Fotografiar un cadáver, ¿documento, espectáculo?

Fragments #0
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 10 de mayo

No hay tantas fotografías como otros años. Ni tantas de fotoperiodistas valencianos. Tampoco tiene la forma de almanaque visual de los hechos más relevantes acontecidos en la Comunidad Valenciana. Y tampoco se presentan al modo tradicional de las secciones informativas de cualquier medio. De hecho, ‘Fragments d’un any’, tras diez ediciones, desaparece como tal para convertirse en ‘Fragments #0’. Lo hace con el objetivo de agitar el periodismo gráfico, mostrando imágenes en apartados que invitan a la reflexión.

Fotografía de Manu Fernández en 'Fragments #0'. Cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Manu Fernández en ‘Fragments #0′. Cortesía de La Nau de la Universitat de València.

La exposición que acoge La Nau está estructurada en cinco secciones: límites, espectáculo, transición, lenguaje y periodista gráfico. Siendo igualmente fragmentos del quehacer de los ‘fotoreporteros’, se presentan con otra intención. Diríase, siguiendo la idea de Juan José Millás, que dada la convulsa realidad, al igual que Freud se encargó de la interpretación de los sueños, alguien se tendría que encargar de la interpretación de la vigilia. Tal es la pretensión de Pablo Brezo, comisario de la muestra organizada y producida por la Universitat de València y la Unió de Periodistes Valencians, en colaboración con Consum y Doctor Nopo.

Fotomontaje de las imágenes de Nathan Weber en 'Fragments #0'. La Nau de la Universitat de València.

Fotomontaje de las imágenes de Nathan Weber en ‘Fragments #0′. La Nau de la Universitat de València.

Y para ello, nada mejor que tomar la fotografía de Nathan Webber que preside la sección dedicada a los límites del periodismo gráfico. En ella se ve a un grupo de periodistas fotografiando el cadáver de Fabienne Cherisma, víctima del terremoto de Haití de 2010. ¿Documento o espectáculo? Lo mismo cabría decir de esa otra imagen en la que aparecen dos chicas haciéndose un selfie con catástrofe al fondo. La muerte y los desastres naturales transformados en objeto de uso mercantil e incluso fetichista.

Pablo Brezo, que presentó la exposición junto al vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, y el presidente de la Unió de Periodistes, Sergi Pitarch, destacó que eso era precisamente lo que se pretendía: “Más reflexión, más crítica; que el público entienda el papel del fotoperiodista”. También los “conflictos éticos” (Pitarch) que promueven con su trabajo a pie de calle, allí donde una fotografía puede resumir lo que está pasando o desencadenar la polémica por herir ciertas sensibilidades. Dónde está el límite entre la información objetiva y la carnaza periodística, sabedora del morbo que suscitan ciertas imágenes, es otra de las cuestiones sugeridas en el nuevo formato de ‘Fragments #0’.

Fotografía de Biel Aliño en 'Fragments #0'. Cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Biel Aliño en ‘Fragments #0′. Cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Se acabó esa retahíla de fotografías acuñadas por los periodistas gráficos valencianos en una presentación a mansalva. Ahora la presentación se concibe al servicio de la reflexión, perdiendo precisamente la espectacularidad de antaño y su carácter crítico más rabioso, a favor de un pensamiento más sosegado. Sigue habiendo imágenes de fotoperiodistas valencianos: Biel Aliño, Fernando Bustamante, Germán Caballero, Juan Carlos Cárdenas, García Poveda, Kai Försterling, Miguel Lorenzo, Irene Marsilla, MAO, Eva Ripoll, Roberto Solsona. Pero la selección, que sin duda escocerá a muchos, forma parte de un conjunto más amplio de imágenes y autores ligados en torno a esa idea del cuestionamiento del periodismo gráfico.

Fotografía de Nathan Weber en 'Fragments'.

Fotografía de Nathan Weber en ‘Fragments #0′. La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

La noche más oscura de RTVV

La nit més fosca
Exposición fotográfica sobre el cierre de RTVV
Octubre Centre de Cultura Contemporània
C/ Sant Ferran, 12. Valencia
Presentación: 28 de noviembre de 2014, 18,30h.

Durante toda la noche del 28 al 29 de Noviembre de 2013 trabajadores de RTVV intentaron impedir que se ejecutara el cierre. Muchos de ellos entraron a la que había sido su casa durante años a través de una ventana esquivando el control policial. Las fuerzas de seguridad tomaron el edificio y en medio de un ambiente de intensa emoción e impotencia se vivió uno de los episodios más lamentables de la historia de la democracia en la Comunidad Valenciana.

En todo ese tiempo, los cámaras de RTVV que estaban en la casa grabaron las últimas horas de vida interior de la cadena y con ellos, diez fotoperiodistas levantaron acta con sus cámaras de todo lo que ocurrió en el interior.

Un año después, la organización noruega Global Network for Rights and Development con la colaboración del Centre Octubre, ha convocado a esos diez profesionales para que exhiban una selección personal de las mejores imágenes de aquellos momentos.

