Los siete pecados capitales a concurso

Los siete pecados capitales
Convocatoria del Proyecto 3CMCV para 2016
Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana
Plazo de presentación: hasta el 12 de marzo de 2016

El Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana presenta la cuarta convocatoria de su programa de apoyo al arte emergente por la que tres nuevos creadores se beneficiarán de una ayuda para la producción de un proyecto inédito.

El objetivo de este programa, creado en 2013 y que lleva por título ‘Proyecto 3 CMCV’, es la promoción y difusión de la creación artística mediante la concesión de una ayuda económica destinada a la producción de tres proyectos inéditos, la organización de una exposición itinerante por las tres provincias de la Comunitat Valenciana y la publicación de un catálogo.

La mesa de los siete pecados capitales de El Bosco. Proyecto 3CMCV del Consorcio de Museos.

La mesa de los siete pecados capitales de El Bosco. Proyecto 3CMCV del Consorcio de Museos.

El tema propuesto para la convocatoria de 2016 gira en torno a los pecados capitales, con la intención de contribuir a la conmemoración del quinto centenario de la muerte del Bosco (1450-1516) y de una de las obras más emblemáticas que se le atribuyen, la mesa de los siete pecados capitales.

Según el director gerente del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, Felipe Garín, “en 2016 se celebran los 500 años de la muerte de El Bosco, un artista cuya obra está muy vinculada a España, pese a no ser español, ya que un importante conjunto de ella se conserva en el Museo Nacional del Prado, entre ellas la mesa de los siete pecados capitales”.

‘La mesa de los siete pecados capitales’ se incluye entre las producciones tempranas del pintor flamenco. Representó en ella cinco círculos, uno grande en el centro semejando un gran ojo, con los siete pecados en su anillo exterior, y cuatro pequeños en los ángulos ilustrando las Postrimerías: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria.  El Bosco reprodujo los siete pecados capitales, identificados por inscripciones, como escenas de la vida cotidiana, que ilustran costumbres y vicios de la época.

Garín explica que “El Bosco fue un artista muy imaginativo con una obra muy crítica. Si la temática de la metamorfosis ha tenido gran éxito en la convocatoria anterior pensamos que los siete pecados capitales pueden ser un tema muy sugerente y amplio del que pueden surgir obras muy interesantes”.

Pueden optar a la convocatoria personas físicas, mayores de edad, a título individual o bien agrupados en colectivos, que desarrollen su actividad en la Comunitat Valenciana, con una experiencia demostrable en el campo de las artes plásticas de, al menos, tres años.

Detalle de La mesa de los siete pecados capitales de El Bosco. Proyecto 3CMCV del Consorcio de Museos.

Detalle de La mesa de los siete pecados capitales de El Bosco. Proyecto 3CMCV del Consorcio de Museos.

En cada convocatoria se ofrecen tres ayudas de 5.000 euros a cada una de las producciones. Los costes derivados de la organización de la exposición y su exhibición por las tres provincias, por un periodo de dos años, así como la edición del catálogo y difusión, correrán a cargo del Consorcio de Museos.

Entre los criterios de evaluación de los proyectos se valorará la coherencia con el tema propuesto y capacidad de desarrollo del mismo.; su conexión con las corrientes actuales de creación contemporánea así como la capacidad de innovación y su viabilidad en base a la adaptabilidad a diferentes espacios expositivos (Alicante, Castellón y Valencia). Además se tendrá en cuanta la optimización de los recursos económicos y materiales, en base a las itinerancias señaladas en la convocatoria. Asimismo se valorará la trayectoria del solicitante (premios, becas o ayudas, participación en exposiciones individuales y colectivas, formación académica, formación complementaria).

Para la valoración y selección de las solicitudes presentadas se constituirá una comisión de evaluación integrada por el Presidente de la comisión ejecutiva del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, el gerente de la entidad,  dos técnicos del departamento de exposiciones del Consorcio de Museos y profesionales de reconocido prestigio en el campo de las artes plásticas.

Los proyectos podrán ser presentados en la sede del Consorcio de Museos, en el Centro del Carmen o por medio de mensajería o correo postal. El plazo para presentar los proyectos se abrirá al día siguiente de su publicación en el docv y finalizará a los tres meses: el día 12 de marzo.

En su cuarta edición, el programa de apoyo al arte emergente del Consorcio de  Museos se ha convertido ya en un proyecto consolidado en el que se han invertido 60.000 euros en ayudas a la producción y promoción del arte más actual.

La mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco.

Detalle de La mesa de los siete pecados capitales de El Bosco. Proyecto 3CMCV del Consorcio de Museos.

 

Fracasadas, entre bambalinas y postizos

Fracasadas, de La Calva Producciones
Autor: Nacho de Diego
Dirección: Amparo Ferrer Báguena
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Del 27 de febrero al 1 de marzo, 2015

Sala Russafa estrena la versión renovada de ‘Fracasadas’, un espectáculo que participó en la última edición de Russafa Escénica con gran acogida del público. Del 27 de febrero al 1 de marzo regresa a la cartelera dentro del ciclo ‘Nueva Escena Valenciana’, extendido y adaptado para la representación en una sala, pasando de los treinta minutos que originalmente duraba la pieza a setenta.

Nuevas tramas y escenas completan esta primera propuesta de la compañía La Calva Producciones, una formación cuyos tres miembros fundadores suman una gran experiencia y más de 120 años en escena, demostrando que la inquietud no es patrimonio exclusivo de las nuevas generaciones.

Escena de 'Fracasadas', de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘Fracasadas’, de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sobre el escenario, el público descubrirá la historia de Paco y Mariló, dos actores de cabaret que, a pesar de disfrutar de la gloria de la fama, decidieron separarse a causa de un trágico suceso. Varios años después, se reencuentran en un camerino, preparándose para salir a escena y recaudar fondos para el entierro de ‘La Salfumán’. Entre kilos de maquillaje, boas de plumas, postizos y redecillas, saldrán a relucir los celos, envidias, cariños y secretos que se esconden en las bambalinas de cualquier historia.

Amparo Ferrer Báguena, inolvidable protagonista de ‘Hedda Gabbler’ (nominada como mejor actriz en los Premis de les Arts Escèniques de la Generalitat Valenciana y en los premios Teatro Rojas de la Ciudad de Toledo), dirige esta pieza humorística en la que los actores Manuel Puchades y Marina Vinyals muestran su gran capacidad interpretativa.

Ambos cuentan con una extensa carrera profesional. Puchades ha trabajado con directores como Dario Fo, Carles Alfaro o Antonio Tordera en el teatro y Álex de la Iglesia o Sáenz de Heredia en el cine, además de participar en series televisivas como Águila Roja, El secreto de Puente Viejo o La que se avecina. Y Vinyals ha formado parte del elenco de montajes dirigidos por Rafael Calatayud, Antonio Valero, José Sancho o Manuel Molins y se ha especializado en el doblaje cinematográfico,.

En esta  aventura se les ha unido el dramaturgo valenciano Nacho de Diego, autor de ‘Fracasadas’, una divertida y descarada propuesta, con un punto canalla, que alterna el brillo de los focos con la sórdida realidad para mostrar la vida de muchos (artistas o no) que, pese a no haber triunfado, se niegan a sentirse fracasados.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=njWIRofQqZA

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965’ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco