Relatos juveniles y violentos de Gonzalo Aróstegui

La figura de cartón
Presentación libro de Gonzalo Aróstegui Lasarte
Local Editorial Libros.com
C/ Eduardo Benot, 2 de Madrid
Jueves 12 de septiembre a las 19 horas

Gonzalo Aróstegui Lasarte y su nuevo libro «La figura de cartón»

Más de una vez he escuchado decir a Gonzalo Aróstegui que escribe porque es su modo de crear y buscar la belleza. Yo diría que más bien es su particular belleza, esa que he corroborado durante ya muchos años de admiración y amistad en sus poemas, en sus artículos de cine y música dentro de su fabuloso blog «Ragged glory», o en sus dos novelas anteriores «Madrid 3» del 2004 y «En los antípodas del día» del 2012.

Ahora, siguiendo su personal y peculiar estilo literario, presenta su tercer libro «La figura de cartón» con un subtítulo muy elocuente, relevante y también revelador: relatos de juventud, dolor y violencia. Y lo hará acompañado de dos instituciones de la escritura independiente como Javier de Gregorio, conductor del mítico blog Javier Fuzzy Records, y Miguel Angel Medina, autor del libro «No vas a aprender en tu puta vida».

Los tres hijos literarios de Gonzalo Aróstegui

Esta obra que ha visto la luz gracias a una tenaz campaña previa de mecenazgo o crowdfunding, está marcada por cierto caracter cronológico en sus relatos, iniciándose entre experiencias, descubrimientos y emociones de aquellos años de juventud que dejan profundas marcas, desde un concierto de Iggy Pop -no podían faltar los vestigios rocanroleros en Gonzalo- hasta el descubrimiento del «Highway 61 revisited» de Bob Dylan o el «New York de Lou Reed, pasando por la hipotermia que acecha tras un baño nocturno en la playa, las timbas de póquer con humo de tabaco y efluvios de whisky en un piso de estudiantes, el primer trabajo de pinche de cocina en la isla alavesa de Zuhatza, el desvirgue o la explotación laboral por un -me encantan estas definiciones- «sátrapa irracional» o «batracio represor».  

Seguramente una de las frases donde muchos nos sentiremos identificados es esa de que «el rock and roll potencia el engreimiento juvenil, acentuando convicciones que provocan el alejamiento de lo más puritano y conservador».

Tampoco podían faltar en Gonzalo los aspectos de conciencia social, decepción, denuncia y críticas al neoliberalismo dentro del capitalismo, y aglutinados en ese profundo «dolor» que alcanza el cénit en «febrero del 77» con mayores grados de violencia entre antidisturbios o en esa surrealista historia de marines americanos que da pie al título de esta excelsa novela.

Cartel de presentación de «La figura de cartón» Gonzalo Aróstegui

Eso sí, quiero hacer mención especial al relato «El regreso de Teresa». Sin minusvalorar el resto me parece sublime esa narración cargada de soledad, inquietud, angustia e incomunicación.

En definitiva, un libro altamente recomendable y una gran ocasión disfrutar de la presentación de este libro y de su autor, al que siempre resulta un gustazo escuchar. Afortunados sean los que puedan.

Juanjo Mestre 

Leto, rock underground en la antigua Unión Soviética

‘Leto’, de Kirill Serebrennikov
Con Irina Starshenbaum, Teo Yoo y Roman Bilyk
Rusia, 2018

Mike Naoumenko y Natacha. Escena de ‘Leto’

Hacía mucho tiempo que no veía una película musical tan interesante como ‘Leto’ (y, para colmo, en el cine); supongo que en la recta final de desaparecer de la cartelera fílmica, puesto que este tipo de pelis generalmente duran cuatro telediarios. Por supuesto, el visionado fue en un cine no comercial; ya sería raro toparse con un film tan alejado de estereotipos, tan transgresor y tan alternativo en una de las grandes salas.

Y es que ‘Leto’ es pura imaginación, pura creatividad e ingenio y, lo mejor, pura contracultura underground. Su director, Kiril Serebrennikov, analiza la escena musical rocanrolera rusa de principios de los 80, en los años previos a la Perestroika y de la caída del Comunismo, a través del romance juvenil de Natacha con dos líderes de dos bandas musicales pioneras y míticas de aquella época –por una parte, Mike Naumenko, con la popular Zoopark, y, por otra, los inicios de Viktor Tsoi al frente de Kino–.

Escena de Viktor Tsoi y amigos tocando la guitarra en la playa.

Toda la cinta, rodada en blanco y negro, sorprende ocasionalmente con contrastes de color en escenas ficticias y alegóricas, sobre todo cuando los personajes interpretan en circunstancias cotidianas a clásicos rocanroleros de la talla del ‘Psychokiller’ de Talking Heads, ‘The Passenger’, de Iggy Pop, o ‘Perfect day’, de Lou Reed. Seguramente esos detalles son los que, principalmente, consiguen pillar desprevenido al espectador y, al mismo tiempo, mantenerlo en vilo.

Viktor Tsoi, Natacha y Mike Naoumenko. Escena de ‘Leto’

En este relato generacional resulta muy interesante comprobar, también, cómo se descubren y fusionan en el tiempo antecedentes musicales como Sex Pistols, Lou Reed, Marc Bolan, Blondie… coincidiendo el punk con el glam y la new wave, algo que puede evocar lo sucedido en los estertores de la dictadura franquista y de la posterior transición democrática en España. Al mismo tiempo, se describe brillantemente la represión y un desprecio del rock por parte de cierto sector conservador, cual si fuera una mala influencia del enemigo ideológico y político. Los jóvenes se defienden con rebeldía y con la misma postura, alegando que solamente es música.

Escena de ‘Leto’. Actuación de Viktor a la que se suma Mike.

Por cierto, es tan apabullante el constante fumeteo que es muy posible que al finalizar se resientan incluso los pulmones del espectador o, como mínimo, haya ansia de encederse un pitillo. Quede claro que ‘Leto’ no es una oda al cine perfecto, pero seguramente en su imperfección está uno de sus mayores encantos.

Juanjo Mestre