11 Meses que cambiaron Valencia

Todo está por hacer. Valencia capital de la República (1936-1937)
La Nau de la Universitat de Valéncia
C / Universitat, 2. València
Inauguración: lunes 7 de noviembre de 2016

No es la primera vez que la Universitat de València conmemora la proclamación de esta ciudad como capital de España durante los últimos y convulsos meses de la guerra civil. Lo hizo en 2007,  con una exposición sobre Juan Negrín y, en 2008,  otra sobre Renau. Pero en esta ocasión, en el 80 aniversario, lo hace con mayor énfasis, que en algo debe de notarse el cambio de gobierno autonómico y municipal. Buena muestra de ello es que cuenta con la colaboración de CulturArts Música y de la Concejalía de Cultura y Juventud del Ayuntamiento.

Del 7 de noviembre de 1936 al 31 de octubre de 1937, Valencia fue el centro de operaciones del Gobierno de la II República. Durante ese periodo la ciudad vivió una gran efervescencia social y cultural, y una transformación de su fisonomía que afectó tanto al callejero como a algunas fiestas populares.

Cartel de la República.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

A través de conciertos, obras de teatro, mesas redondas y una gran exposición se reviven esos once meses de cambios al filo de la navaja de la historia. El acto inaugural, el pasado 19 de octubre, en La Nau, fue la mesa redonda, “Valencia capital de la República: la música del ‘Grupo de los jóvenes’”. Una introducción al concierto que se ofreció el día siguiente con el objeto de  contextualizar la música que se interpretaba en la época. La Orquestra Filharmònica de la Universitat de València  recuperó las composiciones de aquellos años, obra de los artistas valencianos más dinámicos y relevantes del momento, al mismo nivel que sus colegas coetáneos de otros territorios.

El programa recuperaba piezas de los integrantes del llamado ‘Grupo de los jóvenes’, que, el 18 de enero de 1934, publicaron un manifiesto en el diario La Correspondencia de Valencia. Estaba integrado por: Ricardo Olmos, Vicent Garcés, Luis Sánchez Fernández, Vicent Asencio y Emilio Valdés. El concierto incluyó piezas del maestro Manuel Palau y de Matilde Salvador, una de las pocas mujeres compositoras de aquel periodo, vinculada al ‘Grupo de los jóvenes’,  discípula y esposa de Vicent Asencio.

Documento. Imagen cortesía de La Nau.

Documento periodístico. Imagen cortesía de La Nau.

Imágenes y documentos

‘Todo está por hacer. Valencia capital de la República (1936-1937)’ es el título de la exposición que se inaugura el próximo 7 de noviembre en La Nau y que acercará al público a la Valencia convulsa en tiempos de guerra. Reúne objetos originales como carteles, folletos, artículos de prensa y documentos, así como imágenes reproducidas de archivos públicos y privados. Coincidiendo con  su inauguración, la Capella de la Sapiència de La Nau acogerá un concierto dedicado al ‘Grupo de los jóvenes’, a cargo de la soprano Marta Estal Vera y del pianista Javier Caballero Ros.

Escena Erasmus

Por otra parte, durante el mes de diciembre, el teatro  se sumará a este aniversario con el estreno de una obra, ‘La guerra civil europea’, interpretada por 22 jóvenes actores y actrices de Escena Erasmus y dirigida por Antoni Tordera. La obra reflejará la labor de los brigadistas y enfermeras en la retaguardia conectando los problemas del pasado con los que sufre hoy día Europa. Se representará del 12 al 16 de diciembre en la sala Matilde Salvador de La Nau, que también acogerá dos montajes más. En febrero se representarán:  La carta (1931-1941), de Emili Chaqués, interpretada por L’Últim Toc Teatre y Malatesta Teatre, y dirigida por Moreno y Amparo Pedregal. También Prohibida la reproducción, de José Ricardo Morales, dirigida por Inma Garín e interpretada por el Aula de Teatre de la Universitat.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

Cartel de la República. Imagen cortesía de La Nau.

Bel Carrasco

Jugo de Tomatina

Días de rojo, de Pablo Argente
Libro autoeditado
Ilustraciones de Pablo Argente

Todos los últimos miércoles de agosto las calles de Buñol son escenario de una batalla campal a tomatazo limpio. Una batalla ‘sangrienta’ pero incruenta teñida de carmesí y bermellón y los demás tonos del rojo que, en forma de jugo, pulpa y carne se incrusta a pegotes en la piel de una multitud enardecida y medio desnuda. La Tomatina es una fiesta relativamente reciente, nació a mediados del pasado siglo, pero que goza de gran proyección internacional y compite con celebraciones míticas como los Sanfermines o las Fallas. ¿A qué se debe este éxito internacional que obligó al Ayuntamiento de Buñol a imponer un límite y un precio de entrada para garantizar la seguridad de los numerosos participantes? ¿Cuáles son los orígenes de la Tomatina y su evolución histórica? ¿Se trata de un derroche inaceptable en esta época de crisis o de una terapia de grupo ideal para dispersar la indignación generalizada y la mala leche?

A estas preguntas y otras más responde el fotógrafo valenciano Pablo Argente en Días de rojo, un libro ilustrado con sus propias fotografías y muy ilustrativo que analiza la Tomatina desde un enfoque antropológico e histórico. Autoeditado por Argente, con textos en castellano e inglés y el apoyo del Ayuntamiento de Buñol, que ha adquirido varios ejemplares, el libro se vende a 15 euros en Railowsky, París-Valencia, el MuVIM, la Beneficencia y otras librerías.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

El enorme poder de convocatoria de la Tomatina, que atrae a ciudadanos de todo el mundo, se debe en gran parte a que responde a un patrón universal. Al modelo de celebración originaria como pretexto para transgredir por un tiempo el orden establecido y dar rienda suelta a los impulsos, habitualmente constreñidos por el corsé de la sociedad, reflexiona Argente. Esta función terapéutica, liberadora, entronca con las celebraciones paganas como las fiestas dionisiacas, las saturnales y otros muchos rituales enraizados en el Mediterráneo, ligados a la religión o a los ciclos de la naturaleza.
Un hecho curioso es que la Tomatina carece en origen de estos vínculos. Surgió de forma espontánea, en agosto de 1945, cuando una disputa intrascendente entre jóvenes festeros desató la primera batalla a base de intercambio de tomatazos. La experiencia resultó tan placentera que los protagonistas quisieron repetirla el año siguiente, pero fueron reprimidos por las autoridades que, en 1957, prohibieron la manifestación popular incluso con penas de prisión. En 1959, se logró por fin la venia del poder y con ello cierta domesticación de la eclosión festiva. En 1972, se organizó por primera vez la distribución de la hortícola munición en camiones y, en 1983, la Tomatina dio el salto a través de la televisión. Las impactantes imágenes en rojo les valió a los buñoleros el título de Interés Turístico Nacional, en 2002, y a partir de esa fecha la magnitud del evento creció de tal forma que se ha impuesto el número clausus por razones de seguridad en esta época de masificación. Pagar una entrada, aunque sea económica, chirría con el concepto de fiesta popular, pero en cierta manera es el precio del éxito. El uso de un espacio público pero limitado y el bien de todos justifica la adopción de tal medida.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

La Tomatina no es la única fiesta que utiliza algún producto comestible como vehículo de interacción, recuerda Argente. En la Pobla del Duc de Valencia se celebra una batalla con uvas de baja calidad y en la localidad alicantina de Ibi, los enfarinats, una pelea a base de harina y huevos. Los habitantes de Ivrea, un municipio italiano, son más bravos y usan naranjas como munición. En India o Nepal se celebra en la primavera el Holi, una fiesta callejera y multitudinaria en la que la gente se lanza unos a otros polvos de colores y agua.
Gamberra y guarra: sin duda. Pero teniendo en cuenta que en España muchas fiestas se basan en el maltrato, tortura y muerte de animales que en ocasiones reportan también la muerte de humanos, la Tomatina bien merece la indulgencia si no la aprobación de todos. ¡Y que viva el tomate!
Pablo Argente (1977) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, estudió fotografía en la escuela EFTI y Postgrado en Fotoperiodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en el estudio Cresphoto, Vila Ediciones, Diario Valencia Hui y ha realizado colaboraciones para 20 Minutos o la Agencia France Press.
Como freelance ha desarrollado diferentes reportajes gráficos en el ámbito de la antropología social: hinduismo, kumbh Mela, bous al carrer, grandes premios de motociclismo, etcétera. Nació y creció en Valencia, pero siente una gran conexión con Buñol, donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia y residen muchos de sus amigos y familiares.
Días de rojo, fruto del orgullo y pasión que el autor siente hacia su pueblo y hacia la Tomatina, le llevó durante varios años a dedicar parte de su trabajo como fotoperiodista a inmortalizar y tratar de comprender esta fiesta. A través de su obra intenta transmitir la catarsis que viven las calles de Buñol cada último miércoles de agosto.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Bel Carrasco