El EACC se prepara para Chiharu Shiota

Chiharu Shiota. Cartas de agradecimiento
Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n. Castellón
Inauguración: 26 de septiembre, 20 h.
Hasta el 11 de enero de 2015

El trabajo de Chiharu Shiota (Osaka, 1972) no sólo hace referencia al uso de los hilos y nudos, sino también nos muestra el viaje de su historia personal a través de temas como la soledad, la diáspora, la incomunicación del ser humano y, en definitiva, distintas memorias encerradas en los objetos usados por la artista: desde las maletas de su instalación Accumulation: Searching for the Destination, hasta las camas, zapatos, vestidos de novia o pianos. Todos ellos aparecen envueltos en una maraña de hilos que en parte los ocultan y los desproveen de su materialidad hasta convertirlos en evanescentes y sutiles recuerdos.

Desde sus años como estudiante de pintura en la Seika (Universidad de Kyoto), entre 1992 y 1996, previos a su traslado y definitivo establecimiento en Berlín, Shiota ya había estado usando los hilos de lana con los que ataba objetos en los pasillos y las escaleras de la escuela como una manera de desafiar el restrictivo uso de la pintura y del papel y con la voluntad de dibujar líneas en el espacio.

Líneas que se entrelazaban y se separaban las unas de las otras creando «otro» espacio en el espacio, un mundo propio. Ya en estos trabajos previos los hilos entrecruzados (como si estuviera protegida y prisionera a la vez por ellos) funcionaban tanto como una manera de vincular a los seres humanos entre sí como imagen del mundo espiritual de la artista y de sus memorias, en definitiva, un símbolo de las relaciones humanas. Como por ejemplo una de sus primeras exposiciones Breathing from Earth, en Munich, en la que la artista dormía dentro de los hilos negros.

En su instalación Reflections of the Past, una red densa y opaca envolvía y semiocultaba un espejo antiguo roto, entendiendo el acto de romper el espejo como un acto de separación, pérdida o incluso muerte.

La obra In Silence, atrapaba en su red de más de 170 kilómetros un piano antiguo, que como los pianos preparados de John Cage, reduce el sonido del instrumento al puro silencio.

También en el interior de un túnel tejido de hilos negros (State of Being), como una «verdadera mujer araña» (llevando a un plano real las metáforas de las que ser servía la artista Louise Bourgeois), la artista nos mostraba otro de sus objetos «semiocultos». En este caso un solemne vestido de novia colgado del techo que, como ocurre con el resto de los objetos, busca representar la vida de la supuesta persona que lo ha habitado, su memoria.

Algo parecido ocurría con uno de los primeros objetos que Chiharu Shiota colocó en su red de hilos: una reliquia personal, un fragmento del cordón umbilical de la artista que su madre, siguiendo una tradición japonesa, guardaba como símbolo de una permanente conexión entre madre e hija.

El cordón umbilical junto con la sangre explicarían una nueva serie de obras que la artista titula Red line, un conjunto de dibujos realizados con las manos que actúan a modo de pinceles no con pigmento rojo sino con sangre.

La sangre es un fluido que alimenta los órganos vitales y, a la vez, es símbolo de la herida, la enfermedad y la muerte. Porque, como dice la artista: «En la sangre siempre se condensa el rastro de una pertenencia –el país, la nación, la religión, la familia– todo lo que somos se representa en el fluido sanguíneo de las personas». Todo ello desde una clara actitud performativa que atestigua la vinculación de la artista con el trabajo de Marina Abramovic y Rebecca Horn, por no hablar de sus vínculos, eso si mucho más indirectos, con la obra de Ana Mendieta en los que el cuerpo y la naturaleza se fusionan desde un punto de vista ritualístico.

La concentración de los materiales orientados a un proceso físico cobra especial relevancia, situándose al borde de los movimientos contemporáneos del Arte Japonés, entusiasmados por los medios de comunicación electrónicos y, principalmente, la conexión cultural establecida entre la tradición y la adaptación a un mundo hipermoderno.

En ocasiones las instalaciones de Shiota se convierten en una maraña de hilos que envuelven cuerpos y objetos personales donde el espectador es invitado a contemplar este mundo mágico que se esconde tras ellos. Donde las chicas que duermen vestidas de blanco pueden ser insectos atrapados en las redes de una gran araña que está esperando a tener hambre. En cualquier caso se trata de respetar la paz y tranquilidad hasta que despierten y las camas queden vacías.

Vacías como las teclas de un piano rodeadas de hilos. El vacío que provoca el silencio. ¿Y qué sería de la música si sólo existiera un enorme silencio? Chiharu Shiota posee la misteriosa capacidad para dotar a su mundo de una fragilidad cuyas hebras individuales pueden llenar una habitación, remitiéndonos a una experiencia, una vida o a un espíritu infinitamente paciente.

Los hilos que utiliza son en su mayoría de color negro, rojo y en ocasiones su efecto combinado. La tendencia a llenar el espacio es comparable al efecto del humo en el mismo, como si los objetos fueran atrapados en el acto de la quema en silencio los unos con los otros.

A nadie se le escapa la potencia melancólica de sus instalaciones generada mediante redes trenzadas alrededor de recuerdos, de objetos congelados en el tiempo, anclados en un lugar y en un espacio ciertamente inquietante. De este modo, Shiota crea dramatizaciones artísticas espaciales entendidas como reformulaciones constantes de su relación con el arte. De ahí que cada pieza sea una respuesta directa, física y emocional resuelta en paralelo con el espacio expositivo que la acoge.

Para esta artista el sentido del arte sólo existe cuando el creador y el instrumento ha perdido su función respectiva. De este modo Shiota restablece la conexión en el triángulo de percepción del arte que se creía «perdido» en el que las categorías aparentemente autónomas de: «obra de arte», «artista» y «observador», criticadas explícitamente por la performance, se disuelven en favor de una red que constantemente se desplaza del sujeto al objeto.

Chiharu Shiota, actualmente afincada en Berlín, estudió Bellas Artes en la Universidad de Kyoto y posteriormente en Alemania. Expone regularmente en Madrid (Galería Nieves Fernádez), París (La Maison Rouge y Galerie Daniel Templon), Nueva York (Haunch of Venison), Londres (Hayward Gallery), Helsinki (Kiasma Museum), Berlín (Neue Nationalgalerie), Osaka (National Museum of Art) o Hiroshima (Museo de Arte Contemporáneo), entre otras ciudades. Recientemente ha sido seleccionada para representar a Japón en la Bienal de Venecia de 2015.

Para el Espai d’art contemporani de Castelló, Shiota realizará una nueva instalación de carácter específico concebida ex profeso para la sala y el contexto en el que se ubica, contando así con la participación desinteresada de diferentes personas de la ciudad de Castellón y su provincia. Su instalación, titulada Letters of Thanks, ha sido realizada anteriormente en el Museum of Art, Kochi, en Japón.

«El lugar donde uno duerme está destinado a la estrechez íntima del sueño, no a la amplitud pública de la vista panorámica. Las miradas hacia el interior, son siempre, miradas perturbadoras, hirientes, prohibidas…» «La creación con hilos es un reflejo de mis propios sentimientos. Un hilo es un corte o un nudo, una lazada, o suelta, o a veces enredada. Un hilo puede ser reemplazado por sentimientos o por relaciones humanas. Cuando utilizo hilo, no sé cómo mentir. Si estoy tejiendo algo y resulta ser horrible, enredado o anudado, entonces así deben haber sido mis sentimientos mientras estaba trabajando.» Chiharu Shiota

Chiharu Shiota. Letters of Thanks en el Museum of Art, Kochi, en Japón. Imagen cortesía EACC.

Chiharu Shiota. Letters of Thanks en el Museum of Art, Kochi, en Japón. Imagen cortesía EACC.

El alma de Pasqualatto en la Galería Cànem

Mario Pasqualatto. Ànima… més llum! Ànima… res més!
Galería Cànem
C/ Antonio Maura, 6, Castellón
Inauguración: 13 de diciembre 2013
Hasta el 21 de enero 2014
                                                                   
Había una vez … así empiezan los cuentos de hadas para transportarnos a un universo lejano, fuera del tiempo y del espacio, lleno de sueños y deseos, son narraciones arquetípicas del inconsciente colectivo que nos adentran en el alma humana. En su obra Fragilidad , Mario Pasqualotto (Barcelona, 1953) utiliza con tal potencia la imagen de una carroza que, sin recurrir a la narración, nos hace revivir el universo de la infancia y nos recuerda aquella edad de oro en que la fantasía y la ilusión no tenían límites. Pero la carroza de Mario Pasqualotto es tan sutil, tan espectral y al mismo tiempo tan real … Real porque representa la culminación de un sueño pero también la expresión de un momento mágico que no durará . Aunque llegue la noche, la luz que ilumina la carroza mantendrá el hechizo, pero las ingrávidas burbujas de jabón se superponen evocando la fragilidad y el carácter efímero del cumplimiento de los deseos, devolviéndonos a la vida real. Pero siempre vendrán nuevos sueños, nuevos deseos, reiniciándose nuevos ciclos vitales. También, Pasqualotto, recordando las palabras atribuidas a Goethe al final de su vida pidiendo más luz, invita con la carroza a pensar también en el viaje, en el inicio, el trayecto y el final, lo que le da una dimensión de transcendentalidad.

Mario Pasqualatto. Fragilidad. Imagen cortesía de la Galería Cànem

Mario Pasqualatto. Fragilidad. 2010-2012. Instalación. Pantalla                 150 x 200 cm. – Hierro, motor de burbujas de jabón.
                    Imagen cortesía de la Galería Cànem

Su obra es una reflexión sobre la pintura y también sobre la sociedad contemporánea , la sociedad de las grandes antinomias, en un mundo en el que todo debe ser rápido y no hay nunca suficiente tiempo, la suya es una obra reflexiva, de ejecución lenta y cuidadosa, con la que va descubriendo efectos sorprendentes y encantando con ellos; a menudo incluye objetos encontrados, maravillándonos por el potencial que pueden llegar a tener con su imaginación, como hacían los surrealistas. Trabaja con bolsas de plástico, las de las compras de cada día. Pasqualotto las deforma hasta darles una nueva forma, comprimiéndolo las entre planchas de metacrilato, iluminándolo con neones, con la luz aparecen como vitrales, resplandeciendo el simulacro: no es pintura, sólo es la su apariencia, y por tanto, ilusionista y metafísica.

pasqualotto 3

Mario Pasqualatto. L’Amour des Jeux. 2007. Imagen cortesía de la Galería Cànem

La utilización de las palabras impresas en las bolsas, con las que crea una nueva realidad poética, es la que le permite jugar con diferentes niveles de ironía o de ternura. Su obra habla de tiempo, de fragilidad, de viaje, de turismo y sociedad de consumo… Las bolsas son un icono de la sociedad industrializada, que se ha hecho imprescindible en la vida cotidiana de todas las clases sociales; tienen una vida efímera, se reutilizan y se tiran, pero Pasqualotto va recogiendo y coleccionando de tantos países como puede, haciendo un verdadero mapa: llevan palabras de los países de origen, van de un lugar a otro, de un país a otro … unas veces son portadoras de necesidades cotidianas y otros, de sueños lejanos , son el signo del mundo contemporáneo como un gran bazar y de un montón de deseos en una sociedad basada en la mercantil y en el espectáculo, pero en la que aún puede quedar lugar para los sueños. Títulos como “Todo está en tu mirada” puede hacer reflexionar sobre el hecho de que es nuestra visión de las cosas la que vivimos como realidad.

Mario Pasqualatto. Las alas del ángel. 2007. Imagen cortesía de la Galería Cànem

Mario Pasqualatto. Las alas del ángel. 2007. Imagen cortesía de la Galería Cànem

Deconstrucción de la realidad

Una posibilidad de escape. Para asaltar el Estudio de la Realidad y volver a grabar el universo.
Comisariado por Agustín Pérez Rubio.

Espai d’art contemporani de Castelló
C/ Prim s/n, Castellón
Del 24 de mayo al 29 de septiembre de 2013.

Cerith Wyn Evans, "Dream Machine", 1998. Instalación, cajas de luz, motor, otros elementos. Dimensiones variables. Colección MUSAC. Imagen cortesía de EACC.

Cerith Wyn Evans, «Dream Machine», 1998. Instalación, cajas de luz, motor, otros elementos. Dimensiones variables. Colección MUSAC. Imagen cortesía de EACC.

El Espai d’art contemporani de Castelló presenta la muestra colectiva Una posibilidad de escape. Para asaltar el Estudio de la Realidad y volver a grabar el universo, organizada con la colaboración del MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León. Bajo el comisariado de Agustín Pérez Rubio, la muestra reúne la obra de una treintena de artistas nacionales e internacionales pertenecientes a la Colección MUSAC y toma como referencia los postulados del icónico escritor, artista y director de cine William Burroughs con la intención de hacernos re-pensar nuestra actual realidad, de-construyéndola y transformándola en aras de una ficción que tiene que ver con esa otra realidad del subconsciente que supone una vía de escape en el terreno de las artes plásticas.

Una posibilidad de escape se inscribe conscientemente en el momento actual, donde realmente no es sencillo discernir la realidad circundante de la ficción. Los problemas económicos, políticos y sociales han hecho que la pérdida de la ilusión y la sobreexplotación de lo real se adueñen del individuo en forma de frustración o nostalgia, y en otras ocasiones, de virulencia y sin resignación. Pero este momento convulso, también para el arte, obliga a repensar cuales son nuestras estrategias para seguir hacia delante.

La exposición plantea, como indica su título, una posibilidad para salir de nosotros y enfrentarnos con lo real con nuevas herramientas, entrar en un ensueño y pasar al otro lado, tal y como Lewis Carroll escribió en Alicia en el país de las maravillas. Una posibilidad de escape busca subvertir la realidad y perseguir una suerte de trance en el que los factores queden alterados, las fragmentaciones den paso a los silencios, los órdenes no se establezcan, y donde se tienda de lo real a la desaparición, a una abstracción cada vez más borrosa, para regresar de ese viaje de nuevo a nuestra realidad siendo conscientes de que existen otros mundos y otros prismas desde donde mirarla. Para ello la ficción es una buena arma, y este proyecto tiende a ella de forma muy precisa, en homenaje a uno de los artistas, escritores y cineastas clave del siglo XX: William Burroughs.

Burroughs consideraba que el ser humano está alienado por el lenguaje. El lenguaje (y las normas gramaticales y sintácticas que le caracterizan) es un organismo parásito, un virus, que ha elegido nuestras mentes como hábitat. El problema se complica porque los seres humanos infectados no saben que lo están. Para Burroughs, la auténtica revolución no es de índole social, sino mental. Deshacerse del virus lenguaje es el primer paso. La guerra contra este virus establece una continuidad en gran parte de su obra, donde los protagonistas (humanos, extraterrestres, seres inorgánicos, demonios) están claramente de un bando o de otro y se enfrentan violentamente, sin reglas de ningún tipo. Los esfuerzos de este autor por trascender las reglas del lenguaje consiguen finalmente destruir esa tiranía inherente, de tal manera que Burroughs consigue expresar imágenes y mundos como nadie ha podido antes.

El título y el subtítulo de esta muestra son un claro homenaje a él, y por ello la invitación a la entrada de la exposición se hará desde esa realidad, la misma de la que habla o a la que se refiere Burroughs. Así, la lección que lega a nuestro presente el controvertido autor norteamericano es aquella que consiste en admitir que es necesario de-construir y re-construir de manera constante el lenguaje pues solo de este modo será posible dejar de ser hablados por otros (en lugar de hablar por nosotros mismos, desde un posición de sujetos de conocimiento y resistencia), y ello sucederá siempre en el contexto de la búsqueda de nuevas formas de expresión artística, respecto a las cuales, a partir de Burroughs, es posible soñar con que algún día no muy lejano puedan ser soñadas. Algunas técnicas interesantes que Burroughs introdujo son el cut-up (que aprendió de su amigo Brion Gysin, junto con el que inventó la Dream Machine), consistente en collages narrativos o un esfuerzo denodado por destruir las normas sintácticas y semánticas sin perder el sentido de lo relatado y que pueden articularse en el campo visual. Una posibilidad de escape pretende funcionar del mismo modo que los últimos libros de Burroughs en los que el lector no se da cuenta de que en realidad el texto está violando todas las reglas del lenguaje, logrando además que éste se transforme en imágenes de modo fluido.

Así, la muestra recibe al espectador con la experiencia sensorial de la instalación Dream Machine del artista británico Cerith Wyn Evans, cuyo título es un claro homenaje a Burroughs y Gysin. La propuesta de Wyn Evans ocultará toda la visión del espacio que se encuentra detrás, como ese «otro» espacio no real, o mejor dicho soñado, en el que el visitante va a sumergirse una vez haya estado en contacto con las máquinas. Las dream machines (máquinas de sueños) son un dispositivo de parpadeo estroboscópico que produce un estímulo visual. Fueron creadas por el artista Brion Gysin a principio de los años sesenta junto al científico y matemático Ian Sommerville después de leer el libro de William Grey Walters titulado El cerebro viviente. Gysin era un ocultista, artista y escritor residente en París y amigo muy cercano de William Burroughs, quien también recibió crédito por la invención de la máquina. Así, ambos experimentaron larga y profundamente con ella. Además ambos tenían una relación con el neurocientífico británico Gray Walers quien descubrió que haciendo parpadear las luces rápidamente como un flash se podía alterar la actividad cerebral y no solo el córtex visual, sino toda la mente humana.

Lo que se pretende a partir de esta pieza es que el público se acerque a la misma, cierre los ojos y comience un viaje circular de principio a fin, de la realidad a la ficción, para regresar a esa realidad permanente de la que habla Burroughs. En este sentido, el pasar detrás de la cortina es dar paso al inconsciente, a la otra realidad, a la deconstrucción en la que lo ficcional se asoma y nos mantiene sumergidos por completo. Se trata de una experiencia sensorial,  intelectual y política, a través de las obras de los siguientes artistas pertenecientes a la Colección MUSAC: Julieta Aranda, Txomin Badiola, Luis Camnitzer, Carles Congost, José Damasceno, Jimmie Durham, Jon Mikel Euba, Esther Ferrer, Philip Fröhlich, Dora García, Paul Graham, Federico Herrero, Christian Jankowski, Terence Koh, Jorge Macchi, Julie Mehretu, Itziar Okariz, Damian Ortega, Tony Oursler, Nicolas Paris, Paul Pfeiffer, Jorge Pineda, Fernando Renes, Nicolas Robbio, Ugo Rondinone, Néstor Sanmiguel Diest, Fernando Sinaga, Cerith Wyn Evans, Akram Zaatari, Carla Zaccagnini.

 

Luís Camnitzer, "Crimen perfecto", 2010. Instalación, teleidoscopios, madera de nogal. Medidas variables. Colección MUSAC. Imagen cortesía de EACC.

Luís Camnitzer, «Crimen perfecto», 2010. Instalación, teleidoscopios, madera de nogal. Medidas variables. Colección MUSAC. Imagen cortesía de EACC.