El jodido Bar de De la Iglesia

El Bar, de Álex de la Iglesia
Preestrenos del Festival de Cinema Antonio Ferrandis
Cines Kinépolis Heron City
Avenida Tomás y Valiente s/n. Paterna (València)
20 de marzo de 2017

El 20 de marzo, después de la resaca fallera y a punto de jugarse la semifinal de la Eurocup el Valencia Basket, algo más importante estaba a punto de suceder en nuestras tierras. Algo que nos dejaría trastocados: Alex de la Iglesia pisaba suelo valenciano con su mejor película en años ‘El Bar’. Su llegada no fue fruto del azar, sino más bien de Los Preestrenos del Festival de Cinema Antonio Ferrandis de Paterna. Este será uno de los muchos que se realizarán antes de la segunda edición del certamen, algo que logra mantener al público más atento a las noticias del festival y que abre el apetito por la segunda edición.

A la entrada del preestreno ya se podía oler que aquello era algo grande, con ello no quiero decir que el resto de preestrenos que hemos presenciado no lo fueran, pero no siempre se tiene delante una película que ha estado en la Sección Oficial del Festival de Berlín, eso sí, fuera de competición, y que también había levantado muchas expectativas, ya que el film se pudo ver en la inauguración del Festival de Málaga.

Álex de la Iglesia durante la presentación de su película en los Cines Kinépolis. Fotografía: Javier Caro.

Álex de la Iglesia durante la presentación de su película en los Cines Kinépolis. Fotografía: Javier Caro.

La decimocuarta película de Álex de la Iglesia es un film que narra la descarnada realidad de la miseria humana, de la necesidad de supervivencia que nos hace ser hienas audaces y peligrosas. Todo comienza en un céntrico bar de Madrid, donde la gente entra y sale, donde se sirven cafés y tostas. Un hombre sale del bar despidiéndose y en la puerta es abatido en la cabeza por un francotirador. Cae fulminado. Ha muerto.

Nadie sabe nada y nadie se atreve a salir. Un barrendero que está también en el bar comprueba desde la puerta que el cuerpo todavía convulsiona y decide salir a intentar salvarlo pero también es asesinado. En cuestión de minutos los cuerpos ya no están en la acera. Alguien se los ha llevado y de paso ha lavado la sangre que se ha desparramado. No hay rastro de nadie en la calle.

Dentro del bar la gente comienza a sospechar unos de otros, ¿acaso buscan a un asesino, es un complot por algo, una broma pesada…? Si hay un actor que sobresale por encima de los demás, porque su papel es sublime, ese es Jaime Ordoñez haciendo de indigente, interpretando a un hombre que lidia constantemente con la selva urbana y con el miedo a morir.

Fotograma de 'El bar', de Álex de la Iglesia.

Fotograma de ‘El bar’, de Álex de la Iglesia.

Cada personaje representa una parte de la sociedad, los hay más tontorrones como Secun de la Rosa o más avispados como Mario Casas. Los ocho personajes que quedan recluidos en el interior del rancio bar son estereotipos de una España absurda y destartalada. La pija, el gafapasta, la ludópata, el mendigo, el vendedor anclado en el pasado, el policía que ha perdido a su familia por su profesión. El bar, el lugar físico, ayuda a meternos más en la situación: personajes demenciales y ricos en matices en un espacio angosto, mirándose de reojo unos a otros y sabiendo que su destino pende de un hilo.

La mezquindad se da la mano con el humor, y la suciedad acaba atrapando a los que están en el sótano del edifico de ‘La Comunidad’. Con la ruindad de Nino y Bruno en ‘Muertos de Risa’ los personajes van extrayendo sus verdaderos yoes, ávidos de sobrevivir y de prevalecer sobre el resto. Un lugar frío donde las ratas campan a sus anchas, mezcladas con humanos en situación límite, con personas que juegan no solo con lo físico sino también con lo psicológico.

De la Iglesia retorna al bar, a ese lugar sagrado donde comenzó todo para él gracias a ‘Mirindas Asesinas’, un espacio en blanco y negro que ahora se torna en color, pero que desprende ese mismo mal olor a rancio, oscuro y grasiento. No hay personajes buenos en este cuento sobre la miseria, por tanto, tampoco hay malos, solo los hay más listos y más tontos. Y, en medio de todo, un gobierno que apesta y engaña, al que no le importan demasiado las vidas que hay dentro de ese bar.

El evento en todo momento tuvo ese aroma a gran preestreno, algo que Valencia debe seguir implementando.

Fotograma de 'El Bar'.

Fotograma de ‘El Bar’, de Álex de la Iglesia.

Javier Caro