La exposición “La nit més fosca” se abrirá con una mesa redonda en la que tres de los fotoperiodistas, el Flaco, Germán Caballero y Txema Rodriguez contarán sus impresiones sobre aquella experiencia. La moderación correrá a cargo de Pepe Almería, uno de los impulsores de la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para el retorno de la Radiotelevisión Valenciana.

Posteriormente, la muestra quedará abierta con las obras de:
Biel Aliño, Manu Bruque, Germán Caballero, Prats i Camps, Tania Castro, el Flaco, Miguel Lorenzo, Benito Pajares, Txema Rodriguez y  Robert Solsona.

Foto: Germán Caballero

Foto: Germán Caballero

Foto: El Flaco

Foto: El Flaco

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Manu Bruque

Foto: Manu Bruque

Foto: Biel Aliño

Foto: Biel Aliño

Foto: Benito Pajares

Foto: Benito Pajares

Foto: Tania Castro

Foto: Tania Castro

Foto: Robert Solsona

Foto: Robert Solsona

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Prats i Camps

Foto: Prats i Camps

 

Foto: Txema Rodríguez

Foto: Txema Rodríguez

Salvem les cases de taulellets

Houses from El Cabanyal
Editor: Felip Bens
Fotografías de Germán Caballero
Editorial L’Oronella

El Modernismo surgió a caballo de los siglos XIX y XX como expresión estética de una pujante burguesía urbana que expresaba su refinamiento, mostrando a la vez cierta nostalgia por los colores vivos y las formas orgánicas expulsados de las grandes ciudades. En un singular proceso de mimetismo y adaptación, los habitantes de los poblados marítimos de Valencia tradujeron esa estética a su propia arquitectura popular, un conjunto de viviendas, la mayoría unifamiliares, que hoy día constituye un patrimonio único  en grave peligro de extinción.

Viviendas de El Cabanyal. Fotografía: Germán Caballero.

Viviendas de El Cabanyal. Fotografía: Germán Caballero.

Afectadas de lleno por la polémica ampliación de la Avenida de Blasco Ibáñez, muchas de estas viviendas han sido abandonadas por sus propietarios y se encuentran deterioradas, incluso han sido derruidas. La segunda edición del Houses from El Cabanyal, realizada por la editorial L’Oronella, incluye imágenes de 270 viviendas de las que sólo 130 se encuentran en buen estado. Sólo en el último lustro han desaparecido 28.

“En estos momentos la situación socio política y la presión sobre el barrio  es menos desesperada que en 2007, cuando lanzamos la primera edición de 2.000 ejemplares”, comenta Felip Bens, el editor. “Sin embargo, no se trata sólo de evitar la destrucción sino de activar un plan de rehabilitación que permita regenerar una zona degradada que alberga grandes posibilidades”.

Vivienda de El Cabanyal. Foto: Germán Caballero.

Vivienda de El Cabanyal. Foto: Germán Caballero.

“El libro no pretende entrar en polémicas sino mostrar una realidad”, añade Germán Caballero, el joven fotógrafo autor de las imágenes que incluye el libro. “Las tomé a lo largo del verano pasado para captar la luz mediterránea, que tiene mucho que ver con la estética de estas casas”.

Arquitectos, historiadores y periodistas colaboran con una serie de textos, en castellano e inglés, que ilustran las distintas facetas de este patrimonio peculiar. Son Joan Víctor Pascual, Sergi Tarín, Jaume Chornet, Vicente Gallart, Joaquim Díez y Pep Martorell.

En el apartado, Casas Perdidas, el libro documenta las 25 casas desaparecidas en estos últimos años, las tres reformadas que perdieron sus distintivos azulejos y las 42 condenadas, según el Plan especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI) del Ayuntamiento.

“Destruir El Cabanyal es una obsesión particular de Rita Barberá, su lucha personal”, comenta Bens. “Hay mucha gente en el PP que ya contempla el futuro del barrio con otros ojos”.

Vivienda de El Cabanyal. Foto: Germán Caballero.

Vivienda de El Cabanyal. Foto: Germán Caballero.

Del taulellet al trencadís

En 1875, El Cabanyal sufrió un gran incendio que destruyó 250 barracas, la típica vivienda del barrio de pescadores. A partir de esa fecha comenzaron a construirse las casas revestidas de azulejos con un doble objetivo práctico y ornamental. Por una parte se evitaba así tener que encalar la fachada todos los años para combatir la humedad y por otra el propietario hacía alarde de su poderío. Curiosamente, las viviendas eran mucho más lujosas por fuera que por dentro, se trataba de aparentar y competir con los demás, un reflejo del típico temperamento valenciano que sigue vigente, como demuestran las ampulosas construcciones de la Ciudad de las Ciencias que ya evidencian indicios de ruina.

El azul y el verde, los mismos colores típicos de las barcas de pesca, eran los dominantes en la decoración y otros detalles modernistas muy visibles. Las rejas pintadas de purpurina plateada, los apliques y picaportes de bronce, las guardamalletas de las persianas, la madera de mobila, etcétera. Existían varios tipos de casas, según superficie y alturas: la caseta de quart, la de dos quarts, la completa y la finca, de tres o cuatro alturas.

Detalle de la puerta de una vivienda en El Cabanyal. Foto: Germán Caballero

Detalle de la puerta de una vivienda en El Cabanyal. Foto: Germán Caballero

Las casas más grandes, de estilo señorial, fueron edificadas por familias burguesas que veraneaban junto al mar, entre finales del XIX y principios del XX. Se encontraban en calles perpendiculares a la costa y, entre diversos diseños de azulejos, incluían el que imita las plantillas del bordado de punto de cruz.

Víctor Gosàlbez, Vicent Nicolau El Carrasquet y Tomàs Cardona fueron algunos de los artífices de las sencillas viviendas de pescadores de una sola planta, entre Pintor Ferrandis y Tarongers.

Detalle de la fachada de una casa del Cabanyal. Fotografía: Germán Caballero.

Detalle de la fachada de una casa del Cabanyal. Fotografía: Germán Caballero.

Bel Carrasco

Fragments: ¡No disparéis al fotoperiodista!

La Nau

Fragments: Fotoperiodistes valencians 2012

Valencia

C / Universidad, 2

Hasta el 1 de mayo

La política, como apuntó con extrema lucidez Groucho Marx, es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. No toda, por supuesto, pero sí la política que últimamente venimos padeciendo. Y para demostrarlo ahí está Fragments, la muestra de los fotoperiodistas valencianos que ya va por su décimo año de la mano de la Unió de Periodistes Valencians. Y creciendo. En parte, gracias a la Diputación de Valencia, que censuró la que tenía lugar en el MuVIM en 2009 y, desde entonces, ha catapultado su repercusión pública.

Lo dicho: se buscó un problema donde no lo había, se diagnosticó una enfermedad supuestamente provocada por el sarcasmo de ciertas imágenes, y se aplicó el remedio equivocado de su censura. El resultado ahí lo tienen: Fragments goza cada año de mejor salud. “En el fondo, la Diputación nos hizo un favor y nos lanzó al estrellato”, reconoce Kai Försterling, coordinador de la exposición, junto a los también fotoperiodistas Biel Aliño y Marga Ferrer.

Gozando de magnífica salud, no se puede obviar el contexto de la crisis. Contexto que ha hecho, por ejemplo, que disminuyan los profesionales que participan cada año en Fragments. De ahí esas siete fotos negras, incrustadas entre el resto de imágenes que conforman la muestra, a modo de simbólicas esquelas. “Es un recordatorio de los muchos compañeros periodistas que han perdido su trabajo”, subraya Kai. Fotoperiodistas a los que se ha llevado por delante la crisis, tras la palmadita en la espalda de sus respectivos medios por los servicios prestados. De manera que entre censuras institucionales y despidos laborales parece resonar la exclamación fílmica de Truffaut: Disparad al pianista, en este caso, al fotoperiodista.

No, no disparéis al fotoperiodista, entre otras razones porque matamos la posibilidad de contemplar imágenes como las que hasta el 1 de mayo permanecerán expuestas en La Nau de la Universitat de València. Gustarán más o menos, pero revelan el estado de salud de la sociedad democrática. Sin esas u otras imágenes esclarecedoras del panorama político, cultural, social o deportivo, seguiríamos igual de vivos, pero nos faltaría el soplo de libertad que aportan esas fotografías en el marco del periodismo.

La Nau se ha hecho cargo los tres últimos años de Fragments, tras el desaire de la Diputación. La FNAC, el Museo de la Ciudad, El Tossal, el MuVIM y la galería Tomás March ya fueron antes sedes de la exposición. Una exposición que este año cuenta con obra de los fotoperiodistas Germán Caballero, Aitor Alcalde, José Cuéllar, Eva Máñez, Juan Carlos Cárdenas, Pablo Garrigós, Miguel Ángel Montesinos, Alberto Sáiz, Miguel Lorenzo, Jesús Ciscar, El Flaco, Miguel Ángel Polo, Irene Marsilla, Rober Solsona, y los mencionados Försterling, Aliño y Ferrer. Menos de los que suelen ser habituales, debido a las bajas, el desánimo y las dificultades propias de una selección de imágenes que provoca sus desavenencias. 

En cualquier caso, ahí están los tristes desahucios, el juego de ping-pong entre políticos, las cargas policiales, las alegrías y tristezas deportivas, los incendios forestales o de ese Future en llamas, obra del artista Santiago Sierra. Imágenes para sacarle los colores a más de uno, la sonrisa cómplice o simplemente catártica y la prueba documental de que el periodismo sigue vivo. A pesar de los pesares y de la funesta manía de disparar a los fotoperiodistas, un blanco fácil porque ellos sí que disparan por libre. 

Salva Torres