Bascuñán & Company: diseño de una amistad

‘Paco Bascuñán i Quique Company. L’equip Escapulari-O i altres derives’
Centre Cultural La Nau
Sala Estudi General
Universidad 2, Valencia
Hasta el 29 de mayo de 2016

Apenas hace cuatro décadas Paco Bascuñán y Quique Company (Lorenzo, como nombre de pila) eran unos jóvenes con inquietudes personales, comprometidos, alegres, divertidos, conscientes del momento convulso que les tocaba vivir e implicados con la realidad política, social y cultural, provistos de una intencionalidad de cambio y combativos en clave de protesta, denuncia y libertad de expresión a golpe de creatividad.

De este modo comienza la conversación de Makma con Marisa Giménez Soler -comisaria de la presente exposición, junto con Lupe Martínez Campos, y una de las directoras de la extinta Esfera Azul-, detallando, además, cada uno de los pormenores que rodean la existencia y obra de ambos artistas.

Bascuñán y Company se adentran, casi por casualidad, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos -sita por aquel entonces en el barrio del Carmen-, matriculándose en Diseño de Interiores, ante la inexistencia de otro tipo de opciones en aquel momento, y convirtiendo este primer punto de encuentro en comienzo de la deriva de su amistad, a la postre, decisivo leitmotiv de la exposición.

Transcurre el año 1972, son jóvenes y se unen para conformar el Equipo Escapulari-O. Cohabitan en un piso ubicado en el mismo barrio en el que cursan sus estudios. Su casa concluye siendo un referente para su círculo inmediato, amigos, conocidos y desconocidos que aparecen y desaparecen a su antojo. Todos son bienvenidos, a pesar del leve recelo por la existencia de una vietnamita -multicopista algo rudimentaria que utilizaban grupos clandestinos para imprimir folletos de difusión y propaganda política-. Debe indicarse que Paco Bascuñán estaba comprometido políticamente con el FRAP -un grupo de resistencia antifascita creado en 1973 por el Partido Comunista de España-, siendo detenido cuando se dirigía a una manifestación en contra de la Guerra de Vietnam. Company, por el contrario, combatía desde un plano más discreto, evidenciando la acerba realidad desde una óptica de denuncia creativa, extenso territorio en el que confluían ambos amigos.

Imagen de alguna de las obras pertenecientes a las serie sobre Salvador Puig Antich. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de alguna de las obras pertenecientes a las serie sobre Salvador Puig Antich. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El Equipo Escapulari-O (1972-1978) se consolida con celeridad, sus primeros diseños se centran en el ámbito político, hacen trabajos salvajes, de cruda animadversión hacia la dictadura, empleando materiales básicos y rudimentarios, propios de su condición de estudiantes. Les impacta sobremanera el asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich – al que dedican numerosas obras-, el golpe de estado acaecido en Chile en 1973, episodio que les hace beber de la expresividad y crudeza de los desvalidos y de las caras de horror de Goya en las escenas bélicas que describe pictóricamente. Retratan a Nixon bajo el prisma poético de Neftalí Ricardo Reyes (Pablo Neruda) en su obra “Incitación al Nixonicidio”, o lo que es lo mismo, la intención de acabar con Richard Nixon a golpe fonético de verso: “Horademos a Nixon el furioso a verso limpio y corazón entero…”.

Antoni Tàpies debe considerase otra de sus referencias, influjo explícito en una obra que Equipo Escapulari-O dedica a Josep María Huertas Clavería -uno de los celebres nombres del periodismo catalán, muy implicado con los barrios como objeto de tema e impulsor de la Asociación de Vecinos, entre otras cuestiones-. Clavería edita ‘Cuatre Cantons’ y Company diseña las portadas. Posteriormente, Josep María escribiría una información incómoda y mal acogida por la sociedad del momento:…”Un bon nombre de meublés [cases de cites] estan regentats per vídues de militars, pel que sembla per la dificultat que per obtenir permís per obrir-ne alguns hi va haver després de la guerra”. Fruto de este texto es detenido e ingresa en la cárcel.

Escapulari-O no pasa desapercibido y prueba de ello es la determinación de Vicente Aguilera Cerní -crítico de arte, ensayista y académico de la Comunidad Valenciana-, quien incluye al grupo en la exposición que organiza en la Asociación de la Malvarrosa a favor de los presos políticos, compartiendo cartel con Jose María Yturralde, Juan García Ripollés y Jordi Teixidor, así como los grupos artísticos Equipo Crónica y Equipo Realidad.

En las postrimerías de Escapulari-O, Paco Bascuñán y Quique Company colaboran activamente con la revista ‘Marginados’, que edita el sacerdote José Antonio Bargues -recordado, entre otros motivos, por contribuir a la excarcelación de presos a los que auxiliaba en su reinserción social-. Publican ilustraciones, críticas visuales y bocetos, desconociéndose si estos fueron creados ad hoc o, por contra, fruto de una adecuación intencional de trabajos precedentes. En esta publicación coinciden con Josep Vicent Marqués, Benigno Camañas, la periodista Ana Senet y la fotógrafa Ana Torralba -profesora de fotografía en la Universidad Pontificia de Salamanca-. Aunque figuran en la mancheta de la revista -”Diseño: Equipo Escapulari-O”-, algunos de sus trabajos no fueron rubricados. Numerosas hojas reproducen imágenes y bocetos que se han encontrado en sus carpetas personales, aseverándose la existencia de una cuantiosa obra inédita y desconocida de Escapulari-O, tal y como corrobora Marisa Giménez.

Imagen de detalle de uno de los anaqueles expositivos para el material gráfico. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de detalle de uno de los anaqueles expositivos para el material gráfico. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Company y Bascuñán solidifican una apuesta por un diseño sustentado por un trasfondo político, cuya metodología se nutre de un proceso de reciclaje y acopio de sus influencias previas para materializar sus producciones ulteriores, propiciando un trabajo de madurez a pesar de su juventud; Bascuñán, con un explícito mensaje social en sus trabajos -carteles contra la xenofobia como el escogido para erigirse en imagen de la exposición-. Company, por el contrario, se antoja menos político, más alternativo y proclive a los fundamentos de la contracultura.

Igualmente, durante esta época decoran algunos de los míticos bares del barrio del Carmen, como La Torna o Planta Baja, y Paco Bascuñán colabora como actor con Juan Vegara -cineasta valenciano- en la representación del cuento ‘El Femater’, de Vicente Blasco Ibáñez, así como en otros proyectos audiovisuales rodados en la azotea de su piso de la calle Bolsería.

Discurren los años 80 y vuelven a coincidir con Daniel Nebot -pretérito compañero de pupitre universitario-, con quien forman el grupo ENEBECE (Nebot, Bascuñan, Company), focalizando su dedicación al diseño y trasladándose a la zona de Convento Jerusalén, cuyos aledaños comienza a albergar la incipiente “movida valenciana”, polarizada en torno a bares como Pyjamarama, que acogen a la variada fauna moderna, productores, managers y grupos de música -Glamour, Comité Cisne, Vídeo, Betty Trouppe se encuentran en plena ebullición-. La bandas “con actitud punk y after-punk” Sade y Garage les encargan las carátulas de algunos de sus discos. Es en esta época cuando trabajan con Mariscal -Javier y uno de sus hermanos- diseñando la imagen para algunas de sus tiendas, como Tráfico de Moda y, posteriormente, El Señor del Caballito, del que Bascuñán responde al diseño. Por su parte, Daniel Nebot es el jefe de este área en la empresa de señalética Saludes -cuyos propietarios siempre mostraron una predilecta pasión por el arte y el diseño-. Así pues, Nebot propicia la incorporación de ENEBECE a la empresa.

