Boyhood: tiempo real, tiempo cinematográfico

‘Boyhood’, de Richard Linklater
Estrenada el viernes 12 de septiembre, 2014

¿Una vida atrapada en el momento o un momento atrapado en la vida?, con este dilema termina ‘Boyhood’. Una película de homenaje al tiempo. Y, en concreto, al momento, a ese espacio de tiempo insignificante donde la vida queda atrapada.

Prender el tiempo, recorrer el tiempo, detener el tiempo para no ser devorado por él, es una de las grandes aspiraciones del ser humano. Con la fotografía consiguió detener el tiempo, captar un breve momento de la vida;  con el cine lo hizo transcurrir,  reflejar el deslizamiento de la vida en cada momento. En ‘Boyhood’, el director Richard Linklater, ha fusionado el tiempo real al tiempo cinematográfico.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

‘Boyhood’ narra la vida del joven Mason desde los seis hasta los dieciocho años. Un personaje interpretado, al igual que los otros personajes, por el mismo actor durante los doce años que dura la historia. Sí, el envejecimiento real de los actores se fusiona con el envejecimiento de sus personajes. El tiempo cinematográfico de ‘Boyhood’ representa, sin ninguna manipulación de maquillaje, las huellas que el transcurrir del tiempo real deja en los cuerpos de los personajes.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de 'Boyhood', de Richard Linklater.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

En ‘Boyhood’ esas huellas del transcurrir del tiempo están más cerca de la vida que de la muerte. Son las huellas de la infancia y de la juventud. Aunque en el rostro y en el cuerpo de Mason se vaya inscribiendo la vida, su comportamiento no rezuma la vitalidad de ese momento de la existencia; todo lo contrario, exhala apatía. Esa apatía que emana de la vida de los adultos que le rodean y contagia a la nueva generación.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en 'Boyhood', de Richard Linklater.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

Una apatía que no les paraliza para funcionar con la realidad cotidiana -esa cotidianidad que tan bien capta la cámara de Linklater-, pero deja asomar “una verdad desagradable: envejecer, morir es el único argumento de la obra” como en el poema de Jaime Gil de Biedma, ‘No volveré a ser joven’.

Ellar Coltrane, de niño, en 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de niño, en ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

Begoña Siles

Violet, el punto de vista de un melancólico

Violet, de Bas Devos
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Violet es, de las películas a concurso en Cinema Jove, la más inclinada a mostrar lo que le sucede al protagonista desde un  punto de vista formal, supeditando el argumento a la estética que lo contiene. El belga Bas Devos muestra el abatimiento del joven Jesse (Cesar de Sutter), tras contemplar la muerte a navajazos de un amigo, mediante imágenes estáticas, en ocasiones abstractas de tanto forzar el objetivo de la cámara, y en otras mediante planos que proceden de otras cámaras que reproducen el espejismo siniestro que atraviesa el film desde su enigmático comienzo.

Fotograma de la película 'Violet', de Bas Devos. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Violet’, de Bas Devos. Cinema Jove.

No es un recurso novedoso, pero Devos lo exprime al máximo: la observación de la realidad mediante videocámaras, que llevan al espectador a contemplar cuanto sucede de manera interpuesta, con reflejos y distorsiones, al tiempo que se suceden los planos estáticos de larga duración, tan del gusto de cineastas como Jaime Rosales. El ejercicio de estilo, con haber sido ya explorado por otros directores, cumple aquí su función, ya que muestra el estado de un chaval de 15 años impactado por el asesinato de su amigo en los vacíos pasillos de un centro comercial.

El asesinato a manos de jóvenes pandilleros será mostrado al principio de la película a través de videocámaras, justo en el instante en que el vigilante se ausenta de su cabina de control. La desazón se acentúa doblemente, reflejándolo fríamente una cámara sin nadie que pueda intervenir. De manera que Jesse, al igual que el espectador, asiste pasivo al acto criminal, quedando atónito ante  el siniestro que inundará la pantalla de extraños espejismos y continuas alusiones a ese estatismo de la imagen.

Fotograma de la película 'Violet', de Bas Devos. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Violet’, de Bas Devos. Cinema Jove.

Lo que sucede a lo largo de la película viene marcado tanto por el triste suceso como por la forma de mostrarlo. Diríase que la muerte y la cámara inerte, proyectando cierto rastro de Arrebato (Iván Zulueta), forman una extraña pareja directamente asociada con el fenómeno de la melancolía. Porque el melancólico, si algo sabe, es de la parálisis que provoca la pérdida de un ser querido. Parálisis que le lleva a contemplar el mundo con otros ojos, descubriendo en los objetos detalles que antes pasaban desapercibidos y ahora, sin embargo, sobresalen como si alguien hubiera puesto una lupa deformante sobre la realidad cotidiana.

Fotograma de 'Violet', de Bas Devos. Cinema Jove.

Fotograma de ‘Violet’, de Bas Devos. Cinema Jove.

Lo amigos de Jesse, grupo de ciclistas acróbatas o BMX (bike moto cross), le pedirán explicaciones acerca de la muerte del amigo, sopesando su grado de cobardía por no haber intervenido, al tiempo que le acompañan en su triste sentimiento. Jesse, incapaz de metabolizar esa pérdida repentina, deambulará con su bici de aquí para allá, sin hallar consuelo en familia ni amigos. La realidad se vuelve así oscura, impenetrable, difusa, de forma que Bas Devos lo que hace es aproximarnos a ese mundo tratando de experimentar plásticamente lo que le sucede interiormente al muchacho.

Violet, en tanto la trama argumental se funde y hasta confunde con el fondo, no tiene pretensiones de avanzar en busca del sentido que haga salir a Jesse de su ensimismamiento. De ahí que la conclusión no sea más que otra vuelta de tuerca a ese instante que ha paralizado la mirada del joven quinceañero, al que Devos sigue con minuciosa atención. El fantasma de la melancolía lo inunda todo, bañando con su bruma existencial la naturaleza sin duda humana, demasiado humana.

Cesar de Sutter en un fotograma de la película 'Violet', de Bas Devos. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Cesar de Sutter en un fotograma de la película ‘Violet’, de Bas Devos. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres