Sade y sus mujeres

Les dones de Sade, por Pep Sanchis
Assaig Grup de Teatre de la Universitat de València
Sala Matilde Salvador de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Del 9 al 11 de marzo, 2016, a las 19.30h

ASSAIG (Grup de Teatre de la Universitat de València) presenta la reposición de ‘Les dones de Sade’ hasta el 11 de marzo, en la Sala Matilde Salvador de La Nau. El montaje se enmarca dentro de la programación teatral de la Universitat, en conmemoración del 25 aniversario del grupo y de las actividades organizadas con motivo de la Semana de la Mujer.

Dirigido por Pep Sanchis, el espectáculo se estrenó en 1997 y representa uno de los grandes hitos en la historia de ASSAIG. Este montaje ha sido reconocido con premios, como el concurso de Teatre Vila de Mislata y con una gira que recorrió varias ciudades españolas, con presencia en grandes citas teatrales, como por ejemplo el Grec Festival de Barcelona. ‘Les dones de Sade’ vuelve a escena 19 años después con la participación de dos de las actrices de la representación original en la dirección y el reparto.

Escena de 'Les dones de Sade', de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

La obra, una versión libre de la obra ‘Madame de Sade’, de Yukio Mishima, está protagonizada por seis mujeres, seis representaciones del Marqués de Sade, seis formas de entender las relaciones humanas y sociales en la Francia de finales del siglo XVIII.

Cada una vive una relación diferente con el Marqués y, en un texto cargado de sentimientos y pasiones, se enfrentan al amor puro, la hipocresía, el odio, la injusticia, la frivolidad, la barbarie, la ternura, la inocencia y la corrupción.

ASSAIG, creado en 1990 para representar a la Universitat de València dentro de las artes escénicas, se ha convertido en una de las agrupaciones teatrales más importantes de la escena universitaria española. Junto con ‘Les dones de Sade’, el grupo celebra su 25 aniversario con la reposición de tres de sus espectáculos más representativos: ‘Per Sant Lluc, ‘El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia’ y ‘Parelles de fet’, escogidos por haber supuesto puntos de inflexión en la trayectoria de la formación.

Antes de la representación del próximo viernes día 11, tendrá lugar un foro en torno a la obra, a las 18.00 horas, en las Aulas Seminario del Centre Cultural La Nau, de acceso gratuito hasta completar el aforo.

Escena de Les dones de Sade, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Factoría Rambleta, el entretenimiento en serio

Factoría Rambleta
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Juanma López Iturriaga
Miércoles 30 de septiembre, a las 20.00h

Hay dos tópicos que Espai Rambleta quiere romper. Uno tiene que ver con el entretenimiento, generalmente asociado al escapismo, la banalidad o la risa tonta. Y el otro se refiere a la cultura, igualmente ligada al ocio frívolo y de dudosa rentabilidad. Con Factoría Rambleta, el contenedor cultural inaugurado el pasado mes de marzo con el modista Lorenzo Caprile, pretenden quebrar, hacer saltar por los aires, ambos tópicos. Y, por lo explicado durante su presentación en la Fnac, parecen haberlo conseguido.

“Queremos llevar a Rambleta el talento para que Valencia sea una ciudad menos áspera, más confortable y más bonita”, lanzó Mariola Cubells, directora de Relaciones Externas de Espai Rambleta. Talento pensado para que los ciudadanos “sean más sabios, más felices”, apostilló. Felicidad y sapiencia que, a su juicio, pueden estar ligados: “La divulgación y el conocimiento pueden ser entretenidos”. Así lo ha entendido el público que desde el arranque de la factoría ha recibido con entusiasmo un espacio cultural por el que ya han pasado, además de Caprile, Jordi Évole, Santiago Auserón, Antonio Muñoz Molina o Elvira Lindo.

Juanma López Iturriaga inaugura la nueva temporada de Factoría Rambleta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Juanma López Iturriaga inaugura la nueva temporada de Factoría Rambleta. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Ahora les toca el turno a Juanma López Iturriaga, con el que arranca la nueva temporada (30 de septiembre), y Javier Mariscal. Vicent Molins, responsable de la factoría, consideró que, tras “la serie de programas piloto” con la que se empezó “tímidamente”, el éxito de público “ha confirmado que se pueden hacer más y durante mucho tiempo”. Vamos, que el entretenimiento de Factoría Rambleta va en serio. Y el rumbo de crucero que parece tomar la iniciativa de traducir el conocimiento en felicidad se debe “al apoyo de la sociedad civil”, destacó Cubells.

Es ese apoyo de las entidades empresariales y otros organismos privados el que viene a romper el tópico de la cultura como gran ocio y triste negocio. Tanto es así, que la propia Mariola Cubells entendió ese apoyo como una “apertura, una sensibilidad nueva hacia la cultura por parte de las empresas privadas”. Empresas como La Caixa o Caixa Popular que, lejos de apoyar la iniciativa pensando en el simple retorno económico de su aportación, “reciben a cambio felicidad; suena naif, pero es así”.

Que “el entretenimiento es compatible con el conocimiento” (Molins) o que “la cultura es un vehículo para la felicidad” (Cubells) es lo que esas empresas han entendido, quizás debido al azote de la crisis, cuyo látigo aún resuena. Animados por ese apoyo y ese cambio de sensibilidad, los responsables de Espai Rambleta refuerzan su apuesta por ese conocimiento entretenido abriendo nuevos epígrafes dentro de esa factoría. Además de ‘Sabios en Rambleta’ y ‘Por los otros’, tienen pensado dedicar espacio a la ciencia o la gastronomía, con nombres todavía por concretar, al tiempo que se pondrán en marcha una serie de desayunos en los que determinados maestros dialoguen con jóvenes aprendices.

Uno de los objetivos de Factoría Rambleta es divulgar todo ese talento desparramado en diferentes áreas de la cultura, para “escuchar historias que hacen avanzar el mundo” (Cubells). Historias que repicando en Valencia evoquen esa felicidad aludida a través del conocimiento. “Hay mucha sensibilidad y talento en esta ciudad”, concluyó Mariola Cubells. La factoría ya está pensada para que funcione a pleno rendimiento.

Mariola Cubells y Vicent Molins en la presentación de Factoría Rambleta en la FNAC de Valencia. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Mariola Cubells y Vicent Molins en la presentación de Factoría Rambleta en la FNAC de Valencia. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Salva Torres

Oltra y Carmena ya son objeto artístico

Exposición colectiva
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de agosto

Mónica Oltra y Manuela Carmena, recién alcanzado el poder en Valencia y Madrid, ya se codean con grandes monarcas. Al menos en la galería Alba Cabrera, donde Javier Marisco las incluye en su serie de ilustres personajes bajo el título de M Onarchy. Ejerciendo el papel de los antiguos pintores de corte (Velázquez, Rubens o Goya), Marisco superpone imágenes para construir mediante dispositivo LED retratos poliédricos de reyes y reinas de once monarquías. Oltra y Carmena se cuelan entre ellas, como representantes del poder plebeyo.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Se trata de “dibujos sueltos” sobre metacrilato, realizados a partir de “imágenes de revistas” como “reflejo de personajes públicos”. Con un estilo de línea de calco y en papel cuché, Marisco superpone en una misma imagen tres generaciones dinásticas que, en el caso de España, representarían la Reina Sofía, Doña Letizia y su hija Leonor. También ilustra las líneas sucesorias de Inglaterra, Holanda, Bélgica o el “presidencialismo eterno” de Corea del Norte. “Me apetecía ponerme en la situación de aquellos pintores de la corte”. De hecho, en una de las obras aparece él mismo retratado igualmente por triplicado.

Más que una crítica a la monarquía (“aunque los dibujos sean frívolos”), a Marisco le interesaba el rastro pictórico de quien realiza su trabajo por encargo del poder, en tiempos siempre difíciles para el artista que intenta avanzar por libre. La galería Alba Cabrera acoge, además de la obra de Javier Marisco, la de otros seis artistas, cuyas obras poseen un mismo trasfondo crítico, siempre supeditado a cierta visión poética de la realidad. Como son los casos de María Albero-Maestre y CoRTarcabezas (Toño FM y Raúl Lago).

Obra de María Albero.

Obra de María Albero-Maestre en la exposición colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Bajo el título de Coordenadas de ausencia, Albero-Maestre se sirve de diferentes tejidos y de hojas que encuentra por las montañas de Biar, su pueblo natal, para hablar del dolor que provoca la pérdida de seres queridos. “La gente me dice que la obra es alegre y yo no la veo así”. Los colores otoñales, siendo amables, remiten precisamente a ese ocaso estacional de la luz que poco a poco se esconde y desaparece. Materiales orgánicos que aluden a su vez al trabajo del bordado caracterizado como femenino. “Lo hacían mujeres que para nada eran frágiles”. Esa fragilidad sin duda resistente es la que Albero-Maestre muestra en Alba Cabrera como “expresión visual de lo que no alcanza a decir las palabras”. En suma: “Apelo a la emoción”.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Toño FM afirma que lo de CoRTarcabezas, nombre con el que se presentan él y Raúl Lago, “no está planteado como algo violento”. De hecho, la utilización del infinitivo conecta, según su comisaria Ania González, “con la acción viva del lenguaje, que recorta y monta para construir diversos significados”. A la manera de Josep Renau o Martha Rossler (recién expuestos en el IVAM), CoRTarcabezas utiliza la técnica del collage para criticar aspectos denigrantes de la realidad mediantes contrastes de imágenes de gran potencia visual. “Son paradojas del mundo contemporáneo”, subraya Toño.

La exposición colectiva que hasta mediados de septiembre permanecerá en Alba Cabrera la completan los trabajos de Lourdes Fisa, Jacinto Moros, Marga García Polanco y Carmen Baena. Mónica Oltra, invitada al pase de prensa, todavía tiene tiempo de contemplar el que quizás sea su primer retrato público en el marco de una singular muestra de jóvenes artistas.

Salva Torres

Juan Eslava: “Hitler era un holgazán”

La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos
Juan Eslava Galán
Editorial Planeta

Una inmensa biografía, cientos de películas y novelas, estremecedores documentales. ¿Queda todavía algo por descubrir de la Segunda Guerra Mundial? El último libro de Juan Eslava Galán responde afirmativamente a esta pregunta. Con su inconfundible estilo desenfadado y desmitificador ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’ reúne 158 episodios increíbles, inéditos, insólitos, rocambolescos y surrealistas. La letra pequeña de la historia que abarca lo mejor y peor del ser humano desde el heroísmo y la ternura a la más vil abyección.

Juan Eslava Galán. Imagen cortesía de Planeta.

Juan Eslava Galán. Imagen cortesía de Planeta.

“No, no me preocupa que me acusen de frivolizar un tema trágico”, asegura. “Se puede usar el humor y la ironía para contarlo todo. Es la marca de la casa ya que he escrito otras tres historias para escépticos: la del mundo, la de la guerra civil española y la Primera Mundial. Todas ellas están dirigidas a personas que no acaban de creerse la historia tal cómo se cuenta en las versiones oficiales”.

A la vista del volumen de 750 páginas ilustradas con imágenes de las que no se encuentran en Internet es lógico pensar que el autor ha necesitado años de trabajo. No es así. Eslava Galán lo escribió en el tiempo récord de seis meses. “No necesité documentarme, sólo confirmar algunos datos”, afirma. “Desde que tengo uso de razón me ha interesado mucho la historia, especialmente las dos guerras mundiales y la civil española. He visitado muchos campos de batalla y museos militares, mientras acopiaba información e imágenes de estas contiendas”.