Imagen general de algunas obras y proyección audiovisual de la exposición. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen general de algunas obras y proyección audiovisual de la exposición. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

En aquella época viajan a Berlín Occidental para visitar la Bauhaus y sus referencias, dejándose influir por todo lo que vislumbran a su paso, conectando con el movimiento okupa. Descubren que Kraftwerk -grupo icono de la música electrónica- utiliza una baliza en la portada de su LP, pictograma con el que ellos cohabitan en su trabajo. Berlín respira frescura, revolución, locura y les aporta inspiración. Alimentan sus retinas con imágenes del movimiento grafitero, okupa, y el empleo de lienzos de gran formato. A su regreso, retoman los pinceles, inspirados por Dies Irae -texto latino de poemas del siglo XIII que versa sobre el horror del fin del mundo que nos asolará- y exponen en Puerta 5 -casa privada de su amiga Paz Graullera-.

Continuando en esta línea, realizan la serie titulada ‘Los Borgia’, influencia de la novela que Apollinaire publicó en 1913, en la que la depravación, la crueldad, el veneno y la traición campan a sus anchas. Acto seguido, exacerban su lado mas punk, con un “mensaje apocalíptico y aterrador, pero inmerso ya en un contexto contemporáneo que enlaza con la literatura futurista y de ciencia ficción, según textos localizados en una de sus libretas”, apunta Marisa Giménez.

José Juan Belda, Eduardo Albors y Nacho Lavernia integran Caps i Mans Diseño Industrial, así que, junto a los integrantes de ENEBECE y once diseñadores más, se unen para formar un gran colectivo que a la postre se convertirá en referente del diseño a nivel local, nacional e internacional, surgido en Valencia, con varios académicos y premios nacionales de diseño: La Nave. Por aquel entonces,  se formaliza, mediante ley orgánica, el Estado de las Autonomías, por lo que sus líderes políticos anhelan y encargan un imaginario estético nuevo con la intención de romper con los vestigios del pasado. Igualmente, trabajan para Feria de Valencia. La Nave, de este modo, posee el cóctel perfecto: mezcla talento y ocasión. Corría el año 1984.

Imagen de obra e iconografía vinculada con ACTV. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen de obra e iconografía vinculada con ACTV. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Apenas un curso más tarde, llega a La Nave la petición de diseñar la imagen gráfica de un club en los bajos de un antiguo y señorial balneario -Termas Victoria- que posteriormente se asocia a las siglas de Asociación Cultural Termas Victoria -ACTV-, gestionado por Julio Andújar, empresario de la noche que ha estudiado arte y pretende que sea un lugar de encuentro de música electrónica y videoarte, entre otras disciplinas (nada más alejado de lo que posteriormente acaba sucediendo). En La Nave, son Paco Bascuñán, Luís González y Quique Company los que asumen este proyecto y toman como referencia un pictograma extraído de sus anteriores trabajos de señalética.

Posteriormente, es Company quien continúa, casi en exclusividad, este trabajo. Toma carteles, fanzines, invitaciones e influencias anteriores, como Francisco de Goya y sus caras desfiguradas, fotografías de torsos escorzados, Arnulf Rainer, reconocido internacionalmente por su arte informal abstracto, o la destrucción de las formas con ennegrecimientos, repintados y enmascaramiento de ilustraciones y fotografías. Company permanece fiel a su creencia de que es un lugar de cultura moderna y arte, que inaugura finalmente el videoartista catalán Toni Mercader, e, incluso, se realizan exposiciones tras ineludibles rejas de protección. Los diseños de Company y Bascuñán para ACTV tienen una clara influencia de la Naranja Mecánica y de William Burroughs -”novelista estadounidense de prosa experimental, ligado a la generación Beatnik y considerado padrino y gurú de la generación rock-punk posterior”- y Quique Company retoma aquí sus cuadros más pornográficos para los carteles del local.

Rondan los años 90 y el comienzo de La Esfera Azul -”espacio cultural alternativo, ubicado en pleno barrio chino de Valencia, en un antiguo cabaré de los años 50 que conjugaba distintas disciplinas artísticas”-, que irrumpe con fuerza en el panorama artístico valenciano. Casi por casualidad, Marisa Giménez y Lupe Frígols conocen a Quique Company a través de Totó -Tolsten Fritz-, compañero de piso y artista alemán, quien por esas fechas vivía en una casa okupada. Company se vio fascinado por La Esfera Azul, de tal modo que irrumpió en el proyecto, con voluntad colaboradora, de la mano de una propuesta de logotipo para el espacio -”Quique Company hacía poco había expuesto en el IVAM, en un retrospectiva de los 20 mejores diseñadores, y, claro, cuando supimos quién era, para nosotras fue un honor (…) en La Esfera, Quique se convierte en uno más de la casa y nos habla de Paco Bascuñán nada más llegar. Por supuesto, lo llamamos y hacen un total de tres exposiciones juntos -una de collage, dedicada a sus influencias alemanas, entre los que encontramos a Klaus Nomi, otra con Ángel Borafull y otras individuales-”, matiza Giménez.

Imagen icónica y varios obras emparentadas con La Esfera Azul. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Imagen icónica y varios obras emparentadas con La Esfera Azul. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

En aquel momento, Quique Company ya no vive con Tolsten Fritz, que concibió todo el proceso de okupación como una intervención, – a la manera del Merzbau de Kurt Schiwtters-, una instalación viva con sugerentes pinturas, luces, cristal, reflejos, objetos encontrados y música sonando en directo. Una obra de arte efímero terminada con la recepción de la carta de desalojo del juzgado y una gran fiesta de inauguración, despedida y cierre -portada del El País CV-, a la que asistieron desde Carmen Alborch, Santiago Segura -”que vino expresamente”-, grupos de música como los Borbones o Las Máquinas y lo más representativo de la cultura de aquellos años.

Con posterioridad, Company se traslada a la localidad castellonense de Fuentes de Ayodar (son momentos difíciles para él) y Paco Bascuñán se hace cargo íntegramente de la imagen de La Esfera Azul. Apenas vuelven a verse hasta coincidir en la exposición que el MUVIM dedica a La Esfera Azul, con motivo de sus diez años de trayectoria, para la que preparan un políptico de seis lienzos cada uno. “Sin saber uno lo que hace el otro. Lo resolvemos como un cadáver exquisito. Hasta el día de la inauguración no veremos la pieza completa. Cuando al final lo vimos, hacía tiempo que no encontraba a Quique tan satisfecho y que yo no me emocianaba tanto”, manifestaba Bascuñán.

Quique Company fallece en 2005. Un año más tarde, Paco Bascuñán organiza una exposición homenaje en su pueblo natal (Fuentes de Ayodar). “Él era genial en cualquiera de sus manifestaciones (…) uno de esos genios discretos a los que les viene grande el mundo”, rubrica Bascuñán.

Paco Bascuñán muere el 28 de septiembre de 2009. En ese momento estaba terminando de escribir su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Era el primer diseñador invitado a integrar la célebre institución. “Él mantiene viva la inquietud y la curiosidad que siempre le acercó a la cultura de su tiempo. (…) El compromiso con las causas que considera justas, así como la capacidad de riesgo, seguirá trillando su destino”, concluye Marisa Giménez.

Detalle de la obra 'Las palabras incorrectas' (2004), de Bascuñán y Company. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Detalle de la obra ‘Las palabras incorrectas’ (2004), de Bascuñán y Company. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

John & Yoko: Suite 1742 por la paz

John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742
Fotografías de Bruno Vagnini
La Térmica
Avda. de los Guindos, 48. Málaga
Inauguración: Viernes 23 de enero, a las 20.00h
Hasta el 23 de marzo, 2015

La Térmica presenta por vez primera en España ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′, exposición que recoge las míticas fotografías que Bruno Vagnini realiza el 31 de mayo de 1969 que documentan el ‘Bed-In’ desarrollado en la habitación 1742 del Hotel Queen Elizabeth de Montreal por John Lennon y Yoko Ono por la paz.

