«La gente quiere evasión, sonrisas, final feliz»

Novela romántica
Olivia Ardey, Gemma Jordán, Olga Salar

La novela rosa ha muerto. ¡Viva la novela romántica! Esta faceta de la literatura popular, desdeñada por pomposos intelectuales, se ha convertido estos últimos años en huevo de oro de las editoriales, agobiadas por una reducción de las ventas que alcanza casi el 40%. Las historias de amor resisten los embates de la crisis, y no sólo eso. De alguna forma se benefician de ella al actuar como una fórmula accesible de evasión, como un bálsamo contra el malestar y el descontento generalizados.

Hace años dejó de ser lectura exclusiva de amas de casa aburridas de serlo para ampliar su radio de acción a mujeres de todas las edades, profesionales o no, incluidos bastantes hombres, aunque de momento sólo los más jóvenes se atreven a reconocerlo. Lectores muy adictos y fieles, conectados a través de las redes sociales. Unos en exclusiva  y otros omnívoros, que  combinan los relatos de amor con la novela histórica, negra, fantástica, etcétera.

Portada del libro 'En la Toscana te espero', de Olivia Ardey.

Portada del libro ‘En la Toscana te espero’, de Olivia Ardey.

Por otra parte, el género ha renovado tanto su continente como su contenido. Cubiertas muy bien diseñadas, ediciones hechas con mimo y, lo más importante, una cantera de autoras diestras en su oficio que interpretan partituras muy variadas de una banda musical con un ‘sí quiero’  de fanfarria final.

Al hablar de novela romántica hay que distinguir entre diversas variantes. La de ambientación histórica, con suspense, la de final abierto llamada sentimental, la homo romántica y la chick lit, destinada a profesionales jóvenes, de contenido más superficial que retrata el mundo de la moda y la publicidad.

Hoy día, la reina de la romántica es Megan Maxwell, nacida en Alemania y residente en Madrid, la escritora que más vende en España, aunque no es fácil que supere el reto de Corín Tellado, mítica autora que publicó 4.000 títulos a lo largo de su vida y vendió millones.

“La gente está harta de desgracias y busca evasión, sonrisas y finales felices”, afirma Olivia Ardey. “Ahora las autoras españolas tenemos más posibilidad de publicar, porque las editoriales ahorran así gastos de derechos y traducción». Bibliotecaria en Russafa, Ardey tiene contacto diario con lectores de todas las edades. Empezó con un taller de novela romántica y ya lleva más de seis títulos publicados. Desde ‘Damas de tréboles’, un western, a ‘En la Toscana te espero’ o ‘Regálame París’.

“La novela romántica es un género muy consolidado en este país”, dice Olga Salar, otra autora valenciana muy prolífica. “Ha evolucionado muchísimo, tanto en apariencia como a  nivel literario,  y ha ganado nuevos lectores que se suman a unas lectoras fieles que devoran una novela tras otra. Pasamos por momentos difíciles y la gente busca historias con final feliz, que ofrezcan esperanza y ayuden a desconectar de los problemas”.

Portada del libro 'He soñado contigo', de Olga Salar.

Portada del libro ‘He soñado contigo’, de Olga Salar.

Dosis de sexo

Todos los relatos románticos tienen en común describir una relación amorosa, aliñada con humor, viajes y peripecias, además de una dosis de erotismo al gusto de cada autora. La saga de E.L.James y sus secuelas han abierto una puerta y corren nuevos aires. “Han eliminado ciertos prejuicios incomprensibles asociados a este tipo de literatura”, dice Salar. “Han roto con la vergüenza y el estigma que siempre ha acompañado a las lectoras de romántica. Parece que ahora ya no está tan mal visto ser lectora del género, ni se le considera pseudoliteratura. El erotismo es un aspecto intrínseco al romance, o debería serlo. Personalmente,  dejo que la trama y los personajes marquen el ritmo, sin preocuparme por su abuso o carencia”.

Amor y chicos

La novela romántica no es terreno exclusivo de las féminas. Ellos también se atreven a hablar de amor. Nicholas Sparks, Federico Moccia, Marc Levi y Nicholas Barreau son algunos de ellos. En España, Francisco de Paula Fernández, autor de la serie juvenil  Blue Jeans. Otros varones en un mundo dominado por las chicas son: José de la Rosa, Javier Romero y Alex García. “Nuestras lectoras jóvenes buscan chicos duros con corazón tierno”, apunta Ardey. “Ese es el ideal de ficción que hoy impera, pero a la hora de la verdad prefieren chicos sensatos”.

Portada del libro 'Jimena no deshoja margaritas', de Olga Salar.

Portada del libro ‘Jimena no deshoja margaritas’, de Olga Salar.

‘A la luna de Valencia’

Carmen, estudiante de Turismo y coordinadora de una oenegé, y Sofía, una estudiante erasmus griega y  campeona de natación, son las protagonistas de ‘A la luna de Valencia’ (EdítaloContigo), de la periodista Gemma Jordán, primera novela homo romántica ambientada en Valencia. La acción se sitúa a mediados de la pasada década, en una primavera fallera y aparecen escenarios reconocibles de la ciudad. Escrito en primera persona, el relato alterna el punto de vista de ambas mujeres e incluye una trama de intriga policial. Cada capítulo se inicia en clave musical, con fragmentos de letras de canciones, la mayoría de artistas españoles: Loquillo, Estopa, Ana Belén, Efecto Mariposa, Manolo Garcia, etcétera.

