El collage esquizofrénico de Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Del 3 de julio al 1 de noviembre de 2015

“No pienso en el arte mientras trabajo, trato de pensar en la vida”. Jean-Michael Basquiat (1960-1988). En esa vida que se desprendió de él, por azar o no, con una sobredosis de heroína, a la edad de 27 años. Tristemente demasiado joven para descender al mundo de Hades e incomprensiblemente demasiado joven para que su obra estuviese ya aclamada por la crítica, por los coleccionistas y por artistas como Andy Warhol, Jim Jarmusch, David Byrne, Keith Haring. Recordar que Jean-Michael Basquiat fue el primer artista afroamericano en exponer en el amplio circuito de galerías de prestigio de Nueva York y Europa y que su obra Dusthead, pintada cuando tenía 21 años, fue vendida en 1981 por veinte millones de dólares. En la vida de Basquiat, la muerte y la fama surgieron demasiado pronto, demasiado rápido.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El rizoma

El mundo pictórico de la obra de Basquiat, desde el grafiti hasta el lienzo, se distribuye a modo de rizoma. Múltiples significantes abigarran el espacio creativo.  La letra escrita, los números, el dibujo y el color se amalgaman sin orden, ni ley, ni centro. Frases escritas, fórmulas matemáticas, expresiones médicas, dibujos de animales, de objetos infantiles, de cuerpos fragmentados, a modo de los libros de anatomía, se apretujan en el lienzo junto a dos de sus figuras más significativas de su obra: la corona tricorne, icono de su firma, y los seres trazados con la fisionomía del hombre negro.

La obra de Jean-Michael Basquiat es un collage propio de la escritura esquizofrénica del arte visual posmoderno. Basquiat pinta su obra de mayor raigambre artístico en el auge posmoderno de la década de los ochenta del siglo XX.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo, señala que el collage es un rasgo de estilo de la pintura del siglo XX, sea ésta posmoderna o no; la escritura esquizofrénica, junto con el pastiche, son cualidades estílisticas propias del arte posmoderno. Según este autor, un arte, el posmoderno, que expresa muchos aspectos del capitalismo multinacional, de la sociedad de consumo y mass-mediática. Y una escritura posmoderna que está unida a la experiencia esquizofrénica, entendida ésta como un desorden en el lenguaje donde los significantes materiales pululan aislados, desconectados, discontinuos, sin establecer una secuencia coherente en el tiempo y en el espacio.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La obra de Jean-Michael Basquiat está impregnada de la cualidad de la experiencia esquizofrénica. Los significantes en toda su materialidad explotan en el interior del lienzo fragmentando el tiempo y el espacio y estallando toda posiblidad narrativa.

El sentido artístico de la obra de Basquiat está ahí, en la ruptura temporal y espacial, en la falla narrativa, en la materialidad de lo rasgos infantiles de sus dibujos, de sus colores, de sus letras, de sus números, en la inmensa apertura de la boca y en los desproporcionados dientes de esas figuras de seres cubiertos con las máscaras de la fisionomía del hombre negro, afroamericano.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Bocas tétricas, irónicas, iracundas, impotentes para acallar, a pesar de su majestuosa presencia, el desgarro de angustia que produce la discontinuidad que somos y la continuidad perdida que fuimos y seremos, como señala Bataille en su libro Erotismo.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

“Un manicomio es la mejor métafora de España”

La sonrisa de las iguanas, de Pablo Sebastiá
Editorial Reino de Cordelia

Un periodista bipolar, una chica con trastornos de personalidad, un exhibicionista y voyeur, un esquizofrénico paranoide con tendencias homicidas. Una selecta fauna de chalados deambula por la última novela de Pablo Sebastiá, ‘La sonrisa de las iguanas’ (Reino de Cordelia), una demencial parodia sobre la España de la crisis y de los recortes. Todo empieza cuando  Enric Marededú, concejal independentista del Ayuntamiento de Barcelona, sufre un prolapso, doloroso episodio de eclosión intestinal mientras intenta defecar en su cuarto de baño. Operado de urgencia es ingresado en un hospital público, donde comparte habitación con un joven gitano y su bulliciosa familia. Harto del follón, recurre a sus influencias para ser trasladado a una suite individual del Instituto Mental Europeo. Ignora que su estancia va a ser mucho más movida de lo que nunca pudo imaginar.

Pablo Sebastiá, autor de 'La sonrisa de las iguanas'. Imagen cortesía del autor

Pablo Sebastiá, autor de ‘La sonrisa de las iguanas’. Imagen cortesía del autor

La acción de la novela se desarrolla en la sección de Agudos del Instituto Mental Europeo. ¿La locura ayuda a comprender mejor al ser humano?

La locura es intrínseca al ser humano. Todos estamos tocados del ala. Unos más y otros menos, pero no conozco a nadie que esté completamente cuerdo y equilibrado. Otra cosa es que, según el grado de sufrimiento mental de cada cual, se necesite más medicación o menos.

¿Hay chifladuras buenas y malas como ocurre con el colesterol?

No lo creo. La chaladura siempre genera tensión, estrés y angustia. Algunos lo sobrellevamos mejor que otros, pero no por ello dejamos de sufrir.

Un manicomio como metáfora de un país ¿Estamos todos locos o acabaremos estándolo si esto sigue así?

No hay escenario que nos sirva tan bien como metáfora de lo que es hoy España que un manicomio. La salud mental de los españoles está más que en entredicho.

¿Cuál fue la chispa que desencadenó en su cerebro este hilarante incendio forestal?

No fue una sola, sino muchas. Tal vez la primera fue ver como los españoles criticamos la falta de carrera profesional y de formación universitaria de nuestros representantes públicos para constatar, poco después, que en la agrupación política de moda, Podemos, si algo se echa en falta es precisamente la experiencia laboral de sus cabezas visibles. Por no hablar de sus capacitaciones técnicas constatables. ¿Dónde está la coherencia ciudadana aquí? Otra chispa que me motivó a escribir esta brutal sátira de la actualidad fue corroborar que los partidos políticos mayoritarios no entendían que la sociedad lleva años exigiendo un cambio de actitud. Parece que sean sordos, ciegos y mudos. Otra chispa la constituye la absoluta certeza de que el mundo sindical, empresarial y financiero español no es tan corrupto como inepto. Lo cual, sabiendo lo corruptos que muchos de ellos son, los deja en muy mal lugar.

Pablo Sebastiá, autor de 'La sonrisa de las iguanas'. Imagen cortesía del autor.

Pablo Sebastiá, autor de ‘La sonrisa de las iguanas’. Imagen cortesía del autor.

¿Tuvo que sacarse un máster en salud física y mental antes de ponerse manos a la obra? ¿Cómo prevenir el terrible atasco intestinal?

No necesité licenciarme en psiquiatría. Con perder la cabeza me bastó. Respecto al atasco intestinal, poco puedo decir. Solo recomendar a los lectores  que no lean el diario sentados en el trono. Un doloroso prolapso puedes sobrevenirles si en cinco minutos no han levantado sus traseros de la taza.

¿Qué tipo de trastornos mentales caracterizan a nuestros políticos? ¿Se atrevería a trazar el diagnóstico de los más mentados en los medios?

Es difícil saberlo con certeza, aunque resultaría creíble oír en las noticias que Rajoy sufre cierto complejo de Edipo, que Mas padece esquizofrenia paranoide, que Sánchez tiene complejo de inferioridad y que Pablo Iglesias sufre de narcisismo incurable.

¿Por qué España carece de una tradición de literatura de humor a diferencia de otros países?

Tal vez porque nos tomamos a nosotros mismos demasiado en serio. Y eso es malo.

Sobrecubierta de 'La sonrisa de las iguanas', de Pablo Sebastiá. Reino de Cordelia.

Sobrecubierta de ‘La sonrisa de las iguanas’, de Pablo Sebastiá. Reino de Cordelia.

¿Qué tiene la iguana que no tengan otros bichos repelentes como hienas, serpientes o arañas?

La iguana es un animal curioso. He visto vídeos en los que una gigantesca iguana mata a un perro de un solo coletazo. En cierta medida, y entendiendo que por ahí va su pregunta, las iguanas son como muchos agentes antidisturbios. Bichos capaces de abrirle la testa a alguien sin inmutarse.

Hasta ahora usted ha sido habitual de la novela negra. ¿A qué se debe este cambio de rumbo? ¿Seguirá en esa línea tras la estela de Tom Sharpe?

Me he sentido muy cómodo siguiendo la estela de Tom Sharpe. No descarto continuar en ella si los lectores creen que es el camino adecuado.

Hablando de novela negra, ¿no estamos ya un poco saturados de este género?

Tal vez sí. Con los géneros literarios suele ocurrir esto. Las editoriales se mueven por modas. Hace diez años era imposible entrar en una librería sin tropezar con decenas de novelas de templarios, conspiraciones eclesiásticas y misterios sin respuesta. Hoy le toca al género negro. Mañana Dios dirá.

Pablo Sebastiá, autor del libro. Imagen cortesía del autor

Pablo Sebastiá, autor del libro ‘La sonrisa de las iguanas’, de Reino de Cordelia. Imagen cortesía del autor

Bel Carrasco

Monsalvatge y la política o ese peligro permanente

11 años de peligro permanente, de Xavier Monsalvatge
Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí
C / Poeta Querol, 2. Valencia
Hasta el 4 de mayo

El peligro permanente del que habla Xavier Monsalvatge (Godella, 1965) se puede entender nada más entrar a su exposición en el Museo de Cerámica de Valencia. Bajo el elocuente título de la muestra figura esta frase de George Orwell (1984): “En  nuestra época no existe tal cosa como ‘mantenerse fuera de la política’. Todas las cuestiones son cuestiones políticas, y la política misma es una masa de mentiras, evasivas, tonterías, odio y esquizofrenia”. El peligro, pues, resulta evidente: no hay salida posible, porque todo es política y, por tanto, lamentable falsedad.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Monsalvatge se hace cargo de esa poderosa ficción en 11 años de peligro permanente, exposición de lozas, porcelanas, serigrafías y alguna pintura acrílica, junto a diversos objetos dispuestos en vitrinas, que sirven de soporte ilustrativo de toda esa “masa de mentiras” que constituye la política. Los 11 años a los que alude el título de la muestra se refieren al tiempo que Monsalvatge ha pasado en diferentes lugares, para dar forma al conjunto expositivo mostrado en una de las salas del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, que celebra este año su 60 aniversario.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Sargadelos (Lugo), La Rambla (Córdoba), Fuping (China), Bornholm (Dinamarca), Milwakee y Filadelfia (Estados Unidos) y Çan (Turquía) fueron las ciudades que el artista de Godella frecuentó y de las que extrajo el fruto del trabajo que ahora expone. De los peligros que ha ido corriendo durante esta última década, Monsalvatge nos advierte mediante una obra salpicada de títulos harto significativos: Vamos a contar mentiras, Estamos perdidos, Estudio de frenología, 14 de septiembre, Conexiones incorrectas. Jarrones, platos y cabezas escultóricas acogen ese discurso crítico y desencantado con la política y el poder financiero, que Monsalvatge ilustra con brillante pulso narrativo y poderosa pincelada.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el  Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Por sus piezas de loza y porcelana van desfilando escenas de políticos, a los que parecen darles cuerda el propio engranaje mecanizado de la sociedad posmoderna. También hay manos industriosas alimentando “con ahínco” las tuberías de un sistema angustioso, expresionista, alienado. Tanto es así, que una de las porcelanas de la exposición (Study of phrenology) recoge en una cabeza la confusa fragmentación del desorden impuesto.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente' en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’ en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Ése es el peligro del que nos advierte Monsalvatge con su agobiante escenografía sobre cerámica y del que nos avisa de entrada con la cita de George Orwell. Por si fuera poco, en las ocho vitrinas de la exposición va dejando huellas literarias del agujero de lo real que se abre a causa de ese totalitarismo de la política: Muerte accidental de un anarquista (Darío Fo) o Sobre la historia natural de la destrucción (W.G.Sebald), además del propio 1984 de Orwell, son algunos de esos textos admonitorios.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Monsalvatge también tiene tiempo de cartografiar la costa mediterránea y más allá, siguiendo la estela náutica de Piri Reis (1465-1554), creador de uno de las mapamundis más importantes del mundo. Y de fotografiar y pintar diferentes edificios industriales tomando como referencia el barrio viejo de Filadelfia, donde prosigue su crítica de la política aprovechando que en esos momentos había sido reelegido Obama como presidente de los Estados Unidos. 11 años de peligro permanente parece llevarnos de la mano de la cerámica por ese mundo al borde el abismo que Orwell decreta por culpa de tamaña contaminación política. Si algo nos puede salvar, a juzgar por las imágenes de Xavier Monsalvatge, es el propio acto creativo destinado a conservar la belleza allí donde todo apunta hacia su destrucción.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años en peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Salva Torres

El desencanto mortal de Leopoldo María Panero

El desencanto, de Jaime Chávarri
Básicos de la Filmoteca
CullturArts de La Filmoteca-IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 27 de marzo, a las 19.00h

El jueves  27 de marzo,  tres semanas después de la muerte del poeta Leopoldo María Panero, el IVAC-La Filmoteca de Valencia proyecta en su programación Básicos de la Filmoteca, el documental El desencanto de Jaime Chávarri rodado en 1976 sobre la familia Panero.

“Tanto sobre la familia como sobre los individuos. En particular, hay dos historias que se pueden contar. Una es la leyenda épica, esto es, las hazañas del yo, y otra es la verdad. Y la leyenda épica de nuestra familia, que es la que me figuro que se ha contado en esta película, es muy bonita, romántica y lacrimosa, pero la verdad es una experiencia deprimente.” (Leopoldo María Panero)

Felicidad Blanc con sus tres hijos en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Felicidad Blanc con sus tres hijos en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

El  relato El desencanto no narra la leyenda épica de la familia Panero, sino que nos devela la “verdad” sórdida de esta saga de escritores y poetas. Una “verdad” que empieza a manifestarse cuando hace acto de presencia en el documental  Leopoldo María Panero.

“Leopoldo María es el alma de la película, sin su intervención y su  visión opuesta al resto de los miembros de la familia, de lo que fue la vida familiar, no hubiese habido película.” (Jaime Chávarri)

En El desencanto, como señala Chávarri, “se hace una reflexión de la familia y, más concretamente, sobre el padre, sobre la figura del padre.”

El inicio y el final de El desencanto es el mismo. Esto es, el plano de una fotografía de la madre, Felicidad Blanc, con sus tres hijos, Juan Luis, Leopoldo María y Michi, cuando eran pequeños, y, por corte, se pasa al plano de una estatua tapada y maniatada por un plástico que oculta la figura del padre.

Estatua del padre de los Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri,

Estatua del padre de los Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri,

 

Por tanto, una estructura circular que nos muestra una desgarradora presencia de la madre que no permite la visualización de la figura del padre, ni como estatua.  Así pues, si la figura paterna está eclipsada por los fascinantes rayos de la madre, serán los hijos los que ocupen su lugar, a modo de deseo metafórico,  en el lecho de la madre.

“Una vez en un restaurante, el camarero tenía la idea de que yo era el gigoló de mi madre. Y me hizo mucha ilusión. Me excitó sexualmente, era muy divertido.”  (Juan Luis Panero)

Probablemente, sea ese deseo de querer ocupar la posición del padre, el lugar de encuentro y desencuentro entre los hermanos Panero, Juan Luis y Leopoldo María.

Juan Luis Panero, a la derecha, y Michi Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Juan Luis Panero, a la derecha, y Michi Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

“A raíz de la muerte de mi padre todo fue un desastre, parte de ese desastre fue porque cada uno quiso ocupar el lugar del padre. (…) A mi lo que me gustaría sería acostarme con mi madre. Soy plenamente consciente de ese deseo.” (Leopoldo María Panero)

Tras la muerte del padre, el desastre familiar, económico y emocional se apoderó de los Panero. La escritura era, como dice el poeta Leopoldo María Panero, “la salida que nos quedaba para existir en el círculo vicioso, imposible de romper, de desastre familiar.”

Un desastre familiar que Leopoldo María Panero atribuye con cruel desgarro, tanto en la realidad como en la creación poética, a su madre.

“Mi madre también fue la causa de mi desastre”, palabras pronunciadas en el documental de Chávarri. O en los versos de “Ma Mère», dedicado “A mi desoladora madre, con extraña mezcla de compasión y náusea que puede sólo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto desastre.”

Una escritura para sobrevivir al estrago de la madre. “Juan Luis y yo éramos los que más bebíamos, llevábamos una conducta parecida a la de mi padre, nos convertimos en los sustitutos de mi padre, a nivel más malo, no como metáfora paterna sino como realidad. Mi madre nos convierte en sinónimos de lo peor de mi padre.” (Leopoldo María Panero)

Una escritura, la de Leopoldo María Panero, que grita desgarradora y enloquecedora el doloroso interrogante de ¿Quién soy yo? o como él mismo dice en el documental: “ Yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos.”

Poesía para sobrevivir a la locura o locura sobreviviendo en la poesía.

Felicidad Blanc junto a Leopoldo María Panero, izquierda, y Michi Panero, en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Felicidad Blanc junto a Leopoldo María Panero, izquierda, y Michi Panero, en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

Réquiem

“Me despierto a las cuatro de la madrugada y me arrodillo para rezarle a la muerte. Mi madre pisotea mi tumba.” ( Leopoldo María Panero)

Leopoldo María  Panero nació un 16 de junio de 1948 y murió durmiendo un 6 de marzo de 2014 en Las Palmas de Gran Canaria, en el Hospital Juan Carlos I en el área de salud mental. Esa madrugada la muerte no despertó al poeta.

Hijo de otro gran poeta, Leopoldo Panero, y de la escritora y actriz Felicidad Blanc, hermano del también poeta Juan Luis Panero y de Michi Panero, Leopoldo María Panero perteneció al grupo de los Nueve Novísimos, creado en 1970 por Josep María Castellet, junto con  Pere Gimferrer, Ana María Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero y José María Álvarez.

Leopoldo María Panero escritor -ensayista, narrador y poeta, pero ante todo poeta-, vivió cubierto por la máscara de la locura. Una locura que arrastró tanto por los diferentes manicomios en los que estuvo internado prácticamente toda su vida,  como por su poesía. “No sé si está loco, ni qué tipo de locura es la suya, pero si debe tener alguna que justifique todo, será una platónica locura poética de altísima calidad, a la altura misma de su ironía.” (Segundo Manchado, su psiquiatra, ex director del Hospital Psiquiátrico de Gran Canaria).

Una poesía, transgresora, irracional y marcada por un vacío delirante, que empezó a escribir a los cuatro años, sumiendo a sus padres en un estado de total  desconcierto.

“Mi corazón temblaba y no era un sueño/ fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey/ y mi corazón seguía temblando.” “Los libros hablaban, hablaban y Dios iba diciendo: pronto se acabará el mundo.” (Poemas escritos por Leopoldo María Panero a los cuatro años y recitados por él mismo en el documental El desencanto).

Esos poemas infantiles son para Leopoldo María Panero “lo mejor que he escrito y además anticipa toda mi poesía posterior, hasta la temática del apocalipsis que la escogí más tardíamente está en ellos.”

Una infancia perdida, pero constantemente anhelada.

“En la infancia vivimos, después sobrevivimos.” (Leopoldo María Panero)

Leopoldo María Panero en un fotograma de 'El desencanto', de Jaime Chávarri.

Leopoldo María Panero en un fotograma de ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri.

Begoña Siles

 

 

 

 

 

 

 

 

El Teatro Extravagante de Radio City

V muestra de Teatro Extravagante de Radio City
En Radio City
C/ Santa Teresa, 19. Valencia.
Actuaciones cada Domingo de Noviembre hasta el 1 de Diciembre.

Domingo 17 de Noviembre: «Miss Hammer»

Asistimos a las últimas horas de Miss Hammer, una artista de circo que dialoga con Flavio, su hígado. Mis Hammer tiene problemas de adicción con el whisky y los barbitúricos, sus mejores aliados muy a pesar de su pobre hígado. Harto de esta mala vida, decide salir de la oscuridad de sus entrañas para plantarle cara a su castigadora propietaria. El amor, la rabia, la debilidad y la muerte son los temas que nos proponen en esta curiosa conversación. Un texto con referencias, en ocasiones, al magnífico Beckett o Bernhard, acompañado de una puesta en escena dinámica y en algunos momentos, absurda y cómica.

Esta obra, dirigida por Gerardo Esteve, uno de los creadores valencianos más prolíficos en los últimos años, nos invita a descubrir esta pieza delicada, llena de detalles y donde dos excelentes actores, Lara Sanchis y Pedro Aznar, nos embaucan en una obra llena de artes escénicas y reivindicación. Miss Hammer es Lara, no sabemos si una azafata, una artista de circo, una ascensorista… mientras que Pedro Aznar, su hígado, es también un pianista, un clown… Con un lenguaje irónico y sarcástico, y con ayuda del alcohol y las drogas, Miss Hammer se deja llevar en una conversación llena de esquizofrenia, paranoia y locura donde el único punto lúcido lo proporciona Flavio, un hígado llevado a condiciones. Esta pieza es una colaboración entre la compañía Acerometros y Francachela Teatro.

Cartel de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.

Cartel de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.

Domingo 24 de Noviembre: «Carrusel de los niños perdidos»

El Colectivo Piel presenta “Carrusel de los Niños Perdidos”,  una obra multidisciplinar que combina teatro y música en directo, aderezado con el lenguaje poético de los cuentos y fábulas de nuestra infancia. Clara Carbonell y Carlos Luna, fundadores del  Colectivo Piel y los artífices de este “Carrusel de los Niños Perdidos”, nos sumergen en su mundo. Una obra elaborada de manera artesanal, nacida del esfuerzo de todos sus componentes que no sólo han puesto las ganas de hacer realidad este sueño, sino todo el presupuesto y el trabajo de sus bolsillos. Desde su estreno en marzo en Carme Teatre ya ha recorrido diversas salas y ahora llegan a la Muestra de Teatro Extravagante de RADIO CITY el próximo domingo 24 de noviembre.

Cartel de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.

Cartel de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.

Domingo 1 de Diciembre: «Puedes volver (karaoke en desahucio)»

Un Karaoke en desahucio abre sus puertas para albergar la gran final del concurso Internacional de Karaokes que llevará al ganador o ganadora a Finlandia. Desde su llegada, el público tomará parte activa en el espectáculo. El teatro se habrá transformado en un karaoke y se invitará a participar en el concurso ofreciendo una lista con diez temas a elegir, para que el espectador pueda decidir si quiere participar y con cuál de ellos. Sobre el Dolce Vita pesa una orden de desahucio, que se incumple para poder desarrollar el concurso, motivado por la Gran Noche que se avecina, a fin de recaudar fondos y poder rescatar el negocio. La policía judicial aparecerá para interrumpir la velada y clausurarlo, pero no les será nada fácil porque los trabajadores del local y el público asistente se lo impedirán.

Los personajes nos muestran su parte más humana a pesar del duro momento que les toca vivir. Son seres luchadores, que conseguirán vencer las más temibles vicisitudes que la vida les envía. El espectáculo es una celebración colectiva, un canto de resistencia vitalista y esperanzadora, una pieza cargada de optimismo, que espera conseguir contagiar este espíritu al público.

Actores de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.

Actores de la obra. Imagen por cortesía de Radio City.