La irreflexiva creatividad de Juanjo Hernández

Automatic Tales, de Juanjo Hernández
Casa de Cultura de El Campello
Plaça de la Constitució, 4. El Campello (Alicante)
Hasta el 11 de junio de 2016

A esta cita con la Casa de Cultura de El Campello, el artista, ilustrador y diseñador gráfico Juanjo Hernández (Alicante, 1961) acude con su ‘Automatic tales’, una serie de obras realizadas en diferentes formatos y técnicas en las que prima el gesto, la rapidez del movimiento, la inmediatez del dibujo realizado sin una idea preconcebida, sin un orden preestablecido, con absoluta libertad creativa, a través de la que Juanjo Hernández narra de manera irreflexiva diferentes escenas que se unen bajo un mismo soporte -como en las lonas de más de dos metros- en lo que el autor ha denominado Cuentos automáticos o Automatic Tales.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Siguiendo la trayectoria de este artista, podemos distinguir en sus obras muchas de las novedades del arte de la segunda mitad del siglo XX, como los soportes, técnicas o materiales utilizados por los grandes informalistas. Formas similares de ejecutar una idea a la que, en esta ocasión, se llega por percepción y convicción. Técnicas como el grattage o el driping utilizadas en sus obras nacen en torno a 1950, al igual que la pintura sígnica y gestual, que presta gran importancia a la velocidad de ejecución, al impulso personal, cinético e irreflexivo. Cuadros con signos que parecen indescifrables y que surgen de manera automática, recordando las caligrafías orientales, y que refuerzan la expresividad del creador y su libre proyección corporal sobre el soporte pictórico. Las obras se realizan directamente sobre el suelo, al igual que pinta Juanjo Hernández los grandes formatos.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Entre los movimientos incluidos por el crítico de arte Michel Tapié, en 1952, dentro del Art Autre, se encuentran el Informalismo, el tachismo, la pintura matérica, el espacialismo o el art brut surgidos tras las devastadoras consecuencias y el horror de la II Guerra Mundial, una época de crisis, de profunda transformación de la concepción del mundo, en la que el artista se vuelca en su interior para encontrar respuesta a todas sus preocupaciones, claves en la fuerza expresiva de estos movimientos, que encuentran su paralelismo en la serie Bombardeig, dedicada por Juanjo Hernández a uno de los episodios más tristes acaecidos en Alicante durante la Guerra Civil transmitido por su padre, que lo vivió en primera persona.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

En esta exposición, el artista nos muestra obras grandes, pintadas sobre lonas, otras de menor formato realizadas sobre papel, en blanco y negro o color. Obras mayoritariamente figurativas, creadas entre 2010 y 2016 bajo la técnica de pintura automática, en las que predomina el dibujo, la velocidad de ejecución, el gesto espontáneo y la libertad de trazo. Obras divertidas, con un lenguaje llano, accesible, directo, con una iconografía que se nutre de elementos del mundo cotidiano, de imágenes procedentes de la fotografía, del cómic, de las revistas, la publicidad, el cine o la televisión y que entroncan con aspectos del Pop-art y de las primeras manifestaciones del graffiti como arte urbano.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Pilar Tébar
Comisaria y Vicepresidenta (Alicante) de la Associació Valenciana de Crítics d’Art –AVCA-

 

‘Desgraciados’ muy a su pesar en Zircó

Desgraciados, de Fernando Ballesteros y Jesús Cristóbal
Teatro Zircó
C / Joaquín Navarro, 11. Valencia
Viernes 8 de abril, 2016, a las 20.30 y 22.45h

‘Desgraciados’ es un espectáculo creado e interpretado por Fernando Ballesteros y Jesús Cristóbal. La comedia es la clave fundamental del montaje protagonizado por dos mendigos que han hecho de un viejo muro de una ciudad cualquiera, su hogar. El tono, en ocasiones cercano a la farsa y a lo bufonesco, permite a los personajes opinar sobre temas universales; pero en otros momentos se aproxima más al mundo clown, desarrollando pequeños conflictos cotidianos con una intensa carga emocional. El espectáculo oscila entre lo exagerado y lo sutil, teniendo muy presente en su creación que la realidad supera siempre y con creces a la ficción.

Partiendo de unos personajes muy elaborados y habiendo generado una sólida relación entre ellos, los actores afrontan cada función sin un texto fijo. Serán los propios personajes los que resuelvan las situaciones teniendo a su disposición cualquier recurso y basándose, eso sí, en un argumento, un tiempo y un espacio concretos. El espectáculo está salpicado de pequeños números cerrados, que sirven de referencia a los actores. Este concepto, exige una alta concentración, buenos reflejos y una trabajada cartera de recursos.

Cartel de la obra 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Cartel de la obra ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Antonio y Manuel, los personajes de ‘Desgraciados’, han sido puestos en juego en diversos formatos teatrales con estas mismas condiciones. El microteatro fue su origen y después han hecho incursiones en eventos, galas y presentaciones. La aceptación y el cariño del público fueron la clave decisiva para que Teatro Atópico decidiera crearles un espectáculo a su medida. Durante una hora y diez minutos aproximadamente, se enfrentan a la que según uno de ellos es la noche del fin del mundo.

Antonio y Manuel son en la obra dos mendigos que comparten cartones, cerveza e interminables horas de discusión sobre los temas más transcendentales de la existencia. Hace tanto tiempo que viven juntos cobijados únicamente por un viejo muro de una ciudad cualquiera, que la única desgracia que podría acabar con ellos sería la separación. Todo lo demás son simplemente las cosas de la vida. Y ellos han aprendido a vivir la suya sin poner los ojos en el mañana.

Escena de 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Escena de ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Con el tiempo como única posesión, observan el mundo desde afuera, como meros espectadores de una sociedad que les rechaza. Nunca están de acuerdo en nada, sus jornadas se centran en profundas batallas dialécticas, se ladran constantemente mientras esperan nadie sabe qué… pero se necesitan, se apoyan incondicionalmente y no sabrían qué hacer con sus vidas el uno sin el otro.

Antonio terminó en la calle por no dar la talla, por ser bruto, impulsivo, derrochador y desafortunado en sus decisiones. Manuel por adelantarse a su tiempo, por ser demasiado observador, por ser un visionario incomprendido. Los años de calle les han curtido la piel y el carácter, pero también les han abierto las mentes y les han otorgado un particular punto de vista. Sin posesiones, sin esperanzas, sin futuro y cargados de sinsabores y desprecios, si les preguntas quienes son, ellos entre risitas cómplices, te dirán que solo son unos desgraciados.

Escena de 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Escena de ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.