Gran alianza ciudadana por la cultura

Nace PICUV
Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas de Valencia

La Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas de Valencia (PICUV), una agrupación conformada por nueve de las iniciativas que han surgido en los últimos años en la ciudad cuyo objetivo común es el desarrollo de diferentes proyectos culturales independientes de artes plásticas, artes escénicas, música, danza y arte urbano, entre otras expresiones, se constituyó el lunes 27 de julio.

Estas iniciativas son el resultado de la participación y gestión de movimientos ciudadanos, asociaciones culturales y vecinales, productoras independientes y colectivos de artistas y gestores culturales de barrios tan emblemáticos como Russafa, Benimaclet, Cabanyal, Extramurs o Centro Histórico.

Todas ellas tienen un denominador común: surgen a partir de una necesidad colectiva de desarrollar e impulsar espacios culturales no convencionales en la ciudad, como respuesta ante la falta de políticas activas  en el desarrollo cultural, a la progresiva eliminación de los certámenes de referencia y a la reducción y eliminación por parte de la administración  de recursos presupuestarios vitales para el desarrollo de la cultura.

A iniciativas de mayor trayectoria como son Russafart (2008), Cabanyal Íntim y Russafa Escènica (2011), se suman otros proyectos más recientes como, Circuito Bucles, Ciutat Vella Oberta y Distrito 008 (2013), Benimaclet conFusión e Intramurs (2014), y MUV Circuito Música Urbana Valencia, que en 2015 celebrará su primera edición. A nivel práctico, esta alianza se hace efectiva con el fin de compartir recursos, buscar financiación, dinamizar el diálogo con las diferentes administraciones y trabajar en red con otras plataformas o colectivos a nivel estatal e internacional.

La diversidad que caracteriza a estas iniciativas unida a las nuevas formas de hacer, evidencia la necesidad y urgencia de investigar otros modelos de gestión. La participación, colaboración y autogestión de los distritos urbanos son piezas clave para el desarrollo de la cultura, de la cohesión social y el impulso de la economía.

La Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas de Valencia ha desarrollado un Manifiesto para exponer sus reivindicaciones donde destaca la importancia de que las Instituciones Públicas se impliquen en los modelos con los que trabajan los festivales de la PICUV; modelos de participación social  y de creación de  públicos cuya eficiencia para la dinamización de la cultura en los barrios ha quedado demostrada.

Entre ellos, se acentúa la necesidad de creación de un Plan estratégico que incluya el  fomento de las artes plásticas, artes escénicas, música, danza y arte urbano como elemento de dinamización de los barrios, del  ocio activo y del desarrollo económico en  la ciudad. Con este fin proponen establecer líneas presupuestarias definidas y una legislación que fomente la financiación público/privada,  que facilite la diversificación de los espacios escénicos y que permitan una mayor flexibilidad en el desarrollo de la actividad artística en espacios urbanos, asociativos y de ocio desde la convivencia.

Estas iniciativas se ha ido  constituyendo como un claro referente cultural y de vanguardia dentro del calendario artístico y escénico anual en la ciudad de Valencia, con proyección en el ámbito estatal e internacional. Los datos alcanzados de público y participación ciudadana demuestran que contribuyen de manera activa a la creación de públicos y al impulso de la cultura como un valor de desarrollo social de primer orden.

Integrantes de la Plataforma.

Integrantes de la Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas de Valencia.

Miran al pasado, mientras el presente agoniza

La falta de perspectiva en la interpretación de los acontecimientos –provocada por la dinámica del cortoplacismo electoral- fomenta la toma de decisiones que hoy parecen una fuente de ahorro, cuando en realidad son una hipoteca más que habremos de acarrear. Una hipoteca en forma de una menor cualificación de las personas y, por lo tanto, de una mayor dificultad para que éstas alcancen sus objetivos vitales. Es ahora, en momentos de crisis económica, cuando con más énfasis conviene recordar que la cultura y la educación no son un lujo, sino aspectos de primera necesidad para construir la realidad presente y un futuro mejor. Quienes ostentan responsabilidades públicas deben de ser conscientes de que el arte contemporáneo no es un aderezo, ni un ornamento, y que su exhibición es algo más que un acto social: es una forma de transmisión de conocimiento, un modo de estímulo de la inteligencia colectiva.

Los creadores de hoy, con su trabajo, están ya escribiendo una historia que será valiosa para interpretar nuestro tiempo, démosles la posibilidad de cumplir con su servicio. ¿A qué modelo de sociedad y de ciudadanos aspiramos? Los excesivos recortes en cultura, justificados recurrentemente por la crisis, no solo dejarán entre nosotros una merma de oportunidades, sino que dará lugar a generaciones venideras sin la posibilidad de acceder a la riqueza cultural que nos es propia.

El camino por el que han optado algunas instituciones culturales públicas supone echar mano a colecciones propias y ajenas para cubrir sus programaciones expositivas, bajo la premisa del ahorro presupuestario. No estoy seguro de que esos movimientos garanticen una ventaja al respecto, pues suelen llevar aparejados otros compromisos económicos. De lo que no me cabe duda es que los recursos destinados a ese fin no están sirviendo para impulsar a los agentes artísticos y culturales que operan en la actualidad, que son quienes necesitan de los recursos y el apoyo público para sacar adelante sus investigaciones.

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Recientemente se presentó el programa de exposiciones del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, en el que se agrupan por epígrafes las distintas propuestas a desarrollar durante el presente ejercicio. Lo llamativo del asunto es el volumen de proyectos dedicados a mirar al pasado, bajo la categoría de exposiciones conmemorativas, homenajes, exposiciones históricas, recuperación de artistas, retrospectivas, etc., que suponen alrededor del 75% de las exposiciones programadas. El interés desmedido de la institución por referirse a un tiempo pasado, ese que para algunos siempre fue mejor, lleva implícita la decisión política de estrangular el presente.

Por importante que fuera –que lo es- la aportación artística y cultural realizada por Sorolla, Benlliure, Pinazo o Blasco Ibáñez, con su constante regodeo expositivo y el caudal de recursos que las instituciones públicas han destinado en esa dirección desde hace unos años, nos obliga a advertir que en un momento de carencias como el actual se hace urgente racionalizar el empleo de los presupuestos públicos para poder dar soporte a los creadores de hoy. Pues son éstos, los vivos, los que con mayor premura necesitan apoyo para sacar adelante sus creaciones artísticas e intelectuales.

En los períodos de crisis económica se tiende cíclicamente a la confección de programaciones expositivas mucho más conservadoras, que vuelven su mirada a los creadores del pasado e invitan a abstraerse del presente para revivir glorias pretéritas. Con ello se produce una situación grave, pues por una parte la escasez de recursos hace que se produzcan generaciones “perdidas”, y por otra parte la sociedad queda empobrecida a largo plazo, por haber renunciado hoy al patrimonio resultante de esos creadores a los que no se ha brindado el debido apoyo.

Mirando en exceso al pasado, hacen que nuestro presente agonice. Ese será su legado.

José Luis Pérez Pont