Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: «Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

“La literatura infantil es muy sensual”

La voz del árbol, de Vicente Muñoz Puelles
Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil

Vicente Muñoz Puelles no es uno de esos escritores que se encasilla en un género o registro. Fiel al axioma, en la variedad está el gusto, a lo largo de su larga y brillante carrera ha practicado desde la novela erótica o histórica a la literatura infantil y juvenil en la que se ha concentrado estos últimos años y que le ha valido importantes premios como el Nacional. La pasada semana recibió en Valencia el Premio Anaya por La voz del árbol un relato en el que se mete en la piel de una niña para recrear lo que es su propia vida. La de una familia que vive en el campo rodeada de árboles y animales, enganchada al placer de la lectura.

Portada del libro 'La voz del árbol', de Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía de Editorial Anaya.

Portada del libro ‘La voz del árbol’, de Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía de Editorial Anaya.

Vicente Muñoz Puelles (Valencia, 1948) es miembro del Consell Valencià de Cultura, autor de 17 novelas y otras muchas obras narrativas, además de ensayos  sobre literatura inglesa y norteamericana. Sombras paralelas, la historia de dos hermanos siameses unidos por un vínculo de carne fue llevada al cine en 1995. Ha recibido numerosos premios y colaborado con distintos medios de comunicación.

Usted asegura que no hay una distinción profunda entre las novelas y las infantiles. ¿No teme escandalizar a los bien pensantes?

En absoluto. La literatura infantil es muy sensual, aunque para los niños no es sensualidad sino misterio. El niño adivina pero no sabe, tal vez lo presiente. Cuando se pelean con las niñas demuestran que les gusta estar con ellas, aunque no el por qué.

¿Qué significa este premio para alguien que ya tiene el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil?

Un premio es siempre un acicate, un estímulo. Con los años, publicar libros se vuelve rutinario. Miro el listado de los libros que he editado en España, que está en la web del Ministerio, ordenados según el ISBN, y me da la friolera de 183. Y no están todos. Por eso, un escritor necesita de vez en cuando algo más. Es la segunda vez que obtengo el premio Anaya, y me siento muy honrado. Me gustaría ganar el Nacional otra vez.

¿Qué les dice a los niños La voz del árbol? ¿Cómo se le ocurrió esta historia?

La voz del árbol les dice a los niños y a los mayores que quieran leerla o escucharla que hay un momento mágico, cuando uno crece, en el que los libros nos ayudan a entender el mundo, y en ellos podemos encontrar no solo nuestro pasado, sino también nuestro porvenir. En cuanto a la historia, se me ocurrió porque en cierto modo era la historia de mi vida con mi familia y mis animales, y algún día tenía que contarla. Podía dedicar un libro a cada hijo o a cada animal, pero eso ya lo había hecho. Así que decidí reunirlo todo en una sola novela.

Vicente Muñoz Puelles con su gato. Imagen cortesía de Editorial Anaya y del autor.

Vicente Muñoz Puelles con su gato. Imagen cortesía de Editorial Anaya y del autor.

¿Cómo se consigue atraer el interés y sobre todo mantener la atención a los niños súper estimulados de hoy día?

No creo que estén tan estimulados. Yo solo los veo abotargados y absortos en sus artilugios electrónicos. Lo que hay que hacer es despertarles de ese sueño complaciente, estimular su percepción de la naturaleza, proporcionarles una educación sentimental. Como el padre de mi novela le dice a su hija: «Haz que tu vida sea interesante, que tenga sentido».

¿Qué opina de la literatura infantil y juvenil que hoy se consume en España?

No leo literatura infantil y juvenil ni tampoco literatura para adultos, salvo los libros antiguos, que releo a trozos. Prefiero disfrutar con lo que ya conozco, sobre todo porque cada vez me parece distinto. Además, mi relación con los libros es casi física. No me gusta solo leerlos, sino sobre todo tocarlos, acariciarlos, acostarme con ellos.

¿Volverá algún día a escribir para los adultos?

De hecho no he dejado de escribir para los adultos. Hay seis o siete novelas que debería acabar, y voy de unas a otras como un abejorro. Y he de reunir mis cuentos, que son muchísimos, en antologías temáticas. Pero siempre hay compromisos que me interrumpen, porque he de entregar algún libro para niños o jóvenes en una fecha exacta.

¿Cómo imagina el futuro de su profesión? ¿Y el futuro en general?

El futuro de mi profesión no corre peligro. Como al principio de los tiempos, el mundo está lleno de historias por escribir. Respecto al futuro de nuestra especie en general, no soy tan optimista. Creo que, aunque individualmente somos muy creativos, desde el punto de vista colectivo hemos progresado poco. Si ni siquiera sabemos resolver la crisis económica, ¿cómo vamos a solucionar el calentamiento global? Creo que, a la larga, nuestra especie no sobrevivirá al cambio climático. Pero confío en que otras especies, como las hormigas, sí lo hagan.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía de Editorial Anaya y del autor.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía de Editorial Anaya y del autor.

Bel Carrasco