“El Imperio romano decayó al cargarse su clase media”

Doctor Zibelius, de Jesús Ferrero
Editorial Algaida
VII Premio Logroño de Novela

¿Cómo reaccionaría un ser humano al despertar dentro de un cuerpo desconocido? ¿Qué interacción se entablaría entre la mente y el músculo de dos personas distintas? ¿Sería posible armonizar dos memorias en una sola alma? Son los inquietantes temas que plantea Jesús Ferrero en su última novela, Doctor Zibelius (Algaida), VII Premio Logroño, que presentó en Valencia. Un homenaje a la literatura fantástica, desde Mary Shelley a Bram Stoker y a la mitología popular de todas las épocas, que conecta con las preocupaciones sobre la salud y la inmortalidad que caracterizan nuestro tiempo.

Alto, pelirrojo,  de penetrantes ojos azules, el doctor Juan Sebastián Zibelius es el enigmático protagonista de la historia, ambientada en la actualidad entre Madrid, El Escorial y Barcelona. Zibelius hereda de su padre dos sustancias prodigiosas, el plasma de la vida y el suero antirrechazo, que le permiten realizar su sueño; fundir dos individuos en uno solo.  La ocasión se presenta cuando llegan a su consulta dos víctimas de un accidente de tráfico. Un escritor arrogante, vicioso y mujeriego, con el cerebro destrozado, y un profesor de instituto cuyo cuerpo ha quedado hecho trizas. De la fusión de ambos y con la ayuda de su colega Marcovi, Zibelius da vida a Claudius, una criatura única a la que intenta guiar en su renacer, pues deberá aprender el difícil arte de amar a las mujeres en el cuerpo de otro hombre.

Jesús Ferrero. Imagen cortesía del autor.

Jesús Ferrero. Fotografía de Susana Alfonso.

“El nombre de Zibelius se inspira en el del compositor Sibelius y el de su colega Marcovi en el inventor de la radio”, dice Ferrero. “Uno tiene resonancias nórdicas y el otro latinas, una combinación equilibrada. Los nombres de los protagonistas son muy importantes y nos hacen pensar mucho a los escritores”.

La novela no pretende ser una crítica ni una parodia de la ciencia. “Estoy a favor de que se investigue con células madre y animales siempre que se sigan protocolos para evitarles sufrimientos. Todavía hay que luchar contra muchas enfermedades y dolencias de todo tipo que padecemos”.

Doctor Zibelius habla sobre todo de la memoria del cuerpo en la que siempre han creído los poetas. “Una memoria elemental adquirida de la experiencia, una especie de memoria automática”, comenta Ferrero. “Se han dado casos muy curiosos entre los trasplantados de corazón, que es un órgano que tiene también neuronas, el ‘pequeño cerebro’ lo llaman. Algunas de esas personas, después de la operación, cambian de personalidad y desarrollan habilidades que antes no poseían. Como dice mi protagonista, los cuerpos de los viciosos tienen mucha memoria”.

Portada de 'Doctor Zibelius', de Jesús Ferrero. Editorial Algaida.

Portada de ‘Doctor Zibelius’, de Jesús Ferrero. Editorial Algaida.

Trayectoria literaria

A partir de 1982, con Bélver Yin, Ferrero ha seguido una impecable trayectoria literaria que incluye 15 novelas, además de varios libros de ensayo y ha cosechado numerosos premios. “Quince novelas parecen muchas, pero las mías son cortas, de unas 200 páginas y en general he escrito menos que algunos de mis contemporáneos que tienen libros de mil páginas. Yo sigo la tradición griega, procuro ser escueto y no torturar al lector”.

A lo largo del tiempo ha evolucionado de forma natural. “Los personajes ganan en profundidad y hay más elementos psicológicos  que antes aparecían flotantes”, indica. “En una carrera larga y peligrosa como la mía hay también momentos sombríos y algunos hitos importantes. Aparte de Bélver Yin, señalaría Opio, El efecto Doppler o Las trece rosas. Lógicamente, no todas las novelas tienen la misma resonancia, pero a veces las que pasan más desapercibidas son las mejores”.

¿A qué cuerpo le gustaría que trasplantaran su cerebro? “Me conformaría con uno normalito”, responde el escritor con humor. “A ser posible que tuviera buena salud”. En cuanto a su manía de ir tocado con sombrero aclara: “No es por esnobismo ni coquetería. Cuando uno lleva la cabeza rapada siente mucho más el calor y el frío”. Después de pasar por varias editoriales, algunas ya desaparecidas, confiesa que se encuentra más a gusto en las pequeñas de carácter literario y ambiente familiar como Algaida.

Escribir es un placer, pero también tiene algo de heroico por lo difícil que resulta hoy día subsistir de la literatura. Lo que más le irrita e inquieta del panorama que ofrece la realidad lo tiene muy claro. “El desmoronamiento del Estado de Bienestar y la pérdida de influencia de la clase media, que es la que amortigua las tensiones, paga  más impuestos y consume más cultura. La decadencia del Imperio romano empezó, precisamente, cuando se cargaron a sus clases medias”, concluye.

Jesús Ferrero. Imagen cortesía del autor.

Jesús Ferrero. Fotografía de Susana Alfonso.

Bel Carrasco

«Sólo la tecnología nos diferencia de los romanos»

Princeps. Primer ciudadano de Roma, de Gabriel Castelló
Editorial Good Books

Desde la fundación de la ciudad de Valencia (Valentia) a la muerte de Julio César y la lucha de tres grandes personajes históricos por el poder de Roma. El escritor valenciano Gabriel Castelló ha novelado este amplio periodo de la historia a través de las peripecias de la familia Antonio, asentada en nuestra tierra y dedicada al comercio del vino y del aceite. Durante años Castelló ha vivido con una parte del cerebro en el presente, trabaja en una empresa de telecomunicaciones, y con la otra en el pasado. Incluso logró adelgazar más de diez kilos siguiendo una dieta propiamente romana con la que no pasó hambre. Con Princeps. Primer ciudadano de Roma acaba de culminar una trilogía, integrada por Valentia y Devotio, lectura obligada para los que desean  profundizar en las raíces de nuestra historia. “Sólo la tecnología nos diferencia de los hombres y mujeres de la época romana”, afirma.

Portada de 'Princeps. Primer  ciudadano de Roma', de Gabriel Castelló. Editorial Good Books

Portada de ‘Princeps. Primer ciudadano de Roma’, de Gabriel Castelló. Editorial Good Books

¿Cómo se siente después de haber corrido este maratón histórico?

Me siento muy bien, realizado y satisfecho por haber escrito una saga en la que mis personajes ficticios, los Antonios, han ido cediendo el protagonismo a los grandes nombres de la época. En Valentia Cayo Antonio Naso compartió protagonismo con Quinto Sertorio y su hijo Lucio lo hizo con los Pompeyos, padre e hijos, en Devotio. En Princeps concluye la saga con un Lucio Antonio Naso implicado con Sexto Pompeyo y después con Marco Antonio en su lucha fratricida contra el nuevo favorito de fortuna: Cayo Octavio Turino, quien pasaría a la historia como Augusto. Desde la fundación a la refundación de nuestra querida Valencia, en ese medio siglo del I a.C. cambió el mundo antiguo, desapareció la república y nació el imperio.

¿Cuánto tiempo ha dedicado a su obra?

Imposible saber la ingente cantidad de horas, viajes, estudios, trabajo en definitiva, que me han llevado pensar, crear, escribir y revisar esta saga ambientada en la Hispania romana. Pero no me duele ni un segundo de los empleados en haber hecho este homenaje a la antigua Roma en general, y a nuestra Valentia en particular.

¿Qué cuenta exactamente en Princeps?

La trama de la novela es la carrera hacia el poder absoluto de tres hombres, Sexto Pompeyo, el joven e impetuoso hijo de Pompeyo el Grande, Marco Antonio, mano derecha del asesinado César, y el heredero de éste, un joven muchacho enfermizo, Cayo Octavio, que pronto mostró que la fuerza no reside en los músculos y la salud, sino en la astucia. Esta carrera jalonada de intrigas, guerras y pasiones concluyó con el principado. Roma quedó bajo el mando incontestable del primus inter pares, o también llamado princeps, el primer ciudadano de Roma. Contra todo pronóstico en aquellos tiempos, el corredor en apariencia más débil al inicio de la carrera fue quien la ganó. Estamos en el 2000 aniversario de la muerte de Augusto y Princeps es mi tributo a su triunfo.

¿Cuál fue el auténtico perfil de Cleopatra con nariz o sin ella?

De la Cleopatra mitificada por Shakespeare y Hollywood a la verdadera reina de Egipto dista un océano. Tan intrigante como todos sus antecesores Ptolomeos, no le tembló el pulso para deshacerse de dos hermanos y una hermana en su consolidación del trono, ni de retenerlo seduciendo a los dos hombres más poderosos de su época, e intentarlo sin éxito con el tercero. A tenor de los bustos y monedas que se conocen no era especialmente hermosa según nuestros cánones de belleza. Tenía la nariz prominente y aguileña, el mentón saliente, el pelo claro, los ojos verdes, y un encanto femenino que Plutarco ya ensalzó en su Vida de Antonio. Hablaba siete lenguas y fue instruida por los mejores preceptores de Alejandría. Probablemente, fue el gobernante más preparado de todo el Mediterráneo Antiguo de su época, aunque sus excentricidades y ambición desmedida la llevaron al abismo.

¿Qué paralelismos advierte entre el nacimiento del Imperio y nuestros días?

Luchas intestinas por el poder, senadores demagogos, puntos de tensión política en Oriente, pasión ciudadana por el vino y los espectáculos. Me cuesta encontrar cosas diferentes a nuestra actualidad en el mundo antiguo. Solo la tecnología nos diferencia de aquellos hombres y mujeres que lucharon con tanto ahínco por sus intereses.

¿Algún proyecto entre manos?

Para las próximas Saturnales (las Navidades) tendré un nuevo trabajo publicado, esta vez no de ficción, sino de divulgación histórica, sobre los Archienemigos de Roma. En este ensayo, con ilustraciones del gran dibujante Xurxo Vázquez, revisaré a los hombres y mujeres más relevantes que se enfrentaron a Roma desde comienzos de la república hasta la agonía del Imperio. No solo aparecerán los famosos Aníbal, Atila, Espartaco o Cleopatra, sino otros bárbaros casi anodinos que harán las delicias de los curiosos.

Gabriel Castelló. Imagen cortesía del autor.

Gabriel Castelló. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco