Un diálogo artístico entre YunShin y Puri Herrero

‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’
Galería Han-ul
Centro Cultural Coreano
Paseo de la Castellana 15, Madrid
Del 24 de abril al 24 de junio de 2019
Inauguración: miércoles 24 de abril a las 19:30

El Centro Cultural Coreano (Paseo de la Castellana 15, Madrid), en colaboración con la Galería Álvaro Alcázar, inaugura el 24 de abril a las 19:30 la exposición de escultura y pintura ‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’.La muestra se podrá disfrutar en la Galería Han-ul del Centro hasta el 24 de junio de 2019.

‘Papeles de un diario’ es el título de las obras de Mari Puri Herrero, mientras que Kim Yun Shin presenta sus pinturas y esculturas bajo el título ‘Alma sonora’. Ambas artistas comparten disciplinas y generaciones, con obras con puntos en común, donde convergen la naturaleza y la sencillez de la vida y donde recurren a materiales como la madera o el papel para expresar de modo más profundo sus pensamientos.

Centro Cultural Coreano. MAKMA

Kim YunShin (Corea del Sur, 1935) pertenece a la primera generación de escultoras coreanas. Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Hongik, en Seúl, más tarde se traslada a Francia para estudiar en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. En 1984 recala en Argentina, donde reside en la actualidad. Hace algunos años, en 2007, llevó a cabo su primera exposición individual en el Museo de Arte Hanwon de Seúl. Desde entonces ha celebrado exposiciones individuales y colectivas, tanto en Corea como en Argentina, y ha inaugurado un museo con su propio nombre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La obra de Yun Shin se remonta a 1960, cuando comienza una intensiva búsqueda por el arte abstracto. En la década de los 70 y en adelante prosigue su investigación, centrándose en materiales de escultura: madera, mármol, ónix, alabastro, y piedras semipreciosas. Además, desarrolla su obra con pinturas con formato de collage y grabados.

Representando la filosofía oriental hacia la vida, fuerza y espiritualidad milenaria, dichas formas y pensamiento han sido sus temáticas durante más de veinte años. Kim Yunshin es una artista de profundas convicciones y no fácil de tentar por modas o movimientos artísticos y estéticos efímeros.

En el año 1995, el exdirector del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el profesor Roberto del Villano, dijo: “su obra, una ofrenda; su taller, un templo; su trabajo, una oración”. Estas palabras hacen referencia a sus esculturas, en las que hizo uso del jaspe o cuarzo rosa, sodalita, calcita, ágata o cuarzo azul, las cuales revelan en su interior ese silencio absoluto que la piedra encierra y que Yun Shin Kim delega a través de una materia abstractamente moldeada. Por eso en sus obras la frescura se mantiene como en una piedra virgen y la densidad de los espacios, el recato de los volúmenes y la simple complejidad estructural son una sola unidad que armoniza con el todo y ocupa su sitial sin rupturas ni desplazamientos, donde naturalmente instala su presencia.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Sin corromper la naturalidad del material crea sus obras, destacando especialmente la sencillez en sus diseños, con piezas muy bien articuladas y que dan un mensaje de fortaleza impregnadas de las experiencias y espiritualidad de la artista.

Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942), por su parte, es una renombrada pintora y grabadora española que se mantiene en activo tras más de cuatro décadas. Su pintura recoge imágenes del mundo que le rodea, mundo en el que conviven disparidad de visiones. Cosas cotidianas, más o menos comprensibles, que vemos, imaginamos o soñamos; y casi siempre con una fuerte presencia de la naturaleza.

Habitualmente existe un recorrido previo por obra en papel: tintas, grafitos, collages… y aguafuertes, técnica esta última a la que dedica parte de su actividad. En ocasiones también procede con obra escultórica, pues considera que cada material expresa con mayor precisión determinadas ideas.

Mari Puri Herrero trabaja alternando sus estancias en el centro de Madrid y en el campo de Menagaray (Álava), donde el papel siempre le rodea. Para ella trazar sobre un papel es espontáneo, rápido e insistente; igual que el pensamiento, que frecuentemente se adelanta al desarrollo de las ideas. Cautivada por el papel Hanji o papel tradicional coreano, lo incorpora en muchos de sus trabajos.

El papel permite seguir una idea con fluidez, absorbe bien el trazo, que desde el momento en que apoyas la punta del pincel o pluma con tinta en el papel, esta queda absorbida instantáneamente, fundiéndose con él. Esto es lo que busca la artista y lo que encuentra en los papeles orientales.

De este modo, Mari Puri Herrero ha procurado presentar una breve selección de papeles, en los que se puede apreciar cómo, de manera natural, se recorren a veces con líneas, como si de escritura se tratase, temas vistos o entrevistos; otras veces, las manchas y el color que llevan a la naturaleza, para ella siempre tan cercana.

“Son amplios los recorridos que te permite una hoja de papel”.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Shirin Salehi: memoria y dolor sobre papel

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Comisaria: Ana Martínez de Aguilar
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, ático, València
Hasta el 28 de junio de 2019

“Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré caer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.”

(Extracto de ‘Vuelta de paseo’, Federico García Lorca)
(‘Poemas de la soledad en Columbia University’, ‘Poeta en Nueva York’, 1929-30)

Resuenan como un hondo pleonasmo los versos lorquianos del paseo urbanita por la gran megápolis. Eclosiona la angustia frente al hiperbólico vacío de hormigón, craquelado de laceraciones y memoria solemne y solitaria, de naturalezas mutiladas y estrofas de raquis circular; no caben razones para el éxodo, pues todo habita aún en este penal de materia sempiterna.

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Salehi transita por las avenidas cuadrangulares de aquella vasta hacienda del desconsuelo, portando consigo el eco prosódico y metafórico de las propias amputaciones, que aquí sí cantan y resuenan como una liturgia de voluntades biográficas repetitivas, a modo de mantra gestado desde la oralidad cuyo paisaje sonoro debe ser transcrito con el reiterado pulso de las ‘Cadencias del vacío’.

Así lo procura la artista teheraní, residente en España, Shirin Salehi en su serie ‘Vuelta de paseo’, bajo cuyo título –homónimo del poema del malogrado vate de Fuente Vaqueros– evolucionan diversos dibujos caligráficos, grabados y aguafuertes, planchas de cobre y pergaminos, firmes materias y quebradizos ejemplares de libro de artista que rezuman y recogen “el ritmo, el gesto y la cadencia, (…) la gestualidad de la emoción generada durante la acción, (…) el fluir instintivo de la emoción creciente que se apodera sutilmente de su cuerpo”, tal y como subraya la comisaria e historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar en el texto curatorial de la exposición.

Imagen de una las piezas de la serie 'Todo permaneció en silencio', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una las piezas de la serie ‘Todo permaneció en silencio’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, que la Galería Ana Serratosa acoge hasta el 28 de junio de 2019, desemboca en la obra última de la autora iraní tomando pulso, a la par, de las constantes creativas sobre papel –“como un lugar donde algo sucede, no como soporte” (Martínez de Aguilar)– que han singularizado su devenir artístico durante la última década: memoria y dolor como alumbradores líricos y elementos motrices.

“«¡No conviene recordar! ¡No hay que revolver el pasado!
¡A quien recuerde lo pasado que le arranquen un ojo!»
Pero el proverbio termina diciendo:
«¡Y al que lo olvide que le arranquen los dos!»”

(‘El archipiélago Gulag’, Alexander Solzhenitsyn)

Constantes atravesadas por las evocaciones literarias, por el turbio feudo de las aflicciones que habitan en ‘Todo permaneció en silencio’ –sordas alusiones al siniestro testimonio oral recogido por Aleksandr Solzhenitsyn, mediante decúbitas incisiones y cosidos sobre papel– o en ‘Bailando con el carcelero’ –II Premio Anakaria al Libro de Artista (2015)– acerca de cuyo proyecto, inspirado en la desgarradora novela carcelaria (y crítica de los totalitarismos) ‘Invitado a una decapitación’, de Vladimir Nabokov, pueden contemplarse algunos testimonios en aguafuerte y aguatinta, en los que “la incisicón incicial dará paso al grabado, que le permite dibujar sobre planchas de metal, otorgando mayor libertad a la imaginación. Misteriosas imágenes lumínicas emergen de universos oscuros como filamentos verticales que recuerdan husos o espigas”, asevera Ana Martínez de Aguilar.

Detalle de una las piezas de la serie 'Los originales de los jardines', de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de una las piezas de la serie ‘Los originales de los jardines’, de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Desazones que habitan, igualmente, en la materia, en el objeto supeditado a la metamorfosis de los compuestos químicos actuando sobre el metal, como acontece en su proyecto de residencia florentino ‘Aguardar’, cuyas once matrices de cobre y zinc y sus ulteriores estampaciones sobre papel japonés Sekishu (‘Desaparecer de sí’) funcionan como una heurística, como un ingenio de revelación y descubrimiento, a modo de “indagación sobre el dolor, la muerte, la consunción de la materia, con lenguaje renovado”, concluye Martínez de Aguilar.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’ se postula, de este modo, como una excelsa ocasión para aproximarse al recóndito y sutil acervo léxico de la obra de Salehi, sustentado por un horizonte estético equilibrado, intrínsecamente convulso y morfológicamente armónico.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie 'Aguardar'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie ‘Aguardar’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

La memoria lírica de Shirin Salehi en Ana Serratosa

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, València
Del 2 de abril al 28 de junio de 2019
Inauguración: martes 2 de abril de 2019 a las 20:00

La Galería Ana Serratosa acoge la exposición ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de la artista iraní Shirin Salehi (Teherán, 1982), que podrá visitarse hasta el 28 de junio de 2019, cuya inauguración tendrá lugar hoy martes, 2 de abril, a las 20:00.

La muestra, comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar, reúne, bajo el título ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, obras pertenecientes a las diferentes etapas de la trayectoria artística de la autora. Grabados, esculturas e instalaciones que encuentran un universo en común dentro del género de la poesía.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

La obra de Salehi, caracterizada por la monocromía y la experimentación con los materiales, utiliza el papel como protagonista, entendido como el lugar donde todo sucede. En ella, el soporte se transforma y se convierte en el camino a seguir, simbolizando fisuras, rasgaduras o incisiones, con las que la autora nos habla de experiencias y tiempos pasados, pero siempre intentando proclamar la belleza y la lírica como antídotos hacia el futuro.

Martínez de Aguilar describe la muestra como “una invitación a mirar muy de cerca, a sumergirse en el silencio a través de la palabra. Una aproximación sutil y silenciosa hacia el permanente interés del ser humano por dejar su huella en la historia a través del lenguaje escrito, de la grafía.”

Shirin Salehi reside y trabaja en España desde 1999. Artista visual, investigadora y docente, ha recibido premios de residencia artística por la Casa de Velázquez (Académie de France à Madrid), Il Bisonte Fondazione (Florencia) y la Fundação Bienal de Cerveira (Portugal) y de formación por la Fundació Pilar i Joan Miró (Mallorca) y por el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (La Coruña).

Imagen de una de la obra 'Y otro álamo cayó (II)', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de la obra ‘Y otro álamo cayó (II)’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Su trabajo ha recibido, entre otros reconocimientos, el primer premio al libro de artista de la Fundación Ankaria (Madrid, 2015), el premio especial Combat Prize (Livorno, Italia, 2015), premio Fundación Pilar Banús en los XXII Premios Nacionales de Grabado del Museo del Grabado Contemporáneo Español (Marbella, 2014), Premio Acqui Giovani en la XI Bienal Internacional de grabado Premio Acqui (Acquiterme, Italia, 2013) y recientemente el segundo premio en el Premio Internacional de Arte Gráfico Carmen Arozena (Madrid, 2017).

Ha participado en exposiciones en galerías, ferias e instituciones públicas y privadas en Europa desde 2009. Máster en Investigación en Arte y Creación por la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, a su término publicó (velado): ‘Manifiesto de una artista en tiempos de ruido’ (2016).

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Azucena González teje el vacío

Knit Knit Vacuum, de Azucena González
Sala ART Mustang
C / Severo Ochoa, 36. Elche (Alicante)
Inauguración: viernes 18 de enero, a las 13.00h
Hasta el 20 de marzo de 2019

‘Knit Knit Vacuum’ de Azucena Gonzalez resulta difícil de clasificar, abordando la creación desde tres ángulos diferentes. La escultura, la pintura expandida y el arte textil, este título se traduce como, envolver el vacío tejiéndolo.

Azucena Gonzalez 27-01-1981 (Valencia) es Licenciada en bellas artes por la Universidad Politécnica de Valencia y Master de producción Artística por la misma universidad. Artista, diseñadora e ilustradora muy versátil, es una de esas creadoras con una gran capacidad de adaptación a diferentes contextos, de ahí que sea capaz de presentar una instalación formalmente muy compleja pero estéticamente a ojos del espectador muy sencilla.

Azucena González en pleno montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González en pleno montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Para Azucena la creación plástica es algo natural, absorbido desde la infancia en el taller de escultura de su padre, el escultor Martín Consuegra. Dice Azucena que “la vida es puro desorden, somos los humanos los que nos esforzamos para que todo encaje y sentirnos seguros”. De alguna manera todo su trabajo gira alrededor de este conflicto entre caos y orden o mejor entre vacío y orden.

‘Knit Knit vacuum’, el conjunto de piezas que se expone en ART Mustang surge en 2013 cuando realiza una serie de piezas que titulará ‘CAGES’ donde experimenta con el espacio como contenedor de vacío, utilizando jaulas que hacen de soporte para tejer, un soporte casi invisible al que la artista da solidez por medio de color tejiendo lanas, el color flota sobre los barrotes de las jaulas, estas piezas escultóricas recuerdan a casas, casas confortables que ocultan la nada del interior en un esfuerzo por contener el vértigo del vacío.

En el momento actual el arte textil se revaloriza en todo el mundo, la exposición de Ani Albers en la Tate ha sido un éxito, también la de Johana Vasconcelos en el Museo Gugenheim de Bilbao; Azucena más cerca de la prudencia de Ani Albers aborda el espacio de ART Mustang traduciendo la materia pictórica en textura textil.

Azucena González durante el montaje expositivo. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González durante el montaje expositivo. Imagen cortesía de ART Mustang.

Desaparecen las casas (cages) y se centra más en el entramado de los tejidos, las gamas de color, interesándose en las texturas sin abandonar el conflicto espacial, a caballo entre la pintura y la escultura.

La obra que empezó queriendo contener el vacío en 2013 ahora ha dado un paso en otra dirección y modula el espacio de forma más amable planteando otro rompecabezas al público, quizá más estético, pero con materiales poco convencionales, los tejidos, que siempre nos remiten a las artes aplicadas, pero que en este caso pierden su aplicación creando una poética matérica y cálida que de forma muy sutil nos sigue hablando del vacío.

Azucena González en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

La muestra se podrá ver en ART Mustang desde el 18 de enero hasta el 20 de marzo, de lunes a sábado en horario de 10,00 h a 20.00 h de la tarde. Esta es la muestra nº 44 que se realiza en la sala Art Mustang, que abrió sus puertas al público en julio de 2010 dentro del edificio MTNG Experience, cuartel general de la marca Mustang.

ART Mustang es una entidad sin ánimo de lucro comprometida con la búsqueda de nuevas vías de aproximación hacia la creación contemporánea a la sociedad. Eliminamos las barreras sacando el arte de los espacios pensados para el uso expositivo en exclusiva, poniendo en práctica la máxima: “El arte y la cultura pueden estar en cualquier lugar”.

Azucena González junto a una de sus obras. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González junto a una de sus obras. Imagen cortesía de ART Mustang.

Nuevos escenarios de reflexión sobre Oteiza

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, de Karlos Martínez B. y Javier Arbizu
Museo Oteiza
Calle de la Cuesta 7, Alzuza (Navarra)
Hasta el 30 de noviembre de 2018

El Museo Oteiza presenta el proyecto expositivo ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, una intervención expositiva en torno a la obra de Oteiza, realizada expresamente por los artistas Karlos Martínez B. y Javier Arbizu para el centro de Alzuza y que constituye la primera intervención perteneciente al programa Hazitegia (semillero).

Se trata de la primera intervención de este programa, promovido por el Museo Oteiza y el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte y surgido de la voluntad de conjugar los ámbitos de producción y exhibición de los dos centros que lo promueven, para generar nuevos escenarios de reflexión en torno a la obra de Jorge Oteiza desde la creación contemporánea.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

El proyecto se inició con la residencia de investigación y producción que ambos artistas realizaron el pasado año en el Centro Huarte. Esta residencia permitió a los autores definir un proyecto que se materializó en una primera intervención realizada en la célebre Casa Huarte de Madrid, edificada en 1966 por los arquitectos Corrales y Molezún, y que se desarrolló durante un única jornada el pasado 17 de febrero de 2018, producida por Caniche Editorial.

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ continúa ahora en la intervención expositiva que acoge el Museo Oteiza, entre el 27 de julio y el 30 de noviembre de 2018, y que ha contado con la colaboración de Fundación “la Caixa” y la Fundación Caja Navarra, dentro del programa Innova Cultural, y del Ayuntamiento de Egüés.

El punto de partida de este proyecto es la idea de macla, asociada a la serie de obras así denominadas por Oteiza, originadas por la fusión o encuentro de dos o más volúmenes y activadas por la relación de sus partes. A partir de ese momento, esta intervención propone una particular manera de asociar lo escultórico con lo objetual, mediante sutiles intervenciones que trastocan las características propias materiales y objetos, que generan un nuevo repertorio de significados que lo vinculan de manera libre con el espacio del museo, los modos constructivos de la obra de Oteiza y la consideración de lo escultórico como un proceso en permanente transformación.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

La presencia del bismuto –mineral que cristaliza en formas geométricas y concéntricas– es uno de los hilos conductores de la propuesta, que trabaja sobre la idea del cuerpo suturado y de la cuestión del doble como esencia de una escultura “permanentemente insatisfecha”, tal y como la definió Jorge Oteiza.

El proyecto no está concebido como una mera exhibición de obras, dado que las diferentes piezas –un total de 17– componen una misma intervención, que se muestra en diferentes espacios del Museo Oteiza, incluyendo el exterior del edificio. Cada una de ellas está concebida como elemento activador del propio espacio del centro y catalizador de los escultórico desde el uso de materiales y procesos compositivos contemporáneos.

La intervención se rubrica con la edición de una publicación homónima, que incluye un completo recorrido visual por las dos intervenciones, y que se complementa con un texto de Rosa Lleó, comisaria y directora de la Plataforma Green Parrot.

Jorge Oteiza revisado en 'Macla, mamua, bismuto, vicario' por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Jorge Oteiza revisado en ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

 

El inflado Jardín de las Delicias

Jardín autómata, de Olga Diego
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de octubre de 2018

La artista alicantina Olga Diego recrea el ‘Jardín de las Delicias de El Bosco’ en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València. Con más de 400 metros cuadrados la instalación de Olga Diego que ocupa la Sala Dormitori, sumerge al visitante en un paraíso de libertad creativa y sexual donde el pecado de la carne del que advertía El Bosco es sustituido ahora por el plástico, en una crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo.

José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, explicó que “la obra de Olga Diego nos introduce en una nueva dimensión del arte donde las obras ya no sólo se pueden observar sino que cobran vida e incluso respiran”. El director del Centre del Carme destacó la línea de trabajo de la artista, a caballo entre la performance y la instalación escultórica y recordó que su obra forma parte de la naciente colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana que también se puede ver en el centro de cultura contemporánea a lo largo de este verano.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¿Sería posible recrear el Jardín de las Delicias de El Bosco en una instalación de esculturas inflables y electrónicas? Salvando las grandes distancias, esto es ‘Jardín Autómata’: una gigantesca instalación formada por un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes de El Bosco.

El punto focal que provoca la idea, es la ‘Cabalgata del deseo’ pintada en el panel central del tríptico. En ella, seres humanos desnudos disfrutan, junto con animales de todas las especies, de un mundo de placer sin límites. La lujuria representada de múltiples e inimaginables formas. Un mundo sugerente donde también encontramos hermosas aves, peces y frutos exóticos.

Estos elementos son los que también aparecen en ‘Jardín Autómata’. Una orgía visual y creativa. Un laberinto de grandes cuerpos traslúcidos que sugieren una existencia mágica. “En mi obra busco provocar una experiencia. Tengo la sensación de haber creado en la Sala Dormitori un pequeño microuniverso. La pieza se activa cuando el espectador se introduce en ella, necesita entrar dentro de ella, recorrerla, para poder reconocer a cada uno de los personajes que se mueven y respiran como seres vivos a su alrededor”.

Diferentes humanoides, cuadrúpedos y personajes híbridos son suspendidos en el espacio de la sala en una composición aérea y en continuo movimiento, mientras otros inflables se encuentran posados en el suelo recreando escenas más terrenales y libidinosas.

En esos cuerpos traslúcidos, sus motores, como corazones eléctricos, insuflan aire en su interior, marcando con sus ritmos una indescifrable sinfonía eléctrica. Luces led terminan de conformar los cuerpos y una lluvia de cables y circuitos electrónicos se descuelgan desde las figuras hasta posarse en el suelo de la sala.

En la obra de Olga Diego es muy importante la electrónica: un laberinto de cables conectados a un complejo hardware son los que dan vida a estos personajes: humanoides de todos los géneros, cuadrúpedos sencillos y mestizos, seres híbridos, mujeres de grandes pechos-antena, animales cabeza-globo, la jirafa mutante, chico pájaro con alas-tortilla, huevos y peces con piernas, hermafroditas que vuelan, frutos con tentáculos, perros de dos cabezas, pájaros extraños de alas adaptadas, y un largo etc.

Sin embargo, detrás de esa obra de El Bosco que tan atractiva nos resulta hoy, encontramos una crítica al pecado, a la lujuria que retrata. Profundamente religioso, El Bosco pretendía mostrar las terribles consecuencias que acaecerían a la especie humana si esta se dejaba seducir por los placeres de la carne.

Olga Diego reconoce que “hay una gran distancia entre su intención y lo que hoy día vemos en esa obra. Un mundo sugerente e idílico, un inquietante paraíso de libertad. Actualmente y sin lugar a dudas, uno de nuestros mayores pecados como especie humana no son nuestros deseos sexuales (afortunadamente ya más libres). Convertidos en una sociedad capitalista incapaz de modular un respeto por el medio ambiente, sufrimos de un derroche desmedido, y es en esa lujuria consumista donde mostramos nuestro inmenso pecado, el plástico”.

“Jardín Autómata ha supuesto un reto constructivo, pero también un insinuante paraíso en cuanto a las formas a crear” explica la artista quien reconoce que trabaja tensando los límites de lo artístico y lo físico como en su último trabajo en Londres en el que estuvo 58 horas dibujando sin parar. La artista trabaja entre la performance y la instalación creando artefactos artísticos que le han permitido incluso la posibilidad de volar en una búsqueda de la mayor libertad posible.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Las indagaciones plásticas de Ernesto Valcárcel

‘Ab initio’, de Ernesto Valcárcel
Galería de Arte Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Hasta el 12 de mayo de 2018

A finales de 1973 se inauguró en la Sala Conca de La Laguna una exposición memorable. Su creador, Ernesto Valcárcel Manescau –nacido en Tenerife en 1951 y estudiante de arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Canarias– ya había dado a conocer sus primeros trabajos en varias colectivas y en una exposición individual, realizada el año anterior en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, bajo el título ‘STUVW’.

Sin embargo, entre esta y aquella un profundo y ambicioso cambio había tenido lugar en la obra de Valcárcel, que en unos pocos meses se había reconstruido sobre sus primeros balbuceos con un lenguaje de una plasticidad potente y turbadora. STUVW’ había sido, en criterio de su autor, un ejercicio de “síntesis y conclusiones del periodo abstracto comenzado en 1967”, una función recapituladora de sus prolegómenos autodidactas que parecía animada por la imperativa búsqueda de un principio, de una actitud propia y, en definitiva, de una identidad artística. Con ‘Materia, rito y alquimia’, la exposición de Conca, los primeros y contundentes pasos de un creador singular resonaron en el panorama plástico archipelágico de los 70.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Materia, ritmo y alquimia', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Materia, ritmo y alquimia’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

‘Materia, rito y alquimia’ contenía los resultados de la transformación operada en la obra de Valcárcel en un año escaso de radical experimentación con volúmenes y relieves en los lienzos, y con los materiales que incorpora a su trabajo: telas cosidas, colas, asfalto…, y la animaban las consecuencias de sus reflexiones sobre la obra de arte y el acto expositivo como parte indisoluble de ella. Esta simbiosis de obra y actitud convirtía ‘Materia, rito y alquimia’ en una suerte de manifiesto estético, un posicionamiento no pasivo, sino beligerante ante el hecho artístico al postular la “exposición-acontecimiento”, que en palabras de su autor atraería a “un público desconcertado, a veces escandalizado, pero que inevitablemente participa ya con su desconcierto, con su indignación o con su burla”.

‘Materia, rito y alquimia’ estaba integrada por obras de tela encolada y alquitranada con las que el artista se proponía “crear un espectáculo definido por la presencia fuerte de objetos que, amontonados sin orden, llenen y ocupen totalmente un espacio transitable.” La voluntad instalativa que desde sus inicios ha animado el trabajo de Valcárcel se iba a materializar en una obra excesiva y provocadora: lienzos embarnecidos hasta requintar, con tensas adiposidades, vísceras o texturas, que colgará de las paredes; y, rodeándolos, numerosos “objetos” que parecían desgajados de los cuadros, vertidos en la exterioridad a la que estos aspiraban (secreciones escultóricas que figuran entre las más enigmáticas de la escultura contemporánea en las Islas), objetos con los que invade el “espacio transitable”, creando un ámbito de resonancias orgánicas, un envolvente seno que acogía y hasta cierto punto “digería” al espectador.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Los espacios inaccesibles', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Los espacios inaccesibles’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Con ‘Materia, rito y alquimia’ se abre el ciclo fundacional de la obra de Ernesto Valcárcel. Dicho ciclo, al que ahora se homenajea y revisita en la exposición ‘Ab initio’, que en colaboración con el artista ha organizado y presenta Galería Artizar, tendrá su desarrollo y evolución durante la década de los 70 del pasado siglo y estará jalonado por otras dos muestras igualmente relevantes: ‘Los espacios inaccesibles’ (1974, Sala Conca II, Las Palmas de Gran Canaria) y ‘Secuencias de un ámbito onírico’ (1978, Galería Balos, Las Palmas de Gran Canaria y Sala Conca, La Laguna).

A través de ellas, Valcárcel irá desplegando la mayor parte de los rasgos que harán cautivadoras sus indagaciones plásticas durante las décadas siguientes hasta hoy mismo, cuando su fascinante experiencia alcanza el medio siglo y acumula una obra imprescindible y única que enriquece, como en verdad muy pocas lo hacen, la historia del arte contemporáneo en Canarias.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición 'Ab initio', del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición ‘Ab initio’, del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Carlos E. Pinto

 

 

Louisa Holecz o la inevitabilidad de la muerte

‘Out of Body’, de Louisa Holecz
Galería Librería La Casa Amarilla
Paseo de Sagasta 72, local 3, Zaragoza
Del 17 de abril al 2 de junio de 2018
Inauguración: martes 17 de abril a las 20:00

La secuencia de pinturas y esculturas que Louisa Holecz (Londres, 1971. Reside en Zaragoza desde el año 2000) expone en La Casa Amarilla, con el título de ‘Out of Body’, evidencia, en su fidelidad a determinados temas, la que considera es una de las funciones del arte, sino la principal: hacernos conscientes de la inevitabilidad de la muerte.

Louisa Holecz pinta cuerpos que escapan, escenarios de tránsito e intermedios, intentando hacer visible lo que excede  toda visibilidad. Por eso sus imágenes son turbadoras e inquietantes. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado.

Imagen de la obra 'Interval –for Jacqueline du Pré–', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Interval –for Jacqueline du Pré–’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

“Una venda sobre los ojos, una venda muy ceñida, cosida sobre el ojo, cayendo inexorable como postigo de hierro desplomándose sobre ventana.
Pero es con su venda con lo que ve.
Es con todo su cosido con lo que descose, con lo que vuelve a coser, con su carencia con lo que posee, con lo que toma”.
(Henry Michaux, ‘La vida en pliegues’)

Cuando el compositor Edward Elgar salió de la anestesia tras ser operado en 1918, pidió lápiz y papel. Lo que escribió fue el primer tema del ‘Concierto para violonchelo en mi menor Op. 85’, que terminó durante el periodo de recuperación en Brinkwells, una casa apartada cerca de Fittleworth, en Sussex. El concierto inauguró la temporada 1919-1920 de la Orquesta Sinfónica de Londres, el 27 de octubre de 1919, sin éxito. Nadie comprendió el tono contemplativo y elegiaco de su nueva música. Hasta que la violonchelista Jacqueline du Pré la interpretó con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de John Barbirolli, en 1965.

Ahora, Louisa Holecz pinta el escenario vacío de la orquesta para Du Pré, arrancada de la música por la enfermedad que le fue diagnosticada en 1973, cuando tenía 28 años. ‘Interval’ titula Holecz su cuadro, en alusión al intermedio durante el que Du Pré hubo de reconstruirse. Una tarea complicada de explicar, según confesó al realizador Christopher Nupen, “porque después de haber estado tanto tiempo haciendo algo que me gustaba, es difícil reconstruir algo que me parezca que valga la pena. Así que ese ha sido mi trabajo; la reconstrucción”. Solo quedaba esperar la muerte, que llegó en 1987.

Lo que nos crea problemas no es la muerte, sino el saber de la muerte, afirmó Norbert Elias. Louisa Holecz la pinta. Pero, cómo pintar un cuerpo que escapa y que lo hace de tantas maneras, se preguntó Gilles Deleuze: mientras dormimos, durante el vómito y el grito; o tras una operación, de la que una persona sale como si hubiera tocado el límite de la vida. Un límite al que, quizás, Elgar quiso poner música; el mismo que Louisa Holecz aspira a pintar. Pero insistimos con Deleuze, cómo hacerlo, cómo hacer visible lo que excede toda visibilidad, que eso es el impulso, el esfuerzo a través del cual el cuerpo tiende a escaparse. Según la definición de Julia Kristeva, lo abyecto es expulsar, es aquello de lo que debo deshacerme a fin de ser un yo, y lo que ese yo primordial expulsa, considera Hal Foster, es una sustancia fantasmal tan extraordinariamente próxima al sujeto que motiva su pánico; no en vano el sujeto de abyección es el cadáver.

Imagen de la obra 'Torre clandestina', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Torre clandestina’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Entre las direcciones que ha tomado el arte de lo abyecto, Foster señala dos: la primera consiste en identificarse con lo abyecto, sondar la herida del trauma, tocar la obscena mirada-objeto de lo real; y la segunda, representar la condición de la abyección para aprehenderla en el acto. Louisa Holecz elige ambas direcciones. Con la pintura decide sondar la herida, mostrándola a la mirada de quienes se sitúan ante ella, y no duda en representar la acción misma de la abyección.

Louisa Holecz pinta imágenes que desfiguran la figuración, turbadoras e inquietantes; imágenes reales que lanza a la invención; imágenes que dialogan con la muerte; imágenes de pesadilla que ponen rostro al miedo, experimentándolo; imágenes, en definitiva, que siguen el consejo de Sacher- Masoch: “Hay que pasar de la figura viva al problema”. Sobra la narración, no hay narración en las imágenes pintadas de Louisa Holecz. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado, porque si algo hemos aprendido es que la función del arte no es la de distraernos del sufrimiento, aliviarnos y ofrecernos consuelo. Lo anunció Apollinaire en 1917, un año antes de que Elgar compusiera su nueva música elegiaca que Du Pré entendió como nadie podía hacerlo. Solo ella sería capaz.

‘Out of Body’ titula Louisa Holecz su exposición en La Casa Amarilla. La imagen pintada de su rostro con los ojos cubiertos como por un manto de nieve, que diría Kracauer, persevera en el aura de las primeras fotografías que desafían el tiempo en su propósito de perdurar, ajenas a la sentencia futura de Roland Barthes, para quien la fotografía es siempre una catástrofe. Salir de lo oscuro fue el deseo de los primeros fotógrafos y del eremita Filoteo el Sinaíta o Filoteo de Batos, que inventó, según cuenta Georges Didi-Huberman, el verbo “fotografiar” un mediodía, entre los siglos IX y XII, tras mirar el sol durante demasiado tiempo. Su obsesión era transformarse en una imagen. La experiencia así concebida, analiza Didi-Huberman, solo pretendía expulsar las imágenes, es decir, acceder por renunciación a la luz, sin forma ni figura, a la luz que nos ciega y ante la cual solemos velarnos la cara, una luz con la que ver equivaldría a no ver ya nada.

En el ensayo ‘La chambre claire’, escrito durante el duelo por la muerte de su madre, Barthes anota que la luz es una especie de cordón umbilical que une el cuerpo de la persona fotografiada con la mirada de quien la contempla. “Lanza tu cordón umbilical, para que pueda escalar de regreso”, escribió Kurt Cobain. Algo así pinta Louisa Holecz en ‘Still’, el cuadro que cierra la exposición. El del doble, principio biogenético que se corresponde con la reproducción, es uno de los mitos universales que nos invita a pensar con Edgar Morin que “el momento de la muerte es el de la duplicación imaginaria”. Al hombre que inventó el verbo “fotografiar”, dice Didi-Huberman, le hubiera gustado no cerrar nunca los ojos. Los cerró un instante, al nacer, y los mantendría bien abiertos ante el sol en su muerte. En el fondo, esperaba abandonar su cuerpo.

Imagen de la obra 'Máscara', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of Body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Máscara’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of Body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Chus Tudelilla

 

Bancho: “Partí del blanco sin conocer ningún color”

‘El camino interior’, de Esteban Castellano, Bancho
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Hasta el 22 de abril de 2018

Esteban Castellano, Bancho (Valencia, 1965), vuelve a Alarcón. En realidad nunca se ha ido. La vinculación que siente con este pueblo castellanomanchego es férrea y viene de lejos. Fue aquí, cuenta el artista, donde hace tiempo comenzó a ver atisbos de luz después de atravesar un periodo personal negro, y fue aquí también donde iniciará un íntimo camino artístico salpicado de trascendencia y compromiso.

Esta charla tiene lugar en el Museo del Ruso, donde expone sus últimas obras bajo el título ‘El camino interior’, una instalación que él describe como “un homenaje a lo imperfecto, a lo puro, a lo políticamente incorrecto, a la amistad, a lo que nadie quiere, al sol y la luna, a la alquimia, a la materia prima y a la piedra filosofal, a los que se fueron pero siempre estarán con nosotros, a los que están con nosotros, a lo mágico, al planeta Tierra, a la vida y al Amor… principio y fin último de todas las cosas”.

Bancho. Makma

Vuelves con esta exposición individual a Alarcón, lugar de referencia en tu vida…

Sí, conocí Alarcón hace 23 años por mi gran amigo Raúl Poveda. Estaba pasando una etapa complicada, una crisis personal tras una ruptura sentimental, y Raúl me rescató, me animó a venir, me dijo: “Vente que te lo pasarás fenomenal, que son las fiestas”. Tras esta estancia nació una relación especial que sigo manteniendo, me alentó muchísimo anímicamente.

Tu primera exposición individual tiene lugar también en Alarcón, en la iglesia de Santo Domingo, un espacio imponente y mágico, restaurado hace unos años y que hoy, desgraciadamente, permanece cerrado.

Sí, fue en el año 2006, Raúl y don Luis (el recordado cura del pueblo) me animan a exponer mis obras en esta iglesia. Fue una gran experiencia de la que guardo muchísimos recuerdos bonitos. Espero que ese lugar tan especial vuelva a abrir sus puertas.

Luego volverás a este mismo espacio con otras exposiciones.

Sí, así es; hice otra individual al año siguiente y otra colectiva tiempo después junto a los artistas Julio Mayordomo, Luis Moscardó y Bernardo Tejeda. Nunca se ha roto mi vinculación artística y personal con Alarcón; tengo un espacio permanente en una sala del restaurante La Cabaña, he expuesto en dos colectivas en el Museo del Ruso… Vengo periódicamente, tengo mucha conexión con este pueblo, con las personas que viven aquí… y le estoy muy agradecido.

En tu obra, el color adquiere mucha importancia. Tus comienzos están teñidos de rojos intensos, incisivos azules y negros. Esta vez nos llevas a la claridad, al blanco absoluto. Me gusta mucho cómo narras esta transición, este viaje, en el texto de introducción de la exposición: “Partí del blanco sin conocer ningún color. Pasé por el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el marrón y el negro y ahora vuelvo hacia atrás conociéndolos todos, limpiando la paleta de mi vida con el disolvente de mi corazón, en busca de aquel blanco inmaculado del cual… partí”.

Sí, el color para mí es una necesidad y tiendo mucho al monocromo. Dependiendo de la época necesito expresarme a través de un color u otro. En mi primera muestra predominaban negros y rojos, aunque ya había unos atisbos de azul. En esa época era muy fuerte la necesidad de expresarme, según mi punto de vista de una forma dramática, muy fuerte a nivel energético, con un lenguaje cargado en lo matérico.

Imagen general de la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Imagen general de la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

El uso de materiales abandonados, infravalorados por la sociedad de consumo en la que vivimos, de objetos encontrados, es también parte sustancial de tu trabajo.

Disfruto mucho experimentando con distintos materiales y objetos. De siempre me ha encantado el objeto encontrado. A mi madre le gustaba mucho pintar y ya lo utilizaba, y yo me he criado con eso. Me interesa mucho porque rompe las dos dimensiones del cuadro, se convierte casi en escultura, el cuadro tiende a salir, recupera una tercera dimensión y deja de ser plano, intenta escapar del espacio bidimensional… Utilizo objetos que ya no tienen uso o que se han desechado para darles una nueva vida y un nuevo sentido, a poder ser mejor que el que tenían porque muchos son objetos muy bastos, muy burdos, como maderas, papeles, hierros… que me encuentro por ahí, latas de gasolina oxidadas, objetos que consigo en el Rastro.

En tu obra siempre subyace una llamada a lo trascendente, un eco que alienta  la elevación moral, espiritual, de quien la contempla.

La única premisa que pienso que debe tener un artista a la hora de crear es la sinceridad,  la pura expresión de lo que cada uno lleva dentro. Considerar el arte como fin y el artista como medio también será de gran ayuda a la hora de intentar materializar algo que pueda llegar a ser trascendente. El artista debe dejar que la fuerza interior aflore por encima de nuestra, hoy por hoy, tiranizante “razón”. Vivimos en un mundo dominado por la “lógica” en detrimento de la emoción y el sentimiento, que son el origen de toda verdadera expresión artística. En mi obra, hablo de la autosuperación y de la búsqueda de la “perfección”, aunque sé que la perfección no existe. Es clave para mí dejar claro que el artista tiene que ser un medio, el ego tiende a hacer creer a los artistas que son un fin en sí mismos y que son protagonistas de lo que hacen, el centro de todo, y yo creo que el artista tiene que ser un medio para crear su obra y un medio de expresión trascendente. Debes intentar conectar con tu propio inconsciente con el inconsciente colectivo, aunque esto pueda parecer pretencioso. El artista tiene que aspirar a ser un canal a través del cual se exprese la vida

Yo mismo flipé el otro día cuando tuve que explicar mi obra en la inauguración, no me había preparado nada y, solo después de explicarla, me di cuenta que todo tenía sentido. Yo nunca sé lo que estoy haciendo. Cuando pinto un cuadro, no hay una idea previa, me enfrento al vacío y ese vacío se va llenando de cosas que ni yo soy consciente de que las llevo dentro, al final aparecen realidades que ni me había planteado que existían dentro de mí, igual ni siquiera están dentro de mí, están en el subconsciente o el inconsciente colectivo. A veces me sorprendo a mí mismo hablando muy bien de mi propia obra, no es que no tenga pudor, es que en realidad no la considero mía del todo, la juzgo como si fuera un extraño, de hecho siempre firmo “Bancho o no?” ¿Soy yo o es algo dentro de mí?

Sobre este tema, me interesa mucho (Carl Gustav) Jung, por ejemplo. He leído mucho sobre él, y yo mismo he pasado por episodios –calificados en su día por un psiquiatra del Clínico de Valencia– como místicos y paranormales. Estuve año y medio viviendo unas experiencias muy cañeras y a partir de esto asumo el deseo de hacerme artista. Nació la inquietud de expresarme, de dejarme todo… la seguridad, un buen trabajo fijo con el que me podía haber jubilado y tener una vida sin complicaciones. Decidí arriesgarlo todo para poder autorrealizarme y expresar lo que llevo dentro. Estoy convencido de que a mi madre se la comió su propia creatividad, su capacidad de hacer cosas y su energía, yo creo que un artista si no se expresa, revienta.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Es complicada la relación del creador frente a un mercantilismo al que no puede renunciar. ¿Cómo ves la escena artística de hoy y qué papel juegan los artistas?

Hoy, tal y como yo lo veo, el mundo del arte vive de la ilusión de los artistas y de su capacidad de creación. Para mí el mundo del arte ha caído en manos de un capitalismo atroz. El centro es el dinero que fagocita todo, se come todo. El dinero que es un medio se convierte en un fin, y el dinero como fin no es nada, porque el fin último debería ser el hombre que, sin embargo, se convierte en un medio de generar dinero, de conseguir dinero o de explotar para conseguir dinero. Con el arte pasa lo mismo, se ha convertido en mercantilismo y es un valor, que además es subjetivo, y que gente con mucha capacidad de influencia utiliza para inflacionar y especular. El problema es que la gran mayoría de artistas está sobreviviendo a duras penas, y en el otro lado hay una élite, algunos que viven como auténticos pachás.

El circuito del arte se está monopolizando, las pequeñas galerías tienden a desaparecer, está diluyéndose el circuito habitual, se está concentrando en manos de unos pocos (como pasa en el resto de empresas) y ahora mismo hay grandes emporios, grandes galerías, que lo manejan todo.

En pocos años, ha cambiado drásticamente la manera de relacionarnos en todos los ámbitos de la vida. ¿Qué papel crees que ocupan las redes sociales en el mundo del arte?

Si no estás en una red social estás muerto y esto supone un problema, porque es un terreno artificial. Creo que estamos mostrando una fachada que no es nada profunda, en las redes no somos nosotros de verdad, somos un “quiero gustar”, “quiero que me acepten”, “quiero que todo el mundo me valore”, ahí perdemos el sentido de nosotros mismos, nos estamos prostituyendo en aras de algo que no existe porque realmente es algo virtual que como medio está fenomenal pero que tampoco puede ser un fin. Yo creo que muchas de las “cagadas” del ser humano se producen al convertir los medios en fines y lo hacemos continuamente, lo que debería ser un medio de comunicación para que el planeta esté en contacto, para que se faciliten un montón las relaciones entre las personas, se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo y la persona está a su servicio, subyugada, y se acaba prostituyendo para ser aceptada en esa falsa sociedad. A mí me da pena porque podría ser utilizado de forma maravillosa –a veces también se usa así–, pero el problema es ese, nuestro ego siempre acaba apoderándose de las cosas.

¿Qué referentes artísticos motivan o han influido de alguna manera en tu obra?

Me interesa mucho el racionalismo abstracto, me inspira la obra de Francis Bacon, Anselm Kiefer, Tapiès, Anish Kapoor, Jaume Plensa o De Chirico y toda la pintura metafísica, me gusta todo lo que es trascendente, lo que comunica con otros mundos. Creo que hay un exceso de realidad, la realidad es aburrida, es gris y cualquier persona que nos haga volar, alucinar, y nos transporte a otras dimensiones del pensamiento y del sentimiento me aporta, el arte tiene que ser emoción y ahora hay un exceso de racionalidad. La racionalidad es buena porque si no nos iríamos tirando por los barrancos, pero creo que necesitamos un toque de irrealidad. Me gusta mucho la gente que conecta con el hemisferio derecho y vuela. Los grandes artistas para mí han sabido crear nuevas maneras de ver las cosas, veían la vida de una forma que nadie contemplaba y han sabido expresar, comunicar y conectar con la gente –algunos no en su época sino en tiempos futuros–, han sido pioneros. Transformando la forma de ver las cosas se transforma todo, no hace falta cambiar lo que hay, sino tu forma de ver lo que hay.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición 'El camino interior', en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición ‘El camino interior’, en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

Marisa Giménez Soler

 

Carmen Calvo. Una jaula para vivir

Carmen Calvo. Una jaula para vivir
Galería Ana Serratosa
C / Vicente Beltrán Grimal, 26. Valencia
www.anaserratosa.es
Presentación, jueves 1 de febrero
Hasta el 28 de febrero de 2018
Visitas gratuitas, lunes a viernes de 17 a 20.30 horas

La instalación se inicia el mismo día en que Carmen Calvo lee la noticia en un periódico, (noviembre de 1997) sobre una niña de siete años que pasó dos semanas de su vida viviendo encerrada en una jaula. Un trágico suceso que la autora quiso reflejar a través de su particular mirada.

‘Una jaula para vivir’ combina elementos como juguetes, peluches, muñecas y otros objetos relacionados con la infancia, que junto con la iluminación, el sonido y la propia mirada del espectador, recrean y ponen hincapié en el universo de la primera edad.
La presencia de espejos y de la jaula (la parte más importante de la instalación, e idéntica a la aparecida en la foto de la noticia) convierten la obra en una experiencia asombrosa y escalofriante que pone en el punto de mira un tema tan relevante y actual como es el maltrato infantil.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

La diversidad de materiales que Carmen Calvo emplea en la creación de sus obras, representan un rasgo característico personal en la composición de la instalación. Elementos encontrados o, también, adquiridos en mercadillos y rastros, junto a materiales como el cemento, el mármol, el cristal, el barro, el yeso y un largo etcétera, forman parte de sus composiciones.

En relación con su trayectoria, Carmen Calvo (Premio Nacional de de Artes Plásticas, 2013) inicialmente ingresa en la Escuela de Artes y Oficios y, posteriormente, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus trabajos adquieren reconocimiento internacional sobre todo a partir de mediados de los 90. En 2003, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó una exposición individual de toda su obra.

‘Una jaula para vivir’, ahora reinterpretada casi dos décadas después de su creación, se presentará el día 1 de febrero en una velada en la que la autora también protagonizará una charla sobre su carrera artística. Esta instalación coincide en el tiempo con la exposición ‘Peces de colores en la azotea’, una muestra de obra totalmente inédita que acoge la otra sede de la Galería Ana Serratosa (ubicada en el ático de la calle Pascual y Genís, 19 de Valencia) y que continuará hasta finales de febrero.