mediterrani'.

Fotografía de Xavier Mollà en la exposición ‘Correspondència amb Mediterrània’.

Hace unos meses, el MuVIM presentó la muestra del fotógrafo Xavier Mollà ‘Correspondència amb Mediterrània’ donde el autor sugería que “el Mediterráneo es la gran plaza del pueblo y las casas son los diferentes países”. En la pasada primavera, veía la luz la segunda edición de Espai Mediterrani con una oferta diversa y muy acertada de la música que se hace ahora en ambas riberas del mar. Por último, en el próximo octubre podremos asistir a la cuarta edición de una renovada Mostra Viva del Mediterrani, puesta en pie por una asociación de ciudadanos que trabaja por recuperar el espíritu original de la Mostra de Valencia de los años 80 a través del cine, la música, la escena, la literatura, las artes visuales y las actividades educativas.

Pero no solo Valencia demuestra un interés creciente por lo que se cuece en nuestro convulso mar. El cine árabe y mediterráneo tiene cita ineludible en el Festival de Cine Árabe (FCAT) que celebrará su decimotercera edición en Tarifa y Tánger entre mayo y junio. Además el festival cuenta con un fondo fílmico del mejor cine africano, que ofrece a festivales y filmotecas. La Casa Árabe, un consorcio público del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, programa regularmente en Córdoba y Madrid, ciclos de cine y música árabe.

La Fira Mediterrània de Manresa, que en octubre celebrará su decimonovena edición, es un mercado de espectáculos que, con la tradición mediterránea como eje, se mueve en dos ámbitos principales: la cultura popular (basada en elementos como el cruce entre creación contemporánea y raíz tradicional, la participación ciudadana y la ampliación de la base social de la cultura) y las músicas del mundo; tiene un carácter interdisciplinar y aglutina los diferentes lenguajes artísticos: artes visuales, circo, danza, exposiciones, música, narración oral y teatro. El Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), integrado por la Generalitat de Cataluña, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y el Ayuntamiento de Barcelona, es un think tank que lleva desde 1989 trabajando en la progresiva construcción en el Mediterráneo de una espacio de paz y estabilidad a través de estudios y publicaciones como los Quaderns de la Mediterrània  que reúne  las aportaciones de los más interesantes pensadores del momento.

'Mediterráneo', de Gabriele Salvatores, en Mostra Viva del Mediterrani.

‘Mediterráneo’, de Gabriele Salvatores, en Mostra Viva del Mediterrani.

Esta selección de ejemplos, propios y foráneos, de actividades y proyectos que tienen al Mediterráneo como marco, parece apuntar hacia un aumento del interés por la cultura y la realidad de nuestro entorno geográfico. Esta tendencia se da en un momento de transición sacudido por un profunda crisis cultural, social y política. Transición que, salvando las distancias, guarda cierto paralelismo con la vivida en nuestro país a finales de los años setenta del siglo pasado. Es cierto que no se puede equiparar la sangrienta dictadura con la anémica democracia actual. Pero también lo es, como demuestran los especialistas, que entre el clientelismo, la espectacularización, la censura y la asfixia económica, la cultura ha vivido dos auténticos decenios negros en el País Valencià.

Diversidad cultural y mundialización

Hubo un momento en que los dirigentes políticos apostaron con hacer de Valencia un lugar de referencia de las culturas mediterráneas. Pero ¿Que llevó a estos primeros gobiernos democráticos a mirar en esa dirección? Para entenderlo tenemos que situarnos en el centro del debate cultural que sacudía a intelectuales y artistas del momento. Aunque el impulso viene de lejos, tras la Segunda Guerra Mundial se dan las circunstancias idóneas para que los Estados Unidos impongan su hegemonía en las industrias culturales y especialmente en el cine y el audiovisual.

Los gobiernos de los Estados Unidos llevaban décadas destinando cuantiosos recursos a las industrias de la información y la cultura, legislando para proteger el mercado interior, romper las barreras de los ajenos e imponiendo su dominio en las instancias internacionales -la UNESCO nace en 1945 haciendo suya la tesis liberal del free flow of information- para que el modo de vida americano se perciba como el único modo moderno y desarrollado posible. Para que los deseos de consumo material o simbólico de los individuos se dirijan en una única dirección. La resistencia vendrá por un lado de los llamados Países No Alineados, con Francia y su política de excepción cultural como casi único aliado europeo. Lograrán reorientar a la UNESCO hacia un nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. EEUU y sus satélites respondieron con su salida del organismo.

Imagen promocional del grupo Al Tall.

Imagen promocional del grupo Al Tall.

Valencia, lugar de referencia del Mediterráneo

La izquierda, que conquista el Ayuntamiento de Valencia en 1979, participa en este debate intelectual sobre la mundialización de la cultura y la comunicación. Y tiene clara la estrategia a seguir: el fomento de la diversidad. Es decir la promoción de la cultura con raíces propias en los países periféricos del sistema. El alcalde Ricardo Pérez Casado, traslada la idea a Vicent Garcés, concejal de cultura, y lanzan en noviembre de 1980 la I Mostra Cinema Mediterrani i Països de Llengues Romàniques. Recudida a Mostra Cinema Mediterarni en la segunda edición, el festival recibe el aval del publico, que en número de 32.000 espectadores, acude masivamente a las sesiones. El mismo equipo municipal encomienda en 1981 al grupo Al Tall, la Trobada de Música del mediterrani y al año siguiente convoca un Encontre d’Escriptors del Mediterrani. En el ámbito político, estas iniciativas reciben críticas de la derecha que, cumpliendo a la perfección su papel en el debate, por fascinación, presión, fuerza o corrupción se convierte en promotora de los valores y las estructuras del centro dominante del sistema.

¿A que se debe la identificación del publico con el festival de cine y la buena respuesta obtenida por las otras iniciativas? El fenómeno solo se puede entender en el contexto de unos actores culturales que intentan encontrar su espacio en una época de transición entre el programa de aniquilación ejecutado por la dictadura franquista y los intentos de recuperación creativa y artística de los años sesenta y setenta. La efervescencia de esos años, las ansias por aprender y recuperar el tiempo perdido, un ejercicio de resistencia para romper las costuras del miedo, el silencio y la rancia realidad de una sociedad vigilada y castigada, encuentra su forma de expresión en los circuitos de cine-clubs, en las ferias del libro, en los recitales de nova cançó, en los primeros mítines políticos y cómo no, en las sesiones de la Mostra, los conciertos de la Trobada y los debates del Encontre d’Escriptors.

A partir de los 90, con la llegada del Partido Popular a los gobiernos municipal y autonómico se produce una doble deriva: hacia lo folclórico -la 11ª Trobada de Música del Mediterrani culmina con actuaciones de Dova, Juan Bau, Salomé y Francisco- y hacia un provincianismo de imitación del centro hegemónico -la Mostra de Valencia exhibe estrellas de Hollywood en el ocaso de su carrera-. La pugna entre mundialización y diversidad se inclina de nuevo a favor de la primera.

Sleepless Nights, de Eliane Raheb, en Mostra Viva del Mediterrani.

Sleepless Nights, de Eliane Raheb, en Mostra Viva del Mediterrani.

Similitudes y divergencias

Y con esto volvemos al presente para preguntarnos de nuevo ¿hay alguna similitud entre aquella Valencia que se abrió al Mediterráneo y la actual? Contemplamos al menos cuatro paralelismos: la sensación de salida del túnel tras veinte años de impotencia; la esperanza en que los nuevos gestores puedan realizar cambios sustanciales; y la efervescencia de la sociedad civil que ha ido creando multitud de espacios de expresión al margen del entramado administrativo. Pero también advertimos claras diferencias: una mayor y más diversa oferta; más contenedores culturales; estructuras administrativas culturales municipales y autonómicas; mayor complejidad y autonomía de los públicos; y una revolución digital que ha sacudido los sistemas de producción, distribución y consumo de las industrias culturales.

Es posible que los medios de información dejen de prestarle atención pero, por lo que sabemos, el conflicto que se vive en el Mediterráneo y por tanto el interés de la ciudadanía consciente, no dejará de crecer en los próximos años.

En este contexto, iniciativas como Mostra Viva del Mediterrani apuestan por que esta nueva mirada al Mediterráneo gane en extensión y profundidad. Para ello sus promotores trabajan para diseñar una oferta cultural multidisciplinar y diversa que transcienda las políticas de democratización cultural y camine hacia una concepción inclusiva de la cultura. Pero, conscientes de las ventajas del trabajo colaborativo, convocan a los agentes culturales, que han vuelto a sentir la mediterraneidad como elemento sustancial de nuestra identidad, a un debate abierto. Un debate que aporte coherencia y eficacia a las iniciativas que, con la cultura como vehículo privilegiado, persigan los objetivos de transformación que la sociedad demanda.

Sobra decir que la inspiración de nuestros creadores no entiende de geografía, pero este mar ha sido y seguirá siendo nuestro espacio natural de proyección internacional. Nada más sano que viajar por el mundo con los ojos bien abiertos, sin olvidar que nuestra casa está en esa plaza del pueblo que es el Mediterráneo.

Vicent Gregori

Coordinador de Mostra Viva del Mediterrani

 

¿Qué haremos ahora con el Centre del Carme?

Aunque somos conscientes del momento de desarrollo y cambios que está viviendo culturalmente la ciudad, no podemos resistirnos a cuestionarnos algunos planteamientos que nos avanzan desde los medios de comunicación. Recientemente, leíamos en el artículo de Alfons García un titular anunciando que el Centre del Carme se convertirá en un espacio de creación para jóvenes artistas.1 Sin embargo, el contenido del texto dejaba entrever otros detalles que podrían convertirse en preocupantes si repiten la deriva que ha vivido el centro en los últimos años.

Para situarnos en el punto actual es necesario hacer una rápida revisión de la propia trayectoria del monasterio del Carmen que, construido en 1281, representa el muestrario de la arquitectura local a lo largo de siete siglos. Convertido en escenario museográfico desde la Desamortización hasta la actualidad, gracias a la Academia de Bellas Artes de San Carlos que lo conservó como Museo Provincial, fue posteriormente sede de la Facultad conservando así su sentido de investigación, docencia y experimentación plástica.2 Desde el año 1989, una vez afianzado en la programación del IVAM, el Centre del Carme se integraba dentro de los llamados espacios alternativos que enlazan con la tipología arquitectónica conocida como kunsthalle. De esta forma, el lugar expositivo en los noventa quedaba establecido a partir del refectorio del siglo XIV o sala del Embajador Vich, la galería moderna trazada entre 1900 y 1913, conocida como sala Ferreres y el claustro renacentista construido en el siglo XVII. Estos tres escenarios permitieron articular discursos flexibles combinando espacios abiertos, jardines, pasillos, galerías blancas o góticas y convirtieron al edificio en “uno de los ejemplos más llamativos de adaptación arquitectónica con que contaba Europa”.3

Por lo tanto, la estructura implantada en el IVAM desde su inauguración hasta 2002 estuvo generada por una doble actuación: la construcción de un centro de nueva planta que renovaría la imagen de la ciudad, y el uso de un centro antiguo cercano a éste como sala de exposiciones experimentales. La estrategia nacida de esta dualidad del museo junto a su política expositiva permitió a un centro joven plantear y adelantarse a un nuevo concepto de escenario artístico que después seguirían otros museos españoles e internacionales (MACBA en Barcelona, Museo Serralves de Oporto, MoCA de Los Ángeles, etc.) Asimismo, gracias a las connotaciones arquitectónicas del lugar, los artistas pudieron abordar la investigación de sus trabajos a partir de montajes ex profeso, en un momento en el que España carecía de espacios de arte contemporáneo que potenciasen el montaje de instalaciones y el llamado site-specific.4 Las características del Centre del Carme se orientaron desde un doble enfoque, como continente y como contenido, para comprender la singularidad de su disposición arquitectónica y de su programación de actividades.

centro-del-carmen

Sin embargo, la calidad y reconocimiento dentro del contexto artístico no fueron suficientes para conservar este modelo museográfico. Todos recordamos las voces críticas y las manifestaciones en contra de su cierre, así como la creación de la plataforma ex -Amics del IVAM (actualmente desaparecida). El Instituto Valenciano de Arte Moderno perdería en ese momento un espacio experimental que ya nunca ha recuperado.

A partir de entonces, el Centre del Carme barajó varias soluciones cuyo eje central protagonizaba el futuro museo del siglo XIX. La reapertura de sus puertas se realizó en 2011 con una nueva fase de rehabilitación concluida, donde se subrayaba el claustro gótico y la exposición “Los retratos de la Belle Epoque”. Durante los últimos años algunos proyectos han destacado en su recorrido, como el montaje de muestras colectivas, festivales como “10 Sentidos” o los trabajos de investigación vinculados al contexto social de Joaquín Sorolla. Sin embargo, actualmente, revisar el conjunto de su trayectoria nos conduce a calificar la programación como un cajón de sastre, donde la singularidad o el atractivo de las exposiciones puntuales no pueden abalar la construcción de una programación basada en un discurso claro y definido. Tampoco la diversidad de espacios ha sido sinónimo de ordenación de proyectos, y como resultado hemos contemplado en ocasiones una especie de mestizaje caótico. La práctica de estas soluciones nos llevan a visitar exposiciones en salas que hoy presentan una muestra sobre “Los Ángeles Músicos de la Catedral” y mañana esculturas e instalaciones contemporáneas. En el mismo lugar una muestra de pintura del XIX dará paso a un montaje de arte actual. Esta relación de ejemplos no nos encamina a cuestionar el propio proyecto, sino la articulación dentro del tejido del centro. Es decir, el argumento no es tanto qué se expone, sino cuál es su coherencia en el discurso de la programación que define el espacio.

Por esta razón y llevados a la lectura referenciada al comienzo, la posibilidad que apuntan los responsables de convertir el Centre del Carme en contenedor de “muestras desviadas por las otras instituciones que, además de la autonómica, forman parte del Consorci: las diputaciones provinciales y los ayuntamientos de las capitales”, nos pone en alerta sobre el propio sentido de la programación en un centro de estas características.

Con sus ocho salas y 7.500 metros cuadrados, el significado multidisciplinar debería implicar también una orientación coordinada desde la diversidad. Las posibilidades que ofrece el espacio son inmensas y quizás esta interpretación o ‘relectura’ podría favorecer ciertas mejoras en la comunicación ya que, hoy por hoy, la trayectoria museística del Carme se presenta en gran parte invisible para el público: Ni la web del IVAM, ni la del Centre del Carme contienen la información completa. En el primer caso sólo encontramos referencias a las exposiciones posteriores al año 1999, y en la divulgación del Consorci de Museus en red aparecen desde 2011. Todo lo demás nos conduce a textos sobre la historia de su arquitectura, pero no de sus exposiciones.

Las líneas futuras para este espacio deberían apoyarse en objetivos definidos (programación, identidad, marco de actuación para los artistas jóvenes, proyección, etc.). Muchas de estas cuestiones se abordarán desde las directrices que obtenga el resultado del concurso público anunciando en breve. A esto se sumará la decisión que conllevan las fases de rehabilitación pendientes, así como la conexión del edificio con el resto de centros artísticos, el barrio del Carmen y, en definitiva, con el propio desarrollo de la ciudad. No estamos hablando, por lo tanto, de un centro más. La pregunta abierta sobre qué haremos ahora con el Centre del Carme implica directamente apoyar (o no) un modelo cultural.

Maite Ibáñez

1 GARCÍA, Alfons, “Cultura convertirá el Centre del Carme en un espacio de creación para jóvenes artistas”, Levante, 24/11/2015, p. 58

2 “El Convento del Carmen representa el primer y único hito de la historia de la museística en la Comunidad Valenciana en el siglo XIX. Su propia subsistencia hoy la debemos a ese trascendental hecho, es decir, a la enérgica actuación de la Academia de San Carlos que lo convierte en Museo de la Desamortización”. ESTEBAN CHAPAPRÍA, Julián, “Impostación del patio del Embajador Vich en el ex convento del Carmen”, Valencia, Loggia: Arquitectura y restauración, nº 12, Universidad Politécnica de Valencia, 2001, p. 26.

3 HOLO, Selma, Más allá del Prado, Akal, 2002 p. 145 (Lo más interesante de la presencia de la arquitectura del Carme implicaba una resemantización a partir de una nueva función comunicativa que la desvinculaba de su origen)

4 Gracias a las connotaciones arquitectónicas del centro, los artistas pudieron abordar la investigación de sus trabajos. Algunos de los autores que exponen por primera vez en España fueron presentados de la mano de este lugar como: Pier Kirkeby, Fischli/Weiss, Robert Wilson, Hamish Fulton, Michael Craig-Martin e Isamu Noguchi. Las salas también introdujeron las primeras retrospectivas en España de Gilberto Zorio, Tony Cragg, Signar Polke o Matt Mullican, entre otros. Consecuentemente, algunos de los proyectos de estos autores formaron parte de las adquisiciones para la colección del museo, construyendo la historia de los fondos que ahora conocemos. (Destacamos las obras de Bruce Nauman, Richard Serra, Allan McCollum, Cristina Iglesias, Juan Uslé, Carmen Calvo, Juan Muñoz, etc.)

