Ultramarinos con mucho arte

Guía de ultramarinos, de Cerveza Turia
Diseño de Cul de Sac
Ilustraciones: Ana Penyas
Fotografías: Tania Castro
Texto: Pilar Almenar

Son algo así como los últimos mohicanos. Tiendas pequeñas, de toda la vida, que resisten al paso de los gigantes centros comerciales. Ultramarinos, sin duda singulares, que Cerveza Turia ha reunido en una guía diseñada por CuldeSac. Para realzar esa singularidad de lo pequeño que se agiganta con el paso del tiempo, fruto de la tenacidad y del ingenio, la guía cuenta con las ilustraciones de Ana Penyas, reciente premio Catálogo Iberoamérica Ilustra. Y con las fotografías de Tania Castro. Ilustraciones y fotografías que visibilizan los 10 recintos elegidos como homenaje al pequeño comercio.

Enrique Dasí, por Ana Penyas. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

Enrique Dasí, por Ana Penyas. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

“Desde fuera, muchos pasan desapercibidos pero si despiertas tu curiosidad, empujar la puerta te dará acceso a un mundo repleto de historia y gastronomía”, cuenta en el prólogo Pilar Almenar. De esa curiosidad despierta se nutre Ana Penyas a la hora de ilustrar los ultramarinos. “He tratado de echarle imaginación, a partir de las fotografías de Tania y de mis propias vivencias al visitar los espacios”, cuenta Penyas, que reconoce haber arrancado la experiencia sin tener tan presente el concepto de ultramarino, “pero sí el de comercio local”.

Sus ilustraciones reflejan a la perfección el espíritu de esas tiendas históricas, mezcla del lápiz de toda la vida y la más moderna tecnología. “Intentar volver a dibujar como un niño resulta difícil cuando dominas la técnica, aunque por otra parte soy bastante metodológica”. Simbiosis, pues, de lo entrañable rayano con lo atávico, y la puesta al día de las viejas artes comerciales. Porque lo que sorprende de esos 10 ultramarinos recogidos en la guía es que su ilustre pasado, lejos de perder brillo, ha ido cogiendo un color muy moderno.

Enrique Dasí, fotografiado por Tania Castro. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

Enrique Dasí, fotografiado por Tania Castro. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

De nuevo Ana Penyas como ejemplo: “Yo siempre he tenido las vanguardias en mi cabeza, de ahí esa deformación de la perspectiva y de los propios personajes”. De manera que sus dibujos infantiles, reveladores de cierta sencillez, terminan ocupando escenarios descoyuntados al tiempo que armoniosos. Como los propios ultramarinos, tan repletos de frascos, latas, botes y paquetes en un todo caótico, que el comerciante de toda la vida organiza a golpe de prestidigitador. Hablamos de El Niño Llorón, Aves la Maña, Enrique Dasí, La Parra, Alborea, Joaquín Galindo, Salazones Bonanad, Mantequería Mossí, Liaño y La Xocolatera.

“Cuando intentaba hacerlo perfecto se me iban muchas energías, por eso me he encontrado siempre más cómoda rompiendo esas reglas”, explica Penyas. Palabras que harían suyas los responsables de unos comercios tradicionales igualmente dados a saltarse las reglas del marketing posmoderno, a favor de un trato más cercano, más cálido, menos enconsertado. Lo cual no quita que, como señala la joven ilustradora valenciana, haya un trabajo metódico detrás: “Yo me hago muchos bocetos; no dibujo rápido”.

El Niño Llorón, fotografiado por Tania Castro. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

El Niño Llorón, fotografiado por Tania Castro. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

En sus ilustraciones campan a sus anchas los dueños de los ultramarinos, a los que Penyas respeta la fisonomía, para centrarse en el resto de la escena. Una escena poblada de objetos y alimentos característicos que la guía recoge a modo de maridaje. Cada establecimiento, de hecho, ofrece un pack maridaje realizado por algunos de los chefs del momento (Germán Carrizo, Juan Casamayor, Carito Lourenço, María José Martínez, Enrique Medina y Alejandro Platero). Los 1.500 primeros visitantes que adquieran esos maridajes se llevarán como obsequio la guía y una cesta de Cerveza Turia. Sólo falta saber si la guía tendrá continuación en Alicante y Castellón a modo de puente entre ultramarinos. En todo caso, ¡larga vida!

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El Niño Llorón. Ilustración de Ana Penyas. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

El Niño Llorón. Ilustración de Ana Penyas. Imagen cortesía de Cerveza Turia.

Salva Torres

Caminando hacia uno mismo

Subir hacia abajo
Daniel Torán
Círculo Rojo

Hay momentos en la vida en los que es necesario detenerse y plantearse si vale la pena seguir el camino escogido o se impone un cambio de rumbo. Son encrucijadas que suelen presentarse en cierto punto de la madurez, que a unos les llevan a tomar atajos o desvíos, y a otros a dar un cambio radical.  El proceso puede ser instantáneo, como la célebre caída del caballo de San Pablo, o lento y gradual. Puede tener un cariz religioso o, simplemente vital, la búsqueda de otros objetivos, de otra forma de vivir más en armonía con uno mismo. Es lo que le ocurre al protagonista de Subir hacia abajo. Viaje por el Himalaya y las profundidades de la mente (Círculo rojo). Un empresario agobiado por una situación de estrés que corta por lo sano y emprende un viaje al techo del mundo en busca de su propia identidad.  Es la primera novela de Daniel Torán, un relato  que tiene dos niveles de lectura; crónica de una travesía y testimonio de una experiencia de crecimiento personal.

Daniel Torán. Imagen cortesía del autor.

Daniel Torán. Imagen cortesía del autor.

“A menudo el trayecto necesario para un cambio requiere una paradoja, una escalada a contracorriente, una irrupción en sentido contrario para no dejarse llevar por la comodidad de la inercia”, escribe el autor en la contraportada. “Salir para adentrarse,  escapar para refugiarse, subir a lo más alto para bajar a lo más bajo. Cuando chocan fuerzas de valor opuesto la intensidad de la explosión nos vuelve más conscientes  y lúcidos”

El despegue y transformación de este ejecutivo imaginario es trasunto de la del propio autor dedicado durante tres décadas a Recursos Humanos y gran amante del montañismo que práctica desde que era scout.

Hace diez años decidió dar un giro a su existencia y retomó su afición al trekking, caminar campo a través pero a gran escala, pues en un viaje a Nepal se desplazó hasta el campo base del Himalaya, a 5.350 metros de altitud. “Iba en busca de montañas y encontré una gente maravillosa”, recuerda. “Personas hospitalarias, honestas, transparentes que me hicieron pensar en las contradicciones de la civilización occidental. Pese a las limitaciones del lenguaje mi comunicación con ellos era mucho más auténtica que la que tenemos aquí agobiados por las prisas y el estrés”.

Portada del libro 'Subir hacia abajo', de Daniel Torán. Círculo Rojo.

Portada del libro ‘Subir hacia abajo’, de Daniel Torán. Círculo Rojo.

El Nepal es un país atrasado en cuanto a infraestructuras, educación o sanidad, pero sus habitantes causaron gran impacto en Torán. “Viven al día como si respirar fuera un privilegio y son generosos de sí mismos sin esperar nada a cambio. Están enraizados en sus familias y tradiciones y practican de forma espontánea la tolerancia, la solidaridad y la ayuda al prójimo. Soy fanático de los viajes, he recorrido medio mundo y nunca había conocido gente de tal categoría espiritual”.

Los apuntes de su viaje y otros que le siguieron fueron el germen de este libro en el que Torán pretende implicar al lector tanto en el plano físico, la aventura, como en el espiritual. “Creo que Subir hacia abajo es una lectura apropiada para personas que atraviesan una crisis vital y se hacen preguntas sobre su vida. Pero también para amantes de la montaña que desean encontrar en ellas algo más que la pura experiencia sensorial”.

Paso a paso, a lo largo de jornadas de siete u ocho horas que se inicial con el amanecer, Torán describe con un lenguaje directo y ágil el periplo de un hombre que, a medida que asciende sobre la tierra, ahonda en las profundidades de su mente.

Ilustración de Claudia Torán . 'Subir hacia abajo', de Daniel Torán. Cortesía del autor.

Ilustración de Claudia Torán. ‘Subir hacia abajo’, de Daniel Torán. Cortesía del autor.

Ilustrado por su hija Claudia que estudió un master en Ilustración en la Universidad Politécnica y ahora se abre camino profesional en Londres, el libro incluye unas citas selectas que encajan con las vivencias del protagonista, como este proverbio hindú: “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.

Con apenas 21 años Torán se inició en el mundo de la empresa y en él permaneció a los largo de tres décadas en la compleja labor de director de Recursos Humanos, “entre la espada de los empleadores y la pared de los empleados”, bromea. “Cuando yo empecé no había mujeres en este sector pero ahora son mayoría”. En la actualidad trabaja como coach personal y de empresas aunque se vuelca en la promoción de su libo pues lo importante es que la gente lo lea.

¿Recomendaría a todos los profesionales estresados un viaje a Nepal?  “Ni por asomo. Hoy día hay personas que viajan miles de kilómetros y cuando regresan sólo traen fotos, souvenirs y alguna anécdota insustancial. Para encontrarse a uno mismo no hace falta ir muy lejos. A veces basta darse un paseo por un jardín cerca de tu casa y descubrir la belleza de los árboles, los trinos de los pájaros, algo que de un sentido nuevo y total a la existencia”.

Torán pretende seguir adelante por esta nueva senda  en la que vuelca una vocación artística hasta hace poco latente que  ha transmitido a sus dos hijos. Jorge a punto de acabar Arquitectura y Claudia en su faceta de ilustradora.

Ilustración de Claudia Torán.

Ilustración de Claudia Torán del libro ‘Subir hacia abajo’, de Daniel Torán. Cortesía del autor. 

Bel Carrasco

Los carteles biográficos de Cinema Jove

30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Cartel del festival: Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-LAb)
Del 19 al 26 de junio de 2015

La historia de los carteles del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CulturArts, es la historia misma de su espíritu, de su trayectoria y de su evolución. Y grandes artistas como Pablo Llorens, MacDiego, Paco Roca o el estudio Casmic-Lab, que firma el cartel de la 30ª Edición que se celebrará del 19 al 26 de junio, forman parte de ella.

En la imagen de este año, Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-Lab), han querido representar la alquimia “porque creemos que tanto el Festival como el cine en sí son procesos mágicos donde entran en juego muchos factores”, afirman los diseñadores.

Fue en el año 2007 cuando estos dos creativos se presentaron por primera vez a la selección del cartel de Cinema Jove. Desde entonces, Amadeo y Roser han plasmado, a través de sus ilustraciones, la filosofía del Festival en cada edición. “Cinema Jove tiene un espíritu fuerte, dinámico y alegre. Tiene una energía muy especial y siempre es un reto representarlo”. No en vano, los carteles de estos dos jóvenes diseñadores gráficos valencianos han sido premiados internacionalmente.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

A lo largo de la historia del Festival, grandes artistas de nuestra Comunidad han sido los encargados de desarrollar y crear su imagen atendiendo al alma de cada edición. De esta manera, en 1991, el artista J. Ballester crea un cartel en el que aparecen grandes directores de la historia del cine ante la atenta mirada de un niño, representando así, la línea de formación que caracterizaba y caracteriza al Festival.

Destacan también los carteles de Pablo Llorens, ganador de dos premios Goya por sus labores en animación, que ilustraron Cinema Jove con su sello inconfundible desde el año 92 hasta el 96.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

En el año 1997, José Luis Rado entra como director del Festival y, con este cambio, se quiso dar también otro aire a su imagen. Se realiza el encargo al diseñador gráfico MacDiego. Él dio forma y vida al logotipo insignia que representa un ojo con dos pupilas. Un motivo surrealista que refleja perfectamente esa mirada inquieta, inconformista y diferente que tienen los cineastas y espectadores del Festival. Además, en ese momento las Lunas de Valencia, diseñadas también por MacDiego, ya aparecen como la imagen del premio, y así se hace patente en la tipografía del cartel.

En 2001, el cartel, diseñado por Erique Villalba, está inspirado en la película ’2001: Una Odisea en el espacio’, de Stanley Kubrick. Somnis Animació realizó en 2002 el cartel con un juego al público para que adivinaran a qué película hacía referencia. En ese momento fue ‘M’, de Fritz Lang. En 2003 hace referencia a ‘Blade Runner’, de Ridley Scott, y, al año siguiente, a ‘La ventana indiscreta’ de Alfred Hitchcock, con diseño de Remi Hueso.

En el 20º aniversario de Cinema Jove se encarga de nuevo la imagen a MacDiego, que a su vez le pasa el testigo a Paco Roca. En ese momento, se toma como idea las efigies de los directores que pasaron por el Festival transformándolos en cíclopes de dos pupilas. Idea que continuó en la Edición siguiente pero, en esa ocasión, diseñadas por Cento Yuste por encargo del propio MacDiego.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

En 2007 entra ya el estudio de diseño Casmic-Lab. En este primer cartel se representó la idea de los superhéroes con el estilo pop que les caracteriza. Esta imagen fue elogiada por grandes profesionales como Kyle Cooper, diseñador de los títulos de crédito de películas como ‘Seven’ (David Fincher, 1995), ‘Spider-Man’ (Sam Raimi, 2002), ‘Misión Imposible’ (Brian de Palma, 1996) o ‘Donnie Brasco’ (Mike Newell, 1997).

Al año siguiente se cumplían 40 años del mítico Mayo del ’68, año en el que, con motivo de las algaradas y revoluciones callejeras, los cineastas franceses paralizaron el festival de Cannes. Cinema Jove albergó el ciclo ‘Can(nes)celled’, en el que se proyectaban las películas que no se pudieron ver en la ciudad francesa.

Casmic-Lab, buscando un motivo asociado a la época, ideó para el cartel un caleidoscopio con la imagen de los homenajeados de ese año y los directores de algunas las películas del ciclo (Richard Lester, Jirí Menzel o el productor Elías Querejeta). Como anécdota, Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, recuerda que “con el cartel ya hecho, Casmic-Lab se interesó por saber cuál era la imagen que representaba al festival de Cannes del ’68 y para sorpresa de todos también contenía un caleidoscopio”.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

En 2011, el estudio de diseño convirtió a Valencia en una ciudad-proyector en el que partes y elementos arquitectónicos de la ciudad se transformaban en piezas de una máquina de cine. Una piñata gigante, creada ex profeso con técnicas clásicas de cometa y origami japonés, fue la imagen del cartel de la 28ª Edición.

“Cinema Jove es una oportunidad para el espectador de acercarse a los directores, actores y profesionales del mundo del celuloide; es también un punto de encuentro entre los profesionales del sector, y sobre todo una oportunidad para el público de ver películas de gran calidad. Durante los días del Festival se suceden momentos y encuentros muy especiales que darán como fruto futuros proyectos. Buscando la mejor forma de plasmar esos momentos, se nos ocurrió la idea de construir una piñata de papel y decidimos que su contenido debería tener un carácter de piedra preciosa porque eran momentos y películas muy valiosas”, afirman Casmic-Lab.

En esta 30ª Edición, han querido unir los conceptos de la experimentación, los cambios, el proceso intelectual pero también físico, y los han hecho confluir dentro de un canal que se convierte en objetivos que, a su vez, acaban siendo dos manos haciendo el gesto de encuadre. Un ojo, que nos mira fijamente, es el objeto central del póster.

Para ello, se han inspirado en libros antiguos de ciencia, de anatomía, de física, también místicos y de alquimia “para ver cómo representaban la esencia del cambio a través de dibujos” ya que, para Amadeo y Roser, uno de los mayores retos del cartel de esta edición “ha sido encontrar la forma de que todo esto estuviera representado pero que a su vez fuera sencillo y coherente”.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove. Cortesía del Festival.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove. Cortesía del Festival.

Weegee: El temible burlón del fotoperiodismo

Weegee The Famous
Festival Valencia Negra
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10 y Guillem de Castro, 8. Valencia
Hasta el 31 de agosto

Ningún criminal lo era, “por muy Al Capone que sea”, hasta que llegaba Weegee y lo retrataba. Así lo recordó Silvia Oviaño, comisaria de la exposición que el MuVIM, en el marco del festival Valencia Negra, le dedica a toda una auténtica leyenda del fotoperiodismo. Llegó a contar con una emisora de radio portátil de onda corta conectada a la de la comisaría, lo que le permitía llegar a los sucesos antes que la propia policía. Eso, más el cuarto oscuro que tenía en el maletero del coche, le convertía en el reportero gráfico más rápido del Nueva York de los años 30 y 40. Su leyenda ha ido creciendo con los años, no así la fama que alcanzó desde el principio.

Summer, The Lower East Side, 1937. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Summer, The Lower East Side, 1937. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

De hecho, la exposición del MuVIM se llama así: ‘Weegee The Famous’. Adjetivo que se ganó a pulso, tras otorgárselo él mismo, convencido de la calidad de su trabajo. Tanto es así que optó por convertirse en freelance para que sus fotografías aparecieran firmadas con esa rúbrica: The Famous. “Cronista de fotografía negra”, subrayó Oviaño, Weegee se hizo famoso por esos disparos rápidos y certeros (“retocaba la escena del crimen, para desesperación de la policía”), pero también por la manera que tenía de radiografiar las calles de la ciudad y sus gentes.

“Era un fotógrafo de calle”, destacó la comisaria. Calles que pateó como nadie, al tiempo que dignificaba la profesión del fotoperiodista con imágenes tomadas al vuelo y reveladas con su temible espíritu burlón. “Poseía un gran sentido del humor”, señaló Oviaño. Espíritu que tal vez le venía de su afición por la güija, de cuya pronunciación fonética se supone que le viene el sobrenombre de Weegee, ya que el suyo verdadero era Arthur H. Fellig (1899-1968). Arthur, una vez llegó a Estados Unidos, porque de su natal Ucrania salió con el nombre de Usher.

Simply Add Boiling Water. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Simply Add Boiling Water. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

Sea como fuere, Weegee sintetizó las cualidades del fotoperiodista: rapidez de gatillo en situaciones límite de tiempo, agudeza para encuadrar lo relevante y el aderezo de un talento innato para congelar en un instante la fluyente vida. Algo que hizo igualmente con los retratos de damas de la alta sociedad, de personajes famosos como Marilyn Monroe, Andy Warhol, Peter Sellers o la pin-up Betty Page, y hasta cualquiera de los mendigos o gente de mal vivir que se encontraba por esas calles que tan a menudo frecuentaba.

Fue tal su talento, que hasta el MoMA de Nueva York abrió las puertas de su museo, algo inaudito, al fotoperiodismo de Weegee. En España, tan sólo la Fundación Telefónica y ahora el MuVIM se han hecho eco de sus hallazgos fotográficos. “El fotoperiodismo no era considerado hasta que apareció él”, insistió Oviaño, a la que secundó Bernardo Carrión, como portavoz de Valencia Negra. “La fotografía, y sobre todo la Weegee, es fundamental dentro del territorio negro; es una exposición que ya teníamos pensada desde la pasada edición”.

Two Offenders in the Paddy Wagon. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Two Offenders in the Paddy Wagon. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM.

El casi centenar de piezas exhibidas en el hall del MuVIM abarca desde lo sórdido y la carnaza (asesinatos y sucesos), a la crónica de la ciudad, siempre bajo ese toque divertido que tanto Oviaño como Carrión recordaron a modo de sello de su trabajo.

También el cine se nutrió de su talento, haciéndose eco de sus imágenes películas como The Naked City (‘La ciudad desnuda’), de Jules Dassin, o ‘The Public Eye’ (El ojo público), de Howard Franklin, protagonizada por Joe Pesci en una imagen calcada a la que el propio Weegee tomó como autorretrato y que sirve para abrir la exposición. Carrión concluyó advirtiendo de lo difícil que lo tendría ahora Weegee con los medios digitales y la velocidad de la red social. ¡Quién sabe!

Lovers with 3-D glasses at the Palace Theater (Infra-red), 1943. Fotografía de Weegee en el MuVIM.

Lovers with 3-D glasses at the Palace Theater (Infra-red), 1943. Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

Salva Torres

Inma Femenía: sensorial y cognitiva

Inma Femenía: Graded Metal
Área 72
C / Barón de Cárcer, 37. Valencia
Inauguración: viernes 15 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 30 de julio, 2015

La coyuntura actual se encuentra marcada, por un lado, por el revisionismo del capitalismo tardío y del impacto de sus poderes en la esfera de lo social; y por otro, por la reconfiguración de los imaginarios y las estructuras de relaciones que instauran la noción de realidad en la llamada sociedad de la información.  Podría decirse que habitamos un intersticio histórico, mecánico, cognitivo, e incluso cosmogónico, en el constructo general de la civilización, plausible también en los lineamientos que determinan el carácter del individuo contemporáneo.

La artista Inma Femenía pertenece a la primera generación de la escisión electrónica, marcada por la fractura con las generaciones anteriores, que no crecieron con la presencia cotidiana de los entornos digitales. Esta ruptura es el punto de partida desde el cual Femenía aborda su práctica, vinculando las instancias analógicas y las digitales, las materiales y las intangibles, en un juego de territorialidad superpuesta donde los tiempos históricos del arte y la sociedad establecen un diálogo a partir de sus síntomas visibles.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Área 72.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Área 72.

Centrándose en la luz como leitmotiv, genera transferencias entre las lógicas formales de la percepción, incidiendo en el fenómeno óptico como suceso y como sujeto capaz de devenir objeto. Intentando superar las limitaciones de las leyes físicas que rigen el hecho lumínico, buscando la materialización, la tangibilidad, del instante de luz, en su obra materia, luz, tiempo, espacio y movimiento aparecen encriptados; un ilusionismo más relacionado con cierta crónica del espíritu del tiempo que con la estricta voluntad compositiva de las formas físicas.

Suplantar, restituir, decodificar, resignificar… En sus protocolos de materialización del espectro lumínico Femenía aborda por igual lo sensorial y lo cognitivo, remarcando además las analogías entre los distintos materiales y sus cargas simbólicas. Un espacio de relación crítica, reflexiva, entre los estados mentales y los sustratos físicos del destello incandescente. Una gestión consciente, pero también intuitiva, de la traducción de lenguajes –informáticos, físicos, visuales- que intervienen en la presencia de la luz como territorio de sentido, más allá del estadio perceptivo, en la actualidad.

Procurando desplazamientos constantes que rindan cuenta del condicionamiento y la contaminación que supone el estadio virtual en la esfera de lo real, ha abordado fenómenos como la transparencia, la aleatoriedad, el errorismo, el simulacro, la huella o el reflejo. Una investigación continua que rastrea, a través de la especulación estética, las transferencias dialécticas entre representación y sustantividad que se instauran con la disolución de fronteras entre el espacio físico y el virtual.

Obra de Inma Femenía en la exposición 'Graded Metal'. Cortesía de Área 72.

Obra de Inma Femenía en la exposición ‘Graded Metal’. Cortesía de Área 72.

Tras un recorrido que conjuga imagen fija y en movimiento, materiales rígidos, flexibles, opacos y translúcidos, soportes y fuentes electrónicos y mecánicos, Femenía ha abordado en los últimos meses las posibilidades de la superficie metálica, refractante, como receptáculo físico de sus señalamientos. De allí surge Graded Metal, en la que áreas específicas de la gama de colores degradados de softwares para tratamiento de imágenes son impresas digitalmente sobre láminas de metal que luego son moldeadas de forma artesanal (mejor de “forma manual”). El resultado es una serie de instantáneas cromáticas del cuerpo exterior, más bien la piel, del macroorganismo sistémico de la red (evitaría ésta referencia a la red), donde la combinación binaria de datos funciona como ente consitutivo, homologable a la unidad celular de la materia biológica.

Procurando transferencias entre la abstracción compositiva y las convenciones técnicas de la producción del color –entendida como despliegue cromático del haz luminoso-, en Graded Metal la autora combina con preciosismo el gesto sinuoso y la rigidez estructural. En un juego de pulsión entre la autonomía del material y el control de su conducta, perfila y depura correspondencias entre múltiple y único, fluido y estático, plano y volumétrico. Una estrategia que le permite recuperar también, cual desdoblamiento, espejismo o transmutación, la mineralidad inherente a los dispositivos de gestión de la información en la sociedad de redes.

El resultado es una secuencia de cuadros-escultura-objeto y una intervención específica en el espacio que funcionan como naturalezas muertas de la mise en scène contemporánea. Paisajismos escultóricos a partir de los paisajes virtuales que infundan el imaginario post-Internet que apuestan por trascender, a través de la noción de masa, la cosmética electrográfica.

Un delicado equilibrio que es también un balance semiótico y formal. Hablamos de la suspensión serena, condensada, en medio de la velocidad y lo efímero del dato, de la violencia implícita en las transformaciones sociales provocadas por el carácter expansivo, casi esteroide, de la dualidad analógico-digital; aquella cuya progresiva imbricación en el imaginario instaura los cimientos de un renovado régimen de lo real, en un incipiente e impredecible s. XXI.

Obras de Inma Femenía en 'Graded Metal'. Área 72.

Obras de Inma Femenía. ‘Graded Metal’. Área 72.

Alex Bahim

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio

Wasted Youth: autorretrato generacional

Wasted Youth
Comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: jueves 5 de febrero
Hasta el 2 de marzo

‘Wasted Youth’ es una exposición de fotografía y videoclips concebida como un autorretrato generacional contemporáneo de las subculturas urbanas. Tomando como hilo conductor la escena musical valenciana, la muestra reúne a catorce fotógrafos que documentan su vida y su ambiente desde un punto de vista subjetivo.

Fotografía de Carmen Gray en la exposición 'Wasted Youth' de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Carmen Gray en la exposición ‘Wasted Youth’ de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

El proyecto incluye también ilustraciones y objetos de autoedición gráfica relacionados con la cultura del rock and roll y sus aledaños. A pesar de tener un claro carácter documental, la exposición no pretende contener a una generación, ni mucho menos etiquetarla. Más que un diario colectivo de juventud, lo es de un espíritu, una forma de crear, vivir y relacionarse al margen de los circuitos establecidos. En él aparecen retratados directa o indirectamente músicos y artistas de toda condición, pero también multitud de personajes anónimos e igualmente especiales y necesarios para completar este tableau vivant.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición Wasted Youth comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición Wasted Youth comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Los fotógrafos incluidos en la muestra son Carmen Gray, Julio Pardo, Borja Llobregat, Paula Prats, Fernando Gimeno Pol, Belinda Bono, Josu Kuro, Carles Prats, Héctor Pozuelo, Carles Rodrigo, Marta de Miguel Sansaloni, Pablo F. Serrano, Alejandro Escrich y Pau Roca.

Fotografía de Carles Rodrigo en la exposición 'Wasted Youth' en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Carles Rodrigo en la exposición ‘Wasted Youth’ en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

La sección de videoclips -todos ellos realizados por productoras y creadores audiovisuales independientes- servirá de hilo musical a la exposición con una pequeña representación de las bandas que conforman la escena local valenciana de los últimos cinco años: Siesta, Cuello, Antiguo Régimen, Teletexto, Las Rodilleras, Aullido Atómico, Ramírez, Coleccionistas, Oh Libia!, Polígono Hindú Astral, Tvnnel, Betunizer, La Moto de Fernán, Jupiter Lion y Tucán.

Fotografía de Paula Prats en la exposición Wasted Youth de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Paula Prats en la exposición Wasted Youth de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Se exhibirán carteles, ilustraciones y portadas de discos de Mik Baro, Lluis Sánchez, Luis Demano, Clara Iris, El Nerdo, Alejandro Escrich, Pablo F. Serrano, Jorge Parras, Raquel Aparicio, Martín El Alegre y Don Rogelio J. La exposición podrá visitarse en Las Naves (Espai d’Innovació y Creció de Valencia) del 5 de febrero al 2 de marzo.

Fotografía de Belinda Bono en la exposición 'Waste Youth' de la Rambleta. Cortesía de los organizadores.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición ‘Waste Youth’ de Las Naves. Cortesía de los organizadores.