Ferran Adrià and the art of food

El Bulli: Ferran Adrià and the art of food
Somerset House
Strand London WC2R, 1 LA, Reino Unido
Hasta el 29 de septiembre

Hace casi un mes, concretamente el 5 de Julio, se inauguró en el Somerset House de Londres la exposición ”El Bulli: Ferran Adrià and the art of food” que formará parte de las propuestas de esta institución hasta el 29 de septiembre de este año, siguiendo la estela y ampliando la muestra que se llevó a cabo en el Palau Robert de Barcelona a finales del año pasado. Parece una intentona de retrospectiva emocional y pastelera, valiéndome del contexto que se trata, del restaurante El Bulli convertida en un exagerado ensalzamiento de la figura de Ferran Adriá y de su inminente proyecto, ávidos de soporte institucional y económico, más que apariencia moral y que a modo de gira promocional, después de Londres recorrerá otras ciudades del planeta.

El comisario Sebastià Serrano nos propone un recorrido lleno de imágenes, excéntricos recuerdos y anécdotas, en las que se ve el desarrollo de este pequeño local que en su día se convirtió en el mejor restaurante del mundo y que tiene ante sí un reto impresionante.

Entrada a la exposición. Fotografía: Anna Gottardo

Entrada a la exposición. Fotografía: Anna Gottardo

Desde un punto de vista que gira en torno a una casa-museo o un museo de ciencias naturales, en las dos plantas que componen la muestra se presenta la idea central: la cocina como laboratorio de sensaciones y el comer como verdadera experiencia de los sentidos. Es esto, precisamente, lo que acerca el paladar al arte y da sentido al trabajo entre fogones de estos maestros gastronómicos. En las propuestas que ofrece este venerado cocinero catalán, más allá de la deconstrucción de la comida, de los utensilios que inventa, del cuidado enfermizo en la presentación de los alimentos y su elaboración, se intenta descontextualizar, provocar y, sobre todo, aportar conceptos a través de una recerca técnico conceptual que ayuda a crear, crear, crear…

A nivel funcional, la exposición empieza con un flash back en el que se proyecta un vídeo que representa, como en un último vals, el último postre y los últimos aplausos del famoso restaurante y finaliza en una sala con la impresionante maqueta de lo que será la fundación que están proyectando desde que el local cerró sus puertas hace dos años.

Entre estos dos momentos se sigue una línea temporal que recorre todo el discurso expositivo. Fotografías-recuerdo y cronología de hechos, archivos, documentos cuentan, como repasando el antiguo álbum de la abuela, todos los pasos que se fueron dando desde la compra del terreno, hasta convertirse en el lugar donde mejor se comía del mundo. Subiendo las escaleras se deja atrás la parte emocional y se hace partícipe al visitante del frenesí de tres horas en la cocina de El Bulli en cinco minutos presentado en tres pantallas simultáneas, que dan paso a la parte más científica, práctica y de impacto visual de la muestra. Hay puntos que suscitan la curiosidad como la mesa virtual de comensales donde los visitantes se sienten protagonistas del menú propuesto por la voz real de uno de los camareros que explica minuciosamente cada uno de los platos servidos. En otros momentos el comisario juega con el paralelismo entre el arte culinario y el mundo artístico convencional; en una  entrevista, el artista Richard Hamilton define a Ferran Adrià como inventor y lo compara con figuras como Duchamp o Shakespeare al ser todos intérpretes de un lenguaje nuevo, mientras la melodía de Bruno Mantovani “El libro de las ilusiones”, compuesta para Ferran Adrià por el músico francés, traduce en sonido las emociones del menú degustación de 35 platos.

Entre estas curiosidades encontramos extraños utensilios, platos, cubiertos, comidas de plastilina y fotografías de platos que nos envuelven en la idiosincrasia de un concepto de comida diferente, inusual para la vista. Es lo que pretende El Bulli en su menú, engañar a los sentidos para mantenerlos alerta, como sucede con el arte contemporáneo; el espectador se tiene que despojar de todas sus preconcepciones y prejuicios y recibir desnudo de conceptos el mensaje, en este caso el alimento.