Esta segunda happening-protesta llevada a cabo por la pareja contra la Guerra de Vietnam, se produce después de la primera, una semana antes en Amsterdam, justo tras su boda en Gibraltar. En la ‘Bed-In’ de siete días (del 26 de mayo al 2 de junio) de Montreal es en la que se graba y retransmite a todo el mundo la mítica canción pacifista ‘Give Peace A Chance’.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Un joven italiano de 19 años, Bruno Vagnini, que estaba cursando Fotografía en la Academia de Bellas Artes de Montreal, es invitado por un conocido a encontrarse con John y Yoko. Estaba tan emocionado que hasta lleva su cámara Nikon comprada unos días antes con un sólo rollo de película en blanco y negro de 36, seguro de no lograr hacer ni una fotografía. En la espera, en la antesala al dormitorio, realiza algunas fotografías a la hija de Yoko, Kyoko, creyendo que dentro del dormitorio no va a poder realizar ninguna fotografía.

Después es acompañado a la Suite 1742: una suite enorme, pintada de blanco, con libros, folletos esparcidos por todos lados y eslóganes contra la guerra por las paredes. Al fondo, John y Yoko, en pijama, cómodamente sentados en la cama respondiendo a los periodistas. El dormitorio se transforma en un púlpito político y a los que critican esto como una payasada publicitaria, los seguidores del ex-Beatle les responden que se trata de una performance que cuestiona las definiciones de  identidad, privacidad y espacio. Vagnini logra hacerle 26 fotos a la pareja a pesar de su posición a contraluz, delante de la ventana. Una experiencia que este fotógrafo nunca ha olvidado. Una revisión emocionante de nuestra cultura contemporánea, de la paz y del amor.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica.

La exposición

Casi cinco décadas más tarde esta muestra de La Térmica, comisariada por Ono y Mario Martín Pareja, con la colaboración del profesor de Historia del Arte Rodrigo Gutiérrez Viñuales, saca a la luz esas 30 imágenes que ilustran uno de los momentos más significativos para la historia, la música y el arte del siglo XX. Pero la exposición no se queda en el mero hecho de mostrar estas imágenes realizadas por Vagnini.

Concebida como una gran instalación, ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′ está formada por tres espacios claramente diferenciados. El primer espacio nos introduce en las creaciones conceptuales de John Lennon y Yoko Ono. Incluye, además de dos monitores con fragmentos de las películas y creaciones musicales experimentales de John & Yoko, varias vitrinas con objetos, libros y documentos.

Portada del disco 'The Wedding Album', incluida en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Portada del disco ‘Wedding Album’, incluida en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica.

Destacan los elementos que componen el disco conceptual realizado por ambos llamado ‘Wedding Album’, a finales de ese mismo año, 1969. El disco más atractivo desde el punto de vista objetual, y el más vinculado a la exposición, en tanto que incluye, no solo las fotografías de la boda en Gibraltar y el bed-in que antecedió al de Toronto en el Hotel Hilton de Amsterdam, sino también entrevistas y comentarios de esa experiencia, varias fotografías sueltas, un dossier de prensa, dibujos de Lennon, copia del certificado de matrimonio y hasta un trozo de la tarta de bodas en una bolsa de plástico con la palabra ‘bagism’.

Acompañan esta documentación las fotografías de John y Yoko y de la Plastic Ono Band, de Andrew MacLear, y elementos de la trayectoria conceptual de Yoko Ono anterior a su encuentro con John Lennon a finales de 1966 en la Indica Gallery de Londres; de Lennon (músico, poeta, dibujante, más tarde artista conceptual), en las artes plásticas, y de ambos como grupo artístico conceptual.

El fotógrafo Bruno Vagnini. Imagen cortesía de La Térmica.

El fotógrafo Bruno Vagnini, delante de algunas de sus imágenes. Cortesía de La Térmica.

En el segundo espacio que sigue se incluyen el texto introductorio de Yoko Ono en el que habla 44 años después sobre ese happening, junto a la serie de instantáneas de Bruno Vagnini tomadas en la Suite 1742 del Hotel Queen Elizabeth en Montreal.

