«De la arquitectura me interesa su poética»

Moripod, de Nacho Carbó
The Blink Project
C / Carrasquer, 6. València
14 de febrero de 2020

“La relación de la arquitectura con la naturaleza viene de largo, es muy vieja, pero últimamente se ha ido produciendo un cambio de paradigma acerca de lo que está pasando y así es como la arquitectura vuelve a la naturaleza de otra forma”. El arquitecto Nacho Carbó se hace eco, a su manera, de ese cambio, en la exposición Moripod, acrónimo de Bombyx Mori (cierto gusano de seda) y Pod (receptáculo). Lo hace en la galería The Blink Project, ubicada en el barrio de Velluters, al que Carbó rinde de esta forma homenaje evocando a los viejos artesanos de la seda que tanta fama dieron durante siglos a Valencia.

“Me pareció interesante traer el tema de la seda al proyecto, porque la sala donde expongo está en Velluters, que es el barrio donde tradicionalmente estaban los artesanos que trabajaban la seda”, señala quien utiliza la escultura para tamaña evocación. La idea del gusano de seda, “como un organismo que genera un refugio con los hilos de seda, para luego dormitar y proceder a la metamorfosis”, vertebra el conjunto expositivo. “Es una arquitectura natural, producto de la idea de refugio, de la idea de cambio”, que Carbó liga al barrio y a la calle donde se ubica The Blink Project, para jugar con el concepto del interior y el exterior. 

Una de las piezas de la exposición ‘Moripod’, de Nacho Carbó, en The Blink Project. Imagen cortesía del autor.

“Yo planteo la vinculación entre arquitectura y naturaleza y, más concretamente, la naturaleza en cuanto a sus crecimientos orgánicos. Hay ecuaciones y algoritmos matemáticos que me parecen fascinantes, porque son los que generan las formas a las que estamos acostumbrados en la naturaleza y que tienen no solo una belleza enorme, sino que poseen unas leyes intrínsecas, como sucede en las bandadas de pájaros que hacen que no choquen entre sí o las estructuras de tipo fractal”, subraya Carbó, a quien le gusta que la gente se acerque a las esculturas y las observe desde distintos puntas de vista.

“Siempre hay un juego de interior, exterior, de juegos de sombras, de concepción del espacio. El mundo urbano de la calle, como paradigma de la ciudad occidental que todos conocemos, y este interior de galería de arte donde estás como en otro mundo, sin saber muy bien cuál es”. Un mundo repleto de formas tan bellas como inquietantes. “Hay algo de voyeur, pero sobre todo de despertar la curiosidad acerca de lo que hay dentro. La mirada es lo que activa el proyecto, incitándote a mirar en su interior”. 

Detalle de una de las piezas de ‘Moripod’, de Nacho Carbó, en The Blink Project. Imagen cortesía del autor.

El caparazón alargado del gusano de seda que preside la exposición, mezcla de dureza, “que sería este corazón de hierro”, precisa Carbó señalando al interior del refugio, y de fragilidad, por esa médula de junco y algodón que lo recubre, da pie a lecturas tanto estructurales como naturales: “Cuando te metes a investigar descubres la misma geometría en una curva que has generado matemáticamente en el estudio con tu ordenador, que en lo que acaba pareciendo una traquea. Hay como una geometría intrínseca a la vida”.

Lo mismo sucede con el relieve practicado en una de las paredes de la sala, a modo de herida abierta que vuelve a generar vínculos entre lo abierto y lo cerrado, la arquitectura espacial y sus apariencias orgánicas. “Este es un espacio cartesiano clarísimo, un cubo blanco, completamente cuadrado, en el que introduces esa dualidad de lo orgánico, de lo blando, de lo que flota y diluye las fronteras espaciales”, explica Carbó, admitiendo ese punto de misterio en su obra. “Sí tiene un punto inquietante, por cuanto esta pieza cuestiona esa rectitud de la caja blanca y de la pared, que tú das por hecho que es dura, de ladrillo y, de repente, te planteas si hay algo delante, detrás, y surge esa inquietud”.

Obra de Nacho Carbó en ‘Moripod’. The Blink Project. Imagen cortesía del autor.

Todo el proceso de trabajo dice que está realizado con calor y con agua, y con la propia memoria de las fibras del material. “Procesos físicos y químicos naturales: cuando lo mojas, se hace flexible y moldeable, y cuando lo secas, coge esa resistencia y esa dureza. Es mirar también la matemática de otra forma, a través de la obra plástica”. Como buen arquitecto que es, habla del cliente (“en arquitectura estás a su servicio”), y de cómo ahora el cliente es él mismo poniéndose a la escucha de las esculturas. 

“A mí lo que más me interesa de la arquitectura es su poética: la poética del espacio, la capacidad para hacerte pensar, para cuestionarte el mundo. Adonde la disciplina no me deja llegar, por las imposiciones del día a día, aquí te permite llevar esa reflexión en un proceso de ida y vuelta entre la escultura y la arquitectura, en un diálogo a dos bandas”. También diálogo entre la luz diurna y la nocturna de la sala abierta a la calle a través de su gran escaparate de cristal. 

“Hay una diferencia enorme entre el día y la noche, claro. La transparencia del algodón de la pieza Moripod durante el día, contrasta con el comportamiento distinto que adquiere por la noche, donde se enfatizan más las sombras y éstas colonizan el espacio”. La muestra se completa con cuatro dibujos (Atlas de las arquitecturas vivas): grabados sobre láminas de silicona médica, que remiten de nuevo al cuerpo humano, a aspectos más táctiles y materiales. “Unas formas se van más hacia la arquitectura, otras hacia el mundo biológico, hacia la escultura, pero siempre jugando con los límites”, concluye.

Nacho Carbó en The Blink Project. Foto: Makma

Salva Torres

Memoria y olvido en la Bienal de Mislata

Biennal de Mislata Miquel Navarro
Premios Adquisición Mislata 2019
Diciembre de 2019

El pasado viernes 13 de diciembre de 2019 se celebró la presentación de la Biennal de Mislata Miquel Navarro de pintura y escultura en el Centro Cultural Carmen Alborch, y se realizó la entrega de los premios de adquisición a dos de los artistas participantes: el primer premio concedido a Miquel García Membrado y el segundo a Irene Grau, cuyas obras pasarán, ahora, a formar parte de la colección pública del Ayuntamiento de Mislata.

La Biennal tiene como objetivo principal promocionar el trabajo de artistas visuales en activo de cualquier nacionalidad, dando cabida a todo tipo de propuestas. Este año, como en ediciones anteriores, la exposición se centra en el compromiso social en las artes visuales. Sin embargo, incorpora una novedad establecida en las bases del concurso: la reflexión entorno al concepto de memoria y olvido.

Un jurado profesional –formado por Alba Braza (comisaria de la exposición), Isabel Tejero y Ester Alba Pagán– se encargó de la selección de las diez obras (de las 308 presentadas este año) que figurarían en la exposición de esta Bienal. A la hora de escoger las obras, el jurado tuvo en cuenta el curriculum vitae del participante, la calidad artística de la pintura o escultura, la claridad de su explicación, adjuntada en el dosier del proyecto presentado, y la adecuación de la propuesta a la convocatoria.

Sin embargo, se incorporó una novedad metodológica frente a ediciones anteriores, y fue la creación de una delegación ciudadana, formada por habitantes de Mislata, que se encargaba de una parte del proceso de selección. Los ciudadanos que conformaban esta delegación eran de edades diversas y no estaban vinculados al mundo del arte. Así, de las diez obras escogidas, el jurado seleccionó cuatro finalistas y la delegación ciudadana se encargó de escoger las dos obras que recibirían el primer y segundo premio. Para ello, no se siguieron criterios estéticos, sino que se trabajo conforme a qué obras manifestaban una mayor coherencia en su planteamiento y cuales respondían mejor al concepto de memoria y olvido.

‘List of burned Books in Germany in 1933’ (2018), obra del ganador Miguel García Membrane.

La exposición se divide esencialmente en tres bloques temáticos, y entorno a ellos gira la obra de los diez participantes. En primer lugar, la memoria entorno a conflictos bélicos como el Holocausto o la guerra civil española; ejemplo de ello es la obra del ganador Miquel García Membrado, ‘List of burning Books in Germany 1933’, que parte de la lista de libros prohibidos por el régimen nazi en Alemania y quemados en Opernplatz (actualmente, Bebelplatz) la noche del 10 de mayo de 1933. También podríamos integrar en este bloque la obra del grupo Art al Quadrat ‘Les jotes de les silenciades. Mathilde canta a Avelina’, que trata de mostrar la represión que sufrieron las mujeres de líderes republicanos a manos del franquismo, o la obra de Valle Galera ‘Servilletas’, compuesta por ilustraciones que recogen los rótulos de los distintos bares o locales en los que se mantenían relaciones homosexuales durante la época franquista.

Por otro lado, se trató la memoria ecológica, aquellos parajes naturales ya perdidos o aquellos que se están perdiendo. Así, la obra de Irene Grau ‘Sobre lo que resta’ asume como pigmento las cenizas de los árboles que perecieron en los incendios de Galicia y Portugal en octubre de 2017, mientras que la pintura de Josep Tornero ‘Black Tide’ trata los desastres del hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas el 19 de noviembre de 2002. Un caso más cercano a la Comunidad Valenciana es el que retrata Rafael Tormo i Cuenca en ‘Senyal de plenitud, el día després’, que parte de un proyecto de investigación sobre el impacto producido por la Pantanada de Tous en 1982 en las localidades más afectadas, Beneixida y La Llosa de Ranes.