El IVAM, por fin, con las Buenas Prácticas

En las primeras semanas de José Miguel G. Cortés al frente de la dirección del IVAM, las asociaciones de artistas visuales (AVVAC) y críticos de arte (AVCA) de la Comunitat Valenciana mantuvieron una primera reunión, que acabó en desencuentro ante la negativa del nuevo director de hacer público su proyecto de gestión y asumir el Código de Buenas Prácticas para el funcionamiento integral de la institución. Tras un primer comunicado al respecto, en el que artistas y críticos de arte defendían la independencia en la gestión del centro, Cortés hizo público su proyecto para el IVAM a través de la página web del Institut.
Una semana después, el sector del arte contemporáneo del Estado español en pleno, representado por dieciocho asociaciones profesionales, realizaba un pronunciamiento inequívoco solicitando al IVAM que transite en este nueva etapa a través del cauce marcado por las buenas prácticas, a la vez que se reclamaba la despolitización del Consejo Rector y la divulgación del resultado de una auditoría externa de las cuentas de la institución.
Ante una escena profesional que lo demandaba sin fisuras, el director del IVAM ha lanzado una comunicación en la que manifiesta su compromiso con la aplicación de los procedimientos de transparencia que caracterizan el Código de Buenas Prácticas. Las asociaciones profesionales prosiguen ahora sus gestiones a través de la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana, persiguiendo la despolitización del Consejo Rector del IVAM.
Este es el escrito divulgado desde el gabinete de prensa del IVAM:
El director del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), José Miguel G. Cortés, ha suscrito el Documento de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte Contemporáneos. Este Documento fue acordado el 31 de enero de 2007 por el Ministerio de Cultura y todos los sectores de profesionales del arte contemporáneo, entre los que se encuentran la Asociación de Directores de Museos y Centros de Arte Contemporáneo, el Consorcio y la Unión de Asociaciones de Galerías, el Consejo de Críticos de Artes Visuales, la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales y el Instituto de Arte Contemporáneo. El Documento traza un marco de referencia para el sector, aboga por una gestión cultural transparente, democrática y participativa, al tiempo que pretende ser una herramienta para mejorar las relaciones profesionales entre todos los agentes que intervienen en el mundo del arte contemporáneo.  El texto abarca importantes aspectos que van desde el papel social de los museos y centros de arte, las estructuras de gestión de los mismos y el mantenimiento de una relación con los artistas y comisarios colaboradores basada en las buenas prácticas profesionales, esto es, honorarios por el trabajo o los servicios prestados, respeto a los derechos de autor y formalización de los acuerdos mediante los contratos por escrito. Otro punto destacado del Código de Buenas Prácticas es el método de elección de los directores de museos mediante un concurso público y de carácter internacional con el fin de garantizar el desarrollo de su programa expositivo, tal y como ya se viene realizando en importantes instituciones museísticas, entre ellas, el IVAM. 

España reclama buenas prácticas al IVAM

El sector del arte español ha realizado un movimiento conjunto de posicionamiento acerca del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), lanzando un comunicado en el que se reivindica la necesidad de que el nuevo director aplique el Manual de Buenas Prácticas al funcionamiento integral de la institución, a la vez que se defiende su independencia, se reclama la despolitización del Consejo Rector y la auditoría externa de las cuentas de la etapa de Consuelo Ciscar.

Este es el contenido íntegro del comunicado, suscrito por diecisiete de las principales asociaciones estatales y autonómicas de las artes visuales en España, que representa a la práctica totalidad del sector:

«Ya son muchos los años que los profesionales de las artes visuales en la Comunidad Valenciana y del Estado español, tanto desde las asociaciones como fuera de ellas, vienen advirtiendo sobre la deriva del IVAM, que pese a haber comenzado su andadura como un  centro museístico de referencia a nivel nacional e internacional, con una cuidada atención a sus políticas expositivas y líneas de investigación, pasó a ser el ejemplo que todos conocemos de incoherencia museológica, nepotismo administrativo y opacidad contable.

La situación en la que nos encontramos en este momento merece una especial atención, puesto que se percibe una cierta voluntad de regeneración institucional que parece estar introduciendo aires de cambio en el IVAM. Sin embargo, para que toda esta serie de movimientos no quede únicamente en una puesta en escena sin trascendencia efectiva, las asociaciones representativas del sector que suscriben este comunicado entendemos que hay tres puntos básicos que en este momento deben ser atendidos, para que podamos hablar de una verdadera voluntad de cambio.

En primer lugar, como ya se ha hecho mención en anteriores ocasiones, la composición del Consejo Rector está lejos de ser la deseable en una Institución museística que pretenda actuar con rigor teórico-práctico, articulando un proyecto de una cierta continuidad temporal, ya que la gran mayoría de sus integrantes son políticos profesionales, miembros del actual partido en el poder. Esto supone una clara merma no sólo de las potencialidades museológicas y museográficas del IVAM (al no tratarse de expertos en la materia), sino también del carácter democrático de un museo que es público (al no existir representantes de la sociedad civil), sufragado con el dinero de todos, y que debe permanecer ajeno a los intereses de cualquier partido. El documento 0 del sector de las artes sobre Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte estipula que la composición del patronato de un museo debe ser de entre un 20% y un 33% de representantes de la administración titular, entre un 20% y un 33% de representantes de la sociedad civil (asociaciones, colectivos, etc.) y entre un 33% y un 50% de científicos y expertos en arte. A día de hoy este balance de porcentajes se incumple de manera desproporcionada.

Este proceso de despolitización tiene que ser inminente, y puede realizarse sin otro mecanismo que la pura voluntad política, puesto que el año pasado vimos cómo el Consejo Rector era transformado de plano para asumir la forma actual, sin que ello haya generado ningún impedimento administrativo. Entendemos, por tanto, que con la misma celeridad que se llevó a cabo ese proceso, puede ser revertido, por lo que los representantes del sector exigimos una inmediata reformulación del Consejo Rector, para que los miembros no pertenezcan en su mayoría a la Administración titular, sino que esta mayoría la constituyan los expertos en Arte o en gestión de museos de reconocida trayectoria, y haya una igual proporción de los representantes de la Administración titular y de los de la sociedad civil.

En segundo lugar, la independencia del director del IVAM es una cuestión que se ha puesto de relieve en los últimos días, con las polémicas levantadas a tenor de las injerencias del Consejo Rector en las decisiones del nuevo director del IVAM, José Miguel García Cortés. La independencia del director, “que se plasma en la programación de exposiciones y actividades culturales, atendiendo a criterios estrictos de profesionalidad” según una carta que el pasado día 27 de noviembre enviaron los propios trabajadores del IVAM a la Consejera de Cultura, es una demanda conjunta del sector de las artes visuales, que debe ser respetada para garantizar la coherencia en la propuesta museística de la dirección del IVAM. El Consejo Rector debe ser un órgano con el cual la dirección del IVAM trabaje conjuntamente, en un proceso de mutuo entendimiento, en base a ofertar una programación que cumpla no sólo con unos elevados estándares de calidad sino también con la función pública de incidir en la calidad de vida de los ciudadanos, a través de las capacidades expresivas de la práctica o consumo cultural y de la vertebración simbólica del territorio en el que se inserta el museo.

Recordamos aquí que es finalidad primera del IVAM “desarrollar la política cultural de la Generalitat en cuanto concierne al conocimiento, tutela, fomento y difusión del arte moderno”. Ello implica la generación de instrumentos y el desarrollo de programas que incentiven estos fines en todos los niveles de la estructura social. El IVAM es un Instituto, no un museo, y la dirección del mismo debe de ser permeable a la participación, diálogo y comunicación con la ciudadanía y los profesionales. Es necesario que la dirección del IVAM asuma los postulados de las buenas prácticas profesionales que en su día acordó el sector junto al Ministerio de Cultura como garantía de buen funcionamiento del mismo.

En tercer lugar, debido a los antecedentes de la anterior directora del IVAM, que salió de la dirección de Consorcio de Museos dejando un déficit de aproximadamente 14 millones de euros, y debido a que los informes aportados por el IVAM son insuficientes, se impone con urgencia una auditoría externa de las cuentas del IVAM cuyo resultado se haga público sin maquillajes, para saber en qué estado se encuentran actualmente y, si procede, que la justicia actúe como corresponda. Es de crucial importancia someter las cuentas del IVAM a una auditoría externa para que la actual dirección no se vea entorpecida por las consecuencias de una mala gestión anterior. La opacidad del IVAM en estas cuestiones llama la atención cuando se compara con regiones como el País Vasco, donde ya en 2003 se aprobó una Ley de Museos en la que se obliga a informar anualmente del precio de las obras adquiridas con dinero público.

Debido a lo anteriormente expuesto, entendemos que estas tres demandas deben ser atendidas, no sólo por constituir una reclamación conjunta del grueso de la sociedad civil, representada por diversas asociaciones y colectivos profesionales, sino por la necesidad de entender lo público únicamente desde la perspectiva de transparencia, participación y responsabilidad política que caracteriza a la auténtica democracia. La sociedad reclama un IVAM en el que el cambio no se limite a una serie de declaraciones bienintencionadas, sino que cumpla con rigor las funciones públicas para las que fue creado.»

SUSCRIBEN:

Arte Madrid. Asociación de Galerías de Arte Madrileñas

Art Barcelona. Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de Barcelona

Associació d’Artistes Visuals de Catalunya (AAVC)

Associació d’Artistes Visuals de les Illes Balears (AAVIB)

Associació Catalana de Crítics d’Art (ACCA)

Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE)

Asociación Nacional de Investigadores en Artes Visuales (ANIAV)

Artistas Visuales Asociados de Madrid (AVAM)

Associació Valenciana de Crítics d’Art (AVCA)

Artistes Visuals de València, Alacant i Castelló (AVVAC)

Consejo de Críticos y Comisarios de Artes Visuales (CCCAV)

Consorcio de Galerías Españolas de Arte Contemporáneo (CGEAC)

Instituto de Arte Contemporáneo (IAC)

Mujeres en las Artes Visuales (MAV)

Sociedad Española de Estética y Teoría de las Artes (SEyTA)

Unión de Asociaciones de Artistas Visuales (UAAV)

Unión de Artistas Visuales de Andalucía (uavA)

 

“No me interesa el pasado, sino el futuro del IVAM”

José Miguel García Cortés, director del IVAM
Primera comparecencia pública ante los medios
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Miércoles 24 de septiembre, 2014

Consuelo Císcar ya es agua pasada. Y José Miguel García Cortés, nuevo director del IVAM, tiene claro que agua pasada no mueve molino. Por eso aprovechó su primera comparecencia pública ante los medios para incidir en ello: “No me interesa el pasado, sino el futuro”. Un futuro “de esperanza, de colaboración”, para que en el Instituto Valenciano de Arte Moderno “entre aire fresco”. ¿Estaba el aire viciado? Ningún reproche a su antecesora en el cargo. Pero como lo cortés, con perdón, no quita lo valiente, bastaron esas y otras alusiones indirectas para marcar un punto y aparte en su gestión.