Pese a ser su primera novela, Jordán no incluye en ella elementos auto biográficos, excepto “los lugares por los que se mueven los personajes y la música que escuchan. También  alguna expresión lingüística, que pensé les podía venir bien para resaltar rasgos de su carácter”.
Jordán no milita en ningún colectivo LGTB, pero como periodista se considera una ciudadana bien informada. “Defiendo las libertades individuales y la capacidad de cada uno de elegir su forma de vida”, dice. “Como tal me expreso y defiendo esas ideas cuando lo creo necesario, esto va aplicado al colectivo LGTB y a cualquier otro que sufra injusticias, que hoy por hoy todavía hay muchos”.

El hecho de que la literatura homo romántica se esté empezando a vender, no sólo en librerías especializadas, sino también en algunas generalistas, “ayuda a dar más visibilidad a la realidad, a normalizar la forma en la que se mira y trata a estos colectivos y a que se vean en cierta forma reflejados y comprendidos”, señala Jordán. “Pero al final, la literatura, literatura es. Son historias que narran algo, con protagonistas que sienten atracción por personas de su mismo sexo, no tiene nada especial”, concluye.

Detalle de la portada del libro 'A la luna de Valencia', de Gemma Jordán.

Detalle de la portada del libro ‘A la luna de Valencia’, de Gemma Jordán.

Bel Carrasco

‘Juego de tronos’ a la valenciana

Las semillas del madomus, de Bel Carrasco
Presentación: Juan Miguel Aguilera
Librería Leo
C / Rinconada Federico García Sanchiz, 1. Valencia
Día 28 de mayo, a las 19.30h

Una enorme albufera por la que navegan piratas que secuestran niños para depravados sexuales y estrafalarias compañías de cómicos. Unas fiestas en honor al dios Foc que culminan con hogueras, fuegos artificiales y  apoteosis erótica. Una reina cruel que intriga para mantenerse en el poder por encima de todo, guerras y hambrunas  que devastan la población.

Lectora acérrima de literatura fantástica y adicta a Juego de Tronos, Bel Carrasco brinda en su segunda novela, Las semillas del madomus (Versátil) un homenaje al género en el que se siente como pez en el agua.  “No tengo ni el peso en kilogramos de Martin, ni sus toneladas de talento”, reconoce. “Pero sí una imaginación  calenturienta y me apetecía mucho  crear un mundo propio con su geografía, toponimia y mitología propia. Como es lógico llevé este mundo imaginario al terreno que conozco, el Mediterráneo, donde es más fácil sudar que pasar frío e impera la sensualidad y la corrupción”.

Portada del libro 'Las semillas del madomus', de Bel Carrasco.

Portada del libro ‘Las semillas del madomus’, de Bel Carrasco.

“Algunos consideran que la literatura fantástica es pura evasión, una forma de huir de la realidad”, añade Carrasco. “Pero yo creo que, además de dar una gran libertad al escritor,  es un vehículo perfecto para denunciar los males de nuestro tiempo que, en cierta manera, son los de todos los tiempos. Consecuencia del lado oscuro y destructivo de la naturaleza humana que necesita matar para sobrevivir”.

El mundo urdido por Carrasco es Ylliria, una isla con forma de guitarra o de cuerpo de mujer en cuyo centro se extiende un gran lago, el Damago, nombre del dios hermafrodita al que todos veneran. Un lugar idílico en el que no se conoce el invierno, que fue en origen un matriarcado gobernado por sabias mujeres: las matrix, con ayuda de las guerreras bélices y las dreidas o damas de los madomus, árboles mágicos en cuyo interior viven estas brujas benéficas, intermediarias entre los hombres y el furor de la naturaleza. Esa sociedad armoniosa es destruida por los hombres de hielo y los madomus destruidos.

“Las historia comienza muchos años después cuando Hanna, una chica huérfana que desconoce sus orígenes, emprende un viaje  con la intención de descubrirlos y saber quién es”, explica Carrasco. “A lo largo de este periplo se enfrenta a numerosos peligros y vive un sinfín de aventuras, hasta que descubre su verdadera naturaleza y su misión: localizar las últimas semillas del madomus”.

Además de Juego de tronos, Carrasco reconoce la influencia de El señor de los anillos, El nombre del viento, la película La princesa Mononoke y otras muchas grandes obras de un género “que en España sigue marginado, aunque los jóvenes demuestran cada vez mayor interés hacia él”.

Con un trasfondo feminista y ecológico, Las semillas del madomus es, sobre todo, un relato de aventuras de corte clásico que complacerá a quienes todavía conservan su capacidad de asombrarse ante lo maravilloso y que se puede leer a partir de los 14 o 15 años.

Bel Carrasco es periodista especializada en temas de cultura y sociedad, colaboradora de El Mundo y la revista digital makma.net. Ha publicado la novela El relojero de Real (Atlantis) y participado en un par de libros colectivos de cuentos editados por la Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.