Hiperrealismo: imágenes en alta definición

Hiperrealismo 1967-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de enero de 2015

La muestra comienza con los fundadores del fotorrealismo norteamericano de los años 60 y 70, cuando la abstracción dominaba el horizonte artístico (cumpliéndose así una vez más ese movimiento pendular que parece inevitable entre los opuestos): John Baeder, Robert Bechtle, Chuck Close, Don Eddy, Ralph Goings, Richard Estes, John Kacere, Ron Kleemann o John Salt, para continuar con su internacionalización en las siguientes generaciones hasta la actualidad: Anthony Brunelli, Davis Cone, Robert Gniewek, Gus Heinze, Don Jacot, Ben Johnson, Yigal Ozeri, Raphaella Spence o Bernardo Torrens, entre otros.

Los primeros comparten con ese otro estilo característico de la década, el arte pop, el gusto por los motivos triviales y cotidianos: coches y motos relucientes, letreros luminosos, gasolineras, escaparates, el colorido artificial de los bares de carretera… Suelen ser primeros planos, con ese efecto borroso tan propio de la escasa profundidad de campo de las fotografías que utilizan como modelo.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque estos pintores utilizan la fotografía como instrumento para la pintura, con técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de mallas. El proceso que siguen es el de captar la realidad mediante la fotografía para luego copiarla en el lienzo hasta en sus mínimos detalles. Pintan con pistola a través de mallas copiando la foto celda por celda, o, si utilizan pincel, raspan la pintura para quitar su huella, para no dejar ninguna textura, ninguna materia, buscando que el cuadro se limite a reproducir el efecto de la pura ilusión fotográfica. De esta manera, el aumento del realismo (hiperrealismo) es en este caso la operación que surge de esta doble manipulación de la realidad, la cual queda como bajo un efecto de postal.

Está claro que es la realidad de los objetos, no del sujeto, lo que les interesa. Tal como les llega la imagen, la devuelven aumentada. En esa devolución, en esa copia, apenas van restos de subjetividad, ningún poso ni rastro alguno de la impresión o movimiento íntimo que ha podido suscitar en ellos. Es la realidad puramente visual, la imagen como pura imagen lo que les atrae de tal manera que cualquier filtración que no sea puro dato objetivo, queda eclipsado. Aquello que no sea imagen veraz, perfectamente reconocible, cualquier interferencia del sujeto, queda excluida.

Obra de Neffson en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Neffson en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al no haber respuesta del artista, ningún rastro de él en el cuadro a excepción de su extrema habilidad, se puede decir que este estilo es unidireccional, un viaje pictórico de sentido único.

Pero el caso es que si una obra de arte vive realmente es por la respuesta que el artista (y el espectador) dan a la realidad que les llega, y su valor está en proporción a la cantidad de interrogantes que suscita esa realidad. En el caso hiperrealista, la carencia de ida y venida, de viaje de doble sentido, es un deseo, una meta, que se consigue implacablemente.

Obra de John Kacere en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Kacere en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Llama la atención este delirio por la perfección, por la reproducción exacta, el énfasis en la precisión extrema y la minuciosidad. Hiperdefinición, exactitud, perfección, minuciosidad, son palabras extremas. Y por el hecho de serlas vienen de rebote las opuestas: vaguedad, imprecisión, improvisación, fantasía, imperfección… Parece como si lo humano fuera aquí tabú. Delirio de perfección, es decir, intolerancia del error, de la contradicción, de la sorpresa. El hiperrealismo tiene esta faceta de máquina. El hecho de querer que no exista el fallo, es decir que no haya intrusión de lo subjetivo, remarca este rasgo de reproducción androide.

La condición para este estilo es el virtuosismo, el dominio absoluto de la técnica. La obra no debe quedar fuera del control del autor. De esta manera se ejerce sobre ella absoluto poder, tanto que la obra queda amordazada, fija, tan exacta en su perfección como fría y cerrada. Todo ese virtuosismo, ese despliegue descomunal de talento y técnica, toda esa elocuencia, no evitan sin embargo que la pintura sea muda. Y es que hay que tener claro que lo que se pinta así no ha sido hecho para que el espectador vierta en la obra aquello que pueda completarla. Este sólo puede verla y dejarse asombrar por ella. Es perfecta, y su perfección es la conquista de su autor, como Pigmalión.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Pero la idea de una imagen hiperdefinida, acabada, perfectamente reconocible, es la utopía del gusto imitativo, que al no tener en cuenta la naturaleza fugaz de la imagen, su movimiento transitorio, comete el error de sobrevalorar una realidad que es sólo un estado entre otros muchos de la cosa representada. Por mucho que el hiperrealista se empeñe en lo contrario, las cosas siempre serán más y de otra manera que como las vemos o las pensamos.

En nuestro deseo de realismo para poder movernos con seguridad por el mundo, solemos tomar la idea por la cosa en una placentera ilusión de reconocimiento e inteligibilidad. Dicho con otras palabras, se suele caer en esta idealización de la imagen, de la apariencia, tomándola por lo real porque nos permite hacernos la ilusión de entender la realidad, el mundo que nos rodea y a nosotros mismos.

Obra de Raphaella Spence en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Raphaella Spence en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nos da un placer de complacencia narcisista. El pintor que se complace en el hiperrealismo de la representación goza de sí mismo a través del cuadro. Igual que el espectador que se complace en reconocerlo, en entenderlo. La obra se convierte así en pretexto para ese tipo de narcisismo que la inspira, pues se admira la habilidad del artista, su goce, y no el valor en sí mismo de la obra, es decir, en lo que esta tiene de disparadora de contenidos del sujeto.

Lo mismo pasa con el espectador que se complace en esta relación de espejos; lo que espera del arte es lo que espera de una cámara fotográfica en su gesto objetivador: que se ajuste al orden racional de las cosas, ese orden programado para que no falle el entendimiento con la imagen. Por eso el espectador ve satisfecha en la obra que reconoce y entiende, su propia complacencia. Es así que quiera verse por encima de la obra y hacerse dueño de ella. Quizá sea por esto tan del gusto de la mayoría y esté vigente siempre en el modo de mirar (y enjuiciar) la obra artística.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque a fin de cuentas parece que el arte va a padecer siempre esta confusión, la del enfrentamiento entre dos puntos de vista paralelos, condenados a no encontrarse nunca: por un lado, el artista-espectador que se mueve en la lógica de lo que es reconocible y entendible, y por otro el que, sintiendo la experiencia de otra lógica que quiebra todo lo conocido, no puede evitar moverse a tientas en ese vasto espacio de incertidumbre.

Obra de Don Eddy en la exposición sobre el Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Eddy en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Video de Néstor Navarro sobre la exposición:

Hiperrealismo Bellas Artes de Bilbao from Makma on Vimeo.

 

‘Cherry Pie’ y ‘Matka’, ganadoras en Cinema Jove

‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz: Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje
‘Matka’, de Lukas Ostalski: Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

El premio Luna de Valencia de la 29ª Edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove ha recaído en la película suiza Cherry Pie, de Lorenz Merz, según dio a conocer Rafael Maluenda, director del certamen valenciano. Una película “con momentos muy poéticos, con una apuesta formal muy rompedora”, según afirmó Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, miembro del Jurado de la Sección Oficial de Largometrajes. Por su parte, la Luna de Valencia al Mejor Cortometraje fue a parar a la película polaca Matka, de Lukas Ostalski, que a juicio del jurado es una historia contundente, muy bien rematada y muy bien interpretada.

Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, la suiza Christine Repond y la macedonia Teona Strugar Mitevska, directores de cine y miembros del jurado de la Sección Oficial de Largometrajes, han coincidido en destacar Cherry Pie porque crea una serie de atmósferas y sensaciones que la alejan de lo convencional. “La película juega más con la sugerencia que con la narración y, además, ha conseguido emocionar al jurado y que eso es lo más difícil en películas que también toman ese camino narrativo tan poco ortodoxo”, afirmó Chumilla-Carbajosa.

Lolita Chammah, en un fotograma de 'Cherry Pie', de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Lolita Chammah, en un fotograma de ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Cherry Pie, ópera prima del suizo Lorenz Merz, está interpretado por Lolita Chammah, Fionella y Orfeo Campanella, entre otros, y narra la historia de Zoé, una joven que quiere huir de sí misma. En su viaje hacia el norte se sube a un ferry, donde una misteriosa mujer desaparece de repente. Con un estilo austero y prácticamente sin diálogos, una cámara en mano le sigue a través de carreteras, gasolineras o estaciones de servicio. Se trata de un experimento muy arriesgado y totalmente independiente. Según su director Lorenz Merz: “Mi intención era hacer cine con las necesidades más básicas y sin presión. Un hombre, una cámara y una actriz, porque el modo en que miras las cosas es a menudo más importante que lo que estás mirando en sí”. El largo recibirá los 30.000 euros que otorga el premio para su distribución.

Fotograma de 'Matka, de Lukas Ostalski, Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Matka, de Lukas Ostalski, Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La directora Laura Pinto, la actriz Malena Alterio y el director Ferenc Cakó, jurados de la Sección Oficial de Cortometrajes, han destacado Matka por contar una historia valiente sobre la familia y las drogas. Una historia con un final contundente que te deja marcado. Matka, de Lucasz Ostalski, narra cómo Malgorzata -una reputada política- se dirige a su casa en el lago porque su hijo –drogadicto- necesita su ayuda. Malgorzata le pide apoyo a su hija. En casa encuentran al hijo semiinconsciente y el cuerpo destrozado de una joven. El cortometraje recibirá un premio valorado en 8.000 euros para el director del mismo.

Palmarés 29ª Edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove:

Luna de Valencia al Mejor Largometraje: ‘Cherry Pie’ (Lorenz Merz, Suiza, 2013).

Luna de Valencia al Mejor Cortometraje: ‘Matka’ (Lukasz Ostalski, Polonia, 2014). Mención Especial del Jurado de Largometrajes: ‘Obietnica’ (Anna Kazejak, Polonia, 2014).

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje documental: ‘La larme du bourreau’, de Layth Abdulamir.

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje de animación: ‘Nashorn im Galopp’, de Erik Schmitt.

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje de ficción: ‘O umbra de nor’, de Radu Jude.

Premio Pecera Estudio al cortometraje español con mejor sonido:

‘Subterráneo/Underground’, de Miguel A. Carmona, España, 2014

Premio Canal+ al mejor cortometraje: “’Boles’, de Spela Cadez.

Premio Grupo Pasarela Audiovisual al mejor director de cortometraje de producción valenciana, consistente en trabajos de iluminación: ‘Bikini’, de Óscar Bernacer.

‘Cherry Pie’: ver crítica en:

https://www.makma.net/cherry-pie-a-la-deriva/

Lolita Chammah, de espaldas, en un fotograma de 'Cherry Pie', de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Lolita Chammah, de espaldas, en un fotograma de ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje de Cinema Jove.