Jorge Ballester, a tiro limpio

Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 25. Valencia
Hasta el 1 de septiembre de 2019

Jorge Ballester, dicho por él, encauzó su mala leche a través del arte. Deslenguado y hemorrágico verbal, también según sus propias palabras, dedicó la mayor parte de su vida a desentrañar la realidad que vivía con pasión y dolor. Primero lo hizo en compañía de Joan Cardells, con quien fundó en 1966 Equipo Realidad. Y después, en solitario, recluido en el ámbito privado, harto (“yo soy hartista”, solía decir) del sistema del arte y de esa realidad política y social con la que nunca dejó de pugnar, siempre a tortas con ella, que es tanto como decir consigo mismo. He ahí el compromiso vinculado a la lucidez, aludidos por los comisarios Jaime Brihuega y Joan Dolç de la exposición antológica que le dedica Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

“Habitando el silencio o acompañado de sus fantasmas”, parafraseando a los propios comisarios, Ballester ha ido canalizando mediante su obra el malestar que supone vivir en la cultura, máxime cuando ésta resulta excesivamente opresiva. Con Equipo Realidad (equipo de dos, no exageremos), logró junto a Cardells ofrecer una visión crítica de esa realidad asfixiante que, para un espíritu libre como era el suyo, suponía el denominado tardofranquismo. Con la llegada de la democracia, esa opresión cedió para dejar paso a una posmodernidad que repudió por igual ya en solitario.

“Su compromiso se mantuvo indemne ante los cantos de sirena provenientes de los limbos de la condición posmoderna, que invitaban a abandonar los ideales que habían impulsado la creación más comprometida hasta finales de los setenta”, explican los comisarios en el folleto que acompaña a la exposición Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio, que permanecerá en Fundación Bancaja hasta el 1 de septiembre. Título que daría a pensar en dos etapas diferenciadas, pero que Brihuega vinculó entre sí por la “lucidez” que acompaña al artista en todo momento.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

La muestra, que cuenta con la colaboración de Bankia, reúne casi 100 obras fechadas entre 1965 y 2013, procedentes de la Fundación Bancaja, de los herederos del artista y de diversas instituciones públicas y privadas, entre las que se encuentra la Galería Punto, con la que Ballester mantuvo siempre una estrecha relación. Los condicionamientos del mercado le produjeron siempre una tensión propia de quien priorizaba el proceso creativo al resultado final: “Me gusta pintar, pero no soy pintor”, frase citada por los comisarios y que revela el pulso que en todo momento sostuvo entre su práctica artística y la realidad misma de la que se nutría.

Brihuega reveló un comentario que le hizo Ballester para explicar su necesidad de volver a tomar la escena pública, tras años de voluntario retiro: “Como las putas viejas quiero volver a follar”. No había dejado de hacerlo en privado, pero la democracia le había retraído, como apuntó Dolç, por entender que el sistema del arte se había pervertido. De ahí la lucha que mantiene con algunos iconos del arte, como Marcel Duchamp., cuyo famoso urinario llena de agujeros, a modo de metáfora del fusilamiento del cuadro que difuminó las fronteras entre lo que era y no era arte. “No se quiso integrar en esa feria de las vanidades”, subrayó Brihuega.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

La exposición está dividida en nueve bloques, que aluden al propio Equipo Realidad, a episodios de la Guerra Civil recreados mediante la manipulación de imágenes del fotoperiodismo, a los años de plomo del franquismo, a la experiencia cubista, a la identidad como artista, el dedicado al propio Duchamp, al ambiente de la lucha libre mexicana, al placer concupiscente y al periodo más íntimo de reclusión en su estudio. Esta etapa última de su vida fue la más pródiga y en la que pintar “se convirtió para él en una obsesión, en una terapia radical”, explican los comisarios. La muestra incluye una última obra inacabada que viene a inscribir en el carácter cubista, “el movimiento artístico que más le había atraído y que nunca había dejado de interesarle”, añaden Brihuega y Dolç.

Esperanza Ballester, hija del artista, recordó que se trataba de la primera exposición después de su fallecimiento en 2014, que se suma a las de La Nau en 2011 y Galería Punto en 2013, tras su regreso a la escena pública. Casi 100 obras “en su mayoría desconocida”, como “gran desconocido” era, para su hija, Jorge Ballester. “No sucumbió ante el devaneo estético”, dijo Brihuega, tras recordar la máxima de Nula estética sin ética, tan utilizada por Román de la Calle durante su dirección al frente del MuVIM.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Los imperialismos y dictaduras, la función del arte, los propios medios de comunicación o el consumismo son objeto de su mirada crítica, cuya lucidez rebasa los límites mismos del más estricto compromiso ideológico. Brihuega se refirió al cuadro Reina por un día, “semilla de los reality shows y cuya denuncia irónica sigue vigente”. Y Dolç, en su defensa del compromiso del artista, afirmó que “el arte intemporal no existe, se ha de entender en función de sus circunstancias”. Incluidas las del propio Jorge Ballester, que encontró en el arte su mejor válvula de escape.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Salva Torres

La narración como antídoto contra la ignorancia

Xats a la Fundació
Susan Orlean y Marta Robles
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán, 23. Valencia
Miércoles 27 de marzo de 2019

La escritora estadounidense Susan Orlean y la periodista española Marta Robles han mantenido un encuentro con motivo de su participación en la segunda sesión de Xats a la Fundació, ciclo organizado por los fundadores del festival VLC NEGRA y la Fundación Bancaja. El encuentro ha contado también con la participación de la responsable de Cultura de la Fundación Bancaja, Laura Campos, y el director de Xats, Jordi Llobregat.

Ambas escritoras y periodistas han debatido sobre ‘La maldición de la ignorancia’, intercambiando opiniones sobre la importancia del conocimiento y las consecuencias que conlleva su falta. Asimismo, profundizaron acerca del «poder que tiene la narración como antídoto al peligro de la ignorancia, y también en el importante rol que juegan los periodistas como embajadores de la curiosidad’’, apuntó Susan Orlean.

Marta Robles, por su parte, habló del novedoso formato de Xats a la Fundació, que pone en común a escritores y profesionales de otros ámbitos para debatir sobre temas de nuestro entorno: ‘’Este tipo de encuentros nos permite abordar cuestiones tangenciales al mundo de la cultura o la literatura y analizarlos desde diferentes visiones, contrastar puntos de vista y descubrir nuevos enfoques’’.

Susan Orlean y Marta Robles, en el centro de la mesa, durante el encuentro de Xats a la Fundació. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Susan Orlean y Marta Robles, en el centro de la mesa, durante el encuentro de Xats a la Fundació. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Susan Orlean (Cleveland, 1955) alcanzó la fama en 1998 con la obra ‘El ladrón de orquídeas’, publicado en España en 2001 por Anagrama y llevada al cine en 2002 bajo el título ‘Adaptation’. Trabaja para la revista The New Yorker desde 1982 y ha publicado artículos en Vogue, Rolling Stone, Esquire y Outside. Es doctora honoraria de la Universidad de Michigan desde 2012 y obtuvo una beca Guggenheim en 2014.  Su última novela, que acaba de ser publicada en nuestro país, es La Biblioteca en llamas (Temas de hoy, 2019), que narra un suceso extraordinario pero real: en 1986 tuvo lugar el mayor incendio de un edificio público de la historia de Estados unidos. Un suceso que pasó desapercibido porque coincidió con la catástrofe nuclear de Chernóbil.

Marta Robles (Madrid, 1963) cuenta con una extensa carrera a sus espaldas, que se inició en 1987: ha trabajado en radio, prensa escrita y televisión, tanto en programas de entretenimiento como en servicios informativos. Ha pasado por la Cadena Ser, Onda Cero y Punto Radio, Antena 3, Telecinco y Telemadrid y ha colaborado en Man, Woman, Panorama, Elle o la Vanguardia. Es cofundadora de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión, y ha recibido varios premios a la comunicación, como el TP de Oro en 1995 y la Antena de Oro en el 2000. Desde 1991 ha publicado catorce libros entre ficción y no ficción. Ha sido finalista del Premio Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón por A menos de cinco centímetros (Espasa, 2017). La mala suerte (Espasa, 2018) es su última novela.

Si en XATS #01 se habló de la ausencia de verdad a través del tema ‘Sobrevivir a la posverdad’, en el XATS #02 se ha querido denunciar la ausencia de conocimiento y las consecuencias que ello acarrea. Y para ello se aprovechó la temática de la última novela de Susan Orlean: el incendio de la biblioteca de Los Ángeles, que calcinó medio millón de libros y afectó a 700.000 más.

‘La maldición de la ignorancia’ se formula como una pregunta: ¿La cultura nos hace mejores? ¿Para qué sirven los libros? ¿Somos mejores por leerlos? Y si es así, ¿cuántos más leemos mejores somos? No existe una respuesta clara, pero parece que aquellos que desprecian las humanidades están condenados a repetir ciertos errores.

Susan Orlean (izda) y Marta Robles en los Xats a la Fundació. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja.

Susan Orlean (izda) y Marta Robles en Xats a la Fundació. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

En el encuentro entre ambas escritoras, se planteó la cultura como una trinchera en la que muchos se parapetan contra la barbarie. «El ser humano es capaz de lo peor: de matar y de perpetuar el mal en nuestro planeta, pero también ha sido capaz de crear leyes justas, de inventar historias que nos hacen mejores y de archivar el saber que ha acumulado desde el principio de los tiempos», aseguraron.

«Pero la cultura, o eso sentimos, está permanentemente amenazada: bien por los fanáticos, por los poderosos, por los que buscan como único objetivo su propio provecho. Vivimos un tiempo en el que la sobreabundancia de información no garantiza, ni mucho menos, el conocimiento. Porque muchos de esos mensajes van dirigidos, precisamente, a fomentar la ignorancia de una población que en muchas ocasiones no es capaz de discernir lo verdadero de lo falso», concluyeron.

La urdimbre de Paco Caparrós

El jardín de la naturaleza, de Paco Caparrós
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 23 Valencia
Hasta el 26 de mayo de 2019

“Naces y caes en la urdimbre”, dijo Paco Caparrós para referirse a la trama vegetal reflejada en sus paisajes. Una palabra que también utilizó José Luis Cueto, comisario de la exposición El jardín de la naturaleza, que hasta el 26 de mayo permanecerá en la Fundación Bancaja. Urdimbre que, a modo de trama, permite acercarse a la obra del artista sin caer en el abismo de esa otra naturaleza más desgarrada, más abierta en canal por los temblores de la tierra. Temblores que se perciben en la muestra de Caparrós, pero amortiguados precisamente por esa urdimbre de los bosques y paisajes a los que acude para limpiarse por dentro del trajín diario.

Cueto se refirió al título de la exposición como homenaje al fotógrafo Karl Blossfeldt y su libro El jardín maravilloso de la naturaleza publicado en 1932, al que despoja en este caso del adjetivo para centrarse en el sustantivo: “El jardín alude a la naturaleza, pero controlada y amable”. Sin embargo, fue el propio artista quien se encargó de agitar esa naturaleza en calma, apelando a la “urdimbre mental en la que vivimos todos los días”. De manera que el comisario introdujo la idea de otras “urdimbres más hostiles”, refiriéndose después a la “hojarasca” como “territorio denso” más “peyorativo”.

Una joven contempla una de las obras de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una joven contempla una de las obras de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

“Trato de neutralizar lo que es esa vida del trabajo, las empresas y las nóminas, con estas fotografías que son para mí el reencuentro con el yo interior”. De forma que Caparrós entiende así la naturaleza “como válvula de escape”, una mirada al paisaje “como equilibrio entre el yin y el yang”, los dos conceptos del taoísmo que representan a dos fuerzas opuestas. Los paisajes que Caparrós fotografía, para después manipular en la pantalla del ordenador, poseen esa doblez del tejido vegetal que encubre lo real de la naturaleza, al tiempo que entre sus “formas, sombras y ramajes” se vislumbra “lo terrible que todavía podemos soportar”, en expresión del poeta Rilke.

Por eso Caparrós, ante la pregunta de si le interesa más la belleza que los dramas de la naturaleza, no dude en contestar: “La belleza y el drama están unidos. La naturaleza es vida y es muerte”, en la que “hay momentos de belleza y de tristeza”. La belleza salta a la vista en las 34 fotografías que integran la exposición, ya sea en las arboledas sobre madera, las secuoyas en aluminio, las estructuras verticales sobre tela o metacrilato, o las emboscaduras sobre tablero. Y la tristeza se deja entrever allí donde la propia belleza anuncia un tiempo que languidece. “Siempre trabajo con el tiempo”, remarcó el artista.

“Estamos en espacios que nos anteceden y son intemporales”, apuntó Cueto, quien fue más lejos: “Nos emparentamos con los 30.000 ó 40.000 años del arte” y sus múltiples huellas depositadas a lo largo del tiempo. Caparrós diríase que rastrea esas huellas (“manipula las fotos de una manera casi biológica”, dijo del artista el comisario), con el fin de sentir la milenaria existencia que le diluye en un cosmos trascendente. “Es como entrar en otra dimensión”, destacó Cueto refiriéndose a cierta mística emparentada con la obra de Rothko.

Vista de la exposición de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

También aludió el comisario a la película Vértigo, de Alfred Hitchcock, y a la secuencia en la que Carlota Valdés (Kim Novak) desaparece tras una gran secuoya, como símbolo del tiempo que atesora su enorme tronco. La figura y el fondo: la urdimbre y el drama al que nos enfrentamos cuando se produce el desgarro de su trama. Caparrós se adentra en esa naturaleza para dar cuenta de su tejido, de la importancia que tiene para el ser humano la malla que nos protege del abismo. “Recuerda a las urdimbres de las sinapsis emocionales o los mapas de carretera. Es una amabilidad intemporal, a pesar del puro caos”, señaló el comisario, quien aludió al poeta visual Joan Brossa, cuando le dijo al músico Carles Santos: “Usted toca, pero qué más”.

Ese “qué más” es el que Cueto percibe en la obra de Paco Caparrós, siempre al acecho con sus fotografías de ese instante fugitivo que se pretende inmortal. “Utilizo el lenguaje de forma gráfica, mediante fotografías” que empezó a tomar con apenas cuatro años, por inspiración paterna. Fotografías que a juicio del comisario “amplían la experiencia de lo visible”, como el poeta amplía la percepción del mundo tras encontrar en las palabras nuevos sentidos.

“La vida es un proceso. Nada está acabado. El proceso se detiene ahí, en la exposición presentada”, señaló Caparrós, a quien el comisario siguió, refiriéndose a Picasso (“los cuadros no se terminan, se abandonan”) y a Borges (“publico para dejar de corregir”). Y, de nuevo, la urdimbre, cuando el artista aludió a ese “ruido continuo de nuestro alrededor”, que el tejido o malla de sus fotografías ayudan a mitigar: “Esta urdimbre es como un reencuentro con uno mismo, la serenidad”, concluyó. La belleza de sus paisajes conteniendo el drama de la vida que se cuela entre los ramajes.

Vista de la exposición de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Paco Caparrós. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

Andreu Alfaro, como nunca

Alfaro. Laboratorio de forma escultóricas
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 3 de febrero de 2019

“Esta es la exposición más ambiciosa que se ha presentado nunca, para dar a conocer al público ese aspecto experimental e íntimo de Alfaro”, a quien Tomás Llorens, comisario de la muestra junto a Boye Llorens, calificó como “uno de los más importantes escultores del siglo XX”. Las 89 piezas de que consta la exposición Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas, que la Fundación Bancaja acoge hasta el 3 de febrero de 2019, ilustran su larga trayectoria comprendida entre los años 1958 y 2000. Una trayectoria marcada por “su apertura” a la hora de “inventar continuamente nuevas formas y de experimentar con materiales”, destacó Llorens, para quien Andreu Alfaro (1929-2012) era un escultor de una imaginación inagotable.

La fascinación que profesó por el novelista y dramaturgo alemán Goethe puede servir para dibujar el perfil del propio Alfaro, según explicó Llorens: “Vio en él esa combinación entre instinto y razón, esa dicotomía tan marcada y tan fascinante, que le permitió reconocer algo que estaba en su propia personalidad”. Esa “curiosidad infinita”, agregó el comisario, la percibió igualmente “en Joan Fuster como trasunto de Goethe”. El considerado padre del romanticismo acuñó esta frase también reveladora de la trayectoria de Alfaro: “La vida pertenece a los vivos y el que vive debe estar preparado para los cambios”.

Vista de la exposición 'Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas' en Fundación Bancaja.

Vista de la exposición ‘Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas’ en Fundación Bancaja.

Cambios que constituyen otro de los rasgos definitorios del escultor valenciano. “Es un artista difícil de categorizar, de etiquetar, y, como se sale de ellas, los críticos, que suelen ser muy rutinarios, no pueden seguirle. Todos los virajes y exceso de creatividad a lo largo de su trabajo son difíciles de asimilar por la crítica”. Y Tomás Llorens fue enumerando, de forma pausada y exhaustiva, cada uno de esos cambios o virajes. “En su primera etapa, que coincide con el ecuador del franquismo, practica una experimentación formal, sintáctica, que enlaza con la tradición constructivista”.

Luego, a comienzos de los 60, Andreu Alfaro, siempre según el comisario, “da un giro en el que a la dimensión formal añade un componente de compromiso con la comunidad”. Y eso se manifiesta en sus “emblemas”, sintetizados en sus famosas generatrices o “superficies regladas conocidas en el ámbito de la ingeniería” y a las que Alfaro les otorga de una “expresión más elegante”. A partir de los 70, sus esculturas públicas eran muy aceptadas, “pero su imaginación iba mucho más allá”. De ahí que pasara “de la tradición abstracta del siglo XX” a preocuparse “por los antecedentes de la escultura europea, sobre todo el barroco”.

Boye Llorens, hijos de Andreu Alfaro, Rafael Alcón y Tomás Llorens. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Boye Llorens, Andrés y Anna Alfaro, Rafael Alcón y Tomás Llorens. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Es en ese momento cuando se interesa por el universo de Goethe, recogido en la exposición, al igual que su serie en torno al jazz y los ángeles, para concluir en el contra minimalismo de finales de los 80 y 90. ”Se hace escultor historicista”, ahondando en la “sencillez y simplicidad del arte moderno”, pero “recuperando la riqueza del pasado histórico”. Un nuevo viraje en su abracadabrante trayectoria que da lugar a otro estimulante cambio, el que va “del objeto contemplado a la escultura pensada para apoderarse del espectador, obligándole a participar de su propio juego mediante trucos de perspectiva”, explicó Llorens.

“Ahí llega la imaginación de Alfaro a su punto de máxima intensidad”, subrayó el comisario. Andrés Alfaro, hijo del escultor, reconoció haberse emocionado con el montaje de la exposición, porque sentía como si “estuviera controlada por mi padre, al haber captado su espíritu”. Espíritu cifrado en la disposición de las piezas, precisamente ubicadas “para ser visibles desde todos los ángulos”. Una visibilidad ampliada en la escultura Homenaje a Platón instalada frente a la fachada de la Fundación Bancaja, obra de gran formato que contrasta con las de menor tamaño del interior de la exposición, que completa el audiovisual Visión urbana de Alfaro, dirigido por Vicente Tamarit y producido por Mediterráneo Media Entertainment y Marben Media.

Esa dimensión mediana y pequeña de la muestra es la que evoca el Laboratorio de formas escultóricas del título. Una mirada íntima y cercana de la obra de Alfaro, que permite al espectador sumergirse en su taller, brevemente subrayado mediante una treintena de maquetas o bocetos experimentales realizados con materiales frágiles. Más de 40 años de trabajo caracterizados por esa imaginación desbordante de la que habló Llorens, causa de su necesidad perentoria de cambios. Cambios que responden “a una imperiosa creatividad, generosidad y entrega en su obra”, enfatizó el comisario.

Vista de la exposición 'Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas' en Fundación Bancaja.

Vista de la exposición ‘Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas’ en Fundación Bancaja.

Salva Torres

Disyuntivas poéticas en la sala Glorieta de Sagunto

Disyuntivas poéticas para pensar el presente
Colección d’Art Contemporani de la Generalitat Valenciana
Sala de Exposiciones Glorieta de la Fundación Bancaja
Plaza Cronista Chabret, 6. Sagunto (Valencia)
Hasta el 17 de febrero de 2019

La sala de exposiciones Glorieta de la Fundación Bancaja en Sagunto acoge la exposición ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’ compuesta por obras de la colección d’Art Contemporani de la Generalitat Valenciana. Organizada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana en colaboración con el Ayuntamiento de Sagunto y la Fundación Bancaja, la muestra está compuesta por 11 obras de los artistas Mar Arza, Tania Blanco, Bleda i Rosa, Teresa Cebrián, Maribel Doménech, Damià Jordà, Teresa Lanceta, Xisco Mensua, Xavier Monsalvatje, Ana Teresa Ortega y Mery Sales.

La Generalitat Valenciana adquirió el pasado año un total de 33 obras de artistas valencianos, en una primera fase de adquisición de obra, sin pautas generacionales ni restricciones temáticas que reflexionan entorno a diferentes cuestiones de nuestra sociedad más cercana.

Vista de la exposición

Vista de la exposición ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’. Imagen cortesía del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana.

El Consorci de Museus ha puesto en marcha una serie de ciclos expositivos compuestos por algunas de las obras que forman parte de la colección y que están visitando distintas poblaciones de Castelló, València y Alacant. Sagunto y Potries son las primeras ciudades en recibir estas exposiciones por ser Capital Cultural Valenciana (CCV), un sello otorgado por la Generalitat anualmente y que reconoce la apuesta realizada por estas ciudades por la cultura así como por la participación ciudadana.

La colección se podrá ver en dos muestras. Además de la exposición ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’, el Centro Cívico del Puerto de Sagunto acogerá en enero otra muestra compuesta por las obras de otros seis artistas, Art al Quadrat, Ernesto Casero, Hugo Martínez-Tormo, Jesús Rivera, Agustín Serisuelo y Nelo Vinuesa.

Una reflexión en torno a una posible reescritura de la historia centra la exposición que se podrá ver hasta el próximo 17 de febrero en Sagunto, mientras que la muestra en el Puerto ofrecerá una crítica al paisaje contemporáneo, un guiño a su pasado industrial y al estado de las cosas.

Vista de la exposición 'Disyuntivas poéticas para pensar el presente'. Imagen cortesía del Consorci de Museus.

Vista de la exposición ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’. Imagen cortesía del Consorci de Museus.

El director del Consorci de Museus, José Luis Pérez Pont, explicó que “esta colección constituye una herramienta para acercar los nuevos lenguajes contemporáneos a la ciudadanía al mismo tiempo que se genera un patrimonio que permitirá dejar un legado y una narración histórico artística de la creación actual para el futuro”.

Por su parte, el presidente de Fundación Bancaja, Rafael Alcón, destacó ‘’el atractivo contenido de la muestra y la importancia de colaborar con el Ayuntamiento y el Consorci en la promoción de la cultura como vía de desarrollo de nuestra sociedad y, en este caso, con el objetivo de proyectar todavía más la oferta y el atractivo cultural de Sagunto’’.

En ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’, el conjunto de obras que conforman la muestra de la sala de exposiciones Glorieta transciende su especificidad expresiva para golpear la esfera social en forma de tres grandes temáticas: reescrituras de la historia, redefiniciones de los códigos referenciales y nuevos canales de expresión. Un atrevimiento, que lejos de desequilibrar la contemporaneidad, pretende transformarla en encrucijada de reflexión necesaria.

Según la comisaria de la exposición, Aïda Antonino, “la exposición arranca a partir de la obra de Bleda i Rosa y su idea de revisitar lugares históricos a través de la mirada contemporánea y pensar en los diferentes relatos, rompiendo la dicotomía entre vencedores y vencidos, promoviendo una historia cultural de los hechos”.

Desde esta idea, la exposición va desgranando el resto de relatos que definen las obras de Tania Blanco, Mary Sales, Ana Teresa Ortega y Xisco Mensua vinculados a la memoria y a la reescritura de la historia; las piezas de Xavier Montsalvatje, Teresa Cebrián y Mar Arza en torno a los nuevos códigos del lenguaje y el empleo de nuevos canales de expresión en las obras de Damià Jordà, Maribel Doménech y Teresa Lanceta.

Vista de la exposición 'Disyuntivas poéticas para pensar el presente'. Imagen cortesía del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana.

Vista de la exposición ‘Disyuntivas poéticas para pensar el presente’. Imagen cortesía del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana.

«El arte no se entiende, se goza»

‘El suicidio de la pintura’, de Uiso Alemany
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 24 de febrero de 1019

Fue lo primero que hicieron todos: recordar a la que fuera ministra de Cultura socialista Carmen Alborch, fallecida el pasado martes 23 de octubre. “Es un día de dolorosa despedida”, señaló visiblemente emocionado Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja, durante la presentación de la muestra El suicidio de la pintura, de Uiso Alemany. “Fue una persona de coraje y autenticidad en muchos aspectos: cultural, intelectual, feminista. Aunque seguro que hubiera preferido, de estar aquí, no regodearse en lo funerario y melancólico”, subrayó Fernando Castro, comisario de la exposición. Exposición de un “artista visceral, singular, pequeño demonio de Tasmania que a veces la lía parda”, apuntó Castro.

Y ese pequeño demonio dio enseguida su primera dentellada: “Ahora que están aquí los medios tengo que decir que se utiliza con banalidad espantosa lo que es el arte y los artistas”. De los 8.000 millones de personas, calibró que habría un artista por cada dos o tres millones, lo que daba una cifra de apenas 4.000 “como mucho” en todo el mundo. Del arte dijo que era “un misterio” y, como tal, “muy difícil de describir”. Y del artista, que es “un bicho raro”, que trabaja “con las emociones y los sentimientos” y que las formas empleadas en sus obras vienen dadas por esa “extraña rareza”. Y fue dando pinceladas, más bien brochazos enérgicos, de esa inquietante convulsión interior que lleva a un artista a crear.

Una mujer ante una de las obras de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una mujer ante una de las obras de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

“No se trabaja desde el intelecto”, dijo, para señalar a continuación: “Es terrible enfrentarse a una tela en blanco”. Alemany la aborda “como el músico de jazz que improvisa”. Y añadió: “Voy descubriendo lo que hago. Pinto con mi mano derecha, que hace lo que le da la gana. Y me gusta más lo que hace la mano, que lo que piensa el cerebro”. Por eso aludió a continuación al misterio de esa creación inconsciente, alejada de la mente más racional: “El arte no se entiende, al igual que no se entiende una sinfonía. El arte se goza. No sé qué es”, reconoció rodeado de las 23 pinturas de gran formato y 160 dibujos de pequeño formato que integran El suicidio de la pintura.

Del suicidio se hizo cargo Fernando Castro, refiriéndose a Joan Miró y su proclamación en 1931 a favor del asesinato de la pintura, con matices por parte del comisario: “Se suicida la concepción tradicional de la pintura, porque ésta nunca muere ya que siempre tiene detrás una pulsión de deseo”. Pulsión y deseo enfrentados en la obra de Uiso Alemany, puesto que la visceralidad se impone a la ley del deseo que debería mitigar y canalizar tan exacerbado torrente de formas y colores. “Es un canto a la pintura que incluso suicidándose sigue viva”, apostilló Castro.

Alcón citó a Picasso para referirse a Alemany, que ha producido toda la obra de la exposición durante este año en su estudio de Sao Paulo en Brasil: “Cualquiera que sea la fuente de emoción que me impulsa a crear, quiero darle una forma que tenga alguna conexión con el mundo visible, incluso si es solo para hacer la guerra en ese mundo”. De nuevo el artista valenciano caracterizado como pintor belicoso, visceral, entregado a su obra con indomable pasión. “El artista es un perro salvaje, un lobo rabioso. Un indeseable, loco que muere rabiando”, proclama del artista el comisario en su escrito sobre la muestra.

De izda a dcha, Uiso Alemany, Rafael Alcón y Fernando Castro.

De izda a dcha, Uiso Alemany, Rafael Alcón y Fernando Castro.

“Si la obra no sorprende al artista tampoco sorprenderá al espectador”, afirmó Alemany. Sorpresa que se radicaliza en la instalación alegórica sobre el mundo del arte que figura en la entrada misma de la exposición. “Es una pieza sobre superficie especular, con una serie de borregos que acompañan a tipos con sombrero”, que el comisario vinculó al esperpento de Valle Inclán, y en la que “te ves tú reflejado en el aborregamiento” que alude al “mundillo del arte”. El misterio de la obra de arte en este caso diluido por tan explícita referencia, contraria a la definición que luego ofreció el propio Castro: “El arte no es la ilustración de unos conceptos asimilados”. Y volvió a la pieza especular: “Crees que eres muy racional, pero en el fondo eres un borrego más”.

El suicidio de la pintura está atravesado de formas vinculadas con ese reino animal del que procedemos (“también el animal que somos”, puntualizó Castro), con presencia del cuerpo y del erotismo, de rostros, de muros y cerramientos carcelarios, en torno a una pintura “como juego lúdico, que va más allá del cubismo y de la pintura convencional”, y que incluso “te lleva a desbordar los conceptos asimilados”. Fernando Castro también alude al carácter “indisciplinado” del artista, que “desmantela la pintura, sin dejar nunca de lado su gran preocupación por las formas”.

Vista de la gran pieza que abre la exposición de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Vista de la gran pieza que abre la exposición de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

EL NEOPICTORIALISMO DE JOSÉ MANUEL BALLESTER

‘Bosques de luz’ de José Manuel Ballester
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán 23, Valencia
Hasta el 23 de septiembre de 2018

Hasta la segunda decena del mes la aclamada fotografía pictórica del apremiado José Ballester se hace hueco en la Fundación Bancaja con ‘Bosques de luz’, una exposición comisariada por María de Corral y Lorena Martínez de Corral que plasma por medio de 21 obras la última década del artista madrileño a través del estudio del tiempo, la luz y el espacio; y como estos, en palabras de las mismas comisarias, “son testigos para justificar, registrar, matizar e interrogar la actualidad y el progreso”.

Fotografía del artista José Manuel Ballester, las comisarias María de Corral y Lorena Martínez de Corral, y el Presidente de la Fundación Bancaja Rafael Alcón. Imagen cedida por la revista 'Valencia City'.

Fotografía del artista José Manuel Ballester, las comisarias María de Corral y Lorena Martínez de Corral, y el Presidente de la Fundación Bancaja Rafael Alcón. Imagen cedida por la revista ‘Valencia City’.

‘Bosques de luz’ se dispone a través de temas tan utilizados y demandados como son el paisaje y los museos, además de una singular sección llamada “Los espacios ocultos”, donde presenta una relectura, libre de personajes, de la obra maestra renacentista ‘La Anunciación’ de Fray Angelico. Tal como señala María de Corral, “Ballester toma el espacio del Renacimiento para enseñarlo junto con el espacio actual” y, de esta forma, el artista despoja a la pieza de su historia y la vuelve a imprimir sobre lienzo para darle a la espacialidad un nuevo carácter teórico.

'Lugares para una Anunciación' de José Manuel Ballester. Imagen cortesía de la revista 'Economía 3'.

‘Lugares para una Anunciación’ de José Manuel Ballester. Imagen cortesía de la revista ‘Economía 3’.

Las obras paisajísticas destacan por temas urbanísticos, así como por la naturaleza y lo industrial, que se combinan entre sí capturando la geografía desde el corazón edificado de Asia, la gran China, hasta el salvaje e inhóspito pulmón amazónico brasileño, pasando por la progresiva industrialización que separa ambos planos, donde el propio artista destaca la mirada dual, pasada y futura, desde la que poder contemplarlas. De esta forma Ballester plasma la relación encontrada entre lo natural y lo artificial, al igual que entre la fotografía y la pintura, para presentarnos el choque de la experiencia urbana que confronta al individuo junto con la globalización.

De igual modo, los museos, presentados por medio de una serie de complejas fotografías, sitúan el espacio y la luz como los grandes protagonistas de estas, invitándonos a vaciar nuestros museos reales y memorísticos para plantear nuevos enfoques que sean capaces de abordar nuestro pasado y futuro. Además, Ballester incide sobre la idea de que ningún espacio es capaz de contener la auténtica esencia de la cultura, pues solo simbolizan una selección fragmentada y descontextualizada de esta que necesariamente ha de ser revisada para el desarrollo de nuevos planteamientos acordes con el tipo de sociedad y tecnologías actuales.

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Museo Arqueológico Nacional 18. Fotografía realizada por el propio artista.

Al igual que en el anterior apartado, la totalidad de la exposición queda singularizada por los grandes formatos y la carente presencia humana. Pues el artista, al parecer, siente una gran predilección por esos lugares abandonados, ocultos o derruidos donde la presencia directa se hace a un lado para destacar esa progresiva y desapercibida belleza camuflada de devenir y marginalidad. Todo gracias a un laborioso proceso que abarca desde el previo y minucioso estudio de documentación, composición y captura de la imagen, hasta la modificación e impresión digital directa que refuerza las texturas y colores por medio de novedosos soportes como son las cajas de luz, el metacrilato o el dibond.

Vista en altura desde la Ópera de Garnier. Obra llamada 'París desde Garnier'. Fotografía capturada por José Manuel Ballester.

Vista en altura desde la Ópera de Garnier. Obra llamada ‘París desde Garnier’. Fotografía capturada por José Manuel Ballester.

Los recursos visuales empleados por el artista en esta muestra cambian la posición del espectador frente al mundo exterior y frente a su propia memoria, lo confrontan metafóricamente frente a una realidad embellecida pero desolada, como espejo del recuerdo pasado y el momento venidero.

De la misma forma, el artista resume su obra en un intento de recoger todo lo que le ofrece la tecnología. Esta puesta en escena no trata solo de mostrarnos una estética directa, sino una representación de un nuevo arte que combina tradición y vanguardia por medio de fotografía digital y pintura. Tal como señala el propio Ballester: “Cuando comencé a estudiar el mundo de la fotografía digital descubrí el alejamiento que suponía la fotografía analógica respecto de la pintura. Con el nacimiento de la fotografía digital y sus posibilidades de manipulación, se producía un reencuentro con la forma de entender el proceso creativo muy afín a los procedimientos plásticos hasta ahora conocidos. Esta gran afinidad es la que ha creado un movimiento muy fuerte que me gusta nombrar «período neopictorialista»».

Imagen de.José Manuel Ballester, Premio Nacional en Fotografía, en la inauguración 'Bosques de luz'  en la Fundación Bancaja. Imagen de Irene Marsi.

Imagen de.José Manuel Ballester, Premio Nacional en Fotografía, en la inauguración ‘Bosques de luz’ en la Fundación Bancaja. Imagen de Irene Marsi.

Cristian Torada

Concluye la escuela de verano Aula de Artes

Aula de Artes
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, Valencia
Julio de 2018

El pasado 27 de Julio de 2018 concluyó la escuela de verano Aula de Artes realizada en la Fundación Bancaja junto a Cruz Roja y el Espai Obert. Aula de Artes es un proyecto de integración social a través de la Terapia del Arte, con ella se ayuda a los pequeños a saber transmitir sus emociones y sentimientos.La escuela de verano es un espacio lúdico que permite a los niños evadirse y conocer nuevos entornos enfocados en el arte, fomentando el aprendizaje y la comunicación a través de las distintas disciplinas. El surrealismo, la abstracción, el arts&crafts y el arte povera son la vía que conecta la expresión de los pequeños con sus manos, creadoras de lo que sienten.

El estado de ánimo, sus vivencias, etc., quedan reflejados en su arte, siendo una vía de escape a través de la expresión artística. Esta liberación supone un soplo de aire fresco dentro de su día a día, comprendiendo, así, que existen otras formas de amar, sentir y compartir. La originalidad que demuestran los pequeños es desbordante y la forma con la que transmiten sus cavilaciones muestra que de niños todos somos artistas.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

La vía que toma la escuela de verano para que comprendan el arte contemporáneo es la práctica y no la teoría. Los conceptos, aunque complejos, son aprendidos a partir de la técnica junto a la utilización materiales reciclados. La facilidad con la que asimilan estilos tan complejos como el surrealismo o la abstracción es impresionante, hecho que pude observar durante la sesión sobre el arte povera.

Dimitris Tzikopoulos fue el artista elegido para esta sesión. Natural de Grecia y afincado en la Comunidad Valenciana, practica la escultura y el land art, analizando, a partir de estas disciplinas, la estructura social y los individuos junto a nociones como el equilibrio-desequilibrio, fuerzas conflictivas, gestos-impresiones y espacio negativo-positivo. En esta ocasión, utilizó el arte povera, una disciplina que utiliza elementos reciclados y de fácil obtención, surgido a finales de la década de 1960.

Dimitris enfoca el arte povera en torno al tema de la escuela y cómo las niñas y los niños la perciben. El objetivo marcado era deconstruir la escuela, formando una nueva a través de la expresión artística, basándose en un concepto esencial: aprender es más importante que estudiar. Los pequeños realizaron desde futbolines, cohetes, coches e incluso una performance que trataba a la escuela como una cárcel, representada por un par de niñas, todo ello con objetos reciclados.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

La conclusión que quedó sobre la percepción que tienen sobre la escuela fue más que negativa. No existe ningún elemento positivo dentro de sus creaciones, sino frustración, tristeza y atadura, elementos que no compaginan con la infancia. Las aulas son una prisión más que un lugar de aprendizaje y convivencia y la presión de los deberes y notas no ayuda. En cambio, en la Aula de Artes se observa todo lo contrario, los niños pasan la mayoría de tiempo sonriendo, compartiendo y, sobre todo, divirtiéndose. Aula de Artes tiene como bandera las palabras libertad, límite y amor.

La ayuda que supone esta escuela de verano para los niños es crucial y, dicho por ellos mismos, les cambia vida. A título personal, creo que se debería de incentivar más este tipo de escuelas de verano donde se desarrolle la capacidad creativa de los niños. En cuanto al sistema escolar, creo que ha quedado demostrado que los deberes y las clases teóricas han quedado más que desfasadas y hay que promover un sistema más práctico donde se desarrollen todas las capacidades, incluidas las artes, que andan algo abandonadas.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

Cuerpos, paisajes, fluidos, de Miquel Navarro

Miquel Navarro. Fluidos
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 11 de noviembre de 2018

Fundación Bancaja presenta la exposición Miquel Navarro. Fluidos, que ofrece un recorrido por más de cuarenta años del trabajo del artista valenciano a través de un conjunto de obras (esculturas, pinturas, dibujos y fotografías) datadas entre 1976 y 2018. Comisariada por Lola Durán Úcar, la exposición se estructura en torno a dos de los elementos más representativos en la obra de Miquel Navarro: por un lado, la ciudad o, de modo más amplio, el paisaje, y por otro, el cuerpo humano.  Otras piezas sobre papel muestran los elementos más líricos, sensuales y sexuales: cuerpos predominantemente masculinos, aunque también femeninos, en los que se plasma el deseo, el ser interior del artista, tanto de forma metafórica como directa.

La muestra está integrada por 73 obras procedentes de las colecciones del artista, de la Fundación Bancaja y de la Fundación Caja Mediterráneo. Destacan cuatro instalaciones de sus ciudades o paisajes que se extienden de forma horizontal y en las que aparecen elementos verticales como símbolos de poder: La Ciutat (1984-1985), Espacio de batalla (2000-2001), Marjal (2017-2018) y Ciudad de las torres (2018). A modo de tótems se presentan sus Figuras para la batalla, esculturas -algunas de más de tres metros de altura- realizadas con aluminio marino macizo, poderosas, firmes, amenazadoras y al mismo tiempo protectoras, en esa dualidad que es propia de la obra del escultor. Junto a ellas, un conjunto de esculturas de menor formato ejecutadas en barro, cinc o aluminio, que se muestran como el laboratorio de creación y experimentación que es el estudio del pintor.

La obra bidimensional está representada por un importante conjunto de acuarelas, dibujos y fotografías. Las obras sobre papel permiten al artista la transcripción directa del pensamiento. Las acuarelas o los dibujos son creaciones inmediatas frente a la lentitud del proceso escultórico. En ellos manifiesta además su deseo y su sexualidad más abierta. Una serie de fotografías reproducen algunas de sus obras monumentales, esculturas ubicadas en el espacio público y que le procuran una gran dimensión social.La exposición incluye también la proyección de dos películas realizadas por Miquel Navarro: Mineral y Fuerte como el opio.

La exposición presenta al público obra inédita de Miquel Navarro, entre la que destacan, las instalaciones Ciudad de las torres (2018) y Marjal (2017-2018); las esculturas Casco de avispa (2012), o Campo rojo (2016); gran parte de las fotografías, una faceta del artista que se ha expuesto menos al público, tanto sus fotografías de esculturas realizadas en el espacio público, como las que pertenecen al mundo íntimo; y un conjunto de  serigrafías en las que el deseo y el sexo se muestra de forma real y tangible.

Miquel Navarro

Obra de Miquel Navarro. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

La fiesta del V Aniversario Makma, en imágenes

MAKMA V Aniversario
Fiesta de celebración en el MuVIM
Presentación de la revista en papel
Con las actuaciones de Lucía Peiró, Petit Mal y Dj Paco Plaza
Viernes 29 de junio de 2018

Desde MAKMA queremos dar las gracias a todos los que vinisteis a festejar con nosotros un día tan especial y que sirvió para recordarnos el cariño y la fe depositada en un proyecto cultural que, con vuestra presencia, demostró estar más que justificado. Ya lo hicimos durante el acto de celebración, pero reiteramos igualmente las gracias a cuantos habéis contribuido con vuestros textos e imágenes a dotar de enjundia a la revista en papel que por primera vez editamos y, quién sabe, pueda ser el embrión de futuros números. Gracias, pues, a Antonio Ariño, Aberto Adsuara, Marc Borràs, Juanjo Mestre, Pedro del Corral, Ximo Rochera, Marisa Giménez, Pepe Romero, Javier Valenzuela, Felicia Puerta, Juan Carlos Garés, Meritxell Barberá, Jesús García Cívico, Andrés Herraiz, Juan Uslé, Vicky Civera, Xisco Mensua, Nacho López, Garson, Estefanía Martín, Cristina Ramírez, Marta Beltrán, José Luis Cueto, Rosa Torres, Carlos Domingo, Pepe Morea, Paco Caparrós, Toni Cordero, Graham Bell, Familia Berlanga, Fernando Ruiz, Jose Cuéllar, Biel Aliño y Pedro Hernández.

Y al MuVIM que nos acogió, dándonos todo tipo de facilidades para que nos sintiéramos cómodos. Lo consiguieron sobradamente. También a todos cuantos durante estos cinco años han colaborado con nosotros y, muy especialmente, a quienes empezaron la andadura a nuestro lado como socios: José Luis Pérez Pont, ahora al frente de la dirección del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana, e Ismael Chappaz y Juanma Menero, responsables de la galería Espai Tactel. Igualmente a Miguel Gregori y Jose Antonio Campoy por su excelente trabajo en la edición web y gráfica. Y a Jorge Seguí, por ayudarnos a resolver todos los trámites administrativos que han ido surgiendo durante todo este tiempo.

Y, por supuesto, a las instituciones públicas y privadas que han hecho posible la revista en papel, en una coyuntura siempre difícil para la edición física. De manera que gracias al IVAM, al ECA de Riba-roja, a la Fundación Aisge, a Fundación Bancaja, Fundación Cañada Blanch, a la Mutant, de nuevo al MuVIM, al Palau de la Música, a la galería Shiras, a la Universitat Politècnica de Valencia y a la Universitat de València. También a la imprenta Imag por haber trabajado a contrarreloj para que la revista haya llegado a tiempo y, mención aparte, de nuevo a Ismael Chappaz y Juanma Menero (Espai Tactel) por el fabuloso diseño y la paciencia que han tenido a la hora de sortear los imponderables que han ido surgiendo.

Gracias a todos.

A continuación dejamos una galería de imágenes de la fiesta para que la sigáis disfrutando, mientras vamos trabajando para que el proyecto continúe con esta vitalidad, que nos la dais todos vosotros, al menos otros cinco años.

V Aniversario Makma