Nuevos escenarios de reflexión sobre Oteiza

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, de Karlos Martínez B. y Javier Arbizu
Museo Oteiza
Calle de la Cuesta 7, Alzuza (Navarra)
Hasta el 30 de noviembre de 2018

El Museo Oteiza presenta el proyecto expositivo ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, una intervención expositiva en torno a la obra de Oteiza, realizada expresamente por los artistas Karlos Martínez B. y Javier Arbizu para el centro de Alzuza y que constituye la primera intervención perteneciente al programa Hazitegia (semillero).

Se trata de la primera intervención de este programa, promovido por el Museo Oteiza y el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte y surgido de la voluntad de conjugar los ámbitos de producción y exhibición de los dos centros que lo promueven, para generar nuevos escenarios de reflexión en torno a la obra de Jorge Oteiza desde la creación contemporánea.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

El proyecto se inició con la residencia de investigación y producción que ambos artistas realizaron el pasado año en el Centro Huarte. Esta residencia permitió a los autores definir un proyecto que se materializó en una primera intervención realizada en la célebre Casa Huarte de Madrid, edificada en 1966 por los arquitectos Corrales y Molezún, y que se desarrolló durante un única jornada el pasado 17 de febrero de 2018, producida por Caniche Editorial.

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ continúa ahora en la intervención expositiva que acoge el Museo Oteiza, entre el 27 de julio y el 30 de noviembre de 2018, y que ha contado con la colaboración de Fundación “la Caixa” y la Fundación Caja Navarra, dentro del programa Innova Cultural, y del Ayuntamiento de Egüés.

El punto de partida de este proyecto es la idea de macla, asociada a la serie de obras así denominadas por Oteiza, originadas por la fusión o encuentro de dos o más volúmenes y activadas por la relación de sus partes. A partir de ese momento, esta intervención propone una particular manera de asociar lo escultórico con lo objetual, mediante sutiles intervenciones que trastocan las características propias materiales y objetos, que generan un nuevo repertorio de significados que lo vinculan de manera libre con el espacio del museo, los modos constructivos de la obra de Oteiza y la consideración de lo escultórico como un proceso en permanente transformación.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

La presencia del bismuto –mineral que cristaliza en formas geométricas y concéntricas– es uno de los hilos conductores de la propuesta, que trabaja sobre la idea del cuerpo suturado y de la cuestión del doble como esencia de una escultura “permanentemente insatisfecha”, tal y como la definió Jorge Oteiza.

El proyecto no está concebido como una mera exhibición de obras, dado que las diferentes piezas –un total de 17– componen una misma intervención, que se muestra en diferentes espacios del Museo Oteiza, incluyendo el exterior del edificio. Cada una de ellas está concebida como elemento activador del propio espacio del centro y catalizador de los escultórico desde el uso de materiales y procesos compositivos contemporáneos.

La intervención se rubrica con la edición de una publicación homónima, que incluye un completo recorrido visual por las dos intervenciones, y que se complementa con un texto de Rosa Lleó, comisaria y directora de la Plataforma Green Parrot.

Jorge Oteiza revisado en 'Macla, mamua, bismuto, vicario' por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Jorge Oteiza revisado en ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

 

El inflado Jardín de las Delicias

Jardín autómata, de Olga Diego
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de octubre de 2018

La artista alicantina Olga Diego recrea el ‘Jardín de las Delicias de El Bosco’ en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València. Con más de 400 metros cuadrados la instalación de Olga Diego que ocupa la Sala Dormitori, sumerge al visitante en un paraíso de libertad creativa y sexual donde el pecado de la carne del que advertía El Bosco es sustituido ahora por el plástico, en una crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo.

José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, explicó que “la obra de Olga Diego nos introduce en una nueva dimensión del arte donde las obras ya no sólo se pueden observar sino que cobran vida e incluso respiran”. El director del Centre del Carme destacó la línea de trabajo de la artista, a caballo entre la performance y la instalación escultórica y recordó que su obra forma parte de la naciente colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana que también se puede ver en el centro de cultura contemporánea a lo largo de este verano.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¿Sería posible recrear el Jardín de las Delicias de El Bosco en una instalación de esculturas inflables y electrónicas? Salvando las grandes distancias, esto es ‘Jardín Autómata’: una gigantesca instalación formada por un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes de El Bosco.

El punto focal que provoca la idea, es la ‘Cabalgata del deseo’ pintada en el panel central del tríptico. En ella, seres humanos desnudos disfrutan, junto con animales de todas las especies, de un mundo de placer sin límites. La lujuria representada de múltiples e inimaginables formas. Un mundo sugerente donde también encontramos hermosas aves, peces y frutos exóticos.

Estos elementos son los que también aparecen en ‘Jardín Autómata’. Una orgía visual y creativa. Un laberinto de grandes cuerpos traslúcidos que sugieren una existencia mágica. “En mi obra busco provocar una experiencia. Tengo la sensación de haber creado en la Sala Dormitori un pequeño microuniverso. La pieza se activa cuando el espectador se introduce en ella, necesita entrar dentro de ella, recorrerla, para poder reconocer a cada uno de los personajes que se mueven y respiran como seres vivos a su alrededor”.

Diferentes humanoides, cuadrúpedos y personajes híbridos son suspendidos en el espacio de la sala en una composición aérea y en continuo movimiento, mientras otros inflables se encuentran posados en el suelo recreando escenas más terrenales y libidinosas.

En esos cuerpos traslúcidos, sus motores, como corazones eléctricos, insuflan aire en su interior, marcando con sus ritmos una indescifrable sinfonía eléctrica. Luces led terminan de conformar los cuerpos y una lluvia de cables y circuitos electrónicos se descuelgan desde las figuras hasta posarse en el suelo de la sala.

En la obra de Olga Diego es muy importante la electrónica: un laberinto de cables conectados a un complejo hardware son los que dan vida a estos personajes: humanoides de todos los géneros, cuadrúpedos sencillos y mestizos, seres híbridos, mujeres de grandes pechos-antena, animales cabeza-globo, la jirafa mutante, chico pájaro con alas-tortilla, huevos y peces con piernas, hermafroditas que vuelan, frutos con tentáculos, perros de dos cabezas, pájaros extraños de alas adaptadas, y un largo etc.

Sin embargo, detrás de esa obra de El Bosco que tan atractiva nos resulta hoy, encontramos una crítica al pecado, a la lujuria que retrata. Profundamente religioso, El Bosco pretendía mostrar las terribles consecuencias que acaecerían a la especie humana si esta se dejaba seducir por los placeres de la carne.

Olga Diego reconoce que “hay una gran distancia entre su intención y lo que hoy día vemos en esa obra. Un mundo sugerente e idílico, un inquietante paraíso de libertad. Actualmente y sin lugar a dudas, uno de nuestros mayores pecados como especie humana no son nuestros deseos sexuales (afortunadamente ya más libres). Convertidos en una sociedad capitalista incapaz de modular un respeto por el medio ambiente, sufrimos de un derroche desmedido, y es en esa lujuria consumista donde mostramos nuestro inmenso pecado, el plástico”.

“Jardín Autómata ha supuesto un reto constructivo, pero también un insinuante paraíso en cuanto a las formas a crear” explica la artista quien reconoce que trabaja tensando los límites de lo artístico y lo físico como en su último trabajo en Londres en el que estuvo 58 horas dibujando sin parar. La artista trabaja entre la performance y la instalación creando artefactos artísticos que le han permitido incluso la posibilidad de volar en una búsqueda de la mayor libertad posible.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Las indagaciones plásticas de Ernesto Valcárcel

‘Ab initio’, de Ernesto Valcárcel
Galería de Arte Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Hasta el 12 de mayo de 2018

A finales de 1973 se inauguró en la Sala Conca de La Laguna una exposición memorable. Su creador, Ernesto Valcárcel Manescau –nacido en Tenerife en 1951 y estudiante de arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Canarias– ya había dado a conocer sus primeros trabajos en varias colectivas y en una exposición individual, realizada el año anterior en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, bajo el título ‘STUVW’.

Sin embargo, entre esta y aquella un profundo y ambicioso cambio había tenido lugar en la obra de Valcárcel, que en unos pocos meses se había reconstruido sobre sus primeros balbuceos con un lenguaje de una plasticidad potente y turbadora. STUVW’ había sido, en criterio de su autor, un ejercicio de “síntesis y conclusiones del periodo abstracto comenzado en 1967”, una función recapituladora de sus prolegómenos autodidactas que parecía animada por la imperativa búsqueda de un principio, de una actitud propia y, en definitiva, de una identidad artística. Con ‘Materia, rito y alquimia’, la exposición de Conca, los primeros y contundentes pasos de un creador singular resonaron en el panorama plástico archipelágico de los 70.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Materia, ritmo y alquimia', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Materia, ritmo y alquimia’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

‘Materia, rito y alquimia’ contenía los resultados de la transformación operada en la obra de Valcárcel en un año escaso de radical experimentación con volúmenes y relieves en los lienzos, y con los materiales que incorpora a su trabajo: telas cosidas, colas, asfalto…, y la animaban las consecuencias de sus reflexiones sobre la obra de arte y el acto expositivo como parte indisoluble de ella. Esta simbiosis de obra y actitud convirtía ‘Materia, rito y alquimia’ en una suerte de manifiesto estético, un posicionamiento no pasivo, sino beligerante ante el hecho artístico al postular la “exposición-acontecimiento”, que en palabras de su autor atraería a “un público desconcertado, a veces escandalizado, pero que inevitablemente participa ya con su desconcierto, con su indignación o con su burla”.

‘Materia, rito y alquimia’ estaba integrada por obras de tela encolada y alquitranada con las que el artista se proponía “crear un espectáculo definido por la presencia fuerte de objetos que, amontonados sin orden, llenen y ocupen totalmente un espacio transitable.” La voluntad instalativa que desde sus inicios ha animado el trabajo de Valcárcel se iba a materializar en una obra excesiva y provocadora: lienzos embarnecidos hasta requintar, con tensas adiposidades, vísceras o texturas, que colgará de las paredes; y, rodeándolos, numerosos “objetos” que parecían desgajados de los cuadros, vertidos en la exterioridad a la que estos aspiraban (secreciones escultóricas que figuran entre las más enigmáticas de la escultura contemporánea en las Islas), objetos con los que invade el “espacio transitable”, creando un ámbito de resonancias orgánicas, un envolvente seno que acogía y hasta cierto punto “digería” al espectador.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Los espacios inaccesibles', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Los espacios inaccesibles’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Con ‘Materia, rito y alquimia’ se abre el ciclo fundacional de la obra de Ernesto Valcárcel. Dicho ciclo, al que ahora se homenajea y revisita en la exposición ‘Ab initio’, que en colaboración con el artista ha organizado y presenta Galería Artizar, tendrá su desarrollo y evolución durante la década de los 70 del pasado siglo y estará jalonado por otras dos muestras igualmente relevantes: ‘Los espacios inaccesibles’ (1974, Sala Conca II, Las Palmas de Gran Canaria) y ‘Secuencias de un ámbito onírico’ (1978, Galería Balos, Las Palmas de Gran Canaria y Sala Conca, La Laguna).

A través de ellas, Valcárcel irá desplegando la mayor parte de los rasgos que harán cautivadoras sus indagaciones plásticas durante las décadas siguientes hasta hoy mismo, cuando su fascinante experiencia alcanza el medio siglo y acumula una obra imprescindible y única que enriquece, como en verdad muy pocas lo hacen, la historia del arte contemporáneo en Canarias.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición 'Ab initio', del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición ‘Ab initio’, del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Carlos E. Pinto

 

 

Louisa Holecz o la inevitabilidad de la muerte

‘Out of Body’, de Louisa Holecz
Galería Librería La Casa Amarilla
Paseo de Sagasta 72, local 3, Zaragoza
Del 17 de abril al 2 de junio de 2018
Inauguración: martes 17 de abril a las 20:00

La secuencia de pinturas y esculturas que Louisa Holecz (Londres, 1971. Reside en Zaragoza desde el año 2000) expone en La Casa Amarilla, con el título de ‘Out of Body’, evidencia, en su fidelidad a determinados temas, la que considera es una de las funciones del arte, sino la principal: hacernos conscientes de la inevitabilidad de la muerte.

Louisa Holecz pinta cuerpos que escapan, escenarios de tránsito e intermedios, intentando hacer visible lo que excede  toda visibilidad. Por eso sus imágenes son turbadoras e inquietantes. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado.

Imagen de la obra 'Interval –for Jacqueline du Pré–', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Interval –for Jacqueline du Pré–’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

“Una venda sobre los ojos, una venda muy ceñida, cosida sobre el ojo, cayendo inexorable como postigo de hierro desplomándose sobre ventana.
Pero es con su venda con lo que ve.
Es con todo su cosido con lo que descose, con lo que vuelve a coser, con su carencia con lo que posee, con lo que toma”.
(Henry Michaux, ‘La vida en pliegues’)

Cuando el compositor Edward Elgar salió de la anestesia tras ser operado en 1918, pidió lápiz y papel. Lo que escribió fue el primer tema del ‘Concierto para violonchelo en mi menor Op. 85′, que terminó durante el periodo de recuperación en Brinkwells, una casa apartada cerca de Fittleworth, en Sussex. El concierto inauguró la temporada 1919-1920 de la Orquesta Sinfónica de Londres, el 27 de octubre de 1919, sin éxito. Nadie comprendió el tono contemplativo y elegiaco de su nueva música. Hasta que la violonchelista Jacqueline du Pré la interpretó con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de John Barbirolli, en 1965.

Ahora, Louisa Holecz pinta el escenario vacío de la orquesta para Du Pré, arrancada de la música por la enfermedad que le fue diagnosticada en 1973, cuando tenía 28 años. ‘Interval’ titula Holecz su cuadro, en alusión al intermedio durante el que Du Pré hubo de reconstruirse. Una tarea complicada de explicar, según confesó al realizador Christopher Nupen, “porque después de haber estado tanto tiempo haciendo algo que me gustaba, es difícil reconstruir algo que me parezca que valga la pena. Así que ese ha sido mi trabajo; la reconstrucción”. Solo quedaba esperar la muerte, que llegó en 1987.

Lo que nos crea problemas no es la muerte, sino el saber de la muerte, afirmó Norbert Elias. Louisa Holecz la pinta. Pero, cómo pintar un cuerpo que escapa y que lo hace de tantas maneras, se preguntó Gilles Deleuze: mientras dormimos, durante el vómito y el grito; o tras una operación, de la que una persona sale como si hubiera tocado el límite de la vida. Un límite al que, quizás, Elgar quiso poner música; el mismo que Louisa Holecz aspira a pintar. Pero insistimos con Deleuze, cómo hacerlo, cómo hacer visible lo que excede toda visibilidad, que eso es el impulso, el esfuerzo a través del cual el cuerpo tiende a escaparse. Según la definición de Julia Kristeva, lo abyecto es expulsar, es aquello de lo que debo deshacerme a fin de ser un yo, y lo que ese yo primordial expulsa, considera Hal Foster, es una sustancia fantasmal tan extraordinariamente próxima al sujeto que motiva su pánico; no en vano el sujeto de abyección es el cadáver.

Imagen de la obra 'Torre clandestina', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Torre clandestina’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Entre las direcciones que ha tomado el arte de lo abyecto, Foster señala dos: la primera consiste en identificarse con lo abyecto, sondar la herida del trauma, tocar la obscena mirada-objeto de lo real; y la segunda, representar la condición de la abyección para aprehenderla en el acto. Louisa Holecz elige ambas direcciones. Con la pintura decide sondar la herida, mostrándola a la mirada de quienes se sitúan ante ella, y no duda en representar la acción misma de la abyección.

Louisa Holecz pinta imágenes que desfiguran la figuración, turbadoras e inquietantes; imágenes reales que lanza a la invención; imágenes que dialogan con la muerte; imágenes de pesadilla que ponen rostro al miedo, experimentándolo; imágenes, en definitiva, que siguen el consejo de Sacher- Masoch: “Hay que pasar de la figura viva al problema”. Sobra la narración, no hay narración en las imágenes pintadas de Louisa Holecz. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado, porque si algo hemos aprendido es que la función del arte no es la de distraernos del sufrimiento, aliviarnos y ofrecernos consuelo. Lo anunció Apollinaire en 1917, un año antes de que Elgar compusiera su nueva música elegiaca que Du Pré entendió como nadie podía hacerlo. Solo ella sería capaz.

‘Out of Body’ titula Louisa Holecz su exposición en La Casa Amarilla. La imagen pintada de su rostro con los ojos cubiertos como por un manto de nieve, que diría Kracauer, persevera en el aura de las primeras fotografías que desafían el tiempo en su propósito de perdurar, ajenas a la sentencia futura de Roland Barthes, para quien la fotografía es siempre una catástrofe. Salir de lo oscuro fue el deseo de los primeros fotógrafos y del eremita Filoteo el Sinaíta o Filoteo de Batos, que inventó, según cuenta Georges Didi-Huberman, el verbo “fotografiar” un mediodía, entre los siglos IX y XII, tras mirar el sol durante demasiado tiempo. Su obsesión era transformarse en una imagen. La experiencia así concebida, analiza Didi-Huberman, solo pretendía expulsar las imágenes, es decir, acceder por renunciación a la luz, sin forma ni figura, a la luz que nos ciega y ante la cual solemos velarnos la cara, una luz con la que ver equivaldría a no ver ya nada.

En el ensayo ‘La chambre claire’, escrito durante el duelo por la muerte de su madre, Barthes anota que la luz es una especie de cordón umbilical que une el cuerpo de la persona fotografiada con la mirada de quien la contempla. “Lanza tu cordón umbilical, para que pueda escalar de regreso”, escribió Kurt Cobain. Algo así pinta Louisa Holecz en ‘Still’, el cuadro que cierra la exposición. El del doble, principio biogenético que se corresponde con la reproducción, es uno de los mitos universales que nos invita a pensar con Edgar Morin que “el momento de la muerte es el de la duplicación imaginaria”. Al hombre que inventó el verbo “fotografiar”, dice Didi-Huberman, le hubiera gustado no cerrar nunca los ojos. Los cerró un instante, al nacer, y los mantendría bien abiertos ante el sol en su muerte. En el fondo, esperaba abandonar su cuerpo.

Imagen de la obra 'Máscara', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of Body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Máscara’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of Body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Chus Tudelilla

 

Bancho: “Partí del blanco sin conocer ningún color”

‘El camino interior’, de Esteban Castellano, Bancho
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Hasta el 22 de abril de 2018

Esteban Castellano, Bancho (Valencia, 1965), vuelve a Alarcón. En realidad nunca se ha ido. La vinculación que siente con este pueblo castellanomanchego es férrea y viene de lejos. Fue aquí, cuenta el artista, donde hace tiempo comenzó a ver atisbos de luz después de atravesar un periodo personal negro, y fue aquí también donde iniciará un íntimo camino artístico salpicado de trascendencia y compromiso.

Esta charla tiene lugar en el Museo del Ruso, donde expone sus últimas obras bajo el título ‘El camino interior’, una instalación que él describe como “un homenaje a lo imperfecto, a lo puro, a lo políticamente incorrecto, a la amistad, a lo que nadie quiere, al sol y la luna, a la alquimia, a la materia prima y a la piedra filosofal, a los que se fueron pero siempre estarán con nosotros, a los que están con nosotros, a lo mágico, al planeta Tierra, a la vida y al Amor… principio y fin último de todas las cosas”.

Bancho. Makma

Vuelves con esta exposición individual a Alarcón, lugar de referencia en tu vida…

Sí, conocí Alarcón hace 23 años por mi gran amigo Raúl Poveda. Estaba pasando una etapa complicada, una crisis personal tras una ruptura sentimental, y Raúl me rescató, me animó a venir, me dijo: “Vente que te lo pasarás fenomenal, que son las fiestas”. Tras esta estancia nació una relación especial que sigo manteniendo, me alentó muchísimo anímicamente.

Tu primera exposición individual tiene lugar también en Alarcón, en la iglesia de Santo Domingo, un espacio imponente y mágico, restaurado hace unos años y que hoy, desgraciadamente, permanece cerrado.

Sí, fue en el año 2006, Raúl y don Luis (el recordado cura del pueblo) me animan a exponer mis obras en esta iglesia. Fue una gran experiencia de la que guardo muchísimos recuerdos bonitos. Espero que ese lugar tan especial vuelva a abrir sus puertas.

Luego volverás a este mismo espacio con otras exposiciones.

Sí, así es; hice otra individual al año siguiente y otra colectiva tiempo después junto a los artistas Julio Mayordomo, Luis Moscardó y Bernardo Tejeda. Nunca se ha roto mi vinculación artística y personal con Alarcón; tengo un espacio permanente en una sala del restaurante La Cabaña, he expuesto en dos colectivas en el Museo del Ruso… Vengo periódicamente, tengo mucha conexión con este pueblo, con las personas que viven aquí… y le estoy muy agradecido.

En tu obra, el color adquiere mucha importancia. Tus comienzos están teñidos de rojos intensos, incisivos azules y negros. Esta vez nos llevas a la claridad, al blanco absoluto. Me gusta mucho cómo narras esta transición, este viaje, en el texto de introducción de la exposición: “Partí del blanco sin conocer ningún color. Pasé por el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el marrón y el negro y ahora vuelvo hacia atrás conociéndolos todos, limpiando la paleta de mi vida con el disolvente de mi corazón, en busca de aquel blanco inmaculado del cual… partí”.

Sí, el color para mí es una necesidad y tiendo mucho al monocromo. Dependiendo de la época necesito expresarme a través de un color u otro. En mi primera muestra predominaban negros y rojos, aunque ya había unos atisbos de azul. En esa época era muy fuerte la necesidad de expresarme, según mi punto de vista de una forma dramática, muy fuerte a nivel energético, con un lenguaje cargado en lo matérico.

Imagen general de la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Imagen general de la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

El uso de materiales abandonados, infravalorados por la sociedad de consumo en la que vivimos, de objetos encontrados, es también parte sustancial de tu trabajo.

Disfruto mucho experimentando con distintos materiales y objetos. De siempre me ha encantado el objeto encontrado. A mi madre le gustaba mucho pintar y ya lo utilizaba, y yo me he criado con eso. Me interesa mucho porque rompe las dos dimensiones del cuadro, se convierte casi en escultura, el cuadro tiende a salir, recupera una tercera dimensión y deja de ser plano, intenta escapar del espacio bidimensional… Utilizo objetos que ya no tienen uso o que se han desechado para darles una nueva vida y un nuevo sentido, a poder ser mejor que el que tenían porque muchos son objetos muy bastos, muy burdos, como maderas, papeles, hierros… que me encuentro por ahí, latas de gasolina oxidadas, objetos que consigo en el Rastro.

En tu obra siempre subyace una llamada a lo trascendente, un eco que alienta  la elevación moral, espiritual, de quien la contempla.

La única premisa que pienso que debe tener un artista a la hora de crear es la sinceridad,  la pura expresión de lo que cada uno lleva dentro. Considerar el arte como fin y el artista como medio también será de gran ayuda a la hora de intentar materializar algo que pueda llegar a ser trascendente. El artista debe dejar que la fuerza interior aflore por encima de nuestra, hoy por hoy, tiranizante “razón”. Vivimos en un mundo dominado por la “lógica” en detrimento de la emoción y el sentimiento, que son el origen de toda verdadera expresión artística. En mi obra, hablo de la autosuperación y de la búsqueda de la “perfección”, aunque sé que la perfección no existe. Es clave para mí dejar claro que el artista tiene que ser un medio, el ego tiende a hacer creer a los artistas que son un fin en sí mismos y que son protagonistas de lo que hacen, el centro de todo, y yo creo que el artista tiene que ser un medio para crear su obra y un medio de expresión trascendente. Debes intentar conectar con tu propio inconsciente con el inconsciente colectivo, aunque esto pueda parecer pretencioso. El artista tiene que aspirar a ser un canal a través del cual se exprese la vida

Yo mismo flipé el otro día cuando tuve que explicar mi obra en la inauguración, no me había preparado nada y, solo después de explicarla, me di cuenta que todo tenía sentido. Yo nunca sé lo que estoy haciendo. Cuando pinto un cuadro, no hay una idea previa, me enfrento al vacío y ese vacío se va llenando de cosas que ni yo soy consciente de que las llevo dentro, al final aparecen realidades que ni me había planteado que existían dentro de mí, igual ni siquiera están dentro de mí, están en el subconsciente o el inconsciente colectivo. A veces me sorprendo a mí mismo hablando muy bien de mi propia obra, no es que no tenga pudor, es que en realidad no la considero mía del todo, la juzgo como si fuera un extraño, de hecho siempre firmo “Bancho o no?” ¿Soy yo o es algo dentro de mí?

Sobre este tema, me interesa mucho (Carl Gustav) Jung, por ejemplo. He leído mucho sobre él, y yo mismo he pasado por episodios –calificados en su día por un psiquiatra del Clínico de Valencia– como místicos y paranormales. Estuve año y medio viviendo unas experiencias muy cañeras y a partir de esto asumo el deseo de hacerme artista. Nació la inquietud de expresarme, de dejarme todo… la seguridad, un buen trabajo fijo con el que me podía haber jubilado y tener una vida sin complicaciones. Decidí arriesgarlo todo para poder autorrealizarme y expresar lo que llevo dentro. Estoy convencido de que a mi madre se la comió su propia creatividad, su capacidad de hacer cosas y su energía, yo creo que un artista si no se expresa, revienta.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Es complicada la relación del creador frente a un mercantilismo al que no puede renunciar. ¿Cómo ves la escena artística de hoy y qué papel juegan los artistas?

Hoy, tal y como yo lo veo, el mundo del arte vive de la ilusión de los artistas y de su capacidad de creación. Para mí el mundo del arte ha caído en manos de un capitalismo atroz. El centro es el dinero que fagocita todo, se come todo. El dinero que es un medio se convierte en un fin, y el dinero como fin no es nada, porque el fin último debería ser el hombre que, sin embargo, se convierte en un medio de generar dinero, de conseguir dinero o de explotar para conseguir dinero. Con el arte pasa lo mismo, se ha convertido en mercantilismo y es un valor, que además es subjetivo, y que gente con mucha capacidad de influencia utiliza para inflacionar y especular. El problema es que la gran mayoría de artistas está sobreviviendo a duras penas, y en el otro lado hay una élite, algunos que viven como auténticos pachás.

El circuito del arte se está monopolizando, las pequeñas galerías tienden a desaparecer, está diluyéndose el circuito habitual, se está concentrando en manos de unos pocos (como pasa en el resto de empresas) y ahora mismo hay grandes emporios, grandes galerías, que lo manejan todo.

En pocos años, ha cambiado drásticamente la manera de relacionarnos en todos los ámbitos de la vida. ¿Qué papel crees que ocupan las redes sociales en el mundo del arte?

Si no estás en una red social estás muerto y esto supone un problema, porque es un terreno artificial. Creo que estamos mostrando una fachada que no es nada profunda, en las redes no somos nosotros de verdad, somos un “quiero gustar”, “quiero que me acepten”, “quiero que todo el mundo me valore”, ahí perdemos el sentido de nosotros mismos, nos estamos prostituyendo en aras de algo que no existe porque realmente es algo virtual que como medio está fenomenal pero que tampoco puede ser un fin. Yo creo que muchas de las “cagadas” del ser humano se producen al convertir los medios en fines y lo hacemos continuamente, lo que debería ser un medio de comunicación para que el planeta esté en contacto, para que se faciliten un montón las relaciones entre las personas, se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo y la persona está a su servicio, subyugada, y se acaba prostituyendo para ser aceptada en esa falsa sociedad. A mí me da pena porque podría ser utilizado de forma maravillosa –a veces también se usa así–, pero el problema es ese, nuestro ego siempre acaba apoderándose de las cosas.

¿Qué referentes artísticos motivan o han influido de alguna manera en tu obra?

Me interesa mucho el racionalismo abstracto, me inspira la obra de Francis Bacon, Anselm Kiefer, Tapiès, Anish Kapoor, Jaume Plensa o De Chirico y toda la pintura metafísica, me gusta todo lo que es trascendente, lo que comunica con otros mundos. Creo que hay un exceso de realidad, la realidad es aburrida, es gris y cualquier persona que nos haga volar, alucinar, y nos transporte a otras dimensiones del pensamiento y del sentimiento me aporta, el arte tiene que ser emoción y ahora hay un exceso de racionalidad. La racionalidad es buena porque si no nos iríamos tirando por los barrancos, pero creo que necesitamos un toque de irrealidad. Me gusta mucho la gente que conecta con el hemisferio derecho y vuela. Los grandes artistas para mí han sabido crear nuevas maneras de ver las cosas, veían la vida de una forma que nadie contemplaba y han sabido expresar, comunicar y conectar con la gente –algunos no en su época sino en tiempos futuros–, han sido pioneros. Transformando la forma de ver las cosas se transforma todo, no hace falta cambiar lo que hay, sino tu forma de ver lo que hay.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición 'El camino interior', en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición ‘El camino interior’, en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

Marisa Giménez Soler

 

Carmen Calvo. Una jaula para vivir

Carmen Calvo. Una jaula para vivir
Galería Ana Serratosa
C / Vicente Beltrán Grimal, 26. Valencia
www.anaserratosa.es
Presentación, jueves 1 de febrero
Hasta el 28 de febrero de 2018
Visitas gratuitas, lunes a viernes de 17 a 20.30 horas

La instalación se inicia el mismo día en que Carmen Calvo lee la noticia en un periódico, (noviembre de 1997) sobre una niña de siete años que pasó dos semanas de su vida viviendo encerrada en una jaula. Un trágico suceso que la autora quiso reflejar a través de su particular mirada.

‘Una jaula para vivir’ combina elementos como juguetes, peluches, muñecas y otros objetos relacionados con la infancia, que junto con la iluminación, el sonido y la propia mirada del espectador, recrean y ponen hincapié en el universo de la primera edad.
La presencia de espejos y de la jaula (la parte más importante de la instalación, e idéntica a la aparecida en la foto de la noticia) convierten la obra en una experiencia asombrosa y escalofriante que pone en el punto de mira un tema tan relevante y actual como es el maltrato infantil.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

La diversidad de materiales que Carmen Calvo emplea en la creación de sus obras, representan un rasgo característico personal en la composición de la instalación. Elementos encontrados o, también, adquiridos en mercadillos y rastros, junto a materiales como el cemento, el mármol, el cristal, el barro, el yeso y un largo etcétera, forman parte de sus composiciones.

En relación con su trayectoria, Carmen Calvo (Premio Nacional de de Artes Plásticas, 2013) inicialmente ingresa en la Escuela de Artes y Oficios y, posteriormente, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus trabajos adquieren reconocimiento internacional sobre todo a partir de mediados de los 90. En 2003, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó una exposición individual de toda su obra.

‘Una jaula para vivir’, ahora reinterpretada casi dos décadas después de su creación, se presentará el día 1 de febrero en una velada en la que la autora también protagonizará una charla sobre su carrera artística. Esta instalación coincide en el tiempo con la exposición ‘Peces de colores en la azotea’, una muestra de obra totalmente inédita que acoge la otra sede de la Galería Ana Serratosa (ubicada en el ático de la calle Pascual y Genís, 19 de Valencia) y que continuará hasta finales de febrero.

En el estudio

‘Muebles en el estudio’
Ángel Masip
Sala exposiciones La Lonja
Paseo Almirante Julio Guillén Tato. Alicante
Hasta el 18 de febrero de 2018

Sin abandonar el paisaje y su reflexión ante el mismo, Ángel Masip presenta su nuevo proyecto ‘Muebles de estudio’ en la Lonja del Pescado de Alicante. ‘Muebles de estudio’ recoge tres acciones, siempre sugerentes, que aúnan algunas de sus creaciones más recientes, entre ellas ‘Two and a half minutes to the midnight’ que ya pudo verse en el Centro del Carmen de Valencia. En pocas ocasiones Ángel Masip ha expuesto en su ciudad de origen y, en este caso, la oportunidad se da gracias a la convocatoria pública que la Concejalía de Cultura de Alicante abrió el pasado 2017 con objeto de dotar de contenido a las diferentes salas de exposiciones de la ciudad.

A lo largo de toda su trayectoria, Masip viene elaborando un discurso entorno a la significación del paisaje, siempre desde distintas perspectivas y siempre como pretexto para analizar el individuo. En ‘Muebles de estudio’ diversifica y amplia este concepto de paisaje llevándolo a un punto casi íntimo, totalmente introspectivo. La muestra comienza con ‘Domesticidades Fantasma’ donde impresiones digitales y un gran foto-collage, acompañan a una gran escultura de tubos de aluminio. Masip otorga aquí una nueva mirada sobre los objetos cotidianos, sobre nuestros espacios domésticos, aquellos que casi podríamos recorrer con los ojos cerrados, pero ahora descontextualizados, desposeídos de la familiaridad provoca un sentimiento de extrañeza en el espectador. ¿Acaso somos capaces de reconocer esos lugares? Ese orden inconsciente deja de tener sentido y tropieza con lo preestablecido.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Es quizá esta la actitud revuelta y descolocada necesaria para enfrentarse a las siguientes instalaciones, ambas relacionadas con una visión post-apocalíptica de la realidad. ‘Escaparatismo salvaje’ es el resultado de una instalación que el artista llevó a cabo en 2013 site-specific para una galería de Madrid. El resultado conjuga diferentes materiales de desecho domésticos que refuerzan la meditación sobre diferentes cuestiones clave: paisaje, naturaleza, producto artístico… ¿Nos sentimos cómodos reiterando la participación generalizada sobre estas ideas? El confort del no pensamiento obliga al espectador a rodear la obra, a crear una escenografía distinta para cada mirada.

Finalmente, ‘Two and a half minutes to midnight’ parte del Doomsday clock, un reloj simbólico que marca la medianoche como aproximación al fin del mundo. En 2017 ese reloj se adelantó. La instalación de Ángel Masip muestra en una serie de elementos museográficos, objetos encontrados o construidos, enmarcados, expuestos. Pero no es la estética lo que cuenta, sino que partiendo del cuestionamiento del objeto artístico como tal, surge el interrogatorio inconsciente. La presentación lleva inevitablemente a reflexionar sobre lo inminente en el día a día del individuo, quizá mostrando un principio de incertidumbre que el orgullo no deja externalizar.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

En resumen, Masip trata de manera ponderada la visibilización de aquello que normalmente no apreciamos. Aquí encaja bien el concepto social que propuso Zygmunt Bauman, el de una sociedad líquido-moderna, en la que todo fluye y el cambio es constante pero no hay conclusión. Pararse a reflexionar sobre lo imposible de averiguar no es sino una manera de detenernos, de alejarnos de ese confort producido por la domesticidad, por las paredes confortables y también, como no, por nuestros muebles de estudio.

María Ramis

La metafísica del objeto de Iván Araujo

‘Todas las mañanas del mundo’, de Iván Araujo
APPA art gallery
Concepción Jerónima 21, Madrid
Hasta el 21 de enero de 2018

La galería madrileña APPA art gallery acoge la exposición ‘Todas las mañanas del mundo’, una selección de más de una treinta de obras del artista Iván Araujo (Madrid, 1971) -cuyos fundamentos técnicos transitan la pintura, el grabado, el libro de artista y la escultura-, que podrá visitarse hasta el próximo 21 de enero de 2018.

Sin duda, adentrarse en el horizonte de ‘Todas las mañanas del mundo’ supone inmiscuirse en el acervo simbólico de un artista exigente para con el espectador, manejando una fértil acepción o requerimiento de esta rigurosidad que conmina al observador a ser partícipe último de cuantos elementos se concitan en su propuesta.

Para ello se requiere desperezar la energía primera, adoptar la porosidad de ideas como fundamento de partida, permitir que eclosione, vigorosa, la intelección para dejarse conducir “por ese paisaje que se vislumbra tras la mirada atenta de las cosas y que se impresiona como un sedimento en la memoria”, tal y como sugiere y manuscribe el artista a propósito de la denominación de su propuesta expositiva.

Imagen de la obra 'Bodegón Infinito XIX', de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Imagen de la obra ‘Bodegón Infinito XIX’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Gravita ‘Todas las mañanas del mundo’ en rededor del objeto, erigido en raquis y símbolo, en elemento vertebrador y semiótico, en pieza elemental y última; “un objeto que siempre tiene que ver con el autor” y su entorno, con el espacio que ocupa y que lo rodea. Araujo implementa, de este modo, un guiño a la naturaleza muerta como género pictórico, “como fuente de sinergias entre los distintos objetos que presenta, silenciosa pero siempre vibrante, y con una historia contada a medias entre mi descripción de un escenario y el espectador que le da vida en su imaginación”.

Y vibrante debe ser su homenaje a la propia pintura en tanto que avezado y erudito espectador de cuantas referencias conscientes y explícitas se dan cita en la inquietante nómina de lienzos que conforman una de la extremidades de la muestra. Se asilan, afianzados en sus bodegones –formulados como espacios cronológicamente suspendidos, en los que palpita la premeditada ausencia del personaje– la memoria límbica de la pintura metafísica –escenografía cuasiteatral de Giorgio de Chirico o Carlo Carrá–, el eclecticismo de la Transvanguardia italiana –y la alegoría de la figura humana que postula Domenico “Mimmo” Paladino–, el objeto imposible y teselado de Maruits Cornelis Escher o las arquitecturas citadinas y límpidas de Aldo Rossi. Incluso abandonan la bidimensionalidad del cuadro y se transmutan en apuestas escultóricas de colores patinados “que hablan de una manera silenciosa”; maderas encontradas y ensambladas en búsqueda de un equilibrio de formas, que cortan el plano con una singular combinación de sutileza y descarnamiento que se aleja del bulto redondo de la tridimensionalidad convencional, a modo de ejercicio de eclosión desde la superficie pictórica.

Imagen de la obra 'Frutero', de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Imagen de la obra ‘Frutero’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Deambulan por su pintura, como si de una trepidación epidérmica se tratase, los elementos primigenios, el germen de la idea (dibujo), la recurrente y obsesiva fascinación de los símbolos revelados en fetiche (el agua, los fluidos corporales, los canales neuronales, las herramientas del artista): “Se convierte entonces la pintura, el mismo hecho de pintar, en la re-presentación (en el sentido de volver hacer presente) de lo que yo llamo el universo de imágenes interiores. Este universo está poblado de símbolos que flotan en el cuadro y que a modo de satélites gravitan describiendo elipses imaginarias y solapándose entre planos de pura pintura. Pintar no es un hecho aislado, marginal o referenciable a determinadas situaciones o estados de ánimo, sino es la consecuencia última y final de mirar hacia dentro, de la búsqueda del autoconocimiento”.

Y de entre cuantos objetos de culto se congregran, ineludible resulta ser la omnipresencia del libro, no solo demandado por Araujo como fuente de inspiración, sino pretendido como hontanar de creación y “contenedor de las imágenes y de la poesía”, apuesta morfológica y lírica sobre la que el autor deposita su oficio en la especialidad en la edición gráfica, mediante la técnica del grabado calcográfico, y la edición contemperonáea o de libro de artista.

Se asite, por tanto, a un espacio en el confluyen factores como el trabajo volumétrico y de sedimento, los aguafurtes a linea directa y las aguatintas, fondinos, las posibilidades expresivas de las matrices reiteradas y planchas, de la estampación y el collage; rudimentos que axulian a reflexionar sobre la resolución y el tiempo, sobre la serenidad y la incertidumbre “de lo que está por venir (…) el libro de artista es la proyección de muchas de las ideas que están ahí, vibrando, pero no se sabe cómo van a germinar”.

Imagen de la obra 'Casa de la lluvia', de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Imagen de la obra ‘Casa de la lluvia’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía de APPA art gallery.

Si ‘Todas las mañanas del mundo’, además, principia una dialéctica sobre el objeto en el espacio interior-exterior, en ‘Todas las casas que hay en mí’ – instalación de doce arquitecturas que completa el recorrido– Iván Araujo materializa la casa/símbolo que tan presente parece haberse aferrado a su trayectoria e imaginario estético, componiendo una polisémica fábula de introspección arquitectónica acerca del lar como útero materno; casas prácticamente ciegas que exhortan al abismo de ausencias y a un lirismo punzante que proviene de ciertas sugestiones: ‘Casa de la lluvia’, ‘Casa para los días lentos’, ‘Casa de las lágrimas perdidas’, casas en las que confinar los turbios enveses de la imaginación y el crudo misterio de las “pequeñas historias contenidas” en cada una de ellas.

Ensueños y enigmas que nosotros, espectadores, debemos aportar como rúbrica definitiva de ‘Todas las mañanas del mundo’, permeable cosmogonía antihermética que “invita a ser interpretada, a ser recorrida por dentro”. Porque, según sentencia el propio Araujo, “cada uno ve en la obra lo que necesita y quiere ver, pero siempre hay unas claves que están inmersas en la obra y que exigen al espectador una cierta lucha con el cuadro. Desde luego, en mi trabajo pretendo que sea así”.

El artista Iván Araujo posa frente a la obra 'Bodegón Infinito XVI', presente en 'Todas las mañanas del mundo'. Fotografía: Merche Medina.

El artista Iván Araujo posa frente a la obra ‘Bodegón Infinito XVI’, presente en ‘Todas las mañanas del mundo’. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

Carmen Ortiz se plantea el devenir en su obra

Devenir, de Carmen Ortiz
Galería Mister Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Del 24 de noviembre de 2017 al 12 de enero de 2018

Carmen Ortiz invade la sala Mister Pink con ‘Devenir’, un proyecto concebido a modo de site specific, con una pieza de casi dos metros y medio de alto y ancho y 350kg de peso, por la que el espectador podrá transitar. Es un proyecto escultórico en el que las piezas realizadas por la artista se articulan entre lo intelectual y lo formal, funcionando como un conjunto de monumentos metafóricos a los que acercase, donde la escala se amplía hasta un tamaño transitable, con un planteamiento abierto en el que el espectador completa el proyecto.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

“No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero” (María Zambrano)

“El universo dura. Cuanto más profundicemos en la naturaleza del tiempo, tanto más comprenderemos que duración significa invención, creación de formas, elaboración continua de lo absolutamente nuevo” (Henri Bergson)

Para entender el diálogo continuo que se produce entre filosofía y arte, debemos remontarnos a la intención rupturista que, respecto de la tradición, mantuvieron las vanguardias históricas, lo que desembocó, entre otros, en un acercamiento entre ambas disciplinas durante la contemporaneidad. Titulando a este proyecto ‘Devenir’, Carmen Ortiz alerta de que debemos estar atentos a nuevas interrelaciones entre ambos territorios, a la vez que recuerda que la reflexión filosófica en torno al tiempo, alumbró un concepto llamado devenir, que incide en que nada es estático, que lo que es ahora (presente) habrá mutado en unos instantes (futuro).

La propuesta artística que nos presenta Carmen Ortiz, se sustenta en unas esculturas que, a parte de nutrirse del desequilibrio entre lo intelectual y lo formal, funcionan como un conjunto de metafóricos “monumentos” dedicados a ese particular concepto temporal. Para abordar los mismos, se exige una especial atención del espectador que se desarrolla en dos tiempos. Comenzamos accediendo a una propuesta de investigación visual sobre unos “lienzos-pantalla” (parece pintura pero no lo es), una especie de papiroflexia ficticia, en la que, como en proyectos anteriores, diáfanos cortes, dobleces, aberturas, llenos y vacíos dialogan.

En la segunda fase, mientras se produce un alejamiento de la rigidez de lo minimal, y asumiendo que el cuadro es un objeto que comparte espacio con el espectador, descubrimos que las esculturas son una suerte de esquemas arquitectónicos o puertas metafísicas, fabricadas de un material perdurable (láminas de hierro), cimentadas en conceptos como lo incierto, el umbral, o el otro lado, donde concluimos que más allá no hay nada.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Un proceso creativo abierto en el que, como en aquella obra de Duchamp ‘Door: 11 rue Larrey’ (1927) (en la misma aparecían dos habitaciones y una única puerta que cerraba o una o la otra, pero nunca ambas), mientras se redefine el espacio, se nos ofrece la posibilidad de decidir en qué parte de la puerta queremos estar, convirtiendo esos dispositivos espaciales en entidades no fijas.

La dualidad se intensifica en una de las obras a través del espejo, otro elemento idóneo para crear dos planos de realidad, una fina membrana que separa nuevamente dos entidades que también es una puerta, que ofrece otras posibilidades espaciales, y que vuelve a establecer dos momentos consecutivos.

Carmen Ortiz propone un espacio de reflexión en el que, además de recordar la labor de Donald Judd respecto a la ruptura de límites entre categorías, con la que dio un papel principal al espacio real, parece hacer caso omiso a la célebre idea de Heráclito: nadie se baña dos veces en las mismas aguas de un río.

Instalación de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink

Instalación de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink

Francisco Ramallo, historiador del arte y comisario independiente

Carmen Calvo o la metafísica de lo cotidiano

‘Peces de colores en la azotea’, de Carmen Calvo
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, ático, Valencia
Inauguración: miércoles 29 de noviembre de 2017
Hasta el 28 de febrero de 2018

La galería Ana Serratosa inaugura el próximo miércoles 29 de noviembre su próxima exposición, protagonizada por la artista Carmen Calvo (Valencia, 1950).

Bajo el título ‘Peces de colores en la azotea’, la muestra reúne obra de nueva producción completamente inédita de la reconocida autora. Piezas creadas a partir de disciplinas que viajan desde la escultura, el grabado y la fotografía, hasta la video-proyección y el collage. Este último, intrínseco a la obra de la valenciana desde el inicio de su trayectoria como artista en 1969.

Comisariada por el Catedrático de Historia del Arte Rafael Gil Salinas, la exposición es un claro reflejo del particular universo personal de Carmen Calvo que, en palabras de Gil Salinas, se hace presente “tanto a partir del lenguaje que utiliza como de sus constantes fantasías, preocupaciones, sueños y desvelos”.

Imagen de la obra 'Golfos sombríos', de Carmen Calvo, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de la obra ‘Golfos sombríos’, de Carmen Calvo, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Entre los temas tratados, se encuentran metáforas hacia la educación, la familia, el sexo, la religión, el amor y la reminiscencia a la infancia. Temas que tratan de ser biografías de aquello que los elementos que componen las obras han vivido.

Por otro lado, entre los procesos artísticos empleados por la autora, destaca la búsqueda de la tridimensionalidad a través del uso de objetos “que no han sido diseñados con fines artísticos, sino que han sido redescubiertos por la artista […] trazando un diario de preocupaciones, alegrías, ilusiones, tristezas, sueños, pérdidas y encuentros”.

La obra de Carmen Calvo es una obra cargada de matices -y en el caso de esta exposición, de mucho color-, cuya complejidad radica “no tanto en hallar su correcto significado, como en dejarse seducir por el juego de sus imágenes”. Así pues, Calvo muestra las imágenes que inundan su presente para hallar respuesta a cuestiones pasadas, aspirando mostrar un arte que tiende a lo surreal.

Entre el vasto currículum de la artista destaca su presencia en la 47ª Bienal de Venecia (1997), junto a Joan Brossa; y distinciones como el Premio Nacional de las Artes Plásticas (2013) o la medalla de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Su obra figura en colecciones como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el IVAM, la Fundación Bancaja o el MACBA, entre otras.

Imagen de la obra 'Soñando con vistas al invierno', de Carmen Calvo, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de la obra ‘Soñando con vistas al invierno’, de Carmen Calvo, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.