‘Sobre lo que resta’ (2019), obra de la ganadora Irene Grau.

El último bloque temático que encontraremos en la exposición versa entorno a la memoria de género, y trata de visibilizar la labor femenina en distintos ámbitos. Así, encontramos la obra de Davinia V.Reina Dux ‘feminia facti’, que parte de la antigua revista Victoria Press, dirigida por un grupo de protofeministas victorianas, o ‘Pared, vicio y dependencia’, de María José Ribas Bermúdez, donde la artista rememora la fábrica de tabaco de Alicante que, con mano de obra esencialmente femenina, se convirtió en un paradigma de la lucha feminista. Por último, el grupo O.R.G.I.A presentaba una serie de fotografías, ‘Serie Verde’, que investigan sobre la masculinidad y la feminidad del tardofranquismo basándose en documentos gráficos y sonoros de la época.

De este modo, la Bienal de Mislata se propone este año recordarnos aquello que no debemos olvidar, y nos incita a utilizar el arte como un canal a través del cual investigar nuestra propia memoria, individual y colectiva, como medio para construir un futuro diferente.

Sofía Torró Álvarez

Los modos de mirar de Jabaloyes en Ana Serratosa

‘Miradas Manufacturadas’, de Carmen Jabaloyes
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19 (ático), València
Hasta enero de 2020

La Galería Ana Serratosa acoge, hasta enero de 2020, la exposición ‘Miradas Manufacturadas’, de Carmen Jabaloyes, un proyecto en el que la artista valenciana, de fecunda trayectoria internacional –con galería en Washington, Boston o Düsseldorf– retorna a la obra escultórica –tras varios años dedicada a la pintura–, disciplina en la que se formó en sus inicios en la Universidad de València y de Venecia.

Tal y como ha referido Jabaloyes, ‘Miradas Manufacturadas’ esta exposición, que reúne una treintena de esculturas, “tiene su origen en Venecia, en las piezas que hice entonces para expresar el impacto que para mí supuso vivir en dicha ciudad. Desde entonces, la idea de cómo se conforma nuestra manera de mirar, de percibir nuestro entorno y de entender la realidad que nos rodea me ha interesado profundamente”.

‘Love of contemplation’, de Carmen Jabaloyes. Fotografía cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Un modo de observar la realidad, a la postre, en el que, según aprecia el filósofo y crítico de arte Emilio Raimondi en el texto expositivo, “debemos atender menos a su representación y más a la mirada que se le dedica. Ver es representar, construir una ciudad, sea la que sea, como si fuera una fábrica de piedra y agua. Como Venecia”; legendaria urbe asentada en el imaginario colectivo “como un lugar quieto, inerte, muerto”, pero que, “como Carmen ya sabe, vive en Fondamenta Nove, una de las partes más expuestas a la transformación gracias al agua, como vive en sus ojos”.

Si bien los materiales son trabajados de una forma precisa y delicada –maderas de una fábrica local especializada en la fabricación de instrumentos y partes tejidas en crochet (que representan a las mujeres de su familiia), el hierro, la malla metálica y el latón–, otro elemento de densa simbología se encuentra en la pieles, puesto que “fueron curtidas por mi padre en su juventud. Me interesaba incluirlas por la fuerte carga emocional que para mí supone el poder encontrarles un nuevo uso. Son, junto al trabajo de talla y soldadura, los elementos que yo asocio a la parte de masculinidad de mi trabajo y del desarrollo del proyecto”, rubrica Jabaloyes.

Detalle de la obra ‘Cannaregio 4885’, de Carmen Jabaloyes. Fotografía cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Elementos constructivos que “se descomponen y se distorsionan, cambian de dimensión y de disposición para, después, volver a reagruparse, reordenarse y conformar un nuevo discurso y una nueva sustancia”, describe la artista, quien procura, de este modo, un “alejamiento definitivo de los referentes, de su origen y sus condicionantes”, posibilitando, a la postre, “la construcción de una mirada personal. La mirada manufacturada”.

‘Out of the cage’, de Carmen Jabaloyes. Fotografía cortesía de la Galería Ana Serratosa.

MAKMA




Muere Joan Cardells, el artista «febril”

Joan Cardells, fundador junto a Jorge Ballester de Equipo Realidad, falleció el pasado sábado 6 de julio (2019) de forma «inesperada», según informaron fuentes cercanas a la familia. Con él se va un artista que, como recordó en la entrevista realizada con motivo de su exposición ‘Grafitos’, en la Galería Punto hace cinco años, trabajaba con enorme pasión. No sabía de las medias tintas, sino de volcarse por completo en una obra que ahora deja por razones ajenas a su voluntad. Una voluntad de hierro que su muerte funde, dejando un gran vacío en el mundo del arte. A continuación reproducimos tal cual, el artículo publicado en Makma con motivo de aquella muestra.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

Un diálogo artístico entre YunShin y Puri Herrero

‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’
Galería Han-ul
Centro Cultural Coreano
Paseo de la Castellana 15, Madrid
Del 24 de abril al 24 de junio de 2019
Inauguración: miércoles 24 de abril a las 19:30

El Centro Cultural Coreano (Paseo de la Castellana 15, Madrid), en colaboración con la Galería Álvaro Alcázar, inaugura el 24 de abril a las 19:30 la exposición de escultura y pintura ‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’.La muestra se podrá disfrutar en la Galería Han-ul del Centro hasta el 24 de junio de 2019.

‘Papeles de un diario’ es el título de las obras de Mari Puri Herrero, mientras que Kim Yun Shin presenta sus pinturas y esculturas bajo el título ‘Alma sonora’. Ambas artistas comparten disciplinas y generaciones, con obras con puntos en común, donde convergen la naturaleza y la sencillez de la vida y donde recurren a materiales como la madera o el papel para expresar de modo más profundo sus pensamientos.

Centro Cultural Coreano. MAKMA

Kim YunShin (Corea del Sur, 1935) pertenece a la primera generación de escultoras coreanas. Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Hongik, en Seúl, más tarde se traslada a Francia para estudiar en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. En 1984 recala en Argentina, donde reside en la actualidad. Hace algunos años, en 2007, llevó a cabo su primera exposición individual en el Museo de Arte Hanwon de Seúl. Desde entonces ha celebrado exposiciones individuales y colectivas, tanto en Corea como en Argentina, y ha inaugurado un museo con su propio nombre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La obra de Yun Shin se remonta a 1960, cuando comienza una intensiva búsqueda por el arte abstracto. En la década de los 70 y en adelante prosigue su investigación, centrándose en materiales de escultura: madera, mármol, ónix, alabastro, y piedras semipreciosas. Además, desarrolla su obra con pinturas con formato de collage y grabados.

Representando la filosofía oriental hacia la vida, fuerza y espiritualidad milenaria, dichas formas y pensamiento han sido sus temáticas durante más de veinte años. Kim Yunshin es una artista de profundas convicciones y no fácil de tentar por modas o movimientos artísticos y estéticos efímeros.

En el año 1995, el exdirector del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el profesor Roberto del Villano, dijo: “su obra, una ofrenda; su taller, un templo; su trabajo, una oración”. Estas palabras hacen referencia a sus esculturas, en las que hizo uso del jaspe o cuarzo rosa, sodalita, calcita, ágata o cuarzo azul, las cuales revelan en su interior ese silencio absoluto que la piedra encierra y que Yun Shin Kim delega a través de una materia abstractamente moldeada. Por eso en sus obras la frescura se mantiene como en una piedra virgen y la densidad de los espacios, el recato de los volúmenes y la simple complejidad estructural son una sola unidad que armoniza con el todo y ocupa su sitial sin rupturas ni desplazamientos, donde naturalmente instala su presencia.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Sin corromper la naturalidad del material crea sus obras, destacando especialmente la sencillez en sus diseños, con piezas muy bien articuladas y que dan un mensaje de fortaleza impregnadas de las experiencias y espiritualidad de la artista.

Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942), por su parte, es una renombrada pintora y grabadora española que se mantiene en activo tras más de cuatro décadas. Su pintura recoge imágenes del mundo que le rodea, mundo en el que conviven disparidad de visiones. Cosas cotidianas, más o menos comprensibles, que vemos, imaginamos o soñamos; y casi siempre con una fuerte presencia de la naturaleza.

Habitualmente existe un recorrido previo por obra en papel: tintas, grafitos, collages… y aguafuertes, técnica esta última a la que dedica parte de su actividad. En ocasiones también procede con obra escultórica, pues considera que cada material expresa con mayor precisión determinadas ideas.

Mari Puri Herrero trabaja alternando sus estancias en el centro de Madrid y en el campo de Menagaray (Álava), donde el papel siempre le rodea. Para ella trazar sobre un papel es espontáneo, rápido e insistente; igual que el pensamiento, que frecuentemente se adelanta al desarrollo de las ideas. Cautivada por el papel Hanji o papel tradicional coreano, lo incorpora en muchos de sus trabajos.

El papel permite seguir una idea con fluidez, absorbe bien el trazo, que desde el momento en que apoyas la punta del pincel o pluma con tinta en el papel, esta queda absorbida instantáneamente, fundiéndose con él. Esto es lo que busca la artista y lo que encuentra en los papeles orientales.

De este modo, Mari Puri Herrero ha procurado presentar una breve selección de papeles, en los que se puede apreciar cómo, de manera natural, se recorren a veces con líneas, como si de escritura se tratase, temas vistos o entrevistos; otras veces, las manchas y el color que llevan a la naturaleza, para ella siempre tan cercana.

“Son amplios los recorridos que te permite una hoja de papel”.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Shirin Salehi: memoria y dolor sobre papel

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Comisaria: Ana Martínez de Aguilar
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, ático, València
Hasta el 28 de junio de 2019

“Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré caer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.”

(Extracto de ‘Vuelta de paseo’, Federico García Lorca)
(‘Poemas de la soledad en Columbia University’, ‘Poeta en Nueva York’, 1929-30)

Resuenan como un hondo pleonasmo los versos lorquianos del paseo urbanita por la gran megápolis. Eclosiona la angustia frente al hiperbólico vacío de hormigón, craquelado de laceraciones y memoria solemne y solitaria, de naturalezas mutiladas y estrofas de raquis circular; no caben razones para el éxodo, pues todo habita aún en este penal de materia sempiterna.

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Salehi transita por las avenidas cuadrangulares de aquella vasta hacienda del desconsuelo, portando consigo el eco prosódico y metafórico de las propias amputaciones, que aquí sí cantan y resuenan como una liturgia de voluntades biográficas repetitivas, a modo de mantra gestado desde la oralidad cuyo paisaje sonoro debe ser transcrito con el reiterado pulso de las ‘Cadencias del vacío’.

Así lo procura la artista teheraní, residente en España, Shirin Salehi en su serie ‘Vuelta de paseo’, bajo cuyo título –homónimo del poema del malogrado vate de Fuente Vaqueros– evolucionan diversos dibujos caligráficos, grabados y aguafuertes, planchas de cobre y pergaminos, firmes materias y quebradizos ejemplares de libro de artista que rezuman y recogen “el ritmo, el gesto y la cadencia, (…) la gestualidad de la emoción generada durante la acción, (…) el fluir instintivo de la emoción creciente que se apodera sutilmente de su cuerpo”, tal y como subraya la comisaria e historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar en el texto curatorial de la exposición.

Imagen de una las piezas de la serie 'Todo permaneció en silencio', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una las piezas de la serie ‘Todo permaneció en silencio’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, que la Galería Ana Serratosa acoge hasta el 28 de junio de 2019, desemboca en la obra última de la autora iraní tomando pulso, a la par, de las constantes creativas sobre papel –“como un lugar donde algo sucede, no como soporte” (Martínez de Aguilar)– que han singularizado su devenir artístico durante la última década: memoria y dolor como alumbradores líricos y elementos motrices.

“«¡No conviene recordar! ¡No hay que revolver el pasado!
¡A quien recuerde lo pasado que le arranquen un ojo!»
Pero el proverbio termina diciendo:
«¡Y al que lo olvide que le arranquen los dos!»”

(‘El archipiélago Gulag’, Alexander Solzhenitsyn)

Constantes atravesadas por las evocaciones literarias, por el turbio feudo de las aflicciones que habitan en ‘Todo permaneció en silencio’ –sordas alusiones al siniestro testimonio oral recogido por Aleksandr Solzhenitsyn, mediante decúbitas incisiones y cosidos sobre papel– o en ‘Bailando con el carcelero’ –II Premio Anakaria al Libro de Artista (2015)– acerca de cuyo proyecto, inspirado en la desgarradora novela carcelaria (y crítica de los totalitarismos) ‘Invitado a una decapitación’, de Vladimir Nabokov, pueden contemplarse algunos testimonios en aguafuerte y aguatinta, en los que “la incisicón incicial dará paso al grabado, que le permite dibujar sobre planchas de metal, otorgando mayor libertad a la imaginación. Misteriosas imágenes lumínicas emergen de universos oscuros como filamentos verticales que recuerdan husos o espigas”, asevera Ana Martínez de Aguilar.

Detalle de una las piezas de la serie 'Los originales de los jardines', de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de una las piezas de la serie ‘Los originales de los jardines’, de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Desazones que habitan, igualmente, en la materia, en el objeto supeditado a la metamorfosis de los compuestos químicos actuando sobre el metal, como acontece en su proyecto de residencia florentino ‘Aguardar’, cuyas once matrices de cobre y zinc y sus ulteriores estampaciones sobre papel japonés Sekishu (‘Desaparecer de sí’) funcionan como una heurística, como un ingenio de revelación y descubrimiento, a modo de “indagación sobre el dolor, la muerte, la consunción de la materia, con lenguaje renovado”, concluye Martínez de Aguilar.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’ se postula, de este modo, como una excelsa ocasión para aproximarse al recóndito y sutil acervo léxico de la obra de Salehi, sustentado por un horizonte estético equilibrado, intrínsecamente convulso y morfológicamente armónico.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie 'Aguardar'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie ‘Aguardar’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

La memoria lírica de Shirin Salehi en Ana Serratosa

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, València
Del 2 de abril al 28 de junio de 2019
Inauguración: martes 2 de abril de 2019 a las 20:00

La Galería Ana Serratosa acoge la exposición ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de la artista iraní Shirin Salehi (Teherán, 1982), que podrá visitarse hasta el 28 de junio de 2019, cuya inauguración tendrá lugar hoy martes, 2 de abril, a las 20:00.

La muestra, comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar, reúne, bajo el título ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, obras pertenecientes a las diferentes etapas de la trayectoria artística de la autora. Grabados, esculturas e instalaciones que encuentran un universo en común dentro del género de la poesía.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

La obra de Salehi, caracterizada por la monocromía y la experimentación con los materiales, utiliza el papel como protagonista, entendido como el lugar donde todo sucede. En ella, el soporte se transforma y se convierte en el camino a seguir, simbolizando fisuras, rasgaduras o incisiones, con las que la autora nos habla de experiencias y tiempos pasados, pero siempre intentando proclamar la belleza y la lírica como antídotos hacia el futuro.

Martínez de Aguilar describe la muestra como “una invitación a mirar muy de cerca, a sumergirse en el silencio a través de la palabra. Una aproximación sutil y silenciosa hacia el permanente interés del ser humano por dejar su huella en la historia a través del lenguaje escrito, de la grafía.”

Shirin Salehi reside y trabaja en España desde 1999. Artista visual, investigadora y docente, ha recibido premios de residencia artística por la Casa de Velázquez (Académie de France à Madrid), Il Bisonte Fondazione (Florencia) y la Fundação Bienal de Cerveira (Portugal) y de formación por la Fundació Pilar i Joan Miró (Mallorca) y por el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (La Coruña).

Imagen de una de la obra 'Y otro álamo cayó (II)', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de la obra ‘Y otro álamo cayó (II)’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Su trabajo ha recibido, entre otros reconocimientos, el primer premio al libro de artista de la Fundación Ankaria (Madrid, 2015), el premio especial Combat Prize (Livorno, Italia, 2015), premio Fundación Pilar Banús en los XXII Premios Nacionales de Grabado del Museo del Grabado Contemporáneo Español (Marbella, 2014), Premio Acqui Giovani en la XI Bienal Internacional de grabado Premio Acqui (Acquiterme, Italia, 2013) y recientemente el segundo premio en el Premio Internacional de Arte Gráfico Carmen Arozena (Madrid, 2017).

Ha participado en exposiciones en galerías, ferias e instituciones públicas y privadas en Europa desde 2009. Máster en Investigación en Arte y Creación por la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, a su término publicó (velado): ‘Manifiesto de una artista en tiempos de ruido’ (2016).

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Azucena González teje el vacío

Knit Knit Vacuum, de Azucena González
Sala ART Mustang
C / Severo Ochoa, 36. Elche (Alicante)
Inauguración: viernes 18 de enero, a las 13.00h
Hasta el 20 de marzo de 2019

‘Knit Knit Vacuum’ de Azucena Gonzalez resulta difícil de clasificar, abordando la creación desde tres ángulos diferentes. La escultura, la pintura expandida y el arte textil, este título se traduce como, envolver el vacío tejiéndolo.

Azucena Gonzalez 27-01-1981 (Valencia) es Licenciada en bellas artes por la Universidad Politécnica de Valencia y Master de producción Artística por la misma universidad. Artista, diseñadora e ilustradora muy versátil, es una de esas creadoras con una gran capacidad de adaptación a diferentes contextos, de ahí que sea capaz de presentar una instalación formalmente muy compleja pero estéticamente a ojos del espectador muy sencilla.

Azucena González en pleno montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González en pleno montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Para Azucena la creación plástica es algo natural, absorbido desde la infancia en el taller de escultura de su padre, el escultor Martín Consuegra. Dice Azucena que “la vida es puro desorden, somos los humanos los que nos esforzamos para que todo encaje y sentirnos seguros”. De alguna manera todo su trabajo gira alrededor de este conflicto entre caos y orden o mejor entre vacío y orden.

‘Knit Knit vacuum’, el conjunto de piezas que se expone en ART Mustang surge en 2013 cuando realiza una serie de piezas que titulará ‘CAGES’ donde experimenta con el espacio como contenedor de vacío, utilizando jaulas que hacen de soporte para tejer, un soporte casi invisible al que la artista da solidez por medio de color tejiendo lanas, el color flota sobre los barrotes de las jaulas, estas piezas escultóricas recuerdan a casas, casas confortables que ocultan la nada del interior en un esfuerzo por contener el vértigo del vacío.

En el momento actual el arte textil se revaloriza en todo el mundo, la exposición de Ani Albers en la Tate ha sido un éxito, también la de Johana Vasconcelos en el Museo Gugenheim de Bilbao; Azucena más cerca de la prudencia de Ani Albers aborda el espacio de ART Mustang traduciendo la materia pictórica en textura textil.

Azucena González durante el montaje expositivo. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González durante el montaje expositivo. Imagen cortesía de ART Mustang.

Desaparecen las casas (cages) y se centra más en el entramado de los tejidos, las gamas de color, interesándose en las texturas sin abandonar el conflicto espacial, a caballo entre la pintura y la escultura.

La obra que empezó queriendo contener el vacío en 2013 ahora ha dado un paso en otra dirección y modula el espacio de forma más amable planteando otro rompecabezas al público, quizá más estético, pero con materiales poco convencionales, los tejidos, que siempre nos remiten a las artes aplicadas, pero que en este caso pierden su aplicación creando una poética matérica y cálida que de forma muy sutil nos sigue hablando del vacío.

Azucena González en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de ART Mustang.

La muestra se podrá ver en ART Mustang desde el 18 de enero hasta el 20 de marzo, de lunes a sábado en horario de 10,00 h a 20.00 h de la tarde. Esta es la muestra nº 44 que se realiza en la sala Art Mustang, que abrió sus puertas al público en julio de 2010 dentro del edificio MTNG Experience, cuartel general de la marca Mustang.

ART Mustang es una entidad sin ánimo de lucro comprometida con la búsqueda de nuevas vías de aproximación hacia la creación contemporánea a la sociedad. Eliminamos las barreras sacando el arte de los espacios pensados para el uso expositivo en exclusiva, poniendo en práctica la máxima: «El arte y la cultura pueden estar en cualquier lugar».

Azucena González junto a una de sus obras. Imagen cortesía de ART Mustang.

Azucena González junto a una de sus obras. Imagen cortesía de ART Mustang.

Nuevos escenarios de reflexión sobre Oteiza

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, de Karlos Martínez B. y Javier Arbizu
Museo Oteiza
Calle de la Cuesta 7, Alzuza (Navarra)
Hasta el 30 de noviembre de 2018

El Museo Oteiza presenta el proyecto expositivo ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’, una intervención expositiva en torno a la obra de Oteiza, realizada expresamente por los artistas Karlos Martínez B. y Javier Arbizu para el centro de Alzuza y que constituye la primera intervención perteneciente al programa Hazitegia (semillero).

Se trata de la primera intervención de este programa, promovido por el Museo Oteiza y el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte y surgido de la voluntad de conjugar los ámbitos de producción y exhibición de los dos centros que lo promueven, para generar nuevos escenarios de reflexión en torno a la obra de Jorge Oteiza desde la creación contemporánea.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Imagen de una de las piezas pertenecientes a laintervención expositiva de Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

El proyecto se inició con la residencia de investigación y producción que ambos artistas realizaron el pasado año en el Centro Huarte. Esta residencia permitió a los autores definir un proyecto que se materializó en una primera intervención realizada en la célebre Casa Huarte de Madrid, edificada en 1966 por los arquitectos Corrales y Molezún, y que se desarrolló durante un única jornada el pasado 17 de febrero de 2018, producida por Caniche Editorial.

‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ continúa ahora en la intervención expositiva que acoge el Museo Oteiza, entre el 27 de julio y el 30 de noviembre de 2018, y que ha contado con la colaboración de Fundación “la Caixa” y la Fundación Caja Navarra, dentro del programa Innova Cultural, y del Ayuntamiento de Egüés.

El punto de partida de este proyecto es la idea de macla, asociada a la serie de obras así denominadas por Oteiza, originadas por la fusión o encuentro de dos o más volúmenes y activadas por la relación de sus partes. A partir de ese momento, esta intervención propone una particular manera de asociar lo escultórico con lo objetual, mediante sutiles intervenciones que trastocan las características propias materiales y objetos, que generan un nuevo repertorio de significados que lo vinculan de manera libre con el espacio del museo, los modos constructivos de la obra de Oteiza y la consideración de lo escultórico como un proceso en permanente transformación.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Detalle de uno de los aditamentos expositivos que conforman ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

La presencia del bismuto –mineral que cristaliza en formas geométricas y concéntricas– es uno de los hilos conductores de la propuesta, que trabaja sobre la idea del cuerpo suturado y de la cuestión del doble como esencia de una escultura “permanentemente insatisfecha”, tal y como la definió Jorge Oteiza.

El proyecto no está concebido como una mera exhibición de obras, dado que las diferentes piezas –un total de 17– componen una misma intervención, que se muestra en diferentes espacios del Museo Oteiza, incluyendo el exterior del edificio. Cada una de ellas está concebida como elemento activador del propio espacio del centro y catalizador de los escultórico desde el uso de materiales y procesos compositivos contemporáneos.

La intervención se rubrica con la edición de una publicación homónima, que incluye un completo recorrido visual por las dos intervenciones, y que se complementa con un texto de Rosa Lleó, comisaria y directora de la Plataforma Green Parrot.