José Miguel García Cortés, director del IVAM (en el centro), con parte de su equipo: de izquierda a derecha, Raquel Gutiérrez, Joan Llinares, Ana Moure y Álvaro de los Ángeles. Imagen cortesía del IVAM.

José Miguel García Cortés, director del IVAM (en el centro), con parte de su equipo: de izquierda a derecha, Raquel Gutiérrez, Joan Llinares, Ana Moure y Álvaro de los Ángeles. Imagen cortesía del IVAM.

«¿Por qué China y no Marsella o Argel?”

“Por qué China o Estados Unidos, y no Nápoles, Marsella o Argel? Nos olvidamos de lo que tenemos al lado. Debemos valorar nuestra cultura mediterránea”. Y así prosiguió su alocución Cortés: mirando hacia delante (“voy a trabajar para el futuro”), pero soltando el lastre del pasado. “Tenemos que llegar a públicos que hasta ahora no nos conocen; aprovechar las redes sociales”. Y puestos a llegar, se hacía necesario referirse a los artistas y entidades que tenían al IVAM como un buque fantasma.

“Los artistas van a tener la palabra”

“Los artistas van a tener la palabra”. Y al igual que ellos, todos los colectivos artísticos de Valencia que habían arrojado la toalla. “Tenemos que trabajar con todos, enriquecernos de todas las personas, que se les escuchen a todos”. Lo cual no es labor que pueda acometer una sola persona. “No es que yo solo no pueda hacer un nuevo IVAM, sino que no quiero”. ¿Un nuevo IVAM? Cortés, de nuevo, soltando lastre. “No entiendo el arte y la vida en singular, sino en plural”. De ahí que buena parte de su discurso girará en torno a esa idea de sumar fuerzas, de abrir las puertas de par en par del IVAM, sabedor del legado de su antecesora.

“No me gustan las tortillas, sino los revueltos”

Le echó huevos a la metáfora que utilizó para consolidar su postura: “No me gustan las tortillas, me gustan los revueltos”. Es decir, “un IVAM variado, mestizo, en el que haya distintos discursos; mezclar lo mejor de cada casa”. La cultura, dijo, “es muy variada y en el IVAM vamos a intentar dar cabida a todas esas disciplinas”. Desde el diseño, al audiovisual (“¿por qué no, el cine?”), pasando por las habituales: pintura, fotografía, escultura. “Habrá menos exposiciones, pero más trabajadas”, subrayó.

El director del IVAM, José Miguel García Cortés, en un momento de su intervención ante los medios. Imagen cortesía del IVAM.

El director del IVAM, José Miguel García Cortés, en un momento de su intervención ante los medios. Imagen cortesía del IVAM.

«Nuestra actitud será inclusiva, no excluyente”

Ese carácter mestizo se propagó por el resto de su discurso, pausado, integrador. “Vamos a desechar cualquier proyecto excluyente”. Nada de esto o lo otro, sino esto y lo otro. “Lo moderno y lo contemporáneo. Lo local y lo internacional. Lo individual y lo temático, lo cronológico y lo transversal”. En definitiva: “Programas culturales de todo tipo”. Programas y actividades de las que será su nuevo responsable el crítico de arte y comisario Álvaro de los Ángeles.

“No somos el Reina Sofía, ni el Pompidou, ni la Tate Modern, sino que tenemos que buscar nuestra especificidad”. Especificidad que Cortés localizó, entre otras cosas,  en la colección permanente del IVAM, a la que sacará jugo. ¿Cómo? Potenciando “el estudio y la investigación” de esa colección. También “recuperando las labores propias de un instituto como éste, mediante talleres y seminarios”, al tiempo que se fomentan las relaciones “con instituciones docentes” y se “potencia la biblioteca”, además de abrir “una nueva línea de catálogos, atractiva e interesante, pero adecuada a la austeridad en que nos movemos”.

“100 días de gracia”

El nuevo director del IVAM quiso dejar claro que las exposiciones ya programadas en la etapa de Consuelo Císcar “se respetarán, salvo las que superen las previsiones económicas”. ¿Cuándo se verá la mano de su recién estrenada gestión? José Miguel García Cortés dijo que, de una u otra forma, ya se estaba viendo, pero pidió “100 días de gracia”. Hay mucho trabajo por hacer para que todo ese aire fresco penetre de verdad en el nuevo IVAM.

José Miguel García Cortés, director del IVAM. Imagen cortesía del Instituto Valenciano de Arte Moderno.

José Miguel García Cortés, director del IVAM. Imagen cortesía del Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Salva Torres

Bartomeu Marí: «¿Qué es hoy un museo público?»

Bartomeu Marí i Ribas (Ibiza, 1966) da las claves del nuevo modelo de museo que está poniendo en marcha en el MACBA, inspirado en el IVAM de los años 90, y su visión de los procesos de transformación que están operando en el terreno de lo público. Tras pasar por la Foundation pour l’Architecture de Bruselas y el IVAM de la primera época, fue director del centro de arte contemporáneo Witte de With de Rótterdam. Actualmente dirige el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, a la vez que preside el CIMAM.

En 2011 formaste parte del equipo redactor de la Estrategia para las Artes Visuales, que contó con el apoyo del sector profesional del arte en España y que pretendía marcar una hoja de ruta que evitara los constantes cambios de rumbo derivados de los vaivenes electorales. Aunque resulte sorprendente, era la primera vez que en más de treinta años de democracia en España se marcaba un plan estratégico en materia de artes visuales. El actual Ministerio de Cultura ha obviado ese documento y el trabajo de consenso que representa. ¿A que crees que se debe?

Tradicionalmente, en este país, los gobiernos que entran destruyen o ignoran lo que el gobierno precedente ha hecho y creo que ese “deshacer”, el hecho de no utilizar nada de ese documento forma parte de esta tradición. Es una gran lástima que esa reflexión se iniciara al final de una legislatura. Pero también creo que el actual gobierno tiene una imagen de la cultura, y sobre todo del sector del arte, muy diferente a la idea que se tenía cuando se hizo el plan.

En Europa, hace ya años, el papel de la cultura cambia y el arte deja de ser un elemento básico en el crecimiento y la maduración del individuo. De formar parte de la educación que recibimos para desarrollar nuestras capacidades como personas, pasa a ser “un capricho de ricos” (quien lo quiera, que lo pague): de ahí la retirada de inversiones públicas al sector cultural en general.

 

¿Qué opinas de las políticas culturales y económicas del Gobierno de España y en qué medida crees que afectan al sector del arte?

Yo no tengo claro que el gobierno español tenga una política cultural propicia al desarrollo del arte. Y creo que la subida del IVA para las actividades culturales es una buena prueba de ello. Además creo que la política cultural española tradicionalmente ha sido muy centralista, con lo que se puede leer prácticamente solo a través de instituciones que están ubicadas en Madrid.  Los que no vivimos en Madrid  no solemos tener muchas oportunidades de disfrutar la política cultural del Estado español.

 

Hace seis meses que fuiste elegido presidente del Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno (CIMAM), ¿qué propósitos te has marcado al frente de esa organización?

CIMAM es una ONG, una organización profesional formada por miembros del ámbito de  los museos (directores, conservadores, y otros profesionales de ese ramo) y su actividad principal es reflexionar sobre el presente y “los futuros” de la institución museística como institución pública. En eso hay bastante coincidencia entre todos los miembros; y hay cada vez más miembros del CIMAM que provienen de partes no occidentales del mundo, representan instituciones que trabajan en condiciones muy diferentes a las nuestras y expresan valores comunes de formas muy diversas. Es muy importante mantener y desarrollar la excelencia científica, el rigor y la elegancia en esos debates. Esos debates son los que le dan voz a la organización, son los que le dan la razón de ser, y dentro de esos debates ocupa una preocupación principal la deontología del sistema.

Creo que el mundo ha cambiado mucho, y por tanto, también en los últimos diez años, por ejemplo, las instituciones museísticas están cambiando para adaptarse a esos contextos diferentes. Creo que en el presente ya se plantean de una manera muy seria preguntas del tipo ¿qué es hoy un museo público?; ¿en qué consiste la libertad intelectual, y de qué manera se preserva?; ¿cómo reorganizar las relaciones entre bien común e intereses privados? La actividad de las instituciones públicas, como son los museos, no debe estar afectada por las presiones y los condicionantes del mercado, que lo ha invadido prácticamente todo. Es un hecho que los medios de comunicación masivos fundamentalmente atienden a hechos cuantitativos. La figura del crítico de arte ha desaparecido.

El CIMAM ha crecido mucho en Sudamérica, se está implantando en Asia, pero creo que hay regiones como África y como Oriente Medio donde están emergiendo nuevos tipos de instituciones que deseamos que formen parte de los debates que el CIMAM promueve. La manera como se crea y conserva patrimonio, se educa, se escribe historia y se difunden los valores del arte ocurre cada vez más a través de iniciativas que no se pueden tipificar exactamente como museos en sentido Occidental. Al mismo tiempo, también aparecen muchos museos, tanto en China como en las Antiguas Repúblicas Soviéticas o en Rusia, que son de hecho colecciones privadas con facultad de venta de obras. El CIMAM debe estar muy atento a esas nuevas prácticas y esa es una de sus funciones: argumentar qué instituciones se reconoce como “museo de arte contemporáneo” y a cuáles no.

 

Desde 2008, que fuiste nombrado director del MACBA mediante una convocatoria, ¿qué cambios coyunturales y qué medidas has aplicado en el museo para adaptarlo a la situación actual?

El contexto en el cual el museo opera cambió radicalmente en muy poco tiempo: entre 2009 y 2011 hay cambios económicos y cambios políticos evidentes. El económico ya lo conocemos: una crisis profunda que afecta a todos los sectores de la sociedad. El cambio político se sitúa más allá de los partidos que gobiernan: tiene que ver con el cambio profundo en la consideración de qué es y para qué sirve lo público y qué papel deben jugar las administraciones con relación a la cultura pública, a la educación del ciudadano, al bienestar.

Uno de los cambios fundamentales es el cambio del sistema productivo del museo. El MACBA ha pasado de funcionar en 2009 con casi catorce millones de euros, a funcionar en 2013 con casi diez millones de euros.  Por debajo de unos mínimos el proyecto del MACBA no puede mantenerse y no tiene sentido para mí. Nuestra apuesta es aumentar los recursos propios a través de la activación de diferentes “palancas de crecimiento” para volver a acercarnos a esa cifra de catorce millones de euros, que es la que idealmente debería poder gestionar el museo.

Yo empecé a trabajar en 1989 en Bruselas en un contexto económico y en una institución bastante modestos, y tengo el recuerdo de disfrutar muchísimo porque tenía total libertad. Seremos capaces de mantener nuestra capacidad creativa, crítica y de calidad con la complicidad de los públicos, que son quienes tienen la llave del futuro de nuestras instituciones culturales.

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Recientemente se ha hecho público que el MACBA va a poner en marcha un nuevo modo de trabajo, incorporando un equipo de investigación externo integrado por Beatriz Preciado y Valentín Roma. ¿Qué significa esto en la práctica y cuales son los objetivos?

Valentín Roma y Beatriz Preciado no forman parte del equipo del MACBA: son personas que tienen una implicación muy profunda en el programa pero que están fuera de la dinámica cotidiana del equipo. El museo se dota con ellos de dos profesionales de tremenda calidad y que son absolutamente claves para reinventar la dinámica del museo. El modelo está bastante inspirado en el IVAM que conocí a mediados de los años 90, y en el que un equipo productor dentro del museo se alimentaba muy bien de talento externo, es decir, comisarios, críticos, artistas, etc.

 

¿Qué efectos tendrá en la programación del museo y qué líneas de trabajo se han pensado para espacios como el Convent dels Àngels y La Capella, que dependen del MACBA?

El programa de actividades se fortalece y se enriquece mucho. Hemos reforzado la coherencia interna de todo el Programa, con P mayúscula, más allá de las exposiciones. Todo esto pasa por injertar mutuamente el programa de exposiciones con los programas públicos: conectar lo sensible con la actividad intelectual, aquello que se percibe con aquello que se piensa. Creo que es una de las razones de ser del museo hoy en día: el museo debe coser de nuevo lo sensible y lo intelectual. En el poco tiempo que llevamos trabajando con Valentín y con Beatriz el Programa se ha hecho mucho más complejo y recuperaremos la capacidad de producir nuevas publicaciones de gran calidad. Al mismo tiempo, hemos potenciado también las líneas de mediación, que son las que deben “fidelizar” a estos nuevos públicos que el museo debe conquistar.

Todo el programa se articula en torno a seis grandes líneas que tienen que ver con aquellas preocupaciones que creemos que explican el mundo de hoy: la idea de “descolonizar el museo”, de integrar todas las reflexiones y aportaciones que sitúan el arte como una de las prácticas centrales en los procesos de emancipación individual, colectiva y política; lo que denominamos “la máquina de escribir”, las técnicas y los procedimientos de la escritura, tanto en sentido literal como metafórico, son muy importantes en la práctica del arte y en el trabajo que el museo hace, la escritura de la historia y la de las diferentes ficciones;  las “historias heterodoxas”, el hecho de que la historia que nos interesa no es pura, no es unívoca, es polifónica e híbrida; la “arquitectura como práctica cultural” no sólo tiene que ver con el patrimonio arquitectónico sino con todos aquellos dispositivos construidos que nos hacen vivir juntos, y la ciudad es el principal instrumento que tenemos para hacer eso; las “tecnologías de la conciencia” estudian como las nuevas tecnologías están afectando la constitución del propio yo, de la conciencia propia; la idea de “cuerpo político” vincula todo ello a la necesidad de empezar a pensar desde el cuerpo, de poner carne y piel al museo, de dotarlo de un sistema nervioso: el cuerpo es un campo de batalla político pero la primera piedra del edificio sensible y activo.

 

El déficit en la presencia de mujeres en las programaciones y en las colecciones de los museos es patente. En el estudio que lo revelaba, el MACBA no salía bien parado. ¿Cuáles crees que son las causas y que medidas correctoras se pueden aplicar?

Es una preocupación central en nuestro programa actual, tanto en el programa de exposiciones como en el de adquisiciones. Creo que venimos de una tradición que es profundamente machista y blanca. Es la historia de la cual procedemos.

 

En esa línea, también se escuchan quejas que reclaman una mayor presencia de artistas catalanes y españoles en la programación del MACBA. Parece que la red de museos y centros de arte contemporáneo de Barcelona no satisface actualmente las necesidades de los artistas jóvenes y de media trayectoria, que no acaban de encontrar su lugar en ese entramado. ¿Qué lugar crees que deben ocupar los artistas catalanes en las programaciones públicas? ¿Cuál es tu apuesta desde el museo que diriges?

Yo rechazo la idea que el MACBA no se ha ocupado de los artistas de su entorno. Creo que hemos aumentado considerablemente esa atención en los últimos años. Siempre se puede hacer más, sí, y ahora todo parece indicar que es el momento de hacerlo. Pero creo que hay que interrogarse con más precisión sobre cuál es el tejido institucional que tiene esta ciudad y cómo está funcionando.

Mi impresión es que el tejido institucional dedicado al arte es amplio, si lo comparamos con otras capitales europeas. No deberíamos confundir un problema económico estructural con la falta de atención del MACBA hacia los artistas, críticos o galeristas de su entorno. La salud del sistema no depende del MACBA. Las diferentes administraciones públicas no están haciendo una reflexión seria y profunda sobre la sostenibilidad y el funcionamiento de este sistema, no vemos que las diferentes administraciones estén dialogando para coordinarse y debajo de todo ello está una economía muy adversa. Tampoco es una solución esperar que el museo arregle todos los problemas: el museo debe hacer de museo y en ningún momento deberíamos perder de vista en qué consiste eso.

 

Ya nadie discute la incorporación de la función pedagógica que deben desarrollar los museos. ¿Aporta el MACBA alguna innovación en ese terreno?

Hemos desarrollado dos tipos de acción educativa: uno con las escuelas, con los profesores, y otra con los individuos, los visitantes en general. En las escuelas incidimos en la formación del profesorado y con los adultos hemos trabajado y desarrollado mucho la tecnología de la visita guiada que es uno de los mejores instrumentos educativos que hay: el contacto directo con las obras de arte. La educación no es algo que se puede reducir a las escuelas, es una transformación que todos estamos haciendo en todo momento. Es muy importante ver al museo y a las experiencias del arte como una manera de alfabetizarnos visualmente o sensitivamente en un mundo en el que cada vez están cambiando con más rapidez los códigos visuales y estéticos.

 

Da la impresión de que muchos de los logros obtenidos por el sector profesional del arte en Cataluña están sufriendo un retroceso, desde fuera se aprecia una sensación de desmantelamiento. La Associació d’Artistes Visuals de Catalunya ha sido un agente muy activo y su papel ha sido importante para establecer otras normas del juego. ¿En que situación se encuentra todo eso a tu parecer?

Hay que diferenciar lo que es la crisis económica de las crisis institucionales y de la crisis de ideas. Creo que es un momento en el que la crisis económica está teniendo unas consecuencias en otros tejidos de la sociedad de los que el artista no escapa. Y como he dicho antes, en un contexto económico en el que se están desmantelando diversas áreas de lo que antes conformaba el servicio público, la parte del arte es la que actualmente el ciudadano considera de las menos importantes y por tanto, más fácil de suprimir.

Forma parte todo ello de este gran movimiento en el que, en general, Europa a distintas velocidades, ha ido cediendo. Creo que en Gran Bretaña sucedió hace 20 años, en Alemania también ocurrió en torno a hace 10 años, y en España está ocurriendo ahora. Estamos viviendo un proceso de desaparición de las esferas públicas como promotores culturales. Me parece una lástima pero también me parece que es el momento de darnos cuenta de que hay que hacer las cosas de manera diferente. No creo que la participación del Estado, el dinero público, vuelva en muchos años, si es que vuelve nunca. La cultura pública debe financiarse de otra manera. Y nunca debe confundirse con los intereses privados en el espacio público. La relación entre bien común e intereses privados debe reescribirse.

 

¿Se remunera el trabajo de los artistas que exponen en el MACBA?

Sí, desde hace muchos años.

 

¿Qué opinas de esta reivindicación profesional?

Los artistas que trabajan con el MACBA tienen un contrato y cobran unos honorarios por su trabajo. Nadie se hace rico trabajando con este museo, pero creo que tratamos a todos los profesionales de forma decente y adecuadamente remunerada. Me parece algo lógico. El museo también se beneficia en numerosas ocasiones de la generosidad de artistas que, por ejemplo, donan obras a la colección.

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En algunos casos los museos se convierten en cotos privados, hay ejemplos clamorosos. ¿Qué tipo de relación existe entre el MACBA, los agentes sociales de la cultura catalana y la sociedad?

El MACBA es un museo que todavía debe ser descubierto por los ciudadanos que lo han creado. Ese es uno de los grandes retos que nos hemos planteado desde hace unos años: aumentar la repercusión en el ámbito donde podemos crecer más, que es en del visitante local. El MACBA es la institución que realiza la cartografía de la cultura de nuestro tiempo y quiere ser motor fundamental de debates necesarios hoy. Más allá del arte, su epicentro, el MACBA es un museo abierto a la literatura, a la música, a la arquitectura, a la danza, al teatro, a la poesía, al cine…  Ir al museo hoy en día ya no es ir a ver imágenes, es ir a  protagonizar y compartir actos y experiencias muy diferentes que tienen relación entre sí, pero que conforman el abigarrado y muy amplio espectro de sensibilidades.

 

Las galerías de arte cumplen una función de divulgación del arte contemporáneo, más allá de su propósito de mercado. ¿Qué efectos está teniendo la crisis en el tejido de galerías de arte de la ciudad de Barcelona y de Cataluña? ¿Será capaz el museo de cubrir esa función si se sigue reduciendo el número de galerías?

Yo creo que Barcelona y Cataluña tienen un mercado del arte muy fiel, pero desgraciadamente todavía bastante frágil. La crisis tiene unos efectos brutales en ese ámbito y hace que cada vez menos artistas puedan vivir de su trabajo. Yo espero que las galerías tengan una actitud también de reconversión y de adaptación a un mercado que en sí mismo se ha transformado. Del mismo modo que las instituciones debemos adaptarnos,  los artistas sabrán resituarse en este contexto y el negocio de las galerías deberá también encontrar su lugar. Hace 30 años el mundo del arte contemporáneo español era muchísimo más reducido y muchísimo más precario que ahora: en una generación hemos dado un salto tremendo.

 

¿En la política de adquisiciones del MACBA se contempla alguna medida en ese sentido? En cuanto a las galerías.

La política de adquisiciones del MACBA se basa en la calidad de las obras de arte como criterio fundamental. Siempre hemos tenido una atención prioritaria hacia las galerías de nuestro contexto: en igualdad de condiciones se ha optado siempre por las galerías del entorno. Creo que la mejor manera de contribuir al desarrollo del sistema es seguir aplicando esos criterios de calidad con nitidez, exigencia y continuidad.

 

Se celebran los 25 años de la creación del IVAM. ¿Cual fue tu experiencia en el período que trabajaste allí?

Para mí fue una experiencia absolutamente fabulosa, aprendí el nudo de casi todo lo que sé ahora. Esa experiencia fue demasiado corta: sólo dos años. Pero recuerdo como un gran privilegio poder estar trabajando en el ámbito del arte contemporáneo y del arte moderno, de las vanguardias de principios del siglo XX. Creo que eso fue la gran apuesta y la gran calidad de ese museo, que también fue a buscar la calidad y el interés del arte fuera de los caminos trazados por las convenciones, el mercado o la moda. Cuando miramos el programa de exposiciones del IVAM encontramos una autentica enciclopedia de arte contemporáneo de primerísima calidad. Y exposiciones como las de Eva Hesse, Robert Smithson o Gordon Matta-Clark serían hoy irrepetibles. Y no hay más que ver un dato objetivo muy importante y es que un gran número de catálogos de esas exposiciones son hoy en día objetos de coleccionismo.

Estuve en el IVAM de 1993 hasta finales de 1995. Recuerdo mi llegada al IVAM: yo vivía en Bruselas y el día que me fui de Bruselas para basarme en Valencia, compré un periódico español y ví la composición del gobierno que acababa de ser nombrado en ese momento con Carmen Alborch como Ministra de Cultura. Me llevé las manos a la cabeza pensando en qué lio me había metido. Llegué al IVAM con el pasillo que llevaba al despacho de Carmen Alborch invadido por los trípodes de las cámaras de televisión que la estaban entrevistando. Coincidí en ese tiempo con la dirección de José Francisco Yvars que fue un director brillante, que hizo y dejo trabajar a su equipo. El alma de todo aquello fue, como sabe todo el mundo, Vicente Todolí, con un grupo de profesionales de primera categoría, con gran calidad humana.

 

Actualmente el Consejo Rector del IVAM está compuesto por políticos, excepto dos personas que pertenecen al ámbito universitario.

La mayoría de las instituciones de  nuestro país están regidas –con bellas excepciones-  por personas a quienes el arte no les apasiona. Deberíamos tener más patronatos absolutamente enamorados y apasionados por el arte.

 

En Cataluña, ¿cómo andáis de intromisión política en la cultura?

Yo no tengo intromisiones en el funcionamiento del museo, el patronato del MACBA es elegante en ese sentido.


¿Y en general percibes intromisión política en Cataluña?

Yo creo que en general Cataluña es un territorio donde la cultura se considera como algo todavía importante y somos muchos los que estamos trabajando en este sector con una gran libertad y convicción. De todas maneras la cultura no es impermeable al devenir de las ideas políticas, y por tanto, no somos una realidad completamente aislada de las ideas políticas del momento. Otra cosas son los gustos personales de cada cual …

Bartomeu Marí en el MACBA. Foto: Miquel Coll.

Bartomeu Marí en el MACBA. Foto: Miquel Coll.

(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

«Dirigir un museo requiere concurso público»

Ester Alba Pagán (Valencia, 1974) forma parte del Consejo Rector del IVAM desde su última reestructuración, en junio de 2013, para representar a la Universitat de València en ese órgano como decana de la Facultat de Geografia i Història, a petición del rector Esteban Morcillo.

El IVAM no pasa por su mejor momento y el gesto de politizar la composición de su Consejo Rector, expulsando del mismo a profesionales estrechamente relacionados con su actual directora, Consuelo Ciscar, da signos de la desconfianza política del partido que la designó. Una desconfianza que prefiere ignorar los desatinos en la programación, clamorosos, pero que ve con preocupación la gestión económica del museo tras los numerosos episodios de instrumentalización protagonizados por su directora y divulgados por los medios de comunicación. El más escabroso de ellos puso en contacto al IVAM con Gao Ping, el presunto cabecilla de una mafia china dedicada al blanqueo de capitales. Así es el IVAM de Consuelo Ciscar.

En esta segunda parte de la entrevista, Ester Alba aborda su actual relación con el IVAM y expone la necesidad de que los museos cuenten con una dirección científica, que garantice la idoneidad del perfil de los candidatos mediante un proceso transparente de concurso público, «como en el resto del mundo civilizado». Un mundo que nos queda cada vez más lejos.

Accesos al IVAM en su 25 aniversario. Foto: MAKMA

Accesos al IVAM en su 25 aniversario. Foto: MAKMA

Hace unos meses te incorporaste como miembro del Consejo Rector del IVAM. ¿Cómo está siendo esa experiencia?

Sí que es cierto que nos ha provocado una especie de inquietud. Primero por la reacción, no estamos acostumbrados a la repercusión mediática, somos académicos y nuestro mundo es otro. Puede resultar molesto que el nombre de uno esté en prensa, y que se juzgue sin saber qué hacemos allí, ni porque, ni para qué, y que nadie preguntase tampoco, es algo que me llamó mucho la atención. ¿Tienes una duda? Pregunta.  Entiendo que pueda levantar suspicacias el nuevo Consejo Rector y ver allí a la universidad. La respuesta no sé si es fácil: es una cuestión de compromiso universitario, una responsabilidad institucional. Y eso es lo que pesó en la decisión. La universidad tiene que estar presente en estos lugares, en estos órganos de toma de decisiones, porque la voz de la universidad se tiene que escuchar, nosotros tenemos un compromiso no solo como universidad con los alumnos que formamos, sino también con la sociedad. Esta Facultad es una facultad que tiene y debe tener una íntima y estrecha relación con el mundo del arte, con el mundo de los museos, porque formamos a nuestros estudiantes en esos ámbitos. Nuestros estudiantes hacen sus prácticas externas en museos, como el Museo de Bellas Artes, como el IVAM, como el González Martín, MUVIM, en galerías de arte, etc. Pero además también tenemos algunos asuntos en común con el IVAM, concretamente el departamento de historia del arte tiene una cátedra de investigación junto con el IVAM: la Cátedra Ignacio Pinazo, codirigida por dos profesores del departamento de Historia del Arte, un profesor ya jubilado Javier Pérez Rojas y José Luis Alcaide, que activamente investigan y llevan a cabo trabajos muy importantes en el campo de la investigación artística valenciana.  En ese sentido consideré que como profesora de historia del arte y en segundo lugar como representante de una facultad como ésta, tenía la responsabilidad de estar presente en ese consejo rector, primero para que se escuchase nuestra voz pero también para de alguna manera hacer valer los intereses de nuestros alumnos. Posiblemente a veces puedo resultar una voz disonante, pero esa es, desde mi punto de vista, la grandeza de la democracia. Y estar en el Consejo Rector del IVAM sin duda fortalece la posición de un amplio sector de la sociedad civil que ve esta institución de forma crítica.

¿La experiencia? Pues está siendo… sorprendente, por utilizar algún término, si que es cierto que las primeras reuniones del consejo rector se trataron aspectos que tenían que ver con cuestiones de carácter más burocrático: aceptación de obras, de donaciones, la gestión del calendario de exposiciones… en las que había algunas cosas que me gustaban más y otras menos, y el ultimo de los consejos rectores al que pude asistir fue donde se planteó el tema de la reducción de plantilla del IVAM, y yo mostré públicamente mi rechazo, mi negativa a la reducción de personal, y así consta en acta.  Primero por lo que significa mi papel en el consejo rector y a quien represento –la Universitat de València-, y sobre todo, haciendo un ejercicio de honestidad, no podía mostrarme de acuerdo con una reducción de plantilla cuando estoy formando personas que van a trabajar en un futuro en ese sector, me parece una contradicción, y ese tipo de contradicciones no las digiero bien. Y, en segundo lugar, porque en épocas difíciles como esta, en las que hay que ajustarse el cinturón creo que la postura es reducir en todo menos en personas, lo último que se debe tocar son la personas, hay que luchar por ellas pues de lo contrario las avocamos a un “sinfuturo”.  En este sentido, he de valorar que se han hecho esfuerzos para que ese ajuste fuera lo mínimo posible y de lo que se planteaba en un inicio las cosas han cambiado bastante, no sé si mi postura consiguió mover sensibilidades, mi espíritu rousseauniano así lo desea. El consejo rectoral no decide, lo hace la mesa negociadora, el comité de empresa y la dirección, las negociaciones sé que han sido duras ante la postura de Hacienda, pero que se ha llegado a un consenso-acuerdo que ha minimizado el impacto.

Exactamente, ¿qué funciones cumplen los integrantes del Consejo Rector del IVAM?

Bueno, el Consejo Rector hasta ahora está aprobando cuestiones relacionadas con el calendario de exposiciones, con la aceptación de donaciones, con la aceptación de las compras que el IVAM hace y en los últimos tiempos estas compras se están haciendo a galerías de arte valenciano en su mayoría, la aprobación del presupuesto, aunque viene establecido por Cortes, pasa por el Consejo Rector y se informa del presupuesto y se da el visto bueno, y alguna que otra cosa más. Pero, realmente, en el tema de exposiciones simplemente se aprueba el calendario y la información que nosotros recibimos es una información muy general sobre las exposiciones: el titulo de la exposición, un poco el planteamiento o concepto en general, si está esponsorizada o no. Todo lo que es la gestión del proyecto expositivo, quien comisaría esa exposición, cuales son los tiempos, cual es el cronograma, cual es el presupuesto, la viabilidad, etc. eso ya queda a manos de la gestión de la gerencia.

¿Y qué opinión tienes de la programación que estáis aprobando desde el Consejo Rector del IVAM?

En los últimos consejos rectores, como había pasado tanto tiempo desde las últimas reuniones, la programación que se aprobó fue la que ya estaba realizada  y se han apuntado las líneas de las exposiciones futuras.

¿Eso no es una anomalía?

Parece ser que hacía bastantes meses que no se había convocado Consejo Rector, se había quedado eso pendiente de aprobación, en este sentido era un trámite burocrático.

Las exposiciones, sinceramente creo que hay exposiciones mejores y exposiciones que tienen una calidad un poco menor. En las últimas exposiciones por evidentes cuestiones presupuestarias se está jugando con la propia colección, que por otra parte es una colección magnifica, con las obras que hay en depósito, y creo que están dando resultados interesantes. Esto no es algo que sea nuevo ni único en el IVAM, otros museos lo están haciendo, El Prado lo hace continuamente, lo de revisar y jugar con su colección, con lo que tienen en depósito y contar historias nuevas. Recuerdo una frase, que a mí me gusta mucho, de Jean Baudrillard, quien afirmaba a colación del papel de la cultura que «todo lo que queda por hacer es jugar con los fragmentos». La sociedad contemporánea que elige y adapta elementos de su pasado y su presente, otorgándoles un valor significativo como expresión de su identidad. Ese universo de reconocimiento elocuente de nuestra cultura y nuestra cohesión social, que convierte el patrimonio en expresión de la memoria colectiva e histórica de la sociedad y que cobra importancia como expresión de la diversidad cultural.  Definitivamente ese es también el valor de un museo, tenemos fragmentos de nuestro pasado, de nuestro arte del pasado, o de nuestro arte actual, son fragmentos que nos cuentan distintas cosas y según cómo las mostremos, narremos, las expongamos, etc. podemos mostrar cosas distintas, tampoco hace falta traer grandes exposiciones que cuesten un riñón a todos para que una exposición sea buena, esté mejor o peor valorada, creo que debemos ser conscientes de cuál es nuestro presupuesto, de cuál es la situación, y en ese sentido, también hacer un ejercicio de conciencia. En su último libro el ICOFOM, sobre la definición de determinados conceptos museológicos, criticaba el desarrollo que la ciencia de los museos ha desarrollado en los últimos años basado en edificios espectaculares o exposiciones deslumbrantes.

Evidentemente, eso no significa que no hayan exposiciones loables, y esta es una opinión muy personal, tampoco soy quien para criticar, considero que una de las grandes valías del IVAM es su personal, su plantilla, creo que tienen un cuerpo de conservadores y de técnicos excelente y eso es algo que hay que proteger porque a nosotros nos preocupa el IVAM, lo que significa el IVAM en su conjunto. No hay que perder de vista que el IVAM es patrimonio de todos los valencianos. Y por tanto, creo que aquellas exposiciones que se gestionan por parte de sus conservadores son excelentes, porque son muy buenos investigadores. Pero mi opinión personal es que en estos momentos es más acertada una política de pocas exposiciones más significativas con una ampliación temporal más larga, y yo eliminaría esta abundancia de pequeñas exposiciones, esto es un planteamiento quizás muy personal. En clase de museología y museografía, cuando a mis alumnos les comento cómo gestionar un espacio expositivo o un museo les planteo la necesidad de establecer un plan expositivo y siempre mi consejo va dirigido a ese tipo de planteamiento con un cronograma claro.  Dadas las circunstancias económicas, pero también desde una perspectiva profesional, me inclinaría por una programación más selectiva, con 2 o 3 exposiciones notables e importantes al año, y cuatro de menor calado.

Lo que sí que echo en falta y no es que sea algo que sea propio del IVAM, sino de todos los museos valencianos, y que está afectando mucho a la recepción de lo cultural en la sociedad valenciana es que no hay dinero para invertir en dar difusión a las actividades museales, creo que falta esa especie de agenda común cultural y que la sociedad valenciana en su conjunto sepa y aprecie qué es lo que se está haciendo. Me sorprende, las colas que dan la vuelta a determinados edificios en Madrid o Barcelona para ver una exposición y me pregunto ¿qué pasa aquí?

El presupuesto que tiene el IVAM ahora, incluso este presupuesto reducido, es mucho mayor que el presupuesto que tienen otros museos en España. Esos museos, con las correspondientes restricciones presupuestarias del momento, mantienen su posicionamiento y el respeto del público y de los profesionales. Aquí el declive llegó antes de la crisis. ¿Por qué el IVAM ha perdido su posicionamiento? 

Es una pregunta un tanto difícil de responder, yo estoy de acuerdo, pero no es algo único del IVAM, le pasa a otros museos valencianos. También el MUVIM está siendo muy criticado porque ha perdido el horizonte que marcó Román de la Calle y, ahora mismo, está descapitalizado y sin orientación. No tiene una línea expositiva, ni un único discurso….  y el Museo de Bellas Artes adolece de dirección científica. Yo pondría algunas excepciones, el González Martí, dependiente del Ministerio de Cultura, es uno de los museos que funciona bien. Los museos dependientes de la Diputación de Valencia tampoco están mal, desde el punto de vista de cómo se gestionan las actividades que otros realizan y la programación, incluso yo diría que la difusión que dan de sus actividades. Es cierto que el IVAM cuenta con un presupuesto que supera en mucho lo que reciben otros museos, como el González Martí que su presupuesto es mucho menor. Algo pasa evidentemente.

Ester Alba Pagán. Foto: Adela Talavera

Ester Alba Pagán. Foto: Adela Talavera

De algún modo, el mismo hedor que intoxica otros ámbitos de lo público, ha intoxicado por contaminación y por repetición al mundo del museo. Se están reproduciendo sistemáticamente modelos de comportamiento, gestión, conductas y nombramientos que tienen que ver con formas opacas y poco democráticas.

Lo mismo que defendemos para la Universidad, acerca de cómo se accede a determinados puestos laborales, a determinados cargos de gestión basado en un modelo participativo, comprometido, democrático y que asegure la igualdad de oportunidades lo hemos de defender en otros ámbitos de gestión, en este caso en el ámbito cultural. Considero que esos son los modelos válidos, pues garantizan siempre que los mejor preparados accedan a los puestos correspondientes, luego uno se puede equivocar o no. Otra cosa sería caer en contradicción.

