Quico Torres, pionero con el Krión

Reflexiones sobre la materia y la forma, de Quico Torres
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 11 de enero de 2015

Es un material utilizado en la construcción de edificios en Japón. Quico Torres lo descubrió en Porcelanosa y la empresa le ofreció la posibilidad de trabajar con él. A la madera, el hierro, el acero, la piedra o el hormigón, los escultores pueden añadir ahora como herramienta de trabajo el Krión. El primero en hacerlo ya es Quico Torres, cuyas ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’, presentadas en el Centro del Carmen, incluyen esas primeras obras realizadas con Krión. Tan resistentes como frágiles, abren un nuevo campo de experimentación.

Dos de las esculturas de Quico Torres, en la Sala Refectori del Centro del Carmen.

Dos de las esculturas de Quico Torres, en la Sala Refectori del Centro del Carmen.

“No te puedes quedar estancado, tienes que ser valiente, pero con seriedad”, explica Torres. Por eso ha utilizado el blanco, “porque es el color más atrevido”, aunque haya sido el nuevo material quien le haya dado las ideas. “Es caliente, rápido, frágil y fuerte”. Imposible trabajar con moldes, de manera que el artista se la juega con cada pieza, que se convierte en “única” o va “directamente a la basura”. La exigencia es máxima, porque cada plancha de Krión es muy cara. Porcelanosa, patrocinadora de la muestra, ha corrido con los gastos del material.

Escultura en Krión de Quico Torres. Centro del Carmen.

Escultura en Krión de Quico Torres. Centro del Carmen.

Pero ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’ va mucho más allá del Krión. Quico Torres exhibe un compendio de su obra, que va desde las piezas de madera, cuyas formas sinuosas y orgánicas recupera para sus más recientes e innovadoras esculturas blancas, hasta las de piedra, más “metafísicas”, en palabras de Boye Llorens, comisario de la exposición.

En todas ellas, incluida la de hierro forjado, con influencias de Martín Chirino y Salvador Soria, late una misma tensión, que Llorens resume así: “Entre la solidez o el peso y la aparente ingravidez de la forma en el espacio”. O también: “La inquietud y el amor por el trabajo artesanal, que combina el oficio y la poética de lo inútil”. En cualquier caso, Quico Torres no se cansa de decir, siguiendo la influencia de su admirado Salvador Soria, que “lo más importante es la obra, no el artista, porque cuando tú no estés la gente hablará de la obra”.

Esculturas de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Esculturas de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Vicent Berenguer, también por primera vez, ha puesto su música al servicio de una obra de arte, componiendo tres piezas que evoquen esas ‘Reflexiones sobre la materia y la forma’. “La relación entre la música y la materia es complicada”. Y, en todo caso, “siempre subjetiva”. Lo que resultó sorprendente es el resultado, que tituló, sin saber el que Quico Torres tenía pensado para su exposición, ‘Materiae’. Una materia que llena la Sala Refectori del Centro del Carmen, pero que se propaga en el aire gracias a la música de Berenguer.

Escultura de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Escultura de Quico Torres en el Centro del Carmen.

Como apunta Llorens, después de todo “el despliegue de la materia en el espacio es la huella que el artista moldea en el aire”. Huella orgánica, de sus esculturas en madera y ahora en Krión, y huella arquitectónica, de sus esculturas en hormigón. Huellas que si bien remiten a la naturaleza de la que se nutre el artista de Benissa, también proceden de la “interpretación onírica” (Llorens) de esa misma naturaleza.

Trabajar con el Krión ha supuesto un salto al vacío para Quico Torres, porque “nadie antes había trabajado con este material, por lo que no tenía referencia alguna acerca de cómo hacerlo”. Jamás utilizado en la escultura con anterioridad, el Krión nace de la mano de Torres como nueva “herramienta poética e inútil”, por seguir a Martín Chirino. “Siempre pensando en la huella del hombre en el mundo”, concluye Llorens.

Quico Torres, entre dos de sus obras, en el Carmen. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Quico Torres, entre dos de sus obras, en la Sala Refectori. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Fotografías de arquitectura moderna

Fotografía y arquitectura moderna en España 1925-1965
Fundación ICO, Madrid
Hasta el 7 de septiembre
Comisario: Iñaki Bergera

De acuerdo con Thérèse Evette, existen dos tipos de fotografías de arquitectura: las que expresan y las que describen. La tensión entre ambos registros es continua aún cuando, en opinión de Alberto Martín, el primero suele aventajar al segundo como fiel suministrador de iconos inmutables y atemporales de la obra arquitectónica. Establecer las relaciones entre arquitectura y fotografía en España a lo largo de cuatro décadas, las que transcurren desde las vanguardias de los años veinte hasta las soluciones derivadas de la crisis del Estilo Internacional en los sesenta del siglo XX, es el propósito que guía el proyecto de investigación Fotografía y arquitectura moderna en España 1925-1965 a cargo de Iñaki Bergera, arquitecto, fotógrafo y profesor de arquitectura en la Universidad de Zaragoza. De su equipo forman parte investigadores de las universidades de Burgos, Coruña, Madrid, Navarra, Sevilla, Zaragoza y Valencia (Universidad Politécnica y Universidad Europea), quienes durante los últimos años han estudiado numerosos archivos públicos y privados para recopilar el material fotográfico que da testimonio de la arquitectura moderna en España.

Señala Bergera que uno de los propósitos que dirigen la investigación es acometer el estudio de la modernidad arquitectónica a través de sus fotografías, con el ánimo conciliar su «arquitecturalidad» con el registro indicial propio de la mirada de cada fotógrafo que, en ocasiones, es la del propio arquitecto: como autor o como responsable del encargo y, casi siempre, de la selección de imágenes para su archivo y difusión en publicaciones de arquitectura. El progresivo cambio en los códigos de representación de la arquitectura, acorde con la irrupción de los lenguajes de vanguardia que afectaron a todas las disciplinas, así como la atención creciente de los medios de difusión ilustrados por la arquitectura, explican que numerosos fotógrafos se especializaran en arquitectura. Atender a todas estas cuestiones, con las que elaborar una base de datos que actúe como «condensador documental» y sea el origen de reflexiones teóricas de carácter interdisciplinar, es el objetivo que este proyecto se plantea a largo plazo.

Uno de los primeros resultados de la investigación es la exposición que con el mismo título se presenta en la sede de la Fundación ICO en Madrid, incluida en el programa de PhotoEspaña, cuyo montaje, a cargo de Íñigo Beguiristáin & Vaillo + Irigaray Architects, es digno de mencionar y elogiar.

La selección de 200 fotografías en exposición no pretende, señala Bergera, ser un álbum completo de imágenes de la historia y etapas de la arquitectura moderna en España, ni tampoco presentar los edificios más destacados, ni siquiera mostrar las mejores fotografías; lo que se busca es componer una de tantas historias posibles de la fotografía: la que registra la arquitectura moderna en España. De esa historia rescatamos las imágenes que dan a ver la arquitectura moderna en la Comunidad Valenciana.

Dado que todas las fotografías seleccionadas de la Comunidad Valenciana corresponden a edificios realizados a partir de la segunda mitad de los años cincuenta del siglo XX, las miradas de los fotógrafos interpretan la nueva arquitectura con profesionalidad, acorde con la tarea que el arquitecto les encomienda, a riesgo de reiterar fórmulas que banalizan los esquemas modernos, como advierte Alberto Martín en el texto incluido en el estupendo catálogo de la exposición. Es obvio que la rigurosa selección de fotografías evita las excesivamente formalistas desde un punto de vista estético.

 

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de Albatera, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1956)

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de Albatera, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1956)

Joaquín del Palacio (Madrid, 1905-1990), conocido como «Kindel», comenzó a colaborar en la Revista Nacional de Arquitectura en los años cincuenta. Sus fotografías más conocidas son las de los Poblados de colonización en las que supo expresar la abstracción y sencillez compositiva de trazados y volúmenes. Así queda reflejado en las imágenes que realizó de los Poblados diseñados por el arquitecto José Luis Fernández del Amo (Madrid, 1914-Ávila, 1995) que, en opinión de Luis Fernández Galiano, se entienden mejor en términos de las artes plásticas: en todos ellos destaca la abstracción que arrojan los volúmenes de estricto rigor geométrico, el tratamiento de texturas y la querencia por lo esencial que evita lo superfluo. En 1953 Fernández del Amo proyectó el poblado de san Isidro de Albatera, en un lugar que había sido campo de concentración de prisioneros durante la inmediata posguerra. Y Kindel lo registró en sus fotografías.

 

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de El Realengo, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1960)

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de El Realengo, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1960)

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de El Realengo, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1960)

Kindel, Poblado de colonización de san Isidro de El Realengo, de José Luis Fernández del Amo (Alicante, 1960)

En 1961, Fernández del Amo presentó en la VI Bienal de Arquitectura de Sao Paulo algunos de los proyectos de Poblados de colonización entre los que seleccionó los de Albatera y este de El Realengo. El jurado presidido por Niemeyer le concedió la Medalla de Oro. Kindel supo captar en sus fotografías la dimensión plástica de la arquitectura de Fernández del Amo. En las dos imágenes del poblado de El Realengo seleccionadas, Kindel incorpora la presencia de algunos de sus habitantes para acentuar los rasgos de la arquitectura, aunque se percibe cierta intención de carácter humanista, sobre todo en la fotografía de los niños jugando al fútbol en un paisaje seco y austero, ajeno al entretenimiento.

 

Finezas, Facultad de Derecho, de Fernando Moreno Barberá (Valencia, 1959)

Finezas, Facultad de Derecho, de Fernando Moreno Barberá (Valencia, 1959)

La saga de fotógrafos de Valencia integrada por Joaquín Sanchís Serrano, su hijo Manuel y su nieto José Manuel, era conocida como los «Finezas» por lo bien que vestían. El autor de las imágenes en exposición es Manuel Sanchís Serrano (Valencia, 1918-1996) que aprendió de su padre el oficio de fotógrafo. Tras lograr la popularidad con sus reportajes de fútbol decidió especializarse en arquitectura, a partir de los años cincuenta y durante los sesenta. Su atención a las peculiaridades que singularizan las obras de los arquitectos que le encargaron las fotografías queda de manifiesto en esta imagen de la fachada de la Facultad de Derecho de Valencia (hoy Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación), por ser precisamente la solución que Fernando Moreno Barberá (Ceuta, 1913-Madrid, 1998) dio a las fachadas según su orientación, uno de los elementos más innovadores del edificio: la norte es un muro cortina de superficies acristaladas sujetas con perfiles metálicos; la soleada queda protegida con un sistema de brise-soleils de hormigón.

 

Finezas, Estación de servicio Oliva, de Juan Haro Piñar (Valencia, 1960)

Finezas, Estación de servicio Oliva, de Juan Haro Piñar (Valencia, 1960)

A Manuel Sanchís Serrano, «Finezas», recurrió el arquitecto Juan Haro Piñar para fotografiar la estación de servicio de El Rebollet. La fotografía en exposición corresponde a la fachada del restaurante que proyectó junto con el servicio de gasolinera. Sergio Grande García ha descrito esta obra tan compleja como atractiva: espacio cubierto por una composición de superficies alabeadas en forma de paraboloide hiperbólico para la zona administrativa y comercial, mientras que los surtidores de gasolina se encuentran protegidos bajo marquesinas fungiformes de diferentes alturas que imprimen dinamismo al paisaje y suscitan la curiosidad del viajero.

 

Navarte, Seminario Mayor de Santa María, de Luis Cubillo (Segorbe, Castellón, 1966)

Navarte, Seminario Mayor de Santa María, de Luis Cubillo (Segorbe, Castellón, 1966)

El autor de la fotografía es Elías Gil Roca (1911-1995) aunque la firma «Navarte», una empresa de importación y venta de artículos fotográficos de Castellón que desde comienzos de los años sesenta hasta su cierre a finales de los ochenta equiparon a los fotógrafos de toda la provincia, además de revelar sus imágenes. Asimismo, la empresa recibía encargos que subcontrataba a fotógrafos profesionales como es el caso de Gil Roca que dejó el testimonio gráfico del empeño del arquitecto Luis Cubillo (Madrid, 1927-2000) por trasladar las soluciones y recursos de la arquitectura moderna a los espacios de liturgia.

 

Pando, Universidad Laboral de Cheste, de Fernando Moreno Barberá (Valencia, 1970)

Pando, Universidad Laboral de Cheste, de Fernando Moreno Barberá (Valencia, 1970)

Juan Miguel Pando Barrero (Madrid, 1915-1992) aprendió fotografía de arquitectura en el estudio de Mariano Moreno aunque no fue hasta la década de los cincuenta cuando trabajó en esa especialidad. Recibió encargos de Gutiérrez Soto, Sáenz de Oiza, Cano Lasso, Fisac o Moreno Barberá, autor de la Universidad Laboral de Cheste. Del arquitecto se ha destacado su obsesión por explorar la correspondencia entre la estructura y la forma, la repetición de elementos o la reducción formal, así como su atención a las condiciones climáticas que ya se han señalado en la Facultad de Derecho de Valencia. Los severos contrastes de luces y sombras de una arquitectura abierta y extraordinariamente rica en recursos permanecen en las dos fotografías de Pando en exposición.

Chus Tudelilla

 

Chillida: la dignidad del portero ante el vacío

Obra gráfica. Eduardo Chillida
Galería Benlliure
C/ Ciril Amorós, 47. Valencia
Hasta mediados de junio

Eduardo Chillida tuvo unas manos prodigiosas. Prodigiosas para la escultura, pero también para el fútbol, una pasión truncada a los 19 años. Llegó a ser portero de la Real Sociedad en la temporada 1942-43, cuando el equipo donostiarra jugaba en Segunda División. Una lesión de rodilla lo apartó del fútbol. Su experiencia bajo los tres palos de una portería no fue, en todo caso, baldía. Ni mucho menos. Aprendió dos cosas: a achicar espacios, agrandando su figura en cada salida del arco, y a descentrar su posición para alterar la percepción del oponente. Dos cosas que luego trasladó a su práctica artística.

Obra de Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Obra de Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Chillida repitió en numerosas ocasiones que sus esculturas no se lograban sumando elementos, sino restando cosas; más por sustracción, que por agregación. Y que más que respuestas, él lo que tenía era una infinidad de preguntas. Por eso su percepción espacial, sin duda generada con materiales como la piedra, la madera, el hierro o el hormigón, giraba en torno al vacío que otros intentaban ocupar. Algunos de esos vacíos, en forma de sutiles grabados y serigrafías, pueden intuirse en la exposición que estos días acoge la Galería Benlliure de Valencia.

Un total de 15 piezas integra la muestra titulada Obra gráfica. Piezas que vienen a resumir el trayecto de Chillida en pequeño formato. Ahí están recogidas esas manos abiertas al mundo, al vasto espacio de un campo de fútbol que el portero trata de reducir a su mínima expresión para que el balón no alcance su objetivo. Lo mismo que hacía el escultor con sus grandes piezas, peinando el viento, queda reflejado en las pequeñas, surcando vastos territorios imaginarios a golpe de un simple vistazo. Lo grande y lo pequeño, lo oscuro y lo diáfano, tratando de encontrarse al tiempo que se demora ese encuentro en una especie de espiral, tan del agrado de Chillida.

Biesku IV, Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Biesku IV, Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Líneas y formas, superficies y relieves, conjugando esa danza en torno al vacío que la posmodernidad ha tomado como figura del sinsentido, pero que en el caso de Chillida es fruto de la interrogación radical que dignifica al ser. Vacío, pues, en tanto lugar que desencadena las preguntas que impiden que la vida se clausure. Y al igual que Dios, para cierto poeta, es la estaca que evita el cierre del mundo, para Chillida el vacío en torno al cual se vehicula su obra es ese lugar habitable para quien se sobrepone al miedo mediante la dignidad.

Los grabados y serigrafías, junto a las dos grandes piezas de la entrada e incluso la alfombra, alumbran formas que tan pronto invaden manchas negras como amenazan con ocupar fondos claros. De igual modo que tan pronto señalan líneas que no terminan de alcanzar la plétora del sentido, como superficies en estado cambiante. A Eduardo Chillida le interesaban los espacios tridimensionales, ajenos a la unidad, porque concebía la vida como un espacio inestable que convenía explorar a través de la materia: piedras, maderas, hierros. Materiales que anuncian el advenimiento del ser, siempre y cuando haya un artista capaz de aproximarse al vacío que nos constituye. En la Galería Benlliure hay unos cuantos en forma de Obra gráfica.

Medicins du monde, de Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Medicins du monde, de Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Salva Torres