Jorge Oteiza revisado en 'Macla, mamua, bismuto, vicario' por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

Jorge Oteiza revisado en ‘Macla, mamua, bismuto, vicario’ por Karlos Martínez B. y Javier Arvizu. Fotografía cortesía del Museo Oteiza.

 

El inflado Jardín de las Delicias

Jardín autómata, de Olga Diego
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de octubre de 2018

La artista alicantina Olga Diego recrea el ‘Jardín de las Delicias de El Bosco’ en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València. Con más de 400 metros cuadrados la instalación de Olga Diego que ocupa la Sala Dormitori, sumerge al visitante en un paraíso de libertad creativa y sexual donde el pecado de la carne del que advertía El Bosco es sustituido ahora por el plástico, en una crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo.

José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, explicó que “la obra de Olga Diego nos introduce en una nueva dimensión del arte donde las obras ya no sólo se pueden observar sino que cobran vida e incluso respiran”. El director del Centre del Carme destacó la línea de trabajo de la artista, a caballo entre la performance y la instalación escultórica y recordó que su obra forma parte de la naciente colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana que también se puede ver en el centro de cultura contemporánea a lo largo de este verano.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¿Sería posible recrear el Jardín de las Delicias de El Bosco en una instalación de esculturas inflables y electrónicas? Salvando las grandes distancias, esto es ‘Jardín Autómata’: una gigantesca instalación formada por un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes de El Bosco.

El punto focal que provoca la idea, es la ‘Cabalgata del deseo’ pintada en el panel central del tríptico. En ella, seres humanos desnudos disfrutan, junto con animales de todas las especies, de un mundo de placer sin límites. La lujuria representada de múltiples e inimaginables formas. Un mundo sugerente donde también encontramos hermosas aves, peces y frutos exóticos.

Estos elementos son los que también aparecen en ‘Jardín Autómata’. Una orgía visual y creativa. Un laberinto de grandes cuerpos traslúcidos que sugieren una existencia mágica. “En mi obra busco provocar una experiencia. Tengo la sensación de haber creado en la Sala Dormitori un pequeño microuniverso. La pieza se activa cuando el espectador se introduce en ella, necesita entrar dentro de ella, recorrerla, para poder reconocer a cada uno de los personajes que se mueven y respiran como seres vivos a su alrededor”.

Diferentes humanoides, cuadrúpedos y personajes híbridos son suspendidos en el espacio de la sala en una composición aérea y en continuo movimiento, mientras otros inflables se encuentran posados en el suelo recreando escenas más terrenales y libidinosas.

En esos cuerpos traslúcidos, sus motores, como corazones eléctricos, insuflan aire en su interior, marcando con sus ritmos una indescifrable sinfonía eléctrica. Luces led terminan de conformar los cuerpos y una lluvia de cables y circuitos electrónicos se descuelgan desde las figuras hasta posarse en el suelo de la sala.

En la obra de Olga Diego es muy importante la electrónica: un laberinto de cables conectados a un complejo hardware son los que dan vida a estos personajes: humanoides de todos los géneros, cuadrúpedos sencillos y mestizos, seres híbridos, mujeres de grandes pechos-antena, animales cabeza-globo, la jirafa mutante, chico pájaro con alas-tortilla, huevos y peces con piernas, hermafroditas que vuelan, frutos con tentáculos, perros de dos cabezas, pájaros extraños de alas adaptadas, y un largo etc.

Sin embargo, detrás de esa obra de El Bosco que tan atractiva nos resulta hoy, encontramos una crítica al pecado, a la lujuria que retrata. Profundamente religioso, El Bosco pretendía mostrar las terribles consecuencias que acaecerían a la especie humana si esta se dejaba seducir por los placeres de la carne.

Olga Diego reconoce que “hay una gran distancia entre su intención y lo que hoy día vemos en esa obra. Un mundo sugerente e idílico, un inquietante paraíso de libertad. Actualmente y sin lugar a dudas, uno de nuestros mayores pecados como especie humana no son nuestros deseos sexuales (afortunadamente ya más libres). Convertidos en una sociedad capitalista incapaz de modular un respeto por el medio ambiente, sufrimos de un derroche desmedido, y es en esa lujuria consumista donde mostramos nuestro inmenso pecado, el plástico”.

“Jardín Autómata ha supuesto un reto constructivo, pero también un insinuante paraíso en cuanto a las formas a crear” explica la artista quien reconoce que trabaja tensando los límites de lo artístico y lo físico como en su último trabajo en Londres en el que estuvo 58 horas dibujando sin parar. La artista trabaja entre la performance y la instalación creando artefactos artísticos que le han permitido incluso la posibilidad de volar en una búsqueda de la mayor libertad posible.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.