Aunque existen diversos modelos de gestión museográfica, en nuestra opinión el director o directora de un museo debería de ser un director científico, que accede de una manera transparente, por concurso público, como en el resto del mundo civilizado, a ese cargo, igual que pasa en el mundo de la universidad. Ello aseguraría su independencia y, así, poder gestionar de manera adecuada un museo, dando cuenta de su gestión y sometido a auditorías que hagan transparente todas las decisiones adoptadas, llevando a cabo las funciones y las finalidades del museo, aquello que todos conocemos: preservar y conservar la colección, difundirla, mostrarla y exhibirla, documentarla e investigarla, esas son las tres grandes funciones de un museo, esto es fundamental. No significa que no haya un gerente, una persona que se encargue de otro tipo de cuestiones, pero el papel de un director científico en un museo ha de ser una premisa. Y lo mismo en el mundo de la cultura, que en el mundo de la educación o el mundo de la sanidad, hay cuestiones que tienen que ser de consenso, cuestiones de estado y que no sea algo que dependa de un color o de un partido o de quien gobierne, no pueden ser cargos de confianza. Estamos en un momento crucial en el que la sociedad demanda un cambio y hay que escuchar su voz. En mi opinión estamos en un momento clave para revisar el modelo de museo que quiere esta sociedad, que necesita esta sociedad y que demanda esta sociedad.

Al hilo de esto, me gustaría aclarar que yo no aceptaría nunca un cargo de ese tipo. Cuando yo entré en el Consejo Rector mucha gente malpensó, creyendo que pretendía medrar para ser directora del IVAM o directora de algún otro museo. No, jamás, no, no, no. Soy una persona muy universitaria, me encanta la docencia y la investigación. Soy una persona muy institucional, muy universitaria, y no, no aceptaría nunca un cargo de ese tipo sin un concurso público. Pero en estos momentos no.  Primero no lo aceptaría por mi compromiso con la universidad, eso es un hecho, y en segundo lugar, porque estaría cayendo en lo mismo que crítico. Si yo defiendo que el director de un museo debe ser un director científico, y que debe acceder a través de un concurso público, en igualdad de oportunidades, transparente, no parece coherente entrar en ese juego, no me parecía ni lógico ni honesto. Lo digo públicamente: no me interesa absolutamente para nada.

El asunto de las donaciones al IVAM despierta preocupación, pues podrían estar aceptándose donaciones de un modo arbitrario. Hay que tener en cuenta que las obras donadas pasan a formar parte de la colección y hay que invertir recursos económicos para su almacenamiento, aseguramiento y conservación. Has comentado que desde el Consejo Rector se aprueban las donaciones, ¿bajo qué criterios se produce la aceptación de las mismas?

Todavía no tengo suficiente trayectoria en el Consejo Rector para realizar una valoración de las donaciones. Por ahora lo que he visto que se ha donado me ha parecido bueno y aceptable… me leo con detenimiento todos la documentación que nos presentan desde el Consejo Rector y en un principio la valoración de lo que se presenta es positiva. Sí que es cierto que lo ideal es que pasase por el filtro de una comisión de expertos, creo que está pendiente la aprobación de un consejo asesor, que se encargaría de estas cosas. Lo ideal es que exista al menos una comisión que se encargue de valorar y de apreciar si las donaciones que llegan al IVAM reúnen las condiciones de idoneidad y esto finalmente pasase al Consejo Rector, que es el que las aprueba como órgano responsable en última instancia. Es muy importante estudiar las obras que son donadas, pues a nadie se le escapa que la entrada de obras de un artista en un museo, prestigia al museo, pero, indudablemente, también prestigia al artista. No todo vale.

Se ha criticado la politización del Consejo Rector del IVAM, con motivo de su última reestructuración. ¿Cuántos de los integrantes tenéis un perfil profesional o académico en materia artística?

En realidad pocos, solo dos, José María Lozano, que es profesor de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia y yo. El resto son cargos políticos o relacionados con hacienda, pues hay un fuerte control por parte del sector económico. A mi me gustaría que hubiesen más personas del ámbito profesional del arte en el Consejo Rector, es una desiderata, pero…

¿A qué crees que se debe esa situación?

En principio esto se debe a un cambio legislativo, y posiblemente hay algún interés por controlar las cuestiones relativas al IVAM, hay un interés por seguirlo de cerca… es mi apreciación personal. Aunque, naturalmente, se podrían arbitrar otras soluciones para gestionar el museo que no pasasen exclusivamente por el perfil actual del Consejo Rector.

Antes de tener esa vinculación con el museo, ¿qué opinión tenías del actual IVAM?

La misma que tengo ahora. Para mí el IVAM es una institución muy importante dentro de la sociedad valenciana en su conjunto. Creo que el IVAM es y fue una apuesta fuerte, significativa e importante, creo que el IVAM es el gran buque insignia del arte contemporáneo y del arte actual en el conjunto de la sociedad valenciana. Creo que el IVAM cuenta con una plantilla excelente, con profesionales de primerísimo nivel, es una institución muy importante y significativa pero creo que debe ampliar horizontes. Es decir, mi impresión, primero es que el IVAM debe ampliar y abrir las puertas y los brazos al mundo universitario, sobre todo a las universidades públicas. Creo que el IVAM debe contar con los profesores de la Universidad, y los profesores de la Universidad contar con el IVAM, es decir, que se establezca un binomio, muy similar a lo que realizan otros museos.  En Madrid el Thyssen, el Reina Sofía o El Prado, tienen programas museo-universidad, que son sumamente interesantes y que funcionan realmente muy bien en la programación de difusión y de investigación científica de la colección del propio museo. Tiene que hacerse una política de acercamiento al conjunto de la sociedad valenciana, creo que se debe mostrar otra manera de abrirse a la sociedad, al público, esto lo pensaba antes y lo sigo pensando. Creo que hay que innovar, utilizando las tecnologías de la comunicación, haciendo una buena apuesta de difusión, mejorar esos aspectos de comunicación que faltan, además de apostar por la investigación. Y, finalmente, creo que debe dar cabida a la producción artística valenciana. El arte actual valenciano tiene mucha calidad y debería buscarse un espacio específico para que se mostrase lo que hoy en día se está produciendo.

Fachada del IVAM. Foto: MAKMA

Fachada del IVAM. Foto: MAKMA

Se celebran los 25 años del IVAM y la opinión general entre los especialistas, dentro y fuera de Valencia, es que no será fácil recuperar el prestigio perdido. ¿Cuál crees que debería ser la hoja de ruta para este centro?

Para mí lo más importante es una buena planificación, todo pasa por planificar correctamente, desarrollar un plan de trabajo de un año o de dos años para así trabajar en la comunicación, realizar unas buenas exposiciones, con un carácter importante y relevante. No significa que estas exposiciones tengan que ser grandes eventos, realmente se puede hacer en conjunción con otras instituciones. Creo que la creación de sinergias es muy importante entre los propios museos valencianos, que sé que se ha hecho algunos intentos que no han salido lo bien que uno desearía, pero sobre todo con los museos a nivel estatal, creo que es fundamental, es como están trabajando el resto de museos. En un momento de precariedad financiera y económica hay que utilizar las colecciones y hay que aprovechar las de nuestros amigos y vecinos, que los tenemos al lado, para hacer trasvases de obras de arte, de exposiciones, con carácter itinerante, etc. Entrar en ese circuito es fundamental, sobre todo para que el IVAM siga estando y al mismo tiempo recupere ese posicionamiento de carácter nacional e internacional que siempre ha tenido. Creo que eso es fundamental. En cualquier caso, me centraría en una programación coherente, focalizada en aquellas lagunas que todavía no se han mostrado. Concentraría todos los esfuerzos en la producción de exposiciones “necesarias” y, de momento, dejaría aparcada la presencia internacional hasta alcanzar el nivel óptimo de la hoja de ruta.

(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

En la primera parte de esta entrevista abordamos con Ester Alba su campo de trabajo más directo, el de la educación y la universidad. Desde su experiencia docente, pero también desde su responsabilidad institucional, nos indica la repercusión fatal que algunas políticas educativas y económicas del Gobierno español y de la Generalitat Valenciana están teniendo en la práctica, así como su preocupación por el futuro de los estudiantes y los peligros que amenazan la autonomía universitaria y su modelo de gobernanza. LEER MÁS…

El Museo de Bellas Artes de Valencia centra la atención en la tercera y última parte de la entrevista con Ester Alba, como decana de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València. Con ella analizamos la situación en la que se encuentra la pinacoteca, con una directora -Paz Olmos- sin formación en la materia, sin perfil investigador ni experiencia en el mundo de los museos. LEER MÁS…

Ester Alba Pagán. Foto: Miguel Lorenzo.

Ester Alba Pagán. Foto: Miguel Lorenzo.

Consuelo, VETE!

La PILI, Plataforma por la Limpieza Interior, continúa con su campaña de recogida de firmas solicitando a la Consellera de Cultura de la Generalitat Valenciana la destitución de la actual directora del IVAM.

Petición:
Mª José Català Verdet Consellera d’Educació, Cultura i Esport: La destitución de Consuelo Ciscar por abuso de poder.

Por su incapacidad manifiesta y falta de preparación para dirigir un museo que se le queda enorme, su nombramiento a dedo y por razones exclusivamente políticas, la evidencia constatable y cuantificable de haber llevado a la ruina el prestigio que tenía el museo cuando cayó en sus manos.

For its manifest inability and unpreparedness to run a huge museum for his ability and knowledge, his appointment for exclusively political reasons, verifiable and quantifiable evidence have brought ruin the prestige that had the museum when it fell into the hands of her.

Para sumarte a la campaña, pincha AQUÍ.

CONSUELO, VETE! (vídeo)