Pedro Castrortega en la Fundación Antonio Pérez

Doble Exposición de Pedro Castrortega en la Fundación Antonio Pérez
Fundación Antonio Pérez
Plaza Mayor. San Clemente (Cuenca) y Ronda Julián Romero, 20. Cuenca
Hasta el 20 de Enero de 2019

La fundación Antonio Pérez acoge una doble exposición del pintor y diseñador gráfico Pedro Castrortega tituladas ‘Fé y Vértigo’ (Cuenca) y ‘El Bosque’ (San Clemente). Ambas exposiciones fueron inauguradas el 19 de Octubre y permanecerán hasta el 20 de Enero de 2019.

‘Fé y Vértigo’ es un proyecto que surge hace 10 años a raíz de un encargo sobre la Catedral de Burgos. A través de esta obra mostró interés por dibujar otras catedrales como la de Cuenca, Notre Dame, Santiago de Compostela, Toledo y la Sagrada Familia de Barcelona. La idea era mostrar cómo estas obras arquitectónicas eran creaciones maestras, una muestra de la capacidad humana de construir edificios que se acercan a la divinidad.

Portada de la exposición 'Fe y Vértigo'. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez

Portada de la exposición ‘Fe y Vértigo’. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez

Casi todas las catedrales, a excepción de la Sagrada Familia, son obras de estilo gótico. El gótico es un estilo que se caracteriza por sus inmensos ventanales decorados con vidrieras que dejan entrar una gran cantidad de luz en el interior. La luz es símbolo de la gracia divina. El proceso constructivo de las catedrales es largo y complejo, pudiendo llegar a durar siglos en finalizarse. Castrortega menciona que las catedrales ‘son máquinas del tiempo’, observadoras del crecimiento de las urbes que empiezan a aparecer en la Europa medieval viendo pasar generaciones de canteros, arquitectos, constructores y fieles bajo sus muros. El arte gótico, a diferencia del futuros movimientos, es visto como un arte colectivo, en una época donde la concepción de artista no existía, una muestra de que, unida la sociedad, puede llegar a realizar tales obras magníficas.

La Sagrada Familia es la excepción que se sale de este estilo, pero es el claro ejemplo de esa función como ‘máquina del tiempo’, estamos viviendo su proceso de construcción, evolución y la complejidad que supone, a pesar de los avances técnicos actuales la finalización de una obra de tales dimensiones que continúa más allá de su creador, Gaudí.

Catedral de Cuenca de Pedro Castrortega. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Catedral de Cuenca de Pedro Castrortega. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Pedro Castrortega expresa esa complejidad y maravilla de las catedrales, un dibujo de las fachadas, un reflejo que quizá haga alusión a la realidad de este momento. Este realismo mostrado a través de las catedrales se fusiona con la abstracción, añadiendo fantasía como es el caso de la obra en la que se dibuja la Catedral de Cuenca, dejando en primer plano una oscuridad donde surgen los demonios. Se crea un contraste respecto a los trazos limpios y geométricos de la catedral, con la vorágine de formas irregulares que suponen la ánimas que toman el protagonismo. La fé es un cúmulo de creencias sustraídas de la realidad, historias imposibles donde todo puede ser posible y que en ocasiones nos puede dar vértigo.

Portada de 'El Bosque' Imagen cortesía de la Fundación Antonio Perez.

Portada de ‘El Bosque’ Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

‘El Bosque’ es un recopilatorio 25 obras que ha realizado a lo largo de su carrera artística. En este compendio nos muestra ese estilo de realismo abstracto, consiguiendo crear nuevas realidades a través de cada obra, abstrayendo conceptos, normalmente antropomórficos o animalísticos que recuerdan a formas que existen en nuestro ideario cotidiano, dándoles un giro extraño, rozando el valle inquietante.

La primera sensación al presentarse una obra de Castrortega es la de una extrañeza familiar que se consigue reconocer, pero sin embargo te envuelve en miedo. Las criaturas que forman sus bosques son realidades deformadas por sus experiencias, tanto buenas como malas. El bosque de Castrortega es una búsqueda de sí mismo, en los árboles, riachuelos, etc… El bosque es un lugar de leyendas, peligroso y que puede dar miedo, pero también acoge y es dador de vida.

Imagen de la exposición temporal 'El Bosque'. Cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Imagen de la exposición temporal ‘El Bosque’. Cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Monjalés, ¡qué bueno que viniste!

Monjalés, una trayectoria artística: 1953-2014
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 29 de junio y 7 de septiembre, respectivamente

Tiene 82 años muy bien llevados. Quién sabe si fruto de una vida dedicada con pasión al arte. Cuando habla de su obra, que arranca a principios de los años 50, la mirada parece regresar al instante de cada creación, emanando un brillo que diluye las tinieblas del pasado proyectando un gran chorro de luz hacia el futuro. La represión franquista, que le obligó a un exilio prolongado durante 46 años, apenas ha dejado huella en su figura, que se mueve impulsada por esa energía interior depositada en su dilatada producción. De hecho, diríase que ha salido indemne de tan tristes avatares, gracias al vital combate sostenido en cada una de sus obras. Ahora, de vuelta en Valencia, Monjalés (Albaida, 1932) puede disfrutar de la amplia retrospectiva que le dedican al alimón el Centro del Carmen y la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Monjalés en el Centro del Carmen de Valencia.

‘Casi que por ensalmo’, obra de Monjalés.

Josep Soler Vidal, Monjalés, comenta sus obras una por una, deteniéndose en aquellas que mejor explican cada etapa pictórica o marcan el salto hacia una nueva. Y la palabra salto es fundamental. “Cuando un pintor está sujeto a perpetuar la inutilidad de un momento en su día vivo, está condenado a morir”. Por eso Monjalés ha ido saltando de serie en serie, renovándose a cada instante, para no caer en esa trampa de la repetición a la que suele abocar cierta docilidad comercial. ¡Y eso que pudo hacerlo! Tras la Bienal de Venecia de 1960, en la que participó, la prestigiosa galería Marlborough quiso montarle una exposición que él rechazó. “Querían que hiciera el tipo de obra que había presentado en la Bienal, cierta abstracción revolucionaria, pero yo estaba en otra cosa y les dije que no volvía a la abstracción”.

Obra de Monjalés de su serie Pacto de las premoniciones.

Obra de Monjalés de su serie Pacto de las premoniciones.

Los seres aterrados que aparecen en su serie sobre la lucha, los vencidos y los torturados destilan idéntico terror al que manifiesta Monjalés por la repetición y el acomodado encasillamiento. Por eso en la retrospectiva de más de un centenar de obras, repartidas entre el Centro del Carmen y la Fundación Chirivella Soriano, se recogen las diversas etapas por las que ha ido saltando Monjalés: desde sus primeros paisajes de Albaida (“fuera de lo manido”), a sus últimas producciones en homenaje a la expedición botánica del Nuevo Reino Granada dirigida por Mutis, pasando por su serie El pacto de las premoniciones, en torno al jardín de las delicias de El Bosco, sus Itinerarios, su serie negra más constructivista, los mapas ibéricos, los derrotados o vencidos, ya más figurativos, o sus Hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

El Centro del Carmen acoge las 54 obras que van desde sus inicios paisajísticos al cuadro La paloma de la paz (1960), que Monjalés señala como el último de su serie plenamente abstracta. Cuando en 1954 viaja a Madrid, se queda impresionado con El jardín de las delicias de El Bosco, del que se sorprende que no fuera a la hoguera por esa obra repleta de provocativas escenas sexuales. Monjalés agrega elementos de ese cuadro a sus figuras en la serie sobre las premoniciones, dando como resultado un conjunto de piezas igualmente sorprendente. Otro viaje posterior a Bélgica le introducirá de lleno en el informalismo. “Entonces no había nadie informalista y hoy, en cambio, se hace mucho, lo cual me parece ridículo porque significa estar muerto”. Alain Robbe-Grillet, escritor y teórico del nouveau roman, o el poeta Paco Brines, figuran entre los compradores de sus obras informalistas.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Obra de Monjalés de su serie Los hijos de España.

Siempre en la búsqueda de nuevos caminos, ideas o formas de expresar lo que muerde por dentro, Monjalés empieza a enseñar la patita figurativa por debajo de la puerta de la abstracción, que es donde arranca la muestra de Chirivella Soriano. Allí, las figuras aparecen dolidas, derrotadas, vencidas o en abigarrada lucha contra la falta de libertad que por aquellos años 60 representaba el franquismo. “Son figuras suspendidas en el aire, que representan lo más denigrante, el sometimiento del ser humano a lo peor”. Obras que, como subraya Monjalés, están impregnadas de cierta lucha (pictórica y representacional) por “hacer y deshacer”. Pintura que, más que social, el artista entiende de “lucha y protesta contra el franquismo”.

Obra de Monjalés de su serie La lucha.

Obra de Monjalés de su serie La lucha.

Su serie Los hijos de España tiene el complemento idóneo del poema de Antonio Machado escrito sobre la pared, elegido por el propio Monjalés: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Las cerámicas de la última planta, con fragmentos de Gaudí y referencias picassianas, su serie de sellos, nuevas sombras (con los pífanos de Manet), las oraciones comparativas y las “Adveraciones taléticas” completan el recorrido. “Siempre he pensado que la función del ser humano es hacer algo significativo o denunciar algo”. Ahora está enfrascado en su serie botánica, como “apología de la conservación de la naturaleza”. De manera que Monjalés, lejos de regresar a Valencia a lomos de cierta nostalgia, sigue mirando el futuro con insistencia creativa. Su inquietud no encuentra límite alguno en retrospectivas por amplias que éstas sean.

Detalle de una de las obras de Monjalés.

Detalle de la obra de Monjalés ‘Los derechos humanos’, de su serie Los sellos.

Salva Torres