Finalmente, el tercer y último espacio es el que muestra una blanquísima e inmaculada cama de matrimonio sobre la que se proyecta el vídeo ‘Give Peace a Chance’ y el documental ‘Bed Peace’ grabado en aquellos días. Encabezan dicho lecho una instalación repetitiva con los carteles creados con la leyenda en blanco y negro ‘War Is Over!’.

John Lennon y Yoko Ono en la 'bed-in' de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

John Lennon y Yoko Ono en la ‘bed-in’ de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

Mayo del 68, espejo o espejismo

Carteles de una revolución. París alrededor del 68

Instituto Francés

C/ Moro Zeit, 6. Valencia

Hasta el 28 de junio

Ya han transcurrido 45 años de Mayo del 68. Y así pase el tiempo, aquella fecha vuelve con su fuerza revolucionaria soplando vientos racheados. ¿Es el espejo en el que pueden mirarse los movimientos de protesta en la actualidad? ¿O es un espejismo del que conviene ponerse a resguardo para no tener que volver a delirar? El Instituto Francés de Valencia acoge una exposición de carteles, reflejo impreso de aquel momento convulso en la sociedad próspera del París revolucionario. Un total de 18 carteles de la colección del poeta y editor Antonio Pérez, y de los archivos de la valenciana María Eugenia Benimeli, como “guiño francés a la España del 15-M”.

En esos carteles, que “todas la noches artistas, estudiantes y activistas creaban”, según reza en el texto explicativo de la exposición, para dejarnos la colección de imágenes que ahora se puede contemplar en la cafetería L’Atmosphère del Instituto Francés, en esos carteles están algunos de los emblemas y rostros más significativos de Mayo del 68. Entre los emblemas, la lucha feminista por la libre disposición del cuerpo, los estudiantes contra el orden o la reivindicación por la igualdad de los sexos. Entre los rostros aludidos, los de Sartre o Mao, teniendo como telón de fondo la guerra de Vietnam.

Carteles de una revolución. Instituto Francés de Valencia

Carteles de una revolución. Instituto Francés de Valencia

Carteles de una revolución. París alrededor del 68 se ofrece como espejo de aquella lucha por la libertad de expresión y contra la opresión capitalista. Una época “muy diferente a la actual, donde la juventud se ve atemorizada por el desempleo”, según el mismo texto, pero que guarda similitud por el malestar generado en torno a la trituradora del capitalismo más salvaje. Esas “imágenes amarillentas” se estudian de hecho, casi 50 años después, “como archivos de historia”.

Y la historia nos dice dos cosas, que Michel Foucault entreabría de la siguiente manera: “Me pregunto no sólo si la revolución es posible, sino también si es deseable”. Porque si bien por un lado Mayo del 68 mostraba “la profunda infelicidad generada por la prosperidad económica” (Edgar Morin dixit), por otro, manifestaba la profunda contradicción inherente al hecho de que quienes defendían esa libertad de expresión, tomaban por bandera a figuras como Mao, que en esos mismos instantes la pisoteaba en su país.

El director checo Milos Forman no entendía, cuando aterrizó en París para presentar su película Los amores de una rubia, que aquellos jóvenes franceses defendieran con sus proclamas el régimen comunista del que él huía atemorizado. Y es que la oposición al capitalismo salvaje, que ahora vemos reproducirse en plan monstruoso, llevó al abrazo de una ideología igual de cruenta por su actitud totalitaria. Quizás 45 años después, sigamos padeciendo la orfandad dejada por ambos sistemas de conversión del sujeto en mercancía o individuo alienado.

Los 18 carteles expuestos en L’Atmosphère del Instituto Francés tienen en todo caso la virtud de recuperar tamaña revuelta a los ojos del presente. Aquel espejo revela un mismo desencanto actual en torno al capitalismo sin rostro, que ahora prolifera sumergido en las aguas líquidas de tanta especulación financiera. El espejismo consiste en delirar soluciones a partir de ideologías tan herméticas como excluyentes.

Carteles de una revolución. Instituto Francés de Valencia

Carteles de una revolución. Instituto Francés de Valencia

 Salva Torres