Modelado para los platos. Fotografía: Anna Gottardo

Modelado para los platos. Fotografía: Anna Gottardo

A partir de ahí fechas, datos, fotografías, menús, uniformes, recuerdos tienden a desviar la atención del sujeto expositivo, y pueden resultar más curiosidades y relleno que información complementaria al mensaje que se pretende sugerir: el punto de inflexión y paso adelante para adaptar un elemento tan característico como la cocina a las nuevas tecnologías, de las que se sirve para encontrar caminos diferentes y vislumbrar unas nuevas expresiones, no siempre aceptadas por los defensores de la gastronomía tradicional, que ven la innovación excesiva como un desarraigo y a los que deberá todavía conquistar.

 

Ferran Adrià y Bart Simpson. Fotografía: Miguel Mallol

Ferran Adrià y Bart Simpson. Fotografía: Miguel Mallol

Miguel Mallol

 

 

Ese oscuro ‘Objeto de deseo’ etnológico

Objeto de deseo. 50 piezas del Museu de la Pilota de Genovés

Museu Valencià d’Etnologia

C / Corona, 36. Valencia

Hasta el 15 de septiembre 

Pieza dedicada de Gomaespuma. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Pieza dedicada de Gomaespuma. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

En tiempos en los que toca apretarse el cinturón y racionalizar el gasto, ya sea público o privado, sorprenden ciertas elecciones a la hora de invertir tan escaso dinero. Objeto de deseo, la exposición recién inaugurada en el Museu Valencià d’Etnologia de la Diputación de Valencia, es un claro ejemplo. ¿Con tanta austeridad del gasto público no había exposiciones más relevantes que merecieran tal inversión? Incluso saliendo gratis, ¿no pueden ocupar ese espacio muestras de mayor rigor? Aceptando la importancia que desde el punto de vista antropológico, social e incluso psíquico tienen los objetos en tanto conformadores de cultura, mezclar la corbata de Julio Iglesias con un fragmento del muro de Berlín resulta, cuando menos, sintomático del grado de confusión actual. La frivolidad y el pensamiento, juntos y revueltos.

Foto dedicada de Gemma Mengual. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Foto dedicada de Gemma Mengual. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Hecha esta aclaración, vayamos a ese Objeto de deseo que hasta el 15 de septiembre se expone en el Museu Valencià d’Etnologia. Se trata de alrededor de 50 piezas del Museu de la Pilota de Genovés, cedidas y dedicadas por personajes y celebridades del mundo de la cultura, el deporte y la política. Objetos que son expuestos en paneles y vitrinas al modo de hallazgos fósiles que algún día servirán para entender nuestro mundo actual. Desde una pelota de tenis firmada por Rafa Nadal a una carta de la NASA o de Naciones Unidas, pasando por una batuta dedicada del maestro Enrique García Asensio, un ladrillo de la prisión de Carabanchel, una visera de Severiano Ballesteros, una serigrafía de Norman Foster o una maquinilla de afeitar, cuando no un dedal souvenir de Valencia.

Balón firmado por los jugadores del Barça. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Balón firmado por los jugadores del Barça. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Un bazar de objetos que Joan Seguí, director del museo etnológico, entronca con el bifaç hallado en Atapuerca. De manera que así, por los siglos de los siglos, tanto vale un hacha de piedra fósil que la gorra de Dani Pedrosa, en un ejercicio de síntesis antropológica que bien merece la correspondiente investigación sociológica. Objeto de deseo puede ser cualquier cosa que levante emocionadas expectativas de poseerlo. Una guitarra de los Beatles se ha vendido, de hecho, por 300.000 euros. Pero tomar en igual consideración la pasión coleccionista que la esforzada tarea investigadora, da que pensar.

Objeto de deseo es una exposición que, bien planteada, hubiera servido precisamente para discernir entre el glamour y la ciencia; entre las piezas más frívolas y las huellas de un pasado necrófilo. En el museo etnológico, juntas y revueltas, en alegre comandita, se dan cita libros firmados por Rosa Regàs, Antonio Gala o Isabel-Clara Simó, un IPhone 3GS, un plato dedicado de Ferràn Adrià, una camiseta de David Villa, dos monos de Jorge Martínez Aspar, una cinta de Roger Federer, un CD firmado por Sole Giménez, una fotografía dedicada de Gemma Mengual o una estatuilla de Felipe González. En las paredes, algunas frases alusivas a la “notoriedad” social que otorgan ciertos objetos y a la propia fama, según la define wikipedia. Objetos todos ellos de deseo, algunos ciertamente oscuros, si de lo que se trataba era de arrojar una luz antropológica que brilla por su ausencia.

Estatuilla obra de Felipe González. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Estatuilla obra de Felipe González. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Salva Torres