El gato y la bailarina

Los alemanes lo llamaban Klaus, los ingleses Oscar y los americanos Sam. El gato de los tres ejércitos y los tres nombres y de las 7.000 vidas. Sobrevivió al hundimiento del Bismarck donde ejercía de mascota. De los 2.200 tripulantes sólo se salvaron 114, 115 si se incluye al gato rescatado por un barco de guerra que cinco meses después fue hundido por un torpedo. El gato se salvó de nuevo y pasó a formar parte del equipo de un portaaviones, uno de los que acabó con el Bismarck, que a los 20 días acabó en el fondo del océano. Un equipo de socorro rescató a Sam flotando en una canasta y fue recibido como héroe por el mismo Churchill, que le concedió, no una medalla pero sí un tranquilo retiro en una residencia de marinos de Belfast donde vivió por fin en paz once largos años.

En contraste con la increíble y tierna historia del gato, la tremebunda de una bailarina judía polaca que improvisó un strip tease cuando la obligaron a desnudarse antes de pasar a la cámara de gas. Aprovechando el desconcierto de los soldados, arrebató la pistola a uno de ellos y mató a un par de sus verdugos.

Imagen del Submarino U-1206 referido en el libro de Juan Eslava 'La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos'.

Imagen del Submarino U-1206 referido en el libro de Juan Eslava ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’.

Como ejemplo de la obsesión tecnológica y a veces algo excesiva de los alemanes, Eslava Galán relata la peripecia del U-1.206, un submarino ultramoderno que debido precisamente a su sofisticación técnica se hundió al final de la guerra cuando su capitán tiró de la cadena del retrete. Una auténtica cagada germánica.

Eslava Galán dedica varios capítulos a la figura siniestra de Hitler y sus infames secuaces, desde su ascenso al poder a su anómala vida amorosa.

“Hitler era un tipo bastante vago”, comenta. “Hasta los 30 años no tuvo oficio ni beneficio estable, y se sabe que acudió a comedores sociales y albergues para pobres. Cuando empezó la  guerra se vio obligado a trabajar, se empeñó en dirigirla sin tener estudios militares y cometió bastantes fallos que fueron providenciales. Pensar en la posibilidad de que hubiera ganado es espeluznante”.

Los ingleses aportaron la determinación, los americanos los dólares y los materiales y los rusos la sangre. Con esta frase resume Eslava Galán la aportación de los respectivos aliados. “Sin los rusos la victoria hubiera sido imposible”, señala.

Portada de un libro anterior de Juan Eslava, 'El catolicismo explicado a las ovejas'. Editorial Planeta.

Portada de un libro anterior de Juan Eslava, ‘El catolicismo explicado a las ovejas’. Editorial Planeta.

España y Franco

¿Y España? Nuestro país estuvo presente a través de la División Azul, el comercio del wolframio o personajes novelescos como el espía Juan Pujol, alias Garbo, que fue condecorado por la Reina Isabel II en 1984.

“Al principio de la guerra Franco quiso apuntarse pero Hitler lo despreció”, explica Eslava Galán. “Tras la Batalla de Inglaterra, Hitler pasó al plan B, intentar tomar Gibraltar para ahogar el comercio británico, pero por entonces Franco recurrió a sus argucias de gallego y se escaqueó”.

¿Todavía queda algo por descubrir de la Segunda Guerra Mundial? “Tenemos un conocimiento bastante exacto de los hechos, pero se puede mejorar. Ahora están saliendo a la luz los archivos rusos y quedan por estudiar gran parte de los alemanes que los americanos trasladaron a su país”, concluye el veterano autor de ensayos transgresores, como ‘Una historia civil que no va a gustar a nadie’ o ‘El catolicismo explicado a las ovejas’, además de media docena de magníficas novelas históricas.

Portada del libro de Juan Eslava 'La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos'. Editorial Planeta.

Portada del libro de Juan Eslava ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’. Editorial Planeta.

Bel Carrasco

Somshow: Querido Cabaret

Somshow, por 1920 Company
Con Carmen Cardo, Luis Llamas, Pascal Peris y Annie Tebar
Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Todos los sábados de noviembre, a las 23.00h

Medias de red, taconazos, corsés, boas de plumas, purpurina. Kilos de maquillaje y kilómetros de pestañas postizas. Desfachatez, provocación, ilusionismo, frivolidad, impostura. Mujeres voluptuosas que resultan ser hombres y viceversa. Canciones, contoneo de caderas y chistes subidos de tono. Erótica pícara y desenfadada. Humor de sal fina y gruesa. La realidad reflejada en espejos deformantes que la transforman y la hacen más brillante y atractiva.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

El viejo cabaret nunca muere y se mantiene en plena forma. Para demostrarlo ahí está ‘SomShow’, la apuesta de esta temporada dentro del  ciclo Las Golfas de Russafa, que se representa los sábados, a las 23 horas en la sala de este nombre.  Es el sonado regreso de la mítica 1920 Company, cuatro actores y amigos: Pascal Peris, Carmen Cardo, Luis Llamas y Annie Tebar.

Treinta años después de su iniciación en el género, vuelven para demostrar que el tiempo no ha hecho mella en ellos y, de paso, despertar la risa a un público con ganas de olvidar la eterna crisis y la oleada de corrupción que invade las noticias diarias. El éxito de las primeras funciones augura una prolongación de su número hasta diciembre.

“Decidimos volver a revivir el cabaret por la amistad que nos une y para hacernos un regalo a nosotros mismos”, dice Peris. “La sorpresa ha sido ver la gran aceptación por parte del público”.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

A lo largo de casi una hora ininterrumpida de marcha, ‘Somshow’ ofrece un recorrido por las distintas facetas del cabaret: revista vodeville, music hall, erotismo, transformismo, etcétera. “El espíritu del cabaret ofrece una visión lúdica de la vida”, afirma Peris. “Una visión sin complicaciones  con un punto de crítica pero sin mala leche ni ensañarse”.

Durante los años ochenta, década de transgresión y libertad, el cabaret vivió en Valencia una edad dorada con locales míticos como Belle Époque, La Bôheme, y figuras como Miguel Bras o Margot, cuyo nombre oficial es Antonio Campos, sobre quien Quique Belloch proyecta un audiovisual que  cuenta su vida y milagros.

“Nuestro montaje es un homenaje al cabaré valenciano de los ochenta pero actualizado, con la mirada de quien ha aprendido de la vida y se ríe con más ganas. La mirada de quien no se deja amargar por la experiencia, sino que encuentra en ella un gancho de complicidad con los espectadores”, dice Peris.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

La noche valenciana en los ochenta cobijaba una docena de salas en las que se ofrecían espectáculos de cabaret y afines. Una válvula de escape a las penalidades de la Transición. “Ahora la noche está muerta en ese sentido”, dice Peris. ”Tal vez a esa ausencia se debe en parte el éxito que ha cosechado nuestro espectáculo. Sobre todo entre gente de más de 40 años que añora el pasado y tiene ganas de reírse un rato y olvidar sus penas”, concluye Peris.

El espectáculo remite pues a un contexto similar al de los años de la Movida, cuando los shows de variedades y transformismo, que tenían como referencia el cabaret de los años veinte, triunfaban en España. ‘Somshow’ evoca esa época, desvelando lugares, anécdotas, personajes y estilos que marcaron una escena hoy prácticamente olvidada.

Los dramaturgos Jerónimo Cornelles, Chema Cardeña, Nacho de Diego y Eduard Costa han colaborado en el guión, aportando su particular versión de la actualidad. ‘SomShow’ reivindica y actualiza un estilo de enfrentarse a la realidad muy nuestro, plagado de sentido del humor e ironía, en un musical desenfadado y atípico.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

Bel Carrasco

Javier Calvo: «Me gusta inquietar»

Itinerario hacia la vacuidad, de Javier Calvo
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 4 de enero

“No se le ha hecho justicia”. Manuel Chirivella, responsable de la Fundación Chirivella Soriano, lo dijo sin levantar la voz, pero muy claro. Es más: “No se puede explicar el arte geométrico español sin referirse a Javier Calvo”. Y Javier Calvo, que mostraba su ‘Itinerario hacia la vacuidad’, se sinceró: “Me he sentido infravalorado”. Y expuso sus razones. “Siempre he tenido ese aspecto lúdico y comunicativo que, de cara a los artistas del rigor mortis, devalúa mi obra”. Su asociación con la moda también ha contribuido a ello, a pesar de su opinión crítica: “La frivolidad de la moda me da rabia, porque detrás de esa imagen hay mucho trabajo y mucha investigación”.

Javier Calvo, ante una de sus obras en la Fundación Chirivella Soriano.

Javier Calvo, ante una de sus obras en la Fundación Chirivella Soriano.

Esa industria de la moda, con la que Javier Calvo dijo tener una “deuda moral” relacionada con su “pedagogía”, posee detrás una “arquitectura” que a él le atrae. Y arquitectura es “miedo al vacío”, cerrando así el círculo explicativo del ‘Itinerario hacia la vacuidad’ mostrado en la Fundación Chirivella hasta el 4 de enero. Porque las 42 obras exhibidas culminan, tras pasar por su primera etapa de abstracción geométrica y las referencias a la moda, con sus trabajos inéditos en torno al vacío. Un vacío a modo de espacio en blanco, que se repite a lo largo de su más reciente obra.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

Alguien le explicó ese vacío, tras sufrir un accidente, como un gran tubo en blanco. Especie de corredor de la muerte iluminado con un gran fogonazo. “No da miedo, sino que resulta inquietante”. Y Javier Calvo lo reconoce: “Me gusta inquietar, detesto la pasividad”. De ahí que su obsesión por la forma, la línea y las estructuras le lleve a dejar la “obra abierta”, aludiendo a Umberto Eco, “para que sea el espectador quien la complete”. Más que el final de algo, Javier Calvo ve en ese blanco metafísico cierta “introspección”.

“El vacío es el misticismo, una introspección hacia lo hecho o no hecho”. Algo tan “sugerente”, que le ha llevado los cuatro últimos años de su trabajo. Tan sugerente como “espiritual”. María José Navarro, comisaria de la muestra, puso el acento en los vanos de su obra: “Evoca lo intemporal, lo perpetuo, el más allá, a la vez que sugiere una meditación sobre la existencia”. Un universo plagado de formas poliédricas y coloristas que, como ríos de emociones, van a desembocar en ese mar en blanco de la nada.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

“Pasa de la forma a la aparente nada, al vacío. Vacío pleno como lugar donde todo es potencialmente posible”, destacó Manuel Chirivella. Quizás por eso a Javier Calvo le interese “el camino, no la meta”. Un camino o itinerario repleto de oscilaciones y oquedades, por utilizar expresiones de la comisaria a la hora de explicar el trayecto del artista. Líneas y formas geométricas dispuestas de manera que el vacío reciba su merecido protagonismo.

En medio de la “infamia”, la “intolerancia” o la “xenofobia” que nos rodea a diario, Manuel Chirivella se agarró a la obra de Javier Calvo como “válvula de oxígeno para existir de forma digna”. La introspección, el misticismo, la espiritualidad o, simplemente, el vacío como espacio inquietante frente a tanta certeza ideológica, es lo que hace de ese ‘Itinerario hacia la vacuidad’ que propone Javier Calvo una sentida vía de escape.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres